Valentín Muro

Sobre Valentín Muro

Valentín Muro se dedica a entender cómo funcionan las cosas. Estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires, enfocado en el impacto del discurso anti-ciencia en la sociedad y el desarrollo de la ciencia misma. Desde 2017 lleva adelante “Cómo funcionan las cosas”, un newsletter semanal que se enfoca en relatos de ciencia, filosofía, historia y literatura y sirve como plataforma para promover la curiosidad.

Guía: cómo aprender a aprender en 7 días

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    De qué hablamos con Valentín Muro

    • Presentación Valentín Muro
    • Tener muchos intereses y es difícil encajar
    • El valor de ser diferente a los demás
    • Cómo no dejar de avanzar cuando no sos experto
    • Pensar cómo cada cosa que nos interesa se conecta entre sí
    • Que aprende a aprender temas complejos y escribirlos de forma sencilla
    • No intimidarte por abordar un tema
    • El ejercicio de leer wikipedia más seguido
    • Poder mantener ojo del principiante para hacer preguntas más interesantes
    • Que es lo difícil de mantener un newsletter a largo plazo
    • Cuánto le gusta a la gente que lee tu newsletter
    • Archivar a la gente que hace 3 meses no lee los correos para que no inflen los números
    • La devaluación del término creatividad
    • Identificar a quien le gusta lo que vos hacés
    • Qué podés hacer para que tu trabajo sea tan personal que no se pueda plagiar 
    • Por qué nace cómo funcionan las cosas
    • Escribir de manera sostenida mediante un newsletter
    • Que los lectores estén esperando tu correo en sus bandejas
    • Cómo es el proceso creativo detrás de cada correo
    • La organización de escribir y mandar los emails
    • La decisión de narrar en audio los correos para que sea más accesible 
    • Cómo monetizar el newsletter
    • La preparación para renunciar a su trabajo en relación de dependencia para dedicarse al Club de la Curiosidad
    • Ayudar a gente en pandemia mediante los emails diarios
    • Donar parte de los ingresos que recibe
    • Apoyar a otros creadores – 52
    • 28 días para sentirse mejor
    • Las sugerencias de la audiencia para sentirse bien
    • Dar consultoría de como hacer un newsletter
    • Como elige en qué proyectos involucrarse
    • Borde entre trabajo y ocio
    • La inspiración no puede ser un factor para crear
    • Recibir un diagnóstico de espectro austista como buena noticia
    • Usar tu debilidad a tu favor
    • Ser autodidacta en el aprendizaje
    • La falta de inclusión y accesibilidad en las universidades
    • Aplicar el conocimiento de funciona el cerebro en la educación
    • Sistemas de incentivos para cambiar
    • Registrar el tiempo que te llevan las diferentes tareas

    Menciones de Valentin Muro

    • Mary Roach
    • Paul Jarvis – Company of one
    • Austin Kleon – Steal like an artist
    • Axel Marazzi 
    • Wazzabi 
    • El Gato y la Caja
    • Evernote
    • Pocket
    • Maria Popova
    • Peter Signer
    • Flor Sichel  Hartas

    Recomendaciones

    • Libro the martian
    • Libro: El gen egoísta Richard Dawkins 
    • Podcast https://www.thebuglepodcast.com/
    • Podcast Cashing with TJ Miller – https://podcasts.apple.com/us/podcast/cashing-in-with-t-j-miller/id512774441

    Transcripción

    Valentín Muro es filósofo y creador de Cómo funcionan las cosas, un newsletter semanal sobre ciencia, filosofía, historia y literatura que escribe desde 2017 y del que vive hace tres años. En la charla cuenta cómo investiga y escribe cada correo, cómo lo monetizó con suscripciones, por qué renunció a su trabajo y qué cambió con su diagnóstico de espectro autista.

    Introducción

    Magali: Hola, Valen. Bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a conversar conmigo.

    Valentín: Gracias por la invitación.

    Bueno, vamos a empezar este capítulo presentándote, quién sos, para quien no te conoce y que tenga un poco más de contexto antes de meternos de lleno.

    Generalmente, la pregunta por quién soy depende del contexto en el que me pregunten. Tengo distintos sombreros, depende de dónde esté, y por eso termino resumiendo quién soy a la curiosidad y a que soy una persona muy curiosa que hizo muchas cosas muy distintas a lo largo de su vida. Tengo una larga historia en la industria de la tecnología. Trabajé poco más de 15 años como programador, haciendo otros proyectos. También trabajé muchos años en proyectos educativos, principalmente vinculados a uno de mis principales temas de investigación, que es la cultura y la ética hacker, que vincula fuertemente a la filosofía, a la educación y a la tecnología. Y hace 5 años empecé un proyecto de escritura, de literatura y filosofía, que se llama Cómo funcionan las cosas.

    Y hoy hace 3 años que vivo de eso, que es escribir todas las semanas acerca de cómo funciona una cosa distinta y enviárselo a miles de personas por correo electrónico. Como en algún momento eso creció mucho, me empezaron a apoyar económicamente algunas personas, hasta que eso me permitió renunciar al resto de cosas que hacía para dedicarme principalmente a eso. Y por último, trabajo haciendo consultorías en estrategia, tecnología y comunicación para distintas organizaciones, como el Banco Interamericano de Desarrollo y varios medios y proyectos independientes.

    Magali: Me gusta algo en particular de esta introducción, que es lo alineada que estaba con mi preparación para la primera pregunta, porque escuché lo que se venía. Me diste un pie espectacular: programador, director creativo, columnista, etcétera. ¿Qué le dirías a alguien que tiene muchos intereses y es difícil de encasillar?

    ¿Por qué tener muchos intereses puede ser una ventaja y no un problema?

    Valentín: Generalmente, la educación está pensada para normalizar y para que las personas salgan de un proceso de cierta cantidad de tiempo de una manera más o menos igual. Es decir, esperamos que todas las personas que terminan la escuela primaria, la secundaria, luego una carrera universitaria y luego un posgrado puedan dar cuenta de ciertas competencias al mismo nivel. Todas las personas que se reciben de abogadas tendrían que saber las mismas cosas de abogacía y demás.

    En principio, eso supone un problema muy grave, que es que cada persona es muy parecida a la siguiente. ¿Entonces por qué alguien habría de contratar a una persona que estudió abogacía o a otra? Ahí es donde empezamos a indagar no solo en lo que estudió esa persona, sino en qué es lo que hace a la identidad de esa persona, y el mayor atajo que tenemos para identificar eso son sus intereses personales, lo que mueve a esa persona. Tenemos 2 personas que estudiaron abogacía, pero una también hace paracaidismo, y a la otra le interesa mucho la filosofía, y a otra la tecnología, y a otra la gastronomía y demás. Dependiendo de qué es lo que queramos hacer, va a tener distinto valor la diversidad de nuestras competencias.

    Lo que tenemos que sacar a relucir, si queremos distinguirnos del resto, es justamente qué es lo que nos hace personas únicas, qué es lo que hace única a nuestra identidad, y en eso justamente están nuestros intereses personales. Lo que mueve a nuestra curiosidad generalmente no va a ser idéntico a lo de la persona que tenemos al lado, y mejor aún si tenemos muchos intereses personales. Entonces tenemos una gran ventaja frente a las personas que están al lado nuestro, que quizás simplemente estudiaron una carrera pero luego no tienen bien identificado qué es lo que les da esa ventaja.

    Magali: ¿Cómo se llamaba? ¿La unfair advantage, o la ventaja injusta sobre el resto de las personas?

    Claro. Hay algo que vos hacés muy bien desde mi óptica, viéndolo desde afuera, que es que lográs comunicar un tema del cual no sos experto y, mediante tu investigación, lográs un gran conocimiento al respecto.

    Pero creo que en general hay un tema del perfeccionismo: nos cuesta mucho avanzar cuando no nos sentimos expertos de las cosas. ¿Cómo hacemos para que menos gente se frene por no ser experta en algo?

    Valentín: Creo que podemos partir de reconocer algo obvio, que es que cualquier persona que sea experta en algo es únicamente experta en algo muy pero muy minúsculo. La vastedad de lo que alcanzamos en torno al conocimiento es tal que solo podemos saber una parte muy pequeñita, una gota en un océano. Entonces siempre es mucho más lo que no sabemos. En ese sentido, hay una cuestión en torno a los expertos, los genios y los héroes (y uso el masculino adrede) que de algún modo distorsiona la realidad.

    Esperamos que las personas a quienes llamamos para que hablen en un escenario o en una entrevista y demás sean expertas en tal o cual cosa. Pero generalmente aquello de lo que son realmente expertas es muy poco, y entonces no es algo tan interesante ni tan bueno como criterio para establecer cuánto sabe una persona. De algún modo está sobreestimada esa cuestión del conocimiento. Creo que lo importante en torno a lo que sabemos o lo que podemos aprender es qué podemos hacer con eso.

    Y hacer en un sentido muy amplio. Desde escribir con eso hasta de qué manera puede volver a nuestra cotidianidad, de qué manera lo aplicamos en nuestra vida cotidiana, en las cosas que hacemos. Ahí es donde la diversidad de cosas que nos interesan y de cosas que podemos estudiar, que es en principio ilimitada, puede ser una gran fuente de ventajas en las cosas que hacemos. La creatividad, si es en última instancia vincular cosas que no estaban unidas originalmente, se sirve principalmente de la diversidad de cosas que nosotros manejemos. Si dominamos muchos puntos muy lejanos entre sí, cuando los unimos forman una imagen mucho más rica que si todos nuestros puntitos están muy cerca entre sí. Y en eso creo que no… No se trata de ir en contra de la especialización ni de apuntar a que las personas se vuelvan expertas, sino más bien de reconocer que en simultáneo se pueden explorar otras cosas, además de aquello en lo que estamos, por ejemplo nuestro doctorado, nuestra investigación o lo que sea, y esas cosas, de una manera muchas veces inesperada, se retroalimentan entre sí. Un gran truco es tratar de ver, para cada cosa que nos interesa, cómo se conecta con el resto de cosas que nos interesan.

    ¿Y por qué sucede eso? Porque si me dedico a investigación en experiencia de usuario, me interesa tanto una estrategia de lanzamiento de un disco de Taylor Swift, por ejemplo. ¿De qué manera todo eso puede darnos ideas que pueden ser novedosas y, por definición, creativas?

    Magali: Me gusta que en este ejercicio hacés esto al tiempo de comunicar temas que son muy complejos de una forma muy simple para que el resto de las personas lo podamos digerir. ¿Qué sentís que aprendiste de hacer esta transformación?

    Valentín: Primero, en virtud de la cantidad, puedo dar cuenta de que se puede aprender sobre casi cualquier cosa. Y generalmente, para el tema que sea, vamos a encontrar no mucho más de 5 a 10 libros que son los libros principales sobre eso, los que más se citan entre sí y los que de algún modo marcan las pautas de cómo se desarrollan esos temas.

    A veces esos libros comienzan muy atrás. Entonces nos remitimos, no sé, a un diálogo de Platón en donde se menciona tal discusión, por ejemplo ética, y de ahí vemos distintos desarrollos que muchas veces llegan hasta la actualidad, y a veces son temas más recientes. Entonces encontramos que el primer comentario sobre eso está en la Edad Media, o quizás hace 50 años, o quizás hace 15, pero siempre podemos encontrar un puñado de referencias en donde está bastante bien sintetizada la cuestión. Y en eso creo que tenemos que procurar no abrumarnos ni intimidarnos por abordar algo que desconocemos. Generalmente sobreestimamos la cantidad de tiempo que nos tomaría entender algo, al menos hasta el punto en donde podemos vincularlo con algo más.

    Si yo me siento 2 horas a leer sobre mecánica cuántica, no puedo dar una clase sobre mecánica cuántica. Pero al menos, por ejemplo, puedo entender mejor de qué hablan cuando sale una noticia acerca de computación cuántica, o darme cuenta de que la vasta mayoría de las cosas que escuchamos sobre cuántica son erradas, es decir, finalmente se trata de apropiaciones New Age o cosas así, en donde se habla desde el principio de incertidumbre como si significara algo que no significa, y de repente la gente habla de teletransportaciones y cosas así que en realidad no son lo que podemos leer en la ciencia.

    Entonces creo que el ejercicio de leer Wikipedia más seguido y leer sobre las cosas que nos llaman la atención toma mucho menos tiempo de lo que pensamos y es mucho más rico de lo que asumimos.

    Magali: ¿Y lo que mencionabas antes, que es cómo abordar temas?

    Yo generalmente evito los temas sobre los que estudié mucho, porque hace más difícil un ejercicio crucial para lo que hago, que es poder mantener el ojo del principiante, poder mantenerme ignorante para poder hacer preguntas más interesantes o al menos más entretenidas. Entonces abordo temas sobre los que nunca leí, por ejemplo las recetas, no las recetas en gastronomía, que me lleva directamente a cuestiones como el desarrollo de la cocina a lo largo de la historia de la humanidad, la invención o el descubrimiento del fuego, pero también el rol social que tuvieron los recetarios después de la guerra civil en Estados Unidos, cuando se abolió la esclavitud.

    Entonces las mujeres que tenían esclavos y esclavas en sus casas tuvieron que aprender a cocinar, porque era algo que antes hacían esas personas. De repente, el recetario se volvió una parte fundamental de los elementos que alguien tenía que tener en casa para poder alimentar a su familia. Si yo hubiera sabido mucho del tema, no hubiera podido hacer ese recorrido, en donde lo que yo trato de replicar es lo que hace muy bien una autora que se llama Mary Roach, que es una escritora de ciencia estadounidense. Lo que ella hace es escribir libros temáticos y arrancar de su desconocimiento, y te va llevando hasta que al final de 300 páginas vos aprendiste más o menos lo mismo que ella.

    A partir de lo que ella va investigando. Entonces yo trato de replicar eso y también demostrar que detrás de cualquier tema que atraviese a la humanidad hay personas, hay humanidad. Lo que trato de recuperar son esas historias, justamente, de que las cosas nunca son lineales y de hecho son mucho más accidentadas e interesantes de lo que damos cuenta cuando no nos preguntamos por esas cosas.

    ¿Y cómo sabés cuándo algo está… Lo suficientemente simplificado para ser compartido.

    Valentín: Bueno, trato de no simplificar en ese sentido. Creo que hay que respetar la complejidad en su complejidad, y muchas veces las simplificaciones nos llevan a reduccionismos. Es algo que trato de tener presente y es algo muy difícil en la escritura, especialmente cuando se trata de escribir sobre ciencia y filosofía para públicos que no son ni científicos ni filosóficos. En eso creo que el ejercicio está en buscar qué parte es la que debemos preservar y cuál es el detalle que debería haber una persona en segunda instancia.

    A veces, bueno, ya estoy hace 3 semanas con esto y llevo 40 horas trabajando en este tema, entonces tengo que soltar. Me pasa más últimamente que me empiezo a meter tanto que se vuelve como mi vida. De repente en mi vida son las plantas en el hogar, cuando escribí sobre eso estuve muchas horas. En un momento fueron los vampiros, o los payasos, o las películas de terror. Bueno, las recetas.

    Y de repente es, bueno, no puedo, o sea, el siguiente paso es pasar de este texto a escribir un libro acerca de la historia de los payasos, la relevancia social de los payasos. Y entonces en eso también hay algo de respetar el propio formato. Incluso cuando empecé, mis primeros correos eran de entre 500 y 1000 palabras, y hoy muchas veces oscilan entre 2000 y 2500, porque me empecé a dar mucho más espacio para explorar más historias y cada vez encuentro más sobre cada cosa que puedo contar.

    Como que no solo rasco la superficie, sino que trato de ver qué más puedo sacar del tema en el que esté indagando. Y no hay una receta, es como dónde encontrás la satisfacción o dónde tenés que cortar. Muchas veces digo, bueno, el resto. Por ejemplo, cuando escribí sobre las películas de terror podría haber escrito mucho más, pero dije no, acá tengo otros temas, por ejemplo cómo funciona el miedo en general, u otras formas de miedo que no tienen que ver con las películas, por ejemplo cómo funciona la literatura de terror, que es, digamos, lo previo al cine de terror. Y así. Entonces en eso también muchas veces tengo que identificar cuál es el subtema del que podría escribir más adelante.

    ¿Qué es lo más difícil de sostener un newsletter durante años?

    Magali: Bien, quiero entrar en esta parte del newsletter, ahora que se cumplieron 5 años de que lo venís haciendo ininterrumpido. ¿Qué es lo más difícil de mantener un newsletter a largo plazo?

    Valentín: Uno mismo. Cuando empecé, mi primer correo lo envié en abril de 2017, y en gran parte como mi primer… Como inspiración, o aquello que me dio la pauta de «bueno, esto es algo que quisiera hacer», fue seguir algunos newsletters que de hecho no existen más. En particular el de un autor que creo que es canadiense, o al menos vive en Canadá, que se llama Paul Jarvis, que escribió un libro muy bueno hace varios años que se llama Company of One. Él tuvo un newsletter muchos años en donde, si bien es programador y diseñador, escribía muchas reflexiones acerca de qué significaba tener un proyecto independiente y demás, y era muy lindo, y mezclaba la cuestión muy técnica de lo que hacía con una cuestión muy personal, contaba de su vida y de cómo vive con sus ratas, mascotas y demás.

    Y otra referencia es Austin Kleon, muy famoso por su trilogía de libros Steal Like an Artist, Keep Going y Show Your Work. Él tiene un newsletter muy lindo donde todas las semanas cuenta como 10 cosas que le llamaron la atención, y son 10 microrreflexiones de un párrafo cada una. Y por otro lado estaba el newsletter de Axel Marazzi, que es colega y amigo, que había empezado en octubre de 2016, y en ese momento había varios newsletters más en Buenos Aires que hoy en su mayoría ya no existen. Por eso digo que lo principal con lo que tenemos que… Con lo que tenemos que luchar es con lograr mantener el interés por hacer eso sostenidamente en el tiempo. Hay muchos motivos por los cuales las personas lo dejan de hacer. Probablemente el primero sea tiempo, o se cansan o se aburren, o quizás sienten que tendrían que haber llegado a un lugar al que no llegaron, por ejemplo en cantidad de suscriptores, lo cual es ridículo, porque hacer un newsletter no debería tener que ver con a cuántas personas les llega, sino cuánto le gusta a las personas a quienes les llega. Entonces en eso creo que es encontrar la motivación para dedicarse a eso, más allá de lo que pase en el mundo, de lo que pase afuera, de cuántas personas se suscriben o se desuscriben y demás, y de cuánto podemos lograr encontrar algo que nos divierte hacer todas las semanas y que a las personas a quienes les gusta les guste mucho.

    Entonces es una dinámica más parecida a la del nicho que a la de la masividad. Y en eso tiene una lógica que es hermosa y es contraria a la de las redes sociales, que es que el número de suscriptores no tiene por qué ser público. Nadie tiene por qué saberlo y, de hecho, en mi newsletter, por ejemplo, se suscribieron hasta el día de hoy 27.000 personas. Sin embargo, mi newsletter hoy tiene menos que eso.

    Y es porque en el medio habrá, no sé, varias personas que se desuscribieron y el resto son personas a quienes yo archivé. Y eso es porque mi promedio de apertura es entre el 50 y el 55% de todos los correos que envié hasta ahora. Y eso lo mantengo porque, cuando empieza a bajar, archivo a las personas que hace 3 meses no abren mis correos. A mí no me sirve tener, por ejemplo, 2000 personas.

    Que están suscritas e inflan mis números, pero no abren mis correos. Escribo para quien quiera leer, no para quien puede pasar 12 semanas sin abrir un solo correo. Entonces mantengo limitados mis propios números, lo cual uno diría que es como si uno borrara seguidores en Instagram, como que eso me juega en contra. Pero no, porque lo que me garantizo es que el correo que envié el domingo pasado hoy ya tiene 50% de apertura, no pasaron 3 días. Y eso es a lo que apunto, en vez de tener una lista quizás del doble de tamaño pero con la mitad de apertura, que no me sirve de nada.

    Magali: Perfecto. ¿Y yo? Bueno, Austin Kleon es un tipo que a mí también me gusta un montón. Y ese newsletter, ¿hace cuánto?, hace 10 años que yo recibo eso.

    Valentín: Puede ser, puede ser. Sí, lleva mucho. En eso lo podemos averiguar igual, pero sí.

    ¿Estás buleando en vivo?

    Sí, sí, sí, obvio, pero no sé si lo vamos a encontrar, por ejemplo, en Wikipedia, pero sí, lleva mucho tiempo, pero no sabemos cuándo.

    Magali: Okey, mientras terminás de decirme cuál es tu libro preferido entre los 3 que sacó.

    Valentín: Creo que el primero, aunque el de Keep Going es más necesario. El primero es como un puntapié para tener una relación más linda con la propia creatividad, con el propio interés de hacer cosas, que es básicamente como creatividad, un término que está tan manoseado y de algún modo devaluado por usarlo hasta el hartazgo. Pero… Pero el de Keep Going creo que es el más interesante justamente en relación a lo que hablábamos recién, que es cómo mantener el interés en algo de manera sostenida a lo largo de años y años. Y en eso también hay algo muy lindo que es esta idea de Make Good Art, que es el de… ¿Cómo se llama el autor?

    Neil… ay, no, Neil Gaiman, que es esto de cómo convertís las cosas que te pasan en algo que puedas hacer, y cómo lo usás de algún modo como combustible para lo que hacés. Y en eso, por ejemplo, algo crucial para mi propio proyecto es que cuando empezó, a partir de varias premisas que mayormente respeto hasta el día de hoy, las escribí en mi primer correo. Mi primer correo decía cómo funciona este newsletter, y en realidad era que no lo sabía, porque no había escrito nada hasta ahora.

    Entonces técnicamente hubiera sido «cómo debería funcionar este newsletter de ahora en más». Y en ese primer correo justamente usaba una cita que decía: si tenés suerte, en algún momento va a haber un grupo de personas que van a estar ahí para cualquier cosa que hagas, que van a leer tus correos, van a comprar tus libros, van a ir a verte a hablar en vivo o lo que sea. Entonces lo mejor que podés hacer es tratar de identificar a esas personas lo antes posible y después escribir para ellas, cantar para ellas y hacer cosas para ellas, porque son a quienes les estás escribiendo. Esa era la parte crucial, la de identificar a quién le puede gustar.

    Yo no sabía cuántas personas iban a ser, obviamente, y por otro lado estaba la cuestión de que venía de una escritura más bien académica o despojada. Incluso siempre me costó, siempre me resistí a hablar en tercera persona del plural cuando escribís un artículo, como «encontramos en estos argumentos», perdón, primera persona del plural, como vos y cuántos más, y hay un solo autor. Entonces una de las consignas que me puse fue: voy a escribir sobre cualquier cosa, siempre tratando de identificar de qué manera ese tema me atraviesa. Y en primera persona.

    De ese modo, hay decenas, cientos, miles quizás de textos en Internet acerca de películas de terror, payasos, mojarse bajo la lluvia, agarrarse de la mano, los abrazos, cualquiera de los cientos de temas de los que escribí. ¿Qué puedo hacer yo para que mi texto no sea plagiable, para que si alguien cambia el autor deje de tener sentido lo que escribí? Eso lo tomo como consigna todas las semanas. Y por otro lado está esto de la apertura.

    Generalmente no tenemos presente lo importante que es hablar acerca de lo que nos hace bien y de lo que nos hace mal, de lo que nos gusta y lo que no nos gusta, de lo que nos hace dormir mejor y de lo que nos genera insomnio y demás. Entonces en eso también siempre dije: yo estoy tratando de encontrar ese pequeño grupo de personas que me quiera leer todas las semanas porque lo escribo yo y no por el tema que sea. Es decir, si yo mañana escribo acerca de cómo funcionan, no sé, los repasadores, o cómo funciona el jabón, que alguien a quien no le interesa el tema quiera leer el texto para decir: bueno, a ver qué dice Valentín sobre esto. Entonces.

    Y eso, desde el principio, fue mi consigna de escritura. Y en eso, volviendo a la pregunta anterior, creo que Keep Going sirve para saber que de eso que nos está pasando podemos hacer algo bello, en última instancia, podemos hacer buen arte, como dice Gaiman. Quizás eso, darle algo a la persona que lee.

    Magali: Perfecto, contame. ¿Por qué nace Cómo funcionan las cosas?

    ¿Por qué nació Cómo funcionan las cosas y por qué elegir el formato newsletter?

    Magali: Cómo funcionan las cosas fue mi primer proyecto individual. Venía de participar de varios proyectos grupales, por un lado, por ejemplo, Wasabi, el grupo con el que hicimos proyectos educativos, e hicimos un proyecto muy ambicioso y el primero de su tipo en Latinoamérica, en Ciudad de México: el primer Maker Space como parte central del proyecto educativo de un colegio. Era lo que se estaba haciendo en otros lados, pero en Latinoamérica a veces fue el primero.

    Y empezamos ese proyecto a fines de 2014, y después estuve casi un año en el primer año, básicamente, de un proyecto que se llama El gato y la caja. Ahí estuve más o menos hasta septiembre de 2016 y tenía ganas de hacer algo donde pudiera desplegarme en mi complejidad, justamente donde pudiera… Hablar, si así lo quería, en sentido técnico, o de ciencia, o de filosofía, pero también de historia y de literatura, o de lo que viniera, o de videojuegos, no importa. Y esa fue mi apuesta, tratar de escribir de esa manera y ver si encontraba a ese pequeño grupo de personas que quisiera leerme más allá de cualquier cosa. Y por otro lado, algo que no había mencionado antes: quería ver si podía escribir de manera sostenida, y en esto el newsletter genera… Algo que los blogs nunca generaron, o al menos no para la mayoría de las personas. Para quienes tenemos cierta edad y vivimos la época de los blogs, parte de la gracia del blog era: me voy a proponer escribir todas las semanas, lo cual duraba 2 semanas, 3, con toda la furia, y a la cuarta ya era «bueno, lo pateo un par de semanas», y ahí quedaba el blog abandonado. No tengo los números, pero seguramente, al igual que pasa en YouTube, la vasta mayoría de los blogs deben estar abandonados y deben tener 2 o 3 entradas, quizás una sola.

    Como «voy a escribir acá todas las semanas» y a la semana siguiente desaparecemos. Cuando escribís un newsletter, lo que cambia primero es que no necesariamente queda publicado en Internet. Nosotros elegimos si eso queda en Internet o no, pero en principio es un correo electrónico masivo, o sea que podemos quizás enviárselo a miles de personas y que ese texto solo viva en sus bandejas de entrada. Eso nos garantiza cierta privacidad, por ejemplo, no va a quedar bajo las garras de Google, ni nadie lo va a encontrar por accidente, solo lo va a recibir una persona que se suscribió explícitamente a recibir tus correos. Eso también, en mi lista nunca agregué a nadie, ni a mi mamá. A todo el mundo le pido que se suscriba, para el consentimiento de cada persona, yo no pongo la dirección de nadie. Y lo que tiene es que a la segunda, tercera, cuarta semana de enviar algo todas las semanas, las personas empiezan a esperarlo. Entonces no sé cuándo fue, pero supongamos que al tercer mes de haber escrito todas las semanas acerca de cómo funciona una cosa distinta, falté y empecé a recibir mensajes de: che, no me llegó el mail.

    Las personas asumen que es un error propio, no que vos no escribiste. Y es que no escribí porque, no sé, tenía un examen o lo que sea, y entonces genera eso, y de repente decís, bueno, no solo escribo, sino que hay alguien del otro lado que está esperando leer eso. El blog generalmente no genera eso tampoco, porque las personas mayormente tienen que ir a buscar ese texto. En una época teníamos los RSS, teníamos Google Reader, que no existe más, pero esa época ya desapareció y quedó desplazada porque leemos lo que nos llega en Facebook o en Twitter o Instagram o donde sea.

    Entonces creo que todo eso formaba la receta perfecta para intentar escribir todas las semanas, y bajo también estas consignas de «bueno, a mí me interesan muchas cosas». Bueno, pero ¿cuántas y hasta dónde lo podés llevar? También era una promesa: voy a escribir sobre cualquier cosa. Si escribís sobre 10 cosas distintas, no hay tanta diversidad. Cuando escribís sobre 150 cosas distintas, de repente podés empezar a decir: no, de verdad escribo sobre cualquier cosa.

    Está bueno el ejercicio.

    ¿Cómo es el proceso de investigación y escritura de cada correo?

    Magali: ¿Cómo es tu proceso de preparación e investigación para mandar cada correo?

    Valentín: Primero trato de ver sobre qué voy a escribir. A veces se me ocurre algo durante la semana y digo: che, ¿qué onda? Esto, generalmente por consumo personal. Voy y digo, por ejemplo, no sé, las plantas, qué onda las plantas y las personas que se encariñan con plantas, cómo tuvo tanta importancia eso durante el encierro, durante la pandemia, y cuánto tiempo tiene eso, si es algo que viene de la antigua Grecia o es mucho más reciente.

    Entonces ese es un tema que se me ocurre a mí. Después hay, al final de todos mis correos, un formulario que creo que está casi desde el principio y que debe tener más o menos 900 sugerencias de cosas sobre las que las personas me escriben que quisieran que escriba. Y ahí hay de todo. De hecho, el tema más repetido, lejos, es cómo funciona viajar, o cómo funcionan los aeropuertos, cómo funcionan los aviones. Todo lo que tenga que ver con eso está por lejos, estará 20 veces, y el resto no se repite más de 2 o 3.

    Y después, de repente, se empiezan a repetir: cómo funciona la motivación, o cómo funciona la procrastinación. Y después cosas a veces muy, muy específicas, como cómo funciona ir a la cancha para ver a tu equipo favorito. Y cosas así que digo, bueno, no sé si te voy a poder satisfacer en tu consulta, pero generalmente reviso eso para ver cuál me tienta más. Hay algunos que… Empiezo a investigar y me doy cuenta de que hay muy poca bibliografía específica. Por ejemplo, en un momento quise escribir sobre las canillas, no las canillas donde el grifo, donde sale agua, y hay muy poca información. De hecho, encontré varias historias que pude demostrar que son falsas. Por ejemplo, una historia escrita en castellano sobre el creador de las canillas, que es un inglés, pero en literatura en inglés no aparece directamente. Entonces decís, este nombre es inventado, y Juan Carlos, ya sé lo que hiciste. Entonces a veces me detengo por eso, o porque el tema también es muy vasto y no sé bien cómo acotarlo, pero básicamente es eso, a ver cuál me divierte más esta semana o cuál es el que puedo también alcanzar esta semana.

    A veces encuentro temas y digo no, esto es para más adelante, porque hay mucho. Y en eso trato de ser muy respetuoso de lo que hay. Si hay mucho, trato de abordarlo, no de quedarme con lo primero, sino de decir: bueno, para esto voy a tener que realmente ver todas estas cosas que encuentro. No quiero quedarme con lo primero y contar esa historia, porque, bueno, algo que me pasa constantemente es que encuentro muchos errores en todos lados.

    Gran parte de la literatura de divulgación de ciencia, de ciencia pop y demás, está plagada de errores que después, o sea, hago lo que no suelen hacer la mayoría de las personas cuando leen un libro, que es ir a ver las referencias. Dice tal cosa y lo fundamenta acá, y después voy y digo: ¿esto no pasa entonces? Por ejemplo, por eso es que muchas veces escribo acerca de citas apócrifas, como hay muchas cosas sobre Leonardo da Vinci, por ejemplo, que no están en ningún lado. Y lo sé porque revisé sus cuadernos, porque revisé las biografías de 600 páginas o el texto transcrito en italiano, por ejemplo, en muchas cosas. Así que en una primera lectura se nos pasa, pero cuando te tomás el trabajo decís: che, acá esto está mal, esto es mentira.

    Magali: Entonces, para cuando elegís un tema, ¿cómo es el proceso de investigación?

    Valentín: El proceso concreto es que googleo, básicamente. Todo mi Cómo funcionan las cosas es un proceso de googleo glorificado, si querés. Es como llevar la instancia de googlear algo al límite, pero en principio no es más que eso. Obviamente me lleva a derivas en donde termino consiguiendo libros que están digitalizados por el Archivo de Internet, por ejemplo. Termino comprando otros libros, veo los artículos científicos al respecto.

    Trato de buscar, usando por ejemplo herramientas como Goodreads, citas donde se mencione el tema que estoy investigando. A partir de la cita puedo descubrir libros que quizás en el título o el tema no son de lo que estoy escribiendo, pero se menciona. Así es como puedo llegar, por ejemplo, a leer un fragmento de una novela en donde se menciona, para tomar los temas que vengo repitiendo, el miedo a los payasos, en una novela que quizás no tiene nada que ver, pero me sirve mucho eso, porque puedo usar la cita para ir orientando el texto, o porque trato de generar espacios como de respiro en el texto. Entonces para eso uso… Guiones de películas, uso letras de canciones, uso poemas, uso todo lo que pueda encontrar. Y la herramienta ahí es básicamente haberme especializado en buscar cosas en Google y lidiar con registros históricos y fuentes primarias. Generalmente evito mencionar cualquier cosa que yo no haya podido ver con mis propios ojos. O sea, aunque se mencione que en tal libro se dice tal cosa, si no pude ver el libro, no lo incluyo en el texto, porque siempre es muy alta, pero realmente muy alta, la probabilidad de que sea incorrecto lo que se estaba diciendo, incluso las citas textuales. Okey.

    Magali: ¿Y cómo ordenás toda esta información que termina siendo un email?

    Valentín: Primero voy leyendo, y la primera parte es que cuento, es algo muy malo metodológicamente, con mi memoria de corto plazo. Me digo que empiezo en cero, como que no sé nada sobre vampiros, o sobre payasos, o sobre mojarse bajo la lluvia, o el miedo al rechazo. Entonces, a medida que empiezo a leer, me voy como empezando a completar un poco, como «bueno, okey, va a venir por este lado».

    Entonces, por ejemplo, las cosas generalmente tienen un origen. Arrancan en algún punto, entonces no hay más hacia atrás. Eso va a ser lo mismo en todo lo que vaya leyendo, y después uso, no hace tanto, hace un año más o menos, Evernote, y empiezo a tomar nota de, generalmente menos de una línea, pero mencionar esto, cómo se relaciona con tal o cual cosa. Entonces hago un listado muy desordenado de puntos por los que me gustaría después pasar.

    Entonces, bueno, relacionar esto con, no sé, cuando escribí sobre cómo funciona cuidar una planta, empecé a notarme cosas como justamente cuál es la relación entre las plantas y el haber llegado a América por parte de los europeos, y cómo es que desarrollamos la noción de lo que es o no exótico, o el hecho de que la mayoría de las plantas que tenemos en casa no son de clima tropical, sin importar en dónde estemos en el mundo.

    Y entonces, bueno, voy anotándome cosas que tengo, que después iría mencionando o que me gustaría mencionar, y después, cuando escribo, voy sumando todo eso armando un relato que sea coherente, donde básicamente a lo que tengo que llegar es a un cuentito en el medio.

    O mejor dicho, no, no es un cuentito, es un engendro hecho con bloquecitos Lego. Entonces ahí lo que hago es desplegar todos los bloquecitos de los que dispongo y ver cuál es la manera más linda de que queden ordenados. Pero es básicamente eso. Lo que hago es armarme de una gran cantidad de bloques semánticos, de bloques de contenido. Y luego digo, bueno, ¿cuál puede venir antes que el otro?

    A veces conviene arrancar por la historia, a veces conviene arrancar por la actualidad y de ahí ir hacia la historia, y así. A veces necesito anclarlo todo en un relato muy autorreferencial y autobiográfico en ese sentido. Entonces vuelvo a cuál es mi propia historia con eso y cómo eso se va vinculando con su origen histórico, por ejemplo. A partir de algo que me pasó a mí, puedo remitirme a de dónde salió eso y demás. Es básicamente una tarea de ingenio, de tener, en última instancia, párrafos aislados que cada uno tiene que capturar algo, y después ir ordenándolos.

    Generalmente, cada uno de mis textos toma más o menos 30 horas de trabajo, repartido entre más o menos 20 y 25 de investigación, y luego entre 5 y 10 de escritura.

    Y generalmente escribo de una manera en la que no tenga que nunca releer el texto. Escribo bastante de corrido, y es muy raro que yo lea mi correo antes de enviarlo. Es por una cuestión de cansancio, ya a esa altura no quiero saber más nada. Entonces lo que hago es que siempre me preocupo, es como, y es horrible la comparación que voy a hacer y completamente reprochable.

    Es como Blockchain. En el sentido de que solamente tengo que lograr que haya concordancia con lo que viene arriba, y confío en que lo de arriba tiene concordancia con lo de arriba, y así. Entonces cada párrafo puede remitir al anterior y estar conectado de una manera que tiene sentido, pero es porque no lo leo de corrido. Cuando termino el correo digo, bueno, me confío en que lo anterior lo hice bien, porque cuando estaba escribiendo el anterior me preocupé por el anterior, y así sucesivamente.

    Y muchas veces a lo que sí vuelvo es al principio, porque la manera más fácil de terminar un texto es volver al principio. Ya es un vicio, trato de evitarlo, pero es tan bueno volver a la primera referencia que metiste al final. Es tan fácil que finalmente digo, bueno, listo, me cansé, acá lo cierro.

    ¿Cómo organizar la semana para escribir y enviar un newsletter?

    Magali: Bien, ahora, ¿cómo es la cadencia de producción de contenido versus el mandarlo? O sea, ¿hacés el email en la semana y sale, o tenés un backlog de cosas preparadas y van saliendo? ¿Qué pasa ahí en el medio?

    Valentín: Bueno, lo prudente sería decir que, si vas a dedicarte a hacer contenidos, te conviene tener un backlog de contenidos y poder enviarlo más allá de los tiempos de tu vida. Y sí, claro, entonces hoy estoy escribiendo lo que voy a enviar en agosto.

    Bueno, no. Generalmente empiezo el viernes a buscar el tema y hacer la primera selección. Esto no lo mencioné, pero mi gran herramienta es una de las plataformas más hermosas alguna vez desarrolladas, que es Pocket. Hace mucho tiempo se llamaba Read It Later, y es parecido a Instapaper, pero es un poco mejor. Lo que me permite es que básicamente voy googleando, y tengo de hecho armado, Google te permite armarte buscadores personalizados, un buscador de Cómo funcionan las cosas que tiene un filtro de más o menos 10 sitios en los que confío, que generalmente son The New York Times, The New Yorker, The Atlantic, The Guardian, Wired y por ahí alguno más, o The Washington Post y demás, donde me sirve, como primer acercamiento, encontrar notas que no son libros, o sea, son artículos generalmente. Por ejemplo, The New Yorker sirve mucho para eso, o The New York Times también, que me permiten abordar el tema. Y… Robarme las referencias, porque muchas veces alguien escribe, no sé, una nota de 1000 palabras para The New York Times y menciona un libro, y ahí voy a rastrear ese libro, y generalmente me quedo no con lo que citaron, sino con lo que puedo encontrar. Con eso voy guardándome todo en Pocket, y después, de la selección de artículos que hice, voy leyendo uno por uno y los voy subrayando, y a veces ahí me anoto alguna idea, o si no confío en el subrayado. Al momento de escribir lo que hago es revisar únicamente los artículos que subrayé, que son en los que encontré algo de valor, y después voy uno por uno tomando las ideas que quiero y las copio, o sea, las cuento en mi edición de mi texto. Leo el artículo y por ahí de todo el artículo saco un párrafo que quiero contar, o 3, o 10, y los voy como cerrando. Así me encargo de revisar exhaustivamente toda la información que investigué, y hago algo muy parecido con los… Libros. Pero ahí generalmente no leo el libro entero, sino que voy a buscar los fragmentos que necesito, que generalmente están en la introducción y en la conclusión. Generalmente la introducción adelanta una buena introducción al tema y la conclusión resume los argumentos. Y por ahí voy a algo en el medio, pero mayormente es eso. Muy rara vez, también por una cuestión de tiempo, leo un libro entero para escribir mis correos, generalmente no hace falta, pero eso básicamente es lo que ordena el trabajo.

    Magali: Bien, entonces, el tema, la investigación empieza el viernes, ¿cuándo termina?

    Generalmente, cuando era más joven, escribía el sábado toda la madrugada, me iba a dormir tipo 5 o 6 de la mañana y dejaba programado el correo para que se enviara a las 9:00 de la mañana. Por eso muchas de las cosas que van a encontrar sobre Cómo funcionan las cosas dicen: todos los domingos a la mañana. Bueno, idealmente, entre paréntesis, ya hace un tiempo que separé la investigación entre viernes y sábado. Y quizás me quedo el sábado hasta última hora investigando y anotando todo.

    Y me digo, todo listo para el domingo a la mañana, que es, es terrible, pero el domingo a la mañana es mi momento favorito para escribir. Y es el momento en el que debería enviar. Entonces empecé a enviar correos más tarde. Y se mantiene igual la apertura. O sea, como no tuvo consecuencias negativas, no me obliga a cambiar. Si yo hubiera visto que me leían menos, nadie lo hubiera dejado, pero no cambió nada. Las personas me leen igual, así que les pido disculpas.

    Entonces escribo generalmente el domingo, ya desde no sé, las 8 de la mañana, a veces hasta las 2 de la tarde, y lo dejo ya programado, o lo envío en el momento, o lo dejo programado quizás para las 6 o 7 de la tarde. Y ahí se cierra eso. En el medio, algo muy importante: desde hace un año grabo mis correos. Entonces, en el proceso de todo esto, una vez que termino de escribir y ya estoy harto del tema, tengo que sentarme 1:30 a leer mi lectura y editarla, y eso lo hago todo el domingo mismo.

    Entonces muchas veces termino de escribir a las 2:00 de la tarde, y a las 2:10, después de haber ido al baño, no sé, me pongo a grabar hasta las 3:30 más o menos, y dejo programada la lectura de mi texto, que generalmente es una lectura de 15 o 20 minutos que me ha tomado 1:30 de edición, para que se suba y esté disponible en Spotify y demás.

    ¿Por qué decidió narrar en audio los correos?

    Magali: ¿Por qué tomaste la decisión de grabar el contenido que solo estaba escrito?

    Valentín: La primera vez que lo hice fue en enero de 2018, y es porque había notado de casualidad que algunas personas en Medium habían empezado, o Medium mismo había empezado a ofrecer los artículos leídos por las personas que los habían escrito. Y dije, como la mayoría de cosas que hago, pensé, bueno, yo puedo hacer eso. Entonces lo hice. Grabé 2.

    Y en enero de 2018 se enfermó mi gato, que falleció a principios de marzo. Entonces, digamos, ahí lo suspendí y no lo retomé. Después lo retomé en 2021, porque había escrito, todos los años escribo un correo anual, que es el Querida persona que lee, que están subidos a mi sitio, que es como el estado de la Unión, como el discurso anual en Estados Unidos. Entonces lo que le cuento a las personas de Cómo funcionan las cosas… A mis personas que leen les cuento qué pasó en el último año y les doy un montón de números. ¿Cuántas horas pasé escribiendo? Tengo registro absolutamente de todo lo que hago en mis proyectos. ¿Cuántas horas, cuántos miles de pesos doné, cuántos miles de dólares gasté para pagar el servicio, cuántas horas pasé grabando? Bueno, todos los números que pueda. La apertura, cuáles fueron los correos más abiertos, los menos abiertos y con los que más se suscribieron.

    Lo que sea. Y cuando escribí ese correo hace un año dije, bueno, esto es muy personal, lo quiero grabar, y lo grabé, y al poco tiempo, bueno, el siguiente lo grabé también, y así. Y al poco tiempo, hablando con mi vecina (de hecho vivo en este departamento hace 3 años), mi vecina está perdiendo la vista, es una señora grande. Un día, hablando con ella, nos hicimos amigos y la adopté como abuela, porque me tocaba el timbre para pedirme ayuda con algo del celular o de la tablet o de lo que sea. Un día me invita con vainillas y té para que le ayude con el celular.

    Me pregunta, bueno, hablamos de lo que hago, y le digo, bueno, lo que hago es muy raro y es muy difícil de explicar, pero básicamente vivo de escribir todas las semanas acerca de distintas cosas, y hay un montón de personas que me pagan muy poca plata y yo con eso pago el alquiler. Bueno, entonces en el medio estaba el «qué bueno, pero ¿qué es lo que hacés?». Y le dije, ah, claro, o sea, ella no puede leer, no está completamente ciega, pero no puede leer, y entonces le configuré… Para que pudiera escuchar, como en una plataforma de podcast, lo que escribo, y desde entonces lo grabo básicamente para ella, porque me di cuenta de que grabar era un ejercicio de accesibilidad para las personas que no pueden leer. Y aunque existen lectores de pantalla automáticos, me permite a mí varias cosas, por ejemplo, ponerle mi voz, ponerle mi tono, pero también me fuerza a aprender a pronunciar los nombres que uno escribe tan fácilmente e impunemente.

    Magali: Y de repente es como, claro, poner un nombre en árabe es copiar y pegar. Pero ahora te desafío a que lo pronuncies. A veces me tocó, en el mismo artículo, pronunciar un nombre en húngaro, en rumano, en árabe y en francés. Y entonces estoy ahí 10 minutos buscando videos en YouTube de cómo se pronuncia algo para después replicarlo. Y se volvió algo muy lindo, porque muchas personas de hecho me empezaron a agradecer que lo grabara.

    Valentín: Yo lo hice como por accidente, para ver qué onda. Me dicen que, aunque leen los correos, por ahí los escuchan mientras están, no sé, lavando los platos o salen a caminar o lo que sea. Así que fue algo que funcionó muy bien por accidente.

    ¿Cómo se monetiza un newsletter con suscripciones?

    Magali: Bien, ¿cómo fue esa transición de estar haciendo el newsletter a empezar a monetizarlo?

    Valentín: No, no surgió directamente de mí. La historia es que en 2018 convencí a mi hermana, que es poeta y escritora, que estaba muy trabada con su escritura, de que había una forma de escribir que no implicaba publicar un libro, sino que podía enviar correos, y que tampoco implicaba subirlo a Internet. Ella no quería que sus cosas estuvieran en un blog, que estuvieran disponibles, porque la intimidaba.

    Entonces le dije, mirá, según se empezó con newsletter, es como que le enviás a un poco más que tus amigos y familiares borradores. Y si después querés modificar ese texto para publicarlo, lo hacés. O sea, no pasa nada. Y ella empezó su newsletter y como a los 2 meses me dice: bueno, ¿y cómo puedo hacer dinero con esto? Yo dije, bueno, pará, yo estoy hace 2 años haciendo esto y vos ya querés ver cómo sacarle provecho.

    Entonces le ayudé, le armé un esquema de suscripciones en Mercado Pago, y al poco tiempo lo agregué como quien no quiere la cosa al final de mis correos: bueno, si te gusta mucho esto que hago, te podés sumar acá y apoyás esto. En ese momento había pasado el límite en donde ya no era gratuito: en Mailchimp, que es la plataforma que uso, pasabas de 2000 suscriptores y tenías que pagar. Entonces ya en ese momento era únicamente una inversión de mi parte, pero no tenía… Lo pagaba de mi bolsillo. Entonces puse eso y se sumaron, no sé, el primer mes 50 personas, el segundo 30, y así. Y eso fue en septiembre de 2018, y más o menos en mayo de 2019 llegué al punto de quiebre, que es que la cantidad de dinero que entraba por mis suscripciones era igual a lo que yo estaba ganando en un trabajo, trabajaba en ese momento en un medio que no voy a nombrar acá. Y entonces dije, la verdad es que me conviene dedicarme a esto.

    Obviamente, con esto no solo pago el alquiler, pero es la pauta para decir, bueno, desde acá puedo seguir creciendo. O sea, no me voy a volver rico, pero ¿qué pasa si yo le meto a esto? Entonces en junio de 2019 renuncié a mi trabajo y me dediqué. Dije, bueno, ahora se trata de ver qué puedo hacer con esto, que era el Club de la Curiosidad.

    Magali: ¿Y bueno, a todo esto, el tiempo se empieza a acercar a 2020, no? A marzo de 2020, cuando empiezan los aislamientos preventivos y obligatorios, y ahí lo que hacía con el Club de la Curiosidad también cobró otro sentido en el medio de: bueno, estamos encerrados en nuestras casas.

    ¿Claro, cómo fue esa preparación para renunciar?

    ¿Cómo prepararse para renunciar a un trabajo en relación de dependencia?

    Magali: ¿Solo fue cuando llegaste a igualar los ingresos o algo más ahí?

    Valentín: Fue muy difícil. Yo en realidad, si uno ve mi LinkedIn, lo que encuentra es 3 meses acá, 6 meses acá, 3 meses acá. Siempre tengo muchos proyectos y generalmente me los invento yo, y me cuesta mucho no hacerlo. Entonces no es tanto porque me aburra, sino porque aparece algo nuevo que quiero hacer.

    El trabajo que tuve durante más tiempo hasta ahora es el Club de la Curiosidad, en mi trayectoria laboral. Y en eso siempre tuve fuerzas que chocaban, como por ejemplo la dedicación que le tenía que dar a la facultad y la posibilidad de viajar por proyectos. Varias veces abandoné mis estudios, por ejemplo, para estar 3 meses en Europa filmando un documental que iba a comerse parte del cuatrimestre, entonces ese cuatrimestre no cursé, o cuando estuve viajando a México y demás. Siempre tuve cosas que chocaban, y en eso, en realidad, la preparación fue confiar mucho en… Lo que le podía pasar a las personas con lo que yo hago. Por eso vino mucho más de afuera que de adentro. Yo fui empujado completamente por las personas a quienes les gusta lo que hago y encuentran valor en lo que hago, a creer en mí mismo. No fue al revés, no fue como: okay, yo sé que acá tengo la posta y hay un montón de gente a la que esto le va a gustar.

    Fue más como: no sabemos qué más hacer para que creas en lo que estás haciendo. Hasta el día de hoy me sigue impresionando cómo me empujan las personas a quienes les gusta lo que hago para que crea en esto. Y en el medio, después, hice muchas cosas más vinculadas al Club de la Curiosidad que generan una respuesta que nunca puedo anticipar respecto de lo que significa para las personas. Por ejemplo, el año pasado se me ocurrió enviarles cartas en papel.

    Entonces agarré y un día fui al correo con una caja con 550 cartas, 550 sobres, y dije: bueno, tengo que enviar esto, ¿qué hago? Y este año lo hice de vuelta. De repente, para muchas personas recibir una carta en papel fue la primera carta en papel que recibieron en su vida, y la envié yo. Vos no lo pensás, pero hay muchas cosas que hago de esa manera. Y lo hago pensando más en cuál es mi motivación y no en qué va a suceder.

    Como quería grabar para ejercitar mi lectura en voz alta, terminé regalándole la experiencia de mi lectura a la persona que vive al lado de mi departamento. O envié cartas porque quería ver si podía hacerlo y generé eso. O durante los primeros 100 días del encierro envié un correo por día durante 100 días, cada uno con al menos 3 curiosidades para distraer a las personas de ese momento tan feo del comienzo de la cuarentena o de la pandemia.

    Eso también lo hice porque dije: bueno, estar encerrado es lo mío, tengo que aprovechar y darle algo al mundo en un momento en el que todo era coronavirus y cantidad de infecciones, y si vamos a poder tener una vacuna y qué va a pasar. Me comprometí a regalarle a las personas una vez por día algo con lo que pudieran distraerse, y hoy me entero de las historias de las personas que, por ejemplo, no sé… Hace poco hablé con una persona que nunca dejó de trabajar durante la cuarentena porque trabaja en salud, y me decía: yo llegaba… Yo le enviaba en la mañana temprano, pero ella me dice que llegaba a su casa a la noche después de estar lidiando con todo lo horrible y la muerte y todas esas cosas del coronavirus.

    Me tomaba mi momento para leer mis 10 minutos de historias que yo les compartía. Eran 3 historias o 3 curiosidades por correo, para sacarme el día de encima. Claro, si yo hubiera pensado en eso… No, directamente no especulo con lo que hago, porque sé que no me voy a poder adelantar a lo que puede pasar.

    Magali: Me gusta esta historia. ¿Cómo fue la decisión de que parte de los ingresos del Club de la Curiosidad sean donados y además de forma transparente, porque vos tenés publicado a dónde va cada una de las donaciones, con el recorte histórico?

    Eso empezó en 2019, cuando básicamente me volqué a decir: bueno, voy a renunciar a mi trabajo y demás. Dije: yo puedo hacer esto, que es profundamente privilegiado, gracias a que muchas personas son generosas conmigo de una manera que quizás es micro, no para tomar de referencia, en el momento en el que yo empiezo mi suscripción. Mi suscripción es voluntaria y no hay niveles. Es decir… Uno puede apoyarme con el monto que quiera y va a recibir lo mismo. De hecho, hay personas que al día de hoy su apoyo es de 10 pesos, que no sé ni cuánto es eso en dólares. Pero la primera sugerida era de 150, en el momento en el que yo empiezo mi suscripción. 150 pesos eran 3 USD, hoy son menos de uno, hoy son más o menos 75 centavos de dólar.

    Entonces en ese momento dije: bueno, ¿de qué manera puedo devolverle al mundo la generosidad de la que yo soy depositario, de la que me veo beneficiado? Entonces empecé a ponerle el ojo primero, por ejemplo, a… Organizaciones que protegen específicamente gatos. Cuando mi gato se enfermó tuvimos unos gastos altísimos en ese momento, en 2018 fueron más o menos 50 o 60000 pesos, que no sé ni cuánto será la cuenta, pero eran un montón de dólares. Y en ese momento un montón de personas nos donaron dinero para costear unos tratamientos costosísimos, oncológicos y demás. Y a partir de eso dije: yo no me puedo quedar acá.

    Entonces desde entonces empecé a apoyar distintas organizaciones, y después empecé a resignificar eso, diciendo: yo tengo un proyecto a esta altura maduro, mi proyecto ya tiene 5 años y hace 3 que se sostiene solo. Entonces lo que quiero es empujar a otras personas que hacen cosas. Hoy apoyo más o menos a 20 proyectos independientes de distinto grado de producción. Hay algunos que solamente escriben algo eventual o lo que sea, otras personas lo toman con más dedicación. Por otro lado, apoyo también al Archivo de Internet, en donde además me sumé hace 3 semanas como voluntario. Apoyo Wikipedia, a la Fundación Wikimedia, a María Popova, que tiene un blog muy lindo que se llamaba Brain Pickings y hoy se llama The Marginalian, porque ella me inspiró mucho a lo que hago, entonces también la apoyo. Y así, Médicos Sin Fronteras.

    Obviamente apoyo únicamente organizaciones seculares, y esto es básicamente siguiendo algo que no inventé yo, es lo que propone Peter Singer, que es un filósofo muy importante. Es uno de los filósofos principales para los movimientos de derechos de los animales, de veganismo y demás. Y él, en los últimos años, se empezó a dedicar a la cuestión del altruismo y de la diferencia que alguien puede hacer.

    Entonces en eso, para mí es compulsivo, es imposible no ayudar a alguien a quien puedo ayudar. Incluso muchas veces, no sé, a alguien le robaron la bicicleta, entonces en nombre del Club de la Curiosidad le dono dinero para que pueda comprarla, o la causa a la que me pueda sumar. Y es importante la transparencia justamente porque hay algo que dice Peter Singer, y de él lo tomé, que es que cuando ayudamos a alguien económicamente podemos generar un efecto contagio.

    Entonces, más allá de la cuestión, que es otra discusión, de cuando alguien, por ejemplo, dona millones de dólares para blanquear su imagen, que es algo propio de los multimillonarios, para las cosas que las personas comunes podemos aportar, genera demostrablemente un efecto de contagio, en donde alguien dice: che, yo no estoy apoyando causas, y la verdad es que para mi economía donar 500 pesos por mes a Médicos Sin Fronteras no me cambia nada. O incluso, si vamos al caso, si nosotros donamos un 10% de nuestros ingresos… ¿Cuánto afecta a nuestra calidad de vida? Va a haber muchas personas que no pueden hacer eso, obviamente, pero muchas personas que sí. Y las personas que sí, ¿por qué no lo están haciendo? Enfrentarse con esa pregunta incómoda es lo que muchas veces hace que las personas se terminen volcando a apoyar de una manera en la que no les haga una diferencia. Y yo vivo básicamente de que un montón de personas, cientos de personas, me den lo que en su momento era el valor de un café con leche. Hoy ya eso no paga un café con leche. Son muchas personas apoyándome de manera muy pequeña.

    No necesito un gran mecenas que me banque completamente. Entonces, si cada persona pone un pedacito, ¿cuál es la diferencia que de manera acumulada podemos hacer? Y es un montón. Entonces es importante para mí contagiar eso también, y que otras personas se den cuenta de la diferencia que pueden hacer.

    Me gusta. ¿Por qué existe la cadena de los 28 días para sentirse mejor?

    Bueno, es la primera vez que alguien lo menciona como cadena, pero me da gracia porque muchas personas, la mayoría, me lo mencionan como el desafío. No existe el desafío de los 28 días, como si fuera el desafío de, no sé, solamente tomar jugos durante una semana o cosas así. La historia de los 28 días es en un sentido mucho más interesante y mucho menos interesante de lo que podrías imaginar. Uso herramientas de envío de correos electrónicos hace más de 5 años, y conocía la posibilidad de generar correos que se envían bajo ciertas condiciones de forma automática.

    Esto es un recurso que generalmente las empresas o las aplicaciones aprovechan para entrenarnos respecto del uso de su plataforma. Uno, por ejemplo, se baja una aplicación y la aplicación de repente te empieza a enviar una vez por día durante una semana 5 cosas que podés hacer ahora que empezaste a usar Dropbox, ponele. Y yo dije: bien, tengo ese recurso técnico, ¿con qué lo lleno? Y tuve esa idea años.

    Durante años veía que estaba la opción de crear mis automatizaciones con una cantidad irrestricta de correos, pero no sabía con qué llenarlo.

    A mitad del año pasado, más o menos, en mayo, le envié un correo a creo que 15 personas cercanas diciéndoles: hola, esto no es un newsletter, pero quería saber, cuando vos te sentís mal, qué es lo que te hace sentir bien. Y era porque básicamente yo no me estaba sintiendo bien. Entonces quería saber cómo me podía inspirar. Empecé a notar las respuestas de esas 10 personas, me habrán respondido, no sé, 8.

    Entonces, durante más o menos 1 mes y medio me tomé el trabajo de ir anotando todo lo que se me ocurría. De repente en la lista había cosas que no podría pensar como obvias a esta altura, como, bueno, no sé, meditar, hacer ejercicio, pero después estaba, no sé… Rayar una hoja con crayones, o anotar en un papelito qué cosas nos hacen sentir bien hoy y ponerlo en un frasco, y después en un mes abrir el frasco, en un año abrir el frasco y ver qué encontramos, y un montón de cosas así. O también, no sé, ver una película muy tonta, por ejemplo, o ver una película de un robo a un banco, cosas que inmediatamente te hacen sentir bien. Entonces acumulé todo eso y después lo repartí en 28 días, donde cada día vos recibís como mini contenidos: 3 sugerencias de algo que escuchar, algo que mirar, algo que comer, algo que hacer, que son justamente cosas que no pierden vigencia porque no son actuales, sino más genéricas en eso.

    Y al mismo tiempo compartir algo que había leído, que me gustó. Entonces, en cada uno de los 28 correos hay una cita de algo, sea un poema, sea un artículo, sea algo. Son meras sugerencias. No hay ningún desafío, simplemente te suscribís y durante 28 días recibís un correo por día en el que tenés 3 sugerencias de cosas que quizás te gustan. Hay personas que me dicen: no, anoto todo. Algunas que me dicen: no, la verdad que la mayoría no me llama la atención, pero tal me interesó.

    Muchas personas se desuscriben porque al cuarto día dicen: bueno, flaco, basta de mandarme correos, y está bien también. Qué sé yo, cada uno hace con su bandeja de entrada lo que quiere. Eso lo hice el año pasado, el 20 de junio, y al final de cada uno de esos correos había un formulario en donde me podían escribir qué cosas les hacen bien. Hay personas que me respondieron al primer día, o sea, no recibieron los 28 correos, sino que el primer día ya me querían contar todo. Se acumularon muchas y yo me olvidé.

    Entonces hace 2 meses dije: che, pará, estaba ese formulario. Entré y había casi 350 respuestas de personas que me decían: me gusta esto o lo que sea. Me senté, me tomó como 5 horas editar cada una de esas 350 respuestas para que tengan signos de exclamación de apertura y cierre, que las que estén escritas enteras tengan tildes, toda la ortografía perfecta. Y después me senté y estuve como 20 horas programando una plataforma muy sencilla en la que cada vez que entrás podés leer la sugerencia que escribió alguien más. Tuvo algo muy lindo, que es que hice algo que yo no escribí. Son las mismas personas a quienes les gustó lo que hice, que querían compartir con el mundo lo que les hace bien, y que de repente le sirve a alguien más que pueda querer leer esas sugerencias.

    Entonces fue algo muy lindo, generar un contenido no escrito por mí, pero que yo empujé, de las propias personas a quienes les había gustado lo que yo había hecho, que simplemente comparten las cosas que les gustan y dan sus propias sugerencias. Y fue muy lindo y muy redondo también.

    ¿Y qué compartía la gente? ¿Te acordás de las más populares?

    Valentín: No, no.

    Magali: Lo que se te ocurra.

    Valentín: De hecho lo voy a abrir ahora para ver qué aparece, pero acabo de entrar.

    Magali: Tirame alguna insólita.

    Valentín: Cuando entrás dice: cuando Paula no se siente bien, le gusta cantar en la ducha. A veces canciones alegres para alejar la tristeza, a veces canciones tristes para hacerse cargo e incluso llorar con los coros. Suelo usar la opción de radio de canción de Spotify de la primera canción que se me viene a la mente. Te dejo una que te puede funcionar en un mal día si no se te ocurre qué escuchar, y hay un link a Spotify. Si actualizo me dice: cuando Daniela no se siente bien, le gusta ver a mi gato acomodar mis cosas, mi ropa, mis herramientas, mis dibujos.

    Solo eso. Hay algunas que son un testamento y otras que son: cuando Irina no se siente bien, le gusta juntarse con sus amigos. Y así son tantas que literalmente podés estar horas leyendo todas las que van apareciendo, y aparecen de forma aleatoria. Entonces cada vez que entrás parece una distinta.

    ¿Cómo se pasa de escribir un newsletter a dar consultoría de email marketing?

    Magali: Me encantó, impresionante. ¿Valen, cómo se transforma que pasás de escribir un newsletter a dar consultoría de cómo hacer email marketing para otras personas?

    Valentín: Eso es otro más claro. Creo que es también esto de que de repente, cuando somos muy conscientes de cómo llegamos hasta acá… Es un rasgo de mi personalidad. Es que… Soy muy introspectivo y reflexiono constantemente. Bueno, digamos, soy filósofo, pero reflexiono constantemente acerca de dónde estoy y de cómo llegué hasta acá. Eso me permite también tener muchos insights o muchas ideas respecto de qué cosas pueden haber funcionado, cuáles no, y que le podrían servir a alguien más. Para mí es muy importante poder compartir con el mundo y ayudar a otras personas a que puedan hacer su propio recorrido y que les sirva. Entonces en eso, el año pasado, bueno, también surgió más por demanda.

    Me empezaron a escribir personas diciéndome: che, y vos no das consultorías, porque tengo un proyecto que ahora quiero, no sé, ampliar o quiero monetizar o lo que sea. Porque también, en el contexto de Argentina, mi proyecto es bastante viejo y es en un contexto que no es maduro. En el resto del mundo tenemos plataformas como Patreon que están bastante bien, pero cobran en dólares, lo cual no es factible en un país donde la moneda se devalúa constantemente.

    Entonces a alguien le estás cobrando 1 USD hoy y en un año te está pagando más dinero de lo que ganás. Todo esto fue armado a medida, como mi propio esquema, si bien las personas que me apoyan desde fuera de Argentina lo hacen a través de Patreon. Dentro de Argentina no tenemos una plataforma así, y era muy importante para mí poder compartir estos aprendizajes y sobre todo advertir de ciertas cosas.

    Como: no te preocupes por esto, no es por acá, esto parece importante pero no lo es. Entonces apoyé a varios proyectos. Uno de los que más me gusta conversar es justamente el proyecto de Flor, que ella también, después de varios años de escribir sus correos de filosofía de la maternidad, empezó, creo que quedó seleccionada para un programa de aceleración de su proyecto y quería ver cómo dedicarle más tiempo y monetizarlo.

    Entonces ahí gran parte es acompañamiento y decirle: vos confiá, el día que vos lances tus suscripciones, vos llevás un tiempo convenciendo a las personas. Eso también es algo muy local. Generalmente en otros lugares, desde el día que se lanza el proyecto piden dinero. En Argentina, al menos, lo que puedo notar es que las personas generalmente tienden a sentir que primero tienen que demostrar lo que hacen, ¿no?

    Entonces: bueno, hago algo 2 años gratis y después digo, bueno, ¿y si me querés apoyar? Y esto también son distintos esquemas. Mi esquema, el esquema de Cómo funcionan las cosas y el Club de la Curiosidad, es de apoyo voluntario. Vos apoyás de acuerdo a lo que puedas pagar y a lo que sientas que vale lo que hago. No hay niveles, no es como si estás en el nivel 2, entonces te ganás tal cosa.

    De hecho, cuando les envié cartas, el único criterio era tener la dirección de la persona. Si tenía la dirección, te enviaba carta, no importaba si me apoyabas con 10 pesos o 500. Con algunas personas, básicamente las personas que me apoyan con más dinero subsidiaron a las que me apoyan con menos, porque obviamente enviar una carta, además, tenía separadores y stickers y demás que tienen costo.

    Entonces muchas personas se ecualizan en ese sentido, y con el proyecto de Flor fue muy lindo eso, también para mí, en el acompañamiento, poder decirle: confiá que van a pasar ciertas cosas, y es que el día que vos lances la opción de suscripción se van a suscribir todas las personas que lo estaban pensando antes. Después es la tarea semanal de convencer a las otras personas de que lo que hacés tiene valor y de que tiene sentido apoyarlo.

    Pero de movida ya hay personas que están esperando ese momento. Entonces está bueno dar la opción lo antes posible, después está la cuestión de si querés vivir de eso, que requiere otras cuestiones. Hay muchas veces que se me acercan con ideas de newsletter y terminamos acomodando: bueno, ¿qué es lo que realmente querés hacer? Si es eso o si es por ahí otro soporte. Pero no me pasó hasta ahora que alguien llegara con algo así y yo le dijera que el newsletter no es la solución, porque, como se está empezando a dar cuenta el mundo, cuando se trata de tener una audiencia fidelizada, una comunidad propia, no hay soporte que sea más afín que el newsletter.

    Es decir, no hay manera de comunicarse con las personas que apoyan nuestro trabajo más efectiva que el correo electrónico, porque no hay nada que sea más íntimo ni tan directo. Por eso hay muchos podcasts que lanzan un newsletter para poder fidelizar, o que tienen ambos canales, porque necesitás llegar a las personas de una manera en la que te puedan responder, y en el podcast no tenés esa opción. Bien, bueno, Flor también habla de eso en el podcast. Después, cuando la gente escuche su entrevista, vamos a corroborar.

    Magali: ¿Si qué? Dice OK eso. Después lo dejamos para otro momento. ¿Vale, cómo elegís en qué proyectos involucrarte?

    Valentín: Generalmente, y esto viene de hace muchos años, cuando me metía más en proyectos que tenían que ver con la cultura del hacer o con la cultura hacker y demás, creo que tiene que ver con que… Que logren transmitir una serie de valores, en última instancia. En particular, me es muy importante la cultura libre y esta cuestión de, bueno, los principios de la ética hacker, respecto de que el conocimiento tiene que circular y que es importante generar capacidad en las personas. Entonces, cuando aparece una oportunidad de hacer algo, también me fío por esa sensación de no puedo no hacer esto. Un ejemplo de una de las cosas más extrañas y masivas que hice: en Argentina el aislamiento preventivo comenzó un viernes. El lunes empecé a enviar, de lunes a viernes, un correo por día durante 100 días.

    El sábado no enviaba nada y el domingo enviaba mi correo de Cómo funcionan las cosas. Y en el medio de todo eso empezaron a haber muchas denuncias muy fuertes de desigualdad y problemas en el sistema de salud en Argentina, y en particular una amiga mía muy cercana es médica y es de Chaco. En un momento, cerca de junio, me cuenta que en uno de los hospitales más importantes de Resistencia había desabastecimiento de cosas básicas, como guantes, camisolines, barbijos, cosas muy básicas. Entonces dijimos: bueno, ¿qué tal si hacemos una opción de que las personas donen muy poco dinero y vemos cuántos juntamos? En vez de donar el dinero, que representa un problema, con eso compramos todo esto en Buenos Aires, donde es más barato, y lo mandamos en un camión. Bueno, en 24 horas juntamos 300000 pesos y ella se encargó de la parte de la logística y de enviar.

    Eso, un camión lleno de camisolines y cosas, de tal manera que no fuera secuestrado por el propio Estado de Chaco. Es el nivel de lo que estábamos haciendo. Y un mes más tarde repetimos la experiencia con un hospital de El Sauzalito, que queda en el medio de la selva, en donde también estaban muy faltos de recursos, y en una semana juntamos 200000 pesos, enviamos las cosas a… A Chaco, y en ese caso, para que te des una idea, hubo que contrabandear, de vuelta, barbijos en una ambulancia, porque si lo enviábamos en una camioneta lo secuestraba el Gobierno. Entonces ahí es como: no puedo no hacer esto, a mí que me cuesta horas de pensar esto, de compartirlo y de desarrollar un sitio web. Eso es lo que en gran parte me mueve: si esto puede tener un efecto positivo en la vida de las personas, y si pueden ser varias personas mejor, ¿por qué no hacerlo?

    Entonces, si yo en este momento tengo la capacidad, mientras otras personas no la tienen, de buscar una vez por día cosas que puedan distraer a esa persona, no puedo no hacerlo. Si puedo hacer una plataforma para ayudar al Chaco, no puedo no hacerlo. Y si puedo compartir con miles de personas sugerencias de cosas que les pueden hacer sentir mejor, y a algunas les puede generar algo, no puedo no hacerlo. Y ahí está la cuestión de lo que sucede inesperado en todo esto. Mi idea llegaba hasta ahí: voy a hacer 28 correos y enviar cosas.

    Nunca especulé con qué podía pasar. Pero claro, vos le enviás cosas a miles de personas y, por una cuestión estadística, a varias de esas personas, cuando vos les enviás algo, se les acaba de morir alguien, acaban de perder el trabajo, o les acaba de pasar algo muy terrible, les acaban de diagnosticar una enfermedad. Entonces, de repente empecé a recibir una respuesta muy intensa de personas a quienes les estaba haciendo mucha diferencia mi trabajo, que era automático.

    Al día de hoy esto se sigue enviando. Si vos te suscribís hoy, recibís el día uno y lo vas a recibir durante 28 días. No es algo que viva, que tenga vida propia. Entonces, al día de hoy hay personas que me escriben diciéndome, claro, porque lo que vos percibís es que yo, Valentín Muro, te envío todos los días a las 8:00 de la mañana un correo con cosas que te pueden hacer sentir bien. No pensabas que en realidad ese correo fue programado en junio del año pasado. Lo recibís como algo fresco, entonces eso genera una diferencia. Algo que está a la base de todos los proyectos que hago es hacer una diferencia para las personas. Y el otro proyecto que no mencioné es nomesientobien.com, que también entrás y te tira básicamente un dato curioso, simpático, que si todo sale bien te hace sonreír.

    Entonces si puedo hacerlo, no puedo no hacerlo.

    Magali: Bien, pero me gusta esa definición de cómo encarar las cosas. ¿Vos que tocás muchos temas, cómo hacés para que todo no se vuelva práctico y poder desenchufar de tu trabajo para tener momentos de ocio?

    Acá es donde cortamos la entrevista.

    Valentín: Es un gran problema. Curiosamente, al interior de la ética hacker, una de las cosas que la caracterizan es que el borde entre el trabajo y el ocio es más bien difuso. Entonces, ¿dónde termina lo que disfrutamos y empieza aquello a lo que nos dedicamos? Por ejemplo, yo leo sobre cualquier cosa que me llame la atención por mi curiosidad, pero ¿cómo hago para no estar pensando en: bueno, cómo voy a hacer con eso? Y en eso, algo bastante decepcionante es que yo leo bastante poco. O sea, leo muchísimo, pero generalmente no leo tanto en el contexto de esparcimiento.

    Si uno se fija en la cantidad de páginas que leo por semana, diría: wow, qué lector. Pero en realidad no, porque siempre lo hago en el contexto de cosas que disfruto mucho. Me pasa muy seguido: estoy investigando sobre un tema, agarro un libro y digo, bueno, pero tengo que parar porque tengo que escribir. Lo leería entero porque me parece increíble lo que estoy leyendo.

    Pero para escribir ya tengo suficiente. No puedo leer el libro entero acerca de, no sé, la historia de los vampiros, o los piratas, otro tema increíble. Y en eso, el tema del ocio, y sobre todo, y en esto me voy a pisar con algo que dije antes, una parte fundamental de la creatividad es justamente el ejercicio de la curiosidad en torno a todo. Todo el tiempo tener las antenitas paradas respecto de lo que nos gusta, de lo que sea, como queremos ver, no sé, un recital de Justin Bieber, no importa de qué manera, eso quizás me sirve para algo más. Eso por un lado está bueno, pero al mismo tiempo hace que nunca te desconectes de lo que vos dijiste, muy bien, de lo práctico, ¿no?

    Como: no puedo ver un recital de Justin Bieber solo por Justin Bieber. Y eso también está bien, y de hecho… Lo leí hace un par de días y me pareció muy bueno, y me encantaría decirte que esto es lo que me inspira en la vida, pero lo leí hace un par de días. Decía algo así como que la tarea creativa no es de trabajo constante, de estar corriendo de 9 a 5, descansar y de vuelta. Dice que es estar descansado hasta que viene el momento en el que no podés no hacer eso, algo que te empuja a realizar algo, después correr, correr, correr, meterle, y después descansar.

    Es como se alimentan los grandes felinos en la sabana: buscan un, no sé, antílope, lo corren, se lo morfan y después duermen 3 días o lo que sea hasta buscar el siguiente. Y me pareció interesante porque, de hecho, muchas de estas ideas, de los proyectos que efectivamente hice, surgieron de eso, de la desconexión, del no estar tan metido con lo que estoy haciendo, también para que no pase lo que mencionamos al principio, que es que es muy fácil cansarse de lo que estamos haciendo. Porque, por ejemplo, alguien se suscribe a mi newsletter hace 2 meses, entonces en su vida yo existo hace 2 meses.

    Y le gusta lo que hago, pero yo lo hago hace 5 años. Entonces en algún sentido hay cosas en donde decís: bueno, pero ya no es aburrido, ¿cómo voy a seguir haciendo lo mismo que hace 5 años? Bueno, a muchas personas les sigue gustando, pero incluso para la persona que me lee hace 5 años, que no son tantas, yo soy un momento en la semana, el domingo en algún momento del día, pero yo soy yo todo el día.

    Entonces, ¿cómo logramos no cansarnos de nosotros mismos y de las cosas que se nos ocurren y demás? Y es muy difícil. ¿Justo me habías dado la consigna de pensar un libro, no? Y antes que pensar un libro, así como súper sesudo o lo que sea, el año pasado, en agosto o septiembre, tuve básicamente un colapso nervioso muy importante.

    Literalmente, durante 2 semanas no pude hablar. Cuando digo que no pude hablar es literalmente que no podía pronunciar palabras. No es que estaba afónico: en mi cerebro, cada tanto se desconecta la parte de hablar, y básicamente por una cuestión de estrés no puedo hablar. Entonces lo único que hice fue leer, y fue la primera vez en muchos años que leí, creo, 10 libros en 3 semanas, lo cual no existe en mi vida.

    Y los leí así, uno por día, sin problema. Y uno de esos libros, que no tienen nada que ver, es de Andy Weir, que escribió un libro hermoso que se llama The Martian, que después es la película con Matt Damon. Escribió un libro el año pasado que se llama Project Hail Mary, también de viajes en el espacio, de ciencia ficción y qué sé yo. Y terminé agarrando el Kindle y llorando, porque no podía más de lo hermoso que era. Y dije: bueno, yo estaba muy desconectado de esto también, de poder darme ese lugar de leer sobre algo que no voy a usar en ningún lado.

    Y es tan difícil. No sé. Y creo que es algo que de hecho nos hace colapsar a muchas personas que vivimos de lo creativo. No sé, por ejemplo, las personas que hacen contenidos en YouTube y dicen que tienen que parar, porque vos me ves en el video, pero mi vida transcurre entre video y video: desde que lo envío empiezo a trabajar en el siguiente, y eso eventualmente te pasa factura.

    Magali: Ajá.

    ¿Y qué opinás vos de la gente que decide vivir de lo que antes era su hobby? O sea, no solo monetizarlo, sino que sea como tu trabajo.

    Valentín: Creo que en eso aprovecho para despotricar en contra de la inspiración. Si vos te dedicás a algo y querés que eso sea tu trabajo y que lo puedas sostener en el tiempo, la inspiración no puede ser un factor. De hecho, y esto va desde lo que sea, desde las artes plásticas hasta la escritura.

    La música: si es tu trabajo, tenés que poder hacerlo más allá de la inspiración. No significa que la inspiración no juegue un papel, sino que la inspiración hay que saber cómo salir a buscarla. Porque si no, es eso. A pesar de que no es que lo que escribo no tenga inspiración, pero si yo dependiera de eso, no sé si escribiría todas las semanas. De hecho, muchas veces yo me inspiro con un tema a la hora de haber empezado a investigarlo y digo: esto es increíble. Pero no fue al revés. O sea, no es que digo: voy a escribir sobre, no sé, tal tema sobre los piratas, que es increíble, sino que lo descubro cuando lo hago. Entonces en eso creo que parte de la profesionalización de cualquier cosa que hagamos es saber cómo no depender de eso, saber cómo buscar la inspiración y no partir de ella. Y después lograr también ese equilibrio en donde no terminemos resintiendo lo que hacemos porque se vuelve como una tarea o una obligación.

    Y en eso creo que es muy bueno tener cierta sensibilidad, que se entrena, y conexión con las personas que en última instancia se van a servir de eso. Yo lo aprendí muy por las malas, pero tengo una relación muy cercana con las personas que me leen. Y en esto, a veces es como si fuera un mérito, pero no tanto, no me saldría de otra manera. Cuando cuento acerca de las cosas que me pasan, y de que por ahí no estoy bien o lo que sea, no me esfuerzo, eso es lo que me sale. Creo que me sería más difícil no hablar acerca de eso, entonces no le veo mérito. Pero muchas veces me pesa mucho no enviar correos, o no estar bien para poder hacer un montón de cosas, y en eso generalmente las personas son mucho más… Amables y generosas de lo que pensábamos. Yo siempre me imagino, en el momento en que voy a poner enviar, a la peor persona del mundo abriendo mis correos. Y no es la mayoría de las personas, generalmente las personas son más buenas que eso. Y me imagino, cuando a veces escribo: no, claro, van a pensar que soy un idiota. Y en realidad no, las personas son mucho más bondadosas y amables en eso.

    Yo creo que, por ejemplo, mantener un buen canal de comunicación abierto contando lo que nos pasa va a generar mucha más compasión del otro lado de lo que a veces nos imaginamos. Es más, en un momento me pasó esto de mucho tiempo ininterrumpido de hacer algo y alguien me dijo: pero a ver, Valen, vos decís que nosotros somos, en vez de tener un jefe, tenés cientos de jefes, ¿no? Entonces, digamos, ¿tenés derecho a vacaciones? Y yo dije: claro, nunca lo había pensado. Si este es mi trabajo… También hay que poder parar y encontrar la manera de compartir eso. En el momento muchas veces no podemos, pero cuando podemos, contar por qué nos ausentamos y demás, porque de algún modo literalmente le debés algo a esas personas, como mínimo su atención. Entonces devolver esa atención y ser transparentes con lo que está pasando hace que también sea más llevadero y que de algún modo podamos contar con esas personas que decidan apoyarnos. En un sentido es mucho más personal, y por eso creo que las personas se ven mucho más convencidas de apoyar a una persona o a un grupo reducido de personas que hace algo que a un medio, porque yo no sé si apoyo a un diario, qué sé yo.

    Magali: ¿Cómo manejan esas cosas?

    Generalmente el dinero viene también de publicidad, ¿de acuerdo?

    Valentín: Y qué sé yo, acá, en estos casos es muy literal: si vos cambiás el monto de suscripción a mi proyecto, cambia mi capacidad de hacer compras en el supermercado directamente. No hay un intermediario, entonces en eso es algo lindo también para explorar.

    ¿Cómo decidir qué contar y qué no en un newsletter personal?

    Valentín: ¿Cómo decidís qué contar en estos casos? Me decías, como cuando estoy mal o cuando me ausento. ¿Cómo decidís qué contar y hasta dónde con la gente de tu comunidad?

    Es una gran pregunta y es algo en lo que pienso mucho, sobre todo porque voy a invertir la pregunta. Muchas personas piensan que yo cuento todo lo que me pasa y no es así. Quizá yo cuento, con mucha intensidad, algo que me pasó el lunes, pero la semana tiene muchos más días.

    Lo que pasa es que cuando estamos leyendo generalmente nos dejamos llevar por lo que estamos leyendo, y eso se expande, ¿no? Entonces vos leés a alguien siendo muy honesto, o al menos usando un lenguaje muy sincero de lo que te está contando, y eso se expande. A veces es algo tan grande que pensarías: bueno, esto fue toda su semana. Pero pasan muchas más cosas.

    Entonces hay muchas cosas que yo no cuento en mis correos. Obviamente, esto que estoy diciendo en particular, por ejemplo: muy rara vez hablo de otras personas, y no es por una cuestión ególatra, sino porque mi relato es propio. Si hay algo que involucra a otras personas, no sé, como cuando pasaron cosas familiares en mi vida, que se enfermó mi abuelo y luego falleció, y qué sé yo… Fueron semanas difíciles, pero involucraban también a mi familia. Entonces no necesariamente lo cuento. O por ejemplo, a fines de 2019 yo me separé después de estar 4 años en pareja, y en ese año yo no conté nada de eso que estaba pasando, y era algo enorme, quizás era lo más importante que me estaba pasando en mi vida, pero involucraba a otra persona que yo no quería usar como fuente de contenido, ¿entendés?

    Entonces a lo que me comprometo es a explorar la interioridad de mi mente o de mi vida o lo que sea, y qué me pasa a mí o cómo me siento, pero no a otras personas. Y en eso ya es un montón. Y creo que es también lo que genera la pauta de la confianza en mí, porque yo de algún modo estoy confiando en las otras personas, y eso es algo muy importante de mi proyecto.

    Cuando alguien lo busca en Internet puede encontrar el sitio de Cómo funcionan las cosas, en donde están publicados mis artículos. Y abajo de cada artículo, de cada texto, de cada correo, dice: esto es solo la mitad del correo. Eso es porque en mis correos siempre incluyo una segunda parte que a veces es tan larga como la primera, que es la parte donde yo cuento acerca de mi semana y de lo que hice y de lo que me pasa y qué sé yo.

    Y eso no está subido a ningún lado. Eso solamente está en las bandejas de entrada de las personas que se suscribieron. Y nunca, en 5 años, tuve un problema con esto. Las personas respetan eso. Nada de lo que yo escribí ahí terminó alguna vez en Internet, porque se lo estoy contando íntimamente a alguien. Entonces, si bien lo primero después termina y circula en Internet, lo otro te lo conté en una capacidad muy íntima y muy honesta.

    Entonces las personas lo perciben, y además, bueno, yo mando mails desde mi mail personal. Entonces cuando alguien me responde, lo recibo en mi cuenta, donde recibo mails, y respondo desde ese lugar también. Entonces se abren diálogos uno a uno. Trato de ser respetuoso de a quién más puede involucrar. Y en eso, como anécdota, algo en lo que estuve pensando últimamente, más o menos hace un año, en gran parte vinculado a ese episodio que tuve en agosto, septiembre del año pasado: me empezó a costar, y no sé por qué, abrirme en mis correos de los domingos, que son para toda la lista.

    Y en realidad generalmente envío correos mucho más íntimos únicamente a las personas del Club de la Curiosidad, que son las personas que tengo como público cautivo, dado que me están apoyando económicamente. Tengo buenos motivos para pensar que les caigo bien. Es algo nuevo en mí, pero me empezó a intimidar mucho esto de: no quiero contarle mis cosas a alguien que no sé si le caigo mal o lo que sea.

    Entonces de repente, algo que antes no me pasaba, que era enviarle mi intimidad a 15000 personas, ahora me intimida un poco. Entonces las cosas más importantes las hablo únicamente con mi pequeña comunidad, y después, cuando envío el correo el domingo, soy un poco más medido por ahí en cuánto me abro, y es algo que quiero resolver. Me gustaría abrirme mucho más el domingo. Pero también me pasa que a veces, si cuento cosas durante la semana, siento que el domingo me repito. Entonces lo evito.

    Pero bueno, no sé, es muy difícil ese filtro.

    Magali: Sí, me imagino que sí, porque vi cosas que vos contaste que están recontra personales, que hay que contárselas, no a toda una audiencia ahí.

    Valentín: En eso, algo que es muy inesperado y que jamás me hubiera imaginado es que eso también hace una diferencia. Por ejemplo, y en esto creo que tiene cierta cuota de sensatez, lo primero que siempre pensé fue: ¿a quién le puede servir saber que la pasé muy mal?

    No es interesante, vos venís acá a leer cómo funcionan las cosas, y este chavón te empieza a contar. De repente te das cuenta de que a muchas personas les hace diferencia, y que muchas personas te dicen: sí, yo también me siento así y no sabía que otras personas se sentían así. O, por ejemplo, algo que es muy extraño: el año pasado escribí un correo que era solo para el Club de la Curiosidad, que era Cómo funciona dejar de funcionar, donde conté qué me pasó durante ese episodio. Y al mes y medio me animé y se lo envié a toda la lista. Es básicamente un relato que lo escribí cagándome de risa, porque es casi una parodia de, ¿te acordás la película esta, Inside Out?

    Magali: ¿La de cómo se llama, la de la mente?

    Valentín: Imaginándome qué había pasado en mi cerebro durante un proceso así. Y de repente, claro, hay personas a las que les sirve, porque dicen: claro, pudiste ponerle palabras a algo que yo no sé cómo transmitir. Obviamente es un sombrero muy pesado para cargar, pero de repente la idea de ponerle palabras a lo que otras personas les pasa y no saben cómo contarlo, sin nunca pretenderlo. Hace poco, no, hace unos años, creo, leí sobre una banda que me gusta mucho, que se llama Motion City Soundtrack. Y alguien contaba acerca del proceso de escritura y decía: cuando escribo canciones que son más universales, resuenan mucho menos que cuando escribo sobre algo hiperespecífico, no una separación en general, sino una separación muy traumática.

    ¿Hay algo en eso también de que de repente tenemos más chances de llegarle al otro cuando no tratamos de escribir en general, sino de qué nos pasó a nosotros?

    Muy, muy puntualmente. Y de hecho esto es muy extraño para mí también. Generalmente me toma 30 horas escribir un correo, a veces no. Una de esas veces fue Cómo funciona el amor no correspondido. Creo que ese correo me tomó 3 horas, ponele cuatro, que fueron 2 horas de escribirlo en un café, en una sentada, y 1:30 más de evitarlo y revisarlo un poco.

    Es un relato autorreferencial de una chica con la que salí hace no sé, 10 años, que eventualmente, después de 3 meses juntos, no me dio bola. Jamás pensé que a alguien le iba a poder interesar y es uno de los correos más compartidos, más celebrados. Y digo, jamás lo hubiera pensado: no investigué nada, no tiene referencias así sesudas y científicas.

    ¿Y qué sé yo? ¿Hay algo de lo inesperado, también, de cuando nos abrimos? Vuelvo a que eso fue una de las consignas cuando empecé el proyecto: qué pasa si contamos más acerca de cómo nos sentimos bien o mal, qué nos gusta, qué no nos gusta, qué nos mantiene despiertos y qué nos hace dormir mejor. Y de repente, en ese ejercicio sostenido a lo largo de años, que te da cientos de oportunidades de practicarlo, descubrís que conectar con otras personas sucede de una manera más difícil de anticipar y muy caótica, que a veces logra una conexión muy genuina entre las personas involucradas, y le sirve en su vida poder conectar con lo que a alguien más le pasó.

    ¿Qué cambió con el diagnóstico de espectro autista en la adultez?

    Valentín: Sí, y creo que cuando te exponés y le ponés palabras a cosas que te pasan a vos mismo, otras personas que te están escuchando pueden hacerle sentido, verlo como un ejemplo y entender qué les pasa a ellos viendo cómo estás vos transitando las cosas. Y con esto creo que me entusiasma que tenemos acá una buena oportunidad para hablar de un tema, que es que vos recibiste tu diagnóstico de trastorno del espectro autista siendo adulto. Quiero preguntarte, para vos, ¿cuál fue el beneficio y cómo fue todo ese recorrido?

    Bueno, no pienso mucho en eso, pero en agosto se van a cumplir 10 años. Fue a los 23, casi recién cumplidos. Algo que cuento muchas veces es que es muy raro encontrar a una persona que haya recibido un diagnóstico de alguna condición del espectro autista en la adultez y no haya sido una buena noticia. Es decir, al menos para todas las personas que leí y que conozco.

    Fue algo que les abrió oportunidades más que cerrárselas. Digo esto porque generalmente el diagnóstico en la infancia no es algo que le dicen a la persona, es algo que le dicen a los padres, y generalmente genera mucho sufrimiento, mucho miedo e incertidumbre por el futuro. Pero cuando te llega en la adultez ya lo pasaste. Todo el mal que podía suceder en la infancia ya sucedió. Ahora te toca ser adulto, que no es fácil, pero te sirve para explicar muchas cosas. De repente decís: ah, claro, había una buena explicación, no es que yo era simplemente un Gil, es que había cosas que me costaban más. Y lo bueno es que ahora puedo aprender para lidiar mejor con esas cosas. Gran parte de mis primeros años post diagnóstico fueron ponerme al día en muchas cosas que en realidad nadie me había explicado, que hoy comprendo justamente por haberme dedicado a eso.

    Magali: ¿Y de hecho, de alguna manera de ahí viene también el Cómo funcionan las cosas?

    No, porque muchas personas piensan que… Me dedico a entender, o a tratar de entender, cómo funcionan las cosas porque soy un iluminado que capta todo así, pero si me dedico a eso es porque me cuesta mucho, pero mucho, y por eso me tengo que dedicar. Como la mayoría de las personas entiende, yo tengo que dedicarme a entender, ahí está la diferencia. Y dedicarme significa horas y horas y horas. Entonces ahora lo pongo al servicio de mi escritura.

    Investigo acerca de cómo funcionan los piratas, o cómo funciona coleccionar cosas, o cómo funcionan las cartas o el chocolate. Pero toda mi vida fue tratar de entender cómo funciona hacerse de amiguitos en el recreo, y por qué a otros les hablan y a mí no.

    ¿Cómo funciona lidiar con que las personas quieran tener contacto físico conmigo y yo no quiera? ¿O cómo funciona apoyar a alguien a quien se le murió una persona querida, cuando yo no entiendo qué es lo que pasa o de dónde surgen esas emociones? Entonces, en gran parte, ese ejercicio que hice por mi propia supervivencia es lo que hoy profesionalicé y convertí en aquello de lo que vivo.

    Mi gran revancha está en que aprovecho mi máxima debilidad, que es que me cuesta mucho entender, como una oportunidad para documentar el proceso de entender. Lo que hago es: me cuesta mucho entender, así que me dedico muchísimo y muy arduamente a tratar de entenderlo y después le cuento al mundo lo que encontré. Es básicamente eso y es un proceso que hago no solo para mi escritura, sino para poder sobrevivir. ¿Cómo funciona… Poder atender las necesidades de tu pareja, entender por qué ciertas cosas son de cierta manera, por qué su rutina tiene que contemplar ciertas cosas y la tuya no, y demás, como por ejemplo aprender a lidiar con la flexibilidad o los cambios de planes. Es algo que hay que entrenar de manera consciente y muy atenta. En eso, el diagnóstico lo que te da es una serie de puntos de partida respecto de, bueno…

    Valentín: Llegaste hasta acá a tu manera, a los golpes y con tus recursos. Ahora se te abre este catálogo de recursos y oportunidades para que puedas trabajar con lo que necesites. Hay muchas personas que necesitan más entrenamiento. Por ejemplo, una de las primeras cosas que yo tuve que entrenar fue la identificación de expresiones faciales, porque yo identificaba tres: no sé, está muy contento, está muy triste, o no sé qué le pasa. Esas cosas no se me hubiera ocurrido antes que las podía entrenar y que podía mejorar.

    Por eso, generalmente, el diagnóstico es una buena noticia.

    Magali: Me gusta. ¿Por qué creés que nos pasa esto de que asumimos que quien hace las cosas, esto que nos decías de «lo hago porque me cuesta entender»? Yo creo que cualquiera que hubiese escuchado este capítulo hasta hace 2 minutos hubiese dicho: él escribe porque le es fácil entender.

    No, de hecho, yo tengo 33 años y todavía no logro terminar la carrera de filosofía. Terminé de cursar en 2018 y me quedaron 3 finales pendientes y algunos trabajos, que son ensayos para entregar, además de la tesis. A mí me cuestan mucho las instancias de evaluación de finales en mi facultad en particular, y el tipo de preguntas que hacen. Porque, por ejemplo, mi manera de entender es vincular todo lo que estudio sobre algo.

    Entonces, por ejemplo, yo no puedo estudiar acerca de las ideas de cierta persona. Básicamente no puedo retener esa información si no indago también en qué es lo que llevó a esa persona a tener esas ideas. Y eso generalmente remite a quienes vinieron antes. Para entender algo tengo que entender gran parte de lo que pasó antes. Eso hace que mis esfuerzos de estudio académico sean generalmente exponenciales, porque tengo que irme siempre más lejos, porque si no, no logro entender. Y una cosa además es entender y después es memorizar, al punto de poder repetírselo casi palabra por palabra a quien nos está evaluando. Eso a mí me cuesta muchísimo. De hecho, en diciembre… Había estudiado para un examen. Además había leído, por primera vez en mi vida, toda la bibliografía de la materia, había hecho todos los resúmenes, había hecho todo lo que tenía que hacer, y me saqué un 3. Fue algo muy difícil. Perdí la materia. De hecho, ahora, después de 4 años, si quiero recibirme tengo que volver a cursar en la universidad. A mí me cuesta muchísimo. Y es muy paradójico, porque puedo vivir muy bien a partir de este tipo de esfuerzos.

    Y sin embargo, en otros contextos en donde los criterios de evaluación también son completamente retrógrados, antieducativos, absurdos, eso no sirve. Por eso vuelvo a que es una forma de explotar además. Logré vivir de manera independiente a partir del interés de muchas personas separadas respecto de lo que yo hago. Por eso es el trabajo que tengo hace más tiempo, porque me permite ser yo mismo de una manera en la que ninguna otra experiencia previa en mi vida me lo permitió, en donde básicamente vivo de manera completa en mis debilidades, mis esfuerzos.

    Y en última instancia, la ventaja que puedo sacar a partir de eso, porque en otros contextos laborales mis dificultades empiezan a pesar mucho más. Acá mis dificultades me juegan a favor, porque me sirven, por ejemplo, para saber: si no estoy entendiendo esto, ¿cuál es la pregunta que puedo responder? Y eso es uno de los bloquecitos que después termino usando en el texto, como hablábamos al principio. Solo en este contexto tengo la ventaja de poder aprovechar ese tipo de cosas que a mí no me salen como fuentes de información, es decir, como indicadores de por dónde puedo ir. Si a mí esto me cuesta, puede ser que a otra persona también. Eso me permite, por ejemplo, no dar tantas cosas por sentadas y detenerme a explicar. Y cuando trato de explicar algo, me detengo en tratar de entender cómo alguien puede incorporar esa información.

    Para que resuene con el resto de cosas que pasan en su vida. Entonces uso muchas analogías, uso muchas metáforas para poder explicar las cosas, porque así es como las entiendo yo. Lo único que hago es replicar el arduo ejercicio cotidiano de lidiar con mis dificultades de comprensión.

    Creo que este es un ejemplo brillante de cómo transformar algo que te cuesta, en todo tu estilo de vida, en tu negocio unipersonal, con reglas que funcionen a tu favor para que vos brilles haciendo tu proyecto.

    Valentín: Por eso vuelvo a lo que me preguntabas antes, de contar lo que vivimos. Muy paradójicamente, muchas veces me fue, es raro decirlo así, pero me fue muy bien cuando conté acerca de las cosas que yo más sufría, por ejemplo un episodio nervioso o mi dificultad para la comprensión. De algún modo, y de una manera muy inesperada, logré capitalizar lo que siempre me detuvo en mi vida, porque salvo por este proyecto, nunca jamás tuve un contexto en el que pudiera jactarme de ser muy malo en algo.

    Como: hola, soy Valentín Muro y soy muy malo en estas cosas. Bueno, venga a hablar de eso. Y en este caso solamente es por la evidencia, no por lo concreto, porque concretamente vivo de esto hace muchos años, funciona muy bien y sigue creciendo. Entonces me puedo jactar finalmente de: a mí me cuesta mucho esto y eso es lo que me hace más fácil mi trabajo. Pero después, obviamente, imaginate en un trabajo: me cuesta mucho entender todo. ¿Me habrían contratado?

    Bueno, por otro lado, algo que es crucial a todo esto es que yo soy mayormente autodidacta en la programación, en ciencia. Ahora estoy estudiando análisis y visualización de datos, y lo hago para poder lidiar con mis propios conjuntos de datos, porque me cuesta mucho seguir un curso, ir a la facultad o tomar una clase de lo que sea, porque siempre en alguna cosa estoy apenitas adelantado, pero en la mayoría siempre estoy atrasado y no entiendo al ritmo de los demás. Y qué sé yo.

    Entonces yo estudio con Internet, aprendo con Internet, y eso es lo que replico en mis correos también: lo que hago son esos mismos ejercicios.

    Magali: Claro, es que sí. Creo que los trabajos y la educación están hechos para que… Entiendas de una sola manera, y si tenés cualquier otro tipo de excepción, no entrás en ningún lado, sea lo que sea, si no, no estás preparado.

    Valentín: Y en eso en particular, y aprovecho el micrófono, a mí me frustra mucho que en espacios académicos, en particular en la Universidad de Buenos Aires, en la Facultad de Filosofía y Letras, se hable muchas veces de inclusión y de accesibilidad y se reduzca la inclusión y la accesibilidad, por ejemplo, a cuestiones como movilidad reducida: somos inclusivos porque pusimos rampas. Generalmente la inclusión no es cognitiva. ¿Entonces, a quién deja fuera?

    ¿A la universidad? A las personas en el espectro autista, a las personas que tienen alguna forma de dislexia, a las personas que tienen algún trastorno de ansiedad, a las personas que tienen un trastorno del ánimo, como puede ser la bipolaridad, a las personas esquizofrénicas, a las personas que tienen trastorno de déficit de atención, a las personas que no pueden lidiar con ciertos conjuntos de reglas que, por más que son arbitrarias, no se respetan, por ejemplo, consistentemente a lo largo del tiempo, en donde algo que es crucial para poder aprobar es poder establecer buenas relaciones sociales con tus compañeros.

    Entonces, si vos estás lidiando con personas a quienes les cuesta mucho la parte de socializar, las estás condenando al fracaso, o requerís que alguien logre no solo cierta autonomía en el estudio, sino una autonomía específica. Es decir, no es únicamente que puedas aprender a aprender por tu propia cuenta, sino que puedas aprender a aprender de una manera específica, que es la que luego se te evalúa. Entonces no se promueve el autodidactismo, se promueve replicar, en la privacidad de tu casa, la manera en la que nos enseñan.

    Hay que tener un poco más de cuidado, limitarse un poco cuando se habla de inclusión y de que tal o cual cosa es inclusiva o accesible, porque generalmente no estamos contemplando las maneras distintas de pensar de las personas, en particular las personas que tenemos autismo. Muchas veces tenemos maneras distintas de procesar la información. Por ejemplo, necesitamos la exhaustividad, porque de otro modo no podemos. No es una cuestión de obsesión ni de compulsión. No es un trastorno obsesivo compulsivo de «necesito estudiar todo porque tengo que tachar todo en la lista».

    Necesito estudiar todo porque si no, no logro que la información penetre en mi mente. Entonces, mientras que la educación contemple únicamente, ni siquiera a las personas neurotípicas en general, sino un conjunto muy limitado… Porque si nos fijamos, ¿cuántas personas entran en una carrera universitaria y cuántas salen? ¿Y en particular cuántas entran y cuántas salen en las carreras de la Universidad de Buenos Aires? Nos damos cuenta de que la universidad, al menos estadísticamente, no puede ser inclusiva, porque no se recibe nadie.

    Todo eso para mí es profundamente frustrante e hipócrita, porque después, justamente, es de lo que se jactan en otros espacios cuando dicen que todo el mundo es bienvenido. Y una de las cosas que te dicen para reducir su intervención en aspectos pedagógicos es: hay libertad de cátedra. E incluso cuando llegás al final de las consecuencias, te dicen: bueno, pero en última instancia la cátedra tiene la libertad de evaluarte como se le cante. Y eso puede ser de una manera que es demostrablemente hostil con las personas no neurotípicas, en particular con las personas autistas.

    Magali: Sí, y primero gracias por compartir esto, porque de verdad espero que quienes nos escuchan, que sea alguien que se pueda identificar con tu caso o alguien que esté en la docencia o en recursos humanos en una empresa, ojalá que todo esto que estamos charlando le pueda dar un puntapié para empezar a encarar estas situaciones de forma distinta. Ojalá estemos aportando el lenguaje que se necesita para empezar a cambiar las cosas.

    Porque es verdad, muchas veces se habla de inclusión y no es tan así, no es 100% verdad.

    Valentín: Sí, y en eso justo lo leía también hace unos días. Algo muy común también es eventualmente virar completamente el lenguaje hacia una retórica de los superpoderes. Es como Greta Thunberg, la activista de la crisis climática, que dice: bueno, el autismo en mi caso es un superpoder.

    Y la realidad es que la vasta mayoría, salvo excepciones, de las personas que tienen autismo no tienen un superpoder por tener autismo, tienen una diferencia. Tampoco hay que ver de qué manera el mercado puede explotar esas diferencias, salir a buscar autistas porque son los mejores para capitalizar de tal o cual manera, que es otra tendencia que a veces aparece en algunas iniciativas de inclusión de personas con autismo, que dicen: bueno, vamos a buscar a esas personas porque son hiperdetallistas. ¿Y qué sé yo?

    No todas las personas autistas son igualmente detallistas, ni nada. Es un espectro y hay mucha diferencia. Entonces en eso creo que también tiene que ver con ver de qué manera se puede lograr la inclusión, teniendo en cuenta que esas cosas benefician a todos. Si en la universidad la manera de enseñar fuera más inclusiva con las personas autistas, en la volteada caerían un montón de personas a quienes les está costando mucho hoy y no tienen ningún diagnóstico.

    Es decir, si empezamos a contemplar, por ejemplo, todo lo que sabemos acerca de cómo funciona el cerebro cuando estudiamos y lo aplicamos efectivamente a la educación, cambiaría todo y ayudaría no solo a las personas que tienen alguna diferencia cognitiva, sino a la población en general. Esa es la cuestión real de la inclusión, que incluye no solo al público objetivo al que estás apuntando, sino que generalmente tiene un efecto cascada con el resto de las personas que participan.

    ¿Por qué la educación todavía no incorpora lo que sabemos del cerebro?

    Magali: No, esto es increíble y es 100% verdad, porque pienso en cómo en los últimos 5 años nuestro cerebro cambió para reaccionar a los estímulos de, por ejemplo, tu celular.

    ¿Y cómo hacés para soportar una clase de 4 horas, lo menos didáctico que te pasó en la vida?

    Y gestionando todos estos estímulos que nos pasan, sin que se adapte la educación a la realidad.

    Valentín: Bueno, hay de todo. ¿Cuál es el sentido de eso? También, por ejemplo, el hecho de que muchas clases, gracias a las cuestiones del distanciamiento, empezaron a quedar grabadas. Entonces uno podía, por ejemplo, revisarlas directamente. La idea de que alguien pueda aprender algo solamente escuchando es un caso límite, la mayoría de las personas no puede. Quizás tomás nota, pero tampoco sé qué tan sostenible es tomar nota durante 4 horas de clase, o 2 horas, y estudiar eso. En el medio hay algo que es muy frustrante, que es que sabemos mucho, hace mucho tiempo, acerca de cómo funciona el cerebro cuando estudiamos.

    Hay mucha investigación que tiene décadas y décadas y décadas, ni siquiera es una cuestión especulativa. Es un poco ponerse al día con lo que ya sabemos de cómo funciona. También evaluar, cómo se puede evaluar mejor el desempeño: haciéndole preguntas de forma oral a alguien para que repita sin acceso a sus apuntes, o, por ejemplo, una manera mucho más efectiva de evaluar la integración de contenidos es pidiéndole que escriba un ensayo en donde tiene tiempo para ir y volver y desarrollar una idea, en donde la memoria no te salva.

    Si vos lo pensás, la mayoría de los exámenes dependen en gran parte del uso de la memoria, que no es un buen indicador de haber aprendido algo. En cambio, si tenés un desarrollo de una idea a lo largo de un texto, se evalúa qué tanto pudo incorporar las cosas esa persona. Para cada caso se pueden evaluar distintas posibilidades, pero definitivamente, si tenés un solo modelo de examen, tenés muy claras las probabilidades de que las personas que aprueben eso sean las que son muy afines a ese modo de examen, nada más.

    Magali: ¿Por qué creés vos que, si bien entendimos muchas cosas de cómo funciona el cerebro, todavía la educación no empezó a evolucionar para incorporar estos aprendizajes?

    Valentín: Hay que pensar en el sistema de incentivos, en cuáles son los incentivos para el cambio. Las empresas tenían la posibilidad. Las videollamadas no las inventaron en 2020, Skype tiene no sé, 15 años, y Hangouts y Google Meet existen hace 10 y demás. La tecnología ya estaba. ¿Por qué recién se incorporó en muchas empresas en 2020? Bueno, porque no quedaba alternativa, hubo una presión externa de incorporar el trabajo remoto. Eso es un incentivo: si no lo incorporás, no pueden trabajar, no pueden reunirse. Acá pasa algo parecido: si vos no tenés genuinos incentivos para hacer el cambio, ¿por qué lo harías? Y eso va desde muy arriba hasta muy abajo.

    Generalmente los problemas en educación no remiten al qué, a lo que haya que enseñar, sino al cómo. Y si vos, por ejemplo, no tenés un esquema en donde tenga consecuencias reales que las personas no aprendan, ¿por qué habrías de cambiarlo si tu trabajo ya está realizado? Obviamente tenés en el medio motivaciones personales, como: a mí me gustaría que los estudiantes aprendan, pero mi esfuerzo tiene ciertos límites porque, por ejemplo, tengo que trabajar en muchos lugares.

    Entonces la atención que le puedo prestar a cada estudiante está limitada. Es uno de los grandes problemas que tiene muchas veces la educación en Argentina: que las personas en la docencia quizás trabajan cada año con 400 estudiantes. ¿Entonces qué tan personalizada puede ser la atención si tenés que dividir tu atención entre tantas personas? Bueno, el problema es por qué las personas tienen que trabajar en tantos lugares. ¿Por qué no pueden trabajar en uno o 2?

    Ahí ves que en realidad todo está entrecruzado y son relaciones bastante complejas entre sí: no solo lo que se enseña, cómo se enseña, quién lo enseña y quién lo tiene que estudiar. Si implementamos las mejores estrategias de docencia, pero los chicos no comen lo suficiente en su casa, ahí tenés otro problema, que aunque tengas todo resuelto lo de arriba, en el último eslabón tenés un problema. Y después hay muchas cosas que simplemente funcionan así históricamente, ya no en el caso de la educación primaria y secundaria, sino en el caso de la universidad. Si no hay presión externa de ningún tipo para que se actualicen los contenidos o se actualice la forma de evaluar y, básicamente, por ejemplo, se recibe una de cada 100 personas de la carrera… Eso no altera, por ejemplo, la dedicación presupuestaria, que es algo horrible y es incomodísimo mencionarlo. Pero básicamente todo puede seguir funcionando igual, aunque entren 1000 personas y se reciban 10. Ahí tenés un problema y una falta de incentivos. Eso no significa que tengamos que incorporar inmediatamente un sistema de evaluación de las universidades arbitrario, en donde si no se reciben personas hay que cerrar la facultad, ni nada de eso. Sino que podemos tomarlo simplemente como un llamado de atención: bueno, ¿qué podemos hacer para mejorar estos números? ¿Qué es lo que está pasando?

    ¿Y si efectivamente todo termina en una cuestión de libertad de cátedra? Bueno, hay que revisar esa parte, porque hay algo que no está funcionando, y la culpa o la responsabilidad tiene que estar bien repartida. Obviamente una parte puede ser de las personas que llegamos a la universidad y quizás tenemos una mala formación educativa de la primaria, pero de repente, cuando tenés personas que están 10 años en una carrera, es bueno indagar en por qué es eso.

    ¿Es porque no pudieron cursar antes, porque hay pocos horarios? Entonces esa persona tuvo que cursar menos material porque no le coinciden los horarios. ¿Es porque le va mal en muchas materias? Hay que indagar en los motivos, y nada de esto significa que no lo estén haciendo. Yo lo sé de primera mano, sé que se trabaja esto en las universidades, pero se necesita trabajar más y se necesita revisar mejor, en virtud de los resultados, qué es lo que está pasando en la educación universitaria en general.

    No es fácil, no es un resultado fácil, y hay resultados prometedores, pero en el medio la mínima diferencia que puedas hacer en el día a día de una persona tiene grandes consecuencias. También, de repente hay cambios, pero muchas veces porque hay personas más jóvenes que tratan de revertir su experiencia, pero también hay personas jóvenes que replican exactamente lo que vivieron. La juventud no es un buen criterio de cambio. En eso, esta idea terrible, en particular en la UBA, de que uno la tiene que padecer y tiene que sufrir, y esa es la manera en la que son las cosas. Es rarísimo y es perverso.

    Eso no está bien, nadie debería sufrir en absoluto, no puede ser algo que aceptemos como un hecho. Hablo también desde este lugar, un poco enojado por mi propia experiencia, pero supongo que muchas personas mucho más inteligentes e informadas han dicho cosas bastante parecidas respecto de cuál es el diagnóstico de la situación. Y alcanza con revisar lo que la propia carrera de educación en la Facultad de Filosofía y Letras dice acerca de cómo se evalúa.

    Magali: Claro, bueno, ahí vamos por ahí. Vamos a desenredar este lío que tenemos.

    ¿Qué libros y podcasts recomienda para pensar distinto?

    Magali: Las carreras… Vale, para esta parte quiero que charlemos de un libro y un podcast para recomendar. Uno ya lo mencionaste, podés elegir otro si querés.

    Valentín: Creo que solamente por el lugar que tuvo en mi vida, no es un libro de filosofía, pero me inspiró mucho intelectualmente: es El gen egoísta, o The Selfish Gene, un libro publicado originalmente en el año 76 por el biólogo evolucionista Richard Dawkins, que después se hizo muy famoso por cuestiones vinculadas a sus críticas a la religión. Es un libro que habla acerca del altruismo y del comportamiento altruista, es decir, el comportamiento desinteresado, y básicamente lo que muestra es que gran parte de lo que vemos en la naturaleza como altruismo, en realidad no lo es y responde justamente a los intereses de los genes de perpetuarse en el tiempo.

    Entonces, no sé, cuando vemos que una abeja se suicida por la colmena, no es un comportamiento altruista, sino un comportamiento egoísta, porque la abeja es estéril y no se puede reproducir. Entonces básicamente lo que encontramos es que en general en la naturaleza… Mayormente somos únicamente los humanos quienes podemos actuar de manera altruista y, en el medio, lo que vemos son las maneras increíblemente ingeniosas en que las especies evolucionaron para hacerse trampa entre sí, como la lagartija que evolucionó para… Es raro hablar de evolucionar para, porque no hay una orientación, la evolución no tiene una dirección, no es teleológica. Evolucionó adoptando el comportamiento de, por ejemplo, treparse al nido de un pájaro, comerse sus huevos, poner sus huevos y que el pájaro le críe los huevos a la lagartija, y cuando salen eran lagartijas.

    Entonces el pájaro tiene que evolucionar o desarrollar una mayor capacidad para identificar huevos falsos, y la lagartija tiene que evolucionar para dejar huevos lo más parecidos posible, que engañen a los del pájaro. Bueno, así hay inagotables cuestiones, pero a mí lo que me abrió los ojos fue básicamente una perspectiva sobre el mundo, una perspectiva científica, una perspectiva filosófica, en donde funciona de una manera mucho más bella de lo que, por ejemplo, un relato de la creación nos puede dar. La evolución es mucho más caótica y compleja y, por lo tanto, tantas cosas podrían haber salido mal y sin embargo estamos acá, y eso es increíble. Lo leí en el 2010, cuando estaba empezando la carrera.

    Y me abrió respecto a eso de cómo mirar al mundo constantemente con otros ojos, un poco escépticos, viendo que aunque tal cosa parezca desinteresada, en realidad hay otras cosas por detrás. Y quienes podemos conscientemente adoptar comportamientos que van en contra de eso somos los humanos justamente.

    Magali: ¿Y un podcast?

    Tengo varios. Pero creo que hay uno que se llama The Bugle, que es el podcast que sigue saliendo. En sus primeros 7 años lo hacían 2 comediantes británicos, John Oliver y Andy Zaltzman. Hoy lo sigue haciendo solo Andy, y John Oliver se hizo muy famoso con su programa de tele y hace otras cosas. Básicamente hacían las noticias, pero con mucha sátira y muchos comentarios muy parecidos a lo que él hace en su programa, y me parece muy rico. Yo escuché su programa 5 años después de que salieron y sin embargo me reía igual.

    Eran noticias viejas, pero estaban tan bien comentadas que era disfrutable. Y el otro se llama Cashing In with T. J. Miller. Es también de 2 comediantes. Uno de ellos es Cash Levy, que es un comediante estadounidense, y el otro es T. J. Miller, que es un actor también muy famoso, que actúa en Silicon Valley. Ellos están como 1 hora haciendo comedia, básicamente, pero es profundamente filosófico, porque se agarran de cosas súper cotidianas.

    Y hacen eso que es tan propio de la filosofía, pero tan difícil de lograr, que es mirar las cosas desde otro lugar. De repente dicen: ¿por qué tenemos codos? ¿Por qué no son como rodillas de los brazos? Y decís: nunca lo había pensado. Pueden estar horas filosofando sobre cosas, y juegan mucho con el lenguaje y las arbitrariedades que en realidad nosotros incorporamos y nunca ponemos en tela de juicio. Cuando alguien te lo muestra un poquito, decís: todo es ridículo, todo a nuestro alrededor es ridículo y tantas cosas no las pensamos, pero de repente alguien te pone en ese lugar y decís: ah, claro. En eso creo que el… La comedia es una de las fuentes más interesantes para la filosofía, porque muchas veces permite, desde un lugar donde no lo esperás, introducir temas muy, pero muy difíciles, como el aporte de comediantes en torno a discusiones como la interrupción voluntaria del embarazo o la religión. El año pasado justo leí la biografía de George Carlin, que es un comediante muy famoso por haber hablado hace mucho tiempo acerca del aborto y demás, y es eso, que logran desde un lugar del relato llevarte a ideas que quizás de otra forma no hubieras contemplado.

    Si tuvieses que decir un hábito o rutina que te sea muy funcional, ¿qué nos podrías recomendar?

    Valentín: Creo que registrar el tiempo que paso haciendo cosas. No es algo que haga manualmente, obviamente, tengo una herramienta. De hecho, uso la misma hace muchos años, que se llama Toggl. Es algo que me permite llevar la cuenta de lo que hago y eso es muy bueno, más allá de que después veamos el resultado, no hace falta volver a esos números, pero si querés, sí. Te permite, por ejemplo, volver durante el día, a diferencia de una agenda: una agenda es hacia el futuro, esto es hacia el pasado.

    Entonces en la agenda registrás lo que querés hacer, en tu calendario, pero acá empezás a hacer algo y ponés play y empieza a registrarlo, y de repente decís: okey.

    Hoy durante el día estuve 2 horas respondiendo mails, estuve 1 hora haciendo tal cosa, tuve tanto tiempo, no sé, participando en un podcast. Después hay cosas cotidianas, tipo ir al baño, comer o bañarme, que no las anoto, pero cuando estoy frente a la computadora sí. Eso después me permite poner en mis correos cuánto tiempo me tomó cada cosa, pero también me permite a mí hacer un seguimiento y decir: che, ¿le dediqué tanto tiempo a esto o me pareció? A veces me fijo y en el mes hay algo que me tomó 4 horas y yo siento que fueron 40, y después hay cosas que digo: guau, paso mucho tiempo haciendo tal cosa. Para aprender de uno mismo sirve de mucho.

    Magali: Me gusta que encontré otra persona que hace lo mismo, porque lo hago y no lo podía debatir con nadie.

    Valentín: ¿Ah, vos? Pensé que me hablabas de alguien más, pero vos hacés lo mismo.

    Magali: Sí, soy yo. Claro, sobre todo porque con todo en la computadora es tan fácil que es un hábito muy fácil de adoptar. Porque si vos me dijeras: tenés que anotar en el papel la hora en la que empieza y la que termina, y después calcular la diferencia, ya me perdiste.

    Valentín: Acá pongo play y puedo hacerme proyectos y todo, y lo voy llevando así. Sobre todo si trabajamos con clientes o distintos proyectos, podemos ver qué dedicación le estamos dando, no necesariamente porque vayamos, por ejemplo, a cobrar por hora, sino porque decís: bueno, ¿cuánto le dediqué a esto? Realmente más que el mes pasado, menos.

    Magali: Con todo lo recorrido hasta acá, todo lo aprendido, ¿qué le dirías al Valentín de hace 5 años, el que estaba empezando con el newsletter?

    Valentín: Creo que es lo mismo que le digo a personas como Flor que se acercan con sus proyectos.

    ¿Qué consejo da para empezar un proyecto propio sin subestimarlo?

    Valentín: Y es que primero tenemos que poner las ideas en el mundo para poder validarlas. Es decir, no me iría a mí mismo… Como que confíe ciegamente antes de empezar el proyecto. Lo que le diría es: no pienses que es trivial cuando estás 3 o 4 meses haciendo algo y hay personas a quienes eso les interesa, porque es mucho más difícil de lo que pensás. Cuando muchas veces lo que nos proponemos se logra, le quitamos valor a lo que hicimos, y es el problema de personas muy talentosas. Hay personas muy talentosas que subestiman su capacidad porque no les costó mucho hacer algo.

    Entonces, por ejemplo, a mí me pasa. Yo subestimo mi capacidad para escribir y digo: cualquiera puede escribir, googleás 30 horas y después escribís. Y hay muchas personas que me dicen: mirá, a mí no me sale. Y a veces me cuesta aceptarlo. En eso diría que una vez que ponés algo en el mundo y empiezan a aparecer, no importa cuántas, pero digamos un puñado de personas a las que les gusta, quedate con eso.

    Y tampoco orientes inmediatamente lo que querés hacer con lo que les gustó, porque generalmente las personas descubrimos después lo que nos gusta. Enfocate en qué es lo que a vos te gusta hacer de eso y qué es lo que podés sostener en el tiempo. Y no es exactamente lo que me preguntaste, pero la mayoría de las personas que se desuscriben de mis correos no me ponen ningún motivo, simplemente dejan la opción por defecto, que es «ya no me interesa». Algunas dicen «son muy largos los correos», y cada tanto alguna persona me tira algún comentario muy horrible y personal, y yo me quedo hecho una bolita un rato. Alguna vez alguien me dijo: no soporto el ego de la persona que escribe. Y es terrible, porque lo que más me celebran de lo que escribo es la presencia de mi ego, es decir, no el egocentrismo, sino que hablo de mí mismo. Si escribiera de una manera mucho más despojada, probablemente perdería a muchas personas. Entonces en eso me quedo con la parte de escribir mucho. Yo le escribo a las personas que leen, y últimamente estoy disfrutando más de escribir más largo, 2000 palabras, que ya no lo leés en 5 minutos, sino en 10 o quizás 12. Identificar que lo que hacemos tiene que ser lo que queremos, pero no tenemos que dejarnos llevar.

    Por ejemplo, por lo que dice algún gurú esta semana, como ahora, que hay que hacer todos contenidos cortos. Porque después publicás un podcast de 3 horas y alguien te dice: mirá, me tomó 2 semanas escucharlo, pero me encantó. Y decís: entonces no tengo que hacer episodios de 5 minutos como me habían dicho. No sé, creo que las cosas pueden funcionar mucho más si hacemos a veces antiproductos, cosas que van en contra de lo que supuestamente tenemos que hacer.

    Porque nos hace participar de una liga propia. Contenidos de 5 minutos va a haber 1000 millones. Ahora, que hagas algo de 3 horas y que haya 50 personas que quieran escuchar eso, no necesitás más. 5000 ya es un montón, no sé por qué necesitás más. Y en eso, ir orientándote por la información que te dan las personas que disfrutan de lo que hacés.

    Magali: Brillante, brillante esta sección. Mencionaste muchos lugares donde te pueden encontrar en Internet, pero ¿cómo lo resumirías para quien escuchó y quiere contactarse con vos?

    Valentín: Como uso Internet hace tanto tiempo, yo empecé a usar Internet en el año 95 y mi primer sitio web lo hice en el 98 o 99 usando FrontPage 98 en la computadora, existo en Internet desde casi principios del 2000. Entonces siempre supe que era muy importante aparecer bien en Google. Si vos buscás Valentín Muro, todo lo que encuentres va a ser sobre mí, porque logré desplazar a todos los Valentín Muro del mundo, que son como 10.

    Y si buscás Cómo funcionan las cosas, te va a aparecer principalmente un libro muy lindo, que obviamente es lo que inspiró el nombre de mi proyecto, y justo debajo vas a encontrar mi sitio. Te vas a dar cuenta rápido cuando entres, porque hay muchas cosas. La URL es muy linda, es cómo funcionan las cosas. Así que nada, es muy fácil encontrarme, y en las redes sociales es lo mismo. Mi nombre de usuario universalmente es valenzine, con Z, pero si buscás Valentín Muro me vas a encontrar en Twitter, en Instagram, en Facebook, en LinkedIn, en TikTok, aunque no lo uso en todos lados: voy y me registro con mi usuario y después veo si sí.

    Magali: Bueno, bien, ¿algunas palabras o pensamientos finales para cerrar este episodio?

    Puede ser un último mensaje a la audiencia, algo que hayamos o no hayamos dicho hasta acá o que haya quedado colgado. Creo que parte de lo lindo de tu proyecto, y de lo que apuntás con esto de distintas maneras de reinventarse y poder vivir de manera sostenible y de manera bastante atípica, gran parte del valor de esto está en poder mostrar esa diversidad, que hay un montón de historias distintas.

    Valentín: A veces hay personas que lo logran, no sé, haciendo un canal de YouTube muy exitoso, otras que simplemente son nómadas digitales y trabajan de forma freelance, saltando de un lugar a otro, y demás. Pero lo importante es que podamos mostrar que no se trata de un grupo homogéneo de personas que hacen todas más o menos lo mismo. Ya tenemos la idea de la persona que programa y que va de un lugar a otro porque trabaja de esa manera, pero después hay muchas historias de vida, muchas maneras distintas de llegar a lo mismo. Y en eso justamente, que vos puedas mostrar también que esos caminos son mucho más accidentados de lo que parece. Por ejemplo, no lo mencioné antes, pero yo cerré mi primer año de Cómo funcionan las cosas con 1000 suscriptores.

    El segundo, con 4000; el tercero, con 9000; el cuarto, con 15000. Y desde entonces lo mantengo. Porque voy archivando personas y no cruzo esa cuota hasta que no sea necesario.

    Hoy estoy parado desde ese lugar, pero yo al año, con solo 1000 suscriptores, podría haber dicho: che, esto no me están dando. Y acá me bajo. Entonces también hay algo de sostenerlo en el tiempo y confiar en eso, encontrar la manera de poder hacerlo, muchas veces en paralelo a lo otro que hagamos con lo que pagamos el alquiler, hasta que podamos hacer ese otro salto. En mi caso fue con suscripciones, tranquilamente.

    Puede ser con un esquema de mecenazgo institucional estatal, puede ser con el apoyo de marcas, los modelos son muchos. Pero lo importante es no quedarse con que las historias son únicas. Creo que lo que hacés es un buen recurso para empaparse de las partecitas de cada persona que te sirvan. De hecho, tengo que saber cuándo va a salir este episodio porque no se lo conté todavía a nadie, literalmente. ¿Para saber cuándo lo anuncio, antes de que salga en el podcast?

    El año que viene me voy a vivir a Italia y es una decisión fuertísima. Todos los días me pregunto si voy a poder seguir haciendo lo mismo, o sea, si voy a poder seguir viviendo en Italia del Club de la Curiosidad, o voy a ponerme un negocio de pastas. Hay un montón de incógnitas y me encantaría compartir con el mundo lo que vaya descubriendo en el medio. ¿Qué voy a hacer?

    Y en eso, este tipo de recursos son los que a mí me sirven para ver: bueno, ¿qué tan sostenible es esto?, ¿qué puedo hacer?, ¿cómo me puedo inventar, cómo puedo reestructurar lo que hago después de tantos años de hacer más o menos las mismas cosas? En eso me quedo con que es muy bueno, y la verdad es que muchas de las preguntas que me hiciste no me las habían hecho nunca. Y eso también es muy valioso, porque, como vos bien sabés, generalmente nos hacen las mismas preguntas siempre.

    Para mí es muy refrescante poder hablar de cosas en las que no tengo que poner play del casete, viste, y eso es superlindo. Entonces nada, felicitaciones por el proyecto. Te pido que sigas buscando esa diversidad de historias, porque tengo varios amigos programadores que viajan por el mundo y ya sé que sus historias son todas iguales: quiero algo.

    Magali: Sí, sí, sí. Exacto, bueno, fantástico.

    Entonces, este cierre. Gracias, Valen, por este… Capítulo brillante, fabuloso, pasamos por miles de temas. Y gracias por el feedback.

    Valentín: Gracias a vos por hacer la tarea, también, porque la clave de poder hacer buenas preguntas es tener cierto conocimiento de causa, y no preguntar cosas únicamente genéricas. Ahí es donde decía la diferencia: no me hiciste pensar mucho en eso, de que este tipo de historias no pueden reducirse a bueno, cómo te hacés un perfil en Upwork y buscás cosas freelance.

    Hay muchas maneras distintas de llegar a lugares parecidos.

    Magali: Hermoso, gracias, Valen. Gracias por tu tiempo y gracias por compartir todo esto.

    Valentín: Gracias a vos.

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    ¿Quién es Valentín Muro y de qué habla en este episodio?

    Valentín Muro se dedica a entender cómo funcionan las cosas. Estudió filosofía en la Universidad de Buenos Aires, enfocado en el impacto del discurso anti-ciencia en la sociedad y el desarrollo de la ciencia misma. Desde 2017 lleva adelante “Cómo funcionan las cosas”, un newsletter semanal que se enfoca en relatos de ciencia, filosofía, historia y literatura y sirve como plataforma para promover la curiosidad.

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