Matías Pierrad Ep 47
Sobre Matías Pierrad
Matías Pierrad estudió analista de Sistemas para que una computadora piense por él y lo logró. Estudió Publicidad para que todas las pavadas que decía se vuelvan realidad y lo logró. Le encanta la Redacción, escribió un montón de cuentos cortos y trabajó con plataformas de e-learning. Desde 2014 que es director creativo en su agencia Mabien! Y con 4 socios cofundaron el Antigourmet, la guía de bodegones y cantinas más fantástica de la web. Mati es el que escribe las reseñas, lleva las redes sociales y la web del Anti.

Escuchá el capítulo entero
De qué hablamos con Matías Pierrad
- Cómo nace antigourmet
- Tener ganas de documentar una salida con amigos
- Escribir reseñas de bodegones
- Estudiar sistemas y publicidad
- Querer estudiar sistemas y que no haya estudiantes anotados
- Trabajar de su hobby
- Valorar el trabajar con amigos
- Hacer buen trabajo en el comienzo del proyecto
- El futuro del trabajo
- Elegir bien el concepto Antigourmet
- Buscar la honestidad gastronómica
- Por qué deciden buscar un concepto de las cenas
- Cómo se hace una reseña
- Qué pasa cuando van todos a cenar
- Volver a las raices
- Romper el hielo con los bodegones
- No planificar
- La decision de abrir un bar
- Armar un menú para no competirle a los bodegones
- Armar comunidad
- Conseguir pasajes de Air Europa llevándolos a España
- Viajar con todas las familias de tour gastronómico
- Hacer proyectos desafiantes
- En qué son fuertes como equipo
- Empezar a hacer un podcast desde el bar
- Aprender a hacer entrevista
- Cómo se distribuye su tiempo entre proyectos
- Repensar su rol de escritor
- Armar comunidad que banque el proyecto
- Pagar cada vez que comen
- Compartir recetas
- Volver al valor de la honestidad
- Llevar gente a bodegones
- Armar procesos para no perder plata
- Qué hubiese pasado si se dedicaba a tiempo completo con el antigourmet?
- Hacer las cosas igual
- Tener una rutina de escritura
- Separarse por el proyecto
- Aprender a decir que no
- Hacer el documental del Antigourmet
Menciones de
- Sir Chandler
- Narda Lepes
- Dani Dini
- Agustina de Alba
- Cafe Contado https://cafecontado.com
Recomendaciones
- Libro https://www.amazon.es/Como-se-hace-una-entrevista/dp/987107526X
- Podcast Comedia https://open.spotify.com/show/0Ak32ax3yFOH7bpBPHPQ6s
- Libro: El abuelo que salto por la ventana y se largo https://www.amazon.com/-/es/Jonas-Jonasson/dp/8498385245
Transcripción
Matías Pierrad es analista de sistemas, publicitario, director creativo de la agencia Mabien! y cofundador del Antigourmet, la guía de bodegones y cantinas que arrancó con cuatro amigos. En el episodio cuenta cómo un hobby se volvió marca, bar y comunidad, por qué la honestidad guía cada decisión y qué aprendió sobre emprender con amigos sin planificar.
Introducción
Matías: Siempre vuelvo a la palabra honestidad. La honestidad también es subjetiva, como que la compartimos entre los chicos del Anti, por ejemplo. En 2015, creo, nos escribe McDonald’s: «Che, queremos hacer la hamburguesa Antigourmet. Queremos poner carteles que digan Antigourmet». Está buenísimo. Yo, desde la comunicación, desde publicidad, digo: está buenísimo, pero está mal para adelante. Che, ¿lo hacemos? Y los 5 votamos que no lo hacemos. Por otro lado, decís «la plata que perdimos por hippies», pero preferimos ser honestos con los ideales, con esos valores, y no ir a McDonald’s, que la hamburguesa que está en el cartel no es la que te dan para comer.
No sabés de qué está hecha. Todo turbio, multinacional, o sea, todo lo que no nos gusta metido en un cuadrado en la cajita feliz.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Te pasó alguna vez que te quedaste pensando que tiene que haber algo más en tu vida? En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron y viven más alineados a sus valores. Contamos historias y desarmamos sin humo cómo lo hicieron. Enterate del detrás de escena uniéndote al correo semanal en tienequehaberalgomas.com/correo. Estabas escuchando a Matías Pierrad. Él se formó en sistemas y publicidad, cofundó el Antigourmet, un proyecto que empezó con reseñas de bodegones y se expandió a proyectos online, como un documental, y offline, como un bar en Buenos Aires.
Mati es el que escribe las reseñas y lleva las redes sociales del Anti. Vas a notar que él es muy carismático y estoy segura de que te va a gustar su entrevista. Podés buscar esta conversación con video en YouTube y en redes sociales. Buscanos en @tienequehaberalgomas y contame: ¿qué te parece el capítulo?
Hola, Mati, bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a charlar conmigo, con aparición estelar de Jorge atrás tuyo. Por supuesto, en algún momento va a participar de la conversación. ¿Cómo andás?
Matías: Muchas gracias por la invitación. Bien, gracias.
Magali: Gracias a vos. Estoy entusiasmada porque ya me divertí investigando este caso y preparando esta entrevista. Punto número uno. Punto número 2: también sos podcaster, entonces estoy elevando mi vara de expectativas. Así que estoy esperando un montón de tus respuestas.
Matías: Bien, soy nuevo podcaster, así que estamos aprendiendo los 2.
Magali: Bien, bien, bien, súper, Mati. Empecemos así: ¿por qué no nos das una introducción de quién sos vos, para que la gente sepa, y después le damos de lleno?
Matías: No la tenía. Un resumen: bien, me llamo Mati Pierrad. Voy a cumplir 40 años ahora, el 10 de septiembre. Soy juninense, del noroeste de la provincia de Buenos Aires. Me vine a vivir a Capital hace unos 12, 14 años, más de grande. No me vine apenas terminé la secundaria a estudiar, sino que estudié.
Analista de sistemas en Junín. Y después me gané como una media beca, una beca para venir a estudiar publicidad, que era mi sueño. Y acá, sin tener laburo, sin tener dónde vivir, sin saber tomarme un bondi, sin nada, caí un jueves. El viernes conseguí laburo y ahí arrancó mi historia emprendiendo. Creo que en 24 horas era: bueno, ponete las pilas. Allá en Junín, en mi casa, jugaron una apuesta a saber cuánto tardaba en volver. Mi abuela Rosa fue la que más me tuvo fe: 3 meses, dijo. El máximo.
Eso sí, en mi familia somos como 150 personas y el único que salió de Junín, así como a ver qué onda, soy yo. Entonces es como: hey, no tenemos contra qué compararnos, míster. Así que toda una aventura. Me gusta jugar al básquet, me gusta escribir, me gusta sentarme en una mesa a no hacer nada, hablar al pedo con mis amigos. Y últimamente estoy en la aventura de ser padre por duplicado, que es lo que más me tiene entusiasmado de todo. Así que eso es un poco el resumen de dónde estoy parado hoy.
Magali: Excelente. A ver por dónde empezar con vos. Contame cómo empezó el Antigourmet.
Matías: El contexto sería que en el 2013, más o menos…
¿Cómo nació el Antigourmet, la guía de bodegones?
Matías: En Capital, especialmente en la zona de Palermo, Rúcula, le decimos nosotros, estaba muy de moda el término gourmet. Y ponerle gourmet a todo: empanada gourmet, locro gourmet. No importa lo que sea, gourmet. Y también estaba muy de moda el plato grande con poca comida, menú de pasos, finas hierbas, colchón de verdes, empanada en frasco, delirios místicos que ocurrieron acá y que, por suerte, ahora, 9 años después, el mundo, como todo en la vida, va cambiando. En ese contexto, nosotros, con mi grupo de amigos con los que salíamos a jugar al básquet, no nos encontrábamos representados gastronómicamente en lo que leíamos, principalmente en los medios. O sea, vos ponías «bodegones» en el 2013 y te salía una nota diciendo «5 bodegones trendy». No, hermana, no fuiste en tu vida a un bodegón. No usamos la palabra trendy en estas latitudes. ¿Qué te está pasando en el 2013? Oh, là là.
Eso es lo que aparecía. Bodegón no había, nada cercano a lo que después fue el Anti. Digamos que esa fue la principal búsqueda: che, ¿no puede ser que los porteños no coman normal? Porque nosotros consideramos que el 99% de la gente es antigourmet. Y el 1%, con la brecha económica como está avanzando en Argentina, ¿se puede dar el gusto de ir a comer algo de ahí? Con suerte, el 1%.
Entonces, bueno, che, ¿qué te está pasando? ¿Cuál es el lado B de la gastronomía? ¿Dónde están los circuitos gastronómicos no convencionales? ¿Por qué todo pasa por la línea D del subte? Bueno, esas fueron las preguntas iniciales, y de paso nos divertíamos, porque íbamos, después de jugar, a comer como cualquier grupo de amigos o amigas. Empezó por ahí, ni más ni menos. Y hay como un antecedente, que es el final de la facu mía.
De dirección de arte y de redacción publicitaria se llamó el Antigourmet. Pero era… Es una página que después te la tendría que pasar, porque debe estar online. Era el final, como bueno, bla, y eran recetas para gente que no sabía cocinar.
Que éramos nosotros 2 como dupla. Entonces era «gris con mayonesa», o sea, una receta de 10 minutos estúpida, basada en el humor completamente, casi Capusotto, esa clase de cosa. Y ahí quedó el nombre. Entonces fue cuando tuve que decir: che, chicos, yo voy a empezar a escribir estas salidas a comer que tenemos una vez por semana. Me di una libretita y voy a escribir un blog porque tengo ganas de desahogarme por ese lado.
Y ahí surgió ponerle Antigourmet. Igual ya tenía el dominio, incluso, entonces era muy fácil.
Magali: Me surge esta pregunta: ¿cuál es ese clic entre ir a comer con amigos… Y decir «empiezo a escribir sobre esto para que otras personas lo consuman»?
Matías: La motivación, nada más. Creo que en ese momento simplemente tenía ganas de documentar una salida con amigos, ni más ni menos. O sea, no tenía otra razón, porque nunca armé el blog pensando que se iba a convertir en una guía de bodegones, en un bar y todo lo que pasó después. Era como cuando sacás una foto en un cumple y decís: bueno, saco las fotos porque quiero que quede testimonio de que fuimos a comer a tal lado. Y de hecho, la guía medio que la armamos para nosotros. Era como: che, hagamos una guía, un mapa de todo lo que fuimos. Que calculo que lo deben hacer millones de grupos de amigos en todo el mundo.
Esto, o sea, no es que encontramos la panacea. Una vez vino al Anti un camionero, ex camionero, que trabajaba en el Automóvil Club Argentino arreglando camiones, ahora en el taller del Automóvil Club Argentino. Ese tipo, además de que es el tipo que más vi comer en mi vida, porque no podía creer que seguía pidiendo y pidiendo, me mostró en el celular, me dice: «Mirá, estos son todos los lugares a los que fui yo». Y me muestra en el celular y tenía 4000 lugares, y nosotros teníamos 300.
O sea, ese tipo tenía muchísimo más que nosotros, tenía recorrido todo el país. Las rutas, que es lo espectacular: la ruta, el camino, lo lindo de todo esto, de emprender. Entonces me dijo: «Un día vengo y te comparto mi mapa». Y no vino nunca más y lo perdí. Pero ese tipo tenía el libro gordo de Petete en sus manos, y él lo hacía con su familia.
Lo hacía con su laburo, lo hacía con sus amigos. Así que yo creo que nada más fue ponerle el ojo.
O prestarle un poco más de atención a algo que venía haciendo cotidianamente en mi vida. No hubo algo en el medio de «me quiero dedicar a esto».
Magali: Bueno, creo que el objetivo de este capítulo va a ser que el camionero escuche el podcast y se reconecten. ¿Te imaginás? Se forma una amistad.
Matías: Porque yo fui al Automóvil Club a buscarlo, pero era por cara, yo no me acordaba ni el nombre ni nada. Fui 2 o 3 veces, no lo encontré. Me dicen: «Y, mirá, todos hacen eso». Entonces era: bueno, ya está.
Si no es ese camionero, tendré que buscar. Pero ese tipo lo tenía muy bien ordenado, era como el de la ruta del bodegón. Era increíble, increíble.
Magali: Sí. Bueno, tengo esta siguiente pregunta: ¿qué pasó en tu carrera, que primero estudiaste sistemas, pero después decidiste cambiar e hiciste publicidad?
Matías: En realidad esta es una muy linda historia y se va a poner muy contento un amigo mío que se llama Andresito Gárate, a quien le mando un beso enorme.
Y estos destinos medio cruzados que tenemos en esta historia que te voy a contar, creo que hacen que…
¿Qué pasa cuando el destino te cambia la carrera que querías estudiar?
Matías: Que por eso haya que disfrutar el camino y no tanto el ponerse objetivos. Yo tenía decidido estudiar publicidad. Enloquecido con la publicidad, con la creatividad publicitaria desde muy chiquito, desde los 12. A los 14 ya empecé a hinchar: che, esto de publicidad, voy a publicidad. En quinto año había que ponerse firme. Mi viejo me dice: «Che, no estamos bien de guita. No te podemos mandar a estudiar a Buenos Aires ni a ningún lado. Entonces buscate algo para estudiar acá». A mí eso, en general, es medio raro que me lo tome con el vaso medio vacío.
Como: bueno, no pasa nada. ¿Después reencarnaré y seré publicista, viste? Como que no importa. No, no me preocupé en ese momento.
Sí me puse a investigar opciones, y justo la Universidad Nacional de La Plata, con un convenio con la Universidad Nacional del Noroeste, la UNNOBA, con sede en Junín, abría publicidad. Dije: bueno, listo, genial, abren para mí. Y 3 o 4 meses antes la cierran, dicen: no, no hay nada, se cayó el convenio. Bueno.
Sigo averiguando y se abría publicidad por primera vez en un instituto terciario de Junín. Dije: ah, está bien, el destino quiere que… Bueno, me anoto en octubre para empezar en marzo. Y en febrero me llaman y me dicen: «Mirá, hay 2 anotados. No se va a abrir». Una tristeza absoluta, y además ya ahí se me había cerrado toda la inscripción a las universidades o a lo que quisiera. Entonces el Conde, un amigo, me dice: «Escuchá, yo me anoté porque mi vieja no quiere que esté al pedo. Me anoté en analista de sistemas. Está abierto todavía, ¿por qué no te anotás?». Así fue mi incursión en analista de sistemas. Me anoto en analista de sistemas.
Y me siento con Andresito Gárate.
A estudiar, bla, hablando, hablando, hablando: él era el segundo anotado en la carrera de publicidad.
O sea, terminamos los 2 recibidos de algo que en su momento no queríamos. Y él decide irse a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata, como un posgrado. Y yo empiezo a trabajar en un instituto de informática en Junín, medio con la idea de ponerme mi propio instituto, ¿viste? Y ya estaba ahí. Estaba trabajando, tenía mi moto, estaba todo bien. Yo además era todo el tiempo curioso. Entonces empecé dando clases de Word y Excel y terminé dando clases de After Effects, Premiere e Illustrator. ¿Photoshop? Me compro un libro y te lo enseño. Toda mi familia es docente, entonces tengo un don ahí importante.
Y una alumna me dice: «Che, se abre un concurso para ganarse una beca para ir a estudiar publicidad a la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad».
Había que presentar una publicidad; el que gana se gana la beca. Me dice: «¿Me ayudás?». Dale. Armamos una serie de afiches, 3 afiches. Yo le ayudaba con el Photoshop, que le estaba enseñando.
Y gana la piba. Me dice: «¡Gané, gané!». Bueno, yo estaba recontento, ¿viste? ¿Qué pasó? El novio no la dejó venir a Capital.
Magali: ¡No! ¿Quién es el novio?
Matías: Habría que rastrearlo, 17, 18 años. La retiró y se quedó.
Entonces mandamos un mail a la AAP, le pusimos: «Che, mirá…». Yo le decía que es mi sueño, entonces íbamos a preguntar. Preguntamos, me dieron a mí el premio y así me vine a Capital a estudiar. O sea, en un mes vendí todo y de repente aparecí acá estudiando publicidad, a mis 26, 27 años. Un dato chiquitito, pero que para mí es como el cierre de la historia, por lo menos de esa parte: estudiando publicidad había una materia que era creatividad digital. Cuando llega esa materia… Yo dije: bueno, acá la rompo. Soy analista de sistemas y amo la creatividad y ponerme a hacer pelotudeces. Bueno, viene un profe que era como Alan Faena, el más gourmet de la historia de los profesores. Y el chabón era un tira humo total, ¿viste? Y yo decía: pero yo a los 8 años programaba en Basic, ¿viste? Como el lobo, se había ganado un… Diente de titanio en Cannes por una pavada que yo hacía a los 8 años. Yo programaba de chiquito también un par de cosas.
Es una mentira, le decía. Pero escuchá, ¿vos vendés eso? O sea, ¿alguien te paga para hacer esa pelotudez que estás haciendo? Y además venía acá de señor. Y ahí hice un clic grande en mi vida, porque lo miro a Juan, mi compañero de banco, y le digo: «Juan, ¿7 tipos de una agencia? Nosotros podemos tener once. No me entra en la cabeza que esté haciendo esta pavada de esta manera».
Además, yo le hacía preguntas técnicas al tipo y no me las podía responder, ¿viste? Era como: no sé en qué está esa base de datos, esas cosas. Ah, bueno, no tenés ni idea. Lo llamo a Andresito, mi compañero de analista: «Andrés, venite a Capital, vamos a poner una agencia». Y pusimos la agencia de publicidad 10 años después de que nos hayamos imaginado empezar la carrera. Pero bueno, entre Juan, Andrés y yo pusimos La Flotante, que fue mi primera agencia digital. La Flotante, porque hagamos lo que hagamos, no nos vamos a hundir.
¿Se puede trabajar de tu hobby sin que deje de serlo?
Matías: Está un poco en contra.
Magali: Está muy bueno. ¿Cómo es para vos ahora estar trabajando 9 años después en lo que sigue siendo tu hobby?
Matías: Ja, porque, o sea, esta pregunta es complicada, porque el Antigourmet… Entiendo que lo veas como un hobby, pero no es un hobby.
O sea, un hobby es ir a jugar una vez por semana al básquet. Esto es un proyecto con estructura, que factura, que tiene un millón de aristas. O sea, hobby no es. Sí creo que el hobby se puede decir que migró a un emprendimiento, o a un proyecto de vida casi compartido, además, porque el Anti tiene 9 años. Somos 5 personas a las que en esos 9 años les pasaron un montón de cosas: fuimos padres, divorcios, parejas que fueron y vinieron, y de repente el Anti es un refugio. Entonces hay una cuestión de amateurismo en el Anti.
Que por ahí va el hobby, me parece, lo estoy pensando ahora en voz alta. Nunca nos sentamos a darle una estructura más seria, ni de negocio, ni de franquicia, ni de otra cosa, porque creemos que vale más la amistad y poder mantenerlo y que siga siendo un hobby, porque te tienen que dar ganas. 9 años de salir a comer con la misma gente y no aburrirte.
Y no nos pasa, no nos pasa. Nos buscamos a veces más, a veces menos; a veces uno es el que tira, a veces otro es el que tira. En el bar pasó lo mismo, o sea, al principio estábamos los 5 a fondo. Después algunos aflojaron, después otro se borró, después otro levantó la mano: che, pido ayuda. A mí me pasó incluso con la parte de comunicación. Hay momentos, pero se respetan, y todo el tiempo sigue el boludeo de amigos. Y para que te des una idea, con respecto, por ejemplo, a la facturación del bar, que el bar tiene 4 años recién, porque el Anti tiene 9, pero el bar tiene 4.
Yo en 4 años nunca pregunté cuánto facturamos. Nunca jamás. No tengo ni idea. Por eso Jorge es el contador; por eso mi perro es el contador del Anti, en joda. Yo simplemente pregunto: «¿Estamos bien?». Y Facu me dice: «Pagamos los sueldos, pagamos proveedores, pagamos el alquiler, estamos al día». Fluctúa como el cash flow de cualquier emprendimiento.
Pero se sostiene en el tiempo. Entonces, como un hobby que se sostiene, que crece, que se transforma en una marca, que se transformó en un concepto, y ese concepto se usa en el cotidiano: antigourmet es casi una palabra que se puede usar en cualquier otro contexto. Entonces hay un montón de cosas que yo valoro.
No necesariamente la guita, y creo que por eso sigue siendo hobby, por eso me sigue interesando la búsqueda. Quiero ver dónde termina en 30 años.
No estoy pensando en volverme millonario.
Magali: ¿Qué te imaginás que puede pasar de acá a 30 años con la marca?
Matías: Ay, no sé. Eso también, viste. Creo que nosotros hicimos muy buen laburo en el inicio, en el arranque del Anti, y no me preguntes por qué, hicimos un laburo que 9 años después te digo que fue perfecto: el análisis que hicimos en ese momento de la coyuntura gastronómica de la Argentina.
Magali: ¿Qué creés que hicieron bien?
¿Por qué la honestidad es la brújula del proyecto?
Magali: Hicimos bien en elegir el concepto. A ver, yo estaba estudiando eso, entonces lo tenía muy a flor de piel. Y fue como: che, vamos a ir a comer, pero necesitamos un concepto. Y los chicos: «¿Qué dice el pelotudo este?». Busquémoslo. Y me acuerdo que nos juntamos, abrimos unos 6 vinos y estuvimos tirando pavadas en un pizarrón hasta que salió la búsqueda de la honestidad gastronómica. Eso lo pusimos el primer día en la web, el día que abrí el blog, y hoy, 9 años después, te digo que seguimos en la misma. O sea, la pregunta que rige al Anti es: ¿esto es comida honesta? ¿Nos atendieron de forma honesta? Los productos que vienen en este plato… ¿Son honestos? ¿El mozo fue honesto al recomendarnos o no? ¿El comensal que nos dijo «vayan a tal lado» fue honesto? O sea, la honestidad como brújula salió antes, te diría, de la primera reseña o, a ver, como mucho en la tercera. Nosotros ya sabíamos que la honestidad era un valor importante para nosotros como grupo también, viste, porque cuando vos tenés que tomar una decisión es: che, pero ¿estamos siendo honestos con nosotros mismos?
No, se descarta. Listo, no importa si tiene potencial de ser un negocio, se descarta. Eso nos pasa hace 9 años y es una pregunta recurrente. Entonces creo que ese día hicimos algo bien. Hicimos algo bien con la elección del nombre. Hicimos algo bien con el SEO, porque cualquier bodegón que buscás, aparecemos primero, segundo, tercero. Eso lo hicimos bien.
Algunas cosas, hace 9 años, que a veces es difícil pegarla, porque eso fue una pegada, ni más ni menos. O sea, viste cuando algo entra en el momento que tiene que entrar, ni más ni menos. Eso sí, eso lo rescato siempre.
¿En qué momento deciden juntarse con los 6 vinos y con un pizarrón a buscar un concepto? ¿Cómo surge ese momento?
Matías: La relación estaba arrancando. Nos juntamos en mi agencia, que era un departamento, básicamente un monoambiente. En ese momento también, al estar estudiando todos esos temas, trataba de llevarlo a la práctica. Y lo que veía era que la búsqueda mía, que después fue mutando… A reseñador, cronista o periodista o lo que sea, porque no me pongo ningún título porque no lo tengo.
Pero esa curiosidad… Yo sentía que los chicos no me estaban entendiendo por dónde iba mi búsqueda. Entonces fue como: che, juntémonos, porque yo lo quiero hacer bien y lo quiero hacer de verdad y lo quiero hacer con ustedes. Porque a mí lo que me gustaba en ese momento era lo coral del Anti. Es decir, no era lo mismo que ir a comer solo, como puede ser hoy un influencer o un foodie que va a hacer la recorrida solo y te dice cómo están.
Bueno, nosotros comemos una carta entera siendo 5, siendo 6, siendo 7. Y lo que pasa en la conversación, lo que le pasa a Facu con un mozo, o a Román con un dueño, o a Martín con una chica que está atrás comiéndose un plato de pastas y le dice que están buenas esas pastas, o sea, todo eso, a mí como observador simplemente era anotar, anotar, anotar todo lo que pasaba, los diálogos. Me divertía, porque si vas solo, no hubiese durado el Anti. Me hubiese pegado un embole infernal.
Esa búsqueda de contar las peripecias, digamos, de un grupo de amigos también me llevó a escribir reseñas astronómicas. Eran como 40 minutos de reseña. Los chicos me decían: «No lo va a leer nadie, boludo. ¿Quién va a entrar a un blog a leerse un cuento que tardás 40 minutos en leer?». Y sí, ya sé, no importa, me gusta escribir. «Lo escribís, es una mierda». No estoy mirando eso. Y después, con Analytics, veíamos: che, permanencia en el sitio 6 minutos, 5 minutos, 4 minutos y pico. Se lee, hay… Hay gente a la que le está interesando esta forma de contar la gastronomía.
¿Cómo se escribe una reseña de bodegón sin hablar de la comida?
Matías: Me acuerdo puntualmente de la reseña 20, que yo ahí estaba en modo experimentación total. Escribí una reseña y no hablé de platos.
Directamente era recomendar un lugar sin hablar de la comida. Y bueno, los chicos ya… Pero bueno, qué sé yo, lo que me salió. En última, lo agrego después. Pero fue tan nutritivo todo lo que pasó alrededor: nos cagamos tanto de risa con el dueño, terminamos a las 3 de la mañana hablando al pedo, todos borrachos. Había otra liturgia alrededor de esa mesa, que no importó realmente lo que comimos ese día.
Así que, bueno, y al tipo le encantó la reseña. Ahora, como: «Che, boludo, ¿qué escribiste? Pensé que ibas a hablar de la milanesa». A ese nivel, yo no. Yo no soy cocinero, no sé ni hacer la milanesa. Yo soy un comensal común y corriente, no voy a poder hablar del punto de la carne, de la masa, de la pasta. O sea, no puedo hablar de nada de eso. Los chicos sí, por suerte. Martín, Facu, Román, todos aportan, y lo que yo no sé me lo nutren. Pero fue por eso. Creo que ahí hay un tema: a mí me gusta emprender en equipo, me gusta emprender con gente; si no, me aburro como un hongo.
Magali: Transportanos a cómo es una comida cuando van los 5 a probar un nuevo lugar. ¿Qué pasa ahí?
Bueno, ahí hay algo divertido de los roles, por ejemplo. Martín es el encargado de elegir qué comemos. Él agarra la carta y dice: «Bueno, acá vamos a pedir esto, esto». Mira los pizarrones, y el loco… porque los otros 4 es como: bueno, el chabón ese día tiene ganas de comer parrilla, y votamos parrilla. Tiene ganas de gastar 2000 dólares, gastamos 2000 dólares. ¿Por qué? ¿Te querés matar? Y hay días que dice: «Che, vamos a comer arroz». Y bueno, comemos arroz y gastamos poco. Martín elige. Después, Facu es el encargado de distribuir la comida, porque eso era un quilombo en sus principios. Entonces Facu es el que te corta el bife de chorizo en 5, tratando de que todos tengan un cachito de grasa. Todo un quilombo.
«Ey, me diste 7 ravioles y a él 10». El quilombo. El chabón se re preocupa y hace una buena distribución, y si dejás algo es el que te empieza a bardear: «Me volví loco repartiendo, comelo». «No, pero…». «Comelo, no me importa que no puedas más, lo comés». Y decile a Mati qué te pareció. Ese tipo de respuesta. Nico está preocupado por lo audiovisual, entonces él está totalmente abstraído, a veces hasta de la conversación. Él está en el plano, él está componiendo, él está haciendo su magia.
Se preocupa de los micrófonos, se preocupa de otra cosa. A veces es: «Boludo, ¿se olvidaron de darme de comer?». Bueno, Nico, ya pasaron cosas, ¿viste? Yo escribo, escribo, y trato de escuchar también la mesa de al lado, hago la composición sonora del lugar, y después trato de ir al baño, mirar los techos, y si me dejan entrar a la cocina, me meto. Ese es un mito espectacular que logramos derribar.
Mirá, vas a comer a un bodegón: salís con olor a frito, una mierda la comida, una poronga, te cae todo mal. No, hermano. Hay un montón de lugares que tienen la cocina… Mejor que cualquier lugar gourmet, que se recontra preocupan por no bajar la calidad cuando viene la mala, que te dan una comida de abuela que no lo podés creer. Entonces logramos revertir la imagen negativa del bodegón, creo, ya hace bastante tiempo. De hecho, lo que está pasando ahora es que los chefs, los rock stars, digamos, los de MasterChef o todos los cocineros conocidos, están poniendo bodegones. Sí, acá, o sea.
Abrió Narda Comedor, Tegui, Serrote, y por suerte, porque tiene un poco de dignidad, abrió Martí, que es un bodegón. Comidita, tapadito, tic. El dueño de Don Julio, que es la parrilla número uno en los 50 Best, bueno, no importa, pero el tipo se compró El Preferido de Palermo. Entonces hay una búsqueda de volver a las raíces, hay una búsqueda de volver a la comida que nos representa, hay una búsqueda por ese lado de la gente que sabe. Entonces es como que decimos: hey, hicimos bien en defender esto.
¿Viste? Todo eso salió de esta reunión de la mesa. Y hay un tema, que es que Román es clave, porque Román es el que nos hace romper el hielo, como los bodegones son gente muy cerrada. La gente que tiene una cantina, la gente que tiene un bodegón, un buffet de club, vos le caés con cámaras, 5 tipos con una chomba negra: «¿Qué pasa, es la AFIP?». Cuando entramos, viste, no nos conoce nadie: «¿Qué vienen a hacer acá, a filmar todo? ¿Qué van a hacer?». ¿Viste?
Hay un tema ahí. Bueno, él se toma el laburo de afinar el ojo, elegir el lugar, hablar con el dueño, explicarle quiénes somos, decirle: «Necesitamos que alguien nos reciba porque queremos que nos cuente la historia». Eso lo fuimos aprendiendo a hacer, entonces hay un poco de aprendizaje de todos lados. Yo aprendí a escribir, y cada uno aprendió de su expertise o de lo que más le gusta dentro del Anti. Por eso te sigo diciendo que es un hobby.
Okey. ¿Cómo hacen para que esto funcione entre 5 amigos? Porque es un hobby, pero hay muchas cosas que ustedes tienen que hacer y está hecho recontra profesional. ¿Cómo logran que todo esto funcione entre la amistad, la honestidad, pero que a la vez el bar siga existiendo? ¿Cómo lo manejan?
Matías: Creo que la amistad es el paraguas del Anti.
¿Cómo se sostiene un emprendimiento entre amigos?
Matías: En definitiva, es más grande que el Anti.
Realmente, por ejemplo, si mañana cualquiera de los chicos me dice: «Che, no me gusta esto del Anti, tal cosa», yo prefiero dejar de hacer el Anti a perder la amistad con alguno de los chicos. No creo que pase ya. Siento que el lazo, la liga que hizo el huevo frito con nuestras vidas, va a perdurar en el tiempo. Y por eso te decía, no importa el Anti en términos de resultados… Objetivos, retorno de inversión. O sea, son cosas que no nos preocupan todo el tiempo. Siento que la amistad es seguir con ganas de salir a comer, compartir asados. No sé, un sábado pinta un asado, como decirte. Pero salimos hace 9 años a comer todos los miércoles en bodegones. Nos queremos juntar, que ahora tenemos todos los nenes, y queremos que crezcan juntos. El bar, lo mismo. O sea, es como cuando alguno tuvo un problema o el laburo le comió el tiempo y dejó de ir, nadie le dice nada. Che, para adelante, es más importante eso.
Te puede doler más, te puede doler menos. Se puede hablar. Problemas hay en todos lados, obviamente, pero no nos hemos peleado mucho. A mí me encanta pelear, además, o sea, pelear casi sin sentido. A veces, viste, ya sé que no tengo razón, pero en el bar me divierte. Me divierte porque siento que del quilombo sale algo nuevo siempre, y que si movés el avispero algo pasa. Y cuando algo está planchado… Siento que ahí se muere el emprendimiento, cualquier emprendimiento. Cuando algo se vuelve rutinario. Es como: compremos un bondi. «No, pará, Matías». Pero compremos un bondi, compremos un bondi. No me importa, yo no sé manejar, imaginate si me importa tener un bondi. Pero siento que soy el que viene por la tangente a tirar algo para ver si sale algo nuevo. A veces ni siquiera, porque estoy esperando que salga para divertirme. Eso es un tema de roles. Creo que en el bar nos pasó lo mismo.
Nos dividimos los roles, y si uno se manda una cagada, no quita que el otro le diga: «Me parece que tal cosa con el proveedor, Martín, te mandaste una cagada», o Facu con la atención al cliente: «Acá me dijeron tal cosa», o un empleado: «Tuvimos un problema tal». O yo con la comunicación, que a veces me he mandado delirios.
Magali: Qué complicado.
Matías: La operación de La Esquina del Anti.
Magali: Dame un ejemplo.
Matías: No sé, largar una promo de tortillas un viernes.
Parece la boludez más grande del mundo, pero me dicen: «Mati, tenemos 4 fuegos. O sea, si vienen 100 tipos a pedir tortilla, la última te la entrego a las 5 de la mañana». Y para mí es: «Dale, qué importa, salen». Y no sabía que era viernes. Porque en el Anti no hay planificación, entonces hay un montón de cosas que se hacen cuando a alguien le pinta, y eso a veces te genera un quilombo. Bueno, mi contador, Jorge, el contador del Anti, nació… Porque largué una promo en la que no daban los números directamente. O sea, te salía más barato pedir 2 medias docenas de empanadas que pedir una docena. No sé qué cuenta hice ahí, soy pésimo con los números. Entonces una docena valía 1000… Y 2 medias docenas valían 850. Bueno, entonces la gente llamaba, pedía por WhatsApp, iba y decía: «Dame 2 medias docenas, dame 4 medias docenas, dame 80 millones». «Bueno, vale, la están regalando». Y yo ahí nomás puse: bueno, es que Jorge… y puse la cara de Jorge.
Es el contador y puso la promoción. La gente se recagó de risa con eso, y de ahí quedó el contador. Y de hecho, cada vez que puedo lo hago, o sea, perdemos plata a propósito con tal de cagarnos de risa con el perro, que está totalmente delirado. Pusimos un vinilo en la puerta con una foto de Jorge que dice «No dan los números».
Y la gente nos pregunta si es una veterinaria. O sea, la sigo cagando. Me dedico a comunicación, la pifio todo el tiempo, y los chicos es como: «Es problema de Mati». Me dicen: «Es tu problema, arreglalo, o si no lo arreglás, jodete. Pero es tu problema».
Magali: Me genera mucha curiosidad, me encantaría escuchar la misma historia contada del lado de tus socios.
Matías: A mí también.
Magali: O sea, porque me imagino que si vos tenés este perfil, alguno de los otros 4 tiene que ser el que hace que todas estas ideas sucedan en la realidad, que la tortilla de papa llegue a la mesa.
Entonces me encantaría ver cómo se sostiene del otro lado.
Matías: Sí, y eso fue cambiando también con el tiempo. Por ejemplo, como a mí me gusta mucho la comunicación, me sostuve en comunicación, pero los chicos fueron encontrando su rol. Calculá que abrimos un bar entre 5 personas que no teníamos ni idea de gastronomía en ese momento. Nada, ni un antecedente de un familiar que se hubiera puesto un bar, un restaurante. O sea, sin saber: abramos un bar.
Magali: ¿Cómo fue esa decisión?
Esa decisión, lo mismo, la vida. Facundo es un tipo que le decís: «Che, me voy a comprar un toldo». Y el chabón te dice: «Ah, vamos a aprender a hacer un toldo».
Es decir, no vamos a comprarlo, vamos, dale, lo hacemos, yo tengo ahí la amoladora, la cosa. Vamos a hacer un toldo, y hace un toldo y lo hace bien. Bueno, él en su momento empezó, hace muchos años ya, a hacer cerveza. Te digo, antes del boom de la cerveza artesanal él ya hacía.
¿Cómo abrir un bar sin competirle a los bodegones?
Magali: Y de repente empezó a hacer su fábrica en Junín. Sí, cerveza Lagun se llama. Y bueno, él dice: «Che, me gustaría poner un barcito y venderla acá en Buenos Aires».
Y bueno, pongamos el bar del Anti, como estaba el blog dando vueltas. Había un montón de gente que nos seguía, teníamos 150.000 seguidores entre todas las redes. Y yo: pongamos el bar de esta comunidad, invitemos a los bodegones y vendamos la birra de Facu. Y así lo hicimos, empezamos con eso. En esa idea estuvimos todos de acuerdo. Que sí, que no, había 1000 dudas.
Ahí viene otra vez la pregunta de la honestidad: che, ¿estamos siendo honestos abriendo nosotros ahora? Porque nosotros hacemos recomendación de bodegones. ¿Cómo hacemos para seguir siendo honestos con esto? Bueno, sigamos recomendando bodegones, sigamos saliendo a comer, sigamos haciendo reseñas, sigamos haciéndoles videos, sigamos difundiendo. Cuando alguno tiene un problema, invitémoslo a cocinar a nuestro bar y que ese día la comida sea del bodegón X y que esa plata se la lleven ellos. Abramos la cocina a quien quiera venir, que sea un emprendedor gastronómico. Y los platos fue espectacular, porque era: ¿cómo hacemos para abrir La Esquina del Anti sin competirles en la comida… A los bodegones? Entonces decíamos: no podemos tener pastas, no podemos tener carnes, no podemos tener pizzas, no podemos tener nada. En definitiva, era como: ¿qué mierda damos de comer? Tortas fritas. No quedaba nada en el medio.
De ahí sale el sándwich de milanesa, de ahí sale que no tenemos platos, es decir, todo va en tabla o en la bolsita misma. Era como: ya no somos lo que te recomendamos; acá queremos que vengas, nos conozcas, sepas de qué va el proyecto, y acá te lleves recomendaciones para ir a comer a otro lado. ¿Te gusta comer mariscos? Bueno, anotá: Casa de Galicia, El Faro de Vigo, andá a tal lado, fijate en este otro tal cosa. Seguimos haciendo offline lo mismo que hacíamos online. O sea, logramos llevar la comunidad digital a un lugar físico, que hoy, después de 4 años, te digo que fue un delirio.
No suele funcionar. Con la agencia manejo algunas cuestiones de influencers en lugares, centros culturales, y un influencer, digo cualquiera, tiene 2 millones de seguidores, dice «voy a estar en tal lado cantando» y corta 15 tickets, literal. O sea, no corta una entrada.
Sacar a la gente de las redes y llevarla a un lugar físico no es fácil. Nosotros, delirados, sí lo hicimos y salió bien, pero es todo un mundo. No es tan sencillo. Es como decir: che, tengo 10 millones de seguidores, me pongo un aeropuerto. No, pará. No es tan sencillo que te tomen tu avión, ¿viste? Hay un tema ahí, que siempre lo hablamos con Santi, de que fue una locura que hicimos, nos salió bien.
¿Cómo terminaron haciendo un tour gastronómico por España?
Magali: Podría haber salido pésimo también.
¿Se te ocurre algún momento que haya sido impensado en estos años gracias al proyecto?
Matías: El más impensado fue el viaje a España.
Magali: A ver, contame eso.
Matías: Conseguimos que Air Europa, la compañía aérea, nos pague los pasajes. Porque además, viste, calculá que cuando empezamos no había Instagram, no existía el modelo de influencer, no existía el foodie directamente. Somos viejos en lo digital. Claro, nosotros queremos ir a conocer España y somos 5.
No es un pasaje, son 5 pasajes. El CEO de Air Europa fue a una juntada que hicimos en La Robla. El tipo fue, obviamente nosotros ni sabíamos quién era, y no importó, digamos. Después, al final, se presentó y me dice: «Algún día me gustaría que ustedes vengan a España y vayan a conocer a mi mamá, que no sabés cómo cocina. Me encanta lo que hacen». Lo dijo como lo dijo, yo lo anoté, y a partir de ahí todos los lunes le mandaba… «Che, ¿viste que dijiste que querías que conozcamos a tu mamá? Bueno, cuando tengas los pasajes avisanos, así armamos la valija». Bueno, fue como quemarle la gorra. Mil mails le mandé, porque yo me puse un recordatorio, era como que ya copiaba y pegaba, ¿viste? Era: «Hola, soy yo de nuevo». No sé, le mandé un montón. Y después mi suegra, que a través de mi suegra fue que cayó esta persona a la juntada, ella fue como la comercial, viste, rompiéndole más. Y yo calculo que en algún momento dijo: «Tomá, les doy los pasajes porque me tienen repodrido». O sea, no es que cerramos un acuerdo como «devuélvanme entregables, tal cosa, videos». Fue: «Tomen 5 pasajes». Y nosotros ahí lo que hicimos fue sacar el pasaje para toda nuestra familia y fuimos todos.
Mi nene tenía 5 meses, recién nacido. Y bueno, loco, vamos, todo un show. Viajé 20 días arriba de una camioneta recorriendo, haciendo lo mismo que acá. O sea, no yendo al lugar obvio de Madrid. Era: che, ¿dónde vamos a comer que no sea el circuito gastronómico tradicional?
Entonces fuimos a los tradicionales y a los mozos les decíamos: «Pero vos, ¿dónde comés?». «No, chicos, vayan acá». «No, no, no, no me hables de turismo. ¿Vos, con tu familia?». «No, yo, en la Casa del Pulpo, que queda en la loma de ahí». Vamos, listo, la Casa del Pulpo. Y ahí: «¿Y vos dónde comés?». Y así recorrimos, dimos una vuelta. En la página, antigourmet.com.ar, en el menú tenés España y tenés todos los lugares a los que fuimos, con la reseña día por día.
Y también fue un delirio en el sentido de que con un nene de 5 meses hacer eso… Bueno, mi nene se portó un 11, porque no dijo ni mu; lo podríamos haber arruinado el viaje completamente. No sé, si lloraba o algo, era: me dejaban en Madrid y seguían. Eso fue una gran sorpresa, y estuvimos muy cerquita de hacerlo con Italia y nos agarró la pandemia.
Pero bueno, tenemos pendiente el de Italia.
Porque todos tenemos una mamá o un papá de apellido tano y queremos ir a las ciudades de ellos, muy pueblitos, muy chiquitos, y hacer ese anti tour. Ese puede ser un próximo delirio, ¿no?
Magali: Ahora que la marca se diversificó en muchos proyectos, ¿cuál fue para vos alguno que haya sido muy desafiante?
Matías: Y, creo que el bar, el más desafiante de todos, y fue la esquina, por una cuestión de que no sabíamos… Casi nada en ese sentido. Sí, creo que el más desafiante es ese. Por ahí en todo lo que tiene que ver con comunicación…
¿Qué aprendió Matías Pierrad haciendo entrevistas y podcasts?
Matías: No, por ejemplo, ahora estamos haciendo… Podcasts, un show de un ciclo de entrevistas que se llama Sale con Fritas. Hicimos Bodegones, que son los bodegones de las canchas de fútbol, con TNT Sports, digamos. Como yo laburo, y Nico también, en una agencia, en una productora, esa parte, que en principio es bastante difícil para una persona que quiere lanzarse a hacerlo sola, un influencer, digo, “yo quiero ser influencer”, bueno, arranca: la parte audiovisual, la parte de fotografía, la parte de guion.
La parte web. En eso somos muy fuertes nosotros, porque justo laburamos de eso. De hecho, de los 5, 3 somos analistas, o sea, una locura. El sistema del bar, el sistema de la caja, lo hizo Facu. Viste, los normales: “¿A quién le pagamos?”. “No, yo lo hago”, te dice el otro. “Estás loco, demente, compralo”. “No, no, porque no tienen todas las funciones que yo quiero”. Viste, bueno, eso para mí es lo mejor de emprender en equipo, lo mejor de emprender con gente afín. Cuando alguien dice eso, nadie le va a decir “estás loco, no lo hagas”. Es como “hacé tu camino, hacé tu mambo, qué sé yo, andate por donde vos quieras”. Entonces por eso se diversifica mucho, y a veces los chicos me dicen: “Ya no es el paraguas, el Antigourmet es como una pérgola de 500 m²”.
Bueno, porque el concepto es bueno, les decía yo, viste.
Magali: No, totalmente, eso se nota mucho, y por favor, después, quienes estén escuchando esto vayan a ver los videos, porque me pareció brillante lo que están haciendo: Sale con Fritas, que sale como podcast pero está grabado desde el bar. Eso es maravilloso. O sea, se nota cuán fuerte ustedes tienen el branding, la comunicación y cómo se transmiten los valores. Y se nota que ustedes la están pasando bien también haciéndolo.
Matías: Sí, sí. De hecho, viste, la otra, nos juntamos con una marca.
El año pasado hicimos el piloto, 6 programas, y este año dijimos: “Hagamos otros 6, segunda temporada”. Bueno, bla.
Para este año conseguimos fondearlo, o sea, buscar sponsors que nos dan una guita o un canje o lo que sea para no tener que poner la plata de nuestro bolsillo para hacer ese programa. Y obviamente los sponsors te dicen: “¿Y cuánta gente lo ve?”. Y no nos importa, viste. “No sé, traeme alguna métrica”, porque bueno, está bien. Entonces ahora nos estamos preocupando por las métricas, pero los primeros 6 programas los hicimos porque era divertidísimo hacerlo. Invitamos a gente con la que queríamos charlar de gastronomía en una mesa común y corriente. Y era como: “Hey, nos dimos el gusto de traer a Pagani y hablar de su vida con la gastronomía mientras fue 50 años periodista de fútbol y boxeo”. ¿Y qué ganaron con eso, hablar con Pagani?
Sí. No, no sé, no ganamos nada, no importa. Es una búsqueda de seguir haciendo cosas bajo el mismo paraguas. Y este año, con la aparición de las marcas, lo primero que hicimos: compramos luces. Así: “Che, ¿cuándo se van a dividir la plata?”. Qué sé yo. Compramos luces, compramos pie de micrófono nuevo para hacerlo más lindo, para que cada vez salga mejor, para profesionalizarnos. Nico me prestó un libro que se llama Cómo se hace una entrevista. Me dice: “Tenés que aprender a entrevistar”. Y sí, le digo, obviamente. Entonces ahora, que la semana pasada entrevistamos a Narda Lepes, yo sentí que fui más preparado. O sea, fui con preguntas, repreguntas, que no sé, como que aprendí del libro.
En el libro no es que te dan consejos. No es un libro de cómo hacer una entrevista, como “paso uno, tal cosa”, sino que son cuatro personas que entrevistaron a un millón de personas cada una y te dicen su approach, viste. “Mirá, yo no preparo nada”, dice uno, que creo que es mi técnica. Como, para nada, fue como: “Bueno, tengo todas estas preguntas”.
Pero no me puse a buscar nada, a leer entrevistas viejas o algo por el estilo. Son dudas que tengo como comensal, de decirle: “Che, mirá, yo de esto no sé nada, vos sos la que más sabe, para mí, contame”.
O sea, ese es mi enfoque. De hecho, ahora que lo pienso, La verdad de la milanesa, que es el podcast que estamos haciendo, tiene la misma forma, porque es una charla entre una semióloga, antropóloga, socióloga, viste, esa gente que tiene 14 posgrados, que no sabés cuándo estudió tanto, que se metió en el Archivo General de la Nación a investigar todo sobre gastronomía argentina, y yo, que no sé nada más que sentarme a comer con mis amigos. Entonces es: ¿de dónde viene el locro?, ¿por qué lo hacemos así?, ¿cómo era en ese momento?
O sea, son preguntas casi de sentido común de alguien que está interesado en aprender, ¿no? No es que trato de hacer una investigación gigante previa, porque yo no soy así. Entonces es más espontáneo, mejor. Y Facu, que es con quien estamos haciendo Sale con Fritas… Peor, me dice: “Vos hacé las preguntas, yo me meto”.
O sea, ni siquiera sabe de qué va; de pedo sabe quién es el invitado. Viste: “Yo me meto”, te dice. Entonces yo, que soy desestructurado, soy el que más organizado va. Así que eso es Sale con Fritas.
Magali: Divertido también. Entre todas estas cosas que están pasando, ¿cómo se distribuye tu tiempo? Porque vos no estás solamente trabajando con Antigourmet.
Matías: Sí, mi tiempo es un quilombo, o era un quilombo, hasta que conocí a… bueno, la conocía de antes, pero la conocí en su modo de “te ayudo a ordenar tu vida”, a alguien que vos entrevistaste.
También en este podcast, que es Dani, que yo la conocía por el Anti, haciendo un superclásico que hicimos. Dani, para los que no la conocen, es una periodista gastronómica que, cuando nosotros hicimos el Antigourmet en el 2014, tenía un grupo, que eran 5 u 8 amigas, todas periodistas, que hacían lo mismo que nosotros: ir a comer, reseñar, recomendar. Pero en lugares recontra hiper chetos, o sea, lo contrario.
Cuando nos enteramos, quisimos hacer tipo Celebrity Deathmatch de MTV, pero de gastronomía. Entonces les dijimos: “Che, un River-Boca, ustedes contra nosotros. ¿Quién come mejor? ¿Dónde se pasa mejor? Ustedes llévennos a un bistró”. A Astor nos llevaron, y nosotros las llevamos a Mamá Silvia, en Boedo, y después hicimos como la final en La Flor de Barracas, que al mediodía es bodegón y a la noche prende una velita y es medio cheto, viste. Estaba por ahí.
Esa experiencia estuvo buenísima, porque salimos a comer… Como 14 personas, 3 días seguidos.
¿Tenés ganas de hacerlo también? ¿No? Y bueno, nosotros… Yo, primera vez que entraba a un lugar de comida de pasos con un sommelier. Con todo. Estaba Agus, que bueno, ahora es la sommelier número uno de Argentina. Y Facundo llevó una soda y les ponía soda a todos los vinos que valían fortunas. Hermoso. Ese video también está en YouTube, y son recuerdos que nos van a quedar toda la vida. Y mirá la vuelta de la vida, que no sé, 7 años después le digo: “Dani, ¿me ayudás a ordenar mi vida?”, porque…
¿Cómo repensar tu rol de escritor?
Matías: Emprendiendo solo es una cosa, pero emprendiendo con 2 pibes ya es otra. Entonces tenía una agencia, una productora, un bar, el proyecto del Anti y… Bueno, el querer comprar un bondi con 2 pibes. Le digo a Dani: “Necesito un poco de ayuda”. Y bueno, me ordenó bastante; creo que me ordenó tanto que ahora me sobra tiempo.
Magali: Guau. ¿Contanos qué técnicas usó Dani?
Matías: Dani hizo mucho hincapié en desestructurarme, en hacerme repensar mi rol de escritor. Es decir, todos los emprendimientos y todo lo que hago y todo lo que me mueve va por el lado de la escritura, en definitiva: en dejar algo que quede como recuerdo, que quede como anécdota, para no olvidarnos de que pasamos por esto. Y que cuando tengamos 70 años digamos: “¿Te acordás cuando…?”. “Sí, lo tengo anotado”.
Lo tengo en un blog. Y Dani me ayudó a repensarlo, y básicamente me derrumbó todo lo que yo pensaba que tenía que ser como escritor. Por la construcción de escritor de Hollywood, ¿no?, que vos decís: el tipo sufre, el tipo tarda 25 años en terminar un libro, el tipo abajo de un puente, el tipo se caga de hambre. Y yo le decía: “Dani, esto”. “Pero bueno, de hecho, escribiste 400 reseñas y no te estás muriendo de hambre. Pudiste seguir con esto. ¿Sos un tipo que ve la vida todo negativo, a lo Bukowski? Sacatelo de la cabeza”. Y empezamos a preguntarnos por qué pensás que tiene que ser así.
Bueno, no sé, después de 10, 12, 15 minutos la cabeza me hizo un clic al revés. Y ahora es como: quiero escribir todos los días, sin presión. Quiero terminar el libro que hace como 5 años tenía ahí dando vueltas, pero no lo quiero terminar porque mi objetivo sea entregar algo, sino porque quiero seguir con otra cosa. Ya me aburrí de pensar tanto en ese libro. Quiero comenzar mi carrera de escritor.
Magali: ¿Y cuál sentís que fue la creencia limitante de la cual te desprendiste en este proceso?
Matías: Principalmente la de tener que tener físicamente un libro para sentirme escritor. Muy loco, porque yo vengo del lado digital.
Todo en mi vida es un pedo en la nube. Vivo todo el día en el mundo de las ideas; me cuesta un montón materializar. Un montonazo me cuesta materializar. Y ahora, como: “Bueno, para ser escritor tengo que hacer lo que más me cuesta”. Y Dani me dice: “No, la verdad, el Antigourmet es un blog que tiene 4000 entradas, con horas y horas y horas para leer.
O sea, ya sos escritor hace un montón de tiempo, y tal vez ese es tu modo de ser escritor. ¿Cómo seguís? Por ahí”. Y bueno, logró destrabarme algo que me frenaba mucho, porque cada vez que me sentaba a escribir me ponía la vara demasiado alta.
Y como tenía la vara demasiado alta, casi nada… era al pedo hacerlo. Entonces, bueno, la verdad, estoy recontento con el laburo. Y fijate: me ayudó una gourmet, ¿no?
Magali: Cómo se terminan tocando un montón los polos. Siempre, bueno, yo ya sabía que Dani es brillante, y está nuevamente confirmado; acá quedó para la historia cómo destrabó a Matías.
Matías: Hay un tema de casualidades también, creo, ahora que lo estoy pensando. Yo anoté a Pau, a mi mujer, para hacer marca personal con Dani.
Magali: Yo también lo hice, yo soy una de ellas.
Matías: Bueno, mi mujer no pudo, lo hice yo.
Todo es así en mi vida, viste: la anoté en otra carrera y de repente, bueno, lo hice yo. Estuvo buenísimo el curso. Ahí seguía hablando con Dani: “Qué bueno que te recibiste de coach”, y esto y lo otro, y me dice que lo practiquemos. Así que yo soy como el conejillo de Indias, soy el primer coacheado de Dani.
Y te digo, a mí me hizo así la cabeza en 3 meses.
Magali: Así que suena genial. Me encanta el curso, siempre lo recomiendo un montón. A mí me lo recomendó una amiga, y yo se lo recomendé a otras, y así vamos, tipo, las fans de Dani y los cursos.
Matías: En ese superclásico que hicimos entre ellas y el Anti había un árbitro. Sí, porque decíamos: “Alguien tiene que arbitrar esto, para poner tarjetas amarillas, tarjetas rojas, ir contando los goles que un equipo le hace… Al otro”. Ese árbitro fue un escritor que tiene un blog que se llama Café Contado, que es, bueno, creo que el blog que más me inspiró a arrancar el Antigourmet: todos los cafecitos de Buenos Aires, el tipo los tiene reseñados. Y hace una semana sacó su libro, Café Contado. Y el sábado lo lanza y vamos a ir con Dani, 7 años después de ese superclásico, a ver lo que escribió el árbitro. Así que mirá cómo se van cruzando las historias a lo largo del tiempo.
¿Cómo se arma una comunidad que banque un proyecto?
Magali: Me encanta. Contame, Mati, ¿cómo hicieron para armar la comunidad que está atrás de este proyecto? Porque no solo ustedes tienen una audiencia que los sigue, los fans y los likes, sino que también tienen gente que dona plata para que el proyecto siga existiendo, y hacen cosas con ellos. ¿Cómo lo armaron al principio?
Matías: Como te dije, para mí fue una cuestión del momento. O sea, se necesitaba una guía de bodegones en el momento que lo hicimos; intuimos que la gente estaba igual de podrida que nosotros. Entonces era: estamos en contra de esto y a favor de esto, y mostrándolo y contándolo de la manera que lo contamos, con el humor y la buena onda como bandera. Y sin creérnosla nunca. O sea, siempre fue como: somos comensales, no somos críticos gastronómicos; no tenemos la verdad de la milanesa.
Nunca. No me importa. O sea, vos capaz vas al lugar que yo te recomiendo y ese día te peleaste con alguien y te pasaste un día de mierda, y es tan subjetiva la comida… Por otro lado, con la búsqueda nuestra, solita se fue formando la comunidad. O sea, nosotros no teníamos redes sociales, solamente teníamos el blog. Lo primero que pasó fue que una periodista… Que en ese momento estaba en C5N… Dice: “Les quiero hacer una nota sobre el blog”.
Cuando llega el canal con las cámaras a la Cantina Palermo, eran las 11 de la noche, estábamos todos reborrachos, ya habíamos terminado de jugar al básquet, comido, estábamos con el mozo hablando al pedo, todo dormido, después de trabajar. Ella dice: “¿Tienen Twitter y Facebook? Ármenlo, para la gente que vea la nota”. Yo abrí la compu, armé el huevo frito, armé el perfil de Facebook y Twitter, y así arrancó la comunidad. Al otro día ya teníamos 5000, 6000 seguidores.
En Twitter tuvimos 11000 seguidores en un mes y lo cerré, porque dije: “Yo toda esta locura no la puedo controlar”. O sea, la gente decía: “Voy por Panamericana, kilómetro 32, ¿adónde bajo?”. Yo no soy Google. ¿Qué sé yo adónde vas a comer? Fijate, andá a una parrilla. No tengo ni idea. Le dije a los chicos: “¿Alguien se quiere hacer cargo de esta demencia?”. No. Listo, duró un mes el Twitter y seguimos con Facebook. Después siguió Instagram, después Google Maps.
Hoy la red que más funciona para nosotros, y es un dato para todos los gastronómicos, es Google Maps.
O sea, lo que es Google My Business, que ahora en un par de meses deja de ser y pasa a ser Maps. Instagram es una vidriera para mostrar algo que querés, pero funciona mucho más WhatsApp, y muchísimo más Google My Business. Para nosotros muchísimo más, te diría 1500% más a nivel llegada a nuestra comunidad. Y bueno, después, otra vez, con la honestidad como bandera y tratando de ser fieles a lo que nosotros defendemos y pregonamos, creo que la gente se da cuenta. Y bueno, van 9 años.
Magali: Entonces, dicho esto, hace 9 años que están en esto y no se movieron. Bueno, vamos al cafecito.
Matías: Bueno, nosotros lo hicimos durante la pandemia: la gente puede elegir poner 250 o 500 pesos, y con eso armamos como un grupo más chiquito de seguidores más fieles, que nos ayudan a mantener la parte audiovisual, es decir, poder pagarle a un editor, poder pagarle a un editor de sonido, poder comprar algún equipito que nos falta, viste. Entonces: “Che, a esta gente le gusta”.
Nos ayuda, y nosotros a cambio le mandamos una credencial, y tiene 10% de descuento cada vez que va al bar, happy hour todo el tiempo. Ahora abrimos el club en Villa Urquiza, en un buffet; entonces en los 2 lugares tenés descuento. Les mandamos nuestras recetas en video de cómo se hacen todos los platos de la carta. Toda esta gente la tiene paso a paso por el cocinero, para decirles: “Che, te agradecemos con lo más importante que tenemos, que es la receta del bar”.
De la milanesa, tomada en el paso a paso.
Bueno, tratamos de siempre dar más de lo que se espera, y eso con los bodegones nos pasó: formamos una red sólida, tremendamente sólida. Los seguidores son los seguidores, pero los bodegueros, hay unos 120, 150 dueños que les decís: “Che, mañana necesito una olla”, y te la traen. ¿Por qué? Porque caímos como paracaidistas ahí a reseñarlos, no sabían quiénes éramos. Se sentaron a contar la historia porque lo pedimos. Pero claro, a la semana o al mes salía una reseña de 40 minutos, con unas fotos espectaculares, con un video editado de la puta madre. Les mandamos todas las fotos en alta para que las usen en sus redes sociales o en la carta o en los televisores o en lo que quieran.
Les enseñamos a usar las redes si hace falta, les damos consejos, les conseguimos descuento con algún proveedor. Y pagamos, además de todo eso. No pedimos canje, tipo de influencer: “Voy, dame una hamburguesa y te pongo bomba”. No: comemos como unos animales, tomamos como unos animales, pagamos todo siempre. Por filosofía. Y después te mandamos un laburo que yo, teniendo una agencia, una productora, sé lo que sale, y hay un montón de bodegones a los que vamos que no lo pagarían ni en pedo nunca en su vida. Somos la pata de comunicación y de agencia que los bodegones no tienen. Y nos gusta, nos gusta dar una mano ahí. Yo siempre que puedo les mando: “Che, sabés… Esta herramienta nueva úsenla, no gasten tanto tiempo en Instagram”, y les aviso todo lo que pueda. Así que por ahí va la búsqueda.
Magali: ¿Nunca les pidieron hacer consultoría de comunicación o marketing?
En gastronomía sí, pero yo trato de decir que no. Me gusta más por ganas, más que hacer una consultoría con procesos, con tener que decirle a un bodegón “cambiá tu identidad”. Me mato. O sea, no, no, no. No va por ahí. El bodegón es lo que es porque llegó a ser lo que es, y si un día le va mal, yo de mi lado voy a hacer todo lo posible para darle difusión.
Darle una mano, preguntarle si necesita algo, no solamente gente. Por ejemplo, en el bodegón El Puente, en Almagro, le conseguimos un techista, se venía el techo abajo; le conseguimos los medicamentos al dueño porque salió de una operación re heavy, no tenía guita. Sí, difundimos que hace una brótola al limón espectacular, pero el punto va por otro lado: va por la gente que está atrás. Siempre son… Historias, historias de gente. Entonces ahí me pongo un poco de límite, de no meterme. La única vez que hice algo fue manejarle las redes a El Antojo. Viste, como: “Bueno, yo justo estaba esa misma noche. ¿Me manejás la red?”. “Dale, te la manejo”. Ganó el premio a la mejor milanesa de la ciudad.
Y dije: “No, pará, esto lo estamos haciendo mal, no me tendría que haber metido”. Como que ahí se perdió, ¿me entendés? Era como: “Che, al final terminé profesionalizando algo que me encantaba, y ahora sé que está profesionalizado y no me gusta tanto”. Y de repente se hicieron franquicia, y de repente tal cosa. La pucha, al final se perdió la esencia del antojo.
Sí, tiene que ver con siempre esta pregunta de profesionalizar o vivir de tu hobby, viste, y claramente deja de serlo.
Está como esa pata que es cómo lo podés monetizar, como ustedes están haciendo, pero si es… Vivir de eso implica todas otras cosas que hacen que mucha de la magia que uno disfruta se pierda.
Matías: Sí. Y siempre vuelvo, cuando surge una charla, siempre vuelvo a la palabra honestidad, viste. Es como: “Che, esto está bien”. La honestidad también es subjetiva, ¿no? Obviamente, pero como que la compartimos entre los chicos del Anti. Y ahí no hay fracturas, no hay grietas. Entonces, por ejemplo, 2015, creo, nos escribe McDonald’s: “Che, queremos hacer la hamburguesa Anti Gourmet. Queremos poner carteles que digan Anti Gourmet”. Está buenísimo.
Yo, desde la comunicación, desde la publicidad: está buenísimo, pero está mal. Está buenísimo, pero está mal, para adelante. Entonces: “Che, ¿lo hacemos o no lo hacemos?”. Y los 5 votamos que no lo hacemos. Y por otro lado, decir: la plata que perdimos por hippies. No importa, preferimos ser honestos a esos ideales y esos valores.
Y no ir a McDonald’s, que era la hamburguesa que está en el cartel, que te apuran para comer, no sabés de qué está hecho, todo turbio, multinacional. O sea, todo lo que no nos gusta, metido en un cuadrado en la Cajita Feliz.
Bueno, no era bueno: “Derrumbemos, tiremos el blog a la mierda”.
Magali: Si cerramos ahora con estas juntadas que ustedes hacían en bodegones, que llevaban cientos de personas y se juntaban todas a comer, ¿por qué decidieron hacerlo?
Matías: Bueno, la primera juntada se llamó SOS Bodegón. Había un bodegón, El Galleguito, que la estaba pasando mal. Entonces un seguidor nos dice: “Che, ¿por qué no hacen algo ahí? Se está fundiendo”. Bueno, hablamos con el dueño, le dijimos: “Che, ¿cuándo podemos ir, que no va nadie?
¿Cuál es el peor día de tu bodegón? ¿El martes? Bueno, nosotros lo llenamos. Lo voy a poner en la red. Haceme un menú”.
Vinieron 35 personas, 40 personas, un bodegón chiquito. Bueno, en 3 horas, 4 horas, top, se llenó. Bueno, fuimos. Estuvo buenísimo. Conseguimos Amargo Obrero, que nos daba los Amargo Obrero gratuitos; nos daba la papa frita el otro. Bueno, de todo. 2014, o sea, no me acuerdo, pero no había Instagram. No existía Instagram. No estaba ese modelo de hacer canje, no estaba ese modelo de hacer contenido sponsoreado con marcas, nada de nada, no existía. Estuvo rebueno. Ahí descubrimos este placer por conocer a la gente que antes… Escribíamos mensajitos por la compu y comentarios, y era como: “¿Vos sos…
¿Cómo dejar de perder plata en las juntadas?
Matías: Maga?”. “Claro”. “Ajá, ¿y qué te gusta de todo esto? A ver, contame. ¿Y qué otros lugares conocés?”, y que esto y que lo otro. Y bueno, y ahí empezamos a hacer una por mes, prácticamente, durante un montón de tiempo, durante 2 años y pico. Y siempre aprendiendo, como te digo, la parte de organización de eventos. No, porque por ejemplo, no sé, Cangas del Narcea… Que fue como el día que más gente llegaba. No me acuerdo, ¿cuánto, 200 personas? Cuando al final hubo que pagar, porque pagábamos todos, nosotros también.
Claro, se nos habían colado como 20 personas. Terminamos poniendo 7 lucas nosotros. Entonces… “Che, ahora vamos, todo este circo, todo este laburo infernal, y nada. Empecemos a usar Mercado Pago, empecemos a ver esto, empecemos a hacer listas”. Como, bueno, alto, todos los analistas a armar un procesito.
Porque era perder plata todo el tiempo, viste. Y bueno, se fue aprendiendo. Y de ahí también: eso es comunidad, eso es más comunidad todavía para mí que la virtual. O sea, gente, gente poniendo el físico para moverse de un barrio a otro, para conocer a alguien que no sabés quién es, para compartir una comida. Pipo, por ejemplo, que cerró. En Pipo éramos 190 personas, todas comiendo los fusiles de Pipo, con tuco y pesto. Entonces es como: “Che, 190 personas que no se conocían compartiendo la misma comida”.
En un lugar emblemático, que estaba tirando sus últimos manotazos y terminó cerrando en pandemia. Entonces, bueno, muchas experiencias y muchos aprendizajes para el proyecto y para cada uno de nosotros.
Magali: Con todas estas experiencias que pasaron, y con el diario del lunes, ¿harías algo distinto?
Matías: No. La verdad, no haría nada distinto. No sé si hay… Una pregunta que me hago siempre es: ¿qué hubiese pasado si me hubiese dedicado al Anti de lleno?
No sé, como si hubiese hecho un clic un poco más grande y decir: dejo la agencia, dejo la productora, dejo lo que me da de comer, en definitiva, y me dedico de lleno al Anti. Esa pregunta va a quedar en el tintero hasta que lo haga. Pero no, no siento como una deuda personal, viste, sino que acepto el camino que estoy haciendo, lo estoy tratando de disfrutar.
Y todo el tiempo es como… Cada vez que alguno de los 5 se preocupa por el futuro, o se preocupa por algún objetivo, o se preocupa por qué puede pasar con el bar, por ejemplo, todo el tiempo hay uno, que además va cambiando ese rol, que es como: “Disfrutemos, que está abierto hoy”.
O sea, no sabíamos que iba a venir una pandemia, no sabíamos que íbamos a hacer venta de milanesas a futuro, ¿viste? Era como, qué sé yo: estamos abiertos de pedo, por un blog que salió de pedo, por una cosa que salió. Y como que te vas preocupando de si funciona a niveles corporativos. Disfrutemos el camino y que nos lleve. Y esa búsqueda me parece que es la que nos salva bastante, de moderar nuestras expectativas.
Magali: ¿Y cuando vos sentís que el Anti te está dando poco?
Sí, porque a todos nos ha pasado en algún momento de decir: “Estoy yendo todas las noches a laburar al bar y me estoy llevando 0 pesos”.
No, como 0 pesos literalmente. ¿Qué está pasando?
Viste, todo el tiempo te lo preguntás, y hay algo que hace que le digas: “No le pidas más. Te dio un grupo de amigos de por vida, te dio a conocer 2000 bodegones, te dio un viaje a España, te dio esto. ¿Qué más querés que te dé? ¿Querés que te dé plata?”. Sí, se puede, pero ahí hay que sentarse a laburar mucho más y profesionalizar ese hobby.
Sí. Entonces hay un tema, que es como que ninguno de nosotros todavía dio el paso de decir: “Me quiero encargar todo el día”, como mi laburo full time. Yo creo que a mí en algún momento me va a llevar. Bueno, se vienen los 10 años, se viene festejar los 10 años del proyecto. Bueno, yo quiero hacer cosas en el club, porque el club tiene más sentido todavía para el Anti: el formato club, el buffet de un club, club de barrio, o sea, Luna de… Avellaneda, la película. Tenemos una cancha de básquet pegada al buffet, que la idea es hacer jodas ahí. Lo que pasa es que, bueno, tiene toda una logística: en el club, primero, hace poquito que estamos, tenemos que quedar bien con todos, no dinamitarles el club. Hay también tema de: “Bueno, vamos a comprar mesas, vamos a comprar sillas, ¿cómo hacemos esto?”. Bueno, hay que organizar un evento, y cuando uno no tiene esto como prioridad y full time, bueno, sale cuando sale. Entonces algo que por ahí se resuelve en 2 meses, nosotros tardamos 2 años. No importa, en algún momento va a salir. Esa es otra máxima que tenemos con Nico, que nos gusta mucho: cada vez que una marca nos contacta para hacer algo, nosotros vamos con un… Mapa transmedia de todo lo que hace el Anti.
No, le decimos: “Hacemos todo esto.
Si algo de todo esto te interesa, ayudanos. Pero nosotros lo vamos a hacer igual”. Como: no me importa si vos me ayudás o no. Es como: te tiene que gustar lo que hacemos, porque nosotros lo vamos a hacer igual. No sé, tengo como 10 proyectos que no sé cuándo van a ver la luz.
Pero lo vamos a hacer, y si funciona, vos te lo perdiste. El enfoque totalmente distinto, ¿viste? Y un poco nos gusta con Nico, porque hace que no nos frenemos. Porque si vos decís: “Para poder hacer Sale con Fritas, primero quiero 5 sponsors”, bueno, capaz tardo 5 años en hacerlo. En cambio, la primera temporada la hicimos sin sponsor y en la segunda aparecieron. Y bueno, ¿quién lo planificó? Nadie lo planificó. Pero ya teníamos 6 para mostrar. ¿Por qué? Queríamos hacerlo, nos interesaba por una búsqueda personal. Bueno, se hizo. Va por ahí la mano. Y bueno, a nosotros nos funciona. Esto de consultoría gastronómica, no, como: “Che, ¿y si lo hago?”. Qué sé yo. La verdad, el Anti es raro; o sea, ya viene parido distinto.
Vino de un blog y, de repente, fue un local.
Y en el local se graban entrevistas. Es como… eso no pasa en el bodegón.
Normalmente. Entonces es difícil comparar peras con manzanas.
Vamos a entrar en la parte de las recomendaciones para este capítulo. Primero quiero saber si se te ocurre un libro y un podcast, además de Sale con Fritas, que recomiendes a quienes nos escuchan.
Matías: Podcasts: me gusta mucho uno que son entrevistas a todos los humoristas, los y las. Es interesante porque hay humoristas gráficos, hay stand-up, pero los hay de todo. O sea, a todo el mundo entrevistó.
Ya debe haber un montonazo, más de 100 deben ser. Están buenísimos. Y es otra forma, para mí, que me gusta tanto el humor, de entender cómo se aborda. Así que está buenísimo. Por ejemplo, la charla con Juana Molina o con cosas así: me encantó poder ver ese trasfondo de cómo llegaste acá. Bueno, eso me gusta mucho. El libro: hay uno que me gusta mucho, que se llama El abuelo que saltó por la ventana y se largó. No sé si lo ubicás, es de un sueco que se llama Jonas Jonasson.
Es un abuelo que cumple 100 años.
Está como en un geriátrico, se hincha las pelotas, se escapa por una ventana y le empiezan a pasar un millón de cosas.
Y es una película, tipo El gran pez, ¿no? Bueno, eso es el disfrute del camino. Creo que el libro no termina en nada; es pésimo el inicio y el final, pero todo lo que pasa en el medio es espectacular. Y creo que me gustan ese tipo de historias, claramente, viste. Y no estaba buscando nada, en definitiva. Era simplemente estar vivo y disfrutarla.
Magali: ¿Y si tuvieses que decir un hábito o rutina que te sea funcional, cuál elegirías?
¿Qué le diría a su yo de hace cinco años?
Magali: Hábito o rutina es lo que no tengo; por eso es lo que te decía. Mi agenda es un desbole y no tengo, por ejemplo… ¿La semana que viene qué tengo que hacer? No sé, y no hay nada en la agenda. Es lo que va pasando un poco. Y creo que ese puede ser un hábito, una rutina: mantenerme en la… En la no planificación total. No, ahora últimamente, y gracias a Dani, tengo una rutina de escritura que nunca la había tenido. Pero hace 3 meses de esto, o sea, soy nuevo, soy nuevo planificando mi vida.
¿Cómo es la rutina de escritor?
Matías: Básicamente, poder tener horario de inicio y de fin. Salir de mi lugar de laburo, o sea, irme a algún barcito, irme a la vereda donde haya sol.
Cortar con eso, tratar de apagar el teléfono.
Digo, me pongo modo avión y nos vimos. Y lo mismo, disfrutar de lo que estoy escribiendo. O sea, no escribir porque trabajo para un medio y tengo que entregar y tengo deadline. Ya con la agencia y la productora tengo un millón de deadlines; no me quiero poner la escritura como un palo en la rueda, sino que la quiero disfrutar. Y me está funcionando: por primera vez siento que estoy esperando ese momento del día.
También, viste, como: “Bueno, ahora laburo un poco. Total, después llega el momento de escribir”.
Magali: Excelente. Claro, es la gratificación después del día, sí, la recompensa. Y si tuvieses que decirle algo al Matías de hace 5 años, con todo lo que pasó hasta ahora, ¿qué le dirías?
Matías: Bueno, puntualmente, lo que sería la vida personal. Yo creo que hace, bueno, un poquito menos, 4 años, me separé, y me separé por el Anti. O sea, cuando abrimos el bar, yo laburo, laburo, bar, laburo, bar. O sea, una agencia, una productora, un bar, un hijo, la vida.
Como todas las noches, atender el bar de martes a sábado, toda la noche; atender un bar, llegar a la 1 de la mañana. En ese momento mi mujer me dice: “Nos tenemos que separar”. “¿Estás en cualquiera? Vos estás reloca. O sea, ¿qué estoy haciendo mal? Está buenísimo esto que estamos haciendo”. Pero no. Pero yo, hoyo negro.
Yo, juninense, como 4000 familiares, cero separaciones. Era no entender qué estaba pasando. Me llevó mi tiempo, un año, y bueno, pandemia: “Vamos a pasarla juntos”, y estamos con el enano. Sí, volvimos a apostar, pudimos cerrar todo ese despelote, y bueno, ahora tenemos a Elenita, en segunda línea, que tiene 5 meses. Le diría eso: no te entusiasmes tanto con el Anti.
Que no deja de ser un proyecto. O sea, es cómo disfrutarlo en su justa medida, que no es tu vida. En ese momento, poner un bar, había que dedicarle mucho tiempo, mucha energía, muchas horas, de cinco personas que cada uno tiene su familia, su vida, su trabajo. Le diría: hacelo, pero no vayas todos los días. ¿Cómo anda? ¿Los martes anda? Los martes. ¿Los sábados? Sí, solo disfrutalo, porque yo lo disfruto.
Estar en contacto con la gente y hablar y hablar y hablar me encanta, es lo que más me gusta del bar.
Pero como todo, si es en exceso, hace mal. Así que yo estoy muy contento de que mi mujer me haya dicho: vamos a separarnos.
Porque creo que fue un quiebre gigante en mi vida y que, si no lo hubiese hecho, hubiese seguido sin planificar nada.
¿Cuál es el desafío de la agencia y la productora?
Matías: Durante mil millones de años.
Magali: ¿Cuál creés que es ahora tu mayor desafío con la agencia y la productora?
Matías: Bueno, con la agencia y la productora, seguir mejorando la elección de los clientes. Yo en un momento llegué a tener 108 clientes. Es delirio, o sea, 108 personas que todos los días te piden algo. Delirio místico. Nosotros hacíamos con la productora todos los videos para La Nación, para el diario, o sea, las verticales de gastronomía, de emprendedores.
El Coloquio de IDEA, todo lo que es streaming, mucha gente laburando muchas horas, con deadlines complicadísimos. Hemos llegado a entregar 1200 videos en un año.
Magali: Claro, cuatro por día.
Matías: Delirios de ese tipo. Bueno, ya estamos llegando a los 40.
Bueno, pasa por otro lado, un montón de cosas. Y todo el tiempo se replantea eso: ¿nos vamos a meter en este barco? ¿Estamos seguros? O sea, no solamente que sea laburo, sino que nos desafíe un poquito, que nos deje aprender cosas nuevas. Yo ahora, por ejemplo, estoy investigando el vidrio como material para poder hacer cosas sobre vidrio. Nico está investigando lo que sería elige tu propia aventura en videos.
Los videos interactivos inmersivos: hacemos programación arriba de los videos. Entonces se unió de repente el analista de sistemas con la productora. Seguir aprendiendo, seguir curiosos, y tratar de que el día a día no nos saque las ganas, la emoción, el disfrute, en definitiva. Porque en estas cosas a veces caés, viste, de repente decís: este laburo está buenísimo, y a los seis meses estás haciendo SEO de una empresa que vende cordones y te querés matar. Sí, porque estoy escribiendo 15.000 palabras sobre cordones en mi vida cuando tendría que estar jugando con mi nene.
Cada vez elegir más y, en mi caso, gracias a Dani, aprender a decirle que no a un montón de cosas que yo tenía así, más fácil. ¿Qué será? Pongamos un bar, sí.
¿Compremos un bondi? Sí. ¿Hagamos un satélite? Sí, claro. Porque no es que me lo impide. Bueno, ahora trato de ser un poco más serio en mi decisión.
Magali: Bueno, voy a hacer una pregunta que no me respondiste hace dos horas: ¿dónde creés que va a estar el proyecto en 30 años?
Matías: De verdad, no sé. Lo que sí estoy seguro es que, si nosotros seguimos siendo amigos, que es un 99,9 % probable, el proyecto va a estar.
Haciendo qué, no tengo ni idea. No sé, vamos a estar siendo un avatar conectados a la Matrix. No tengo ni idea para dónde, me lleva lo de menos. Lo que sí estoy seguro es de que vamos a seguir siendo comensales honestos, tratando de respetar esos valores iniciales, siendo amigos, cagándonos de risa todo lo que se pueda, y después el formato que tome no me importa mucho. Viste, como que realmente, si vos me decís: che, se funde la esquina. Se funde la esquina, no me pasa nada.
¿Viste? Fue una gran experiencia. Fueron cuatro años espectaculares. Pasamos una pandemia. Le dimos laburo a un montón de gente. Aprendimos un montón, y el Anti sigue, sigue en otro formato. No sé, me compro un bondi y salgo a recorrer el país, que es un sueño. O haré entrevistas como estás haciendo vos para ver cómo es el Antigourmet en otros países. No sé, le buscaré la vuelta, pero… Siento que me representa como persona, siento que me representa en los valores y estoy muy contento de hacerlo con amigos. Entonces, yo creo que en 30 años el Anti sí, si alguno de los cinco le dedica un ratito, va a seguir existiendo. Cómo, no tengo ni idea.
Magali: Matías, ¿dónde te puede encontrar en internet quien quiera conectar con vos después de escuchar este capítulo?
Matías: Bueno, en el Anti, que venga a tomarse una birra.
Las hacemos nosotros, las birras, así que hay que venir a probarlas. Si no, a mí me gusta eso que creo que lo aprendí de Facu, que él dice que la gente venga, como que no nos busquen en internet, que vengan a sentarse, que les vamos a dar el tiempo. Hay un tema de que estamos hinchados las pelotas a veces de lo digital, de lo virtual.
Después de la pandemia, de no vernos, es como… Dale, sentémonos a charlar un rato. No importa lo que comamos, el tema es conocernos y ver si podemos hacer algo juntos. Y si no, bueno, como hiciste vos: creo que si ponés Matías Pierrad está el Instagram, el Facebook, la agencia, la productora. Pueden entrar en mabien.com.ar, que es la página de la agencia, que la hicimos hace diez años. La hicimos en seis horas.
Y quedó. Nunca más la tocamos otra vez. Puro concepto, pura representación de lo que para nosotros es la vida. Literalmente dice: si querés ser cliente de la agencia y no te cagás de risa, no te queremos.
Básicamente dice eso, y ha sido un gran filtro para que me llegue gente a mi vida que valora esta forma de comunicar. Entonces fue la gran herramienta de venta y la única que tuvimos. Y bueno, la agencia tiene diez años y sigue. Así que por ahí pueden entrar en La Chispa, que es la productora, para ver todos los videos que hacemos. La cantidad de storytelling que hay ahí en horas de video, calculá que a nosotros nos salió ahora un mecenazgo para poder hacer el documental del Anti. Presentamos para hacer el documental: tenemos nueve años grabados. Casi un tera por año.
Que nunca vio la luz. Hay un detalle: vos decís que ustedes comunican re bien. No comunicamos re bien, te lo digo teniendo agencia. No hay un calendario de posteo en el Anti desde hace nueve años.
Nico me dice: Mati, hay 30 reseñas que escribiste, que hay videos, que hay fotos, que no las subimos.
Porque colgamos, básicamente. No se hace el mejor laburo profesional posible. Lo que pasa es que somos tan abundantes en la cantidad de ideas y en la locura que generamos y que estamos haciendo, que parece que estamos al palo todo el día, y no. Es como que el proyecto sigue generando.
Magali: Pero hay algo más ahí, que es que obviamente, si ustedes vienen del mundo de sistemas, audiovisual, publicidad y no sé qué otras cosas más, obviamente, si eso lo hacen profesional y algo destila al Anti, obviamente que la vara va a estar más alta.
Matías: Está altísima, pero la parte de planificación, como habrás visto con mi propia vida, ese gen no me llegó. Le diría a mi viejo, a mi vieja: che, chicos, cuando me hicieron se olvidaron un gen, el de la planificación y el orden.
Calculo que si, por ejemplo, Nico se hace cargo full time del Anti sería muchísimo mejor, porque es un tipo muy ordenado. Arma, planifica, organiza, ordena, está adelantado en el tiempo. Yo no. Yo mañana le digo: che, ¿qué hago, qué hago? Le digo a veces: ¿qué querés que haga? Y escribí. Y me pongo y me saco. Y esa espontaneidad hace que la comunicación sea tan particular también.
Y otra vez la pregunta: ¿querés profesionalizar esto, que es tan lindo? Y que se lleve eso me da cosita.
¿Por qué un emprendimiento necesita un propósito?
Magali: Mati, ¿qué palabras o pensamientos finales se te ocurren para poder cerrar este capítulo y transmitir un último mensaje a quien nos escucha hasta acá?
Matías: Bien, yo le diría: si alguien está escuchando y tiene ganas de emprender, que emprenda. No hay nadie que tenga la varita mágica y te pueda decir cómo te va a ir en cinco años. Esta pregunta que hacés vos, y en 30, ni idea, ni la menor idea de cómo vas a estar en 30 años. No sé, que se disfrute del camino. Que se elija bien el camino.
Que si hay un para qué y ese para qué lo respetás, es medio difícil que le pifies. Creo que ahí hay algo.
Lindo que me enseñó el Antigourmet como marca.
Sí, para quienes emprenden, no importa si vendés cordones o no, importa si querés hacer una guía de bodegones para difundir lo que nosotros consideramos que es la honestidad gastronómica. Y mirá todo lo que abarcó ese concepto o esa pregunta, que van nueve años que sigue funcionando. En esta charla creo que la palabra honestidad la dije 32 veces. O sea, hay algo en la honestidad que a mí me mueve.
Y que la busco, y que me lleva por estos caminos, y aprendo. Entonces es mucho de ensayo y error, es mucho de animarse a perder el miedo a veces en algunas cuestiones. O sea, yo nunca me imaginé conduciendo un programa para TNT Sports. ¿Y por qué no, si lo hago con mis amigos? Nunca me imaginé entrevistando a nadie, y mirá: a Narda Lepes le pregunté: si vos mañana te decidís a abrir otro restaurante… ¿Qué es lo que no te puede faltar? Y me dice: un propósito. No me dijo comunicación, no me dijo un buen cocinero, no me dijo mobiliario, no me dijo marketing, no me dijo nada de lo que uno rápidamente dice. Sí, ya sé, es Narda Lepes, tiene la vara en 190.000. Va a ser todo premium, iba a ser todo una maravilla, pero primero se pregunta para quién lo está haciendo.
¿Viste? Si quiere ganar plata, lo encara de una manera; si quiere ganar un premio, lo encara de otra; y si eso le afecta personalmente, no lo encara. Entonces ahí hay algo de preguntarse, viste, antes de largarse, y si uno está seguro, mandarse. Y en mi caso es en grupo, y lo recomiendo, ¿oíste? Porque siempre te dicen que la mejor cantidad de socios es uno, viste, porque vos decidís, porque si la pegás, sos vos.
Y para mí no. Siempre, cuando empezamos con el Anti y con el bar, nos dijeron un montón de gente: se van a terminar peleando, esa amistad hermosa que tienen se va a ir a la mierda, porque el bar es un quilombo. Y no pasó, la verdad que no pasó. O sea, ¿somos uno en un millón? No tengo ni idea, pero uno en un millón es uno en un millón. Yo lo recomiendo, o sea, es una muy linda experiencia. Y ya te digo, si cierra mañana, lo que a mí me queda es una amistad y un millón de anécdotas que pasaron en el bar.
Entonces, si se disfruta del camino, el resto no importa mucho.
Magali: Gracias, Mati. Gracias por todo esto. Creo que logramos mostrar el detrás de escena de todo lo que está pasando con el proyecto, así que creo que vale la pena este tipo de charla, porque en el hacer a veces no te detenés a pensar. Ni siquiera, a veces, como lo hiciste, ¿oíste?, decir: che, pero hicimos una serie de doce capítulos, la hicimos y ni me fijé. Y a veces, cuando reflexionás sobre eso, salen cosas lindas, y también aparecen las cosas a las que uno le da valor en la vida. Y después de charlas así me queda súper claro por qué el Anti es lo que es. Me encantó. Entonces cerramos, cerramos capítulo.
Matías: Mil gracias.
Magali: Gracias, Mati.
Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés alguna amiga o amigo a quien le pueda gustar esta entrevista, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com y podés mandarnos cualquiera de tus comentarios por las redes sociales, en @tienequehaberalgomas. Nos vemos la próxima.
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¿Quién es Matías Pierrad y de qué habla en este episodio?
Matías Pierrad estudió analista de Sistemas para que una computadora piense por él y lo logró. Estudió Publicidad para que todas las pavadas que decía se vuelvan realidad y lo logró. Le encanta la Redacción, escribió un montón de cuentos cortos y trabajó con plataformas de e-learning. Desde 2014 que es director creativo en su agencia Mabien! Y con 4 socios cofundaron el Antigourmet, la guía de bodegones y cantinas más fantástica de la web. Mati es el que escribe las reseñas, lleva las redes sociales y la web del Anti.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Matías Pierrad?
El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.
