Natasha Spitzer

Natasha Spitzer es empresaria y diseñadora textil. Desde hace más de 10 años diseña textiles estampados para clientes increíbles de todo el mundo. Trabajó en relación de dependencia y al poco tiempo abrió su propio estudio donde aprendió a transformar su pasión en un negocio creativo exitoso. Emprende con su academia online en natashaspitzer.com y con Mercado Estampa

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De qué hablamos con Natasha Spitzer

  • Cambiar la definición de éxito a través de los años
  • La duda de saber cuando mostrar lo que hacés. Mejor mostrar lo que hacés más vale temprano que tarde, sobre todo si no estás rompiendo ninguna regla. Mostrarlo aunque no sabes si lo estás haciendo bien
  • La diferencia entre saber cuando algo está terminado o para mostrar. Poner límite de tiempo sea propio o de un cliente para terminar las cosas. 
  • El costo de no tener mentores de la industria cuando empezó. Apoyarse en otros colegas de diferentes industrias para aprender a ser freelancer.
  • Sus errores de freelancer: no saber hablar de plata, no saber cobrar, no valorar tu trabajo, no cobrar adelanto, 
  • La desconexión entre la carrera laboral y la carrera universitaria. La velocidad que avanza la tecnología y el tiempo que lleva actualizar los programas universitarios. 
  • Su transición de dejar la relación de dependencia, a ser freelancers y gestionar a otros diseñadores mientras aprende a delegar. 
  • Mejorar el trato con las personas para hacer que la industria textil sea un lugar mejor
  • El impacto de hablar en cámara y entender que el mensaje es mas importante que como te ves. 
  • Perfeccionismo se supera con fechas límites, ir encontra del micro management, bajar estándares, no querer todo como su lo hiciese ella, delegar

Transcripción

Natasha Spitzer es diseñadora textil y empresaria: estampa para marcas hace más de diez años, enseña en su academia online con su nombre y fundó Mercado Estampa, una plataforma de estampado a demanda. En el episodio cuenta cómo aprendió a cobrar como freelancer, por qué hay que mostrar el trabajo temprano, cómo delega y cómo convive con el perfeccionismo.

Introducción

Natasha: Hay que mostrar lo que hacés todo el tiempo, todo lo que puedas. Tenés que aprender a comunicar lo que hacés. Sos tu único agente de publicidad, probablemente; en el mejor de los casos tengas alguno.

Pero sos responsable de aprender a comunicar lo que hacés, y tenés que hacerlo de la manera más efectiva posible, ya sea con un portfolio, por LinkedIn, por la plataforma que sea, un boca en boca, pero entender qué es lo que te hace a vos diferente del resto y cómo lo podés ofrecer a otros. Creo que eso es lo que a mí me ayudó.

A ir creciendo en las distintas áreas en las que quise ir creciendo: poder entender cómo comunicar. Es algo en lo que no me creo experta, ni mucho menos, pero sí algo en lo que me interesa seguir mejorando, porque creo que es de lo que más impacto tiene en mi proyecto.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transforman para estar alineados con sus valores. Contamos historias para entender cómo lo hicieron. Nos ayudás un montón si te suscribís en la plataforma en la que estés escuchando este podcast. Estabas escuchando a Natasha Spitzer. Ella es ilustradora, diseñadora de estampas y empresaria, tanto con su academia Natasha Spitzer, donde enseña a otros ilustradores, como con Mercado Estampa, su nuevo emprendimiento de print on demand.

Todas las semanas escribo sobre ideas, recomendaciones y detrás de escena del proyecto en el correo semanal. Podés recibirlo si te anotás en tienequehaberalgomas.com/correo y te lo mando todos los jueves. Ahora sí, vamos con Natasha.

Hola, Nati. Bienvenida a Tiene que haber algo más, gracias por venir a conversar conmigo.

Natasha: Hola, Maga, un placer estar acá. Realmente, gracias por invitarme.

Magali: Me encanta. Vamos, primera pregunta.

¿Cómo cambia la definición de éxito con los años?

Magali: ¿Qué dirías que es para vos el éxito?

Natasha: Uy, siento que es una definición que, por lo menos a mí, me fue cambiando con el tiempo. Si me preguntabas a los 20, te decía: quiero ser la mejor diseñadora del mundo.

Y hoy en día, por lo menos para mí, el éxito viene un poco más asociado, creo, a la vida personal. Estar contenta con lo que estoy haciendo. Alcanzar las comodidades que quiero, no necesariamente ser millonaria, pero sí por ahí alcanzar cierto tipo de vida, vivir los días como quiero o tener cierto tiempo libre, no sentirme esclava. Creo que está asociado por ahí. Siento que esa es la definición que tengo hoy; si me preguntás el año que viene, seguro te digo otra cosa.

Magali: Claro. ¿Y cómo sería vivir los días… De una forma que valga la pena ser vividos?

Natasha: Gran pregunta. Mirá, ahora que estoy viviendo en Londres, te garantizo que tiene que ver con el sol. O sea, necesito que haya un día de sol y salir de la casa. Como ahora, que estoy viendo por la ventana que el cielo está celeste, es algo que me cambia mucho. Entonces eso me enseñó que cuando hay sol tengo que salir y me voy al parque. Así que creo que hay algo de eso.

Hay algo del disfrute. No sé si es pasar tiempo en la naturaleza, porque tampoco me veo yéndome al bosque, pero sí haciendo actividades de disfrute: tomar un café rico, comer algo rico, ir a un parque, leer un libro que me gusta. Ahora me compré cosas para hacerme pulseritas, viste, cómo cultivar esas cosas. Pero también, sinceramente, adoro trabajar.

No me pasaría un día entero haciendo tareas operativas, por ejemplo, en las que a veces me veo inmersa. Así que por ahí, por lo menos en mi caso, es pensar estrategias, diseñar clases, estar investigando, estar estudiando; ese tipo de cosas me encantan. Y, como te decía, mechado con salir a pasear, pasear a mi perro, estar al sol, tomarme un café, hacer algo de gimnasia, ni idea.

¿Cuándo conviene mostrar lo que hacés?

Magali: OK. Vos, que trabajás con la creatividad, quiero saber cómo lidiás con la duda… Para saber cuándo mostrar lo que hacés.

Natasha: A ver.

Primero que nada, si estoy trabajando en un proyecto para clientes (ahora hace bastante que no lo hago), cuando trabajás en un proyecto para clientes por lo general no podés mostrar mientras lo estás haciendo, lo cual va muy en contra de las redes sociales hoy en día: TikTok quiere que muestres tus procesos constantemente. Bueno, en realidad, si vos estás trabajando para un cliente, por lo general eso es confidencial hasta que sale a la venta, y ahí es cuando lo podrías mostrar. Ese fue mi ciclo.

Siempre que puedas, tenés que mostrar tu trabajo. De hecho, hay un libro buenísimo de eso, que es de Austin Kleon, uno de mis autores favoritos de libros de creatividad y desarrollo personal; está todo dedicado a mostrar tu trabajo. Pero ante la duda, más vale temprano que tarde, sobre todo si no estás rompiendo ninguna regla. O sea, si no podés por cuestiones de confidencialidad, no se muestra. Pero creo que algo que me ayudó a mí a lo largo de toda mi carrera fue mostrar mi trabajo, aunque no supiera si era bueno, aunque no supiera si lo estaba mostrando bien, aunque no supiera hacerme una página web o cuál era la plataforma correcta.

A mí, por lo menos, a los 17 años, cuando estaba en el colegio (todavía me acuerdo), subía mis dibujos a Facebook, y un chico me escribió para hacer un proyecto de remeras: le gustaban mis cosas y las quería tener estampadas. Entonces ahí aprendí: OK, hay que mostrar siempre lo que hacés, porque seguramente haya alguien a quien le interese eso y le pueda servir… Tu producto, tu servicio, lo que sea.

Y si no lo mostrás, no se entera el otro. Entonces es fundamental estar compartiendo lo que uno hace: tener un portfolio, tener un LinkedIn, una página web, redes sociales, lo que sea, en donde estés mostrando todo lo que puedas lo que hacés, y también de la manera que puedas.

Magali: ¿Se te genera esa voz interna de «¿esto es lo suficientemente bueno?»?

Natasha: Sí.

Le pasa a todo el mundo todo el tiempo. Y me parece que una cosa es cuando está para mostrar y otra cosa es cuando está terminado. No sé en qué momento está algo terminado. ¿Es cuando un cliente te dice «bueno, listo, aprobado», que ahí lo voy a soltar? ¿Pero cuando es algo para vos?

Decís… no sé, yo estaba haciendo unas obras que mostré, que me las quería imprimir para mi casa, y todavía no las mandé a imprimir porque no me decidí la escala, no me decidí el color. Es muy difícil cuando es para uno; cuando es para otro es más fácil, porque el límite te lo pone el otro. ¿Entonces?

Para mí la mejor herramienta es ponerse un límite de tiempo, un deadline que diga: bueno, para esta fecha está terminado lo que tengo, ya está listo y se publica, sale, lo que sea. De hecho, así lo hago con mis clases, más o menos, porque en realidad… No sé, son clases, no es un dibujo, digamos. Siempre, obviamente, van a requerir bastante preparación y puede ser que corra un poco la fecha, pero justamente yo puedo seguir sumando. Podés seguir investigando, podés seguir agregando contenido a absolutamente todo lo que sea, desde una ilustración, un libro que estés escribiendo, no sé, probablemente esta charla, este podcast; podés seguir sumándole cosas constantemente.

Y creo que el deadline, esa fecha límite, ese tiempo que te pusiste para terminarlo, es lo que te va a marcar el límite, a menos que, como te dije antes, tengas un cliente, un jefe, esa figura mayor que te diga: bueno, listo, hasta acá está buenísimo, pasá a lo siguiente. Esto se llama la ley de Parkinson, que dice que vamos a usar todo el tiempo disponible para hacer una tarea. Entonces, si vos no te ponés tu propio deadline, vas a usar toda la eternidad para mejorar eso que querés hacer, sin fin.

¿Qué cuesta empezar una carrera sin mentores?

Magali: Me gusta esto, Nati. Cuando vos empezaste no había mucha gente haciendo lo mismo, por lo menos hace unos años. ¿Cuál creés que fue el costo de no tener mentores o referentes de la industria?

Natasha: Que tuve que aprender casi todo sola.

Mis referentes o mentores en la industria eran mis compañeros de trabajo en la primera textil en la que trabajé.

A ver, eran chicos que tenían un poco más de experiencia que yo en ese momento, pero no era gente que venía trabajando hace 15 años. No sé, me costó mucho entrar en contacto con personas que hicieran lo mismo que yo. De hecho, creo que la primera vez que lo hice fue cuando yo ya estaba dando clase. Entonces te diría que lo primero fue el tema del aprendizaje, y no solo a nivel técnico, sino en la parte de trabajar freelance, que de hecho ahí me empecé a apoyar en amigos de rubros cercanos pero distintos, por ejemplo, diseño gráfico.

Igual fue algo que me costó un montón aprender. Yo esto lo digo siempre: creo que siempre fui excelente diseñadora, pero por lo menos los primeros 5 años fui pésima freelancer, o sea, pésima. Y bueno, obviamente era un momento donde no había tantas redes sociales, donde estemos todos viendo mensajes constantemente y leyendo sobre gurúes y colegas y lo que sea. Así que te diría eso, creo que es el aprendizaje.

Magali: Ajá. Qué peligro.

Estos mensajes en las redes sociales, porque todos dicen lo que hay que hacer y nadie lo hace. Entonces acá levanto muchas alertas: no creo nada de lo que leo en internet. O sea, mi conclusión.

Natasha: Me pasa lo mismo. Mucho creador de contenido que te quiere enseñar cómo vivir la vida, cómo hacer absolutamente todo. «Estos son los 3 consejos infalibles», que son las mismas fórmulas de comunicación que se usaban en las revistas hace 15, 20, 30 años, como las 3 dietas que tenés que hacer este verano. Y eso ahora es como, bueno… Estas técnicas de negociación o lo que sea; es una cantidad de sobreinformación. De hecho, como creadora de contenido, porque de repente mi trabajo también se convirtió un poco en eso, es algo con lo que… Tengo una relación ambivalente, diría. OK, quiero generar contenido de valor, me interesa dar información de valor para, cómo decirlo, mi comunidad, ponele, las personas que me siguen, mis alumnas, básicamente para ayudarlas.

Pero no me quiero convertir en un infomercial constante, y veo mucho, viste, la estrategia del miedo, de querer infundirle miedo a la gente, tipo… «¿Lo estás haciendo mal? No cometas estos errores», «el error que me podría haber costado mi carrera». Lo veo tanto en Instagram, con esos videos con subtítulos que les va cambiando la letra de colores, en las estrategias de email marketing. Está lleno, y es un límite muy fino entre, bueno, tener un negocio digital y ya estar medio en… no sé si es secta, pero… No sé, no comulgo mucho, y siempre trato, viste, de hacerlo a conciencia. Lo intento.

¿Por qué es tan difícil aprender a cobrar como freelancer?

Magali: Sí. ¿Por qué fuiste una mala freelancer?

Natasha: Muchas razones. La primera de todas es que… No sabía hablar de plata: me daba vergüenza, me daba miedo, no sabía cuánto se cobraba. Y puedo decirte: bueno, es que estudié diseño y nunca me hablaron de plata en la facultad, lo cual es cierto. Yo creo que todas las carreras universitarias, e incluso te diría los colegios, deberían tener educación financiera. Pero más allá de eso… Es porque yo tampoco sabía ni a quién preguntarle ni cómo hacerlo. Nuevamente, me daba miedo, me daba vergüenza, no sabía hacerlo.

Y lo empecé a aprender de a poco: me empecé a asesorar con una contadora, a preguntarle a la gente. Esto lo cuento, tengo un curso… De cómo hacer presupuestos, y esta anécdota la cuento porque para mí es graciosa y vergonzosa al mismo tiempo. Pero bueno, era chiquita también, tenía, no sé, 21 años, ponele.

Mi primer trabajo freelance fue para una marca de moda muy conocida de Argentina, para María Cher.

Y yo estaba chocha con ese trabajo, porque era lo que quería. Yo trabajaba en una importadora textil mayorista copiando estampas de mercados mayoristas, y era como mi primera oferta laboral para realmente poner algo más mío, más creativo, más de diseño, y yo estaba feliz. Pero obviamente no tenía idea de cuánto se cobraba, y ellas me dijeron directo: bueno, el precio para esto es 400 pesos.

Te estoy hablando del año 2013. O sea, ponele, 40, 20 USD. Sí, creo que era entre 40 y 70 USD, pero para la época era poca plata para los sueldos en Argentina y todo.

Pero bueno, para mí era como: OK, espectacular, es la mía, yo quiero entrar, tengo que entrar, listo, lo hago. Mi primer trabajo freelance. Y me empiezan a seguir llamando, y a medida que pasa esto fue como: che, de repente estoy trabajando un montón de horas, ¿debería subirles el precio? ¿Cuánto les subo? Bueno, les voy a subir 200 pesos. ¿Por qué? No tengo idea con qué criterio les subía. Y hoy lo pienso: les subí de una el 50% del precio. ¿Con qué criterio?

¿En dónde me anclé? Y además me daba cuenta de que no sabía comunicarme con el cliente, no sabía lo que era una factura, no sabía cómo limitar esa relación de comunicación con el cliente, viste: cuántas correcciones me pueden hacer, y no sé. Un día fui a trabajar todo el día a su oficina. Ridículo. ¿Por qué?

Y nuevamente, creo que es porque era chica. Aprendí un montón, pero obviamente eso me costó sangre, sudor y lágrimas, porque de repente trabajaba un montón de horas, les hacía las estampas a casi todas las marcas de Argentina, y no sabía valorar mi trabajo, no sabía ponerlo en valor. Y si se daba de baja una estampa… yo no sabía que había que cobrar adelanto al principio. Entonces, por ahí había laburado, no sé, 20 horas en una estampa, me decían «no, al final no la vamos a usar», «ah, bueno, dale, gracias», y yo no cobraba nada. Por eso, entendés, son cosas de ser chiquita, de no saber… De aprender sola. Hoy me viene una alumna y me cuenta que le pasa algo así y le digo: no, no, no, esperá.

Con adelanto, mandalo por escrito. Trato de ayudarlas a que no les pase eso.

¿Por qué la universidad está desconectada del mundo laboral?

Magali: Vos tuviste que aprender mucho fuera de tu carrera universitaria, y esto se da en muchísimos contextos, ¿no? Lo que aprendemos en la universidad es muy diferente al trabajo, al día a día. ¿Qué problema viste vos entre tu carrera universitaria, y la nueva generación de jóvenes que empieza a estudiar lo mismo, con la industria laboral?

Natasha: Lo primero que veo es que está muy desconectada de la industria. O sea, por un lado está la carrera y por otro lado el mundo laboral, y se ven cosas distintas, no están relacionadas. Por lo menos cuando yo estudié, viste, no había facilidad ni de ir a una fábrica ni de… Programas de pasantías ni nada que empiece a conectar. De hecho, me pasaba que en una materia troncal de la carrera tenía de docentes a profesoras que ni siquiera trabajaban en el rubro. Y eso yo lo veía y me frustraba un montón, porque yo ya estaba trabajando en el rubro.

No sé, sentía que yo sabía cosas como, por ejemplo, cómo separar de manera técnica en colores un archivo, algo hipertécnico del rubro, y no lo corregían en clase, no lo veían. Entonces me frustraba, porque era: ¿qué clase de profesionales están formando?

No sé, es algo que siento, por lo menos cuando yo estudié (no sé si hoy cambió), con todo ese saber técnico, ni hablar de las actualizaciones constantes y digitales que están sucediendo. O sea, esta semana Photoshop lanzó su nuevo plugin de inteligencia artificial de generación de imágenes, en el que podés seleccionar un pedacito de cualquier foto y que te pegue algo en el medio. ¿Cómo se van a adaptar las universidades de diseño a esas nuevas tecnologías? Tienen que hacerlo rápido, no pueden esperar 10 años para actualizar un programa. Entonces me parece que ese tipo de innovaciones sí van a llegar mucho más rápido al mundo laboral, pero es medio… Una picardía que en las universidades no lo estén aplicando.

Magali: Sí, entiendo. ¿Qué es algo que vos pienses distinto a la mayoría de las personas?

Natasha: Oh.

Magali: ¿Tiene que ser polémico? No, esto es tan «unpopular opinion» 100%, o puede ser cualquier cosa, no hace falta que…

Natasha: OK. Bueno, hay una muy del mundo del diseño, que es que para mí los archivos se mandan a estampar en RGB. Es una comprobación empírica. La mayoría de las imprentas te piden que sea en CMYK; en el mundo textil, para mí va en RGB, que supuestamente son los colores con los que vos ves en las pantallas, no los de impresión.

Pero bueno, por cuestiones de las tintas que usan los estampadores, que son más que las CMYK… Nuevamente, perdón a los oyentes, esto es hipertécnico.

Para mí queda mejor en RGB. Me he peleado a los gritos con un estampador en un shopping donde tenía su máquina de estampación por ese tema. Me gritó él.

¿Cómo pasar de la relación de dependencia a ser freelance?

Magali: No, no le griten a las personas, por favor. No tengo una opinión al respecto; si hay algún diseñador o diseñadora escuchando esto y está de acuerdo o en desacuerdo, por favor, díganos. Gracias por esta opinión impopular. Contame cómo pasaste de empezar tu carrera laboral en relación de dependencia, en un trabajo fijo, a ser freelance.

Natasha: Excelente. En realidad empecé a trabajar freelance mientras trabajaba en relación de dependencia. Tenía mi parte de ilustraciones que hacía por mi cuenta y las subía a Flickr en su momento. Siempre publicaba en redes sociales, y también mostraba cosas de mi trabajo que pudiera mostrar, y me llamaron para hacer una estampa para María Cher por una conocida que trabajaba en la marca. Y ahí empecé a trabajar freelance. El problema fue que trabajaba de 9 a 5:30 en Flores todos los días, y 2 o 3 veces por semana iba a cursar a la facultad.

Tenía 21 años en ese momento. Y después, por las noches, las noches que quedaban libres y los fines de semana, trabajaba freelance y hacía las entregas de la facultad. Así que obviamente no dormía, y tuve que renunciar en un momento; tenía que elegir. Bueno, ¿a qué renuncio: al freelance, al trabajo en relación de dependencia o a la facultad? Y dije: bueno, me quiero recibir, así que la facultad no.

El freelance tampoco, estoy recién empezando. Y justo en mi trabajo en relación de dependencia sentía que ya no podía crecer.

Así que tomé coraje y renuncié. Esto lo cuento siempre: yo en ese momento vivía en la casa de mi mamá, no me tenía que preocupar por pagar facturas, pagar expensas, pagar las compras del supermercado. Creo que di el salto a ser freelance en una situación en la que yo estaba muy cómoda en ese sentido. Eso es algo que siempre digo: no es renunciar de un día para el otro y ver qué onda. Si hoy en día tuviera que hacer lo mismo, pensaría en armarme un colchón financiero, tenerlo para 6 meses de gastos por cualquier cosa.

Así que en la casa de mi mamá, en una habitación, me compré una tabla, 2 caballetes y armé mi oficina.

Y ahí, con esta primera clienta que te contaba, María Cher, me empezaron a llegar otros: empezó Ayres, empezaron otras marcas, y bueno, tenía un montón de clientes ya.

Así que no tuve que salir a buscar clientes; tenía que poder dedicarle el tiempo a ese trabajo, tenía que poder aceptar más trabajos.

Magali: ¿Y cómo pasaste a delegar, cuando antes armabas vos… Todos los diseños para estas marcas?

Natasha: Me di cuenta justamente de eso, de que de repente tenía un montón de demanda de trabajo y que mi día tenía 24 horas. Fue: bueno, necesito contratar a alguien que me ayude, necesito empezar a delegar. Y me costó un montón porque, justamente, no conocía a nadie que hiciera lo que yo hacía. Entonces pregunté en Facebook, en ese momento: bueno, ¿quién quiere ser mi asistente? Busco alguien que me ayude con las estampas. Me contestaban, pero era gente que no sabía, entonces les tenía que enseñar todo de cero. Y además, ahora lo pienso en retrospectiva, por un lado les tenía que enseñar a hacer estampas bastante de cero, sobre todo con estos saberes técnicos que se necesitaban.

Y por otro lado, era yo aprender de cero a delegar, porque nunca lo había hecho antes. Si bien había entrenado personas cuando estaba en el equipo, muy distinto es entrenar a alguien diciéndole «haceme esto más grande» que entender lo que quiere un cliente, transmitírselo, decirle cómo lo harías vos y ser la intermediaria en esas correcciones.

Magali: Ajá. ¿Buscabas a alguien que haga lo mismo que vos o buscabas delegar… Otras responsabilidades, se entiende?

Natasha: No, sí, buscaba a alguien que haga lo mismo que yo.

Quería clonarme, de alguna manera. Claro.

Empecé a delegar cuando empecé a trabajar con una contadora.

Bueno, no me hacía las facturas, pero me ayudaba con las cosas de AFIP, ni idea. Eso sí fue más como: bueno, OK, alguien que hace algo de lo que yo no tengo idea. Pero para delegar estampas necesitaba una doble de mi persona.

Magali: Claro.

¿Cómo nació la academia de diseño textil de Natasha Spitzer?

Magali: OK. ¿Cómo fue tu paso de… Todo esto, de hacer vos las estampas, a armar un equipo, a empezar a enseñar, sea presencial o digitalmente?

Natasha: Empecé de manera presencial, casi de casualidad.

Esto pasó, no me acuerdo si fue en 2016 o 2017.

Me di cuenta de que necesitaba algo más. Ya venía haciendo estampas hace mucho, estaba medio quemada también, porque, como te contaba, fui muy mala freelancer mucho tiempo, y eso creo que me desgastó antes de tiempo, por así decirlo; hizo que me canse de muchos clientes.

Con toda esta cosa, viste, de que siempre en Argentina hay crisis y que el rubro textil está mal y no sé qué, que te patean los pagos, y yo tardé mucho en aprender a que no me los pateen. Entonces eso creo que me desgastó, y dije: bueno, OK, quiero otra cosa, necesito otra cosa. Por ahí me quiero tomar un tiempo de las estampas.

También empieza a flashear: «Che, si me lastimo las manos, no voy a poder hacer más estampas, ¿qué hago?».

Y fueron varios procesos a la vez, porque después veía que cada vez que quería delegar algo tenía que entrenar a las diseñadoras, casi de cero les tenía que enseñar un montón de cosas. Entonces era: «Che, nadie está enseñando esto en la facultad». O sea, estudié esto y nadie me lo enseñó. Esto es algo que se aprende trabajando. Y también, si no tienen esa primera experiencia, por ahí nunca llegan a trabajar porque no tienen esos saberes. Entonces alquilé un aula.

En un coworking para 16 personas, preparé un flyer, preparé las clases, todo, y lo publiqué en Facebook.

Y esa fue la primera clase de diseño textil digital, un curso de cuatro clases que es el que hoy en día está online, obviamente actualizado, pero es bastante similar el curso.

Creo que hubo 15 personas en esa primera inscripción, que fue un montón, por lo menos para mí fue un montón. Y cuando me encontré dando clase, me encantó. Fue como: «Qué lindo, qué lindo que es poder enseñar esto», que es algo hermoso, realmente, y es muy único. Es una habilidad que después cada uno la agarra, la transforma en lo que quiere y le pone su propia impronta. Le estás dando las herramientas a alguien para que trabaje, para que sea un hobby, para que se profesionalice, para un montón de cosas.

Y, sobre todo, veía que salían como contagiadas, entusiasmadas y con ganas de hacer cosas. Así que después de ese curso… Volví a alquilar un aula porque había gente que preguntaba: «Uy, ¿vas a volver a dar el curso de estampas?». A esa primera clase vinieron amigos, amigos de amigos, conocidos, qué sé yo. Se empezó a correr la voz y ese año di 3 cursos. Y a fin de año, cuando estaba haciendo las cuentas de todo el año, fue como: «Che, fue bastante rentable dar clase».

Pero, sobre todo, es algo que me encanta.

Bueno, vamos a ponerlo un poco más acá.

Y el segundo año de dar clase, también todo presencial en Buenos Aires, lo empecé a hacer… Mucho más seguido, y había gente que quería venir del interior a clase. Entonces dije: «Bueno, voy a poner lo que sería un curso intensivo. Lo mismo que doy a lo largo de un mes en cuatro clases, lo doy en 2 días».

2 jornadas de 4 horas. Matador. Salía sin voz, casi como ahora, pero peor. Salía agotada pero feliz. Me pasa eso cuando doy clase, es como que lo dejo todo.

Pero también me lleno de energía, no sé. Es hermoso. Y venían del interior a esos cursos intensivos de 2 días.

Me acuerdo que había empezado a pautar en Instagram en Uruguay, Chile, Paraguay. Entonces empezaron a venir de Uruguay, Chile, Paraguay, un poco por la pauta, pero un poco también porque se corría la voz: «Che, me contaron que tu curso está buenísimo». Así que daba uno o 2 cursos por mes, todos los meses.

Y, de repente, se convirtió en mi trabajo. De repente es como: «Ah, hago estampas, pero también doy clase, y por ahí doy más clase que lo que hago estampas ahora».

Y además tiene esa cosa, viste, de que se retroalimenta. Es como: bueno, estoy diseñando, pero me enriquezco dando clase, y viceversa. No sé si tiene sentido lo que acabo de decir, pero para mí eso era lo que se retroalimentaba.

Magali: ¿Se te dio…

¿Qué pasa con tu identidad cuando dejás de diseñar para enseñar?

Magali: Plantearte un poco una crisis de identidad profesional, de pronto, de dejar de diseñar y pasar a enseñar?

Natasha: 100%. Siento que vivo en una crisis de identidad. Siento que no me queda ninguna etiqueta, o sea, no me siento diseñadora.

Pero tampoco… Estas crisis se me presentan cuando tengo que hacer algún documento, como por ejemplo mi LinkedIn, un CV, que te pregunta a qué te dedicás.

Bueno, ahora ya pongo en algunos «business owner», viste, como dueña de un negocio. No sé, te pasa mucho cuando te querés suscribir a un servicio y no termino de entender en qué casilla entro. ¿Soy diseñadora, soy educadora, pertenezco al rubro de creatividad, de educación? Creo que es un poco de todo, una mezcla de todo. Pero sí fue como: «Sí, voy a dejar de hacer estampas». En mi caso fue una transición de a poco, y fue un poco porque seguí con lo que me estaba encontrando más.

Me di cuenta de que de repente, no sé, cerrar un rapport ya me estaba dando fiaca, cosas que ya venía haciendo hace muchos años, y que de repente preparar una clase me estimulaba. Bueno, seguí por eso.

Tampoco es que me gusta absolutamente todo de mi trabajo, ¿no? Como te contaba, hay tareas operativas, administrativas; siempre va a haber cosas que a uno no le gustan.

Pero en mi caso creo que se dio de una manera bastante orgánica, y tampoco es que digo: «No, no hago más estampas o no hago más diseños». Solo que por ahí ahora es algo que me quedo más para mí.

Para disfrute y placer personal, más; creo que lo… Podría poner en lugar de hobby, de alguna manera.

Magali: Bueno, es lo que se dice: ¿cómo matar a un hobby? Cobrar por él, hacer que tu hobby se vuelva tu trabajo.

Y para el disfrute es como la receta para el fracaso.

Natasha: 100%. O sea, hacer estampas, creo que… Fue siempre mi trabajo del amor. No sé si alguna vez entró en juego, pero de repente ahora es como: «Bueno, me quiero ir a dibujar y no quiero pensar en que sea comercial». Y me cuesta un montón.

De hecho, hay una cosa en el mundo del diseño y la creatividad, viste, que se trata de encontrar tu voz artística, tu estilo personal. ¿Cuál es tu tipo? En inglés se le dice tu «handwriting»: ¿cuál es tu caligrafía? Y yo no sé, tengo uno distinto para cada cliente con el que trabajo, porque lo mío siempre fue interpretar la identidad de alguien o de algo y potenciarla. Va más por ese lado que por decir «trabajo con acuarelas».

Porque no sé, creo que es algo que apareció después de 10 años de haber trabajado tanto.

Pero siempre creo que me sentí un camaleón, como esta cosa de… De ir mutando, y entendí que eso también es parte de mi identidad como diseñadora o como creativa.

Magali: Ya tuvimos algunos capítulos donde se habló de la industria textil. Por ejemplo, vino a hablar Agostina Trovato, que tiene una marca de ropa ecológica de bambú, y Agustina Irureta, que tiene un taller social en Argentina.

¿Qué cambiarías de la industria textil?

Magali: Y si algo me quedó claro, sin ser parte de la industria, es que puede ser un contexto muy hostil.

¿Si pudieras arreglar una cosa de la industria textil, qué cambiarías?

Natasha: Creo que serían las condiciones laborales, y no te hablo nada más de trabajo esclavo, de taller clandestino, sino que me parece que es una industria en donde la gente que trabaja tiene que estar muy preparada, y se trabaja mucho.

Y creo que es un rubro que a nivel mundial… Se sabe, se habla en general de que es un rubro hostil, de que la paga no es muy buena, de que es muy estresante.

Me parece que sería un poco por ese lado. Hay mil cosas para arreglar, ¿no?

Pero me parece que mejorar el trato a las personas… Creo que lo haría un lugar un poco más feliz.

Magali: ¿Se te ocurren algunos errores que hayas cometido de inexperta? Puede ser en la primera parte de tu carrera como freelance, diseñando, o ahora como empresaria.

Natasha: Hay miles. Hay uno que me encanta, me parece tierno directamente.

Esta primera estampa que me habían pedido, se la fui a entregar en CD a la oficina porque quería la presencia física, viste, quería que me conozcan: «No, no te lo voy a mandar por WeTransfer, te lo llevo en CD», porque en ese momento el CD era algo que existía todavía.

Y me dice: «Dale, ¿tenés la factura?». No sabía qué era una factura, no sabía cómo se hacía, así que le tuve que pedir ayuda a mi hermana, que era diseñadora gráfica freelance en ese momento.

Eso me da ternura directamente.

No sé, siento que todos los días me debo equivocar con algo distinto.

Lo de la factura igual me quedó marcado, y después, bueno, ni hablar.

Como te decía antes, aprender a cobrar mi trabajo, aprender a valorarlo, aprender a… Hablar con un cliente, o, ni hablar, esto que sí me pasa hoy en día: a veces se me pasan los mails, ponele. Por ahí dejo algún mail sin responder por bastante tiempo.

No me gusta para nada que me suceda, pero bueno, sobrepasada, a veces me sucede.

Por eso, me parece que no está bueno para la otra persona.

Magali: ¿Se te ocurre algún momento…

¿Qué aprendió Natasha con Mercado Estampa?

Magali: Que haya sucedido pero que era impensado dentro de tus límites que algo así pudiese pasar?

Natasha: Creo que me pasó ahora con mi otro proyecto, que es Mercado Estampa. Mercado Estampa es un print on demand.

Es una plataforma en donde vos básicamente subís tu diseño, elegís la cantidad de metros que querés, la tela que querés, y te llega estampado a tu casa. Eso sería el resumen. De hecho, es una empresa que abrimos con mi socio, Juan, pensando en empezar a cambiar un poco estas cosas de las hostilidades del rubro textil, y que sea más amigable.

Y ahora nos vamos juntos a la feria de máquinas y tecnología textil en Milán, como viaje de empresa, y vamos a tener reuniones. Y eso creo que hace 2 años sería impensado. Era algo que siempre decíamos: «Vamos a ir a la ITMA, vamos a ir a la ITMA».

Pero bueno, era: «En algún momento vamos». Y ahora vamos de verdad. Vamos el miércoles, así que creo que ese puede ser ese momento impensado.

Magali: Bien. ¿Qué es algo que hayas aprendido por estar en Mercado Estampa?

Natasha: Hay tantas cosas. Es genial porque, al tener 2 empresas, siento que aprendo de una y lo vuelco en la otra, y viceversa.

Y en Mercado Estampa aprendo lo increíble que es tener un buen equipo de trabajo. No sabés lo que son todas las personas que trabajan en Mercado Estampa, o sea, es un equipo hermoso que funciona bárbaro.

No sé, cuando empezamos Mercado Estampa en 2018 yo le dedicaba un montón de tiempo. Con mi socio estábamos yendo a los proveedores, armando la web, armando presentaciones. Le dedicaba, ponele, la mitad de mi semana.

Y hoy en día no. Hoy en día ya estoy más en la parte de estrategia, de asesoría. Le dedico tiempo por semana, pero mi presencia es muchísimo menor. No a nivel físico de estar, sino de, qué sé yo, estar en la diaria, contestar los mensajes al cliente; hoy yo no estoy o estoy menos.

Juan y yo estamos en unos roles más directivos.

Y la empresa crece gracias a eso, porque hay más personas con su expertise, con su visión, con sus ganas, con su impronta, que están aportando otro tipo de cosas.

Y se ve el crecimiento, y es increíble eso.

A mí realmente me llena de orgullo. Y, sobre todo, para mí la métrica… Más importante que tiene Mercado Estampa hoy en día… Poco medible, lo aviso desde ya, pero es la felicidad.

De las personas que trabajan con Mercado Estampa, que mandan a hacer un pedido, que tienen sus primeras producciones, que por primera vez pueden mandar a estampar tela y que alguien las trate bien y les explique cómo son las cosas.

Justamente esto que hablábamos: el rubro textil muchas veces puede ser muy hostil, y en Mercado Estampa queremos que sea todo lo contrario. Queremos ayudar tanto a marcas grandes como a marcas chiquitas, pero siempre, viste, con buen trato: «Sí, obvio, te ayudo, mirá, se manda así el archivo», como acompañando en el proceso.

Magali: Bien, ¿cuáles son para vos los pros y los contras de que tu primera empresa, que es toda la parte de cursos, lleve tu nombre personal?

Natasha: Bueno, es una esclavitud, sinceramente.

Me levanto muchos días pensando en que tendría que tener otro negocio, un negocio completamente anónimo, tipo una fábrica de panchos, algo muy anónimo, sin mi persona, etcétera.

Creo que de repente estoy obligada a hacer cosas como filmar reels, que siempre es un desafío: pararme frente a la cámara, contar algo. Pero también… Esto lo analicé mucho. Por lo menos mis alumnas me tomaron como su mentora en muchos casos.

Y eso para mí no es menor. O sea, estoy para ayudarlas realmente, para asesorarlas a crecer. Entonces, en su momento tuve varios momentos de decir: «Bueno, le pongo un nombre a la escuela», pero nada me terminaba de cerrar. Y dije: «Hoy por hoy, quieren aprender conmigo, así que se queda el nombre».

Más allá de eso, como te decía, está buenísimo porque conectás más. Tenés esta cuestión de la persona: es mucho más fácil conectar con una persona que con una marca. Pero bueno, si yo quiero, no sé, vender la empresa o hacer otra cosa, tiene mi nombre. No sé, si un día la quiero convertir en otra cosa, que seguro pase, porque si algo me permito en esta vida es cambiar de opinión… No sé, lleva mi nombre, lleva mi cara, pero bueno, también lo puedo cambiar el día de mañana.

No lo descarto. Pero en lo personal, creo que sí, siempre que se pueda poner una marca más allá del nombre, lo recomiendo.

Magali: ¿Qué fue lo último sobre lo cual cambiaste de opinión? Puede ser cualquier cosa.

Terrible esto, pero la alimentación, creo. O sea, me di cuenta de que caí en la secta de a los que les empiezan a caer mal las harinas, los lácteos. Todo eso puede ser igual por tener 33 años, pero nada, yo, que era fiel creyente de las facturas y los postres, de repente me tengo que limitar porque después me duele la panza. Así que te diría que eso.

Bien.

¿Cómo superar la incomodidad de aparecer en cámara?

Magali: ¿Qué te ayuda a superar la incomodidad de aparecer en cámara?

Natasha: El tiempo.

Tardé 2 años desde que abrí mi Instagram laboral hasta que aparecí en cámara por primera vez.

Empecé primero mostrando… Cosas, papeles en el escritorio, la pantalla de la computadora. Empecé mostrando por ahí una mano, pero no mi cara, por inseguridades personales. Obviamente, la incomodidad frente a la cámara, por lo menos en mi caso, son 100% inseguridades personales. Hasta que en un momento me di cuenta de que es más importante el mensaje que le podés dar a alguien con eso, y que es probable que llegue más lejos ese mensaje si estás ahí… Que cómo te ves. Igual hay días que no quiero aparecer en cámara, la mayoría, de hecho, o que, bueno, no sé, me pongo un filtro o lo que sea.

Pero, sinceramente, teniendo marca personal y estando en un lugar educativo… Viéndolo desde afuera, y ahora me estoy hablando como si no fuera yo, la realidad es que impacta poder estar en cámara y contar algo de una manera más personal. También porque, cuando yo doy clase, les hablo exactamente igual que como te estoy hablando ahora, de una manera coloquial, obviamente con anclajes teóricos o anclajes… Prácticos, lo que sea. El mensaje llega, el aprendizaje llega de una manera muy distinta que si, no sé, por ahí lo están leyendo en un posteo o lo que sea. Entonces, entender eso, que por ahí a una persona le puede hacer una diferencia que te vea a vos diciendo eso, es como: bueno, está bien.

Lo hago. Pero me llevó mucho tiempo y es una lucha que sigo teniendo, sinceramente.

Magali: Sé que preparar y producir, filmar el primer curso te llevó 9 meses. ¿Cómo es eso?

¿Cómo se navega el perfeccionismo y el síndrome del impostor?

Magali: OK, ¿cómo hacés vos para navegar tu perfeccionismo?

Natasha: Ay, nada. ¿Qué hago? Lo que puedo.

Bueno, fechas límite. Me parece clave. Se pueden correr un poquito, sí, pero en un momento ya está.

Tratar de ir en contra del micro management. Por ejemplo, no sé, ahora que delego algunas cosas de redes sociales.

Trato de bajar mis estándares, no en el sentido de bajar la calidad, sino de no querer que esté todo como si lo hiciese yo, porque justamente la gracia es que no lo haga todo yo. Entonces, permitirle a otro que ocupe ese lugar y que dé lo que pueda dar, lo que quiera dar.

Pero bueno, creo que es eso, y viene un poco de la mano de esta cosa de: bueno, voy a aparecer en historias en Instagram y por ahí salgo sin filtro, sin maquillaje y sin todo, también justamente porque al final del día lo importante es el mensaje, no es la producción. Ajá, no son los colores lindos.

Pero es una lucha que tengo.

De manera constante, y que la trato en terapia: mi autoexigencia.

Magali: Es que también siento que juega en contra que vos estás en una industria donde… Hacer que las cosas se vean bien y atractivas y lindas, como que… Yo me di cuenta: cuando yo hago algo, veo que es más que feo, pero no tengo las habilidades para hacerlo lindo. Entonces me tengo que conformar con eso, aunque me doy cuenta. Pero vos no, vos estás en otra posición.

Natasha: Eso creo igual, que las dos tenemos el mismo dolor de que sentís que se puede hacer de alguna manera, que te gustaría más que fuera de otra manera y que por ahí vos sentís que no llegás a hacerlo. A mí me re pasa eso. A mí me pasa también con el diseño porque, no sé, mi branding lo hizo una diseñadora gráfica que es una genia, no lo hice yo.

Pero sí.

Es difícil, y también porque, si bien es una escuela online, una escuela online no deja de ser un negocio digital en donde tiene que dar performance, tiene que dar conversión, y para ese tipo de cosas necesitás que funcionen algunos aspectos como la accesibilidad, como los botones de acción bien claros. Entonces es la mezcla de las dos cosas y no se puede todo. O por lo menos, no sé, viste, como, bueno, lo querés… ¿Cómo?

¿Cómo es que dice? ¿Tiene que ser…?

Magali: ¿Bueno, bonito o barato? Bueno, lindo y barato, tenés que elegir dos, no podés elegir las tres. Ahí le agrego la variable tiempo, o si querés reemplazar la variable tiempo por dinero. Porque también es eso: sí podés seguir iterando hasta el infinito.

Natasha: Pero no lanzás. Eso me re pasa, y me pasó mucho justamente con el tema de los cursos online, porque un curso online no es nada más la filmación. Es una página en donde contar de qué se trata el curso, una página de venta, una página web que también lleva su tiempo, que son textos que hay que escribir, imágenes que hay que producir, ya sean fotográficas o con inteligencia artificial, lo que quieras.

Para mí es una lucha constante, sobre todo porque cuando entrás en esa rosca y en esa lucha, de repente aparece un personaje muy popular en este mundo que es el síndrome del impostor, que empezás a dudar de vos misma y decís: “Pero ¿yo en realidad soy buena? ¿Yo en realidad puedo dar clase de esto? ¿Está bien lo que estoy haciendo? ¿Soy una estafadora?”. Como que te lleva, por lo menos a mí me lleva… A lugares oscuros. O sea, estoy escribiendo ahora un workshop nuevo. Lo estaba escribiendo on fire el otro día, tipo lo escribí en un día, como que ya lo venía teniendo. Tenía como apuntes, cositas que iba anotando, pero en un día lo saqué. Dije: “Es esto”.

Y luego lo leí y me pareció espectacular, y de repente seguía haciendo la investigación.

En estos días, y me empieza a atacar como: “Sí, pero ¿de verdad soy yo la persona para darlo? ¿Yo puedo? ¿Yo sé de esto?”. Es como: sí, obvio que lo sé. O sea, te lo digo ahora hablando con vos, pero cuando estoy yo sola con mi cabeza… Digo: “Por ahí no, porque si no me sale el flyer, ¿cómo voy a poder dar una clase de esto?”. Y como que me echo para atrás. Es como que empezás a procrastinar por tu cabeza, por lo menos es algo que a mí me pasa mucho.

Y justo una amiga me decía el otro día: “No seas tu peor enemiga”. Creo que es muy cierto.

Entonces es… Es un poco una lucha. Este año, a principio de año, armé la planificación anual en Notion, mi nuevo amor de la organización, y le puse arriba de todo un cartel que decía: “Este es el mapa anual. Ante las dudas y las incertidumbres, volvé acá”. Tipo: no te vayas con tu cabeza, volvé acá. Entonces cada tanto tengo que volver a eso. La planificación me aleja. Creo que el orden me lo dio la Luna en Virgo.

Me diría mi astróloga. Como esa cosa de… El Excel o Google Sheets, el Google Calendar.

Todo lo que sea, como de repente, estructurar un poco, tachar pendientes, eso creo que es lo que me… Aleja, lo que hace que el perfeccionismo se vaya, porque sabe que hay otras cosas que cumplir.

Magali: Ajá. Me gusta.

Mostrar esto, porque es muy fácil ver, no sé, tu curso, y que alguien saque como la ingeniería inversa y diga: “Uy, como era obvio que ya tenía que dar este curso, ¿no? Qué fácil, seguro que le fue súper intuitivo y natural”, y no sé qué. Entonces me parece que tiene mucho valor mostrar esto del proceso.

Natasha: Si querés, te cuento.

La primera vez que me vi filmada en el curso, me quedé petrificada, y fue como que casi no lo saco, no sé.

Magali: ¿Por qué? ¿Qué te generó?

Natasha: No me reconocía en cámara. Como que no, yo no sé… No me suelo sacar… Bueno, ahora, ponele, con la selfie un poco más, como que ya aprendí a lidiar con eso, me lo tomo de una manera más informal, pero… Era como: “Che, no sé, ¿me veo linda?”. Iba algo más profundo, incluso, viste, como más de: “¿Qué onda? No sé, no me reconozco”. Estoy peinada de peluquería y maquillada, y yo no sé si me maquillo o no; sí me maquillo, no sé cómo. Y la verdad, nuevamente, creo que es ahí como esa voz del interior, como de los demonios, ¿no?

El autoboicot. Estoy pensando en las distintas palabras con las que lo vamos encontrando.

Pero me acuerdo, lo estábamos viendo en la mesa del coworking donde lo filmamos, con los chicos que lo filmaron, y Sevi, que es mi marido, que fue el productor del curso, fue con el que nos sentamos una mañana de octubre de 2019 y dijimos: “Hay que hacerlo, armemos el plan para filmarlo”.

Y me acuerdo de agarrarle la mano fuerte a Sevi, tipo… No sé. Pero bueno, entendí que había que ir para adelante, aunque yo no estuviera tan contenta, aunque no me gustase, lo que sea. Y hoy en día lo miro y te digo: “No, pará, es un productazo, está hermoso filmado”. También porque es como que me salgo de mí, como que lo veo desde afuera, y me parece fundamental eso. Pero bueno, creo que acá también es lo mismo que hablábamos de esta cosa de que el proyecto lleva tu nombre y tu cara, entonces las inseguridades vienen, porque no es que es… McDonald’s y que yo me puedo despersonalizar: es mi nombre y mi cara. Entonces eso también me pasó teniendo una escuela con mi nombre, que es como: “Che, si le va mal, si le va bien, si lo que sea… ¿Qué significa que le vaya mal a Natasha Spitzer?”. De hecho, a la empresa le digo NS justamente por eso, porque si le digo mi nombre me mato, como que no puedo.

Magali: Claro, tiene sentido.

¿Por qué hay que permitirse cambiar?

Magali: Voy a dejar en esta última pregunta un espacio de palabras finales. Algo que ya hayamos dicho o no, un último mensaje a la audiencia.

Natasha: Ni idea cómo cerramos esto. Voy a tirar dos finales y elegís el que quieras, ¿vale? A ver.

Si algo aprendí en todos estos años… Es que hay que mostrar lo que hacés todo el tiempo, todo lo que puedas. Tenés que aprender a comunicar lo que hacés. Vas a ser tu único agente de publicidad; probablemente, en el mejor de los casos, tengas alguno.

Ir creciendo en las distintas áreas en las que quise ir creciendo, poder entender cómo comunicar, en lo que no me creo experta ni mucho menos, pero sí es algo en lo que me interesa seguir mejorando, porque creo que es lo que más impacto tiene en mi proyecto.

Y otra cosa que me parece que está buena es que no sé si la sociedad en general es muy benévola con que la gente cambie o con los cambios en general. Me pongo a pensar y es como, no sé, la cultura de la cancelación: alguien hizo algo malo, chau, fuera de la sociedad.

Y no se le da oportunidad de mejora. No hablo de casos extremos. O sea, asesinatos, violaciones, todo eso dejémoslo de lado, pero sí… Dar la oportunidad a la gente de que cambie o lo que sea. Para mí, si hay algo seguro en la vida es que vas a cambiar: vas a cambiar de lo que hacés, de lo que pensás, de cómo pensás. Y está bueno poder sentirse libre para hacer eso, de vivirlo sin culpa si no te gusta lo que estás haciendo, si querés probar de hacer otra cosa.

Me parece que es importante poder darse ese espacio y esa libertad de permitirse cambiar.

Magali: Está bien, sí. ¿Grabamos algún otro cierre? No, está perfecto. Entonces, con estas dos tomas de cierre, que van a quedar las dos, vamos a terminar este capítulo. Así que gracias, Nat, por… Por compartir todo esto, por tomarte el tiempo de hablar con transparencia y honestidad.

Natasha: Un placer, Maga. Gracias por tenerme acá, de verdad, un placer.

Magali: Hermosa, te mando un abrazo.

Natasha: Otro para vos, y voy a ir a sacar a mi perro que está llorando detrás de la puerta.

Magali: Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones, mientras construyo Tiene que haber algo más, están en el correo semanal: tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales. Nos vemos la semana que viene.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Natasha Spitzer y de qué habla en este episodio?

Natasha Spitzer es empresaria y diseñadora textil. Desde hace más de 10 años diseña textiles estampados para clientes increíbles de todo el mundo. Trabajó en relación de dependencia y al poco tiempo abrió su propio estudio donde aprendió a transformar su pasión en un negocio creativo exitoso. Emprende con su academia online en natashaspitzer.com y con Mercado Estampa

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