Diego Saikin

Diego Saikin, estudió Ingeniería Electrónica en Israel. Hizo su maestría en Cibernética y Robótica en la Universidad Técnica de Praga. Fue miembro de la organización israelí SpaceIL, responsable de crear a «Beresheet» la primera misión privada a la Luna en la historia. Ahora trabaja como Ingeniero de Guiado, Navegación y Control en Astroscale, una empresa dedicada a la sustentabilidad espacial. Él desarrolla algoritmos para maniobras de acoplamiento autónomo de satélites en órbita

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De qué hablamos con Diego Saikin

  • Cómo ingresó en la industria aeroespacial.
  • Interesarse en matemáticas a partir de ver cómo se usa para cosas interesantes.
  • Su rol en el proyecto Beresheet.
  • Cómo se piensa la relación entre el éxito y el fracaso en estos proyectos.
  • Asumir responsabilidad frente a errores de los procesos.
  • Incluir una cápsula del tiempo.
  • Cuál es el efecto de ver que estas cosas son posibles.
  • Por qué hay tanto miedo al fracaso
  • Cómo afrontar la parte que no nos gusta de nuestro trabajo
  • ¿Los Estados deben invertir en esta industria?
  • Cómo funciona el liderazgo en la industria aeroespacial.
  • Manejar la ansiedad.
  • Estimular la creatividad.
  • Cómo evolucionan los roles en la industria con la inteligencia artificial.
  • Cuáles son los pasos para quienes sueñan con llegar a hacer lo mismo.

Recomendaciones del invitado:

  • The things we make (Libro)
  • The Marcian (Libro)
  • Breve historia de la humanidad.

Transcripción

Diego Saikin es un ingeniero argentino formado en Israel y Praga que integró SpaceIL, la organización detrás de Beresheet, la primera misión privada a la Luna, y hoy trabaja en guiado, navegación y control en Astroscale. Cuenta cómo entró como voluntario, qué falló en el alunizaje, cómo pensar el fracaso y qué pasos sirven para llegar a la industria espacial.

Introducción

Diego: Es importante que, si alguien tiene pasión por algo, por alguna carrera, no sé si necesariamente técnica, y lo asusta que es difícil: si yo lo hice, cualquiera puede.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast desarmo la historia de profesionales valientes que transformaron sus carreras. Como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron. En Tiene que haber algo más, además, ayudamos a empresas a contratar a sus equipos remotos, así que si estás pensando en cambiar de trabajo en los próximos 6 meses, te puede servir esto. Todas las semanas mandamos un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próximo desafío internacional. Son búsquedas directo con las empresas, de distintas áreas, tanto en español como en inglés.

Así que si querés recibir el próximo o dejarme tu CV, anotate en el enlace en la descripción de este capítulo.

Estamos escuchando a Diego Saikin. Él es argentino, estudió Ingeniería Electrónica en Israel, hizo su maestría en Cibernética y Robótica en la Universidad Técnica de Praga y fue miembro de la organización israelí SpaceIL, que es responsable de crear Beresheet, la primera misión privada a la Luna de la historia. Ahora trabaja como ingeniero de guiado, navegación y control en Astroscale, una empresa dedicada a la sustentabilidad espacial. Él desarrolla algoritmos para maniobras de acoplamiento autónomo de satélites en órbita.

En esta conversación hablamos de la industria aeroespacial, cómo ser parte de una misión como Beresheet, cómo gestionar el talento y la innovación, la relación con el fracaso y cómo desarrollar tu carrera profesional hasta encontrar tu vocación. Vamos con Diego, y cuando termines contame qué te pareció este capítulo.

Hola, Diego, bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo. Un placer.

¿Cómo se entra a la industria aeroespacial sin conocer a nadie?

Magali: Diego, quiero que empecemos por vos. Estás en una industria en la que probablemente, de los que nos están escuchando, muy poca gente conozca a alguien que trabaje en lo que vos hacés, y tiene por lo general una barrera muy, muy grande para entrar. Quiero saber: ¿cómo lograste vos entrar a trabajar en una misión espacial?

Diego: En mi caso, yo estaba trabajando en otra industria. La empresa muy bien, la gente muy bien, todo, pero no me gustaba lo que yo hacía.

Simplemente entré a trabajar ahí por una cuestión de contexto, de las circunstancias, de mi situación personal.

Y me quedé trabajando ahí, y el trabajo estaba bien y estaba cómodo, pero no sentía nada que le diera significado a mi vida, digamos. Y un día escuché de ese proyecto: salieron algunos artículos en el diario, como una curiosidad, de un grupo de voluntarios que se había formado para competir en una competencia patrocinada por Google para lograr hacer aterrizar una sonda en la Luna.

Sería la primera misión privada. Tenía que ser privada: no era la NASA, ni la Agencia Espacial Europea, ni ningún país. Tenía que ser una cosa privada. Me pareció buenísimo.

Mandé mi currículum y no me contestaron.

Tenían un website, no había forma, fuera del mail, de dónde mandar el currículum. No había ningún teléfono para comunicarse ni nada.

Entonces, en uno de los artículos había salido que la Universidad de Tel Aviv les había prestado cuartos, unas aulas, para que empiecen a operar.

Entonces, básicamente, lo que hice fue que un día me fui temprano del trabajo. Yo sabía que era en el campus de la Universidad de Tel Aviv. Salí 3 horas temprano, me fui ahí, llegué a la entrada, a la recepción: «Hola, ¿dónde está SpaceIL? ¿El grupo ese que está haciendo la nave para la Luna?». Nadie sabía. Entonces empecé a rebotar adentro del campus: probé en Ingeniería, probé en Física, probé acá. Estuve como 2 horas dando vueltas, y en un momento llegué al mismo edificio al que me habían mandado por segunda o quizá tercera vez. Una cosa medio absurda.

Entonces la recepcionista se apiadó de mí. Empezó a hacer llamadas y me explicó que en realidad estaba en un edificio que pertenece a la universidad, pero no está dentro del campus. O sea, no lo hubiese encontrado nunca. Es un edificio donde dictan cursos de capacitación que no son universitarios. Y hay que salir del campus, caminar un par de cientos de metros, último piso, por escalera. Entonces llegué a ese edificio y era una cosa tétrica, porque estaba medio abandonado, había pupitres apilados contra una pared, no en orden, una pila de pupitres, y los fluorescentes titilando como en las películas de terror.

Y en una de las ventanas había un cartel, una hoja A4 normal que decía «SpaceIL», pegada con cinta. Eso es lo que había. Entonces toqué la puerta: «Hola, sí, vengo a voluntarizarme». «¿Tenés cita con alguien?». «No». Entonces, bueno, me senté, aceptaron entrevistarme. ¿En qué grupo quería estar? Quería estar en el grupo de control, pero yo no tenía mucha experiencia en eso.

Hablé con el voluntario. Eran todos voluntarios menos los 3 fundadores, que lo tenían a tiempo completo. Había uno que se encargaba de las maniobras orbitales y le expliqué que tenía una idea de cómo hacerlas. Yo no tenía tampoco educación formal en aquel momento en esos temas, y lo gracioso es que no había dicho una estupidez, porque cuando empecé a hablar con él, o sea… Me tomó en serio, y al final lo que terminaron haciendo no es muy diferente a lo que yo había propuesto. Por supuesto que no estoy tomando crédito, no lo hicieron porque yo lo propuse, pero evidentemente algo de intuición tenía. Y así empecé a trabajar. Lo que pasó después es que unos meses después me fui a vivir a Praga, donde terminé haciendo mi maestría. Terminé viviendo en Praga 4 años y medio.

Unos meses después de que yo me fui, cambió gente: el que era mi jefe se fue para abrir su propia startup, pusieron a otra persona, y yo no trabajaba muy bien con esa persona, y la comunicación fue decayendo. No es que algún día dije «bueno, no trabajo más» o me dijeron «no trabajes más». Simplemente los mails se hicieron más y más esporádicos. Un día no hubo mails por uno, dos meses, y un día la cuenta de mail dejó de funcionar. Así fue decayendo.

¿Cómo se arma la visualización 3D de una misión a la Luna?

Diego: Y así pasaron 2 años, y después el proyecto empezó a tomar un poco de aceleración, empezó a crecer, y escuché que necesitaban gente en el equipo de simulación. Yo tenía muchísimo cargo de conciencia por no ser parte del proyecto. Entonces me volví a voluntarizar, volví a mandar mi currículum y de vuelta no me contestaron. Pero esta vez ya conocía gente adentro. Entonces me contacté directamente con la gente y me dijeron: «Sí, la persona que necesita es esta persona».

Me contacté directamente con esa persona, le expliqué la situación y le debo mucho, porque me dejó voluntarizarme en remoto. Cuando uno empieza a hacer cosas espaciales, tecnología espacial, a los gobiernos no les gusta mucho, entonces de repente hay un montón de seguridad y protocolos que tenés que seguir. Y yo estaba en Praga. Entonces me dio asignaciones que se podían encapsular, que eran: «Tenés que hacer este módulo de acá y mandámelo cuando esté listo». Y lo que empecé a hacer fueron partes de software que simulan todo tipo de sensores que hay en la nave. Me dicen: «Bueno, acá está el Sol, acá está la Tierra, esta es la velocidad, esta es la posición. ¿Qué señales sacaría este sensor?». Hice un lidar, un detector de altura del suelo lunar, y hice otro sensor de la posición del Sol.

Y en eso me dice: «Necesitamos una visualización en 3D para la misión, para las simulaciones y para el cuarto de control». La telemetría llega, o sea, las mediciones, toda la información que viene de la sonda, pero es muy difícil entenderla viendo una pantalla con números; es mucho más fácil ver una imagen. Y yo no tenía idea de nada de gráfica computacional, nunca había hecho. Estaba estudiando mi maestría en la Universidad Técnica de Praga y me faltaban créditos para… ¿cómo se dice?

Para completar los que se llaman cursos electivos, y justo se abrió un curso de gráfica computacional en la universidad. Dije: «Ah, buenísimo». Entonces me anoté en ese curso y mi proyecto seminarial para el curso fue la visualización de SpaceIL, que recibió muchísima difusión. Fue lo que hice que tuvo más impacto. No digo que sea la mejor visualización, yo no soy un experto en eso. Pero cuando sacaron fotos del cuarto de control salía en todo el mundo; literalmente vi la foto en el Washington Post.

Entonces hice lo mío de la A a la Z. Y hay una anécdota graciosa: presenté mi proyecto para recibir la nota y le conté al profesor que estaba en este grupo y que íbamos a mandar una nave a la Luna, y él decía «sí, sí, sí, una nave a la Luna». No me creía. Y en realidad es la peor nota que tuve en toda la maestría. Y había cosas que uno tiene que mostrar que sabe, por ejemplo, simular neblina, que es un cálculo para que mientras la cosa está más lejos, el planeta se vea más gris. No hay neblina en el espacio, ¿qué voy a hacer?

Entonces, después, para mejorar un poco la nota, agregué «space fog», neblina espacial, para poder de todos modos demostrar que sí lo sé, y me subió un poco la nota. Pero bueno, no importa. Tengo que decir a su favor que incluso una vez terminado el curso tuve que hacer mejoras en la visualización y me ayudaron.

¿Se puede trabajar de matemática si no te gustaban en la escuela?

Magali: Encontré un titular tuyo. Vamos a chequear si es verdad o no, porque con todo lo que acabás de contar esto suena extraño. A ver, decime si es correcto o no. Dice: «No me gustan las matemáticas», dice Diego Saikin, el único latinoamericano del proyecto Beresheet. ¿Esto es verdad o mentira?

Diego: Es verdad. El tema es así: yo nunca fui bueno para las matemáticas, nunca me gustaron las matemáticas, aunque yo hoy soy ingeniero en algoritmos.

Literalmente, una parte muy grande de mi trabajo es matemática, pero la matemática me empezó a gustar cuando descubrí que podía ser aplicada para solucionar problemas reales, problemas de la vida. Cómo hacer aterrizar una nave espacial en la Luna: eso es interesante. Para solucionar un montón de problemas alguien tiene que tener conocimiento matemático, y ahí, para mí, es cuando se vuelve interesante.

Yo tuve dificultad. En Argentina me llevé matemática a marzo porque no pude convencer a mi profesora de que… me acuerdo, primero de secundaria, se hacen inecuaciones.

Ahí, viste, si tenés, por ejemplo, menos 2 más chico que menos 1, entonces si multiplicás todo por menos uno, 2 es más grande que uno. Hay que dar vuelta el signo, y yo estaba convencido de que no era así, y no pude convencer a la profesora y me mandó a marzo. Siempre con profesores particulares, incluso acá en Israel. Acá hay 3 niveles de matemáticas, las matemáticas no son iguales para todos: lo que se llama 3 unidades, 4 unidades o 5 unidades. Yo hice 4, no hice 5, y hay una diferencia muy grande entre 3 y 4.

Hay una diferencia muy grande entre 4 y 5, y profesores particulares y lo que quieras. En general tengo bastante, no sé si remordimiento, o bastante crítica.

Hoy, como adulto, como profesional, a muchos de mis profesores a lo largo de toda mi educación, que no supieron darme la motivación correcta para los temas que tenían que enseñar.

Si hubiese tenido motivación, quizá me hubiesen sido más fáciles los estudios.

Magali: Claro, creo que hay una parte que es cómo conectamos. Cuando en la secundaria te dicen que estudies el teorema de Pitágoras, decís: «No me va a servir para comprar en la verdulería, el teorema de Pitágoras». ¿Eso con la vida real, que después te va a servir para algo un poco más grande?

Diego: No, pero para calcular la velocidad real de una nave espacial, si tenías una velocidad en una dirección y otro componente en otra dirección, si querés sacar la velocidad total, es Pitágoras. Si querés sacar la energía cinética que tiene una nave espacial, es Pitágoras, no es otra cosa.

Magali: Es que falta la conexión, creo, ¿no?

Para mí falta la conexión entre las cosas que aprendemos y para qué las aprendemos. Y después, por otro lado, podemos plantear la personalización de cómo a vos te podrían haber motivado más, porque entendían que, bueno, quizás no son las matemáticas, pero eso a vos te gusta un montón.

Diego: Por ejemplo, yo soy políglota, hablo varios idiomas.

Magali: ¿Cuántos idiomas?

Diego: 8, depende. En general, cuando viajo, lo intento, siempre intento. No hablo todos en un buen nivel. Digamos que me atrevo a dar charlas o tener discusiones de política o de economía en 5; en otros 3 me arreglo. Yo viví en Chile.

Magali: Tu español está muy bien.

Diego: Gracias, el tuyo también.

Yo viví en la República Checa y hablo algo de checo.

Magali: ¿Suficiente para pedir en un restaurante?

Diego: No te creas, ahora puedo.

No sé leer el diario o Kafka.

Magali: Kafka escribía en alemán, justamente. Pero bueno, análisis sintáctico, ¿te acordás del análisis sintáctico? Sujeto, predicado. Yo, lengua: me la llevé a diciembre en segundo año. Yo sufría, no entendía por qué había que estudiar eso. Jamás me pasó en mi vida que agarro un libro y me pongo a analizar sintácticamente las oraciones. Yo no entendía para qué lo tenía que hacer, y cuando pedí explicaciones era «hay que estudiarlo porque es lo que está en el programa». O sea, no, de adulto.

Diego: Yo recibí una beca para estudiar alemán. Yo hablo un poco de alemán. Me fui a estudiar alemán, y estudiando un idioma se estudian las estructuras de las lenguas: en alemán se pone el sujeto, acá el predicado. Las palabras en alemán, como pluscuamperfecto, todas esas palabras que se usan para el análisis técnico, son las mismas, son internacionales, son las mismas en todos los idiomas. Entonces, si te empiezan a explicar cómo está hecha la estructura, cuando estudiás otro idioma de repente es útil, porque es más fácil acordárselo.

Si uno sabe lo que es el sujeto y sabe lo que es el predicado.

Magali: Yo, así como terminé la prueba de diciembre que me había llevado de lengua, me lo borré del cerebro. No me acordaba absolutamente nada. Si hubiesen tenido la decencia de decirme: «Mirá, estamos estudiando cómo son las estructuras de los idiomas en general. El español es un ejemplo porque es el idioma que sabemos, pero esto te sirve para cualquier otro idioma».

Quizá hubiese tenido un poco más de motivación.

¿Por qué Beresheet fue la primera misión privada a la Luna?

Magali: Bien, quiero que entremos en la parte de Beresheet. Contame: ¿por qué fue importante esta misión?

Diego: Esta misión fue muy importante a efectos de la humanidad. Hay que entender que fue la primera misión privada en llegar a la Luna. Todas las misiones anteriores fueron organizadas por agencias espaciales de gobiernos, con presupuestos de miles de millones de dólares: la NASA, la Agencia Espacial China, la Agencia Espacial Europea, la de India y la Agencia Espacial Japonesa.

Los soviéticos también lograron alunizar.

Y el hecho de que la economía espacial se esté abriendo a empresas, a emprendimientos privados, es súper, súper importante, por muchas cuestiones: una, porque promueve más cooperación internacional; baja mucho los costos, no le cuesta nada al contribuyente.

O casi nada, y trae toda la eficiencia que el mercado privado es capaz de traer a esos campos.

Magali: Cuando vino Miguel San Martín, de la NASA, hace algunas semanas, charlamos todo desde el lado más público. Hablamos de esto de cuando el ciudadano dice: «¿Por qué con mis impuestos lo ponemos en investigación espacial en vez de en salud y hospitales?». Y está bueno esto que decís de la eficiencia que trae el privado para cambiar un poco las cosas. ¿Cómo agregarías conceptos? Y acá te lo voy a mezclar con el libro espectacular Start-up Nation: cómo se… …mezclan estas 2 cosas. Bueno, imaginate. Pero ¿qué cosas cambian cuando algo que siempre fue hecho público, con más estructura y más burocracia, de pronto pasa al privado y empieza a ser más eficiente?

Diego: Bueno, vamos a empezar por que muchas consideraciones políticas no existen. Poner a alguien a cargo porque pertenece a tal o cual partido político: cosas así simplemente no existen, porque uno va a la bancarrota.

El dinero hay que hacerlo rendir; si se acaba, se acaba. No hay nadie que pueda salvarte. A veces sí, pero no es que se pueda conseguir que el gobierno imprima más para que te dé para eso.

Entonces, por ejemplo, hay que ser mucho más medido con los gastos. Si alguien… …no hace su trabajo bien a criterio del que está a cargo, hay que cambiarlo, no importa que sea el hijo de tal. Hay mucho menos nepotismo y cosas así. No es que en la empresa privada no haya nepotismo, solamente que el límite de nepotismo es mucho más riguroso. Y si una empresa privada tiene demasiado nepotismo, al final va a terminar yendo a la bancarrota, a diferencia de una compañía estatal, a la que al final simplemente le van a hacer fluir más plata para rescatarla. Entonces básicamente viene de ahí.

Magali: Bien, bueno, la industria aeroespacial tiene muchos más niveles de riesgo en las cosas que hacen, ¿no? Entonces, ¿cómo construís resiliencia en los equipos que están participando, sobre todo para enfrentar los contratiempos, las cosas que salen mal, y además teniendo gente en el equipo que está como voluntaria?

Diego: Del tema de los voluntarios quiero hablar algo del principio, porque durante estos 2 años que yo no fui parte del equipo, parece que se dieron cuenta de que el tema de los voluntarios no funcionaba muy bien.

A ver, porque si tengo que preparar algo y tengo que llevar a mi nene a la clase de fútbol, entonces hay que llevarlo al fútbol. Es más importante que mi voluntariado. Entonces, durante estos 2 años parece que a los voluntarios les dijeron: «O te tomamos como empleado o te despedimos». O sea, no hay más voluntarios. Los que sí siguen siendo voluntarios son la gente de educación, porque SpaceIL… …es una organización no gubernamental y parte de la meta era fomentar la educación STEM, por las siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Entonces la palabra voluntario pasó a ser un sinónimo de la gente del equipo de educación. Incluso me acuerdo de que cuando fue el lanzamiento, todos los voluntarios se sacaron la foto. Entonces yo me voy a la foto y no conocía a nadie. Hasta donde yo sé…

¿Qué falló en el alunizaje de Beresheet?

Diego: …cuando fue el lanzamiento, yo era el único voluntario que trabajó en investigación y desarrollo, el único.

Magali: Entonces, vamos a la parte del staff, del equipo. ¿Cómo hacen para construir resiliencia y manejar los contratiempos que pasan haciendo cosas de alto riesgo?

Diego: Porque la sonda la construyeron las Industrias Aeroespaciales, que son civiles. Fue un subcontrato, cómo se dice, fueron contratadas.

Claro, fue tercerizado. Lo construyeron ahí, ellos recibieron su presupuesto para construirlo y le dedicaron su esfuerzo. Entonces el control de misión y el diseño de la misión fueron más responsabilidad de SpaceIL. No sé exactamente qué cosas caen sobre la responsabilidad de uno y cuáles sobre la del otro. La gente trabajó mucho a contrarreloj. Yo, por ejemplo, antes de la misión no tuve que trabajar demasiado duro para Beresheet. Después del lanzamiento, cuando la visualización ya estaba funcionando, descubrieron un bug en mi visualización. Andaba perfecto, pero cuando la hacían andar en las computadoras de las Industrias Aeroespaciales, por todas las seguridades que tenían, andaba lento.

Entonces me quedé despierto hasta las 3:00 de la mañana para tratar de solucionar el problema. Así se hace cuando ya se está acercando al final: no hay forma de pararlo, la nave ya está en camino a la Luna. Entonces sí, hay bastante estrés. Uno, cuando lo mira en retrospectiva, se siente muy orgulloso de lo que hizo, pero en su momento se transpiró.

Magali: ¿Y qué pensabas vos en cuanto a la relación inversamente proporcional de cuando tenés que hacer las cosas apurado, así, contrarreloj, más el estrés? Por lo general, los errores suelen subir porque lo estás resolviendo sobre la marcha. ¿Eso lo viste pasar en estos contextos?

Diego: Sí, incluso se podría decir que fue una de las razones por las que Beresheet se terminó estrellando contra la Luna.

Porque había… no lo conozco muy bien, pero parece que cada vez que reseteaban la computadora había que subir un patch de software. De eso no estoy muy seguro. Pero, por ejemplo, la razón por la que se estrelló: había 2 unidades de medición inercial.

Son unos aparatitos, que es lo mismo que hay en el celular de cada persona, que saben medir una aceleración.

Y tienen giroscopios y saben medir la velocidad angular de la nave. 2, por redundancia.

Entonces hay una computadora, un programa que se llama estimador de navegación, digamos, que sabe recibir la información de todos esos sensores y hacer fusión. Si uno dice que la aceleración es tal y el otro dice que es tal, dice: «Bueno, vamos a hacer el promedio». Puede funcionar con uno o puede funcionar con el otro. Y sabían que había ciertos escenarios en los que, si uno falla y lo reseteás, el otro puede empezar a mandar un montón de mensajes que ahogan a la computadora.

Pero no se creía que podía pasar, y al final terminó pasando. No pudieron chequear todo porque había que lanzar la nave. Uno de los problemas en la industria espacial es que tenés fecha de lanzamiento y tu lugar en el cohete está reservado. Y si tu nave no está lista, tu satélite no está listo, van a meter una bolsa de cemento para que pese lo mismo, para que el cohete quede igual, y lo van a lanzar. Y vos perdiste tu asiento.

¿Por qué? Porque el cohete no estaba dedicado a nuestra misión. Era un rideshare, el vuelo era compartido para reducir costos.

A Beresheet lo lanzaron con un satélite de comunicaciones de Indonesia y un satélite de la Fuerza Aérea estadounidense, un satélite secreto, que no tiene nada que ver. El mismo lanzamiento fue compartido por 3 misiones diferentes. Entonces el cohete ya está agendado y va a salir. Si no estás listo, perdés tu lugar. Y además es la parte más cara de la misión.

Beresheet costó 95 millones de dólares, 19 fueron por el lanzamiento, y no había forma de conseguir más dinero. Claro. Estés lista o no. Y no solamente eso, es como querer comprar el pasaje para mañana: «Ok, el próximo vuelo es en un año y medio».

¿Estrellarse en la Luna es un fracaso o un logro?

Magali: ¿Cómo se piensa la relación entre el éxito y el fracaso? Viste que por lo general somos muy extremistas: algo es 100% éxito o 100% fracaso, cuando hacen todo esto y la nave se estrella contra la superficie y no termina todo bien.

Diego: En realidad depende mucho también de quién es el que lo esté editando. Ahí viene la fuerza que tienen los periodistas también.

Por ejemplo, me han entrevistado, hablo, y después de la entrevista el titular es «El fracaso de Israel en la Luna». Nada menos que eso.

Y haciendo hincapié en el fracaso. Incluso, si hubiese sabido que me iban a entrevistar e iban a manipular lo que dije de tal forma, quizá no hubiese accedido a la entrevista.

A veces hay un poco de tendencias que son un poco maliciosas. A veces también está la cuestión del perfeccionismo, porque la vara está muy alta. Entonces parte de la forma de… cómo se dice, no tengo la palabra, de sobreponerse a eso es poner varias metas. La meta final era alunizar, un alunizaje suave, pero el hecho de haber construido la nave y que funcione, el hecho de haber logrado llegar a la Luna, el hecho de haber logrado orbitar la Luna… Hasta el momento de Beresheet, Israel quiso ser el cuarto.

Fue el séptimo que logró poner algo en órbita alrededor de la Luna. Los que habían logrado orbitar la Luna fueron los que alunizaron, más la India y Japón. Esos son los únicos. Y la Unión Europea. Creo que alguno se habrá estrellado a propósito en la Luna. Lo que pasa es que llegar a la Luna, aunque sea para estrellarse, tampoco es fácil.

Entonces, el hecho de haber logrado llegar ahí… nosotros nos reíamos y decíamos que logramos alunizar, pero un poquito más rápido de lo que creíamos.

Magali: Claro, no tan suave.

Diego: Claro.

Estrellarse en la Luna, lograr orbitar la Luna, porque tampoco fue una trayectoria directa, la maniobra de captura lunar: son cosas que son muy difíciles de hacer. Y lo logramos. Y por supuesto también la meta final, que es la educativa: lograr que la gente se interese por esto. El tema del orgullo nacional: a Israel también lo posicionaron después de eso como una potencia espacial. Es la primera vez que… no es poca cosa.

Magali: Ahora, estas misiones son carísimas, y algo que me llama mucho la atención es que no tenés segunda oportunidad. No es que te equivocás y hacés todo de nuevo. Es una chance. Y algo que se suele hacer es tener redundancia de sistemas: si algo te falla, tenés otro igual que podés usar. Pero ustedes decidieron no hacerlo. ¿Cómo midieron ese riesgo de decir «estamos haciendo algo superdifícil, no tenemos un segundo intento y le estamos sacando algo que está probado por otras personas, que es lo que hay que hacer»?

Diego: Sí, pero eso aumenta el costo también.

Es una especie de profecía que se cumple a sí misma. No sé si hay una expresión para eso, pero es tan caro mandar algo al espacio, poner algo en órbita, que es imposible fallar. ¿Entonces qué hacemos? Ponemos redundancia a todo, y eso termina encareciéndolo más.

Entonces la idea acá fue: vamos a sacar redundancia y ver los riesgos. No solamente eso, sino que hubo otra cosa a propósito: ninguno de los que logró alunizar lo intentó de la primera vez. ¿Cómo se dice? Algo mucho más gradual: primero vamos a poner algo en órbita, llegar a hacer un flyby alrededor de la Luna, después vamos a intentar orbitar la Luna. Algunos de los soviéticos, por ejemplo, tenían la estrategia de antes estrellarse en la Luna, y recién después tratar de posarse en la Luna de forma suave, un descenso controlado.

Nosotros fuimos de una, en el primer intento: vamos a intentar posarnos en la Luna de forma suave. Es una vara que de verdad, de verdad, es muy alta.

Entonces el tema de la redundancia es para abaratar costos. Y de hecho, uno de los componentes que falló sí tenía redundancia: la unidad de medición inercial es uno de los pocos componentes que sí tenía redundancia.

¿Qué llevaba la cápsula del tiempo de Beresheet?

Magali: Contame la decisión de incluir una cápsula del tiempo en la misión.

Diego: No sé quién tomó esa decisión. No sé tampoco si fue iniciativa de SpaceIL o fue de la Arch Mission Foundation. La Arch Mission Foundation es una fundación que tiene como objetivo diseminar el conocimiento humano en el universo, digamos. Creo que hay varias misiones espaciales que llevaban esa cápsula del tiempo, como para que haya un respaldo del conocimiento, para dejar el testimonio de que la humanidad existió.

Entonces lleva cosas muy lindas de la humanidad. También, no sé, toda la copia de Wikipedia en inglés, por ejemplo. Llevó cosas que son muy del folklore del pueblo judío, digamos: la Biblia, poemas de sobrevivientes del Holocausto, dibujos de chicos del Holocausto, poemas de poetas israelíes, obras de arte, la Declaración de la Independencia, todo Wikipedia en inglés, varias cosas así. Y no es algo digital, no es un disco: está quemado en aluminio, y para mirarlo hay que mirarlo con microscopio.

La imagen está, me explico: son imágenes que están quemadas con láser en el aluminio, o algo así, en no sé qué metal, pero para verlas hay que usar un microscopio. Pero la imagen está ahí, no es digital, a eso me refiero.

Magali: Claro, esto está pensado por si la Tierra, con la emergencia climática que estamos viendo, desaparece. ¿Entonces nos queda registro en la Luna?

Diego: Por ejemplo. No solamente en la Luna, creo que hubo cápsulas así en otras misiones también. Después está el tema que se habló, de que parece que alguien por su cuenta metió tardígrados.

Son los ositos de agua, esos animales microscópicos que son superresilientes, adentro de la resina epoxi que cubre la… Nosotros nos enteramos, o sea, SpaceIL… Yo pregunté, porque me entrevistaron sobre eso. Entonces pregunté y me dicen: «Nos enteramos por los medios de comunicación, igual que se enteró todo el mundo». La persona que aparentemente lo hizo en la Arch Mission Foundation lo hizo por propia iniciativa.

Magali: ¿Cuál creés vos que es el efecto en otras personas de ver que este tipo de cosas son posibles?

Diego: Creo que es el efecto que buscamos.

O sea, estas cosas son posibles y simplemente hay que intentarlo. Si uno no lo intenta, no va a saber. No quiere decir que sea siempre posible, pero evidentemente a veces sí es posible, y si uno no lo intenta, no va a saber. Sí, la gente le tiene mucho miedo al fracaso. Yo tampoco estoy, cómo se dice, absuelto de eso.

Miedo al fracaso por el tiempo que uno perdió, el dinero que uno perdió, lo que podría haber hecho con ese tiempo, la humillación que cree que va a sufrir si no le va bien. El caso de Beresheet, por ejemplo: en toda la comunidad científica se lo consideró un éxito rotundo. En algunos medios de comunicación escribieron sobre el fracaso, pero a mí me han hablado de eso. Entonces es como que… La gente tiene un poco de miedo a eso, pero evidentemente se puede llegar a hacer cosas, y parte de la misión de SpaceIL era tratar de fomentar que la gente se anime a tomar estos riesgos. Al fin de cuentas, algunos sí terminan teniendo éxito y la sociedad en general gana con esas cosas. Y también, si vemos referentes, está bueno para poder elegir carreras de este tipo, que si no serían más difíciles de elegir.

Mucha gente les tiene miedo, son carreras difíciles.

Magali: A mí también me da miedo. Yo hice eso y también me da miedo. Matemáticas, y salgo corriendo. A mí Ingeniería me costó mucho. A mí me habían hablado de la época de estudiantes que se la pasaban de fiesta, y yo estaba en la universidad pensando: ¿quién dijo que esto era divertido?

¿Por qué nos da tanto miedo fracasar?

Magali: ¿Y por qué creés vos que nos cuesta tanto la relación con el fracaso?

Diego: No soy, cómo se dice, neurocientífico, pero hay muchos estudios que muestran que perder algo le genera a uno mucho más dolor que el placer de ganar lo mismo. Por ejemplo, hay un montón, se pueden ver un montón de experimentos. Si yo te doy… …a vos, el placer que te da ganar ahora 100 dólares no es equivalente al dolor que te causa perder 100 dólares. Esa es la aversión a la pérdida que está en el libro Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman.

Magali: Claro, Daniel Kahneman.

Diego: Puede ser que hayan sido los estudios de él.

Entonces, bueno, lo mismo pasa con las inversiones: «Uh, perdí toda esta plata, podría haberme ido de vacaciones con esta plata». Creo que es una cuestión más psicológica, y creo que hay gente que es más adversa a esas cosas y otra menos, que a veces sí es capaz de hacer estas cosas porque tiene, cómo se dice, confianza en sí misma, a veces incluso por razones no correctas, que no está justificada.

Pero si una persona es muy confiada y va y lo hace de todos modos, y sale mal o sale bien, la sociedad en general gana si más personas lo intentan. De eso va el capital de riesgo también.

El capital de riesgo es eso: alguien invierte en 25 empresas, 20 van a la bancarrota, otras 3 más o menos, y con las 2 recupera todo el dinero que invirtió en las 25.

¿Qué hacer con la parte aburrida del trabajo?

Magali: Ahora, hay algo que veo por los mensajes que llegan a Tiene que haber algo más: es como que la gente piensa que su carrera va a ser divertida o que todo el tiempo su trabajo va a ser divertido. Veo como un halo de «uy, si no lo estoy pasando bien el 100% del tiempo, entonces no lo hago». Y si bien tu carrera suena interesante, te gusta y es de pasión y vocación, ¿cómo se vive para vos en la realidad esta relación?

Diego: No, no siempre es divertido. Hay muchos trabajos que son menos sexys y que hay que hacerlos. Por ejemplo, la parte de documentación. Bueno, termina un proyecto, hay que documentarlo para que todos entiendan, y de repente a veces uno se da cuenta de que dejó muchos cabos abiertos, que algo no lo entiende bien, que algo no está cerrado o que no lo sabe explicar claramente.

O «OK, ya funciona, vamos a pasar». No, hay que testear si tu diseño es robusto en 28.000 casos extremos, a ver si pasa o si no pasa. Y a veces hay muchas acciones que son sisifeanas, que hay que hacer el mismo trabajo de vuelta, de vuelta y de vuelta. Repetitivas. Es de la mitología griega, Sísifo, que tenía que cargar una piedra a la cima de la montaña y la piedra bajaba, y fue condenado a eso por la eternidad o algo así.

¿Los Estados deberían invertir en misiones espaciales?

Diego: Por eso se dice «Sisyphean task» en inglés. No sé cómo se dice en español, y disculpame, a veces me faltan palabras.

Magali: Diego, para alguien que dice «¿por qué un país debería invertir en este tipo de misiones espaciales?», ¿qué tecnologías se te ocurren que nacieron de estudios en el espacio y ahora las usamos para otras cosas no tan técnicas?

Yo personalmente no estoy tan seguro de cuánto los gobiernos de verdad deberían invertir en cuestiones espaciales. A mí me encanta que inviertan, porque yo tengo pasión por esto. Entonces para mí es buenísimo, pero desde un punto de vista un poco egoísta, por supuesto. Hay mucha ganancia en el tema espacial, y la mayoría de la ganancia en la época del nacimiento de todos los emprendimientos espaciales era más geopolítica que otra cosa, no tanto científica.

O sea, sí, es cierto, el teflón y no sé qué, y la transmisión con menos energía. Por ejemplo, lograron transmitir televisión desde el Apolo. Entonces tuvieron que desarrollar un montón de tecnologías, perdón. Si hubieran invertido directamente en desarrollar esas tecnologías, les hubiera sobrado un montón. Por supuesto que no hubiesen tenido la motivación para hacerlo, pero eso da la motivación.

No puedo decir que de verdad valga la pena en este contexto, pero también era un riesgo en su momento. Si lo único que hubiesen tenido en mente era una ganancia material o financiera, la empresa privada no hubiese apostado por esas tecnologías en su momento. Entonces la razón fue: los americanos invirtieron porque los rusos invirtieron, y al revés. Lograron crear eso por una cuestión puramente geopolítica y de prestigio. Quizá ahora, en este momento, está muy bien lo que están haciendo de darle las llaves a la industria privada. Pero hay cosas que siguen siendo sin ganancia material, como por ejemplo la ciencia.

¿Qué ganamos de mandar una sonda a Plutón, si lo hacemos por la ciencia? No creo que haya algún beneficio, cómo se dice, material o económico, hoy, que le convenga a alguien invertir y que vaya a haber alguna remuneración de eso. Entonces el modelo que tienen los países, por lo general, es: «OK, nosotros queremos hacer una misión», y hacen una licitación: ¿quién puede proveer el lanzamiento, la sonda, la misión?

Bla, bla, bla. Se ponen los requerimientos, pero no la construyen ellos. La NASA, se puede ver hoy en el desarrollo del SLS, el lanzador que construyó la NASA, comparado con Starship: no hay punto de comparación. Lo que la empresa privada es capaz de lograr es mucho mejor, a mucho mejor costo. Pero en cuanto a definir qué es importante hoy mandar: por ejemplo, la defensa planetaria es un perfecto ejemplo, la misión DART de tratar de desviar un asteroide.

La sociedad evidentemente necesita eso, pero ¿quién es el que va a ir a invertir? ¿Qué va a ganar si se logra o no se logra? El capital privado simplemente nunca va a invertir en una misión así, porque no hay ningún modelo financiero que logre remunerar a la persona que invirtió. Eso evidentemente tiene que ser un gobierno que vea la ganancia de «OK, vamos a sobrevivir». Por supuesto que para esas cosas sí tienen que invertir. Y si los gobiernos no invierten, el día que venga otro asteroide a exterminarnos no vamos a tener la solución. Ahora, poner en práctica la solución: no creo que sea el gobierno quien tenga que literalmente ir y construir la nave espacial para hacerlo. Eso sí lo hace mejor la empresa privada, con modelos de licitación.

Sí, obvio, porque hay toda la parte de desarrollo científico que la humanidad necesita, porque sí, porque está bueno que exista, porque trae buenas consecuencias, que no tiene un retorno económico inmediato. Entonces obviamente no va a haber lugar para empresas. Nosotros queremos hacer ciencia en Marte o en Europa y mandamos misiones, pero no creo que nadie hoy vea un beneficio económico. Quizás sí, no sé, porque podemos usar las moléculas de los virus que se encontraron en Europa, la luna de Saturno, para producir medicamentos.

Ahora, por ejemplo, hablando de medicamentos, es lo que iba a decir antes: una vez que la tecnología espacial ya existe, ya sabemos poner cohetes en órbita, tenemos una estación espacial, ahora hay muchas tecnologías que sí conviene desarrollar en el espacio. Por ejemplo, medicamentos, lo que pasa en gravedad cero. Voy a ser un poco técnico ahora, pero cuando algo se cristaliza, cuando se genera un cristal… Hay una reacción química, endotérmica o exotérmica, no me acuerdo muy bien el término, pero genera un poquito de calor. Ese calor hace corrientes de convección en el líquido, en el medio en el que está, y eso hace que los cristales salgan más impuros.

Cuando esa reacción química se hace en el espacio, que no hay gravedad, no hay convección. Entonces se pueden hacer cristales que son mucho más puros. Y yo hablé con el fundador de una empresa, no tengo el nombre ahora justo, en el podcast. La idea es hacer esos cristales, bajarlos a la Tierra y utilizarlos como semillas para seguir creando cristales. Y me contó que cada cristal que bajan les dura 30 generaciones. No conozco muy bien todo el perfil. Estos cristales pueden generar otros cristales y otros, es decir, 30 generaciones, y eso pasa solamente si se hacen los cristales en gravedad cero. Y son procesos que toman mucho tiempo y no se pueden hacer en la Tierra.

En el planeta Tierra se puede simular gravedad cero durante periodos muy cortos, de algunos segundos, están los vuelos parabólicos, pero esos procesos son mucho más lentos y no se pueden, hay que ponerlos en órbita. Pero esas ya son cosas en las que la empresa privada puede ser mejor que los gobiernos, ahí hay una remuneración financiera inmediata. ¿Se puede?

¿Cómo se lidera en la industria espacial?

Magali: Ahora, en el mundo aeroespacial, que tiene un montón de cosas en juego, mucho presupuesto, mucha gente involucrada, ¿qué herramientas o técnicas de liderazgo viste que funcionen muy bien ahí dentro y que las podemos llevar a industrias un poco más comunes?

Diego: Hay mucho tema en la industria espacial… Con la cuestión de los usos duales, algo que puede ser tecnología militar o con fines pacíficos. Y en realidad eso es en cualquier tecnología. Yo creo que el primer primate que utilizó rocas para romper huesos y comerse la médula ósea, hace 5.000.000 de años, dijo: «Uy, qué bueno, rompe huesos. ¿Le puedo romper los huesos a mi oponente?». Todo tiene uso dual, pero en el espacio eso es mucho más evidente, en todas las tecnologías espaciales.

Entonces, parte del liderazgo consiste a veces en convencer a las entidades reguladoras, a los gobiernos, de aceptar cooperar con otros países, incluso países aliados. La gente no es tan abierta en cuanto a mostrar tecnologías que son secretos comerciales, y tampoco el gobierno te deja.

También está el tema de la audacia, porque yo estoy en reuniones a veces proponiendo ideas que son ciencia ficción. A veces pienso: estamos hablando totalmente en serio. Si alguien me hubiese dicho hace 10 años que íbamos a estar hablando de satélites y de la Luna, y que estamos hablando en serio. Entonces hay que ser alguien que se sienta cómodo hablando en esos niveles y entienda todo el espectro, muy amplio técnicamente.

La cantidad de cosas técnicas que hay que entender de lo que estamos hablando. Creo que la cantidad de disciplinas que hay que saber dominar es relativamente alta. No dominar, pero conocer, entender suficiente de lo que uno está hablando, y estar cómodo también en hablar de cosas súper audaces, a un nivel de «bueno, sí, esto es lo que estamos haciendo». Es incómodo.

Eso cuesta verlo. Se va a poder probar recién en 2 años, cuando paguemos 20.000.000 USD por un lanzamiento. Esa va a ser la prueba.

¿Cómo se maneja la ansiedad en proyectos de años?

Diego: Entonces hay que saber a veces aguantar la presión de ese tipo de cosas.

Magali: Claro. ¿Cómo se maneja la ansiedad cuando los tiempos son tan largos?

No necesariamente se maneja, a veces hay ansiedad. En estas cosas hay que tratar de planear, y la experiencia ayuda mucho con eso. Yo, por ejemplo, el equipo en el que trabajo es muy multidisciplinario, entonces está bueno que cada uno tenga más experiencia en diferentes materias. Yo no soy ingeniero mecánico, entiendo suficiente como para hablar con el ingeniero mecánico, pero está bueno que venga un ingeniero mecánico que entiende bien de cosas que yo ni siquiera escuché. Cuando me las explique las voy a entender, pero no las sabía, no tengo experiencia, jamás diseñé cosas. Entonces está bueno que venga alguien que me diga: «No, no, esto funciona así».

Yo vengo más de la parte de software y hablo con ingenieros espaciales que entienden de órbitas, no entienden de software. Les digo: «No, esto no lo podés hacer así». Entonces está muy bien en este tipo de proyectos. Los procesos espaciales se caracterizan por ser muy, muy entrelazados: movés algo acá y se te mueve allá. Cada cosa que cambiás, el cambio se propaga en lugares que ni siquiera te imaginaste, y está bueno que haya gente de muchos campos que entienda eso.

O sea, las cosas salen temprano y uno no se entera tarde de que hicimos todo mal, que nos olvidamos de que de repente este tornillo no alcanza o no sé qué. Pero hay ansiedad, hay ansiedad.

¿Cómo hacer para fomentar o incentivar la innovación y la creatividad en un contexto tan regulado y estructurado, y con tantas variables fijas?

En los emprendimientos privados eso no pasa tanto.

Hoy, con el new space, justamente eso es lo que se está abriendo, permitiendo un montón de creatividad: cuando los costos bajan, la gente tiene menos miedo al fracaso. Un CubeSat uno lo puede poner en órbita por 10.000 USD. Para una persona privada es mucha plata, pero vamos, no es comprarse un departamento. El hecho de que el precio es menor le da a uno un poco más de coraje, o baja un poco el miedo al fracaso, perdón. Lo que tiene Israel en ese sentido, bastante interesante, es la Autoridad de Innovación.

Hay un cuerpo que no se mete mucho en el desarrollo, hay comisiones de gente técnica, hay un presupuesto, hay una visión. Quizá esto sí está dictado por cuestiones más políticas: hay que invertir ahora en las energías renovables, hay que invertir ahora en tecnologías espaciales, hay que invertir en ciberseguridad. Entonces lo que se hace es dar préstamos a bajo interés, o compromisos: «OK, vos encontrás inversores y yo te pongo la misma cantidad; por cada dólar que vos encontrás, yo pongo otro dólar».

Entonces te duplico la inversión.

O para cosas que están en fases de desarrollo muy bajas. También hay facilidades de todo tipo, aceleradores. Entonces eso ayuda mucho a fomentar la innovación.

Aceleradores, capital de alto riesgo. ¿Qué otra cosa viste para liderar así equipos interdisciplinarios de alto rendimiento en esta industria?

Diego: Yo no lidero un equipo.

Yo soy parte de un equipo, no soy el líder, bueno.

Magali: Pero cosas que vos hayas aprendido de ver a otros liderar a personas tan capaces.

Diego: En eso yo creo que hay algo bastante característico en la industria espacial: se puede decir que casi toda la gente que trabaja en este rubro es porque quiere. Hay una ventaja en el rubro espacial hoy. Por lo menos te puedo decir que en Israel los sueldos son un poco más bajos de los que hay en otros rubros que son mucho más calientes, como la ciberseguridad o la inteligencia artificial.

Todas esas cosas reciben mucho, mucho más inversiones, mucho más foco. Entonces, los que están en el tema espacial es porque de verdad les gusta. Casi te diría que en mi compañía hay muy pocas personas que no sigan ahora el lanzamiento de Starship y esas cosas, casi no hay, y los que de verdad no son así quizá duran menos. Ahora, por otra parte, necesitás gente muy capacitada, entonces eso es un filtro: los que están ahí es solamente porque quieren estar ahí. Entonces no somos gente que necesite tanto que nos controlen, ¿me entendés? La gente que está ahí quiere estar, la visión es compartida.

Nosotros, por ejemplo, tenemos 3 veces por semana una charla cortita, de 15 minutos, en la que todos actualizan lo que están haciendo y qué problemas tienen. Entonces se dicen: «Bueno, hablame más tarde que yo te soluciono esto». Y el líder del grupo es básicamente un administrador que tiene todas las cosas que hay que hacer, sabe más o menos quién es mejor en qué cosa, las prioridades, y va administrando los tiempos, pero nosotros somos muy independientes en lo que hacemos.

Magali: Ajá. Ahora, con esto de que está todo entrelazado, que si tocás algo se rompe en otro lado, ¿cómo manejan la toma de decisiones cuando hay un montón de partes involucradas?

Diego: Y acá también, con el temperamento que tenemos, nos gritamos y no sé qué, no nos tiramos cosas. Pero en realidad hay una función que se llama ingeniero en sistemas, que por lo general es una persona que entiende de muchas cosas a un nivel suficiente como para saber coordinar y entender cuando el ingeniero de software dice que el mecánico es un haragán, porque el mecánico dice que no se puede hacer esto, y el otro entiende lo que le va a decir el otro.

El de software dice que no se puede porque todavía no inventaron computadoras que hagan eso. Entonces alguien que sabe más o menos está en el medio y sabe… ¿Cómo se dice? Mediar. Es el mediador entre muchas de esas cosas.

¿Qué cambia la inteligencia artificial en la industria aeroespacial?

Magali: Con avances de nuevas tecnologías, la IA y un montón de cosas nuevas que aparecieron, ¿cómo es la evolución en los roles de la industria aeroespacial?

Diego: Oh, la industria aeroespacial es una industria que, a pesar de todo lo que te dicen del new space, siempre va a ser mucho más lenta. Acá las cosas pasan mucho más lentamente. A veces tampoco hay tanto uso de tecnologías como la inteligencia artificial. Algunas cosas sí, otras cosas no. Yo personalmente tengo una, es mi opinión personal… Tengo una relación un poco ambigua con la inteligencia artificial y todo lo que son las redes neuronales profundas, deep neural networks, porque creo que la gente se está haciendo un poco haragana: «OK, no sabemos resolver este problema, red neuronal». Y en muchos casos incluso «vamos a ver cómo podemos meter la inteligencia artificial» en lo que estamos haciendo, porque sí, porque anda bien. Es como que es una solución que busca problemas y pasó a ser la solución default de muchas cosas, y mucha gente simplemente no quiere aprender. Yo creo que es una solución buenísima si no sabés definir bien el problema.

Si el problema está bien definido, hay algoritmos clásicos, tecnologías clásicas que lo resuelven perfecto, y uno sabe explicar de la A a la Z por qué pasó tal cosa. Y cuando no funciona, eso no es una caja negra. La inteligencia artificial es la madre de las cajas negras.

Entonces creo que ahí la industria está un poco exagerando. Yo, por ejemplo, he visto veces que cosas como ChatGPT dicen cualquier sarta de estupideces. Hay que tener un ojo muy crítico cuando uno utiliza esas herramientas. Entonces, en el espacio esas cosas van más lento. ¿Hay problemas para los que sí sirven? Yo creo que no para todo. Soy un poco más conservador.

¿Cómo se construye una carrera como la de Diego Saikin?

Magali: ¿Qué le dirías a alguien que está en los inicios de su carrera profesional y de pronto dice «uy, yo quiero hacer en 10 años lo que Diego está haciendo» o algo parecido? ¿Cómo se construye ese camino de carrera en el que, por lo general, nadie sabe cuáles son los pasos a seguir?

Diego: Guau, qué pregunta, porque en mi caso fue como que la vida me estaba llevando por otro lado y yo hice mi esfuerzo. La carrera se llama carrera porque es una carrera.

En hebreo la gente no entiende, porque para una carrera profesional se utiliza un término, y una carrera de atletas o algo así es otra palabra. Entonces la gente no lo relaciona. Pero no es una carrera de velocidad, es un maratón. Entonces, tranquilo, se puede cambiar. Incluso si estudiaste leyes, si te interesa el espacio, está la legislación espacial. Se pueden estudiar otras cosas, nada es tan definitivo, y también es tan caótico.

Un día uno está ahí, otro día está en otro lado. Yo me he encontrado desempleado, seguro de que soy un total fracaso, y al día siguiente tengo la oferta de trabajo que quise. Y si no me hubieran despedido del trabajo anterior, no hubiese entrado en este trabajo. Entonces, al final, ¿tuve suerte o no tuve suerte? Esas cosas, simplemente tranquilo, respirar profundo y seguir remando. Como dicen en inglés, «back to the drawing board»: se baja la cabeza y volver al tablero.

Sí. Si de verdad es lo que querés, seguir remando. La vida es caótica, es estocástica, te va echando para un lado o para el otro, pero si vos mantenés el rumbo de lo que querés hacer, eventualmente tenés más chances de llegar, puede tomar más o menos tiempo, y está la experiencia que vas a haber acumulado cuando estabas en otros lados. Yo hoy te digo, estoy 100% dentro de la industria espacial… Y un montón de experiencia que traje de afuera me está sirviendo un montón adentro, porque tengo perspectivas que mis colegas simplemente no tienen. Y no me faltan casos en los que he utilizado cosas que aprendí en la industria láctea para decir «esto se puede hacer así», y nadie entiende de dónde vienen.

Magali: Claro. Está bueno. ¿Se te ocurre algún libro que hayas disfrutado recientemente y te gustaría recomendar? Puede ser de cualquier tema.

Y si no es un libro, puede ser un podcast, una película.

Diego: Libros. Hay un libro que ahora no me acuerdo cómo se llama, que da muchas curiosidades del desarrollo de la ingeniería. Ahora te lo voy a buscar en el Kindle. Lo tengo: The Things We Make, «Las cosas que hacemos», y habla de las historias de las invenciones. Como el mito que todos conocemos de Edison, que fue un proceso mucho más complejo y que tomó mucho más tiempo.

Es muy, muy interesante. The Martian, «El marciano», la película que hicieron con Matt Damon. La película es buenísima, el libro es mucho mejor. Es lo que se llama ciencia ficción dura. Justamente, yo, por ejemplo, no gusto de La guerra de las galaxias, porque eso de vestidos medievales y naves espaciales… No tienen aire acondicionado, ¿y quién lo arregla?

A mí no. Y un robot, hace 1.000 millones de años, en otra galaxia, se llama R2-D2 y habla en inglés, no sé, esas cosas a mí no me valen. Esto, por ejemplo, es ciencia ficción, pero es muy fácil de ver cómo podría pasar. Quien lo escribió es ingeniero, y conozco al asesor de la NASA que lo asesoró en temas científicos. Y es alucinante.

Otro libro muy divertido: Breve historia de la humanidad, de Yuval Noah Harari. Bueno, es un best seller.

Esos son quizás los libros que más.

Magali: Bien, Diego, ¿cómo hacemos para cerrar este capítulo? Quiero un último mensaje, algo que hayamos dicho o no, pero que quizás quede en el fondo de tu cabeza y sea un… Buen momento de compartir.

Diego: Yo puedo decir que es importante que si alguien tiene pasión por algo, por alguna carrera, no sé si necesariamente técnica, y lo asusta que es difícil… Si yo lo hice, cualquiera lo puede hacer. OK.

No dije que sea fácil, no dije que sea placentero, no dije que no haya llorado literalmente con lágrimas de desesperación. Pero hay luz al final del túnel, hay muchas cosas interesantes que se pueden hacer. Nosotros tendemos a proyectar linealmente: creemos que si ahora está todo bien, va a seguir bien para siempre, y si está todo mal, va a estar mal para siempre. No es así. Puede cambiar muy, muy rápido, así que tranqui.

Magali: Genial, gracias, Diego, por venir y compartir todo esto.

Diego: Igualmente, gracias por invitarme.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Diego Saikin y de qué habla en este episodio?

Diego Saikin, estudió Ingeniería Electrónica en Israel. Hizo su maestría en Cibernética y Robótica en la Universidad Técnica de Praga. Fue miembro de la organización israelí SpaceIL, responsable de crear a "Beresheet" la primera misión privada a la Luna en la historia. Ahora trabaja como Ingeniero de Guiado, Navegación y Control en Astroscale, una empresa dedicada a la sustentabilidad espacial. Él desarrolla algoritmos para maniobras de acoplamiento autónomo de satélites en órbita

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