Charo Vargas
Bio Charo Vargas
Charo Vargas es ilustradora, CEO de Charuca hace más de 7 años, Speaker, Podcaster y escritora del libro best seller ¨jefa de tu vida¨. Su misión es ayudar a las mujeres a ser las Jefas de su Vida.
Escuchá el capítulo entero

De qué hablamos con Charo Vargas:
- Su misión detrás de todo lo que hace. Min 3.27
- Dejar la relación de dependencia Min 3.35
- Burnout – Quemarse. Min 7.56
- Señales para animarse a emprender Min 11.21
- Cierre de su estudio de ilustración. Min 12.24
- Fracaso y las mil posibilidades – luces y sombras. Min 14.20
- Decisiones acertadas. Min 15.43
- Su amor por la incertidumbre. Min 18.30
- El síndrome del impostor. Min 22.02
- Como se decidió a escribir el libro ¨Jefa de tu vida¨. Min 24.05
- No somos un pote de Nutella, es decir no podemos gustarle a todos. Min 29.12
- Asociarse con la hermana. El trabajo y la familia. Min 40
- Creencias limitantes, cuáles aprendió a vencer. Min 44.13
- Aprender a crear cursos online. Min 48.53
- Pasar a la acción. Min 50.43
- Podcast Jefa de tu vida Min. 53.07
- Experiencia en Bali. Min 58.17
- El mejor y peor consejo que recibió. Min 1.05.55
- Pasan cosas buenísimas cuando frenas. Min 1.12.10
- Ideas que le funcionaron para lanzar productos. Min 1.14.50
- Hábitos productivos. Min 1.23
- Definición de éxito. Min 1.30
- Mensaje final. Min 1.34.20
Recomedaciones de Charo Vargas:
- Libro
Indomable, Glennon Doyle Melton
Manifestar, Nafousi Roxie
Maneras de amar, Levine Amir
Simplifica tu negocio, Donald Miller
- Podcast
Así empecé, Beltrán Espinosa
No tiene nombre, Nacho Muhlenberg
Jefa de tu vida, Charo Vargas
Transcripción
Charo Vargas es ilustradora, fundadora y CEO de Charuca, autora del libro Jefa de tu vida y conductora del podcast del mismo nombre. En esta conversación cuenta cómo dejó la relación de dependencia, cerró su estudio de ilustración tras un burnout, construyó su marca de papelería y su escuela online, y los hábitos con los que cuida su energía.
Introducción
Charo: Entonces, otro hábito para mí que me ha llevado y que me sigue llevando a construir mi éxito es, primero, saber distinguir los proyectos importantes y, segundo, enfocarme en ellos, porque la vida te va a mandar mil pequeñas cosas para hacer. Pero tener ese foco, decir que no, que estoy con esto y que voy para adelante con esto, porque yo no lo saco nunca, y están mis pequeñas cosas, les voy a decir que no y no voy a ser un bote de Nutella, y voy a quedar mal, y no voy a serlo.
Buena persona quiero ser, pero tampoco voy a ser mala. O, sabes, me voy a enfocar en lo que es importante y cuando lo tenga sacado ya haré otras pequeñas cosas.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Alguna vez te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida? En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron y viven más alineados a sus valores. Contamos historias y desarmamos cómo lo hicieron. Enterate de los detrás de escena y de mis recomendaciones de libros o podcasts uniéndote al correo semanal en tienequehaberalgomas.com/correo. ¿Estabas escuchando a Charo Vargas? Ella armó hace 8 años la marca Charuca, con la que tiene una línea de papelería y además una escuela con cursos online.
Ella tuvo un estudio de ilustración que terminó cerrando antes de crear esta marca, y podés escucharla en su podcast Jefa de tu vida. En esta conversación hablamos de cómo fue el camino de la relación de dependencia a tener su estudio de ilustración, sus viajes, el recorrido de Charuca en los últimos años y qué se viene para el futuro.
Podés escuchar esta conversación con video en YouTube y redes sociales, en @tienequehaberalgomas, y cuando termines contame qué te pareció el capítulo.
Hola, Charo, bienvenida a Tiene que haber algo más. Muchas gracias por venir hoy a conversar conmigo.
Charo: Hola, Magali, encantadísima, gracias a ti por invitarme.
Magali: Bueno, quiero para empezar, ¿querés hacer una breve presentación de 15 segundos? ¿Quién sos vos para quien todavía no te conoce?
Charo: ¿Puedo? No es mi pregunta favorita, pero voy a contestarla. Siempre que me preguntan esto de «Preséntate», siempre digo, ¿vale? La pregunta difícil. Ser humano, persona.
Y hace unos años que lo profesional.
Estoy enfocada en un proyecto muy bonito que se llama Charuca, a través del cual, junto con un grupo de personas, estamos ayudando a mujeres a construir su éxito.
Y en Charuca tenemos unos cursos para esto mismo, para ayudar a mujeres a que construyan esta vida con la que se sientan más a gusto. Y también tengo una marca de papelería en la que todo sirve para lo mismo. Hemos creado el concepto papel terapia, y a través de mi papelería, de mis libros, de mis agendas, también ayudamos a mujeres a que se hagan ciertas preguntas cuyas respuestas les darán pistas sobre qué camino tomar. Nuestro producto estrella es la agenda Charuca. Y también he publicado el libro Jefa de tu vida, que sirve para lo mismo, y tengo un podcast que se titula también Jefa de tu vida, que sirve exactamente para lo mismo.
Entrevisto a mujeres para que inspiren a otras mujeres, a otras personas, a construir su éxito. Todo lo que hago es para ayudar a construir mi propio éxito e inspirar a otras personas para que también puedan construir el suyo.
Magali: Me encanta, me encanta, sobre todo que Charuca, que es una marca de 2022 súper, súper sólida y armada, esto no fue siempre así. Investigando a tu guía me gusta que hubo como etapas muy distintas.
¿Cómo se anima alguien a dejar la relación de dependencia para emprender por cuenta propia?
Magali: Quiero saber para vos cómo fue el primer clic de decir «yo puedo llegar a dejar la relación de dependencia y emprender un proyecto por cuenta propia».
Charo: Eso viene de muy atrás, o sea, muy atrás. Yo recuerdo que yo estaba trabajando con mi jefe, en una relación de dependencia, y para mí ni siquiera existía, yo no sabía que uno podía trabajar por su cuenta. Recuerdo que era diseñadora y que un día fui a ver a una amiga que ya era freelance. No sé si alguien se dice freelance cuando uno trabaja por su cuenta. Vi que ella trabajaba en su casa, tenía la oficina montada allí y me fascinó. O sea, me quedé como, guau, pero ¿esto qué es? Me veo perfectamente aquí. Y en aquella época, que debería ser el año 2000.
Cuatro. Yo estaba trabajando como diseñadora de un estudio y ya empecé a construir mi salida del estudio, y en 2005 ya estaba trabajando a media jornada como freelance, y en 2006 había dejado ya totalmente mi trabajo en relación de dependencia y era una ilustradora diseñadora independiente, que era algo que me ilusionaba muchísimo.
Magali: Bien. ¿Cómo hiciste para empezar a hacer freelance?
Primero, tener ahorros. O sea, lo primero que hice fue tener un colchón económico ahorrado, porque yo sabía mis gastos fijos, lo que me iba a costar cada mes vivir. Y segundo, ir dejando mi trabajo con jefe de manera paulatina. En vez de decirle «ya me voy», lo que hice durante el primer año fue tener un trabajo a jornada completa, más proyectos que ya empecé a buscar mandando emails, escribiendo a agencias, proyectos como ilustradora, a revistas, a editoriales.
Cuando empezaron a salir los primeros trabajos, le pedí a mi jefe trabajar mitad de jornada, cuatro horas. Y cuando ya vi que entraba dinero suficiente como para mantener mis gastos, entonces le dije a mi jefe que continuaba sola. Tenía unos ahorros y además una entrada ya de encargos que era suficiente para cubrir unos gastos muy pequeñitos. Yo tenía un piso compartido y poca cosa más. Realmente no había una estructura muy grande que mantener.
Bien, me gusta. Voy a hacer un fast forward, te voy a llevar para adelante y para atrás, llevame donde quieras. ¿Un estudio de ilustración propio? Quiero saber qué aprendiste haciendo eso durante años.
Charo: Lo que más aprendí con el estudio de ilustración no fue sobre ilustración, era trabajar con un equipo de personas. Y en ese año la mayor cagada que cometí, el error más grande que cometí, fue que yo contrataba gente y luego no eran los perfiles que yo necesitaba, pero como me daba vergüenza despedirlos, me sabía fatal porque me ponía en su piel, los mantenía y seguía pagando sueldos que no tenía que pagar, y manteniendo personas que lo que hacían era calentar la silla. Entonces ahí pagué un máster que en ninguna universidad doy, porque, entre otras cosas, nunca hice ningún estudio de empresariales ni de emprendimiento ni de nada. Pero el máster lo pagué yo.
Aprendí que cuando haces un equipo, si hay alguien que no funciona, tienes que saber poner límites y tienes que saber decir no. Cuando la relación profesional no funciona, lo mejor que puedes hacer es, con asertividad y con amabilidad, comunicarlo y no mantener en una silla a una persona que no está haciendo lo que tú necesitas. ¿Por qué entonces no puedes tener esa silla vacía para poner a la persona que sí te va a dar lo que tú necesitas y tú a ella? Entonces, lo que más aprendí fue eso: gestión de equipo y cometer errores.
¿Cómo se llega al burnout y por qué cerrar un estudio de ilustración que funcionaba?
Charo: Cometí muchos errores. El más grande es, sin duda, ese.
Magali: ¿Ahora te acordás de alguna otra? ¿Más errores?
Charo: Quemarme, trabajar muchísimo. O sea, yo trabajando me lo pasaba superbién, era ilustradora, me encantaba mi trabajo, pero no construía mi vida personal. Yo solo trabajaba, trabajaba, trabajaba, y los sábados medio trabajaba porque ya lo tenía resuelto, cómo hacer para entretenerme, y los domingos me iba al estudio y trabajaba.
Entonces trabajaba los 7 días de la semana y no creaba una vida para la Charo persona. A la Charo profesional sí le iba muy bien, ganaba mucho dinero, me iba genial, pero me fui quemando, quemando, cansando, cansando, cansando. Y en un momento dejé, cerré el estudio, no lo soportaba. Creo que también fue por otras cosas más, pero no creé la vida para la Charo persona, una unidad de disfrute fuera de lo profesional, y me quemé. O sea, realmente yo creo que tuve un burnout. Y me quemé totalmente.
Magali: Y cerré el estudio. De hecho, estuve un tiempo pensando qué hacía con mi vida. Contame cómo fueron esos 2 años entre «el estudio, me doy cuenta de que esto no funciona, no sé qué hacer» y «empiezo con Charuca». ¿Cómo viviste todo ese proceso?
Charo: Pues mira, hubo de todo. Por un lado hubo muchísima angustia, porque a mí cuando tengo un trabajo, cuando estoy enchufada en un proyecto profesional que me ilusiona y que me apasiona, eso me da mucho sentido. Me levanto los lunes contenta, ya sé lo que tengo que hacer, sé hacia dónde voy y sé lo que estoy construyendo, y entonces por ahí.
Como no tenía eso, me sentía muy angustiada. Por otro lado, claro, venía de trabajar muchísimo, yo he trabajado mucho en mi vida, soy muy trabajadora y muy apasionada. Entonces también, joder, tener de repente todo mi tiempo para poder hacer otras cosas. Fue un momento en el que reformé mi casa, me dediqué a decorarla, y era como, guau, no tantas horas. Y también tenía ahorros. Siempre me he preocupado de tener ahorros para no tener angustia.
Si en un momento de mi vida no tenía trabajo, entonces estaba tranquila a nivel económico y estaba disfrutando. Y por otro lado, como soy una motivada de la vida y una emprendedora nata, me puse a probar cosas nuevas. Entonces iba probando. En ese momento la repostería creativa estaba muy de moda y yo, como vengo de la ilustración, tengo muy buena manualidad, me puse a hacer tartas de diseño, pero era absurdo porque yo no como azúcar. Bueno, sí que la comía, pero no la recomendaba como algo saludable, y en mis cursos recomendaba a las pasteleras que no comieran azúcar. Era incoherente. Entonces me di cuenta de que estaba haciendo algo absurdo. Abrí una tienda de antigüedades.
Online, pero también me di cuenta de que se me rompían las piezas con el envío y que no era nada escalable, y que además estaba haciendo más algo porque a mi pareja de la época le gustaban mucho las antigüedades, era más por agradar a otra persona que por algo que me naciera a mí. Lo probé unos meses, me ilusioné con ese proyecto, pero luego me di cuenta de que no, que ese proyecto no era escalable, que se me rompían las piezas y que no era lo que quería dedicar tanto tiempo, como el tiempo que le dedicamos al trabajo. Y yo seguía dibujando, porque siempre he tenido como esa cosa de escribir, dibujar, siempre he tenido como esa pulsión, y de esos dibujitos que hacía en una libreta que llevaba siempre conmigo. Esos fueron el germen para que empezara con el proyecto Charuca que conocéis ahora, porque empecé a hacer como pequeños objetos ilustrados.
Y una noche, esto es real, sé que suena como a no real, pero una noche tuve un sueño. Estaba yo en esa búsqueda de qué hago con mi vida, a qué me dedico profesionalmente, estoy perdida. Joder, qué hago a mis casi 40, que se supone que uno tiene que estar con todo claro. Estaba ultra perdida.
Y entonces tuve un sueño y en mi sueño.
No sé si mi pensamiento o una voz me decía: «A ver, tienes ahorros, tienes dinero ahorrado y siempre te ha ilusionado hacer tus productos, hacer tu papelería, ¿por qué no aprovechas ahora que tienes todo el tiempo del mundo y unos ahorros para empezar con esto?». Y yo, en el sueño, pensé: «Hostia, pues sí que es verdad». Y cuando me desperté, dije: «Claro que sí, tengo ahorros, tengo todo el tiempo del mundo, no tengo cargas, no tengo equipo. Empieza». Y entonces empecé con la marca Charuca hace 8 años, ha cambiado muchísimo.
Pero empecé con los primeros productos Charuca.
Magali: Bien. ¿Pero cómo hiciste para soltar un estudio que funcionaba y cerrarlo sin saber cuál era tu siguiente paso?
Charo: Yo tengo un superpoder, y es que veo el futuro. Soy una persona muy visionaria, yo veo el futuro, y yo veía que ese proyecto se estaba muriendo. Primero, porque yo me estaba desenamorando de él. Sobre todo, mi energía hacia ese proyecto estaba bajando. Los emprendedores, los empresarios, somos la pila de nuestro proyecto. Si nosotros tenemos pasión y estamos enchufados, le damos energía, le damos energía al equipo y todo se mueve, hacemos mover la máquina y eso está vivo. Pero si empezamos a desenamorarnos, a abandonarnos, entonces yo ya vi que en el futuro me estaba desenamorando y estaba abandonando ese proyecto. ¿Qué pasaba?
Empezaba a facturar menos. El equipo estaba menos motivado, cuando el alma del proyecto empieza a desenamorarse, todo empieza a bajar. Entonces lo que hice fue adelantarme a ese momento, ¿sabes? Dije: no voy a esperar a perder todo mi dinero, a arruinarme, a que las ventas vayan mal para cerrar esto, porque siento que me estoy desenamorando. Es el momento de cerrar ahora y no cuando ya no tenga dinero para otro proyecto o para vivir un tiempo hasta que sepa qué voy a hacer con mi vida, ¿entiendes?
Sí, y lo viví en el futuro, y vi que en mi futuro no estaba él, la ilustración.
Magali: ¿OK? ¿Cómo fue ese cambio de venir a toda máquina con el estudio a decir «tengo el tiempo libre para hacer cosas»?
Charo: Pues luces y sombras. Por un lado, yo me sentía una absoluta perdedora. O sea, yo con mi estudio anterior me había ido muy bien, había hecho producto en todo el mundo con mis ilustraciones y yo como, ah, qué guay, eres Charo, eres súper guay. Entonces eso yo sentía que me daba como cierto, a veces confundimos el que nos vaya bien con molar más, con ser más guays. Entonces, claro, cierro el estudio y tuve que asumir y admitir un fracaso, un fracaso que nadie me lo tuvo en cuenta, era más yo y mi autoexigencia, pero yo me sentía como que había fracasado de alguna manera. Eso te digo, las sombras. Las luces, todo mi tiempo para mí. Yo soy de inventar cosas también, como la ilusión de haberte quitado algo ya de encima con lo que no quiero seguir, y todo ese mundo de posibilidades. Entonces había de todo, entre la angustia de no saber qué hacer con mi vida.
La sensación también de fracaso, de fracasado con este proyecto, pero la ilusión de construir cosas nuevas, y todo el tiempo del mundo para hacerlo y tranquilidad, porque no tenía problemas económicos. Había un amasijo de sensaciones, una montaña rusa.
Magali: Esto es lo que me contás.
Sí. O sea, hubo de todo, de todo. Yo me sentía deprimida, agradecida, de todo.
Claro.
¿Cuáles fueron buenas decisiones que creés que tomaste a lo largo de tu vida? Algunas de esas decisiones de las que ahora decís «ahora hecho, esto fue clave», que apalanca un montón de otras cosas.
Charo: Pues mira, una, la he dicho ya: cerrar un proyecto del que me estaba desenamorando antes de hundirme con él. Porque hay tanta gente que se une con su proyecto con tal de no reconocer.
Lo inevitable. Y una de las cosas de las que me siento súper orgullosa es de haber sabido reconocer, mirar hacia una realidad que estaba pasando en vez de mirar hacia otro lado y esperar a hundirme. Eso fue una gran decisión. Otra, empezar mi vida profesional por mi cuenta, si yo sentía esta llamada de montármelo por mi cuenta, haber tenido la valentía de haber salido del trabajo por cuenta ajena, de la seguridad de ese sueldo y tal, ojo, siempre con un colchón preparado que me había preparado antes. Nunca me tiraría a una piscina vacía, no soy ese tipo de personalidad, porque estaría con mucha angustia. Más decisiones, pues, por ejemplo, ahora, si damos un salto en el tiempo, ya que nos gusta aquí en este programa saltar en el tiempo.
A la hora de trabajar, me rodeo de gente, trabajo con personas, que yo sienta que somos un dream team. Gente que sabe muchísimo, que lo hace súper bien, y los valoro y les pago bien por su trabajo. Como tener un equipo de, en vez de irme a lo barato, tener personas que tienen mucho talento, que lo hacen muy bien, y además pagarles bien por lo que hacen. Me gusta crear un ambiente de trabajo lo más libre que pueda de estrés.
Eso también me parece que es una decisión súper acertada a largo plazo, igual a corto plazo parece poco productivo. No fomentar el estrés en tu equipo y no meterles prisa, pero a largo plazo, como esto es una carrera de fondo.
Si tú fomentas que tu equipo trabaje sin estrés, pues todos podremos responder mejor.
Magali: Esto es lo que decías, lo de no hundirse con tu proyecto, tiene que ver con el sesgo del costo hundido, que sale cuando le ponés tanto esfuerzo a algo que decís «quizás si sigo cavando puedo salir de esta». La respuesta por lo general, si estás en esa situación, es que no lo vas a poder salvar.
Charo: Sí, y en mi caso, súper contenta. Es que ni quería salvarlo, pero súper contenta de no haberme engañado a mí misma y no haberme mentido. Si te has desenamorado de él, déjalo, sabes, déjalo y no sigas ahí. Indicando algo: si tú no estás ya enamorada de esto, pues busca otra cosa de la que enamorarte.
Magali: ¿Cómo te llevás con la incertidumbre?
Charo: Me encanta.
¿Por qué hay quienes aman la incertidumbre de emprender?
Charo: ¿Por qué?
Porque la incertidumbre, sí, me encanta, porque yo soy una motivada y una optimista de la vida, entonces en la incertidumbre veo todas las cosas buenas que pueden pasar. O sea, la certidumbre no me gusta mucho porque.
Me falta como un margen de sorpresa, y en la incertidumbre pueden pasar muchas sorpresas, y yo siempre pienso en lo bueno que puede pasar. La incertidumbre de emprender, por ejemplo, me encanta, porque digo, guau, es que cuando emprendes te pueden pasar tantas cosas alucinantes que para mí ningún sueldo fijo te puede dar, por alto que sea.
Total. Puedes construir tanto, o sea, puedes crecer tanto. Te pueden pasar unas cosas que a mí, la incertidumbre del emprender, ojo, porque hay otras incertidumbres que igual me gustan menos, me gusta muchísimo.
Me encanta la adrenalina del debut, pueden pasar cosas, y además, si me imagino cosas de hoy, no sé, viaje a Argentina gracias a emprender, y estuve en una conferencia delante de 1500 mujeres maravillosas que tenían un power. Y eso fue gracias a permitirme tener una vida en la que hay incertidumbre, porque cuando eres empresario o emprendedor, hay, ojo, yo pienso que también cuando trabajas por cuenta ajena hay incertidumbre en la vida, nunca sabes, ¿quién sabía que iba a venir un covid y que iban a pasar tantas cosas? Igual lo sientes un poco más cuando eres emprendedor o empresario, pero cuando has pasado los 2 primeros años la sensación de incertidumbre baja también.
Y ya es un poco como trabajar con jefe, pero el jefe eres tú.
Magali: Esto de que viniste a Argentina, que se sintió ser tapa de revista en una revista de Argentina sin siquiera haber venido al país.
Charo: O sea, fue todo lo de Argentina, fue una locura. Yo tengo una vida muy sencilla. Ahora mismo estamos en mi cocina, y yo paso mucho tiempo en mi casita, en mi pisito, en mi cocina sencilla, y grabo mis podcasts aquí y mi vida es muy tranquila. No tengo para nada en mi vida mediática ni nada de eso. Una vida sencilla con mis amigos. Entonces verme en Argentina, que me sacaron en una revista, ver a 1500 mujeres, repito, coreando mi nombre, o sea, ese día, el día especialmente del festival.
Yo estaba en shock, o sea, yo estaba en el escenario, me sentía hasta un poco, me sentía con síndrome de la impostora de «pero esta mujer, esta mujer no sabe lo que están diciendo, me están coreando. Están engañadas, todas están engañadas, no es para tanto». Y cuando acabé, que se pusieron todas en cola para que nos diéramos un abrazo y les firmara y tal, cuando nos fuimos de ahí, yo me tiré en el suelo así, porque no puedo creer, o sea, me costaba gestionar lo que había vivido ese día. Me parecía maravilloso, pero al mismo tiempo abrumador, realmente abrumador, como «están todas engañadas».
Si solo soy una, soy la vecina de la puerta de al lado, ¿sabes? Intentando vivir lo mejor posible como todas nosotras, y como que tampoco veía la razón para que yo estuviera arriba del escenario y ellas abajo, ¿entiendes? Es como, soy igual que vosotras.
¿Cómo se convive con el síndrome del impostor?
Magali: Bueno, bien, los fans de Argentina. Me mencionaste el síndrome del impostor.
¿Cómo te llevás con eso y qué cosas te sirven para ir superándolo?
Charo: Me llevo cada vez mejor.
Cada vez me da menos ansiedad y menos angustia, porque ahora lo entiendo como algo natural del proceso creativo y del proceso de vivir, ¿vale? Antes le hacía más caso a esa voz de «tú no tienes ni idea, pero qué vas a hacer tú, si lo vas a hacer fatal», y ahora ya me hace cierta gracia, digo, mira, ya está aquí el síndrome del impostor. Ahora, ¿sabes?, lo vivo más como una parte natural del proceso creativo o de hacer algo por primera vez que no controlas, porque no lo haces normalmente. E incluso lo veo como algo bueno, porque ahora pienso, guay, tener síndrome del impostor.
Porque significa que estoy haciendo cosas diferentes, cosas que son importantes para mí o que me dan miedo, que estoy saliendo de las cosas que controlo.
Pero antes me daba, o sea, cuando escribí Jefa de tu vida, por ejemplo, el libro, en el año 2018, yo es que me puse enferma y todo. O sea, yo tenía un síndrome del impostor, me daba una angustia, uno, ay, Dios mío, pero esta mierda no le va a gustar a nadie, ¿sabes? Pero lo contaba, lo contaba a mi comunidad, hablaba de ello, y luego me di cuenta de que es normal. Y me acuerdo de un día que me ayudó muchísimo a cambiar el chip: le escribí a un amigo mío que es escritor aquí en España, se llama Alfonso Casas, tiene una comunidad muy grande en Instagram, ha publicado muchos libros, o sea, es una persona bastante consagrada. Y yo le dije: «Oye, Alfonso, ¿a ti te pasa alguna vez que has leído uno de tus libros que estabas escribiendo y te parecía una mierda?»
Y me dijo: «Charo, me pasa con todos». Entonces yo dije, ah, no pasa nada, nos pasa a todos, ¿entiendes? Eso me dio muchísima tranquilidad y dije, ah, pues sí, a Alfonso le pasa y nos pasa a todos, me quedo más tranquila.
Magali: 100%. Bueno, acá en Tiene que haber algo más, todos los invitados que vienen pasan por lo mismo, entonces podemos desarmar cómo gente que hace las cosas muy bien. A todos nos pasa la misma situación y todos empatizamos con él. Contame, vamos a la parte del libro, ¿por qué decidiste escribir uno?
¿Cómo se escribe un libro y se construye una comunidad que le interese a las editoriales?
Charo: Fue, pues, fíjate, yo escribo desde siempre, ¿vale? O sea, me encanta escribir, y escribo un blog desde el año 2000, y antes escribía en mi cuaderno y en mis libretas, o sea, yo escribo siempre. Entonces, cuando empecé con el proyecto Charuca, como no, también empecé a escribir el blog y empecé a compartir publicaciones escritas en Instagram, porque me encanta escribir y compartir lo que escribo. Entonces empezaron, había una comunidad grande, empezaron a llegar las editoriales, y llegaron varias editoriales grandes de España y me pedían todas que publicara un libro en papel. Pero yo pensaba, no, no, el síndrome del impostor, yo no soy escritora, no voy a escribir un libro. Estuvieron como 2 años insistiendo. Y ya al tercero le dije a una editora que llevaba mucho tiempo detrás de mí: «Venga, voy a hacer ese libro. Si tú lo ves, voy a confiar en lo que tú ves, y realmente he escrito muchísimo, y vamos a darle forma, a pasar de lo que he escrito en la pantalla al papel». Y entonces gracias a eso escribí Jefa de tu vida, ya te digo, con todo mi síndrome del impostor y con todo lo que trajo. Pero mira, es un libro que va, creo, por su décima edición, que está súper vivo, que por ejemplo en Uruguay es un libro muy leído, muy, muy leído.
Y es un libro que todavía veo muchas fotos de mujeres que lo están leyendo y que me ha traído muchas alegrías.
Magali: Igual mencionaste muy rápido desde «empecé a escribir en mis libretas, en un blog» hasta «me llamaron editoriales», ¿qué pasa en el medio? ¿Cuáles fueron esos pasos? La comunidad, lo que pasa en el medio.
Charo: Sobre todo, primero es escribir de verdad, en mi caso, con la verdadera intención de ayudar. O sea, con ese motor de «quiero ayudar a otras personas». Yo escribía sobre cómo mejorar tu tienda, las cosas que ellos, ¿sabes?
Quiero ayudar a otras personas. O sea, esto es valioso, yo lo he aprendido, lo quiero compartir. Desde ahí, lo que sucede cuando lo haces mucho, porque con un solo post que escribas no va a pasar. Cuando llevas igual 500, vale, o sea, a medida que vas escribiendo y vas compartiendo, conectando con eso, «quiero ayudar a otras personas, quiero compartir este conocimiento que me parece muy valioso y que me ha servido a mí, le puede servir a otras», empieza a generarse una comunidad en torno a ti, de personas que llegan, reciben eso, te dan algo a cambio, ¿entiendes?
Te dejan comentarios, te dejan, se forman, se empiezan a hacer, a crear tu tribu, vale, y juntas.
Empieza a pasar algo muy bonito. Cuando la comunidad crece, llegan las editoriales y llegan los proyectos, ¿por qué? Porque esa comunidad es una garantía de que tú ya, de alguna manera, has demostrado que puedes gustar a personas. Hay gente que te está siguiendo ahí.
¿Entiendes? Eso no es algo que tú estés pagando, ha sucedido, y eso para las editoriales les da cierta garantía a la hora de publicar contigo. Y ahora lo hacen mucho: van a personas que tengan una comunidad grande y les ofrecen un proyecto editorial, porque ya entienden que hay cierta garantía, entre la comunidad, para vender una cierta cantidad de libros.
Magali: Claro. ¿Cómo viviste el proceso de escribirlo?
Charo: Pues ya te digo, lo viví con síndrome del impostor. Gracias a la editorial, que pedí ayuda: «¿Cómo veis este libro?», porque lo veis tan claro, que el libro lo veis escrito por mí. Me dejé guiar por las cosas que a ellos les parecía que tenían mucho valor de lo que yo compartía.
Y luego, pues, también enchufándome con el proceso creativo, porque escribir es muy gustoso, como pintar, como dibujar, y cuando estás en el flow de escribir, pues es muy disfrutado. Entonces iba bailando entre el flow de escribir y disfrutar, y también la hoja en blanco, Dios mío, pero ¿esto va a gustar, no va a gustar? Era mi primer libro, yo no me sentía escritora, y lo viví pues con ese baile entre la luz y la sombra. Increíble, me puse enferma y todo, porque me pasó, no lo sé, pero yo nunca me pongo enferma, nunca tengo fiebre, bueno, casi nunca. Y mientras estaba escribiendo el libro hasta cogí una gripe, me puse con fiebre, una cosa rarísima. Y pienso que pudo ser, no lo sé porque no tengo pruebas, pero pienso que pudo ser de tanta presión que yo me ponía a mí misma de lo bien que lo quería hacer, porque lo último que quería era decepcionar a nadie, ni a la editorial ni al mundo entero.
Yo no quería decepcionar a nadie, entonces era por Dios. Y creo que tanta presión hasta me puse enferma.
Magali: Tiene mucho sentido, ¿no? Y me gustó que alguna vez te escuché decir, como no somos un pote de Nutella, como no le podemos caer bien y gustar a todo el mundo.
Charo: Y a mí darnos con esa idea. Total, ahora es que en aquella época, te estoy hablando de 2018, y ahora estamos en 2022.
Tenía más miedo a, pues eso, a no gustar. Quería ser más bote de Nutella. Ahora me encanta no ser un bote de Nutella y como que tengo menos miedo a no gustar a todo el mundo, y entonces voy más tranquila y comparto lo que soy, y entiendo que quien resuene y se quede a mi lado será la persona que tiene que estar cerca. Pero en 2018 creo que quería ser un bote de Nutella y por eso tenía tanto miedo y tanta autoexigencia con este libro.
Magali: ¿Y qué te hizo entender que podías no serlo?
Charo: Pues un poco la vida, o sea, cuando me rendí, cuando me rendí y solté como esta autoexigencia, como esta necesidad de hacerlo todo bien y de gustar a todo el mundo, pues creo que me di cuenta. Mira, me acaba de venir algo en concreto que me ayudó mucho a soltar la autoexigencia: un libro, el libro Indomable, que es uno de mis libros favoritos y siento que es un libro que me transformó.
Me inspiró muchísimo, porque había una mujer que estaba hablando de toda su vulnerabilidad y de todas sus sombras y de todas sus debilidades.
Y me resultaba súper inspirador, yo sentía como que conectaba con ella a tope, porque era como, ah, se puede ser imperfecto, se puede ser falible, se puede ser vulnerable. Me pareció tan inspirador que me di cuenta de que realmente.
Compartir la vulnerabilidad te diría que es todavía más valioso que compartir la fortaleza.
Y entonces ahí dije, no sé, me gustó tanto, conecté tanto con ella, con el libro, que empecé yo también a probar eso en lo que yo escribía, y empecé a sentir que, en primer lugar, me liberaba a mí y que además.
A mi comunidad también le hacía sentir algo más potente que cuando intentaba ser el bote de Nutella.
Me va, sabes, que es lo único. Tiene una historia muy buena, porque es muy amiga de Elizabeth Gilbert, la que escribió Come, reza, ama. Y cuando Glennon Doyle termina este libro, se lo muestra a ella.
Completo y entero, y la mina le dice.
Este libro es lo que vos creés que la gente está esperando que el libro sea. Ahora andá y escribí el libro que vos deberías estar escribiendo. Y fue tiro. Todo empezó de cero y al final es el libro que se publicó, así que gracias a eso podemos tener el libro que nos sirve, el de verdad, de verdad.
Magali: Guau. Elizabeth Gilbert, otra pedazo de mujer, o sea, me encanta esa historia, muchas gracias.
En. ¿Se te ocurre algún momento?
En estos años de Charuca, que has, no puedo creer que me pasó esta situación, que no creía que era posible para mí, que estaba fuera de tus estándares, que has, esto no me podría haber imaginado que me podría pasar.
Charo: En la historia de Charuca, sí. O sea, gracias, Charuca. Lo más increíble que me ha pasado a nivel profesional de verdad fue la experiencia de Argentina, que os he contado. Eso fue como, no puedo creer, o sea, eso fue lo más increíble que me ha pasado.
De todo lo demás no, no me vienen como cosas. Ahora mismo no me viene nada.
Magali: Argentina, tierra de pasiones.
Charo: Joder, sí, qué guay.
Magali: Bien.
¿Cómo elegir en qué proyectos meterse cuando tenés muchas ideas?
Magali: ¿Cómo haces ahora para elegir en qué proyectos te involucras? Okey, ¿qué proyectos se desarrollan dentro de Charuca?
Charo: Me guío mucho por el corazón, o sea, me guío mucho por el instinto. En lo que me meto en proyectos, que tengo muchas ganas de meterme.
¿Sabes? Como que, a ver, hay 2 factores que hacen que me decida. Primero, las ganas: tiene que ser algo que me ilusione y que me apetezca, porque normalmente los proyectos llevan muchas horas detrás. Cuando saco un curso le dedico muchos meses de trabajo. Un libro, también. El podcast es una cosa que lleva menos tiempo, pero bueno, que es continuado en el tiempo. Entonces tiene que ser algo que me divierta y que me apasione y que sienta un deseo y unas ganas claras. Eso es lo primero. Y luego también, si estamos hablando de proyectos profesionales, tengo que ver viabilidad, o sea, tengo que ver que es algo que también voy a poder vender, porque si no lo paso a mis hobbies.
Magali: ¿Y el podcast, por ejemplo?
Charo: Mira, pues, el podcast, por ejemplo, es un proyecto que no he vendido. Vale, o sea, no he vendido realmente porque no quiero, pero no pasa nada, me llena tanto, me llena el alma, me lo paso súper bien, conozco gente increíble. Además me hace dar a conocer mi marca, ampliar comunidad. O sea, que para mí la monetización llega a través de otras maneras.
¿Vale? No es en forma de dinero, pero sí que es en forma de mil cosas buenas para mí y para Charuca luego. Los cursos, yo consumo cursos, yo soy una persona que ya me doy cuenta de qué cursos me gustaría consumir a mí. Entonces, si hay un curso que me ilusione hacer y que además yo sienta que a mí me encantaría encontrarlo, digo, pues ya está, yo soy como el test de mercado, yo soy mi propio test de mercado. Siempre lo he hecho con las agendas igual: yo quería tener una superagenda maravillosa que la pudiera comprar en España, que no tuviera que pedirla a Estados Unidos, que fuera súper chula y que fuera así, que fuera… Yo fui mi test de mercado, entonces me metí en ese proyecto que me ilusionaba un montón. Siempre hay gente como tú que va a resonar contigo.
¿Entonces esas mujeres que estaban en España buscando una agenda maravillosa y que no la encontraban encontraron la mía? Pues con todo lo que hago pasa igual: primero me tiene que ilusionar mucho, me tiene que apetecer muchísimo hacerlo, y tengo que sentir como que es, es que hace falta algo así en el mercado.
Magali: Bien. ¿Y en qué dirías que sos mala?
Charo: En muchas cosas. Me cuesta soltar cosas, o sea, crear equipo me encanta, pero me tardo mucho hasta que suelto las cosas que tengo que delegar.
Entonces, o sea, llevo 8 años con Charuca y sigo haciendo casi todo el trabajo de Instagram, y es como, yo digo, ¿tú te imaginas a Amancio Ortega, el creador de Zara? Y yo me digo, Charo, ¿te imaginas a Amancio Ortega llevando su propio Instagram? No lo puedes soltar, o sea, es como, puedes soltar esto ya, pero es que no puedo, digo, ¿cómo voy a soltar esto? No lo puedo soltar porque es el tono, es hablar, o sea, me cuesta mucho soltar ciertas tareas y estoy ahí. Entonces no dejo que el proyecto crezca todo lo que podría crecer, porque estoy yo ahí, agazapada como una alimaña, no quiero soltar cosas y ponerlas en manos de otras personas porque no me fío.
Eso es una cosa que hago fatal.
También soy como, a veces soy un poco cabezona y hay oportunidades que no veo. Nos escribió un centro comercial que se llama Fnac en España. Mi hermana es mi socia. Trabajamos juntas y nos ofreció vender la papelería en sus tiendas y yo no, no, no, porque creo que es una marca súper guay y no quiero que esté en un centro comercial, y mi hermana tuvo que estar 2 años convenciéndome, por Dios, de que metiéramos la marca en Fnac, y fue una gran decisión porque nos ayudó a subir las ventas, a llegar a más gente, y yo no lo vi. Hay muchas cosas que yo no veo y por ejemplo nunca he visto hacer… Publicidad de pago, nunca lo he visto, nunca lo he hecho. Seguro que estamos vendiendo mucho menos de lo que podríamos porque solo vendemos orgánicamente a nuestra comunidad y ya está, no pagamos publicidad y es ahí, he sido muy mala, muy mala directora del proyecto, porque nunca he consentido. O sea, creo que a mi proyecto le doy alas por un lado, pero también a veces mi ignorancia corta las alas de Charuca, mi, mi, mi necesidad de controlarlo todo.
Magali: ¿Pero por qué nunca quisiste esa publicidad paga?
¿Por qué?
Charo: Porque yo quería que la gente, no lo sé, o sea, no quise hacer publicidad de pago porque igual no creía en la publicidad de pago o no pensaba que… Sí, igual no creía que fuera a funcionar.
Y no me pareció una buena inversión. Mira, cuando tienes un proyecto puedes gastar o puedes invertir. Uno gasta cuando el dinero que pone en eso no genera ningún beneficio y uno invierte cuando el dinero que pone en esto genera beneficios, y yo creo que yo tenía una creencia limitante de que el gasto en publicidad era un gasto y no una inversión. Entonces nunca dediqué dinero a publicidad y creo que eso ha hecho que Charuca crezca menos de lo que podría haber crecido, porque solo hemos vendido de manera orgánica. Nosotros no hemos llamado a puertas, solo hemos abierto a los que llamaban, ¿entiendes? Y eso también pienso que he podido hacerlo mal. También te digo una cosa, ahora se dice, no sé si sucederá, que todo el tema del pixel, de las cookies y todo esto va a desaparecer.
¿Por qué? Porque va a dejar de ser legal trackear los hábitos de consumo de las personas, con lo cual las marcas que se apoyen en la publicidad tendrán que buscar otras maneras de llegar a la gente, y ahí digo, mira, nosotros no tenemos ese miedo porque como no hemos hecho publicidad nunca. ¿Sabes? Todo tiene sus ventajas. Y seguro que he hecho muchas más cosas mal. Ahora me vienen estas.
Magali: Ahora la vamos a traer a tu hermana, la vamos a llamar para que dé su opinión.
¿Conviene asociarse con un familiar? Lecciones de trabajar con la hermana
Magali: ¿Cómo es el desafío de estar asociada con ella? Porque escuché en el episodio número 100 de tu podcast que la llevaste a ella, que decías, me da miedo contratarla porque hicimos una prueba y si no funciona le voy a tener que despedir.
Charo: Sí.
Pues fue. Claro, yo tenía lo del contrato, vino antes, porque cuando tenía el estudio de ilustración ahí fue cuando tuve que hacer esa prueba de trabajar con mi hermana. Ahí todavía no era mi socia, era mi empleada. Y ahí me daba miedo porque era como, guau, como no me guste, qué palo, no es mi familia, pero funcionó súper bien y luego invitarla a ser mi socia, ya desde esa confianza que tenía en ella, fue muy fácil. Mi hermana, igual que yo, es una persona súper trabajadora, súper responsable y fue muy fácil luego trabajar con ella como socia. En mi caso tiene una parte muy buena porque nos llevamos muy bien, nos entendemos muy bien, nunca hemos tenido ninguna discusión fea por el trabajo, siempre ha sido fácil. Pero bueno, al mismo tiempo somos personas diferentes y a veces tenemos opiniones diferentes. Y emprender con un socio es muy bueno porque te puedes apoyar y cuando hay algún problema puedes hablarlo con alguien, pero también hay veces que no.
Si estuviera sola, pues tomas tus decisiones y ya está, pero a veces ahí hay diferencia de opiniones y bueno, pues hay que buscar la manera más positiva para resolverlo. Con todo y con eso, ya te digo que con mucha suerte, porque Carmina, que se llama Carmina, Carmina y yo nos llevamos muy bien y, a pesar de ser súper distintas, no te imaginas cuánto nos entendemos.
Magali: ¿Qué cosas hicieron bien para que funcione trabajar en familia? Digo, para alguien que está escuchando y dice, estoy pensando en asociarme con mi hermano, ¿cómo hago esto?
Charo: Pues, primero, el tener conocimientos diferentes y compatibles. Vale, porque no éramos 2 diseñadoras, no éramos 2 personas de cuentas, yo era la persona de la creatividad, mi hermana era la persona de las cuentas, yo soy malísima con las cuentas y Carmina es malísima con la creatividad. Entonces creo que la… El primer acierto fue elegir que tuviéramos superpoderes distintos. El segundo, que no somos socias porque somos hermanas, o sea, yo no recomiendo asociarse porque eres hermano. Recomiendo asociarte cuando sabes que hay una compatibilidad profesional real. Nos habíamos probado antes, si no, de ninguna manera le hubiera ofrecido ser mi socia a alguien de quien no sé que hay una compatibilidad profesional real. Y tercero… Sí, ya nos metimos es porque confiábamos 100 por 100 en que el trabajo del otro estaba bien hecho. Cuando estás trabajando con alguien y está haciendo algo que tú no controlas, necesitas confiar. Es que si no es un infierno, y si no, no trabajes con esa persona, no la metas. Entonces, otra cosa es que, vale, ya que nos metemos en esto, yo confío totalmente en que tu parte va a estar bien hecha. ¿Tú confías en que las decisiones creativas están bien tomadas?
Porque si empezamos a hacernos dudar la una a la otra, pues esto puede ser un coñazo. ¿Con perdón, digo muchas palabrotas, verdad?
Magali: Está muy bien, está permitido, perfecto.
Charo: Pues yo te diría estas 3 cosas.
Magali: Ah, bueno, sí.
Charo: Pero hay que tener cuidado a veces con los socios que elegimos, porque hay veces que se eligen por simpatía. Elige a alguien para irte a tomar unas cañas, un café, pero para trabajar no, a ver, te tienes que llevar bien y entender bien, pero que no sea solo eso.
Magali: Total.
¿Qué creencias limitantes se pueden soltar con el tiempo?
Magali: ¿Qué otras creencias limitantes superaste estos últimos años?
Charo: ¿Que la soledad es mala?
Que estar sola, vivir sola, por ejemplo, que vivir sola es triste y malo. Esa es una creencia limitante que he disuelto en los últimos años y me parece que vivir sola tiene luces y sombras, tiene cosas muy guays, tiene cosas menos guays, igual que vivir en pareja o en familia, tiene luces y tiene sombras.
Otra creencia que me he cargado últimamente es que la sombra es mala, que el lado oscuro de una persona, que la sombra, que las debilidades son malas. No son malas, son necesarias, son igual de buenas que las fortalezas. Te enseñan muchas cosas sobre ti, sobre la vida. Como que la debilidad es algo malo. No es algo malo, es una fortaleza si la sabes mirar y la sabes lucir. Y aprovechar.
Y también como que… ¿Que perder a alguien es malo? No hablo de una muerte, te hablo de una persona que se va, igual un compañero de trabajo que se marcha, una pareja que se va. También antes era una cosa que me daba muchísimo miedo y ahora no, porque entiendo que la vida tiene etapas y tiene fases y que todo es energía y que hay veces que la energía se acaba en un proyecto común, profesional o personal, y que no pasa nada, que hay que soltarlo, hay que abrir las manos y dejar a la vida que traiga lo siguiente. Es una cosa que antes me parecía como que me daba mucho miedo y ahora no me da miedo y me parece que es otra creencia que me he quitado de encima. En muchas más, pero me vienen esas 3.
Magali: Bien.
¿Y cuál es el último miedo que superaste?
Charo: ¿El último? Si es el antepenúltimo, también.
Pues mira, un miedo que he superado es el miedo a… Antes me daba como cierta ansiedad montarme en un avión y volar a algún lugar donde nunca había estado y ahora como que ese miedo lo he perdido, ya no me da ansiedad. Obviamente si no me voy a un lugar peligroso donde hay un conflicto bélico o algo así. Y esto y el miedo a que se vayan personas, tanto a nivel profesional como personal.
Ya no me da miedo.
Te puede dar tristeza, pero también ilusión de qué vendrá ahora, qué será lo nuevo.
Magali: Claro.
¿Cómo se crea una escuela de cursos online sin hacerle caso al impostor?
Magali: ¿Cuál dirías que es ahora tu mayor desafío con Charuca?
Charo: El mayor desafío es que desde hace un año hemos abierto la escuela.
Y es algo totalmente nuevo para mí.
Entonces, la parte de la papelería ya tiene un equipo de 11 personas que la están desarrollando y ya está todo bastante, después de 8 años… De equivocarnos muchas veces. Pues ya tenemos la parte del producto súper controlada, pero la parte de la escuela es nueva y el desafío es crear un equipo para la escuela, para poder hacerla crecer más, porque ahora mismo los recursos que le dedicamos a la escuela son muy, muy pequeñitos en comparación con el producto, y yo necesito ayuda. Ayuda con la redacción, ayuda con la producción, y de momento estoy ahí, lo estoy haciendo todo yo ahí, agazapada también. Y mi desafío es montar un pequeño equipo de trabajo, un dream team igual que con el producto, para que la escuela pueda crecer y expandirse y tenga más campo para trotar.
Ese es el sí y manteniendo… Que yo disfrute la vida, que me quede mucho tiempo libre, que sigamos libres de estrés, como una vida que disfruto, tranquila, porque yo tengo una vida muy tranquila. Una agenda muy tranquila casi siempre, todo lo que me proponen lo puedo hacer porque tengo mucho espacio libre en mi agenda, ¿entiendes? No perderme en el trabajo, no perderme ahora que está también la parte escuela, la parte producto, no perderme en eso, montar un pequeño equipo.
Y seguir con tranquilidad, pero haciendo el proyecto crecer un poco.
Magali: ¿Qué aprendiste a hacer cursos para la escuela?
Charo: Pues… De entrada, una profesión nueva, porque todo el tema de hacer cursos online es una profesión nueva entera. O sea, he aprendido a crear un curso, o sea, yo puedo enseñar a personas, y posiblemente lo haga, a crear un curso, a convertir tus conocimientos en un curso. He aprendido de esa profesión. He aprendido que me gusta mucho… La sensación de poder enseñar lo que sé a otras personas.
He aprendido que no hay que hacerle caso al síndrome del impostor, porque yo tardé muchos años en abrir la escuela, porque yo decía, pero ¿cómo voy a hacer cursos? Pero si eso, pero ¿quién soy yo? No hay que hacerle caso. Va a estar, no le hagas caso.
Y ha sido, la escuela ha sido un enamoramiento, o sea, yo ya estaba enamorada del proyecto de papelería, pero también llevamos 8 años juntas con el proyecto de papelería y entonces, bueno, el amor, ¿sabes? Pasas fases y estaba en una fase ya con Charuca como más, bueno, más tranquilita, y la escuela ha sido un nuevo amor que ha venido y me ha vuelto como a renovar mis votos con el proyecto Charuca y me ha dado mucha energía. Y… Y ahí estoy con ella. Me falta mucho que aprender, llevamos solo un año juntas con la escuela.
Magali: ¿Cómo fue que…?
Y… mira, mencionaste a Glennon Doyle y estoy sacando una frase del fondo de mi cerebro que dijo ella y que viene perfecta para esto. Porque quiero saber cómo hiciste el clic de esto. Hay mucha gente que tiene ideas, de cosas que quiere hacer, y pasa el tiempo y no las hacemos. Si en algún momento las hacés. ¿Qué es esto? Vos dijiste hace mucho, venía con la escuela.
Charo: Claro.
Magali: Una vez dijo que la tenía por acá. No todas las frases, como la infelicidad. Ese espacio entre que pensás que querés algo hasta que lo hacés. ¿O ese voy a hacer esto y no lo hago, viste? Hablo de que lo voy a hacer.
¿Cómo decidisteis lanzar la escuela? Después de pensarlo tanto.
Charo: Pues lo de la escuela. Yo desde el principio, o sea, en el primer año de Charuca estaba haciendo cursos de Instagram en presencial, en persona, y funcionaban súper bien.
Pero en un momento dado hice cursos en Madrid y en Barcelona, me sentí como muy responsable porque yo veía a mis alumnas y sabía que algunas le podrían sacar mucho partido a lo que enseñaba, pero otras no, y me sentí abrumada y pensé, no, pues no voy a hacer cursos porque hay gente que no los va a aprovechar. Y una vez, grabando un podcast, le hice una entrevista a Sergio Fernández, que es un divulgador de crecimiento personal muy famoso en España por lo menos.
Y yo le pregunté cómo se sentía él cuando las personas a las que ayudaba lo felicitaban, si se sentía muy bien con eso, y él dijo, ni bien ni mal. Yo hago mi trabajo lo mejor que puedo y no me responsabilizo de lo que las personas hagan con ello, porque eso ya no es mío, entonces ni las críticas me molestan ni dice, a ver, a todo el mundo le gusta que nos feliciten. Pero no es mío.
Yo hago lo que tengo que hacer, lo mejor que puedo, eso me desbloqueó porque dije, joder, es verdad.
¿Sabes? Yo quiero hacer esto, no voy a poder ayudar a todo el mundo porque no todo el mundo va a estar en el momento de sacarle todo el jugo a mis cursos, pero yo lo voy a hacer lo mejor que pueda, y a quien le encante, fenomenal, y a quien no le encante, pues no soy un bote de Nutella. ¿Sabes? Esa entrevista con Sergio Fernández en mi podcast realmente fue donde dije, a la mierda, yo voy a sacar mis cursos.
Y ya está, y por lo menos si no gustan, que lo sepa con la experiencia, pero no desde mi pensamiento.
Magali: Claro.
Charo: Exacto.
Magali: ¿Sabés que me lo diga la experiencia, que no me lo diga la cabeza? De los más de 120 capítulos que hiciste en tu podcast, ¿qué otra situación tuviste que te sirvió a vos de aprendizaje personal?
Charo: Ostras, imagino que te pasará a ti lo mismo que a todos. ¿Se saca algo? ¿No te pasa? Sí, sí, yo siento que todos los podcasts me dejan algo. Me acuerdo especialmente de ese.
Y no me viene ahora más, pero te aseguro que de todos los podcasts me dejan alguna idea, algo de lo que tirar. Siempre aprendo algo.
Magali: ¿Y cuál fue para vos el más desafiante de todos esos capítulos?
Charo: Pues mira, hubo uno.
Que además es súper escuchado.
Y el entrevistado divagaba mucho, divagaba mucho y sus respuestas no terminaban jamás y a mí me costaba seguirlo. Yo estaba como, Dios mío, este podcast va a ser muy difícil de entender. Tuve que editar mucho, es el único podcast que he editado, le quité 2/3, o sea, el hombre estuvo 3 horas hablando, lo tuve que editar mucho, sufrí muchísimo, le quité 2/3 partes al podcast. Y quedó un podcast muy guay que ha gustado mucho, pero realmente es el único podcast donde sudé la gota gorda, que decimos en España.
Sí, porque yo lo estaba grabando y estaba pensando, jolines, he invitado a este señor, y no me gusta lo que está pasando, no me gusta cómo está quedando el podcast, no se va a entender, lo pasé fatal, fatal. Él se fue súper contento y yo como, madre mía, este podcast no me gusta y me he comprometido con él. Yo quería ser un bote de Nutella, fue de los primeros capítulos. Y lo edité.
Le quité 2/3 partes y al final quedó muy bien y es un podcast que gustó mucho y ese fue muy retador. Y luego también, cuando entrevisté a alguien a quien admiro mucho, mucho, mucho. Yo admiro a toda la gente que traigo, pero a algunas personas más. Y Manuel Márquez. Yo lo respeto profundamente y lo admiro profundamente. Entonces estaba nerviosa cuando grabé este podcast con él porque quería hacerlo muy bien y que le gustara mucho, y eso es muy bloqueante.
Y en esa entrevista siento que no estoy tan bien como en otras porque quería hacerlo muy bien. Entonces ahí esa me costó.
Sí, pasan muchas cosas detrás de escena, que el público pues no se entera, pero que hay en esto, la edición, la producción fuera de cámara.
¿Cómo se sostiene un podcast de más de 120 episodios sin complicarse?
Magali: ¿Qué ideas te funcionaron para poder sostener esto durante más de 120 capítulos?
Charo: Pues mira, lo que más me ha ayudado es que los grabo en mi cocina con una grabadora a pilas y que a nivel técnico no me complico la vida en absoluto. Eso me ha ayudado mucho porque es ligero. ¿Sabes? A mí charlar me encanta, pero todo el rollo de lo técnico, todo eso me abruma, me pesa, no me gusta, no me divierte. Entonces lo que hice fue, hazlo fácil: que no se escucha muy bien, no importa, pero hazlo fácil, porque si quieres que se escuche muy bien, a lo mejor lo dejas de hacer porque te pesa demasiado. Entonces mi podcast es tan ligero como que grabo con esta maquinita… Con unas pilas y se acabó, este es mi equipo de podcasting, no hay nada más, no hay ordenador.
Magali: Wow.
Charo: No hay un ordenador, no hay unos auriculares, no hay nada. Hay esto con unas pilas puestas dentro y ya está. Entonces esto es lo que ha hecho que yo pueda hacer 126 capítulos. Mi podcast es, siempre lo digo con cierto orgullo, que tengo el peor sonido de España, pero uno de los mejores podcasts de España también.
Magali: Ajá.
Me gusta esto de bajarle la fricción a las cosas para poder hacerlas, cómo simplificar los procesos, cuando hay cosas que no agregan valor al producto final, para que se pueda sostener a largo plazo.
Charo: No sé, un buen sonido agrega valor, pero a mi vida no, ¿entiendes? Al producto final sí, pero es más, a veces viajo y me llevo la grabadora, si me tuviera que llevar los micros, los pies de micro, la mesa de sonido y no sé qué, mi vida ya no sería tan guay.
Entonces yo cojo esto, lo pongo en la maleta y va conmigo a todas partes y mi vida es guay y puedo hacer mi podcast y me siento agradecida. Y repito, la calidad de sonido no es tan buena, pero mi calidad energética sí, y es mucho más importante mi calidad energética que la calidad del sonido de mi podcast.
Magali: Claro.
Solo me llevé el micrófono hasta Bali.
¿En serio?
Charo: Sí, pues yo solo me llevé a Bali, si me la llevé, me llevé con una maleta pequeña, todas mis cosas.
Magali: Yo también. ¿Cómo te fue esos meses en Bali?
Charo: Maravilloso, o sea, fue luces y sombras todo el rato, digo luces y sombras porque, chica, es que siempre hay luces y sombras.
Pero hubo luces y sombras. También era un viaje que… Qué bueno que estuve, viajé sola, aunque una amiga mía se reunió conmigo y estuvo como 3 semanas allí de los 2 meses y pico que estuve. También hubo una parte, hubo de todo. Primero, vale, me pareció maravilloso, me encantaron los campos, las gentes, la comida. O sea, yo me sentía en casa allí y luego, por otra parte, también estaba fuera de mi país, estaba en otro huso horario, estaba sola y a veces me sentí muy sola allí y tuve como momentos en que me sentía sola y me ponía triste y entraba con mi creencia de que estar sola es muy triste y alimentaba mi drama. Y viví de todo, pero cuando solté como un poco todo eso, todo mi drama… Me encantó, o sea, me encantó la experiencia de estar en Bali, voy a volver en junio del año que viene, si no antes, porque igual vuelvo antes y ahora lo siento como mi segunda casa, me gusta mucho.
Magali: ¿Qué es lo que más te gusta?
Charo: Las palmeras, el paisaje.
Es que cuando recuerdo Bali recuerdo los arrozales y recuerdo ir en moto y ver palmeras y paisajes, palmeras, el verde. Y la gente, la sonrisa de las personas, como que todo el mundo te saluda, por dondequiera que vas. La sensación de que… De que es una sociedad que se cuida y es muy amable y todo el mundo te saluda. Así que es cierto que, bueno, también ellos tienen sus reticencias con los extranjeros y nos llaman demonios. No sé, hay una palabra que utilizan los balineses, algo así, o sea que, bueno, también hemos ido como invasores, ¿no? Que llegamos a ir comprando, alquilando Bali y poniendo nuestros negocios, y con nuestras prisas y nuestro estrés y todo esto. Pero también es una sociedad muy amable, muy cariñosa y me sentí muy a gusto por las personas y por los paisajes.
Magali: Bien.
Con esta audiencia tan grande que vos tenés en múltiples canales… ¿Cómo hacés para poner distancia o límites entre vos, tu marca y la gente?
Charo: Pues es muy fácil, porque como paso mucho tiempo en mi casita, en mi cocina, aquí ya es muy fácil poner, es que me prodigo muy poco socialmente.
No, entonces la distancia se pone sola por la marca. Yo comunico lo que quiero y lo que me apetece y lo que me nace. Y luego a nivel físico es muy fácil porque estoy en un barrio muy tranquilo, donde me cruzo con muy poca gente que conoce el proyecto en mi vida diaria.
Los límites están puestos de manera natural, porque es esto, si viviera igual en otro lugar donde hubiera más seguidores, pues sería complicado, pero no, es muy fácil.
Te hace mucha risa esto, pero es como facilísimo.
Magali: De pronto, ¿si alguien en Bali te reconoció?
Charo: Sí, pasó alguna vez.
Sí, sí.
Magali: Porque manejas el Instagram de Charuca, ¿cómo te llevas con… Como con la adicción al teléfono.
Charo: ¿Adicción al teléfono? ¿Cómo me llevo? Pues bien, porque el teléfono me ha dado muchas alegrías, o sea, y hablo de Instagram, Instagram me ha dado mucho a nivel personal, a nivel profesional.
Entonces me llevo bien, la reconozco, existe. Siento que si estoy mucho tiempo sin mirar el teléfono tengo un impulso de mirarlo y de ver las notificaciones, y sí, es real, existe, pero tampoco siento que sea un gran problema. Lo que utilizo el móvil es para temas profesionales, tampoco consumo apenas contenido, no estoy enganchada a consumir contenido tampoco, por eso hay, hay una pulsión.
Pero tampoco siento que sea una cosa que me esté quitando, siento que me está dando igual que me está quitando tiempo y energía, me está dando energía, me está dando cosas, hay para mí un intercambio justo.
Magali: Está buena.
Que es algo que no podríamos adivinar de vos desde afuera.
Charo: No.
Pues no lo sé, igual mis gustos musicales.
¿Y qué tengo? Sí, igual me gustan, tengo unos gustos musicales muy eclécticos, muy variados, y a lo mejor no son lo que uno imagina si me ve. No sé, te puedo cantar todas las coplas flamencas españolas, me las sé todas. ¿Ajá, o sea, tú no me puedes ir a ver cantando flamenco? Pues sí, le doy muchísimo. Vale, me canté toda la antología de la copla española, me la sé. Me gustan también grupos como… Grupos casi muy oscuros, me encanta todo este rollo. La gente que me conoce siempre dice: tus gustos musicales no te pegan, ¿sabes? Nadie diría que esta es la música que te gusta. Y luego supongo que otras muchas cosas, pero que no las sé. Nunca he hecho esa pregunta. Bueno, creo que también soy un poco más mala leche de lo que pueda parecer, pero yo lo digo, o sea, cada vez lo digo más, de, sabes, a ver cómo es. Que igual… Yo ya en los cursos cada vez soy más yo y entonces soy más como expeditiva, porque esto no puede ser. Y en las preguntas de Instagram empiezo cada vez a enseñarme más, ¿no? Y yo creo que en este enseñarme más también hay una… En España tenemos un personaje que se llama Risto Mejide, que casualmente tiene el mismo signo que yo.
Nació con días de diferencia de mí y es un señor que se caga en todo, que siempre está ahí como… ¿Entiendes? Como que es muy… ¿Sabes? Y yo a veces digo, yo creo, yo tengo mi punto, Risto también, o sea, yo tengo mi lado también de que hay cosas que me indignan. Digo: pero ¿cómo puedes hacer esto tan mal? Joder, ¿no sabes? Y creo que esto es una parte de mí que antes enseñaba poquísimo y que la empiezo a enseñar más. ¿No?
Magali: Ok. Más transparencia, sí.
¿Cuál es el mejor y el peor consejo que recibió Charo Vargas?
Magali: ¿Cuál dirías que es un muy buen o muy mal consejo que recibiste?
Charo: Buen consejo que recibí. Mira, me acaba de venir uno. Una vez me dijo el que entonces era mi jefe en Ciudad Real: cuando tengas algo que decir, que te angustie, dilo cuanto antes, sácatelo. Sabes, si tienes que tener una conversación incómoda, sácala, hazlo cuanto antes. Ese es un buen consejo. Mal consejo. Pues yo creo que todos los que te dan con la mejor intención pero sin estar en tus zapatos.
No, cuando hay… no, pues esto no lo hagas, esto no te lo recomiendo, ya ves, no ves mi visión. La verdad es que no soy una persona que pida muchos consejos profesionales, con lo cual tampoco he recogido. He recogido muchos, pero hay uno. Hay una historia que te voy a contar a ti, que te gustan las historias. Mi comunidad la conoce esta historia. Antes de abrir la marca de papelería, yo ya tenía muchas ganas de hacer papelería, hace muchos años que tengo muchas ganas de hacer papelería. Y un día estaba en el salón de papelería, y yo cuando era ilustradora lo que hacía eran ilustraciones para marcas que hacían papelería, y había algunas en Brasil que yo les ilustraba lo que luego ellos ponían en sus tapas de cuadernos. Entonces estábamos en un salón de papelería en Alemania y mi cliente brasileño me hizo una sorpresa, que es concertar una entrevista con un señor que tenía en España una marca de papelería muy importante, porque él sabía que yo quería hacer papelería, y era como: te he conseguido esta entrevista para que hables con este señor y puedas hacer papelería en España. Entonces yo llegué a la entrevista muy insegura, con mis dibujos para enseñárselos, y le dije: pues me encantaría hacer papelería porque tengo una sensación de que puedo hacer algo muy chulo en papelería. Y este señor dijo un comentario. No es un consejo, pero un comentario muy desafortunado, porque dijo: sí, sí, tú puedes hacer libretas para ti y para tus amigas.
Entonces yo me fui de ahí como súper avergonzada, como, sabes, cómo me sentía, fatal. Luego, como soy una motivada y una optimista de la vida, esa historia se me olvidó, pero fíjate qué mal consejo me dio este señor, ¿no? No confió en que yo podría, en este caso, hacer papelería y hacerla muy bien, y ahora mira, tengo más de 400.000 amigas. Es muy curioso las vueltas que da la vida. Entonces muchas veces tenemos que entender que las cosas que tú ves dentro de ti otras personas no pueden verlas y no le puedes pedir a otro que las vea, pero tienes que confiar tú en lo que tú estás viendo.
Magali: Claro.
¿Tuviste algún momento de estar cerca de tirar la toalla?
Charo: Sí, algún momento sí he tenido. Le he dicho a Carmina: vamos a liquidar lo que hay y cerramos.
¿Por qué?
Pues no sé, igual en un momento en que me apetecía liberarme de todo, no tener un equipo de personas, tener libertad, saltar, soltar. Este proyecto es una bendición, pero siempre hay luz y siempre hay sombra y este proyecto pesa. Igual era un momento en que me apetecía soltar todo el peso, ir libre, y fue cuando volví de Bali, es muy reciente, pero yo venía con la vida libre de estar en Bali a mi rollo y llegué a proponerle a mi hermana: oye, ¿y si cerramos? Me vuelvo a Bali, soy libre y hago lo que me dé la gana. Pero no era… Mi hermana dijo: lo voy a pensar. ¿Sabes? Porque ella siempre recibe, o sea, mi hermana siempre confió mucho en mí y nunca, o sea, ni siquiera me dijo: ¿estás loca, qué me estás diciendo? Dijo: me da vértigo, lo voy a pensar. Pero es que luego no hizo ni falta, porque realmente a mí misma fue como: no, así que no, ¿sabes?, no es el momento, seguimos. O sea, hay mucha energía todavía aquí. Esto no es un proyecto para cerrarlo, pero a veces pesa, a veces pesa mucho.
Magali: ¿Qué cosas te pesan?
Charo: Me pesa tener un equipo de personas al que tengo que dirigir, aunque esté montado de manera que sean relativamente autónomos. Me pesa el peso de un equipo de personas a las que tienes que dirigir. Hay una comunidad que es maravillosa, pero ¿entiendes?, tú estás ahí comunicando ahí. Ostras, pues.
Sí, pesa. Estar pedaleando, tienes que pedalear todos los días. Y es que pedalear.
Y a veces dices: me tomaría un año sabático, o sea, me tomaría un año sabático. Pero luego digo: ay, Charo, tú en una semana estarías ya haciendo cosas.
¿Qué pasa cuando frenás un tiempo tu proyecto?
Magali: ¿Te cansas alguna vez de estar comunicando diariamente, de escribir el email, de hacer el podcast, de escribir los posts?
Charo: Hago pausas de 3 meses cuando me da la gana. No sé si lo has visto, o sea, hago pausas cuando me canso. Sí, sí que me canso, pero lo que hago es que paro en vez de seguir haciéndolo cansada, lo dejo. Y no sé si voy a volver, o sea, cuando paro no sé si voy a volver. El podcast paré antes de irme a Bali.
En mayo paré, volví en septiembre, pero volví cuando sentí otra vez que tenía ganas de hacerlo. Los newsletter, lo mismo: si no tengo ganas no los hago, solo escribo las cartas de la jefa cuando, esto va a sonar mal, pero es como que lo vomito, como que viene algo y tengo que escribir esto, y si no, no escribo. Entonces sí me canso, pero lo que hago cuando me canso es cortar, no dejar de hacerlo.
Magali: ¿Y pasa algo cuando frenas?
Sí, pasan cosas buenísimas. Primero, que te das cuenta de que el mundo no se acaba, que el mundo no se para, que la gente sigue ahí cuando vuelves. Porque el miedo es que se olviden de ti, pero no se olvidan, la gente sigue ahí cuando vuelves. Creo que lo que menos suelto es Instagram. Lo he llegado a soltar un mes entero. Pero creo que estaría bien soltarlo más, como 3 meses, a ver qué pasa y quitarte también como ese miedo de si la gente va a seguir ahí.
Yo esperé 2 años Juego de Tronos, siempre digo lo mismo. Si yo esperé 2 años Juego de Tronos y luego cuando volvió yo seguía ahí, la gente sigue ahí cuando hay algo bueno, cuando hay algo que les gusta de verdad. Está bueno.
¿Hay algo de todo lo que está pasando en Charuca que te lo planteas a muy largo plazo?
Charo: Hay algo de lo que está pasando en Charuca que me lo planteo a largo plazo, no sé cómo contestar a eso.
Magali: ¿Por ejemplo? Como decir: yo sé que el resultado de esto… ¿Se va a componer en el tiempo?
Charo: Sí, yo lo sigo haciendo, pero eso fue la papelería. Cuando empecé con la papelería, bueno, primero empecé haciendo carcasas de móvil, porque yo tenía mucha comunidad fuera de España y pensé: voy a hacer algo que pese poco para enviar.
Luego me dice: Charo, ¿qué estás haciendo? ¿No te gusta la carcasa de móvil? Deja de hacer esto. Entonces empecé con la papelería, pero yo sabía lo que quería hacer, sabía que quería hacer unas agendas.
Las quería hacer antes, pero no podía hacerlas en aquel entonces porque no tenía dinero para hacer una producción así y porque entendía que tenía que empezar por algo más pequeño. O sea, yo ya sabía cómo sería Charuca a futuro, pero en presente tenía que empezar en pequeño. Entonces empecé haciendo postales, haciendo blocs de notas, haciendo cosas que son más baratas de producir. Y haciendo cantidades muy pequeñitas. Sabía que tenía que darle unos años para que más gente me conociera, ganar más dinero y poco a poco poder hacer producciones más complejas.
Y entonces con la marca de papelería fue exactamente así. Fue pensar: en un tiempo va a ser como yo quiero. Ahora no lo es, pero tengo que pasar por aquí porque si no, no voy a llegar hasta allá.
Entonces empecé con prints, postales, que eran cosas que estaban en el camino de lo que yo quería hacer, pero no eran lo que quería hacer.
Magali: ¿Y cómo supiste cuando era el momento de hacer las agendas?
Cuando tenía dinero. Primero, tenía el dinero para pagar una tirada más grande de un producto más caro de producción, y segundo, había una comunidad que ya había comprado los otros productos que no eran tan guays como la agenda, y yo decía: joder, cuando saque la agenda van a flipar. Y efectivamente, o sea, las vendimos.
Sabes por qué la gente era el corazón de Charuca, se fue cuando de verdad hicimos lo que Charuca había venido a hacer como marca.
Bien.
¿Qué cosas crees que hiciste bien para que Charuca sea la marca que es?
Charo: Implicar mucho a mi comunidad en el proceso de creación de las cosas, o sea, la agenda, todo lo que hago lo comparto con la comunidad. Antes de sacar la agenda, abrí por email el Club de la Agenda Charuca y les iba contando por qué estaba haciendo agendas, mi relación con las agendas desde que era pequeña, las marcas que me gustaban.
¿Sabes? Y entonces conecté con otras personas que también les encanta el papel, que vibran como yo con la papelería y que sintieron el proyecto como algo suyo. Porque lo vieron crecer. Entonces creo que abrir las puertas de lo que pasaba en Charuca y compartir como ese diario con la comunidad y hacer a la comunidad partícipe del proyecto fue un gran acierto para que Charuca sea la marca que es, y también otra es apostar por la calidad.
O sea, de: no me importa, gano menos dinero, pero hago… Hago la calidad que yo quiero, yo quiero recibir. Entonces yo siempre digo: a Charuca no nos pueden plagiar la calidad, porque es tan caro hacer una agenda nuestra… Que nadie se atreve a plagiar, no sé, en calidad.
Magali: Está bueno, es una buena barrera de entrada.
Charo: Sí.
Magali: Bien.
¿Hay alguna idea o concepto nuevo que estés pensando últimamente, después de estar completamente…?
Charo: Y relacionado con todo lo que venimos hablando, no sé si esa palabra existe. Tengo una idea nueva, pero está muy relacionada, que es un club, o sea, una membresía, donde dar forma a este club de personas, todavía no sé cómo, porque crearía el club al que yo pagaría por pertenecer o al que querría pertenecer, y eso me encantaría, y también me encantaría tener el espacio físico, un club donde tener varias marcas, vender cada una nuestro producto.
Y que pasen cosas en ese lugar, que sea un club social donde las mujeres nos podamos reunir y compartir conocimientos, y de repente invitemos a alguien a que dé una charla y de repente te puedes tomar un café y escribir en tu agenda y tengas una mesa allí, ¿entiendes?, como un lugar que sea tu club, que sea tu lugar físico, donde sentirnos acompañadas y donde sentir que no estamos solas.
Magali: Me gusta. ¿Sería en Barcelona?
Charo: Si fuese en Madrid, Magali, lo veo en Madrid, sí.
Porque Madrid tiene una energía que no… lo veo en Madrid, o sea, mi visión, ese lugar es en Madrid, y yo vivo en Barcelona, que es como… madre mía. Voy a tener que mudarme.
Y bueno, pues parece que sí. No lo sé, porque me estoy redecorando mi casa de Barcelona, o sea, ahora mismo estoy invirtiendo en ponerme bonita mi casa de Barcelona y yo veo eso en Madrid, pero no puedo mover. Bueno.
Magali: ¿Hay jefas que sean hombres en la audiencia de Charuca?
Charo: Sí, sí, sí. Hay jefes, hombres maravillosos. Sí que hay, no son mayoría porque son pocos los valientes, o no sé si valientes, o los flexibles.
Que permiten un femenino neutro como género. O sea, a nosotras nos pueden decir «hola, guapos» y nos quedamos ahí, pero un hombre está menos acostumbrado a esto y puede escuchar «hola, guapas» y pensar que eso no es para él. O puede ver tonos rosas y pensar que eso no es para él. Yo creo que el crecimiento personal es para todos.
Y si hay hombres son minoría, pero hay hombres y hay hombres grandes fans de la marca y del concepto Charuca. Y sí, sí hay. Vamos.
Magali: Bueno, bien. ¿Se te ocurre alguna historia que te haya llegado de la audiencia, que sea alguna de tus favoritas, a través de estos 8 años?
Charo: Pues ayer viví una muy bonita. Era mi cumpleaños y yo estaba en una cafetería, tomando un café. Entonces, como yo lo digo, que es mi cumpleaños, a todo el mundo, como los niños pequeños, porque me hace mucha ilusión, los camareros argentinos… Trajeron un pastel y unos zumos, y no somos habituales. Me pareció un gesto chulísimo, dije: guau, cosas bien, no somos habituales. Pero aquí en España me quedé alucinando. Llegaron con un pastel, con unos zumos, y nos cantaron cumpleaños feliz, todo el mundo se puso a cantar cumpleaños feliz. Entonces yo estaba como: guau. Y cuando terminó la canción vino una chica y dijo: hola, Charo, vengo a saludarte porque yo te vi, fui a Argentina a verte, o sea, yo fui a ese festival a verte.
Y me inspiró mucho tu charla y me dio mucha fuerza para montar mi proyecto y ahora tengo una gran comunidad. Me va muy bien y te quería dar las gracias porque estoy muy contenta y siento que te lo debo a ti. Yo no siento que me lo deba a mí para nada, pero fue como: guau, o sea, mira, tenía una comunidad muy grande, de medio millón de personas, o sea, estaba ella con su proyecto a tope.
Luego le escribí, le dije: gracias, porque el regalo me lo has hecho tú, o sea, el regalo me lo has hecho tú a mí. Pero cada vez que pasa esto, que viene una mujer y me mira con esa chispa en los ojos y me dice: Charo, no eres consciente de cuánto me has ayudado, de lo bien que me ha venido el podcast… Yo ahí siempre… es como: guau. O sea, una sensación de: joder, qué suerte tengo. O sea, qué suerte tengo de hacer este trabajo, de sentir que de alguna manera puedo ayudar a otras mujeres a quitar peso de su mochila. Qué privilegio, y que ya piensen que yo he hecho algo. Yo no he hecho nada, ¿sabes?
¿Se entiende? Yo no he hecho nada, yo solo me estoy divirtiendo y soy egoísta, que solo quiero pasármelo bien, y entonces hago cosas con las que me lo paso bien y resulta que haciendo estas cosas con las que me lo paso bien, con otras personas que también se lo pasan bien y que reciben información que les sirve, pero yo solo pienso en divertirme y pasármelo bien.
Y claro, y sí, y compartir algo. Joder, que sume, porque ya te digo, si no, pues no lo estoy compartiendo.
Magali: Ajá. Me encanta esta fan que se fue a verte a la conferencia. El mejor retorno de inversión para un ticket de avión, lo que dice esa chica y darte esa conferencia.
Charo: Sí, sí, pero esa chica vivía en Argentina.
O sea, me la encontré en España, pero me dijo que en aquel entonces tenía muy poco dinero y que se había comprado su entrada para verme y que para ella había sido un gasto muy grande.
Magali: Ajá.
Charo: Y luego nos encontramos en Barcelona en una cafetería. Es que como es de loco, o sea, es muy loco el destino y los encuentros así, fortuitos, que nunca son fortuitos.
¿Qué hábitos ayudan a ser productiva sin saturarse?
Magali: Sí. Quiero entrar en la sección de recomendaciones. Por ejemplo, número uno: ¿tienes algún hábito o rutina que te sea muy funcional y puedas recomendar?
Charo: Pues te diría la gratitud. La gratitud.
O sea, dar las gracias cada día es un hábito que me sirve mucho para controlar la mente, los pensamientos negativos, la negatividad. A todo esto, la gratitud, o sea, conectar con las cosas, hacer a propósito el ejercicio de conectar con las cosas que me hacen sentir agradecida, parece una chorrada. Suena a chorrada, pero funciona. O sea, cuando lo haces cada día, cada día, cada día, cada vez te resulta más fácil, aunque pasen cosas mierdas que pasan, acordarte de todo lo bueno que ya hay. Y a mí me sirve mucho.
Hábitos que también me sirven es enfocarme en los proyectos importantes y olvidarme de las pequeñas cosas.
Imagínate que estoy desarrollando un curso, pues igual tengo 50 mails por contestar. Igual, pues no. Pues no los contesto.
Sabes, o hoy, por ejemplo, estoy con mi curso, el equipo está bastante ocupado y me han escrito, me han pedido un favor: ¿nos puedes mandar esto, o hacer unas fotos para no sé quién? Les he dicho: lo siento, no, porque estoy muy ocupada, necesito dejar espacio, y si me cojo un montón de pequeños proyectos que sé que quedas muy guay, quedas… No puedo sacar lo importante.
Entonces, otro hábito para mí que me ha llevado y que me sigue llevando a construir mi éxito es, primero, saber distinguir los proyectos importantes y, segundo, enfocarme en ellos, porque en la vida te van a mandar 1000 pequeñas cosas para hacer. Pero tener ese foco, decir que no, que no, que estoy con esto y que voy para adelante con esto, porque si no, no lo saco nunca. Y es también pequeñas cosas. Les voy a decir que no y no voy a ser un pote de Nutella, y voy a quedar mal, y no voy a serlo.
Buena persona quiero ser, pero tampoco voy a ser mala. O sea, sabes, me voy a enfocar en lo que es importante y cuando lo tenga sacado ya haré otras pequeñas cosas.
Total, entonces eso es otro hábito.
Magali: Y combina esto con algo que dijiste muy al principio, que es tener tiempo en la agenda. Como que es un proyecto que requiere mucho espacio mental, también necesita espacio de tiempo.
Charo: No podemos ahora decir: uy, me concentro, hago algo de esto súper productivo. No, amigo, las cosas necesitan tiempo para poder desarrollarse totalmente. De hecho, últimamente estoy en Instagram compartiendo tips de productividad con mi agenda y hace poco les contaba que para mí una agenda de una persona productiva es una agenda muy vacía, porque no es tiempo de hacer lo que tienes que hacer, para mí una agenda llena… De citas y de tareas por hacer, llena de cosas, es de una persona que está apagando fuegos.
Pero no que está entrando en la profundidad de un proyecto. Entonces, mi agenda suele estar muy vacía porque tengo proyectos grandes que necesitan tiempo, necesitan espacio, y también otro hábito que pienso que es muy productivo es descansar mucho.
Magali: Me gusta.
Charo: Mucho, o sea, cuando me siento saturada, descanso, apago el ordenador y me voy, me voy a dar un paseo, me voy a dormir. Pero descansar mucho. Para mí es otro hábito súper productivo, no obligarme, no forzar cuando me siento cansada.
Y lo que hago es recargar energía, y cuando tenga energía va a salir solo, pero si no sale es porque mi energía está baja, no te presiones más.
¿Sabes? No descansar es lo menos productivo que puedes hacer. Muchas veces parar un día o 2 o 3 te puede hacer ganar 2 semanas.
Magali: Me encanta. Me la llevo para mí, esta recomendación. Ahora vamos. Recomendación número 2.
Libros ya mencionamos: Indomable, de Glennon Doyle. ¿Hay otro que se te venga a la cabeza que te haya gustado? Puede ser cualquier tema.
Charo: Sí, Manifestar, de Roxie Nafousi.
Vale, este lo he leído hace poco, lo estoy viendo ahora mismo, lo tengo cerca y me gusta mucho. Va sobre la manifestación. Otro: Maneras de amar.
No me acuerdo de los autores, son 2, y habla sobre los vínculos de pareja, para que sepamos distinguir los vínculos seguros, los vínculos no seguros, y podamos tener relaciones más sanas. Y otro de emprendimiento que he leído hace poco se llama Simplifica tu negocio, es de Donald Miller, y me dio mucha luz para organizar cosas, para hacer crecer el equipo. Para él es muy claro, me encantó, o sea, se lee muy bien, se ve que es un tío muy inteligente, que ya se ve muy bien cómo ir a lo simple. Hay 1000 más.
Magali: Mil, pero bueno, te llevamos cuatro. Bien, buenas recomendaciones.
¿Y podcasts?
Charo: Además de Jefa de tu vida, ahora estoy empezando con uno que se llama Así empecé, o ¿cómo lo hice? Voy a verlo.
Magali: ¿Vale? Lo voy a ver aquí también un segundo.
Charo: Y son historias de emprendedores que cuentan cómo crearon sus proyectos desde el principio.
Espera un segundito, que no es el de… Es en castellano. Este es en castellano, es español, y se titula Así empecé, de Beltrán Espinosa.
Y este me parece muy guay para escuchar historias de emprendedores. También hay uno de unos chavales españoles que se llama No tiene nombre, Enric… Ya no me acuerdo ahora del apellido de Enric, Enrique y Nacho. Nacho Muhlenberg y Enric, algo… Joder, mira que era fácil. Y es muy divertido, no sé, son amigos míos, me encanta escucharlos. Y escucho pocos más, o sea, escucho Enrique, hay otro podcast que se llama Vidas contadas, donde entrevista a personajes que han tenido vidas extraordinarias y hablan sobre cómo lo hicieron.
Y Jefa de tu vida, o sea, de verdad es que me encanta mi propio podcast. Lo siento, puede sonar como… pero me gusta mucho.
Magali: ¿Qué le voy a hacer? ¿Lo escuchas por hobby?
Charo: Sí, sí, sí. Lo escucho algunos.
O sea, hay algunos episodios de Jefa de tu vida que he escuchado 3 veces. Y algunos a los que vuelvo en un momento dado de este podcast. En un momento dado me va bien escucharlo, sí.
Magali: Bien.
¿Cuál dirías que es tu definición de éxito?
Charo: Estar enamorada de tu vida. ¿Sabes cuando estás enamorada de una persona que estás deseando presentarle a tus amigos, que sientes un sí interno hacia esa persona? Para mí tener éxito es que sientes un sí hacia tu vida, entiendes que no es perfecta.
Igual que alguien de quien te enamores nunca será perfecto, tendrá luces, sí, tendrá sombras, pero tú sientes un sí hacia tu vida y te sientes… Sabes que mañana te puedes morir, ojalá no, tocamos madera, pero dices: hostia, pues yo me he montado una vida, disfruto, nada, me he montado una vida gustosa y me lo he pasado bien.
Magali: Bien. ¿Hay algo que esté en el fondo de tu cabeza que quieras hacer antes de morir?
Charo: ¿Algo que quiera hacer antes de morir?
No. Bueno, hay una asignatura pendiente, y aquí voy a compartir una vulnerabilidad: no sé ir en bicicleta.
No sé ir en bicicleta, nunca aprendí a ir en bicicleta, me avergüenza profundamente. Esta jefa no sabe ir en bicicleta, y hay una parte de mí que dice: Charo, tía, ¿en serio no vas a aprender nunca? Es una bicicleta. Me da miedo y me parece dificilísimo, entonces tengo esa asignatura pendiente.
Magali: Bien, pero va a ser moto, no es muy distinto, ¿no?
Charo: Porque en Bali iba en Gojek, que me llevaban los balineses. Sé ir en coche.
Magali: Ok, ¿o sea, manejas auto?
Charo: Sí.
Bueno, es lo mismo, ya cualquier cosa. Si ahora mismo se cae así, o sea, no es lo mismo.
La moto no se cae, joder, la bicicleta se cae, yo no sé cómo lo hacéis. Parece dificilísimo.
Magali: Bueno, el Gojek, que en Indonesia es como el lugar de las motos para los que nunca fueron, que lo mencionaste muy rápido, pues pensá en Uber: llega una moto y te sientas atrás y abrazás al señor que te lleva como amigos, con un casquito.
Charo: Sí, sí, totalmente, sí, y te pregunta qué tal, de dónde eres y ya está, y vais hablando entre los campos verdes y ya está. Pues esto es una asignatura pendiente, no sé ir en bicicleta.
Es algo que me gustaría hacer para sentir esa sensación de: guau, Charo ha superado el bloqueo.
Magali: Sí, el viento en la cara, esa libertad, como ya está, algo que no sabías, ¿lo sabes?
Charo: Exacto.
Magali: ¿Alguna vez lo intentaste? ¿Aprender activamente?
Charo: Sí, varias. Se me dio fatal. O sea, soy terrible, fatal. Digo: ¿qué pasa con mi cerebro? ¿Qué pasa conmigo, que no puedo mantener esa bestia de metal?
Parece complejísimo. Yo no entiendo a los seres humanos, como todo el mundo, de niños pequeños, una bicicleta van con ella. Y digo: pues es dificilísimo. Entonces me ponía súper tensa. Al día siguiente me dolía la espalda porque me había puesto súper tensa y estaba ahí. Me voy a matar.
Magali: Bueno, bueno, buena cosa a desarrollar y cumplir para el resto de la vida, que todavía hay tiempo.
Charo: Totalmente. Cuando lo haga, prometo, pondré un vídeo a la comunidad y diré: mira, sé ir en bicicleta.
Magali: Yo me fui 10 pasos para adelante, pensé que ibas a decir: cuando lo cumpla, voy a llegar hasta Argentina en bicicleta, pero…
Charo: No ser ciclista. No, no, no, para nada, no sucederá.
Magali: Bien, Charo, ¿cómo cerramos este capítulo? Te dejo un espacio de palabras finales, un pensamiento para compartir.
Algo que hayamos dicho o no, todo vale, es tu momento. Sin reglas. ¿Cómo lo cerramos?
Charo: Pues yo mandaría un mensaje a las personas que hayan llegado hasta aquí y que nos están escuchando.
Y les diría que dentro de ti ya hay una jefa, siempre hubo, siempre estuvo ahí. Y que está deseando que la dejes brillar. Hostia.
Magali: Bien. Hermoso. Bueno, y la siguen a Charo, hacen los cursos, se suscriben a todos lados y todo eso, ¿ok?
Charo: Me encuentran en Charuca, en Instagram, Charuca, y desde ahí ya es fácil todo lo demás. Y también daros las gracias a ti, Magali, muchísimas gracias. Me ha encantado tu entrevista, o sea, me ha encantado, ya me ha inspirado, he aprendido de ti, las preguntas, súper bien preparado, muy guay, muchísimas gracias por todo, por todo, y también muchas gracias a quien está escuchando hasta aquí, muchísimas gracias por escuchar, espero que os llevéis algo de esta entrevista.
En mi función aquí ha sido daros verdad.
Magali: Ay. Venga.
Y gracias a vos, porque quiero decir que, repasando mis notas, yo creo que respondiste como 30 preguntas, y siempre me va muy bien con los invitados que vienen que ya tienen un podcast, porque hay algo ahí más desarrollado en la web. Pues entonces siempre es más fácil y sale mejor, así que gracias, gracias. ¿Lo has notado?
Charo: Sí, sí.
Magali: Qué bueno que mejor responden y más rápido y más concreto los que ya tienen un podcast. Qué bueno, infalible, tomaré nota de eso.
Charo: Entonces tendrás que venir a mi podcast, uno, con mucho gusto, y hablamos de Bali. Te cuento cómo fue para mí andar en moto en Bali, qué aprendí ahí. Pues mira, yo te extiendo la invitación a ti para que ahora seas tú la que vengas a Jefa de tu vida y nos cuentes tu historia de jefa.
Magali: Hermoso, vale, ¿lo hacemos?
Bueno, Charo, gracias, y te mando un abrazo gigante.
Charo: Un besazo, 1000 gracias.
Magali: Gracias por escuchar este capítulo. Si tenéis una amiga o amigo a quien le pueda gustar, eso nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal, al que lo puedes recibir en tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links que hablamos en la conversación están en tienequehaberalgomas.com y mándame tus comentarios por redes sociales, en @tienequehaberalgomas. Nos vemos la semana que viene.
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¿Quién es Charo Vargas y de qué habla en este episodio?
Charo Vargas es ilustradora, CEO de Charuca hace más de 7 años, Speaker, Podcaster y escritora del libro best seller ¨jefa de tu vida¨. Su misión es ayudar a las mujeres a ser las Jefas de su Vida.
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