SOMA: Productor musical. Generador de contenido online

Sobre SOMA

Soma es un productor musical español, con una larga trayectoria en el hip-hop. Primero como cantante, luego como productor, hizo de su vida un ejemplo y modelo a seguir. En la actualidad genera contenido a través de su canal de YouTube para todos aquellos emprendedores musicales que buscan adentrarse en el mundo de la industria musical.

Desde muy joven fue un apasionado por la música y junto con su ímpetu por querer destacar, encontró en el hip-hop una forma de expresarse. Fue pionero de este estilo en España y luego de muchos años, se inició en la era digital para crear y comercializar su contenido.

soma oriol prieto

Dónde encontrar a SOMA

De qué hablamos

  1. Su definición de éxito
  2. Inicios en la música
  3. Por qué no trabaja con socios?
  4. La importancia de continuar a pesar de las críticas.
  5. La visión musical y la marca personal
  6. Fenómeno Fan: Haters vs. Fan
  7. Distinción entre personaje y persona
  8. Viaje por Latinoamérica
  9. Vikingos y estrategia de “quemar los barcos”.
  10. Traslado del espacio físico al mundo digital
  11. Creación de su blog
  12. Síndrome del impostor: cómo combatirlo
  13. Importancia del proceso
  14. Habilidades para confiar en uno mismo.
  15. Ver la vida como un juego
  16. Charla en Bogotá. Ángulo comunicativo distinto.
  17. Efecto Cabronazo: generar incomodidad, estado de alerta.
  18. Valores: Alineamiento – Honestidad frontal
  19. Personas que inspiran
  20. Fracasos y errores
  21. Salir de las drogas
  22. La inspiración y el talento
  23. Juego de números: creaciones y porcentajes
  24. Show en Buenos Aires, en el Luna Park.
  25. Momentos de gloria
  26. Giras
  27. El amor y prioridades
  28. Libro de poesía
  29. Proyectos a futuro: proteger tu certeza
  30. Los NFTS, Blockchain
  31. Instagram y el nombre de la cuenta
  32. Críticas constructivas

Qué se mencionó

  1. NACH
  2. Kim Kardashian
  3. Sinoficina.com
  4. Su hermano, ZPU
  5. FuckUp Nights
  6. Brene Brown
  7. El poder del alter ego – Todd Herman | Libro
    • More Myself: A Journey – Alicia Keys | Libro

      Quotes

      • “Mi propósito de vida es ver hasta dónde puedo llegar”. 
      • “Intento liberar mi energía, no guardar la rabia”.
      • “He aceptado mis carencias, mis emociones; intentando darle salida. 
      • “Seguí mi instinto natural, a pesar de las críticas”.
      • “Sudar, mostrar personalidad propia, en todos los ámbitos, no es fácil”
      • “Lo peor como marca personal es ser gris y no generar impacto”
      • “El poder del alter ego es muy importante. Usarlo de forma sana como una herramienta, es la hostia”
      • “Siento que la vida es un juego y hemos venido a jugar”
      • “Me gusta hablar de mis mierdas. Cada vez que lo hago, me hago más fuerte”
      • “Una gira puede ser muy divertido y muy agotador”
      • “Hay gente vendiendo montañas que no ha escalado”
      • “No creo en las críticas constructivas”
      • 34. “Jamás he dado un no me gusta en YouTube”

      Recomendaciones

      1. El libro negro del emprendedor: No digas que nunca te lo advirtieron – Fernando Trías de Bes | Libro
      2. . El Rebaño – Jano García | Libro

      Sobre Tiene que haber algo más

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      Otras entrevistas del podcast: Pepe Garcia El Estoico, Agostina Trovato, Bosco Soler Sinoficina.com, Sebastian Siseles Freelancer.com, Liz Ribot Outsite, Gabriel Marcolongo Incluyeme.com, Soma, Santiago Bilinkis, Sergio Sala, Dani Dini, Santiago Magnin Deinmobiliarios.com, Sofia Contreras, Ian Teperman Seeds, Matias Burstein Calm, Diego Pereyra Medivac, Sir Chandler, Adriana Tech, Ale Marcote, Fredi Vivas Rocking Data, Eliana Bracciaforte Workana, Manu Malvezzi Club Solidario, Meme Pigretti, Agustina Paz, Caro Composto, Agustin Di Luciano Nexton, Agustina Irureta, Marcando el Polo, Sol Sierra Life by Soli

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      Transcripción

      SOMA es un productor musical español, pionero del hip hop en su país, que hoy enseña producción y negocio musical online desde su blog, su canal de YouTube y su curso. En el episodio cuenta cómo quedó arruinado por un estudio con socios, cómo dejó las drogas para crear al cien por ciento y por qué cree que la disciplina le gana al talento.

      Introducción

      SOMA: Yo considero que no soy el mejor productor de hip hop, ni considero que sea el mejor comunicador, ni el mejor vendedor, ni de lejos el mejor empresario. Es decir, no tengo un 10 en ninguna de esas cosas, pero soy suficientemente buen productor, suficientemente buen vendedor, suficientemente buen comunicador, suficientemente buen empresario. Tengo, voy a decir, un 7, tío. Mis cuatro sietes se comen a tu puto 10, porque tú a lo mejor tienes un 10 en una única cosa y en el resto tienes 3.

      El talento está sobrevalorado. Al final tengo muchos sietes y mis muchos sietes se comen tu megatalento de 10, porque tú en el resto tienes un cero: no eres disciplinado, no eres trabajador, no eres no sé qué, no sé cuánto.

      Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Alguna vez, en tu rutina o trabajo actual, te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida? En este podcast exploramos la vida de profesionales de todo el mundo que desafiaron las estructuras y viven sus desafíos profesionales con mayor libertad.

      Vamos a pasar por nómades digitales, freelancers y emprendedores para entender cómo hicieron el salto y aprovechar sus aprendizajes. Buscanos en @tienequehaberalgomas en Instagram y en LinkedIn para ver todo el contenido que tenemos. Estabas escuchando a Soma. Él es un productor de rap y hip hop, emprendedor, de España. Entre tantas otras cosas que hizo, fue manager de artistas, tiene su curso online de máster de mezcla con Soma y hasta escribió un libro de poesía.

      Soma tiene una forma de pensar que es diferente y a mí me resulta interesante. Él tiene mucha experiencia de vida y en esta conversación aparecen muchas de esas historias. En esta charla, que es honesta y sin bullshit, vamos a repasar sus aprendizajes, debatir de filosofía de vida y hasta llegar a conocer el detrás de escena. Que disfrutes la conversación. Hola, Soma, bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.

      SOMA: Hola, muchas gracias, Magali. Un auténtico gustazo, de verdad. No sabes la ilusión que me hizo cuando me dijiste «oye, vente». Claro, absolutamente. Así que gracias por invitarme, tía.

      Magali: Gracias a vos, porque el sentimiento es el mismo. Cuando yo estaba preparando esta entrevista y veía cómo otros te entrevistaban, era como «perfecto, ¿por dónde voy a atacar?». Entonces, para arrancar la conversación de hoy, me parece que te presentes para quienes no te conocen.

      SOMA: Vale, voy a intentar hacerlo de la forma más breve, porque soy conocido por mi falta de brevedad.

      Me llamo Soma, soy productor musical, tengo 44 años en este instante y llevo produciendo música, creando música, pues desde los, no sé, 14, 15, como me imagino que la inmensísima mayoría de adolescentes, que descubrimos de repente la música y nos metemos en ella. Lo mío siempre ha sido la música hip hop, que ahora, con las décadas, ha evolucionado más hacia esto que se llama hoy en día música urbana, en la que caben muchas cosas.

      Y empecé por puro placer, como todo adolescente. Eso se convirtió con el tiempo en una cosita un poquito más seria, profesional, ¿no? A los pocos años de empezar con las maquetas publicábamos discos profesionales con disqueras, etcétera. Eso con los años se convirtió en mi negocio profesional dentro de mi nicho, que es la producción musical de hip hop. Me convertí en un referente del hip hop en español. Conseguimos grandes éxitos, discos de oro, giras internacionales, grandes cifras, cosas que eran sueños de adolescente.

      Llega un momento en mi vida, con 30 y largos, en que ya tenía todo muy bien montadito, me cansé y decidí hacer cosas nuevas con las cosas digitales. Y bueno, no me quiero enrollar mucho más, porque podría enrollarme, pero para quien no me conozca, así me sitúa rápidamente.

      Magali: Perfecto, y tampoco me podés leer las preguntas, así que buena definición. Dado que a lo largo de tu carrera tuviste muchos éxitos, como el sueño de cualquiera…

      ¿Cómo se redefine el éxito cuando ya cumpliste el sueño?

      Magali: ¿Cómo has conseguido cosas que podrían ser como un sueño convencional de mucha gente? ¿Cuál es ahora tu definición de éxito?

      SOMA: Me parece una pregunta fabulosa. Mi definición de éxito es tener la oportunidad de ver hasta dónde puedo llegar. El hecho de tener la oportunidad para mí es un éxito. He conseguido muchas cosas de éxito, como bien dices, pero realmente lo que había detrás no era conseguir esas cosas, era poder hacer todo el viaje.

      ¿Qué viaje? El de hasta dónde puedo escalar esta puta montaña. Hasta dónde puedo escalarla. Y cuando pensé que ya había escalado la montaña y había llegado a la cima, descubrí que había más montaña todavía, que no había visto, y que la cima quedaba más lejos. Entonces, para mí, mi propósito de vida, y esto es literal, como lo digo, mi propósito de vida es… Ver hasta dónde puedo llegar, y el éxito es tener la oportunidad de cumplir ese propósito de vida.

      Magali: Sos una persona que claramente se nota que se siente cómoda en su propia piel. ¿Qué dirías que son algunas herramientas o técnicas que te sirvieron a vos para desarrollar el autoconocimiento?

      SOMA: Las habituales, no voy a decir nada rompedor aquí. Yo tuve un papá maltratador y abusador. Entonces pasé una infancia de miedo, de terror, realmente complicada, ¿no? Cuando mi papá se murió, yo tenía, creo, 19, 20 años, y ahí me pasaron muchas cosas emocionales y mentales.

      Cuando mi padre se murió, por un lado desaparecía una figura autoritaria, pero con unas connotaciones muy negativas, ¿no? Como te digo, de maltratos y abusos. Pero por otro lado era mi padre, y a un padre lo quieres pese a eso, ¿no? Entonces tuve sentimientos encontrados: me alegré, pero me entristecía a la vez. Entonces yo vi que esto que yo estoy sintiendo, yo solo no lo voy a saber gestionar.

      Entonces, ya con 19, 20 años, empecé a ir a psicólogos, terapeutas. Para mí el tema de la salud mental siempre ha estado muy normalizado en mi vida, ¿no?, desde esos 20 años o 19. Entonces, herramientas: las terapias tradicionales, de psicología, de terapeutas, vamos a llamarlas las más tradicionales. Con el tiempo fui descubriendo otras cosas. Ya más mayor he descubierto los retiros de meditación vipassana, que hago uno al año, 10 días en silencio, muy potentes. La meditación en sí misma como herramienta creo que es imprescindible.

      Un concepto que aprendí en América, en un programa de desarrollo personal en plan militar, es como «libera la rabia». Algo que también hago es justamente liberar la rabia. Intento no encapsularla dentro mío, sino liberarla en entornos seguros. De repente me pongo a gritar como un loco, pero estoy liberando energía. Al final son técnicas de crecimiento, mucha terapia de todo tipo, de verdad.

      He hecho terapias también más novedosas, o alternativas, o como las queramos llamar. Desde regresiones hasta, no sé, un montón de cosas, lo que llamaríamos a lo mejor terapeutas alternativos, etcétera. Es decir, hasta ahí nada novedoso: las herramientas que tenemos en nuestra sociedad, que solo hay que buscarlas un poco y atreverse a probarlas y ejecutarlas, por supuesto. Y bueno, creo que siempre he jugado a ser una persona autocrítica, a analizarme, a verme. Nunca he sido complaciente, o demasiado complaciente, conmigo mismo. Entonces, en ese mirarme con un espíritu crítico hacia mí mismo… Pues también he crecido mucho, porque he aceptado, con mayor o menor facilidad, pero he ido aceptando mis limitaciones, mis creencias, mis carencias, mis necesidades emocionales, mentales, espirituales, y he intentado darles salida, alimentarlas, cuidarlas, mejorarlas. Así que bueno, por ahí va.

      Magali: ¿Cómo fue para vos esa decisión de dedicarte a la música?

      SOMA: Es difícil la pregunta. O sea, no, la pregunta no es difícil; me resulta difícil dar respuesta, mejor dicho.

      Porque no sé si en algún momento dado hubo una decisión consciente. Es decir, yo entro a la música como cualquier adolescente del planeta, con 14 o 15 años. Quería cantar, me puse con un colega del instituto que tocaba la guitarra y yo intenté cantar, y vi que se me daba muy mal. En esa época el rap en España era una música súper, súper underground. En mi instituto, que a lo mejor éramos, no sé, 1200 alumnos… Era el único rapero. El único, en esa época, en España. Se escuchaban otras músicas, comercialmente más viables. Entonces, hostia, buscando mi propia identidad, y yo tengo una necesidad fuerte de autodefinición, como he aprendido más mayor, meterme en una música que era súper underground, que nadie hacía, para mí era una forma de decir «este soy yo, soy diferente a vosotros, cabrones, tengo mi propia identidad». Y eso, cuando eres adolescente, joder, es muy importante, porque estás buscando tu tribu y con quién conectas y con quién no. Bueno, empecé en el rap y no sabría decirte cuándo decidí dedicarme a la música.

      Claro, es un proceso, la vida son años, ¿no? Sacas la primera maqueta en cinta de cassette y la vendía por 1000 pesetas, que era lo que había en España, la peseta; serían unos 6 euros, no sé, aunque con la inflación, han pasado 30 años o no sé cuántos. Pero bueno, la vendía. Siempre fui emprendedor, siempre fui vendedor, porque desde el inicio empecé a vender mi música en 2 tiendas que había en toda Barcelona; solo había 2 tiendas de hip hop. ¿Ahí decidí dedicarme? No lo sé. Pero esa maqueta dio paso a otra maqueta, ya en CD.

      Llegó el CD, qué pasada, y la vendimos también, y la siguiente maqueta, al año siguiente, solo la hicimos para discográficas. Ahí llegó el primer manager, a través de contactos underground del pueblo en el que yo vivía, y sacamos el primer disco en el año 2000, con una discográfica súper potente en ese momento. O sea, lo que quiero decir es que una cosa lleva a otra; a veces no hay una decisión clara. Tú vives y tus decisiones constantes marcan un rumbo. A veces creo que vivimos ahora mismo, Magali, en un momento social en el que se nos vende mucho, precisamente con este auge de las redes y este wonderfulismo de todo positivo, que tenemos que tomar una decisión sobre nuestras vidas.

      Y no le quito la razón, pero lo que quiero decir es que muchas veces no es tanto una decisión que lo cambia todo, en un momento en el que los astros se alinean, sale el sol entre las nubes y suenan las trompetas de Jesucristo. ¿Sabes? No es eso. Son tus decisiones constantes durante años en una dirección las que construyen de repente que resulta que me dedico a la música.

      Y que es algo que quiero, pero no sabría decirte un momento específico.

      Magali: ¿Cuándo fue el momento en que estabas trabajando full time de la música y no tenías que tener otros trabajos?

      SOMA: Tarde, hasta los 28 años. Es decir, yo empecé a currar en un hospital con 15. Bueno, 14, 15, un año antes de lo que legalmente se podía, pero entré a currar en el archivo del hospital, que nadie me veía, un poco ilegal. Empecé a trabajar veranos, y con 18 empecé a empujar camillas en ese hospital ya como un trabajo full time, de 8 horas al día. De los 18 a los 28 estuve empujando camillas en un hospital para pagar mis facturas, porque yo me independicé con 21 años, me fui a vivir solo con mi novia y tuve que pagar mi alquiler, mis cosas, mi comida. Entonces tenía que ganar dinero.

      Y me tiré 10 años trabajando mi música, que la había empezado cuatro años antes, con 14 o 15, y pagando las facturas con un trabajo. Fueron 10 años difíciles, muy difíciles. Y con 28 ya me había arruinado con un primer estudio que tuve. Ya había hecho muchas cosas, aciertos y errores. No dejé de trabajar mi música; de hecho, para mí el trabajo en el hospital era lo de menos.

      El objetivo era la música y pagar las facturas solo con la música. Con 28 llegó un disco de un artista que se llama Nach. Hicimos un disco que se convirtió en un clásico, y hoy es un clásico absoluto del hip hop en español, en España y en América Latina, que se llama Ars Magna / Miradas. Con ese disco, la discográfica me pagó lo que en ese momento me pareció muchísimo dinero, tanto que yo, que tenía unos gastos muy pequeños… Vivía frugalmente, podía vivir un año entero de mi vida con ese dinero. Entonces ahí tomé la decisión de dejar el trabajo por cuenta ajena y dedicarme 100 por 100 a la música.

      Magali: ¿Por qué emprender sin socios? ¿Qué experiencia te llevó a tomar esta decisión?

      SOMA: Me encanta que me hagas esta pregunta, porque significa que te has documentado bien, bien, bien, porque no es una pregunta habitual. Sí que pasó. He dicho hace un momento que en el primer estudio me arruiné.

      ¿Por qué nunca más trabajar con socios?

      SOMA: Yo, en el 2002, creo recordar, con 22 años, creo también, más o menos por ahí, o sea, un niño, no tenía ni idea de negocios ni nada. Me surgió la oportunidad de entrar en un estudio profesional como socio, como dueño.

      Eran todos socios de 40 años, 40 y pico, gente mayor; yo tenía 20 y pocos, 22. Y metí la herencia que mi viejo, cuando se murió, me dejó, una pequeña herencia; la metí entera ahí. Éramos, no recuerdo, 5 o 6 socios, no sé cuántos éramos. Lo que ocurrió, por no entrar demasiado en detalle, aunque si quieres que entre, entro…

      Magali: A ver, contame, así aprendemos todos.

      SOMA: Voy a hacer primero el resumen y luego cuento esto, por si a alguien le interesa, que lo pueda pasar.

      Magali: Mirá, no, no lo pasen, chicos, esta parte.

      SOMA: Lo que ocurrió es que salí arruinado. 2 años después salí completamente arruinado, perdí la herencia de mi viejo y salí con deudas. ¿Qué ocurrió en ese tiempo? Ocurrió que yo entré como el socio más pequeño, que además me dedicaba al hip hop, que era una música todavía minoritaria. El resto se dedicaban a la publicidad, a música para publicidad, a otros géneros, house y otros géneros, que en España triunfaban más. Y los primeros 3 meses… Yo, que no iba a pintar nada, o iba a pintar muy poco en ese estudio, estudio profesional, 400 m², alucinante, superestudio, alucinante, como ya apenas hay, en los primeros 3 meses traje más clientes que nadie. Nadie se lo esperaba, ni yo tampoco, pero es lo que ocurrió. Los primeros 3, cuatro meses hice mogollón de discos con discográficas que pagaban. Traje más clientes que ningún socio. Yo, el que iba a ser el niño pequeño que menos iba a hacer.

      Y claro, después de 3, cuatro meses, yo dije: «Oye, ¿qué pasa aquí con el dinero? Porque yo he traído más clientes que nadie y no he cobrado 1 euro. ¿Qué pasa con el dinero? Que llevo aquí cuatro meses trabajando y he traído muchos clientes». Y entonces, el resumen es que descubrí que, entre otras cosas, estaban robando el dinero de los socios, poniendo que la pintura de la sala 3, que costaba 1000 euros, costaba 4000, el no sé qué. Básicamente estaban robando el dinero. Cuando me enteré de eso, yo era joven, pero no era idiota, y llevaba ya mucha calle a mis espaldas, muchas horas de calle, y monté la Guerra Mundial. Monté la Guerra Mundial. Me acuerdo de estar en el patio que tenía el estudio con un socio en el suelo, yo encima suyo. Y yo tenía un sello, no sé cómo se llama en Argentina; estos anillos muy grandes, ¿no se les llama sellos?

      Aquí en España son como muy grandes. De mi padre, un sello de oro enorme. Me acuerdo de estar con el anillo metido en la cuenca del ojo de uno de los socios: «Hijo de puta, te mato». Mi hermano al lado también. Lo que hicimos fue una locura, fue un desastre. Yo, además, me drogaba muchísimo. En esa época me drogaba muchísimo. Bueno, fue una locura, y salí de ahí, como te digo, por no enrollarme más, 2 años después, con 24 o 25 años, en el 2004 o algo así, o 2005.

      Arruinado, sin un solo euro y además con deudas. Y ahí tomé una decisión, Magali: nunca más con socios.

      Si tengo que ir lento, iré lento. Si tengo que llegar más abajo de donde quiero llegar, pues llegaré más abajo, pero llegaré solo. Y desde entonces, han pasado 20 años, tengo 44, y ahí tienes la respuesta.

      Magali: ¿Por qué quedaste con deudas de esa experiencia?

      SOMA: Bueno, al final se gastaba más dinero del que había. Ya te comenté que estaban robando el dinero, y yo no tenía ni idea de negocios, no tenía ni puta idea, de verdad. O sea, hoy en día me pasa esto y hubiese actuado de una forma completamente diferente.

      Claro, porque he aprendido mucho. Pero en ese momento no, y no se me ocurrió otra cosa que querer quitármelos de encima. Fue como «los quiero fuera de la empresa, porque yo solo lograré llevar esta empresa hacia adelante». Me los quería quitar de encima a cualquier precio. Entonces convencí a mi madre, pobre mujer, para que me diera más dinero, para que pidiera un préstamo, y con ese dinero compré las acciones del resto de socios.

      Eso hoy en día no lo haría nunca y no se lo recomiendo a nadie. En ese momento es la idea que se me ocurrió para echarlos. De verdad, hoy en día me parece de locos haber hecho eso, porque hay otras formas de echar a los socios, pero es lo que se me ocurrió entonces. Ellos salieron con su dinero intacto, y yo no solo perdí la herencia de mi viejo, sino que puse más dinero, que mi madre me ayudó a medias, ¿no? Y claro, yo solo no pude mantener un monstruo gigante de 400 m², que era enorme.

      Mi hermano entró también como socio al estudio. También perdió su herencia, y salimos con deudas, porque al final debíamos dinero. Hablé con el banco y me puse a pagar tanto cada mes, no sé, 200 euros cada mes durante unos cuantos años.

      Y bueno, esa fue la historia. Así que, consejo para todo aquel que esté con socios y tenga problemas: no se te ocurra soltar el dinero. Vete a un abogado, paga ese dinero en un abogado especializado, como mínimo, en problemas con socios, y a partir de ahí sigue los consejos del abogado.

      ¿Cómo sostener tu visión artística frente a las críticas?

      Magali: Bien. ¿Qué crees que hiciste vos de distinto en la industria del hip hop en España, cosas que no se hacían en ese momento?

      SOMA: Qué pregunta más buena, de verdad. Mira que me han hecho preguntas sobre mi trabajo como productor y no me han hecho esta nunca. Qué fuerte.

      Magali: ¿No? No me digas eso.

      SOMA: No, en serio. Bueno, la gente que me hacía entrevistas en su momento me imagino que también estaba en otro nivel de su vida. En cualquier caso, qué hice diferente, porque es verdad, hice cosas diferentes y eso me ayudó a posicionarme muy fuerte. Por ejemplo, algo que yo desde el inicio… Hice algo diferente, que fue seguir mi instinto musical independientemente de las críticas, y eso cuando eres adolescente no es tan fácil. Te pongo un ejemplo, y ese ejemplo extrapólalo durante 15 años después. Cuando empezamos con mi grupo, se llamaba Muerte Acústica, imagínate, Muerte Acústica, y éramos un grupo ultra underground de un pueblo de la periferia de Barcelona. Imagínate. Pero desde el inicio yo metí a una chica. Éramos 3 chicos que rapeábamos, así muy duro, muy hardcore, un DJ, y una chica que rapeaba, pero también cantaba melodías.

      Eso nos trajo desde el inicio, desde mi adolescencia, las críticas de todo el mundo que estaba en la escena. ¿Por qué? Porque en esa época eso no se estilaba, y eso significaba, según los cánones de la época, que éramos unos comerciales vendidos que solo queríamos ganar dinero. Haciendo hip hop en el 97 en España. Pero bueno, es la crítica que recibimos, no de un grupo, de todos los grupos de España. Bueno, pues ese ejemplo ejemplifica lo que yo siempre he hecho diferente, que es seguir mi criterio musical.

      Yo la metí porque a mí me encanta el R&B, que normalmente eran mujeres, o hombres, pero muchas mujeres, cantando melódico sobre beats, instrumentales de música urbana, o música negra, como se llamaba en el momento sobre todo. Yo quería eso en mi banda. Coño, es que me gustaba, y lo mantuve. Y fíjate: luego ella, con su nombre de artista, lo petamos. Sacamos un disco en solitario suyo y fue el disco más vendido de ese año, 2001. Bueno, una locura.

      Bueno, el más vendido dentro del hip hop, quiero decir. Y eso lo he llevado siempre en mi camino como productor musical. Yo como productor, por ejemplo, hacía unas músicas que no eran habituales: pianos, violines, mucha melodía. Y eso me trajo críticas de una parte de la escena: «El Soma es un vendido y es un comercial». «Oye, estoy haciendo lo que me gusta, hijos de puta». Y tuve que lidiar con los haters desde el inicio, cuando el concepto hater no existía como ahora, ¿no?

      Desde adolescente. Entonces sé lo que es exponerse y que te critiquen desde el día uno, pero aun así siempre he mantenido mi visión. Siempre, como productor. Por ejemplo, la música que se grababa en mi estudio: trabajábamos muchísimo la producción vocal, que en esa época no se hacía, porque el género aceptaba mejor que fuera una toma de voz más cruda, no tan perfecta, más callejera, y yo hacía un sonido muy profesional, muy definido, nada callejero.

      Bueno, pues también mucho aguantar haters de una parte de la escena. Pero llegó un momento en el que ese sonido que yo hacía fue lo que quería el mercado, y yo venía haciéndolo desde los inicios, y ahí lo reventé. Vendía bases a gogó, o sea, la gente venía y me compraba beats. Empecé a llenar el estudio, porque salí arruinado, pero entré en otro estudio en mi casa, un home studio súper pequeño. Pasé del estudio de 400 m² al de mi casa. Y empecé a currar muchísimo, y siempre mantuve algo que hice diferente.

      Pues mira, la gente que tenía estudios en el hip hop, si el cantante rapeaba mal, si era un mal rapero, no lo aceptaban como cliente. Yo aceptaba a cualquiera con el que tuviera buena vibra, buena conexión, y me pagara lo que yo pedía. Ahora parece algo muy básico de los negocios, pero es que «toy» era una palabra muy despectiva, para gente que era muy mala y que no era real, auténtica. Fíjate qué tonterías, cosas de instituto, tío, de verdad, cosas de puto instituto.

      Cosas de niño pequeño, que ahora con la edad pienso que tontas. Bueno, pues yo siempre me mantuve firme. Entonces venía gente a mi estudio y trabajaba con un sonido súper profesional y unas instrumentales súper profesionales, más que las de la competencia, pero que no rapeaban bien. Es verdad, no rapeaban bien. Pues eso a mí me daba igual. Es algo que hice diferente, y puedo seguir poniendo ejemplos.

      Siempre he seguido mi voz como artista. Y como artista también hablo de empresario, porque yo soy un empresario artista; para mí la empresa es mi arte. Entonces siempre he tomado las decisiones que como artista he sentido que eran coherentes conmigo y con mi visión del mundo, y algo tan obvio y tan simple de decir me sitúa muy diferente a la mayoría de productores.

      Magali: ¿Leíste el libro de Will Smith que salió este año?

      ¿Por qué?

      Me hiciste acordar. Ahora soy menos fan de Will Smith después de lo que pasó en los Oscar, pero el libro lo leí antes de ese momento. Hay una parte donde él cuenta sus inicios en el rap, cuando era muy comercial para el segmento del rap negro, pero a la vez muy negro para el público blanco. Estaba siempre en el medio, ¿no?

      SOMA: Claro, y me imagino que se mantuvo en su visión. Y al final yo creo que es clave mantenerte en tu visión, porque tu visión, por parecida que sea a la norma social, si de verdad es tu visión, va a tener un punto único.

      Va a tener un punto que puede levantar algunas ampollas, precisamente porque es único. Y ahí es como: tío, tía, agárrate a eso como a un clavo ardiendo, agárrate a eso, porque eso es tu diferencia. Ahora que se habla tanto de branding, de marca personal, y es todo un agobio en las redes, ahí tienes una de las claves absolutas de una marca personal. Yo en ese momento no sabía qué era marca personal, pero no es más que serte fiel a tu visión el tiempo suficiente.

      ¿Cómo se construye una marca personal con personalidad?

      Magali: ¿Qué otras cosas te sirvieron a vos para desarrollar tu marca personal?

      SOMA: Voy a intentar ser bastante breve, pero para mí es muy simple el tema de la marca personal, sobre el que he dado entrevistas y charlas en eventos y en medios, porque es una palabra, un concepto mejor dicho, tan usado y abusado en estos momentos que me da un poco de arcadas, la verdad. Cada vez que veo un experto en marca personal en Instagram con el carrusel, con los 5 tips estupendos, digo: madre de Dios, tío. Una marca personal ha de exudar personalidad. Una jodida obviedad que muy poca gente cumple, porque tiene miedo a las críticas, al qué dirán.

      «No sé si estoy preparado»: muchos miedos que son legítimos y lógicos. ¿Una marca personal cuál es el secreto? Que exude, que por los poros salga personalidad. Punto, ya está, ya tenéis un jodido máster en marca personal. Ahora, ¿quién se atreve? ¿Quién se atreve a hacer esto? Porque exudar, mostrar personalidad propia todo el rato, en todos los ámbitos, no es fácil, porque obviamente te critican, te insultan, se burlan de ti, y hombre, somos seres humanos sensibles, emocionales, que a veces nos duelen estas cosas especialmente.

      Claro, yo pienso que he desarrollado una piel dura porque llevo desde los 14 aguantando críticas. Entonces ahora que me digan no sé qué, me la pela. Pero entiendo que si alguien ahora quiere empezar a montar un negocio, una historia, y se habla de marca personal, le resulten difíciles estos miedos. Pero no hace falta hacer un jodido máster en branding de la hostia para estar alineado con el núcleo de una marca personal. Pues coño, muestra tu personalidad. Como yo, y no hablo solo de cómo hablo: cómo me visto, las cosas que digo, las cosas en las que creo, cómo las defiendo y cómo las comunico provocan una de 2 reacciones. Va a pasar con esta charla de hoy: va a haber un segmento de tu audiencia que dirá «me encanta este tío, me encanta su energía y su forma de decir las cosas». Perfecto. Y habrá otro segmento que tendrá la reacción directamente opuesta, que es… «No soporto a este tío, esa forma de hablar tan no sé qué, no sé cuántos, no lo soporto, me cae muy mal». Perfecto, mi marca personal está funcionando. Porque lo peor que te puede pasar como marca personal es que seas gris, que no provoques ninguna puta reacción, que luego sea «ese tío, ¿cómo se llamaba aquel?». Hostia, tío, deja un impacto, el que quieras. Mejor dicho, el que quieras no.

      El que quiera la gente, porque la gente decide el impacto. Pero para que eso ocurra debes transmitir tu personalidad, y no la personalidad que tú crees que es aceptada hoy en día: «Yo creo que si digo estas cosas de esta forma venderé más, la gente conectará más conmigo, porque es lo que se lleva ahora». No, cabrón. ¿Tú en qué crees? ¿Cómo lo defiendes? De esta forma. A por ello. Y eso es todo lo que luego se llama valores, misión, todas estas cosas que se trabajan dentro del branding, pero la esencia es muy simple: ¿en qué crees?

      ¿Cómo lo defiendes ante el mundo? ¿Te atreves a pagar el precio de creer en eso y defenderlo? Pues según más o menos te atrevas, más o menos impacto vas a generar.

      Magali: ¿Cambiaste en un momento la relación con los haters o siempre tuviste esta perspectiva?

      SOMA: No, no, hombre, ya me hubiese gustado tener la perspectiva que tengo ahora sobre los haters. Yo podría escribir un libro sobre cómo lidiar con haters en el siglo XXI. A lo mejor sería un buen best seller de estos que ahora se venden mucho.

      En las tiendas.

      Magali: Si te ayuda, lo producimos, producimos el libro.

      SOMA: Venga, venga, tomo nota. Tomo nota mental, de verdad, podría, porque llevo desde los 14 años lidiando con lo que ahora conocemos como haters.

      Magali: Pasaste por todo. Es verdad lo que vos decís, que a veces es como hater anónimo, pero duele, te toca tus inseguridades. Nadie quiere que lo critiquen; como humanos queremos agradar a la gente, ese es el tema.

      SOMA: Yo pasé por los haters presenciales.

      Porque no había redes. Entonces venía alguien y te liabas a hostias. No es broma, yo me he pegado con gente cuando tenía 17, 18, 19. Claro, me he pegado porque venían: «Eres un vendido, comercial, Soma comercial». «Tu puta madre». Y ahí éramos 6 tíos pegándonos en la calle. Bueno, luego pasé a los foros. No había redes sociales, eran los foros, antes del Messenger incluso, y en los foros me ponían a tope, y yo cometí errores porque no sabía lidiar con esto. Todavía me acuerdo; no sé de qué iba el foro ni de qué se hablaba, pero mira… De lo que me acuerdo, con lo que me quedé, que es importante, y esto le puede servir a mucha gente, es que en ese foro, en ese hilo, me insultaban porque yo era un vendido y era un comercial, era un hijo de mala madre, cualquier cosa. Alguien argumentó que yo era un pedazo de mierda, y yo cometí el error en ese momento de entrar a responder, argumentando: «Te equivocas por esto, por esto y por aquello; esto que dices no es así, esto que tú crees no pasó nunca». No sé qué, no sé cuántos.

      ¿La reacción cuál fue? ¿Que hubo gente que dijo «ah, mira qué guay»? No, la reacción fue otra: gente riéndose. «Hostia, fíjate qué importante eres, que el Soma te ha contestado». Y en ese momento me di cuenta, plan: mierda, esta guerra no se puede ganar nunca. Esta guerra no la vas a ganar nunca. Digas lo que digas, lo argumentes perfecto, nunca. Entonces fui aprendiendo con los foros, luego con el Messenger, más adelante con los prototipos de redes sociales, que fue MySpace, etcétera, como ha ido evolucionando tecnológicamente el mundo. Entonces yo he pasado por todo tipo de gente y no siempre lo he gestionado igual. Cuando era adolescente me pegaba, imagínate lo que me afectaba: me afectaba tanto que me insultaran que me pegaba. Luego fui aprendiendo.

      Con ejemplos como este que te acabo de poner, y muchos más, en los que te das cuenta: hostia, esto no funciona. Vale, tomas nota. Y luego: hostia, esto otro tampoco funciona. Y vas desarrollando una piel dura, pero piel dura no lo digo como algo malo, lo digo como algo muy bueno. Es decir, desarrollas distancia, desarrollas desapego. A eso me refiero con piel dura: que pones distancia, simplemente. Entonces llegó un momento en mi vida en el que, imagínate, yo trabajé con un artista que se llama Porta, que es un artista que reventó el hip hop en habla hispana. Disco de oro.

      Estábamos en todos lados, sacamos con Universal Music, un éxito absoluto, pero había un segmento del hip hop que en ese momento le dio mucha caña, y a mí, que era su productor y su primer manager, etcétera. Y sufrí un nivel de hate que no había sufrido en la vida nunca. O sea, supremo, de verdad, supremo. Podría contar anécdotas, pero me las guardo para el libro. Compra el libro cuando salga en el futuro.

      Y aprendes a desapegarte, a desapegarte, a desapegarte. Y todo eso, junto con el trabajo de crecimiento personal, las herramientas que decíamos al inicio, y la edad y el trabajo interior, hacen que seas consciente de algo que es: hostia, esta gente no me está criticando a mí. Esta gente está criticando al Soma, no al ser que yo soy. Es más, ni siquiera están criticando al Soma: están criticando la imagen que tienen en sus mentes del Soma. O sea, imagínate si eso está lejos de mí, del ser que yo soy. En el momento que empiezas a integrar este tipo de reflexiones y conclusiones, lo que haces es poner distancia, pero muy sana, muy de «ah, bueno, qué más da». Esta frase que se dice siempre, «no ofende quien quiere, sino quien puede», es verdad. Solo necesitas entenderla de verdad, interiorizarla. Si alguien ve esta entrevista y dice «este es gilipollas», no estás insultando al ser divino que habita este cuerpo. No me estás insultando a mí; estás insultando una imagen mental que tú te has hecho de un nombre que yo me he inventado, además, que se llama Soma. Imagínate si está lejos eso de mí, ¿no?

      Bueno, obviamente no siempre; ha sido un proceso de una vida lidiando con haters. Y en un momento dado también aprendí algo, en el momento más grande de fama con Porta. Hacíamos giras internacionales de 2 meses por América Latina, llenábamos sitios de 10000 personas, cosas muy grandes. Sufrí también el fenómeno fan de la forma más grande posible y llegué a una gran revelación, que es dejar de hacer caso a los fans y dejar de hacer caso a los haters. A los haters ya no les hacía caso, pero a los fans sí, porque claro, ellos me aman. Y llegué a una revelación, que es: los fans y los haters son extremos opuestos del mismo plano mental.

      «Te amo sin motivo, eres Dios». «Te odio sin motivo, eres el demonio». ¿Verdad que no soy Dios aunque me lo digan? Pues de la misma forma no soy el demonio, no soy una mierda.

      Y eso, uff, me permitió entender el show business: que da igual todo el mundo, solo importo yo y lo que yo llamo la gente de mi castillo. Bueno, es otro tema que podemos hablar si quieres, pero tengo un castillo con un foso lleno de cocodrilos, y yo bajo el puente y salgo ahí fuera, al teatro de la vida, a lidiar con los especímenes de la humanidad. Pero yo siempre vuelvo a mi castillo, y en mi castillo estoy yo y muy poca gente, y somos los que importamos, ¿no?, en última instancia. Espero estar explicándome, pero me gusta esta metáfora.

      Magali: ¿Cuánto cuesta también que vos estés usando Soma, que, spoiler alert… No es tu nombre real? ¿Cómo juega esto de la separación, de que los haters y los fans ven un personaje?

      SOMA: Claro, bueno, es la separación entre persona y personaje, que es algo que aprendí muy joven, con esos primeros psicólogos que empecé con veintipocos años. Ya ahí salió este concepto de persona y personaje, y me encantó, y fue como: hostia, esto se puede usar en mi beneficio. En mi beneficio me refiero a mi salud mental, emocional, mi estabilidad, mi felicidad. Hay un libro que recomiendo a todo el mundo, que se llama El poder del alter ego. No recuerdo el autor, pero si buscáis El poder del alter ego en Amazon, os sale. Es la bomba, y básicamente todo esto tiene que ver con esa separación.

      El personaje Soma es un personaje que yo he creado, que bebe de Oriol, que es mi nombre legal, porque de quién va a beber, obviamente. Este personaje bebe de lo que es Oriol, por supuesto, pero le permito ciertas licencias que a la persona que soy a lo mejor no me permito tanto. Este es un clásico de cuando eres chaval, cuando tienes 15 años y te subes a un escenario a tocar la guitarra. A lo mejor tú estás con toda la vergüenza del mundo, como adolescente que eres, pero en ese momento eres un gran guitarrista, estás con tu banda y te subes al escenario delante de desconocidos, cuando jamás lo harías.

      Ahí estás, hasta cierto punto, en mayor o menor grado, jugando con un alter ego. El cantante que se pone delante a cantar como si fuera la hostia a lo mejor tiene una vergüenza brutal, pero se subió al escenario y en ese momento él es no sé quién. Entonces el poder del alter ego es muy importante. No para disociarlo completamente de la persona; eso creo que es un error y puede producir otro tipo de problemas mentales, de disociación, personalidades múltiples y otras cosas. Pero si lo usas de forma sana, como una herramienta, es la hostia, porque te permite poner distancia.

      Te permite ganar perspectiva, que siempre es necesaria para todo en la vida, y te permite a lo mejor ciertas licencias, un paso más allá de lo que la persona se atreve.

      Magali: Bueno, mola. ¿Por qué decidiste vos, en un momento donde estabas en la cresta de la ola de tu vida, irte a viajar por Latinoamérica de mochilero por 5 meses?

      SOMA: Porque no era feliz y no sabía qué hacer, e hice eso como podía haber hecho cualquier otra cosa. Año 2011, 30 y algo, no sé. Veo que tengo montado todo mi sueño adolescente: tengo una editorial musical, una agencia de management, mi estudio de sonido, mi trabajo como productor musical, mis giras, no sé, ahora me olvido, pero tenía un montón de patas del negocio de la música. Claro, era el negocio de toda mi vida y había aprendido mucho, una vida entera dedicada a esto, y monté todo. Entonces ya me ganaba mis 4000 pavitos, mis 4000 euritos, fácilmente, sin trabajar mucho.

      ¿Qué pasa cuando quemás los barcos y te vas a viajar?

      SOMA: Y claro, me empecé a sentir muy vacío, muy infeliz, muy infeliz, y hablaba con mi novia de entonces.

      Y no encontraba respuesta, ¿no? En un momento dado, al final del año, digo: «Oye, nos vamos a tomar por culo, lo mando todo a la mierda». Y tuve la suerte de que ella dejó su trabajo. Y lo tenía todo, ¿no? Un coche deportivo descapotable, una novia muy guapa, un dúplex loft en el centro de Barcelona, una ciudad muy bonita. Muy bonito para la foto, muy bonito para la foto y el ego, pero mi alma estaba triste, estaba vacía.

      Y entonces no supe qué hacer, y algo que he hecho muchas veces en mi vida, o unas cuantas veces decisivas al menos, es quemar los barcos, esto que se llama la estrategia de los vikingos, ¿no? Los vikingos llegaban con sus drakkars a conquistar una nueva tierra y lo primero que hacían era quemar los barcos. Ya está, ya no pueden escapar, no pueden volverse a su tierra: o conquistan y matan a la población autóctona, o mueren en el intento. Entonces, no digo que todo el mundo deba hacer esto, pero desde luego es potente. Es una estrategia muy potente y es algo que yo he hecho en momentos decisivos de mi vida. ¿Y sabes? Lo hice.

      Puse todas las empresas en pausa, con mucho miedo de si se me iba a pasar el arroz y al volver ya no iba a tener clientes, todas estas cosas. Mi novia me siguió y nos fuimos sin fecha de retorno. Nunca habíamos mochileado de verdad; habíamos ido de hoteles y de vacaciones planeadas. Descubrí un mundo entero, me conecté conmigo mismo de una forma en la que nunca, nunca, nunca me había conectado antes.

      Nunca. Y fíjate, no hacen falta grandes terapias, no hace falta. Hace falta poner tiempo y espacio para estar contigo: el suficiente tiempo y el suficiente espacio, las suficientes horas y los suficientes kilómetros.

      Para estar contigo mismo y encontrarte.

      Hasta cierto punto, encontrar cosas dentro tuyo, ¿no? Y ya está, por eso lo hice. No era feliz y no se me ocurrió otra cosa, así que hice eso. Y funcionó. Funcionó muy bien, muy, muy bien. La mejor decisión que he tomado. Y salí de ese viaje con, primero, una gran conexión conmigo mismo, gran conexión, y con la comprensión del motivo por el que me sentía vacío en ese momento, o como lo queramos llamar: que ya no tenía retos. Mi sueño de juventud ya era una máquina de hacer dinero, simplemente unos engranajes que funcionaban ya muy bien.

      ¿Qué me queda hasta que me muera? Facturar, eso es lo que me queda. Y entiendo que haya gente que diga «¿qué quiere el Soma?». Hay gente a la que a lo mejor eso le parece bien, y está bien, pero en mi caso parece que no era suficiente. Entonces descubrí que me gustan mucho los grandes retos, es decir, ver hasta dónde puedo escalar. Ya no voy a escalar más; ya no voy a escalar más. Vaya mierda de vida, para mí, para mí.

      Entonces decidí que necesitaba nuevas montañas. Resulta que tengo esa necesidad dentro, provocada por lo que sea, por mis carencias emocionales, por lo que viví de niño, no importa. El caso es que tengo esa necesidad de escalar más, ¿no? Pregúntale a un escalador por qué se sube a una montaña y arriesga su vida, y te dirá: «No puedo evitarlo, es que tengo que escalar». Pues lo mismo te digo: tengo que ver hasta dónde. Me gustan los retos. Tomé la decisión de cerrar todos mis negocios musicales, todos. Cerré el estudio de sonido, que me daba mi identidad, mi fama y mi dinero.

      ¿Cómo pasó SOMA de un estudio físico a emprender online?

      SOMA: Cerré todo y decidí emprender online, porque en ese momento, 2012, nadie sabía nada de esto. No tenía yo ni idea de lo que era un lead, de lo que era email marketing; no sabía ni que existían esos conceptos. Y claro, me pareció un súper reto. Hostia, meterme en un mundo que, de nuevo, si te fijas, es como elegir el hip hop cuando era adolescente: una cosa marginal.

      No mainstream, que casi nadie conoce o en la que está metido. Me metí online en 2012: un blog y un canal de YouTube en 2012. Ahora parece una obviedad, pero entonces era una rareza. Mis amigos se rieron de mí, algunos se burlaron de mí, obviamente. Ahora soy yo el que se ríe, pero en ese momento se reían ellos de mí: «Pero tío, ¿cómo vas a ganar dinero con eso?». «Yo no lo sé, pero algo me dice que esto va a molar».

      «¿Y cómo vas a enseñar tus secretos de productor musical? Te van a copiar y no tendrás clientes». Y yo les decía que no, que eso no va por ahí. Entonces empezó un nuevo reto que ahora, 10 años después, en 2022, siento que llega a su fin, también porque he conseguido lo que en 2012 eran sueños salvajes, salvajes.

      Y entonces ahora tocan nuevos retos, porque si no, ¿qué me queda? ¿Facturar hasta morirme? No, tío, yo quiero escalar montañas.

      Magali: ¿Qué creencias limitantes sentís que venciste estos años?

      SOMA: Uff, muy buena e incómoda pregunta. Estoy trabajando; todavía no sé si la vencí. La he vencido mucho, no sé si todavía me queda mucho más por vencer, pero la creencia de que no soy suficientemente bueno, no soy digno de amor. Creo que una inmensa mayoría, todos tenemos esta creencia, en mayor o menor medida. Entonces no voy a decir que la he vencido, quizás no, pero hostia, mucho.

      La he doblado mucho, mucho, mucho, esa creencia. Ahora me siento un ser digno de amor.

      Y valioso por el mero hecho de existir, ¿no?

      Entonces, bueno, quizá esa una. Otra, la creencia de que no podría facturar millones de euros. Era una creencia que yo tenía: yo quiero conseguir grandes cosas y grandes éxitos, pero sentía que eso era como una liga a la que yo no iba a acceder en la vida.

      Podría llegar a, porque para mí ganar, yo qué sé, 30000 euros al año, 40000 al año, ya me parecía lo más. Entonces era como: bueno, quizá pueda llegar a facturar 100000, estas cosas, pero lo de los millones me parecía que yo no lo iba a probar nunca en esta vida. Tenía esa creencia y la he tumbado definitivamente. Esa está destrozada: he facturado kilos y he aprendido mucho de lo bueno y lo malo de eso, y de hacia dónde va mi felicidad y hacia dónde no va, pero esa creencia la he tumbado totalmente. No sé, es que es muy buena la pregunta y me da para pensar tanto que quiero responder, ¿verdad? Es uff.

      Me acaba de venir una que justo he estado trabajando estas semanas con mis psicólogos, porque tengo 2 psicólogos cada semana. No uno: 2. Ya te digo que yo no paro. Una es mujer y otro hombre, una online y otro presencial, una está en una onda y el otro está en otra muy diferente; son muy diferentes. Mira, espera, que se me va de la cabeza. Te iba a decir: la creencia de que tengo que hacerlo todo solo. He tenido durante muchos años la creencia de «aparta a la gente, apártate de la gente, tío, tú con tu capacidad, con tu inteligencia, con tus habilidades», y la gente molesta más que otra cosa.

      No sé. Esa creencia la he tumbado ahora. Creo que nadie es una isla, y de hecho se lo enseño a mis alumnos de sonido: que nadie es una isla, y la vida es maravillosa cuando la compartes y cuando la caminas con otros. Y bueno, por no enrollarme mucho más, ahí tienes 3.

      Magali: ¿Para qué habías empezado tu blog en 2012?

      SOMA: Porque mi profe me lo dijo, número uno, y ahora hablo de esto, y porque estaba alineado con una decisión que yo tomé en el viaje. Me explico, las 2 cosas. Mi profe me lo dijo: yo llegué en 2012, después de este viaje, diciendo «voy a hacer algo online, porque yo quiero seguir viajando, mochileando, no sé qué». Entonces fue como: pues online. Me puse a buscar cosas de bolsa, cosas que se pudieran hacer online sin tener ni idea, y buscando, buscando, buscando, me encontré un curso de Franck Scipion, un francés que habla español y en ese momento estaba muy activo en el mercado español, y vendía un curso de Mailchimp. Pero yo no sabía lo que era, ni el concepto de marketing.

      Entonces hice ese curso y se me abrió un mundo entero. Ahí se hablaba de tener un blog y capturar con un lead magnet el email, en fin, lo que ahora es súper básico, pero en 2012 parecía súper guau. Y entonces había que crear un blog; era lo que había que hacer. Yo entendí el concepto: «Ah, vale, vale». Entonces lo hice. Yo seguí las instrucciones de alguien que sabía más que yo, simplemente. Eso en ese momento. Y segundo, como digo, porque estaba alineado con una decisión que tomé en el viaje. Yo tomé 2 grandes decisiones, pero sobre todo una, que es: me va a ir muy bien si doy antes de recibir. Porque en ese viaje tuve mucho tiempo para reflexionar sobre mi vida y me di cuenta de que las mejores cosas en la música me habían pasado cuando di antes de pedir. Empecé a trabajar con Nach porque le di mi casa, le abrí mi casa en un momento en el que él necesitaba quizá un amigo y un hombro, y eso llevó al despegue de mi carrera. Y con más personas, siempre di antes. Entonces tomé la decisión de que vendría a España… Montaría algo online, que no tenía idea de qué iba a ser, pero que iba a estar alineado con dar antes de recibir. Y entonces el concepto, en ese momento, de blog y canal de YouTube en el que yo hacía tutoriales, aunque mis amigos se reían y no entendían por qué lo hacía, para mí tenía sentido. Porque, yo qué sé, yo soy un gran productor musical, o al menos me lo consideraba. Yo soy un gran productor musical, llevo toda mi vida en esto, sé un montón de cosas.

      ¿Qué puedo ofrecer al mundo? Coño, pues esto, y ya está. Por eso empecé un blog y todo esto terminó en un curso. Esto se transforma en que empiezo a publicar cada día un tutorial, cada día, cada día. Entonces empieza a crearse una comunidad. Yo ya tenía fans de la música.

      Magali: ¿Pero era una audiencia o una comunidad?

      SOMA: La pregunta es muy buena. En ese momento era una audiencia.

      Pero hay que entenderlo bien, ¿no?, que era audiencia, una comunicación unidireccional, ¿no? Bueno, pues empieza a crecer esa audiencia todavía más. Yo tenía una fanpage, les dije: «Oye, ahora voy a hacer esto». Bueno, pues hubo gente que se fue para allá a seguirme, y como publicaba cada día empezó a crecer mucho, mucho, y eso se convirtió un año y medio después en un curso: el Máster de Mezcla con Soma.

      Que ha durado hasta ahora. De hecho, estoy impartiendo ahora la última edición hasta la fecha, que es la 12. Llevo 12 ediciones, 8 años vendiendo este producto formativo. Y bueno, me costó mucho, tardé un año y medio en vender porque tenía un síndrome del impostor, ¿sabes? Loquísimo, ¿no? Porque, ¿quién soy yo? Soy productor musical, ¿qué hago yo ahora vendiendo formación? Yo no soy profe. Llevo un año y pico creando contenido gratis y en cuanto pida dinero se me van a echar encima, me van a decir: «Ahora solo vas a por la pasta, eres un mierda», no sé. Entonces, bueno, el síndrome del impostor ahí estuvo un año y medio, hasta que me atreví. Y bueno, el resto es historia. Realmente eso que empezó como un pequeño proyectito se ha convertido en una empresa que ha contratado a mucha gente, con empleados, que ha facturado kilos.

      Si es que el resto es historia. Por eso digo que ahora me río de esos que se reían en 2012, como ahora los veo intentando montar su canalito de YouTube. Venga, vas 10 años tarde, cabrón.

      Magali: En cuanto al síndrome del impostor, ¿qué cosas te ayudaron a minimizarlo? Porque no sé si se supera del todo, pero avanzar igual.

      SOMA: Yo creo que siempre lidiaremos con el síndrome del impostor.

      Si seguimos expandiendo nuestros límites.

      ¿Cómo se supera el síndrome del impostor?

      SOMA: Porque yo creo que se supera. ¿Si expandes el límite, quieres otra cosa? Pues aquí tendrás otra vez el síndrome del impostor, pero si te quedas ahí, pues ya está superado. Yo creo que se supera. Yo, por ejemplo, como formador tengo cero síndrome del impostor. A lo mejor soy muy exagerado hablando, tengo un uno de cero a 100, no sé. No me considero un impostor para nada, todo lo contrario. Ahora creo que soy muy bueno en lo que hago, lo hago muy bien, de verdad lo creo.

      ¿Cómo se supera? Simple, que no tiene por qué ser fácil: pequeñas victorias constantes. El problema es que de nuevo estamos en una sociedad en la que parece que eso tenga que venir de los ángeles, que se abra el cielo y ocurra esa gran cosa con la que ya dejamos de sentirnos así, ¿no?

      Eso seguramente no va a pasar. Pero si yo ahora hago este pasito, un paso del 1%, y mañana otro paso del 1%, y hay una victoria que es un 1%, tío, en 30 días tienes un 30%, ¿vale? Es un ejemplo tonto, pero creo que lo entendemos todos. El efecto acumulativo de conseguir pequeñas cosas aumenta exponencialmente la confianza, porque vemos resultados, por pequeños que sean, pero se acumulan, y cuando los resultados se acumulan tienen un resultado exponencial.

      1 + 1, 2; 2 + 1, 3; 3 + 1, 4. Pero 4 + 1, de repente, 7: esto ocurre. ¿Entonces? «Ah, es que yo no tengo confianza, es que yo no creo que sea capaz de tal.» ¿Cuál es la mínima victoria que podrías conseguir? La mínima, la más pequeña, hostia. Yo hacía tutoriales sin mi cámara, no sé si buscas en mi canal de YouTube los viejos, ahí no salía mi cara. Bueno, pues resulta que no me estaba atreviendo en ese momento todavía a sacar mi cara en los videos, o no sé, cualquier cosa. Pero hice los tutoriales, tío. Pequeñas victorias constantes. Si hoy quieres vender 100000 euros pero nunca has vendido, hostia, vende hoy 5.

      Mañana 5, y tírate un mes entero vendiendo 5 cada día. Van a cambiar cosas dentro de ti. Y si el mes que viene logras pasar a 10 al día, van a cambiar cosas dentro de ti, y esto durante un tiempo prolongado va reduciendo el síndrome del impostor. Y cuanto más grandes son esas victorias con el tiempo, más te cargas ese síndrome del impostor. El problema es que en esta sociedad queremos la puta pastilla mágica, queremos el resultado ya, para ayer si puede ser, por favor. Pues no, no funcionan así las cosas. Las cosas llevan un proceso. Y que el proceso no duela, y que el proceso no duela.

      Como nada. ¿Cuál es el problema de que las cosas lleven tiempo y de que duelan? Que alguien me lo responda. ¿Cuál es el problema de eso? Porque yo no lo veo. Es más, que duela va a hacer que crezcas. O sea, que de problema, ninguno. Que el dolor no nos gusta, estoy de acuerdo, pero eso no significa que sea malo, no es un sinónimo. Y segundo, que lleve tiempo. ¿Cuál es el problema?

      Es una bendición, porque tienes tiempo, no hace falta que lo consigas en un día. Menuda presión conseguirlo en un día. Hostia, si tengo tiempo. Es aceptar que eso que ves como un problema, que es que tardas, es una puta bendición, porque te quitas la presión de encima. Pero bueno, este no es el discurso oficial de nuestra sociedad. El discurso oficial es gratificación instantánea, serotonina y dopamina por un tubo con cada like. Y bueno, vivimos en la sociedad que vivimos. Y este discurso no vende. Si ahora quisiera vender un curso de algo, este discurso no vende, pero funciona. Claro, porque va en contra de la impaciencia humana que tenemos y la ansiedad exacerbada con la cual vivimos.

      Magali: ¿Qué desafío tiene para vos ahora emprender online, en este momento de tu vida?

      SOMA: Esta pregunta es demasiado profunda. Vale, voy a ser muy, muy honesto. En este momento mi gran reto, mi gran desafío, es sentirme muy alineado y conectado con lo que hago en mi emprendimiento, en mi negocio. Mi reto ya no es facturar dinero. Es más, he facturado mucho más de lo que jamás soñé y he visto que por ahí no va, pero he tenido que vivirlo. En los últimos años he facturado mucho, pero he alcanzado unas cotas de infelicidad muy altas también.

      Entonces mi mayor reto, y en lo que estoy ahora, de hecho, si supieras, estoy en un momento de cambios bestiales, es que quiero sentirme muy alineado con mi centro. Eso es lo que quiero y eso me parece un gran desafío que tengo por delante.

      Magali: Estaba escuchando esta semana justo un podcast de la psicología del dinero que dice que cuando te falta, claramente genera mucha infelicidad, clarísimo, pero cuando lo tenés no te genera la felicidad inversamente proporcional a si no lo tuvieras. Como que se hace un promedio, ¿no?

      SOMA: Y de hecho es normal. Hay un estudio, Magali, de no sé qué universidades, no sé dónde, que viene a decir, a lo mejor me equivoco por la cifra pero será muy parecida, que a partir de 70000 u 80000 dólares el incremento de felicidad ya no es igual. Hasta 70000, sí, cuanto más ganas, más felicidad sientes, pero a partir de una cifra, ya no. En mi caso, creo que soy de los pocos empresarios de formación online, de este tipo de negocio, que puede decir con la boca bien grande que para mí, en este momento de mi vida, el dinero es secundario, porque lo he hecho. Es decir, yo el año pasado prevendí un segundo curso a mis clientes del primero, facturé casi 400000 euros en 40 minutos, y en septiembre devolví todo ese dinero porque sentí que no era mi camino. De hecho, fue en agosto, en un retiro de meditación, me llegó ahí súper claro.

      Que no quiero hacer esto, no quiero por diferentes motivos, X, Y, Z. Y devolví todo ese dinero y puse a mi empresa en una situación más riesgosa, muchísimo dinero. Bueno, pero es que en este momento de mi vida necesito, deseo, mejor dicho, deseo mayor alineamiento en a quién dedico mis horas. Esa respuesta, a esa pregunta, a quién dedico mis horas, es un gran desafío para mí ahora, y me estimula mucho tener este desafío porque me está planteando nuevos límites, nuevas creencias limitantes que tengo. Y me doy cuenta, las voy trabajando, y hostia, eso es crecimiento personal. Y eso es genial.

      Magali: Ahora me surge la pregunta de dónde sale esta seguridad. ¿O qué cosas te dan seguridad para tomar estas decisiones tan riesgosas?

      Un par de cosas. La primera es que, en general, tengo mis malos días, como todo ser humano, pero en general confío en mis habilidades. Es decir, yo me considero un hombre inteligente, creo que sé comunicar mis verdades, y saber comunicarlas creo que es vender. Me considero una persona honesta e íntegra. Mientras estas habilidades o características, o como lo queramos llamar, mientras estas cosas no desaparezcan de mi vida de repente, que enferme o no sé, cualquier cosa que me puede pasar, mientras esto lo tenga a mi alcance, mal no me tiene que ir. La verdad, me tiene que ir un poco bien: inteligencia, capacidad de comunicación, capacidad de venta, e integridad y honestidad.

      Coño, me parece un buen combo, me parece una buena combinación para moverte por este planeta. Eso por un lado. Es como que, oye, soy consciente de ciertas cosas buenas que tengo, igual que tengo otras no tan buenas, pero las buenas también las veo. Igual que somos expertos en ver las malas, vamos a decir: coño, pues yo en mi caso también veo algunas de las buenas. Eso por un lado. Y segundo, voy a decirlo directamente: siento que la vida es un juego, nada es real, tío, vivimos en puto Matrix.

      Esto es un juego, esto es un juego y hemos venido a jugar.

      De verdad, lo siento así: esto es un puto juego, tía. Entonces, ¿qué es lo peor que me puede pasar? ¿Que me muera? Bueno, en ese caso se acabó la preocupación, pero eso ya lo sabemos. ¿Qué va a pasar entonces? ¿Qué es lo que pasa? ¿Que me vaya a dormir a casa de mi madre porque me he arruinado? Bueno, pues será un palo, será doloroso. Intentaré recordarme que es un juego en esos momentos, y mientras tenga capacidades como las que he dicho, pues seguiremos jugando. No sé, por ahí van los tiros.

      Claro, tomarse las cosas no tan en serio.

      SOMA: Efectivamente. Yo soy experto en tomarme las cosas en serio.

      Magali: Ah, yo también.

      SOMA: Pues quizá por eso. Pues como yo me analizo mucho toda mi vida, veo que me he tomado y me tomo todavía a veces cosas muy en serio. Entonces precisamente intento hacer cosas para reducir eso en mi vida.

      ¿Qué es el efecto cabronazo y por qué funciona?

      SOMA: Y me ayuda, la verdad es que me ayuda.

      Magali: Quiero pasar a tu faceta de comunicador, porque diste muchas charlas. Quiero saber cómo te fue en Bogotá, cuando diste una charla para chicos adictos a las drogas, y en general las charlas para jóvenes en riesgo de exclusión social. ¿Cómo te fue con eso y qué aprendiste dando esas charlas?

      SOMA: Esas charlas… Diría que cambió mi vida, pero suena demasiado barato. Pero desde luego impactó.

      Tanto que cambió ciertas cosas de mi vida. Esa fue, en mi opinión, la primera charla. O sea, di otras antes, pero esa fue la hostia, ha pasado algo y soy consciente. Y luego esa charla la expliqué en eventos de negocio y marketing en España, y he hablado de esa charla algunas veces. Hace tiempo que no hablo de ella, pero en esa charla fui consciente de que tengo un ángulo comunicativo interesante. Fui consciente: hostia, tío, lo he hecho muy diferente al resto de la gente.

      Y ha funcionado muy bien. Veo las cosas desde un ángulo ligeramente diferente. Bueno, pues eso: adolescentes de un barrio súper deprimido de Bogotá, que no quiero decir el nombre por respeto, y nos llevaban allí con el gobierno y doctores que van a una típica charla de prevención, ¿no? Y estaba mi hermano, también rapero muy conocido, y muchas personas dieron su charla, ¿no? Y yo di una charla muy diferente.

      Básicamente, mi discurso no fue «deja de drogarte». Voy a resumirla en una frase, es imposible, pero fue así: si les digo que dejen de drogarse, no me van ni a escuchar. «¿Me estás contando, tú, español europeo rico, vienes a contarme que deje de drogarme? ¿Qué sabes tú de mi vida en este barrio?». Entonces no fui por ese ángulo, sino muy por el contrario: «¿A vosotros os gusta ganar dinero, no?». Sí, a todo el mundo le gusta ganar dinero, levantaron la mano. Y yo les dije: «Pues chicos, ¿sabéis quién soy? Soy productor musical, esto y lo otro. Yo me drogaba igual que vosotros o más, y empecé a ganar mucho dinero cuando dejé de drogarme». Y ese es un mensaje al que sí que prestaron atención: deja las drogas como vehículo para algo que te interesa, que es ganar dinero. Entonces, bueno, simplemente vi que había una forma de comunicar por mi parte muy interesante, con la que me sentía muy a gusto. Claro, provoqué la incomodidad y el desprecio de mucha gente. Los doctores que estaban allí en nombre del gobierno me miraron con una cara alucinante de: «Pero, ¿qué estás haciendo?

      ¿Y qué estás diciendo?». Yo creo que, no digo que hiciera mucho, pero hice más ese día por esos chavales yo con mi charla que el doctor con la suya, estoy seguro 100%. Bueno, ahí empezó quizá una conciencia mía de: hostia, aquí tengo algo entre manos.

      Magali: Ese es un momento muy mágico, cuando te das cuenta.

      SOMA: Sí, porque te das cuenta de uno de tus dones. Tengo una mentora espiritual que se llama Lola Feliu, que es con la que hago los retiros vipassana, y ella siempre dice que venimos con una bolsa, una cartera, una mochila de dones, y que uno de nuestros grandes trabajos es descubrir cuáles son y darlos al mundo, ¿no? Y cuando descubres uno de tus dones es muy enriquecedor.

      Magali: Vos que tenés fans, gente que se tatúa tus frases y cosas así, ¿cómo hacés vos para capturar la atención de tu audiencia? ¿Qué cosas te funcionan?

      Esa charla de Bogotá me llevó a desarrollar una cosa que llamé el efecto Motherfucker, bueno, como el efecto Cabronazo, y es una charla que durante un tiempo di en España, en Inglaterra. De hecho, también me dije: voy a escribir un libro de esto. Pero luego, al final, uno debe decidir a qué dedica sus energías, ¿no? Pero tengo un boceto incluso de ese libro creado. ¿Cómo capturo yo la atención de mi audiencia?

      O sea, intento tener este punto del efecto Motherfucker, que consiste básicamente en crear incomodidad inicialmente, porque cuando creas la incomodidad en el interlocutor…

      Esa persona se pone en estado de alerta, y cuando alguien se pone en estado de alerta presta toda la puta atención a esa alerta. Así captas la atención, que es lo que queremos: la atención. Coño, si haces sentir a alguien incómodo, va a ocurrir esto que he dicho. Y cuando tienes la atención, tienes unos pocos segundos para demostrar que tienes algo interesante para esa persona, y en esos segundos la persona decidirá si te da su atención y tiempo o no.

      Y me ha funcionado. Yo siempre hago anuncios para mi curso online, ¿no? Hostia, mis anuncios. Cuando nadie hacía anuncios estéticamente muy bien producidos, yo los producía muy bien, me he gastado un dinero. Mi mundo es el del audiovisual, entonces tengo amigos que hacen imagen muy buena, ¿no? Y normalmente mis anuncios, no todos, pero muchos de ellos, empezaban con una frase que lograba descolocarte durante un segundo, al menos.

      Y ahí, claro, alguien te puede caer mal, pero seguramente algo ha ocurrido ahí, ¿no? El otro día, me refiero a antes de ayer, en mi Instagram puse una foto enorme de Kim Kardashian. Mucha gente se ríe de Kim Kardashian por lo del reality y eso, ¿no? Y puse: «Kim Kardashian me representa. Tómatelo como puedas». Obviamente estoy molestando a mi audiencia. Y luego hice una historia al día siguiente en plan: «Oye, desapégate de los resultados, de los followers», porque yo sé que publicando esto voy a perder seguidores, y lo hago adrede. Quiero perder seguidores, quiero verlo y ver cómo eso no impacta en mi vida, porque me permite desapegarme. Bueno, pues hay un punto de incomodidad que a mí me parece muy interesante.

      Explorarlo es muy interesante. Claro, tienes que estar dispuesto al precio que eso implica, que es que mucha gente reacciona mal, se lo toma mal. Muchos otros reaccionan muy bien. En cualquier caso, la gente presta atención. De repente ven la puta foto enorme de Kim Kardashian, y si les da por leer: «¿Quién? ¿Soma? ¿Que Kim Kardashian le representa? ¿Qué está diciendo?». Bueno, acabo de pillar tu atención en un momento, ¿no? Entonces hay una parte interesante. Como digo, la incomodidad, no digo que sea la única forma, pero si te fijas…

      Mira, hoy en Sinoficina, esta comunidad tan fabulosa…

      En el primer Sin Bloqueos en el que participé no compartí ningún bloqueo mío, pero di feedback a algunas personas. Mi forma de dar feedback inicialmente puede generar incomodidad. Yo lo sé, por mi forma de hablar, de comunicar: soy muy frontal con lo que digo. Estoy seguro de que en esa sesión no pasé desapercibido, estoy seguro de que capté atención, si estamos hablando de captar atención. Vale, obviamente no hablo de inventarte tonterías, no hablo de ser incómodo por ser incómodo. A mí realmente Kim Kardashian me representa, no es broma, representa mucho ciertas cosas que podría explicar.

      Bueno, no creo que vengan al caso. Se trata de quién eres tú, en qué crees, qué defiendes y cómo lo defiendes, y tener ese punto a veces un poco incómodo, ¿no?

      ¿Qué valores priorizás ahora en tu vida?

      SOMA: Muy, muy claramente, lo he dicho antes: el alineamiento. Que mis acciones estén muy sincronizadas con mi centro vital. Y tomo decisiones empresariales y personales en base a este valor.

      También sigue siendo uno de mis grandes valores la honestidad frontal, casi polarizadora. Creo mucho en ser frontalmente honesto. No con todo el mundo, no en todas las circunstancias; a veces no hay que serlo porque haces daño a la persona. Entonces, en esos casos no, pero siempre que no haga daño a una persona, yo creo mucho en ser frontalmente honesto. Y a partir de ahí creo que casi todos mis valores van a dar vueltas en torno a esto, la honestidad y estas cosas.

      Magali: ¿Se te vienen a la cabeza personas que hayan influenciado…

      …tu mindset actual? Porque viste que al final somos como una mezcla entre cosas que consumimos.

      SOMA: Hay una frase que no creo que sea mía, pero no sé de quién será, así que es de alguien, pero es una frase que llevo repitiendo una década, que es: la vida es un remix. La vida es un remix, tío. De hecho, hay un documental llamado Remix, muy interesante. Sí, hay muchas, hay muchas. Desde autores de libros como Fernando Trías de Bes y otros…

      Es decir, completamente diferentes. Si me detengo con libros, todavía muchos más, pero desde autores de libros hasta mentores que he tenido en mi vida, hasta mi hermano, que me ha influenciado mucho, y creo que yo a él. Al final van en dos direcciones. A veces grandes celebridades también, que claro, me han influenciado en mi interpretación. Lo que yo decía antes de las críticas, la imagen que tienes de Soma: pues aquí me influencia la película que yo me he montado de Dr. Dre, ¿no?

      Bueno, perfecto, pues Dr. Dre, por ejemplo. Kim Kardashian, no te lo digo en broma. O sea, últimamente veo cosas suyas que pienso: hija de puta, qué lista que es. Claro, veía el otro día cómo preparó el programa suyo en el Saturday Night Live, quizá el programa más grande de entretenimiento. No sé si el más grande del planeta, pero es un clásico. Y la veía preparar las bromas para reírse de ella misma, cómo las preparaba con un equipo de la hostia, y pese a hacerse la tonta, no tiene un pelo. Esta es más lista que yo cien veces. Bueno, no sé.

      Definitivamente mucha, mucha gente. Perdería demasiado tiempo, creo, en buscar más nombres.

      Magali: ¿Se te viene a la cabeza algún otro momento donde te la hayas pegado? No quiero decir fracaso, pero como: «Esto salió mal, esto estuvo mal hecho». Por cierto, el otro día hablaba de las FuckUp Nights, soy muy fan. Contemos nuestros fracasos, ¿sabés?, contemos nuestras mierdas.

      SOMA: Sí, demasiados. Mira, alguno más o menos reciente, de los últimos años de mi vida: yo tenía mi empresa esta de formación, trabajaba mi novia conmigo y tuve una ruptura sentimental terrible.

      Realmente, hostia, muy mala, ¿no? Y eso impactó bestialmente en mí y en mi negocio, bestialmente. Tardé 30 días en atreverme a abrir el correo de la empresa. Y cuando lo vi, imagínate. Ahí había alumnos cagándose en mi puta madre, ¿no? Bueno, no tanto como en mi puta madre, pero en plan: «Tío, ¿qué pasa?». O sea, en la mierda. Al mes de que eso ocurriera acabé ingresado en el hospital con un colapso absoluto, colapso físico. ¿Sabes cuando tienes un ataque de ansiedad que te pone los dedos así?

      Pues eso multiplicado por 10. O sea, un colapso físico bestial. No podía parar de vomitar, no podía parar de llorar. Emocionalmente colapsado. Me ingresaron 2 días en urgencias, después me tiré 2 semanas en mi casa a solas, llorando, con las persianas bajadas, en mi sofá, llorando 2 semanas. Momentos así, pues unos cuantos en la vida. Momentos de grandes decepciones de amistades, en las que te sientes devastado; momentos en los que siento que he tomado malas decisiones con mi negocio. Por ejemplo, mira, un fracaso que me haya pegado fuerte.

      He hablado antes de ese estudio de sonido del que salí arruinado con 24 años. Pues mira, te voy a hablar de un fracaso de hace 20 años que fue tan grande, lo sentí tan grande yo, que sigue conmigo en mi recuerdo, y creo que me ayudará a no hacerlo otra vez. Uy, me acaba de venir otro ahora, con una discográfica muy grande. Cuando estábamos en ese estudio, te digo, intentamos yo y mi hermano sacarlo a flote, pero era demasiado monstruo, ¿no?

      Él y yo solos, habiendo echado a los otros socios y tal, y no podíamos sacarlo a flote. Los gastos eran gigantescos y no generaba tanto como para poder mantenerlo solo. Entonces llega un momento en el que ya veíamos que nos iban a echar del local, porque el local era un alquiler que se pagaba, y pusimos un traspaso. Intentar traspasar el estudio de forma que ganáramos dinero, y ahí podíamos haber incluso recuperado la inversión entera. Y en esa época yo me drogaba, como digo, mucho, y además no solo eso.

      Con 22, 24 años me creía el rey del mambo. Yo me creía Michael Jackson y Whitney Houston y Steve Jobs juntos. Vale, me creía el putísimo amo, lo que tiene la edad a veces. Entonces la combinación, yo creo, de creerme el puto amo y drogarme mucho no es una buena combinación para los negocios. Y en ese momento lo pusimos, no había forma de traspasarlo porque era muy caro el traspaso, y encontramos finalmente, casi in extremis, a una gente que lo quería comprar, o sea, que quería pagar el traspaso. Y en ese momento esa gente puso una pega muy pequeña, una pega que podíamos haber obviado perfectamente y decir: «Vale, vale, nos la comemos, adelante». Y no. Mi reacción fue: «No, porque tal, porque cual», con esa actitud de niñato, porque esa fue mi forma de negociar, imagínate, ¿no? Y contesté muy mal, pensando que iban a aceptar, ¿no?

      Y la respuesta fue: «No nos interesa nada, paramos todo». Y no fue una forma de negociar: realmente lo pararon. Y en ese momento fue como: ¿qué coño he hecho? ¿Qué he hecho, qué he hecho? Y salí unos meses después completamente arruinado y con deudas. Ese fue un gran, gran error.

      Magali: ¿Algún otro error?

      SOMA: No voy a dar los detalles por respetar un poco la privacidad de las personas implicadas, pero esto no lo he contado nunca. Cuando era mánager de Porta, insisto, un artista que en ese momento lo hizo…

      …a un nivel exagerado en España y en América Latina, estábamos negociando una cosa con Myspace, que era lo más fuerte que había en ese momento, Myspace y Universal, ¿no? Y yo…

      Magali: ¿Estás hablando más o menos del 2008?

      SOMA: O por ahí. No supe negociar como un adulto. Me puse muy firme. Porta me dijo: «Yo quiero tal condición». Entonces yo, en la negociación, imagínate, con todas las empresas implicadas, muy grandes y tal, me puse: «No, porque tiene que ser X; si no hay X, no hay nada». Me puse muy confrontativo, muy tal, muy cual. Paré la reunión, bueno, todo el mundo fuera, y yo convencido de una cosa. Me enfrenté a ciertas personas con mucho peso en estas empresas, ¿no? Y además yo estaba convencido de una cosa del contrato, ¿no? O sea, en el despacho de alguien, trajeron el contrato y yo estaba equivocado.

      No era así, y en ese momento fue como: «Perdón, perdón, perdón. Perdón, es verdad, me he equivocado, perdón». Y la persona en cuestión… Ahí aprendí una lección valiosísima, estoy muy agradecido de esa cagada. La persona en cuestión me respondió: «Claro, no, no hay problema, ningún problema, claro que sí». Y bueno: «Oye, perdóname de verdad, disculpa, espero que esto no afecte la relación y podamos seguir trabajando». «Claro que sí, ningún problema, Soma, ningún problema». Nunca más volví a entrar en ese despacho, esa puerta se cerró completamente. Y aprendí cómo ese tipo, además, lo gestionó sin ningún problema.

      Y cuando me di cuenta, pasó una semana, y un mes, y vi que la puerta no se volvía a abrir: cómo me he equivocado aquí siendo tan confrontativo. Pero bueno, estoy muy agradecido de esa lección, porque yo la aplico ahora, con proveedores, freelances, empleados, clientes, quien sea. Cuando veo que alguien hace algo y digo «no, ya está, por este error yo no sigo relacionándome contigo», mi reacción siempre es como la del tipo aquel.

      «Claro que sí. Sí, sí, claro, claro, perfecto, perfecto, hablamos, hablamos», y cuelgo, y le digo a mi equipo: «Este tío que no vuelva». Y confrontación cero.

      Bueno, no sé, de errores podría seguir aquí en plan el abuelito, contando mil batallas de todo tipo. Al final he cometido muchos errores porque me he atrevido a hacer muchas cosas. En el momento me ha dolido mucho cometerlos, mucho, muchísimo. He sufrido mucho y me he fustigado y me he castigado: «Eres tonto», porque somos expertos todos también en castigarnos, y yo también lo soy. En el momento he sufrido mucho, pero siempre he dado las gracias, con la perspectiva del desapego y la distancia. Siempre he dado las gracias por esos errores, porque las lecciones han sido muy, muy buenas. Y lo de siempre: ¿no te quieres equivocar? Pues nada, quédate en tu casa sin moverte y sin vivir.

      Magali: También valorar que no todos sacan de un error una lección. Y que cuando está ese círculo completo, es decir: «Bueno, me equivoqué y la pasé tan mal y me castigué tanto, pero por lo menos aprendí esto, nunca más se va a repetir», eso es la gloria.

      SOMA: Tienes toda la razón, Magali, y yo creo que soy un gran aprendedor de lecciones, de cagadas, de errores. Y además luego he aprendido que el karma es una bitch, como dicen, ¿no? Yo he sido muy infiel y luego me han sido muy infiel; yo he tratado muy mal a tal de tal forma y me han hecho lo mismo 10 años después. O sea, los errores, aunque en el momento no seas ni consciente, puede que 10 años después digas: «Hostia, me ha pasado lo mismo que yo hice, vaya cagada».

      Por eso las FuckUp Nights molan mucho. Los errores, o sea, creo que deberíamos potenciar muchísimo compartir errores, compartir cagadas. Es súper divertido, además, hacerlo con la perspectiva que te da la distancia, en la que ya no estás aferrado a ese dolor, ya lo dejaste ir. Hostia, hay muchos aprendizajes ahí. Y es un proceso difícil el de preparar una charla para compartir un error públicamente, no es lo mismo. Es verdad que en mi caso concreto a mí me gusta hablar de mis mierdas, de mis errores, de mis carencias, de los traumas del pasado.

      A mí me gusta porque siento que cada vez que lo hago me hago más fuerte. Hay mucha gente que tiene miedo a compartir sus mierdas porque siente que es vulnerable, ¿no? En este momento yo no siento que sea vulnerable. ¿Qué vas a hacer, reírte, insultarme, atacarme con algo que ya está? Si ya está procesado, ya está procesado y ya lo dejé ir, está incluso aceptado. Creo que te haces más fuerte, porque le quitas hierro a esas mierdas que te han pasado en la vida, le quitas peso.

      Magali: De hecho, sí, también, Brené Brown, de la que yo soy muy fan.

      Como dice ella, la gente no cuenta las cosas porque tiene miedo a ser vulnerable y que después no la quieran. Pero chicos, la verdad es que cuanto más vulnerable y mayor apertura, la gente más se relaciona con vos, más empatiza y más te quiere.

      SOMA: Absolutamente. Pero hay que animarse, y eso es difícil porque, insisto, nos da miedo, y los miedos toman el jodido control de nuestras decisiones.

      Magali: ¿Cómo hiciste vos para salir de las drogas?

      SOMA: Lo tengo muy claro.

      ¿Se puede crear sin drogas?

      SOMA: Además, recuerdo perfectamente: disco de Nach. Yo empujaba camillas, llevaba años con eso. Eso me había arruinado en mi primer estudio. Todo esto que contaba ocurrió mientras yo empujaba camillas, además en un hospital, o sea, acojonante. Ese disco es Ars Magna / Miradas, y la discográfica me paga lo que en ese momento era mucho dinero. Gastaba muy poquito, tenía un nivel de vida muy suave.

      Podía aguantar un año. Entonces, cuando recibí ese dinero, tuve la suerte de ser consciente, supe ver que estaba en un momento de cruce de caminos vital, porque nunca había tenido tanto dinero. Siempre había tenido que trabajar en un hospital empujando camillas, porque la música no daba lo suficiente. Tú estás en ese círculo vicioso en el que nunca lo dejas, y por tanto, como no lo dejas nunca para dedicarte 100 por 100 al negocio, el negocio nunca genera suficiente.

      Entonces estás siempre atrapado. Entonces ahí vi: hostia, con este dinero puedo dejar el curro, tirarme un año de mi vida intentando que mi estudio de sonido me genere suficiente para vivir. Lo peor que me puede pasar es que después me funda el dinero y en un año tenga que volver a empujar camillas. Pero fui consciente de que estaba en un momento vital de cruce de caminos. Y como siempre digo, podemos mentir a los demás, podemos mentirnos a nosotros mismos hasta cierto punto. Yo siempre digo que aquí, en el esternón o por ahí, hay un punto último, ese punto de luz.

      De conciencia, que no sé cómo llamarlo, será alma, al final, no sé. Ese punto final que incluso cuando estás borracho eres consciente. O sea, hay un punto que no sé qué es, pues a ese punto no le puedes mentir. Te puedes mentir a ti hasta cierto nivel, pero a partir de ese punto no te puedes mentir. Entonces yo supe, yo me dije una cosa: hostia, si yo quiero hacer esto, quiero usar este dinero para ver si puedo ya dedicarme solo a la música, dedicarme 100 por 100 al estudio, hacerlo crecer más y que me dé solo para vivir de ello, voy a ir a tope. Voy a intentarlo 100 por 100.

      Pero en mi fuero interno, en ese punto de luz final, sabía que drogarme mientras lo hacía no era ir al 100 por 100.

      Que si en un año yo no lograba hacer despegar mi negocio musical, siempre podría decir: «Tío, lo intenté hasta el infinito». Pero si me seguía drogando no iba a poder decirme eso, no iba a poder, porque en el fondo yo sabría que no lo intenté al 100, lo intenté al 80. Y entonces, bueno, ante eso tomé la decisión: yo tengo que dejar completamente cualquier tipo de droga.

      Para poder intentarlo al 100 por 100.

      Y bueno, fue un proceso que me dio mucho miedo, porque toda mi vida adulta, pues empecé con los porros y un poco estas cosas cuando era adolescente también, toda mi vida adulta me había drogado para crear música, para trabajar, para mezclar, para hacer una creación.

      Entonces tenía mis miedos: ¿seré capaz de crear sin drogas? Bueno, fue un proceso.

      Lo hice, lo logré y ya ves. Sí fui capaz de crear sin drogas; de hecho, empecé a crear mucho más. Empecé a crear en cantidades casi industriales, muchas cantidades. Y efectivamente, al año lo que ocurrió es que no solo no toqué un solo euro de ese dinero que me pagó la discográfica, sino que había logrado mantenerme ya solo con el dinero del negocio del estudio. O sea que, bueno, en mi caso fue una motivación mayor saber que aquí dentro, hostia…

      No te mientes, porque probablemente eso es un arrepentimiento por muchos, muchos años, decir: «No lo di al 100». Y pegarle al timing perfecto, porque no es lo mismo darle al 100 un año después, cuando ya pasó ese tren. Por eso digo que creo que tuve la suerte de ser consciente del momento vital que viví, de poder verlo con claridad: hostia, tienes esto, tío.

      No la líes, no la jodas, inténtalo de verdad. ¿Por qué lo quieres? ¿Realmente lo quieres? Toda la vida esperando una oportunidad así, lo típico, ¿no? En la música estás siempre esperando que te llegue; en el mundo del arte, que te llegue. Pues ahí estaba.

      Y dependía de mí. Intentarlo al 100 dependía de mí.

      Magali: Siempre creo que nos vendieron que el arte es como un rapto de inspiración, donde se crean cosas. ¿Cómo ves vos…

      ¿Pesa más el talento o la disciplina?

      Magali: …la inspiración versus los procesos, la constancia y la perseverancia para crear cosas?

      SOMA: Me encanta la pregunta, Magali, me encanta, y te voy a responder justamente, que es curioso, todo será como debe, con una frase de Nach, del artista con el que hice ese disco, que por esa época me dijo algo que me impactó muchísimo, que fue: «Mi creación es 90% transpiración, 10% inspiración». Es decir, 90% sudar, transpirar, trabajar, y 10% inspiración, que no se sabe de dónde viene.

      En mi experiencia he comprobado que tenía razón. Yo me he puesto a hacer música, a crear producciones, muchísimas, la inmensa mayoría de veces, 9 de cada 10, sin inspiración. Pero hay que transpirar, hay que sudar la camiseta, amigo. Es muy fácil escucharse en «yo soy artista, ay, es que no estoy inspirado, ahora no me voy a poner».

      No, maldito cobarde. ¿Es que no quieres trabajar, vago de mierda? Es que no quieres enfrentarte. Claro, te tienes que enfrentar: qué pasa si te sientas y no sale, o si lo que sale es malo. Tampoco es fácil, por eso digo cobarde y vago, ambas cosas: no te atreves a enfrentarte a ti, no trabajas. Y lo que suele ocurrir trabajando es que hay ciertos momentos inspirativos, que son flashes que pueden durar más o menos, pero que te pillen currando, como se dice por ahí: que la inspiración te pille trabajando. Alguien muy famoso dijo esa frase, no sé quién. Creo que lo contrario es acobardarse, escucharse y empezar con las excusas. Una vida basada en excusas: «es que no estoy inspirado». ¿Quién te ha dicho que eso es necesario para trabajar? El arte está sobrevalorado. Es como el talento, está sobrevalorado: «Es que fulanito no tiene un gran talento, nunca lo logrará». Yo siempre he dicho una cosa respecto al talento, Magali. Yo considero, de verdad, no lo digo con falsa modestia de mierda, que no soy el mejor productor de hip hop de este mundo ni de habla hispana, ni mucho menos. Ni considero que sea el mejor comunicador, ni considero que sea el mejor vendedor, ni considero, ni de lejos, que sea el mejor empresario. Es decir, no tengo un 10 en ninguna de esas cosas, pero soy suficientemente buen productor, suficientemente buen vendedor, suficientemente buen comunicador, suficientemente buen empresario. Tengo, voy a decir, un 7, tío. Mis cuatro sietes se comen a tu puto 10, porque tú a lo mejor tienes un 10 en una única cosa y el resto son 3.

      Ese es el talento, está sobrevalorado, y la suma de mis sietes seguramente se lo va a comer. Mi capacidad de disciplina, de trabajar duro: pues tengo un 7 también. No tengo un 10, pero tengo un 7, oye.

      Y al final tengo muchos sietes, y mis muchos sietes se comen tu megatalento de 10, porque tú en el resto tienes un cero: no eres disciplinado, no eres trabajador, no eres paciente. Bueno, esa es un poco mi visión en el tema del arte, la inspiración, el talento.

      Magali: Alicia Keys dice lo mismo en su libro: que hay que ir y sentarse en el piano y eventualmente sale, pero si no te sentás, no. ¿Y si no te gusta lo que sale? Que es un gran miedo que tienen muchos artistas.

      SOMA: Yo no considero que lo tenga.

      Es que, tío, tienes que crecer. Que eres un niño pequeño que, cuando no le salen las cosas, patalea y hace una rabieta. En serio, mira, cuando eres un niño estás aprendiendo a relacionarte con los papás y el mundo, lo entiendo, forma parte del proceso evolutivo. Pero ya no eres un niño, eres un adulto y tienes armas, o no, todo dependerá de lo que hayas hecho en la vida. Pero si te lo has currado un poquito, tienes armas. Entonces, cuando las cosas no salen como quieres…

      A mí me pasa muchísimo. Yo tengo ahora mismo 70 instrumentales en mi disco duro, en este ordenador desde el que estoy conectado. A lo mejor solo hay 10 que me parezcan buenísimas; otras 60 me parecerán mediocres o directamente malas. Otra frase que repito mucho: esto es un juego de números. ¿Que haces 5 bases, 5 instrumentales? Hostia, pues es posible que ninguna te guste. ¿Si haces 70? Coño, es fácil que de repente cuatro te gusten, por estadística, que es un juego de números. Ponte a hacer 70, ponte a hacer 700 y tendrás un montón de creaciones que te gustarán, y una barbaridad que no. ¿Lo aceptas? Para que salieran esas 7 joyas…

      Tuviste que hacer 70 mierdas. Perfecto, es el precio a pagar. Hostia, yo lo pago encantado, porque no eres un puto niño.

      Lo entiendes, lo incorporas y actúas en consecuencia. Ya está, coño. No es tan difícil.

      Magali: Claro, es la explicación de qué es un funnel, chicos, aplicada a la vida misma.

      SOMA: Totalmente, es un juego de números.

      Magali: Quiero entender cómo es tu proceso de decisión para elegir qué cosas hacer, cuando claramente sos una persona que puede hacer varias cosas mejor que el promedio y que podría estar haciendo cosas muy distintas en cualquier momento.

      SOMA: Uff, esta pregunta, en este momento exacto que estoy viviendo, es muy fuerte para mí, porque siento que estoy en un momento de cambio absoluto en mi negocio y tengo demasiadas opciones delante, demasiadas.

      Magali: El costo de oportunidad.

      SOMA: Sí, y aferrarte a los costes hundidos también. Tengo demasiadas. ¿Cómo hago mi toma de decisiones? Vale, te voy a decir cómo la hago, incluso con las partes que no funcionan, por si alguien se siente identificado también. Normalmente empiezo con mi mente, como me imagino que la mayoría, y empiezo a darle muchas vueltas en mi mente y valoro desde una perspectiva racional. Valorando mis cosas desde qué me gusta, qué no me gusta, cuán rentable puede ser esta idea, cuán menos rentable, cómo de alineada está, pero desde aquí arriba, desde mi mente. Es un análisis muy racional. Aquí solo suelo sufrir, y este análisis puede durar desde un día a meses, y solo suelo sufrir, vale. Pero es como suelo empezar, porque creo que soy un tío bastante mental.

      Entonces trabajo mucho aquí arriba y a veces me cuesta bajar aquí abajo, al corazón. En este proceso suelo sufrir, como digo, y no suele llevarme a casi ningún sitio. ¿Qué ocurre? Que cuando ya me frustro lo suficiente y veo que no funciona y que solo estoy sufriendo cada vez más, me rindo y digo: no voy a lograrlo pensando con mi mente, no va a ser una decisión racional. Entonces empiezo a bajar hacia el corazón, o como lo queramos llamar, hacia el cuerpo, diría.

      Yo empiezo a bajar hacia el cuerpo, y entonces intento sentir con mi corazón, y ahí hago un montón de cosas, desde meditar hasta cosas energéticas, como poner las 2 o 3 decisiones en un papel, sin saber qué orden tienen, en el suelo, ponerme encima de cada uno de los papeles sin saber qué tiene dentro y ver qué siento. Qué siento encima de cada uno de los papeles, también lo hago. Es decir, cosas más energéticas o emocionales, ¿no?

      Y a veces me funciona ya ahí, y a veces no. Cuando no me funciona ahí, sigo avanzando, y entonces ya me voy completamente al cuerpo. ¿Y qué hago? Pues mira, como te enseñaba antes de empezar, intento conectar mucho con mi niño interior.

      Esta foto del niño interior yo la tengo aquí al lado de donde trabajo, de las pantallas, para no olvidarme de que en última instancia estoy aquí para serle fiel. Intento bajar al cuerpo. Entonces algo que me funciona muy bien es ponerme un tipo de música; en mi caso la música tiene un peso muy bestia en mi vida. Entonces me pongo músicas, normalmente muy tristes.

      Muy tristes, de piano, sin voces ni nada, súper tristes, en una playlist que haría llorar a cualquiera. Dios mío, es una playlist durísima. Eso en mi caso concreto; en otros casos, pues os invito a que busquéis el vehículo. Son músicas muy tristes, me llevan a conectar mucho con mi niño interior. Creo que mi niño interior sufrió mucho de pequeño, esta infancia difícil, y esta música triste me conecta mucho con él. Y desde ahí, ¿qué dice mi cuerpo? Entonces intento que no sea ya ni mental, ni siquiera tanto emocional, que sea corporal, si tiene sentido para alguien lo que estoy diciendo.

      Entonces, ¿qué siente mi cuerpo? Y ahí, pues el cuerpo siente. No es fácil de hacer, o sea, es un proceso como de aprender a hacer esto, a escuchar tu cuerpo, etcétera. Y al final el cuerpo es sabio, el cuerpo es muy sabio y reacciona. ¿Sientes calor, sientes frío ante esta decisión, ante esta otra? Te visualizas con esta decisión: ¿qué siente el cuerpo? ¿Siente un poco más de ansiedad, siente menos? Y entonces intento que el cuerpo diga: esto es lo natural, esta es la decisión natural. Pues bueno, como veis, paso por todo un proceso mental, emocional y quizá podríamos llamar corporal. Hay veces que el mental es suficiente, a veces el emocional es suficiente.

      Y cuando no, el corporal. Ahora mismo estoy en un momento muy corporal, muy corporal. Estoy trabajando con terapeutas muy bestias de estos rollos.

      Porque tengo decisiones muy grandes ahora mismo que tomar, que van a determinar un poco los próximos 10 años de mi vida, y aquí arriba mi mente no logra tomarlas, es que no lo logro. Entonces estamos intentando bajar mucho al cuerpo, ¿no? Y qué habla, qué dice.

      Magali: ¿Se te ocurre algún momento que hayas tenido…

      ¿Cómo se vive un Luna Park lleno y una gira internacional?

      Magali: …como de gloria, donde hayas sentido esa sorpresa de «no puedo creer que llegué hasta acá» o «no puedo creer que conocí a esta persona»? ¿Cuál se te ocurre?

      SOMA: Me vienen dos inmediatos, muy diferentes: uno en la música pura y otro en los negocios, la facturación, la parte un poco más económica. Vale, son muy diferentes, pero igual en la misma dirección de «no me lo puedo creer». Uno de ellos, muy claro, fue Buenos Aires, justamente, el estadio Luna Park, con Porta, este artista del que he hablado antes, la primera vez que hicimos un sold out: 9000 tickets vendidos solo para nosotros.

      Además de llevar el sonido, toda la producción sonora de todo el espectáculo, también cantaba en alguna canción. Entonces, en un momento dado del show tenía que dejar la mesa de sonido, dejar ahí al técnico asistente local, cruzarme por los pasillos con seguridad abriéndome paso por todo el estadio, como si fuéramos estrellas, bueno, porque en ese momento fuimos durante unos años estrellas de esa música. Llegar al escenario después de haber recorrido todo para la siguiente canción, sí, sí, sí.

      Salir al escenario y ver el puto Luna Park, que es gigantesco, lleno de luces de móviles. No se me va a olvidar en la vida esa imagen. Creo que es el cenit, la cúspide de la parte más musical que he vivido. Y estar cantando y flipando a la vez, y decir: «¿Puedo creer que yo lo estoy viviendo?». ¿No es otra persona? Qué fuerte, que soy yo, ¿no? En su momento también como despersonalización, porque casi que te ves desde fuera, pero a la vez estás intentando sentirlo desde dentro.

      Eso es una locura. Momento mágico. A Porta siempre le voy a estar agradecido. Le estoy agradecido por muchas cosas, pero por esta, aunque solo fuera por esta, magia pura hasta mi tumba. Esa imagen no se va a ir, la estoy viendo ahora con mis ojos. Especial. Y la otra, pues mira, muy diferente a esta. Esta es muy emocional, con la música. Esta otra es muy económica, que es el momento en Barcelona.

      En 2020, en mayo, cuando mi mano derecha en el negocio me dice, después de hacer un lanzamiento del Máster de Mezcla con Soma, de este curso online, de este programa formativo… Veíamos que había muchas ventas cada día, era como una locura. Todo el mundo estaba confinado en su casa y ya sabemos lo que pasó. Los que estábamos en ese momento vendiendo vendimos mucho, no porque estaba todo el mundo en su casa: la gente se dedicó a formarse porque no podía hacer otra cosa.

      Obviamente no. La gente estaba desesperada por hacer algo de valor, algo productivo. Durante el lanzamiento vimos que vendíamos mucho, pero a mí no me gustaba saber el total. Durante un lanzamiento de un producto no me gusta saber el total, me gusta saber lo que cae al día, numéricamente hablando, y ya está. Intento luego no recordar qué cayó ayer o hace tres días o seis, pero sabía que las cifras eran muy altas.

      Pero el último día de todos, cuando cerramos carrito de compra, a las 12 de la noche se cerraba, a las 12:30 me reuní con mi mano derecha, que estaba conectada por Zoom desde otra ciudad. Estaba con mi novia y estábamos muy excitados, en plan: “Hostia, hemos hecho una cifra muy interesante, estoy seguro”. Y me dijo: “Hemos hecho un millón de euros”. En ese momento tuve otro momento de despersonalización muy grande, y esta cara de: “O sea, ¿hemos llegado a la cifra?”.

      O sea, ¿realmente no son 850, realmente hay siete cifras? Y el otro: “Sí, sí, sí”. Guay. No sé, una emoción, y abrazarme con la novia y salir afuera, al jardín que tenía. Estaba confinado en un Airbnb, porque yo no tenía casa en esa época.

      Eso da para otra historia. Y salir al jardín y darle las gracias al universo. Y el universo siempre lo simbolicé en ella, mi segunda madre, que murió, la madre de una ex novia. Para mí era una segunda madre, ¿no? Entonces yo, cuando hablo con el universo, hablo con ella. En ella simbolicé las fuerzas cósmicas. Entonces me puedo dirigir como a una persona, pero realmente estoy hablando con el universo, ¿no?

      Y bueno, di las gracias, hice mis rituales de agradecimiento, y la sensación que tú dices de “no me lo puedo creer”. O sea, jamás lo pensé. No había ni una estrategia para llegar a esa cifra. Bueno, pues se dio. Estábamos, pues no sé, en el momento adecuado, con las cosas adecuadas, haciendo lo adecuado.

      Y fue un momento muy bonito, muy, muy bonito, porque no era la cifra, me explico, es lo que simboliza. Eso es lo que simboliza para un niño que quería dedicarse a la música y que luego lo hizo, y que luego quería hacer grandes cosas y tener gran éxito. Bueno, es un símbolo que te destroza la cabeza. Y también estoy muy agradecido, muy agradecido por haber vivido eso. Me gustan ambos momentos, muy diferentes, muy distintos.

      Magali: Quiero ir al mundo de las giras, por tu lado de productor. Aquí, ¿te puedo contar lo que te puedo contar? Porque lo que pasa en una gira… Mirá, se queda en la gira. Quiero saber… Vamos a sacar las cosas que nos podemos imaginar, como la fiesta, el alcohol, las fans, todo eso vamos a sacarlo de esa respuesta, pero quiero saber cómo es vivir una gira internacional.

      SOMA: Te puedo decir que depende de la gira, entonces dime cuál quieres que te cuente.

      Magali: Me imagino que tu preferida.

      SOMA: Porque he hecho giras internacionales que eran más pequeñas, pues hoteles más normales, cifras de gente más normales.

      Y luego he tenido algunas absolutamente locas, ¿no? Con cifras enormes y, por tanto, todo es más grande: toda la infraestructura, la logística, la comodidad también. Bueno, todo. Entonces, para mí, cómo es vivir una gira de mis preferidas: es muy divertido. Realmente es muy divertido, es muy amoroso y es muy agotador. Las tres cosas ocurren en paralelo constantemente. O sea, estás agotado, perdido en un momento dado, pero a la vez, de repente, estás sintiendo una diversión porque te estás muriendo de la risa.

      Al final, en mi caso, he tenido la bendición de hacer giras internacionales muy grandes con amigos, artistas con los que llevaba currando siete años, ¿no? Y tenemos una relación de amistad grande, etcétera. Entonces, claro, el grupo, imagínate las risas, las bromas, putearse uno al otro riéndote. En fin, mil anécdotas que salen en un grupo de amigos viajando por el mundo a todo tren, hoteles de cinco estrellas y todo muy guay.

      Te ríes mucho. Con el grupo de amigos te ríes muchísimo. Entonces son muy divertidas. Luego son muy amorosas, porque hay momentos que yo no he vuelto a vivir fuera de esas giras, momentos de amor por diferentes partes y personas. A veces de algunas personas que podríamos llamar fans, pero al final son personas en las que impacta esa música. Me acuerdo de una señora, no sé en qué ciudad fue, si en Rosario o en Mendoza, no recuerdo, pero en Argentina, que vino a las 9 de la mañana a la puerta del hotel. Nos metimos en la furgoneta, no había nadie, y nos miraba muy raro una señora mayor, 50 años. Quiero decir que no era una niña. Y nos miraba mucho, nos miraba mucho, y al final alguien se bajó de la furgoneta, se abrazaron, y esa señora nos contó que su marido la había maltratado durante toda su vida. Palizas enormes. Y que nunca se había atrevido a separarse de él, y que una canción que hicimos, que se llama “La bella y la bestia”…

      Que hicimos en Barcelona, en nuestro estudio, cuando la escuchó en la radio, porque sonó en la radio argentina, le dio la fuerza y se separó después de 50 años o 40 o 30 viviendo con su marido apalizándola. Eso es amor, eso es amor. En ese momento solo sientes amor, pero amor.

      De una forma que nos miramos todos en la furgoneta.

      Y yo me acuerdo que le dije a Porta: “Alucinante, que a veces estamos en Sant Boi, ahí, en el pueblo, en Barcelona, en el estudio, haciendo canciones”. Fíjate, Dios. Y nos abrazamos todos y lloramos. Y eso es amor, eso es amor. Y puede ser de alguien al que le encanta la música o puede ser amor entre nosotros. Fin de semana pasado, concierto en Barcelona. Déjame ver si está el story publicado… Aquí está el story publicado, ahí está, y te voy a leer lo que pone un artista con el que llevo currando 15 años y que ahora lo está petando.

      Superfuerte. Hicimos un sold out de la sala Apolo de Barcelona, la hostia. Y pone una foto de los dos y pone unas palabras que dicen: “Mi consejero, alguien que puede reconstruirse todo el rato, un ave fénix, alguien con el don de compartir sus dones”. Dime si esto no es amor.

      Es amor puro. Él me quiere, yo le quiero.

      Y la música nos da estos momentos en los que nos amamos, nos lo decimos. Y también me ocurre fuera de la música, pero en el contexto de una gira grande en la que estás viviendo muchas cosas muy intensas, uf, este amor lo sientes de repente con una intensidad que es maravillosa, ¿no? Y finalmente, agotador. Es agotador. Hay días que no sabes en qué ciudad estás. De hecho, lo típico antes de salir al escenario, lo típico de las bandas de juntarse todos en un corro y hacer “1, 2, 3, Mendoza” o “1, 2, 3…”.

      “…Guadalajara”. Puede parecer, y aquí voy a desvelar algo, puede parecer que es por conexión con la ciudad. Es una cosa logística, para que no te olvides de en qué puta ciudad estás, porque vas a salir en 30 segundos al escenario y no puedes decir “¿Qué pasa, Mendoza?” si estás en Rosario. Te matan. No te matan, obviamente. Entonces, pues “1, 2, 3, Mendoza”, vale, estamos en Mendoza. ¿Por qué? Porque obviamente tiras de repente dos meses para arriba y para abajo. No sabes cuántos aviones has cogido, duermes en horarios extrañísimos, a veces un día duermes tres horas y tienes otro concierto al día siguiente, y solo has dormido tres horas y estás reventado.

      Hay tensiones también, precisamente entre los miembros del grupo, porque somos amigos y se exageran las tensiones. Son agotadoras. Es muy agotador, es muy agotador. Y si no te parece mal, quiero compartir una anécdota que creo que no he compartido nunca públicamente. Estábamos en un sleeper, estos autobuses de gira. ¿Por qué? Porque a Porta no le gustaba volar. Entonces, bueno, tenía que volar entre países y tal, pero sí había países en los que nos podíamos mover en estos autobuses de gira, en un sleeper.

      Pues íbamos en sleeper. Argentina era país de sleeper: íbamos de Buenos Aires a Mendoza, Rosario, Córdoba. Todo en sleeper, que es genial, porque son estos autobuses de dos plantas que tienen zona de juegos, salón, PlayStation, camas, son geniales. Entonces me acuerdo de una noche, acabar un concierto, no me acuerdo, pues sería una de estas, Rosario o la que está más lejos, quizá Mendoza, creo. Acabar el concierto a las 2 de la mañana, montarnos en el autobús.

      Fiesta, borrachera en el autobús, porque los conductores te llevan a la siguiente ciudad, que, depende, son ocho horas. Entonces vas a festejar y dormir esa noche en el autobús. Bueno, pues borrachera, no sé quién me metió en mi litera. Y me desperté a las pocas horas llegando a la siguiente ciudad, no me acuerdo cuál, pues Rosario, la que sea. Y me acuerdo de despertarme, apartar la cortina, mirar por la ventana las calles de la ciudad y decir…

      Encontrarte fatal de la fiesta, el cansancio, el agotamiento. Llevábamos ya no sé, un mes girando.

      Y pensar: “¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí? Yo tendría que estar en casa con mi novia, encargándome de mi negocio online”, que ya lo tenía, ¿no? “Aquí desfasando, reventado de la vida”. Y así llegué, como deprimido, al hotel, porque aunque vayas en sleeper llegas a un hotel para darte una ducha, descansar un rato en una cama un poco bien y tal. Llegar al hotel, llamar a la novia por Skype.

      No había Zoom entonces. Y hacer un Skype y decirle lo que te acabo de decir: “Oye, esto, tú, tú, tú”. Y mi novia me dijo algo que para mí es oro y se ha quedado conmigo desde entonces. Me estoy quejando, ¿no?: “Joder, qué hago yo aquí, tendría que estar ahí contigo”. Me dijo: “Cariño, tú necesitas al menos una vez al año eso, porque luego llegas a casa suave, con muchas ganas de verme.

      Cariñoso a más no poder. Si no lo haces una vez al año, te vuelves insoportable en casa”. Y acepté esta combinación de amor, diversión, agotamiento. Son experiencias únicas que no he vuelto a vivir fuera de lo que es una gran gira.

      Magali: ¿Éxitos a nivel de números y de repercusión, y ese balance de experiencias? ¿Cómo es vivir la gira para extrañar tu casa, y al revés?

      SOMA: Pues sí, nos acostumbramos. Sí, es muy guay. A mí me gusta no pensar en la parte logística de mi vida. No me gusta reservar en los restaurantes. No me gusta reservar para el médico. O sea, la parte logística de mi vida no me gusta hacerla. De hecho, estoy pensando mucho en que quiero usar el dinero para que esté alineado conmigo, y creo que quiero invertir dinero en que alguien me lleve la parte logística de mi vida. En las giras esto es la hostia, porque no piensas nada, todo está pensado por alguien: “Ahora tal cosa, tal otra dentro de una hora”. Es genial, con una despreocupación bestial. En ese sentido es muy guay.

      Magali: ¿Cómo pasaste de esto a escribir un libro de poesía?

      SOMA: Yo siempre he escrito, claro. Empecé rapeando, o sea, siempre he escrito, y el rap…

      ¿Cómo nació su libro de poesía y qué proyectos vienen?

      SOMA: Pues no dejas de rimar cosas. Siempre ha habido vínculos con la poesía. Con los años he descubierto algunos poetas, pero no he sido un consumidor de poesía que podríamos llamar clásica o tradicional. Pero me gusta escribir mis cosas y, bueno, ocurrió muy fácil. En un momento dado me di cuenta de que estaba en mi móvil, en las notas del móvil, creando poemas. Aunque en mi cabeza no eran poemas, eran poemas. Mi hermano ya había publicado un libro de poesía y entonces, bueno, entre hermanos todo se pega, ¿no? Y bueno, pues me descubrí y se los enseñaba: “Hostia, ¿qué te parece?”. Y era, pues así, muy durete, un rollo muy duro, muy de este rollo de comunicación cabrona. En un momento dado mi hermano me animaba y acabé teniendo un montón de poemas. ¿Y cómo, en este mundo, hasta cierto punto logras en base a quién conoces?

      Pues yo conocía a gente del mundo editorial, porque llevo toda la vida en el mundo del arte. Entonces conocía a gente en diferentes editoriales y tal. Entonces para mí fue muy fácil coger y quedar con Diego Ojeda, que era el dueño de Mueve tu Lengua, esta editorial que en ese momento además estaba sacando libros de poesía urbana, o como lo queramos llamar, sin parar, muy fuertes. Entonces: “Oye, mira, Diego, tengo algo. ¿Me puedo acercar por la ofi?

      ¿Y te enseño?”. “Vale”. Y al cabo de una semana me acerqué y me puse a leer los poemas en mi móvil. O sea, no presenté ningún manuscrito ni nada: “Te voy a leer cosas”. Y empecé a leer. Y cuando acabé de leer, qué sé yo, 15 poemas, su respuesta fue: “¿Cuándo firmamos el contrato?”. Y ya está, firmamos el contrato. Y entonces, cuando había que sacar el libro, les pasé lo que tenía y me dijeron: “Pero ¿tú eres idiota? Con esto no tenemos ni para 30 páginas, necesitas escribir el triple”. Y pues me puse a escribir mucho más, con esa playlist de música supertriste que tengo, que me conecta con mi dolor. Este libro está escrito desde el dolor puro. Hay tres mujeres en ese libro.

      Una de ellas es la separación superdolorosa que tuve un año antes. Y luego otras mujeres que salieron por el camino y tal. Entonces, bueno, así salió. Si te fijas, es muy natural.

      Magali: Cuando te dijeron que faltaba, que tenías que escribir más, que lo que tenías no alcanzaba, ¿cómo fue eso?

      SOMA: Claro, y yo les dije: “Pues esto es lo que tengo, es lo que hay”. Me dijeron: “No, el libro tiene unas páginas mínimas, ya no te hablo de máximas, pero las mínimas las tienes que cumplir”. Entonces mi reacción, obviamente, enfadarme, pues “este es mi arte”. Y es verdad que mi libro no lo he hecho por otra cosa que por puro arte. Canciones hago, pues porque es mi negocio o parte de mi negocio o lo que sea. A veces hago canciones sin ganas, porque también forma parte de mi negocio.

      Hay que trabajar, pero ese libro no. Pero bueno, enseguida fue como: “Vale, necesito dos semanas”. Y tardé como un año en escribir la mitad del libro y dos semanas en escribir la otra mitad. Y en esas dos semanas lo que hice fue casi encerrarme en casa, reducir mi vida social al máximo, y ponerme música triste y escribir. Y escribí, escribí, escribí. Creo que escribí lo mínimo requerido, pero suficiente para que se publicara el libro.

      Magali: Vos que venís de una industria…

      La industria de la música, donde todo es derechos y contratos y cada uno es dueño de una parte del negocio. Vemos ahora problemas que tienen los artistas, que asumo que siempre pasaron, pero que ahora se hacen recontra públicos, por sus derechos. ¿Cómo fue para vos cambiar el mix, de decir: “Contenido gratis”, viniendo con todo este bagaje?

      SOMA: Pues muy natural y muy normal. ¿Por qué? Porque yo empecé creando canciones gratis, como todos. Todos empiezan creando canciones gratis. Nunca empiezas con 14 o 15 años pensando en que te vas a dedicar a ello realmente, ¿verdad? Estás jugando, estás divirtiéndote en tu adolescencia, sin más.

      Entonces, pues oye, creas gratis. Vale, si puedes vender la maqueta, eso son palomitas. Quiero decir, realmente estás haciendo todo gratis. Y haces conciertos gratis: todos los conciertos que haces durante años son gratis, todos, y si cobras uno de cada 100… Entonces, si te fijas, es el mismo principio: entrega, crea una fanbase, o lo que ahora se llamaría una audiencia, y después vende a esa audiencia o a esa fanbase, ¿ves?

      Eso lo veo muy natural y muy en paralelo. Y eso mola, porque empiezas creando gratis, haces todo gratis. Es más, te gastas dinero: para la maqueta hay que pagar un estudio, no sé qué, y hay que comprarse tal equipo, tal teclado, tal, no sé qué, platos de DJ. No solo no ganas, sino que gastas. Pero con los años, pues vas creando una fanbase, ¿ves? Claro. Y con los años puede que le acabes vendiendo a esa fanbase, ¿ves?

      Es lo mismo que ahora: creas contenido gratis, generas una audiencia. Seguramente pagarás por ese contenido gratis: servidores, a lo mejor diseñadores, no sé, lo que quieras según vayas de en serio o no. Y luego, a lo mejor, pues acabas vendiéndole a esa audiencia que has congregado a tu alrededor.

      Magali: ¿Y ahora, de lo que se viene? Todas estas decisiones y todo lo que va a venir en los próximos 10 años, ¿qué cosas te entusiasman del futuro?

      Lo que puedas y quieras compartir.

      SOMA: Muy poco. Es decir, no quiero compartir proyectos concretos, y te explico por qué, porque me parece la respuesta más interesante que te puedo dar: porque yo creo en lo que llamo “proteger tu certeza”. Cuando nosotros estamos construyendo una certeza en nuestro interior, empezamos a tener una visión, o una visión con múltiples opciones, o varias visiones. Eso es un proceso que lleva tiempo, y dentro tuyo lo que está ocurriendo es que estás construyendo esa certeza. Y yo creo que es un gran activo que debemos proteger a toda costa. Por la boca muere el pez: se nos va la energía diciendo las grandes cosas que vamos a hacer, ¿no? Yo creo mucho en proteger mi certeza. Entonces, boquita cerrada, trabaja, construye esa certeza, modifica la forma, sigue construyéndola. Y cuando digas: “Hostia, ahora tengo una certeza sólida”, ahí la compartes a todo volumen con el mundo. O sea, yo soy de tener la boca muy cerrada mientras esto ocurre, y cuando toca hacer ruido, hago más ruido que nadie. Grito más alto que nadie.

      Haz lo que debas, ¿no? Pero mientras tanto, boquita cerrada. Por eso no quiero compartir proyectos concretos que están ahí y que no sé en qué dirección voy a caminar todavía. Estoy construyendo la certeza, estoy en esa fase y necesito protegerla. Y esto invito a todo el mundo que esté escuchando, viendo esto, a que lo haga en su vida, porque es muy poderoso. La boca nos pierde. Si hablas, incluso a nivel energético, la energía se está yendo.

      Cállala, mantenla dentro tuyo, que la necesitas para crear ahí adentro.

      Magali: Entonces por eso te dije lo que puedas, porque obviamente todas estas cosas llevan mucha maduración hasta que las contás para afuera.

      SOMA: Lo que puedo decir, lo que me apetece compartir, es lo siguiente: que es el futuro.

      A priori. Tenemos nuestros planes, nuestras certezas, y viene la vida y hace “bla”, y te deja temblando. O sea que lo que diga es aire, porque el futuro está por escribir, ¿no? Pero a priori, en mis planes actuales, que ya veremos si se llegan a cumplir o no, lo que tengo muy claro ahora mismo es que no quiero seguir vendiendo cursos. El Soma vendiendo cursos de producción y negocio musical, así sin más, no.

      Entonces, tengo ideas relacionadas con este nicho en el que he crecido mucho, de la formación online de producción y negocio musical. Tengo ideas, pero no van en la onda de que yo siga haciendo ahora el siguiente curso, y el siguiente, y el siguiente. Tengo ideas, algunas de ellas muy locas, así como muy grandotas.

      Y otras, todo lo contrario, como superpequeñitas y exclusivas, con gente muy seleccionada y tal. Entonces no sé. No sé todavía. Mi cuerpo tendrá que hablar en los próximos meses hacia dónde quiero ir. También tengo cosas relacionadas con todo lo que tiene que ver con emprendimiento. Hay un montón de cosas ahí. Creo que he aprendido mucho, creo que estoy en una posición en la que poca gente está en este momento en el mercado.

      Creo que hay mucha gente en el mercado vendiendo “te enseño o te ayudo a facturar el doble, doblar la facturación, alcanzar las seis cifras”. Dios mío, qué vomitivo me parece. Y lo más bonito de todo es que esa gente no lo ha logrado. No has escalado el Everest y estás hablándoles a otros de cómo escalar el Everest. Mira, amigo, a ver, te digo algo, Magali: tú quieres escalar el Everest y tienes dos opciones para hacerlo. Acompañada de un sherpa de esa zona del mundo que lo ha escalado 10 veces con éxito, y tienes otra opción, que es un tipo que no lo ha escalado ninguna vez pero lleva 10 años leyendo todo sobre esa montaña, ha visto todos los vídeos, está formado mejor que nadie, pero no ha escalado ninguna vez. ¿En quién pones tu vida?

      Todos pondríamos nuestra vida en el sherpa. Pues eso, veo ahora mucha gente: “Te enseño a escalar el Everest”. Vale, genial. “¿Lo has escalado tú antes?”. “No, pero sé mucho, mucho, mucho, me he formado mucho, he hecho mil cursos”. “Te ayudo a llegar a seis cifras”. ¿Has facturado tú? “Te ayudo a mejorar tu negocio”. ¿Lo has hecho tú? Es el típico rollo meta de “te enseño a ser millonario y así es como me hago millonario”. No, hijo de puta, no te has hecho. Eso es muy diferente a “me he hecho millonario, déjame enseñarte cómo, así como lo he hecho yo. ¿Quieres que te enseñe?”. Pero es que yo ya he escalado la puta montaña. Entonces yo siento que estoy en una posición, justamente en este momento de saturación de gente vendiendo montañas que no ha escalado… Pues hombre, me llama.

      Me entran ganas de pegarle un puñetazo a ese mercado, así, entrar metiéndome con toda esa gente, porque me parece feo, no me sienta bien. Pero no tengo ni idea de si haré algo en esa dirección o no, o de repente con cuatro o cinco personas muy concretas que piense que realmente están guays para hacerlo. No sé, tengo un montón de ideas, y muchas más cosas de blockchain y NFT. Ahí tengo también todo un mundo ahora mismo, porque van a cambiar completamente la industria musical en los próximos dos o tres años. Entonces también tengo propuestas ahí.

      Magali: ¿Cómo crees que va a cambiar?

      Creo que todo el consumo se va a hacer a través de… Bueno, todo el consumo no, pero creo que una parte muy importante del consumo de música se va a hacer a través de NFT. Creo que el acceso a los artistas y a sus cosas de valor, que pueden ser mil, se va a hacer a través de NFT. Va a haber propiedad digital privada, que es lo que no hay ahora. Creo en los NFT como llaves de acceso a cosas del artista. Y vas a poder, pues de repente, yo compro un NFT que me da acceso a ir a todos los conciertos de un artista y vale 10 euros, muy bien. Pero resulta que este artista dentro de dos años ha crecido 10 veces, y esa llave vale mucho dinero ahora, porque esa llave ya no solo da acceso a los conciertos del artista, sino que te da acceso a un fin de semana…

      Con él al año. Y ese artista, encima, ahora está supergigante. Esa persona que compró el NFT por 10 lo va a poder vender por 100, lo que sea. ¿Entiendes lo que quiero decir? Creo que los NFT van a cambiar la distribución musical, el reparto de royalties, derechos de autor, etcétera. Ahora yo dependo de que mi editorial se ponga de acuerdo con la entidad, con la SGAE en este caso, la sociedad de gestión, y me llegue lo que me llega. No tengo forma de saber si lo que me llega es lo que me debería llegar.

      No tengo forma.

      En blockchain sí, claro.

      Porque ahí queda registrado, notariado, y mientras no se pueda hackear… Y además, con un smart contract, el movimiento del dinero se va a hacer automático. Eso sería genial. La trazabilidad del dinero cuando hay muchos participantes. Y en el mundo de la música es lo que tú has dicho: de repente en una canción hay nueve firmas, ¿sabes? Entre autores, arreglistas, compositores, sus correspondientes editoriales… Bueno, entonces yo creo que va a cambiar completamente la industria de la música, ¿no? Entonces ahí también hay cosas que me están planteando. Hay gente que se está acercando con: “Tío, tenemos esta idea de NFT y blockchain en el mundo de la música.

      ¿Quieres invertir?”. Entonces también me estoy planteando la opción de directamente invertir, como puro empresario que invierte, no sé. Y muchas más, que me estoy callando para no enrollarme más. Hay muchas opciones ahí. Ya veremos. Con algunas estoy más conectado, con otras menos. Estoy construyendo mi certeza, voy a tirar muchos meses de 2022 construyéndola. Lo que tengo claro también ahora mismo, para acabar con esto, es que me quiero ir a vivir fuera de España. Ya lo he hablado con mi familia. Me quiero ir a vivir fuera, lo siento, siento un grito dentro mío muy fuerte de…

      Aventuras, cambiar escenarios. Y para eso, pues estoy ahora en todo un movimiento muy grandote, ¿cómo ves? O sea, siento que se ha acabado una etapa, así, a muchos niveles de mi vida, y empieza una nueva. Y eso, como todo gran cambio, aunque uno esté alineado con ese cambio y tenga muchas ganas, todo gran cambio trae su dosis de incertidumbre, de nervios, de dudas. Entonces hay que gestionarlas. Estoy como en un momento de nervios, de dudas, de tal, pero a la vez en un momento de ilusión, de excitación, de posibilidades.

      El otro día le decía a mi madre… “¿Cómo estás, niño?”, porque tendré 60 y seguiré siendo un niño pequeño para ella, cosa que me parece muy bien. Ojalá no cambie. “¿Cómo estás?”. Y yo le decía: “Me siento muy afortunado”.

      Porque tengo la capacidad, la oportunidad de poder decidir qué visión quiero y trabajar por ella. Y no todo el mundo en este planeta puede decir lo mismo. Creo que poca gente puede decir “qué visión me apetece”. Lo lógico, según la visión de la mayoría, creo que sería: “Tienes un negocio millonario, sigue”.

      “Sigue, tío, sigue”. Pues hubiese sido lo mismo que con el estudio y aquello, cuando cerré y me fui de viaje a Latinoamérica: “Tío, tienes todo esto, sigue”. En cambio, no seguir y decir: “No, esto se ha acabado, quiero otra cosa”. Me ha traído grandes cosas. Pues ahora, por muy grande que parezca esto, viene algo nuevo y me va a traer grandes cosas. No hablo de facturación, hablo de alineamiento conmigo, de propósito, de sentirme muy centrado en lo que gasto mis horas, y felicidad. Y eso es un privilegio, es una bendición, estar en esta posición.

      En la que puedo decidir qué quiero, qué veo. Pues veo caballitos verdes, y venga, pues a trabajar para caballitos verdes. Hostia, doy gracias. Muchas gracias por esta vida, que me permite esto.

      Soma, ¿se te ocurre un podcast y un libro para recomendarles a quienes nos escuchan?

      SOMA: No, porque no consumo podcasts, aunque tengo una idea también de hacer uno y tal. Pero yo no los consumo. Todo el mundo tiene una idea de hacer podcasts ahora. Libros sí, demasiados. Uno que seguro, 100 por 100, me cambió mucho en 2012: “El libro negro del emprendedor”, de Fernando Trías de Bes.

      Ese libro para mí es biblia. Habla sin trampas, sin hype ni vendernos, de lo que es emprender. Básicamente, lo que viene a decir es que la cosa no va de tu idea, la cosa va de si quieres que esa idea sea la que traiga la incertidumbre a tu vida. Ese es el resumen del puto libro. Emprender es vivir la puta incertidumbre. Libro obligado para mí. Algún otro, a cambio de que no he recomendado podcasts: este no le va a gustar a mucha gente, pero creo que a toda la gente despierta debería gustarle, “El rebaño”, de Jano García.

      Este es relativamente nuevo. Está ahora mismo en las librerías. Ese es. Bueno, venga, ahí, porque de verdad que con libros puedo no parar.

      Magali: Ya tenemos dos, y uno que aparecía antes. Ahora, este es el momento de la verdad. Llevamos aquí una hora y media… Vamos, este es el momento de la verdad, porque la siguiente pregunta que yo hago es si vos tenés un hábito o una rutina que te sea muy funcional. Pero vos en 2018, en otra entrevista, dijiste que tenías muy malos hábitos, que te despertabas tarde, que comías mal. Se está riendo. Y que ibas a empezar a trabajar en ello. Hoy, 2022…

      ¿Me vas a enfrentar a la hemeroteca?

      SOMA: ¿A mis propias…? Esto no.

      Magali: No, no, ¿soportás el archivo? ¿Tenés alguna respuesta distinta para darme?

      SOMA: No. Realmente, por eso me río, porque realmente sigo teniendo muy malos hábitos. Cuatro años después sigo despertándome tarde, a no ser que haya un pico de trabajo, en cuyo caso yo soy un loco que trabaja lo que haga falta, ¿no? En plan 15 horas, 16, lo que haga falta. Pero si estamos en mi normalidad, yo me despierto a las 10 de la mañana, tranquilo, duermo mis nueve, diez horas, bien. Sigo comiendo mal, en el sentido de que no tengo una nutrición así muy buena y sana, ¿no?

      Magali: OK, acá tenemos otra forma de vida. Respondió perfecto.

      SOMA: Dicho lo cual, puedo decir algo, que es: sigo con ganas de cambiar estos hábitos. A lo mejor en 2026 podemos volver a verlo.

      Magali: Bueno, bueno, acá está la intención, quiero que quede registrado.

      SOMA: Venga. Al final, mira, soy un ser humano, tengo mis carencias, tengo mis límites y creo que está bien, ¿no? También hay que ser muy honestos con esto. Al final creo que es una cuestión de prioridades vitales. En mi caso he tenido, y sigo teniendo, aunque estoy trabajando en ello…

      La creencia… Todo esto es el resultado de creencias. La creencia de que o me centro en hacer crecer mis negocios y toda esta parte, o me centro en cuidarme mucho, desarrollar buenos hábitos y tal. Sé que eso es una creencia falsa. Es más, creo que justamente generar hábitos muy positivos y muy sanos va a repercutir positivamente en mi negocio. Pero bueno, oye, tengo esa creencia. Tengo tatuado aquí “sin dolor no hay recompensa”, “no pain, no gain”. Imagínate, para tatuarme que sin dolor no se ganan las cosas.

      Ahora ya no lo creo, pero lo creí durante muchos años, más de media vida. Lo he dejado de creer hace un año o dos.

      Magali: Bueno, pero está el hábito de dormir bien. Mira, algo que rescatamos: duerme ocho horas. ¿Quién puede decir eso?

      SOMA: Eso lo tengo. Yo duermo nueve, mínimo nueve.

      Magali: Mínimo nueve. Aprobado.

      SOMA: ¿Con qué poco?

      Magali: No, pero sí, sí, acá se aprueba con nada.

      Ahora, ¿qué le dirías a tu versión de hace 10 años atrás? O sea, 2012: viaje por Latinoamérica de mochilero, cierra el estudio, empieza el blog. ¿Qué le dirías con todo lo que sabés hoy?

      SOMA: A mí de hace 10 años atrás: todo va a ir bien, tranquilo. No es muy llamativo, pero es lo más poderoso que tendría. Incluso con todas las cosas malas que he vivido, ¿no? El cómputo global. Tranquilo, no tengas miedo.

      Magali: ¿Dónde es tu lugar preferido en Internet para que la gente te encuentre?

      SOMA: Instagram, definitivamente. En este momento Instagram. Mi usuario es “tumellamassoma”, con las dos eses, todo junto: tú me llamas Soma. Porque, fíjate, hasta el nombre de Instagram lo que dice: “tú me llamas Soma”. Ni siquiera lo soy, pero tú me llamas Soma. Entonces, lo que hablamos antes de los haters o de lo que sea, del desapego, de la distancia: hasta en el puto nick, el puto nombre de usuario, está esa cosa de desapegarte.

      Si alguien quiere decirme cosas bonitas a raíz de escucharme aquí contigo o de verme en el futuro en más entrevistas, que me escriba. Si alguien me quiere escribir solo para decirme lo poco que le ha gustado o darme alguna crítica, por favor, no me contacte, porque yo no creo en esto de las críticas constructivas. No compro ese discurso. Si vas a traerme algo negativo a mi día, no, tío, a saber cuándo yo recibo los mensajes. “Oye, tío, no me ha gustado porque…”. Me lo puedes argumentar muy bien, no me importa, no me importa. No me traigas eso a mi día.

      ¿Hay que escuchar las críticas que nadie pidió?

      SOMA: Pero si es para algo bonito, entonces escríbeme un mensaje, que me encantará saber que te ha aportado algo positivo.

      Magali: ¿Y cómo te llevás con la crítica constructiva desde lo bonito, o sea, con buena intención?

      SOMA: No, ni con buena intención. No compro las críticas, el feedback no, si no lo pido, ¿no? O sea, si yo quiero feedback, porque lo quiero por algún motivo, pues lo pediré: “Oye, por favor, decidme qué os ha parecido”. Si no lo pido, ¿por qué tienes que dármelo? ¿Por qué ley divina dice que tu opinión la tengo que recibir, por positiva que sea? Que ya te digo, discutiría hasta ese concepto, pero da igual, por positiva que sea. ¿Dónde está escrito que yo debo recibir algo de ti? En serio, que alguien me lo diga. Si yo quiero algo de ti, no te preocupes, que ya lo pediré: “Oye, por favor, decidme qué os ha parecido.

      Si bien, si mal, cómo lo puedo mejorar”. Vale, pues las veces que lo pido, obviamente. De repente a mis alumnos les digo: “Oye, ¿qué os ha parecido esto? Decidme”. Ahí quiero saber, porque me importa, porque ese feedback de repente tiene una utilidad que yo deseo en ese momento concreto. Pero fuera de esos momentos, ¿por qué yo tengo que recibir tu opinión sobre algo que he hecho? Es más, creo que eso daña a mucha gente. Vivimos en este mundo justamente interconectado, en el que el acceso a cualquiera está a un clic de distancia, ¿no? O a un mensaje directo. ¿Y eso te da derecho a contactar con esa persona para decirle lo muy importante que es tu opinión sobre este cuadro que ha colgado en el museo? Si de verdad tu opinión es así de importante, en serio, vaya ego tienes, amigo o amiga.

      ¿Tu opinión? Claro, claro, el autor se tiene que enterar, es muy importante tu opinión. Venga, hombre, que te acuestes. No es importante. Siempre digo una cosa: todos tenemos un agujero en nuestro culo. Todos tenemos una opinión. A nadie le importa tu agujero del culo; a nadie le importa tu opinión. Bájate del árbol, que parece que te han dado el megáfono de las redes sociales y te crees que a todo el mundo le importa lo que opinas.

      Tronco, bájate del árbol. Y menos al autor o creador o persona que ha hecho X. Es más, yo he hecho, ¿tú qué has hecho? Para mí, alguien que ha consumido algo que yo he hecho, pues tendrá su opinión. Pues estupendo, oye, fabuloso. Igual que tienes tu agujerito en el culo, pues muy bien, guárdatelo, que si lo quiero ya lo pediré. Respeta mi puto espacio. Esa es mi visión. Entonces no digo que no quiera críticas constructivas a veces. Bueno, cuando las quiero, las pido. Si no las pido, va implícito que no las estoy buscando, porque si las buscara, no os preocupéis, que ya lo voy a decir bien clarito. Entonces bajaros del puto árbol de que vuestra opinión tiene algún tipo de relevancia.

      Magali: Y compro lo de este concepto, que la opinión venga de alguien que haya hecho algo; eso está bueno, que no sea solo un consumidor.

      SOMA: En todo caso, pero para mí, mira, en todo caso, tiene que partir de que esa persona quiere tu opinión.

      Porque si no la quiere, ¿de verdad la quieres imponer? ¿Por qué la quieres trasladar? ¿Por qué se la quieres comunicar? ¿Qué necesidad tienes tú ahora mismo, o qué carencia estás cubriendo, estás intentando llenar, obligando al otro a recibir tu opinión? Pero de verdad, ¿por qué? “Es que es muy positiva, le ayudaré con mi opinión”. Ya, pero es que no te la he pedido. ¿Tú vas por la calle dando opiniones a la gente? A lo mejor ves a alguien que hace algo en la calle y tú dices: “Hostia, esto podría cruzar mejor”. Y si le puedes decir cómo puede cruzar mejor la calle, ¿lo haces? No.

      Te callas tu puta opinión, porque entiendes que esa persona no está interesada en recibirla. ¿Por qué online… …lo hacemos? Porque no respetas el espacio de esa persona. Haya hecho, no haya hecho, tengas una gran ayuda que compartir o no, la persona no te ha pedido nada, tío. E insisto, si quiere, pues oye, que lo pida, que lo pida: “Oye, estoy muy interesado en conocer vuestra opinión sobre esta entrevista”. Pues yo lo diría, pero es que no estoy interesado. Si vas a decirme algo bonito, dímelo, me alegrarás un poquito el día. Y si no me vas a decir algo bonito, pues no me lo digas, porque no quiero esa energía en mi día, porque a saber qué estoy haciendo ese día en concreto, y de repente vienes tú a entrar en mi mundo…

      A decirme no sé qué cosa, que es muy constructiva. Venga, a ver, que te acuestes. Que te acuestes y déjame tranquilo con mi vida, que ya bastante tengo con vivirla. No sé, yo no voy dando mi opinión, te lo digo en serio. Yo no escribo a la gente para dar mi opinión nunca. Yo jamás he dado un “no me gusta” en YouTube. ¿Cómo que no me gusta? ¿Pero a quién le importa que no te guste? No te gusta, pues pasa, sigue avanzando con tu vida, ¿no?

      “Que se enteren, es muy importante”. ¿Qué carencias emocionales tienes, amiga o amigo, para tener la necesidad de decir “se tiene que enterar esta persona de que no me gusta”? Me lo imagino así: “Se tiene que enterar”. ¿Por qué se tiene que enterar? Yo veo cosas, muchas, muchas, que no me gustan, y lo que hago es ir a por otra cosa. No voy a invertir más tiempo en esta cosa que no me gusta. ¿Para qué voy a invertir mi energía, mi capacidad como ser divino que soy, ser de luz, en un “no me gusta”? Y ahora lo voy a llevar un paso más allá y le voy a dejar un comentario, porque si no ha visto el “no me gusta” en el contador, que vea mi comentario. Y ahora, más allá, le voy a enviar un mensaje por privado. Pero tío, cómprate una vida. Vive tu vida, vive positivo. Y eso no es gilipolleces de “El secreto” ni pensamiento positivo.

      Es actuar en la positividad. Y a veces es tan simple… Eso no es el pensamiento mágico pendejo del positivismo, de no sé qué. Es tan simple como vivir en la posibilidad, cómo no actuar desde la negatividad. Tan simple como eso.

      Magali: Sí. Y que el consumo irónico no existe: o lo consumiste o no lo consumiste. Si lo consumís y no te gusta, es que sos fan.

      SOMA: Eso es lo peor. Con esto tengo bromas, en plan…

      “Yo no tengo haters, tengo fans en fase de negación”. Es una frase que pongo mucho en mi Instagram. Pero bueno, estoy aquí vacilando y riéndome, pero realmente lo digo en serio, en un mundo en el que las redes sociales son un vertedero de “esto no me gusta, esto no me gusta, esto no me gusta, esto no me gusta”. Y nos creemos que es mentira, que no es así porque damos “me gustas”. Ya. Vaya tela. No, tío, a nadie le importa tu puta opinión. Tenla, vive acorde a ella y deja a los demás. Esa es mi opinión sobre este tema, y sé que no es la opinión habitual, porque “hay que estar abiertos a las críticas constructivas”. ¿Por qué? Pero ¿quién lo dice? ¿Las tablas de Moisés venían con eso ahí escrito, en el undécimo mandamiento?

      “¿Te abrirás a las críticas constructivas?”. Vete a tomar por culo. Quizás estaba y se perdió.

      Magali: Bueno, Soma, ¿cómo cerramos este capítulo? ¿Palabras o pensamientos finales, último mensaje a la audiencia que todavía no hayamos tocado y que haya quedado ahí, en el fondo de tu cabeza?

      SOMA: No sé si lo habremos tocado o no, ahora, claro, como estoy muy en la onda de lo que estamos hablando, pero quizá para acabar me gustaría decir: oye, haz un esfuerzo por vivir tu vida de forma coherente con lo que crees, no con lo que los demás esperan de ti.

      Ni los cercanos ni los lejanos. Haz un esfuerzo por esto que acabo de decir, porque hacerlo vale la pena, siempre hay recompensa, de la forma que sea. Esfuérzate por vivir una vida en tus términos, en lo que crees. Piénsalo, cómo estás dispuesto a defenderlo, y esfuérzate por que así sea. Apártate de la negatividad en la medida en la que puedas. Céntrate en ti, sé un egoísta en el gran sentido de la palabra. Cuídate. Quiérete.

      Ponte primero, y desde ese cuidado y ese amor primero…

      Ahí podrás compartir con otras, con otros. No juzgues. Nadie sabe, nadie está en la posición de juzgar la vida de otro. Sé amable siempre. Y con esto creo que me despido.

      Magali: Gracias, Soma, por todo este tiempo, por compartir, por abrirnos tus procesos, tus historias, historias inéditas. Me imagino que esto va a tocar la fibra de muchas personas.

      SOMA: Ojalá. Ojalá. Gracias a ti por invitarme. Me ha encantado charlar contigo. Mira que hago charlas y respondo preguntas y tal, pero me ha gustado mucho por donde hemos caminado juntos. Me ha encantado, y ojalá toque la fibra en la dirección que sea. No pretendo que te guste, pretendo que te impacte en la dirección que sea. Y si hay algún oyente que se ha sentido enfadado o se ha sentido ofendido, te invito a que te preguntes por qué. Porque ese enfado o esa ofensa no tiene que ver conmigo, no tiene que ver con Soma.

      Tiene que ver contigo. He actuado de disparador, sin yo saberlo, de algo que está dentro tuyo. Y si lo analizas con humildad, no diciendo “este es un gilipollas”, sino sin reaccionar, como he dicho hace un momento, ahí hay regalos para ti que te vas a dar tú misma o tú mismo. Ojalá, pues, esta charla impacte en las direcciones que sean, pero que impacte, porque ahí hay cosas buenas para cada persona que recibe ese impacto. Toma, gracias. Te mando un abrazo.

      Hasta España, y nos vemos en algún lado del mundo, que así sea. Ya no sé yo si será Buenos Aires, pero estoy seguro de que nos vamos a cruzar. Gracias a ti, Magali. Gracias y felicidades por el proyecto.

      Magali: Muchas gracias. Gracias por escuchar este capítulo. Todo lo que hablamos y los links están en las notas del episodio. Tiene que haber algo más está conducido por mí, Magali Bejar.

      ¡Nos vemos la próxima!

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