Aniko Villalba
Bio Aniko Villalba
Aniko Villalba es autora de libros y diarios interactivos. Dicta talleres de escritura, journaling y creatividad en escribir.me y en Domestika. Entre el 2008 y el 2018 vivío viajando: recorrío más de 50 esta (semi) quieta en Ámsterdam.
Llena cuadernos desde toda la vida, ama las washi tapes, le encanta pegar stickers y no se imagina los días sin la escritura. Le encanta ayudar a otros a generar ese hábito de la escritura que tan bien le hace.

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De qué hablamos con Aniko Villalba:
- 03:16 Cansarse de viajar
- 05:27 Escritura como constante
- 06:58 Necesidad de estar quieta
- 08:43 Salir del mundo viajes
- 11:54 Lado B de viajar
- 14:50 Nómade digital
- 19:44 Proceso de escribir el primer libro
- 29:11 Desafío de tener una comunidad paga
- 32:43 Publicidades
- 42:42 Casi tirar la toalla
- 46:17 Aniko y las redes
- 52:56 Definición de éxito
- 55:00 Referentes
- 1:02:00 Palabras finales
Menciones de Aniko Villalba
- 55:08 Cal Newport, Minimalismo Digital, Deep work
- 55:40 School of life – Canal de Youtube
- 57:18 Haruki Murakami, escritor japonés
- 58:15 Keri Smith
- 58:24 Lynda Barry
Transcripción
Aniko Villalba es escritora, autora de libros y diarios interactivos, y da talleres de escritura y journaling en escribir.me y Domestika. Después de viajar diez años por más de 50 países, cuenta cómo se cansó de viajar, cómo se instaló en Ámsterdam, cómo autopublicó sus libros, los desafíos de una comunidad paga y su relación con las redes.
Introducción
Aniko: Entonces lo pensé muchas veces, cómo dejar todo eso y buscarme un trabajo fijo, pero después a la vez digo: pero a mí me gusta mi libertad de horarios.
O sea, a veces también me cuesta mucho no saber cuánto voy a ganar a fin de mes, y digo: bueno, un trabajo fijo me soluciona eso, ya sé cuánto gano, ya sé cuánto tengo que trabajar, ya sé qué tengo que hacer. Pero bueno, después me acuerdo de que por algo no lo hago, porque me gusta tener la libertad de, qué sé yo, irme a nadar al mediodía o en cualquier momento del día, y si quiero trabajar a la noche, trabajo a la noche. Pero sí, estuve muy cerca muchas veces de tirar la toalla.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Te pasó alguna vez que te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida?
En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron y viven más alineados a sus valores. Contamos historias y desarmamos cómo lo hicieron. Enterate del detrás de escena y de mis recomendaciones uniéndote al correo semanal en tienequehaberalgomas.com/correo. Esta semana conversé con Aniko Villalba. Ella es autora de libros y diarios interactivos, dicta talleres de escritura, journaling y creatividad en escribir.me y en Domestika.
Entre el 2008 y el 2018 vivió viajando, recorrió más de 50 países y está semiquieta en Ámsterdam. Llena cuadernos desde toda la vida, ama las washi tapes y le encanta pegar stickers. No se imagina los días sin la escritura y le gusta ayudar a otros a generar ese hábito que tan bien le hace. Podés buscar esta conversación con video en YouTube, y en redes sociales buscanos en @tienequehaberalgomas y contame qué te pareció el capítulo.
Hola, Aniko, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a conversar conmigo.
Aniko: Hola, Maga, gracias, y perdón por tantos meses de demora en que se diera esta charla.
Magali: Un placer, un placer.
Quiero empezar esta conversación con un fragmento que encontré en uno de tus libros.
Aniko: No, no quiero escuchar mi libro.
Por favor, lo voy a editar mientras, mentalmente. Voy a decir: eso está mal.
Magali: Esto es hermoso. ¿Puede ir un pedacito? Es el cierre de este libro. Dice: viajar.
Viajar y cambiar de realidad, abrir la mente, conocer, ir en busca de encontrar, extrañarse, mirarse bien de lejos, mirarse bien de cerca, caminar, correr, navegar, flotar, volar, subir, caer, odiar, amar, llorar, romper, reconstruir, armar y desarmar, escribir, leer, conectarse, desconectarse, llegar, no llegar, desear nunca llegar, desear nunca volver. No es escaparse, es buscarse.
¿Cómo se cumple un sueño de viajar diez años y después hay que salir a buscar otra cosa?
Magali: La primera pregunta que tengo para vos es: ¿cómo es cumplir un sueño, haber viajado durante 10 años, y tener que salir a buscar algo nuevo para conseguir en la vida?
Aniko: ¡Qué pregunta! Empezamos light, empezamos fuerte. No sé, yo creo que son cosas que uno no planea, porque yo cuando soñaba con viajar todavía ni siquiera estaba en la facultad, estaba en el colegio. Ya a los 16 años sentía que quería viajar, que quería conocer otras culturas, como que me quería dedicar a eso. No sabía bien cómo, no tenía referentes, pero bueno, lo quería hacer. Y es como que en esos planes uno nunca dice: bueno, lo voy a hacer por 10 años, después me voy a cansar y después voy a hacer otra cosa.
Es como que, no sé, cuando soñás algo primero sentís que lo vas a querer hacer toda la vida, porque te parece que es lo mejor que te puede pasar. Me acuerdo que una amiga una vez, no, una colega que también viaja mucho, me dijo que estaba cansada de viajar y yo no lo podía entender. Yo: ¿cómo puede estar cansada de viajar? ¿Quién se cansa de viajar? Y claro, después lo hacés mucho tiempo y te vas dando cuenta de que no es todo perfecto, que sí, uno se cansa, porque es un movimiento físico constante, son despedidas constantes.
Es como tener que llevar todo a cuestas, ¿no? Como transformar toda tu vida en movimiento.
Entonces, no sé, yo creo que lo fui viviendo muy paso a paso. O sea, lo hice, me encantó, fue lo mejor que pude hacer en esa época, hasta que me cansé. Dije: ¿qué voy a hacer ahora? ¿Qué va a pasar? ¿Qué va a ser de mí si no viajo, a qué me voy a dedicar? Y tampoco es que tenía una respuesta. Me tocó hacer la transición porque dije: bueno, esto que hasta ahora me encantaba, que me hacía feliz, de golpe no me gusta más, me cansa, no lo quiero hacer, me pone mal, me siento mal físicamente. ¿Pero ahora hacia dónde voy? No tenía otra vez ese sueño, porque antes al menos tenía el sueño de viajar por el mundo, pero cuando ya lo hacés, no había un sueño siguiente. ¿Y ahora qué hago, entonces?
Yo creo que todo se fue dando con mucha paciencia, terapia también, escribiendo mucho lo que me pasaba, tratando de reconectar con otras cosas que me gustaban más allá de viajar. Dije: bueno, a ver, ¿quién soy yo sin los viajes? Saquemos esa palabra de la ecuación, a ver qué queda y quién es Aniko, qué más me gusta, qué puedo hacer. Y una constante que se mantuvo siempre fue la escritura.
Me di cuenta. A mí siempre me gustó escribir, desde antes de viajar. Después mi sueño era combinar ambas cosas, y cuando me cansé de viajar me cansé de escribir de viajes, pero no me cansé de escribir. Entonces, por suerte, la escritura siempre estaba ahí. Durante un tiempo, en esa transición, tuve que seguir escribiendo de viajes, porque de eso vivía y no tenía otra fuente de ingresos, pero pude ir encontrando otras cosas, de a poco.
Llevó mucho tiempo, y te diría que ni hoy sé cómo fue esa transición. Solo sé que llevó tiempo, paciencia, muchas crisis. Viste, no saber cómo: bueno, ¿y ahora quién soy si no hago esto? Pero la constante fue la escritura. Así que eso fue lo que unió una cosa con otra, en mi caso.
Magali: Claro. ¿Cuáles fueron las señales que empezaste a ver para decir… Este estilo de vida que llevé durante 10 años ya no me funciona más con quien soy ahora?
¿Cuáles son las señales de que te cansaste de viajar?
Magali: ¿Cuáles fueron las señales? Tengo una imagen mía revoleando una valija. O sea, literalmente era como: me cansé, no quería saber nada. Estaba en Japón. Japón fue uno de los últimos viajes que hicimos, y ahí en Japón fue como reconectar con otra parte que me encanta, todo el mundo de la papelería. Japón es un paraíso para eso.
Y me acuerdo que me interesaba más estar tranquila llenando mi cuaderno, ir a ver papelerías o comprar papelería. O sea, sí, viajé y recorrimos un montón de Japón, pero había algo mío que se quería quedar quieto. Era como una necesidad: quiero tener un escritorio, quiero tener un cajón donde guardar todas estas cosas, quiero tener, no sé, un buzón donde pueda recibir cosas, quiero tener una planta para cuidar, quiero tener amigos que no cambien en cada ciudad, que no sea siempre gente distinta.
Entonces fue algo físico, siento yo, algo del cuerpo, de que mi cuerpo ya no quería. Viste el caballo cuando se empaca y no quiere avanzar, era una cosa así: no quiero, no quiero. Pero estaba tan metida en esa inercia, en ese engranaje, digo yo, que yo me había armado solita, porque nadie me había obligado. Yo me había armado todo un estilo de vida en torno a eso. Entonces no podía salir tan fácil. Es como querer bajarte de un auto que va a toda velocidad, ¿viste?
Tenés que ir frenando de a poco, porque si no, es muy brusco y te matás. Y entonces un poco era eso, era algo muy físico, muy de sentirlo adentro.
A la vez, no era lo económico, porque a mí me iba bien. Yo vendía mis artículos, me invitaban a viajes de prensa, tenía mi blog, vendía mis libros de viajes. Entonces no fue una cuestión de decir: al final no puedo vivir de esto, entonces me tengo que buscar otra cosa. Al contrario, era: puedo vivir de esto, pero no quiero vivir de esto, entonces, ¿ahora qué hago? Fue algo muy de adentro, siento que no podía no hacerle caso, porque me sentía mal. Cada vez que me sentaba a escribir de viajes me sentía físicamente mal, me daban ganas de vomitar. No podía.
Y yo creo que el cuerpo se entera de las cosas antes que nosotros, y hay que hacerle caso. Así que sí, yo creo que fue más que nada físico.
¿Cómo se arma una vida nueva cuando sacás los viajes de la ecuación?
Magali: ¿Y cómo hiciste para salir del mundo viajes? Ese proceso más de exploración, de decir: bueno, si esto no es, ¿qué sí? ¿Cómo te planteaste ese momento para hacer esa transición a algo diferente?
Aniko: Es que tampoco sé si me lo planteé, porque la verdad es que no sabía qué hacer, estaba muy perdida. Como te decía, había armado toda mi vida en torno a los viajes, entonces era lo que conocía. Conocía a otra gente que viajaba, conocía todos los eventos de blogueros de viajes, los eventos de libros de viajes, sabía quién estaba publicando libros de viajes. Era todo viajes, viajes, viajes. Y claro, era eso de descubrir: bueno, ¿y quién soy?
Si no hay viajes en la ecuación. Algo que me ayudó fue que nos quedamos a vivir en Ámsterdam con mi pareja, y esa quietud fue un poco una oportunidad para empezar otra vez. Digo, al principio también fue difícil, ojo, porque quedarte en una ciudad nueva donde no conocés a nadie, no tenés a nadie. Por un lado decía: bueno, tengo el poder de reinventarme, viste, puedo ser quien quiera ser acá. Pero a la vez yo quería ser yo, o sea, quería volver a ser yo sin los viajes. Entonces fue un poco ir haciendo. No sé, me volví a anotar en natación, que era algo que no podía hacer. Yo amo nadar, y cuando estaba viajando lo podía hacer, pero tenía que estar buscando siempre dónde nadar, buscando una pileta, buscando el mar, buscando un lago, lo que sea.
En cambio, ahí apenas me anoté en natación, y sigo yendo. Hace ya casi 5 años que no paro de ir al mismo lugar a entrenar. Eso me ayudó. Sí, empezar a conocer gente, ir buscando espacios. Empecé a usar mucho una app que se llama Meetup.
Para buscar gente. Buscaba muchos grupos de escritura, entonces me sumaba a encuentros de escritura, grupos de escritura silenciosa. Me acuerdo que apliqué a uno que era de gente que escribía ficción, y yo en ese momento todavía no escribía ficción, y no me aceptaron. Me dijeron: no, acá solo aceptamos gente que escriba ficción. Y dije: bueno, no pertenezco a todos los grupos de escritura. Pero así, de a poquito, fui encontrando, no sé, gente también latina, gente de otros países. Pero fue todo muy de a poco, se fue dando. ¿Qué más hice en esa época?
Seguí haciendo viajes igual, no es que había dejado de viajar. No es que dije: nunca más viajo en mi vida. Pero fue más tener una base, no sé, tener nuestro departamento, ir armándome el escritorio, armé la biblioteca. Todo eso me fue ayudando un montón a conectar con todo lo otro que no eran los viajes.
Magali: Te recontra entiendo, porque yo también soy nadadora y la pileta en otras ciudades es casi imposible. Creo que viajar tiene un montón de cosas espectaculares que, no sé, se las pueden imaginar, ¿no? Conocer gente, cultura, comida, la novedad constante.
¿Cuál es el lado B de viajar durante años?
Magali: Quiero saber, para vos, cuáles fueron los lados B de viajar y el costo emocional que esto trae.
Aniko: Yo creo que al principio, como estaba tan entusiasmada, no veía los lados B. Me parecía que todo era espectacular, y sí, porque además viajar tiene una magia. Es algo tan lindo para hacer con nuestro tiempo, siempre que uno pueda, que lo pueda pagar y tenga el tiempo y las posibilidades. Creo que es una de las mejores cosas que se pueden hacer. Al menos, qué sé yo.
En mi opinión, yo lo viví así. Pero claro, viajar a largo plazo cambia mucho, porque cuando te vas de viaje, de vacaciones, a recorrer un lugar, es un poco un paréntesis en la rutina. Entonces se disfruta un montón porque sabés que son pocos días, que después volvés a lo de siempre. Es todo muy intenso. Pero claro, cuando eso se convierte en tu realidad, en tu día a día… Empezás a ver un montón de otras cosas.
No sé, eso de: bueno, me muevo todo el tiempo, conozco gente, con algunos conecté un montón, con otros capaz no, pero después me tengo que despedir de esas personas, ¿viste? Eso era difícil.
Siempre estoy lejos de todo. Empezaba a darme cuenta de que estaba lejos tanto de lo que pasaba en Buenos Aires, con mi familia, con mis amigas, como de lo que pasaba en los otros países que había ido conociendo, viste, con la gente nueva, hasta con mis nuevas amistades. Siempre estaba lejos.
Hubo una época en la que atravesé varios duelos de gente muy cercana, y era como que no quería estar en Buenos Aires, no quería estar en ningún lado. Era esa sensación de decir: quisiera estar, no sé… Se me viene a la mente esa película de ciencia ficción donde meten a la gente en esos tubos, que los duermen con líquido, viste, por 100 años, y se despiertan en el futuro.
Era una cosa así. Era como: quiero dormirme hasta que todo esto pase y volver a aparecer.
No sé, me faltaba mucho apoyo emocional, quizá. Pero tampoco es que me quería quedar en Buenos Aires para eso. Era, viste, así, ir vagando un poco por el mundo, pero con mucha tristeza. Y eso fue muy difícil.
¿Qué más? Sí, a veces. O sea, yo antes, cuando empecé a viajar, quería no tener más rutinas. Estaba cansada de la rutina, y después la empecé a extrañar. Dije: bueno, la rutina está buena también.
Ahora me encanta. Yo soy re de rutina: voy a nadar, mi desayuno, no sé, sentarme a escribir. Son todas cosas rutinarias y me gustan. O encontrarme con amigos, qué sé yo, todos los miércoles siempre hay eventos, entonces voy. No sé, son 2 maneras distintas. A mí me gusta alternar un poco y un poco, por eso digo que me gusta seguir viajando. ¿Qué otro lado B descubrí?
Sí, quizá un poco también la identidad, ¿no? Como me pasaba, que me había definido tanto por los viajes que sin viajes no sabía quién era, ni qué hacía, ni para qué estaba acá. Y el cansancio también, porque uno piensa: vivir viajando, qué lindo, vivir de vacaciones. Y no, porque tenés que estar generando ingresos constantemente, entonces tenés que dedicarle gran parte del día o de la semana, o como cada cual se organice, viste, a trabajar, a estar en la compu, sobre todo si sos nómada digital.
La gente se olvida de la parte digital. Estás con la compu encima, viste, con los mails, buscando, no sé, clientes, buscando dónde publicar. Hay que estar buscándose la vida mientras estás viajando. Entonces también está esa sensación de culpa de: uy, pero estoy acá, en este lugar que no sé cuándo voy a volver a ver, y estoy todo el día en la compu. Eran muchas cosas. Se me juntaron muchas cosas, la verdad. Y quise volver a separar un poco trabajo de viajes.
¿Qué pasa con tu audiencia cuando contás que ya no querés viajar?
Magali: Claro. ¿Cómo se tomó tu audiencia cuando vos contaste que estabas cansada de viajar?
Aniko: Lo entendieron. Fue uno de los posts, creo, más comentados de todos los que tuve en el blog. De un montón de gente, algunos me decían: gracias por compartir esto, porque me pasa lo mismo. No solo había gente que viajaba a la que le pasaba lo mismo. Había gente a la que le pasaba con su profesión, con su rol social, no sé, con lo que sea.
Ese cansancio. Viste que a veces pareciera que si tenemos un rol o una ocupación tenemos que hacer lo mismo toda la vida, y no, uno puede ir cambiando y reinventándose dentro de lo posible. Entonces yo creo que hubo mucho apoyo, mucho agradecimiento. Mucha gente que me decía: ay, qué pena. Gente a la que capaz no le gustó, no sé, alguno que otro, probablemente. Mucha gente me dejó de seguir porque me seguía… Porque le interesaban los viajes, y está perfecto. Otros me decían: yo te sigo igual porque me gusta cómo escribís. Entonces hubo de todo, pero más que nada creo que hubo mucha empatía y mucho entendimiento, porque era demostrar que soy humana y también me pasan estas cosas. Y por más que tuviera un estilo de vida en ese momento que era el soñado por mucha gente, y por mí también, uno se puede cansar, y está bien.
Magali: Me gusta esto: en el libro Síndrome de París encontraste este concepto que define muy bien esa decepción que suele pasar cuando uno tiene muchas expectativas con algo, que en este caso eran los japoneses contra lo que se imaginaron de París. Pero creo que nos pasa a todos. ¿Cómo te llevás vos con las desilusiones en los viajes, las expectativas y el manejar eso?
Aniko: Creo que ahora mejor que antes. Pero claro, para mí Síndrome de París fue algo un poco a gran escala, no con un destino, con un país o con un lugar, sino con los viajes en general. Yo decía: pero esto no era perfecto. O sea, no iba a tener la vida perfecta cuando viviera viajando. Y después me di cuenta de que no. Entonces hubo un poco ahí un shock, un choque entre expectativas y realidad.
Sí, creo que ahora lo manejo un poco mejor, porque ya no me hago tantas expectativas, aunque a veces no lo puedo evitar. Pero sí me parece que haberme desilusionado, no sé si desilusionado de los viajes, capaz desilusionado de esa vida ideal que yo tenía en mi mente, que nunca se iba a dar porque no existe, me ayudó un poco a… No sé, a tomar las cosas como son, supongo.
Magali: Sí, también creo que el hecho de que viajar sea tan aspiracional y sea el sueño de tanta gente… Como que muchos, cuando les preguntás qué harías con tiempo infinito, te dirían: viajar más.
Y cansarse de eso también debe estar… Debe ser un poco solitario, ¿no? Como que solo algunos pocos te pueden entender por pasar por eso.
Aniko: Sí, supongo que claro, los que lo pasaron. Pero también, como me pasó con el post cuando yo publiqué que me cansé de viajar, como te decía, mucha gente lo entendió desde el lugar de, no sé, la profesión. Personas que me decían: yo estudié tantos años para ser médico, ponele, y estoy totalmente desilusionado con esta carrera. O: me doy cuenta de que no es lo que me gusta, no es lo que quiero hacer, pero ya estoy acá y ahora no puedo salir. Entonces creo que, más allá de que lo hayan vivido o no exactamente igual que yo, hay algo muy universal en la desilusión, que nos atraviesa a todos. ¿Quién no se desilusionó? ¿Quién no hizo planes alguna vez para su vida…
¿Cómo se escribe y se autopublica un primer libro?
Aniko: Y después la realidad le dio otra cosa? ¿O quién no se cansa de lo que pensó que le iba a gustar hacer toda su vida? Y te cansás, y bueno, es parte del ser humano. Todo bien.
Magali: ¿Cómo fue para vos el proceso de escribir el primer libro, Días de viaje?
Días de viaje. Me acuerdo que estaba en Barcelona, creo, en el subte, en el metro de Barcelona, cuando dije… No sé, yo venía con todos los posts, ya llevaba 5 años viajando, tenía mucho material, yo escribía mucho en mis cuadernos, mucho en mi blog también, y sabía que quería hacer un libro, pero no le encontraba todavía el eje, la vuelta. Y no sé qué pasó ese día, pero estaba en el metro de Barcelona y, qué sé yo, no voy a decir me iluminé, porque no, pero fue como: ¡ah, ya sé por dónde empezar con este libro!
Y después de eso, creo que volví a Buenos Aires y estuve trabajando. Fueron 9 meses de trabajo bastante a tiempo completo con el libro.
Recopilando textos, escribiendo textos nuevos, corrigiendo lo que ya tenía, uniendo cosas, separando.
Fue un proceso un poco desaforado, yo me lo acuerdo así. Todos los días me levantaba, escribía, escribía, escribía, después corregía, y estaba muy, muy metida con el libro. Hasta que releí todo lo que había escrito, me pareció horrible, dije: lo voy a borrar y esto nunca verá la luz. Después dije: no, bueno, tengo que seguir adelante. Lo seguí trabajando con esa sensación de esto es malísimo, pero bueno, voy a tratar de mejorarlo, y así lo seguí reescribiendo.
Llegó un punto en que me lo sabía de memoria, porque lo había releído tantas veces y lo estaba trabajando tanto. También llega un momento en el proceso en el que ya no ves lo que estás escribiendo, perdés la objetividad con el texto.
Después, bueno, trabajé con la ilustradora, con Vero, con una editora, con varias personas de un equipo editorial, digamos, que formé, y el libro salió. Si no me acuerdo mal, creo que fueron 9 meses de escritura más el tiempo de imprenta y todo eso; habrá sido un poco menos de un año, pero bastante intenso. Y encima no se terminó ahí, porque como yo lo autopubliqué, no es que yo escribí, entregué el manuscrito y ya está. Después también me encargué de la campaña de difusión, el lanzamiento. Yo era la misma que ensobraba el libro, le ponía la dirección en el sobre y lo llevaba al correo.
Y si el libro no llegaba, me escribían a mí con la queja de que el libro no llegaba, y yo solucionando. Me hice cargo de demasiadas cosas, después me di cuenta. Estaba en todas las etapas del proceso, y eso ya es más que solamente escribir el libro. Es como ser la editorial. Hice el trabajo de un montón de personas, y después de eso dije: bueno, nunca más voy a escribir un libro, porque esto es demasiado trabajo, no lo quiero volver a repetir porque quedé agotadísima.
Pero bueno, lo volví a hacer varias veces.
¿Cómo tomaste la decisión de autopublicarlo?
Aniko: Tenía algunas personas conocidas dentro del mundo de los blogs de viajes que ya habían autopublicado y me lo recomendaron. Me dieron mucha información acerca de cómo era el proceso. Yo ya tenía un público, y sabía que para autopublicar lo mejor era tener cierta audiencia que quisiera comprar ese libro, a la que le interesara lo que escribía. Entonces fue un poco hacer la prueba. Yo dije: bueno, tengo este libro. No tenía un contrato editorial, porque no había salido a buscarlo y porque me parecía que las editoriales… Tardan, son muy lentas, lo cual es cierto, y no le dan un porcentaje alto al autor, es de un 5 a un 10% por libro vendido. Y yo la verdad es que quería vivir de eso. Estaba dispuesta a hacer todo lo posible para vivir de mis libros. Pero tampoco tenía la plata para financiar toda la impresión, que es bastante cara, así que dije: bueno, voy a hacer una preventa. O sea, yo escribí el libro, lo terminé, tenía las ilustraciones, la maquetación.
Y antes de mandarlo a imprimir dije: preventa. Y puse que los primeros 100 libros venían con, no me acuerdo, un regalito; la segunda tanda de 100 venía con otro tipo de regalito, y todos venían firmados y dedicados. No me acuerdo cuántos se vendieron, pero llegué a cubrir todos los costos de producción del libro gracias a esa preventa. Y después, con lo que gané de la primera edición, reinvertí, saqué la segunda edición, y bueno, así.
¿Por qué pasar de la autopublicación a trabajar con editoriales?
Aniko: Fui reinvirtiendo para poder seguir.
Magali: Bien. ¿Y por qué cambia esta opinión, y los últimos libros salen con editoriales?
Aniko: ¡Ay! ¿Por qué? Me harté de hacer tanto trabajo. Hice cuatro libros de manera independiente, mis primeros cuatro: los 2 relatos y 2 diarios interactivos, que son Mapas, Objetivos de viaje y Usted está aquí.
Y ya en el cuarto me di cuenta de que era demasiado. Es demasiado, sobre todo la parte de venta. Escribirlo me encanta y lo disfruto un montón. Y lo bueno de autopublicar o de ser tu propia editorial, al menos para mí, es que tenés mucho más control, siento, sobre el producto final, aunque con las editoriales también, la verdad es que me dieron mucho control. Pero bueno, yo podía decidir el tamaño del libro, quién lo iba a ilustrar, qué tipografía iba a tener. Todo lo podía pensar de una manera mucho más integral que solamente escribir un texto. Pero es muchísimo trabajo, y sobre todo, cuando autopublicás, más que autor sos vendedor. Es así, porque hiciste toda esa inversión, genial, seguramente tenés un porcentaje de gente que te lo va a comprar en preventa, pero después tenés un stock que hay que vender.
Viste, los libros ocupan espacio, el papel se pone feo, tienen que circular. Y durante muchos años lo hice: iba a todos los eventos, no sé, hacía charlas, ofrecía mis libros en cualquier lugar en el que estaba. Me veías con una valijita cargando libros, siempre. Poco más y me ponía en la vereda a vender los libros. Siempre, ahí, en cualquier momento: ¡ay, yo tengo libros! ¿Los querés ver? Y ya los tenía ahí, listos para mostrar. Pero en un punto dije: no puedo más con vender, porque era tanta la energía que hay que poner en esa venta que eso me sacaba tiempo de escritura. Entonces, en un punto dije: si yo sigo dedicándome a vender y a difundir y a la atención al cliente y todo eso, aunque tenía ayuda, pero igual yo tenía que estar siempre ahí como cara visible… Si yo me sigo dedicando a vender, nunca más voy a escribir un libro, porque no voy a tener tiempo, ni energía, ni ganas. Y ahí empezaron a aparecer propuestas editoriales y empecé a aceptar. Y bueno, decidí ir por ese camino, porque además lo que me abrió la editorial es la llegada a muchos puntos de venta a los que yo no tenía acceso por mi cuenta. Yo tenía acuerdos con puntos de venta, viste, podía llegar a ciertos lugares, pero también hay un límite de lo que yo podía lograr sola.
Entonces trabajar con editoriales me abrió eso: llegada a gente que no me conoce y que se encuentra el libro de casualidad, y eso está buenísimo.
Magali: Bien. Voy a adelantarme en el tiempo.
Mientras no escribo, este proyecto que creaste… Que recientemente decidieron frenar. Decidieron dejar de grabar el podcast.
Aniko: En realidad dejamos de grabar Mientras no escribo y empezamos a grabar En serie, que es básicamente lo mismo, solamente que hablamos de series y de qué se puede aprender sobre escritura mirando tal serie. En cada capítulo analizamos una serie distinta.
Porque la verdad es que siento que con Nico somos muy parecidos en un aspecto: si estamos motivados, lo hacemos; si no estamos motivados, no lo podemos hacer. Los 2 somos iguales en eso. Entonces empezamos con Mientras no escribo súper entusiasmados, porque era algo que nació de charlas nuestras. Nico fue alumno mío de un taller de escritura de viajes. Después me mandó un mail contándome que estaba muy desesperanzado con la escritura, y empezamos a hablar, nos empezamos a juntar todos los martes por Zoom a charlar sobre escritura.
No sé, a hablar de nuestras penurias, de todo lo que no nos salía, a celebrar los pequeños logros con la escritura. Y eran charlas súper interesantes, estaban buenísimas, y él dijo: ¿por qué no hacemos un podcast? Que sabrás lo difícil que es, porque parece tan fácil hacer un podcast, pero lleva tanto trabajo por detrás. Y bueno, lo grabamos con mucho entusiasmo, y de golpe vimos que el entusiasmo empezó a decaer, ya nos costaba y no encontrábamos temas. Y en un momento dijimos: bueno, ya dijimos lo que teníamos para decir. No lo queríamos seguir estirando al infinito. Tampoco le debemos nada a nadie, en el sentido de que nadie nos había contratado, nadie nos pagaba, no teníamos sponsors, tampoco ganábamos plata. La verdad es que lo hacíamos porque nos divertía, y cuando nos dejó de divertir dijimos: no tiene sentido seguir haciéndolo si a nosotros no nos divierte. Y enseguida, bueno, cerramos Mientras no escribo y empezamos a hacer En serie, que sale además en el mismo canal, por ahora. Eso sí nos entusiasmó un montón, porque además tenemos el proyecto, el año que viene, de ponernos a escribir una serie juntos. Entonces siempre siento que… Lo que hago va un poco de la mano de lo que me interesa en el momento, de lo que me entusiasma, y bueno, eso pasó con el podcast. ¿Ok?
Magali: Pequeño corte de nuestros patrocinadores. ¿Estás aburrido del catálogo de Netflix en tu país? ¿Por qué no mirar las series disponibles en otros lugares? Usando NordVPN estás a un clic de distancia, sin necesidad de viajar. Podés cambiar tu ubicación virtual y acceder al programa que quieras. A la vez, tenés una herramienta que te permite proteger tu conexión mientras navegás por internet. Una VPN, que es una red privada virtual, encripta todos los datos que enviás y recibís a través de internet, así resultan inaccesibles para terceros que intentan interceptar tu conexión. Esto te permite navegar de manera privada y mantenerte lejos del alcance de posibles… Ciberataques. Usando el link nordvpn.com/algomas recibís un descuento: comprando el plan de 2 años te regalan cuatro meses. NordVPN da una garantía de 30 días donde te devuelven tu plata. Podés probarlo: si te sirve, genial; si no, podés pedir tu devolución sin problemas. Gracias a NordVPN por patrocinar este episodio. Fijate el link nordvpn.com/algomas para empezar con tu suscripción hoy. Ahora sí, volvemos con la entrevista.
¿Cuáles son los desafíos de sostener una comunidad paga?
Magali: Y ustedes abrieron la comunidad paga, el club de escritura. Quiero saber cuáles son los desafíos de hacer eso.
Aniko: La comunidad que vamos a cerrar, en este caso, porque también la damos por terminada ahora, a fin de año.
Sí, tener una comunidad también es algo que parece más fácil de lo que es. Uno dice: bueno, si juntás a toda esta gente a la que le gusta lo mismo, todos van a interactuar, no vamos a tener que estar ahí, no va a haber que hacer nada, porque la gente que tiene los mismos intereses va a hablar. Y no, ahí te das cuenta de que hay que ser el animador de la fiesta.
¿Viste el coordinador del viaje de egresados? Es como que tenés que estar ahí, generando conversación, hablando, recordando. Si bien también tenemos ayuda con el club, nos dimos cuenta de que, no sé, era algo quizá demasiado grande para nosotros. Se nos fue un poco la motivación, y nos saca tiempo de lo que queremos hacer ahora, que es escribir más, y bueno, empezar a pensar en escribir series y todo eso.
También mantener la participación de la gente. Yo siento que es un poco como el gimnasio: está el que se anota con todo el entusiasmo del mundo, la primera semana, el primer mes va 3 veces por semana, y de golpe desaparece. Sigue pagando su membresía, lo cual es rarísimo como comportamiento humano. Como que sentimos, inconscientemente, que si seguimos pagando es como que seguimos yendo; aunque no vamos, el gimnasio sigue haciendo efecto en nosotros si seguimos pagando. Entonces también pasa eso… Viste, con las comunidades online de pago, sobre todo: gente que sigue pagando, y vos decís: pero si no estás participando, no lo estás aprovechando. ¡Aprovechá, mirá todo lo que te estamos dando! Encuentros de escritura silenciosa, encuentros de escritura cronometrada, consignas de escritura, espacio para charlar. ¿Y no lo aprovechás? Entonces también hay un límite en cuanto a lo que podés obligar a esa persona a que participe. No podés. Si la persona se anotó, pero no quiere ni hablar ni hacer nada, y bueno, está en decisión de cada uno. Y eso nos confundía un poco, porque decíamos: ¿cómo puede ser que haya tanta gente anotada?
Mucha gente muy activa, igual, y gente que siempre viene a todos los encuentros, y otros que capaz nunca aparecen, pero siguen pagando. Entonces es difícil también. Sí, yo creo que manejar una comunidad es un trabajo aparte, es una ocupación en sí misma.
Y no es lo nuestro, me parece.
¿A qué publicidades y proyectos conviene decirles que no?
Magali: También me surge la pregunta, habiendo pasado por tantos tipos de proyectos durante estos años… Que tenemos afuera la imagen de que esta mujer lo hace todo: ¿hay cosas que no salieron a la luz, cosas que quedaron en el camino?
Aniko: Sí, un montón de cosas. Pero a ver, dejame pensar. Quizá ideas. Tengo un montón de ideas de talleres que no salieron a la luz, porque a veces no tengo tiempo, porque no los pongo como prioridad. Pero tengo muchas ideas de talleres que quiero armar: talleres en audio, talleres en video, talleres escritos, encuentros. Todo eso lo tengo y siempre está ahí. Capaz que el año que viene me ponga con eso.
Después, muchas veces, propuestas. No sé, en su momento, cuando estaba viajando, con el blog y muy activa como bloguera de viajes, me llegaban un montón de propuestas. Claro que la gente nunca jamás se enteró de que yo decía que no a cosas.
Una vez me llamaron, creo que para una publicidad de un jabón, «mujeres que brillan», y a mí no me gustó. «Mujeres que brillan». Y me pagaban también, o sea, para lo que era en el momento estaba bien pago, y yo dije: «Pero yo no me identifico». O sea, me sentía muy estúpida. No sé, como que dije no, no me identifico con eso. Además a mí no me gusta la exposición ni nada, salir en la tele, no sé, no me gusta, como que no es lo mío.
Después surgieron otras. Me acuerdo que me contactó Fernet, y yo encima amaba el fernet antes, cuando estaba en Argentina.
Hubiese sido súper orgánico en el sentido de que a mí me gustaba, pero no orgánico porque yo nunca hablé de fernet en mi blog. Había cosas así súper descolgadas que querían trabajar conmigo. Me habían contactado de Disney para escribir en un blog, pero bueno, ese no me gustó porque pedían demasiado y pagaban muy poco. Entonces sí, hubo muchas cosas que no salieron.
Proyectos: tuve un proyecto de hacer una revista, nunca salió; varios libros que se me ocurrieron, que dije «ay, quiero hacer un libro de fotografía», nunca lo hice, o sea, lo empecé. Muchas cosas que empecé y abandoné.
Magali: Dejame pensar qué más. ¿Y cómo decidís cuándo arrancar algo?
Aniko: Es que no sé si lo decido. Es como lo que te decía de los viajes, viste, que lo siento un poco en el cuerpo, y es algo en realidad recontra irracional, porque yo nunca hago plan de negocio, jamás hice un plan de negocios. Entonces no es que digo: «Bueno, considerando estas variables, veo que no voy a tener ingresos suficientes». Es como, no sé, algo me gusta, lo hago, y después veo. En general no me da plata, por eso estoy un poco desilusionada con las cosas, porque digo: «Che, tanto trabajo que le puse a esto y no gané nada».
Magali: ¿O porque todo el mundo quiere las cosas que son gratis?
Aniko: Entonces nunca surge de algo económico; es más bien, no sé, una sensación. Lo que te decía antes que nos pasa con Nico, viste: si me gusta, lo hago; si me motiva, lo hago y veo qué pasa; si no me divierte, no lo puedo hacer. Son pocas las cosas. Mientras estaba viajando sí hice un montón de cosas que no me divertían porque necesitaba la plata para poder seguir viajando, cuando recién empezaba. Tenía que sobrevivir, me quería financiar en el camino. Entonces escribí una cantidad de artículos de viajes. A mí siempre me gustó escribir en primera persona, ahora estoy mucho más metida con la ficción, pero en ese momento lo que se pagaba era escribir artículos con guías: guías para destinos, cómo elegir el mejor seguro médico, cosas que a mí me parecen aburridísimas de investigar, de escribir y de leer.
Pero eso era lo que me pedían, y bueno, eso fue lo que hice durante años. Pero ya cuando pude tener un poquito más de estabilidad económica, sobre todo con mis libros, con mis talleres, dije: «Bueno, es momento de dejar de hacer todas esas cosas que no me gustan». Que me aportan un poco de plata, pero nada más. No me dan nada de gratificación, ni la paso bien.
Entonces sí, supongo que me baso mucho en sensaciones. No sé si es bueno o malo, pero es así en mi caso.
¿Cómo se diversifican los ingresos viviendo de la escritura?
Magali: Okey. ¿Y para alguien que quizás tiene un trabajo común y dice «¿cómo se puede hacer esto?», cómo dirías que se diversifican todos los ingresos que vos tenés? Porque mencionaste muchas cosas diferentes.
Aniko: ¿En qué sentido, cómo se diversifican?
Magali: Como de todos tus ingresos, entre libros, talleres. ¿Tipo una aproximación de porcentaje?
Aniko: Sí, sí, porque si no, literalmente pensé que era cómo otra persona puede diversificar.
Dejame pensar. Es que ahora estoy en un momento de cerrar tantas puertas y tantas cosas para dedicarme a la escritura, más que nada, que es lo que quiero.
Pero te diría que en este momento es… Talleres por un lado. Tengo algunos ingresos pasivos, que es lo que siempre quise, con talleres.
Y con mis libros, venta de libros, venta de talleres de vez en cuando. Después hago consultorías o acompañamiento de escritura; ahora mismo no, pero lo hago. Encuentros puntuales; bueno, eso serían talleres también.
Tuve una época en la que daba muchas charlas; después eso lo dejé de hacer.
Y si no, también tuve una época en la que me pagaban por publicidad o por viajes patrocinados, y eso también lo dejé. Así que, más que nada, diría que mitad de los libros y mitad de los talleres.
Magali: Bien. Súper.
¿Cómo es vivir en Ámsterdam siendo argentina?
Magali: Quiero saber ahora, siendo expatriada argentina en Ámsterdam, ¿cuál es el mayor choque cultural?
Aniko: No sé si tuve un choque cultural muy fuerte, la verdad. Primero, que ya no estaba viviendo en Argentina antes de mudarme. Yo ya considero que desde el 2008, que me fui de viaje, volvía y capaz estaba un año en Argentina, pero ya no sé si era tan… No sé, ya ni sé de dónde soy.
A ver, yo no siento un choque cultural fuerte, pero sí hay cosas. Para mí son mucho menos empáticos como sociedad que en países latinos, y eso siempre me hace mucha falta. El sistema médico me parece un poco desastroso, por muchas experiencias personales y que me habían contado.
Bueno, el clima, pero eso no es un choque cultural, eso es algo que es así. Pero hay cosas que también me gustan, tengo que destacar eso, ¿no? A veces uno llega a un lugar y piensa que todo es choque, y al final no. Son muy organizados, todos lo hacen con calendario. A mí me gusta eso; yo soy muy organizada, entonces me encanta organizar todo con anticipación, pero también tener la espontaneidad de poder decirle a una amiga: «Che, ¿nos vemos hoy a la tarde? ¿Tenés tiempo?», y que me diga que sí. Porque la verdad es que la mayor parte de mis amigas son extranjeras; tengo muy pocos amigos holandeses. Después hay algo de… De la literalidad. Ellos son muy directos, y a mí eso me encanta, porque yo también soy muy directa, y eso en Argentina me generaba mucho que yo no entiendo las vueltas. O sea, si me vas con vueltas, yo no lo entiendo; necesito que la comunicación sea clara y directa. Y los holandeses son expertos en ser directos, y eso a mí me sirve un montón. Y también me acostumbro, y después choca cuando voy a otro lado y soy muy directa con algo y la gente se queda como: «Bueno, se fue demasiado».
Pero si no, por eso te digo, no sé si hubo un choque muy grande. Me gusta que todo se pueda hacer en bici. Me gusta que sea una ciudad chiquita.
Sí, quizá lo que más me chocó fue todo el tema del sistema de salud. Que no haya medicina preventiva, que es algo que en Argentina hay muchísimo y allá no: no te hacen un análisis de sangre, tenés que rogar para que te hagan un estudio. Esas son las cosas que no me gustan.
Pero bueno, por suerte cuando vuelvo a Argentina me puedo pagar mis estudios de sangre.
Al menos siempre decimos eso entre extranjeros que viven ahí, porque todos nos quejamos de lo mismo. Decimos: «Bueno, piensen que al menos nosotros tenemos la posibilidad de volver a nuestros países y hacernos cualquier estudio ahí, pero los que viven acá no lo tienen».
Magali: Claro, mirá esto. Bueno, y quiero entender cómo fue para vos dejar de viajar y quedarte quieta en un lugar, y tener que armar rutinas.
Sin conocer a la gente.
Aniko: Eso sí, un poco, así como te contaba, con esta aplicación, por ejemplo, usando Meetup, empecé a ir a eventos que eran casi siempre fijos. Entonces, no sé, todos los martes se juntaban en una librería. Después vino el COVID y cambió todo, y me tuve que quedar en casa como todo el mundo. Pero al principio era eso: sabía que todos los martes tenía encuentro de escritura, que no sé, tres veces por semana iba y veía más o menos a la misma gente.
Y no me acuerdo cómo fui conociendo a la gente. Algunas fueron alumnas mías, porque también di talleres en Ámsterdam apenas llegué, talleres presenciales de escritura, y por ejemplo con una de mis alumnas somos amigas hoy en día. Después, lo bueno de Ámsterdam, obviamente pre y post pandemia, es que hay muchas visitas, porque mucha gente que hace el viaje a Europa pasa por Ámsterdam. Entonces me acuerdo que antes de la pandemia siempre teníamos gente en casa; todos los meses teníamos al menos una visita de alguien que se quedaba, y eso lo hace recontra llevadero, porque seguís teniendo gente de Argentina que venía. Después fueron dos años muy vacíos en ese sentido, y ahora otra vez se reactivó eso. Todo el tiempo hay alguien que está ahí de paso, de visita, y eso está buenísimo, porque también me permite redescubrir la ciudad, porque ahora se la muestro a otra gente, la llevo a los lugares que me gustan. También mucho de recorrer, caminar, andar en bici, ir descubriendo la ciudad.
De a poco. Hay muchos eventos culturales, hay mucho para hacer. Es una ciudad que tiene mucho; siempre encontrás algo y siempre encontrás gente.
Bastante abierta. No sé, siempre al lugar al que fui me recibieron bien.
¿Qué hacer cuando estás a punto de tirar la toalla?
Magali: ¿Tuviste algún momento en tu historia de estar cerca de tirar la toalla?
Aniko: ¿Pero con qué? ¿Puede ser en cualquier cosa?
Magali: En un proyecto, puede ser.
Aniko: Sí, sí. Hace poco me hackearon mis webs y yo dije: «Ya está, cierro todo». O sea, ¿para qué? Porque, por ejemplo, cualquier persona que tenga un emprendimiento online sabe que cuesta plata tener una web. Para la gente es gratis entrar, pero para nosotros cuesta plata: pagar el hosting, pagar el dominio, pagarle a un programador, pagarle a un diseñador, mantenerla actualizada. Entonces claro, ese hackeo fue terrible, porque entraron a mi servidor, fue muy difícil de arreglar. Me costó carísimo arreglarlo, carísimo. Yo lloraba porque no lo podía creer.
Esto es un pasaje a Argentina, lo que estoy pagando, viste. Y dije: «No lo voy a recuperar». Porque yo no soy una empresa que vende, qué sé yo, televisores, que decís «bueno, vendo un televisor y lo recupero». ¿Cómo lo voy a recuperar vendiendo libros? Cuánto voy a tardar, muchísimo.
Y entonces ahí dije: «Ya está, cierro todo». O sea, borro todo, todos los blogs, borro Viajando por ahí, escribir.me, mis páginas, todo lo que hay online, y chau, borrón y cuenta nueva. Después dije: «Bueno, voy a seguir, porque le puse tantos años y tanto trabajo a esto», y al final es como mi ventanita al mundo. Pero sí, estuve muy cerca de abandonar todo, cerrar todo y decir «ya fue, no sé, me busco otro trabajo».
Durante la pandemia cuidaba gatos, porque yo amo los gatos, y ya estaba, digo, no sé, buscar un trabajo más en contacto con el mundo real que solamente con las pantallas. Porque también eso me cansa un montón, estar siempre frente a la compu; que mi trabajo sea estar frente a una pantalla no me gusta nada.
Entonces pensé muchas veces en dejar todo eso y buscarme un trabajo fijo, pero después a la vez digo: «Pero a mí me gusta mi libertad de horarios».
O sea, a veces también me cuesta mucho no saber cuánto voy a ganar a fin de mes, y digo: «Bueno, un trabajo fijo me soluciona eso: ya sé cuánto gano, ya sé cuánto tengo que trabajar, ya sé qué tengo que hacer». Pero después me acuerdo de que por algo no lo hago, porque me gusta tener la libertad de, qué sé yo, irme a nadar al mediodía o en cualquier momento del día, y si quiero trabajar a la noche, trabajo a la noche. Pero sí, estuve muy cerca muchas veces de tirar la toalla.
Magali: Bueno, ese es un buen ejemplo. ¿Cómo llevás vos el balance entre…
¿Se puede vivir de escribir sin depender de las redes sociales?
Magali: …las cosas analógicas, la vida real, y el postureo y las redes sociales?
Aniko: Odio las redes, no me gustan. O sea, sé que odio es una palabra muy fuerte, pero no siento que sean para mí. Yo soy una persona introvertida. Como te decía antes, nunca me gustó la exposición, no me interesa el postureo. No me sale ni aunque quiera, no me puedo sacar una selfie. No me gusta que se opine sobre mí físicamente, viste, esas cosas no me interesan.
Pero de a ratos siento que es un mal necesario, porque si yo quiero promover mi trabajo, de alguna manera lo tengo que promover.
Pero a la vez veo, no sé, autores… Lo que pasa es que, claro, son autores que están súper consagrados y que no necesitan las redes para vender sus libros porque ya tienen su público, y circulan, y las editoriales les ponen un montón de plata para publicidad. Entonces, no sé, es muy difícil. También siento que tiré la toalla varias veces con las redes, porque en una época estaba muy activa, generando mucho contenido, que es otra de esas cosas que no se ven: el tiempo que te lleva, la energía que te lleva, la plata que te lleva. Porque yo le pagaba a alguien que me ayudaba con toda la estrategia, con el calendario, a subir las cosas. Y claro, yo mientras lo hacía decía: «Yo podría estar escribiendo un libro en este momento».
Bueno, a la vez, todo ese contenido igualmente me ayudó, porque gracias a eso podía vender mis talleres, podía vender mis libros, pero sentía que no me dejaba más espacio mental para otra cosa.
Entonces, con las redes, la verdad es que ahora, en este momento, estoy muy desconectada. Si tengo ganas de postear algo, lo posteo, pero si no tuviese que promover nada, si no tuviese que vender un libro o un taller, no tendría redes directamente. O las tendría, pero cerradas, viste, solamente para las personas que conozco, para seguir en contacto. Pero las redes como concepto no me interesan. Ya de por sí, no sé si soy antisocial, pero me gusta mucho la soledad y, qué sé yo, hacer cosas.
En el mundo analógico también. Me gusta mucho todo lo que sea en papel. Me encantan los cuadernos, me encanta la papelería, nadar, salir a la naturaleza. Entonces cada vez quiero estar menos en redes, en pantallas. No sé, los «me gusta» me parecen horribles, esa cosa de quién tuvo más «me gusta», esto o lo otro, es horrible. Uno se termina definiendo por la cantidad de likes.
No me parece muy sano, al menos a mí no me hacía bien.
Magali: No, no es muy sano, no.
¿Qué es algo que de afuera no podríamos adivinar de vos?
Aniko: ¿Por qué cosa? ¿Que no me gustan las redes?
Magali: No, no, si se te ocurre otra cosa.
Aniko: ¿Qué es algo que no podrían saber de mí? Uh, tantas cosas. No sé, no lo había pensado, pero supongo que uno siempre elige qué mostrar y qué no mostrar, por supuesto.
No sé.
Que me gustan los gatos ya lo saben, siempre pongo alguna cosa, y tampoco es tan relevante.
No sé, que soy muy ordenada, me gusta mucho limpiar, me gusta mucho hacer tareas manuales también, como para relajar la cabeza. Que me gusta mucho nadar; que era muy mala deportista en el colegio, extremadamente mala, y después me di cuenta de que en natación soy buena, y dije: «¿Por qué no nos dejan hacer otras cosas? ¿Por qué nos fuerzan a hacer el mismo deporte, como si todos tuviéramos las mismas capacidades físicas o intereses?».
Magali: Es buena, es muy buena.
Sí, sí. A mí nadie me elegía en su equipo, siempre quedaba última porque era mala. No me gustaba jugar al hockey, lo detestaba. Pero si hubiera sido natación, capaz me elegían en su equipo.
No sé, supongo que es un ejemplo.
Supongo que tengo contradicciones como todo el mundo, ¿no? Amo viajar y amo estar en mi casa; a veces me gusta mucho socializar y a veces me gusta mucho estar sola. Esos deseos cruzados de querer hacer esto, pero también lo otro.
¿Qué más? Bueno, ahora quizá un poquito menos, pero sí soy muy insegura. No sé, durante mucho tiempo siempre me agarró el síndrome del impostor: «¿Qué van a decir? ¿Quién soy yo para contar esto?». O capaz me llegan, no sé, cien comentarios positivos y uno negativo, y obviamente me quedo con el negativo y me pongo a llorar. Ya no, a veces me río, pero las primeras veces fue horrible.
Me acuerdo cuando escribía mi blog y me empezaron a llegar los primeros comentarios negativos. Decís: «Qué horrible que es esto». Yo estoy ahí, toda honesta, viste, compartiendo desde un lugar vulnerable lo que me pasa, y viene alguien a decirme… no me acuerdo ya ni qué me decían.
Pero sí, esas cosas nos afectan.
No sé qué más, lo voy a pensar. Me gusta la pregunta y ahora no se me ocurren más cosas.
¿Qué creencias limitantes sobre la productividad hay que soltar?
Magali: ¿Y qué otras creencias limitantes deshiciste estos años?
Aniko: Uf, un montón. A ver, dejame pensar.
Quizá con el tema de la productividad. Yo siento que me criaron para ser siempre muy buena alumna, muy aplicada, muy trabajadora, muy del intelecto. Entonces, para mí lo físico… quizá por eso tenía esa cosa de mala deportista, no sé.
Al menos en mi familia quizá no se valoraba tanto lo físico, sino más bien lo intelectual. Y claro, después empecé a descubrir que amo nadar, que me encanta hacer deporte, que puedo ser buena también en eso, y que no tiene por qué tener un fin productivo. Para mí todo tenía que tener un fin productivo. Entonces, si voy a nadar, tiene que ser para competir. Y no: yo nado hace cinco años y no compito. Competí en algún momento de mi adolescencia o preadolescencia, pero no me interesa, es algo que me genera mucho estrés. Esa puede ser otra cosa: hay cosas que me generan muchísimo estrés, muchos nervios.
Y cómo es eso: tenía esa creencia de que todo lo que hago tiene que tener un fin productivo, todo tiene que ser por algo, no puedo hacer cosas porque sí, para descansar, para desconectarme. Y ahora me doy cuenta de que una cosa es el trabajo y otra cosa es la vida, y que puedo hacer lo que tenga ganas de hacer, y no por eso voy a hacer menos. No tengo que convertir todo en un proyecto productivo. Pero bueno, me llevó tiempo darme cuenta de eso.
Estaba muy pegada al trabajo, y ahora todo lo contrario: cada vez quisiera trabajar menos, pero trabajar de cosas que realmente me gustan. Y ojalá me diera la plata suficiente para sobrevivir.
¿Qué es el éxito para Aniko Villalba?
Aniko: Ese es mi objetivo a futuro.
Magali: ¿Podés decir una aproximación a una definición de éxito que se te ocurra?
Para mí es usar el tiempo que tenemos para lo que queremos, para lo que nos gusta, para estar con la gente que queremos.
No sé, si te gusta leer, listo, usá tu tiempo en eso.
Hace un tiempo escuché, creo que era Ricky Gervais, viste, el comediante inglés, que decía… Que el sentido de la vida es descubrir qué te gusta y hacerlo todo lo que puedas. Y para mí es un poco eso el éxito, no sé: encontrar qué te gusta hacer, qué te hace feliz. No la felicidad tomada en un sentido de cien por ciento, la felicidad absoluta, porque no creo que eso exista, pero qué te da pequeños momentos de felicidad cotidiana. Y ya está, hacer eso.
Ah, bueno. ¿Se te ocurre, además de la natación, algún otro hábito o rutina que te sea funcional?
Aniko: A ver… Cuando viajaba, la salida a caminar; después eso lo perdí un poco. Quizás salir en bici.
Cocinar; tengo mis épocas en que me gusta mucho cocinar. Ahora, por ejemplo, para escribir me estoy sumando a un grupo de escritura online. Se juntan cuatro veces al día en distintos husos horarios, son un montón.
Se juntan en cuatro husos horarios porque son de distintas partes del mundo. Va mucha gente. Entonces me pongo una alarma y sé que es la hora de la escritura.
Y ya está, me conecto, es un Zoom. En realidad estamos todos ahí, pero en silencio, cada cual escribiendo lo que quiera escribir.
Y eso me sirve un montón como hábito.
¿Qué autores y referentes inspiran a una escritora?
Magali: Está bueno. ¿Y quién se te ocurre…?
¿Quiénes dirías que influyeron en tu forma de pensar? Pueden ser personas en internet, autores, creadores, lo que sea. ¿Quiénes son algunas de tus referencias ahora?
Aniko: Me gusta un autor que se llama Cal Newport, que escribió varios libros sobre minimalismo digital y sobre deep work. Me gusta mucho su manera de pensar, eso de cuál es ese trabajo que solo nosotros podemos hacer.
Y dedicarle esas horas del día súper enfocadas, sin estar pensando en otra cosa; cómo apagar las distracciones para hacer el mejor trabajo que podemos hacer. Eso me parece algo que trato de poner en práctica. Después me gusta mucho una organización que también tiene un canal de YouTube, que se llama The School of Life. Tienen muchos videos sobre psicología, filosofía.
Tienen libros, en Ámsterdam hay una sucursal de The School of Life, charlas, eventos. Es como una mezcla de filosofía y psicología, pero muy bajada a lo práctico. Yo quise estudiar filosofía, es otra cosa que capaz no se sabe. Cuando terminé el colegio estaba convencidísima de que yo quería ser filósofa, era lo que más me gustaba, porque me gustaba mucho leer y me gustaba mucho pensar. Y quería eso.
Al final terminé estudiando comunicación, pero la filosofía siempre sigue presente para mí. Y siento que a veces lo que tiene la filosofía es que es difícil; no siempre, pero algunos pensadores son muy abstractos, están muy arriba, y es difícil bajarlo a lo cotidiano. Y lo que hace The School of Life es justamente eso: agarrar ideas de grandes pensadores, filósofos, psicólogos, y decir «bueno, cómo podés mejorar tu vida».
Me gusta porque ellos siempre dicen que no son optimistas, son pesimistas. No te venden esto de cómo hacer para tener la mejor vida posible, sino cómo hacerlo mejor con lo que nos toca, de una manera súper realista. Entonces me gusta mucho su manera de pensar. Hablan mucho sobre trabajo, sobre relaciones, vínculos, sobre el amor, cómo entender el amor hoy en día. ¿Y qué más?
Y no sé, yo creo que todos los autores que voy leyendo y que me gustan de alguna manera me van moldeando. Me sigue gustando, pero ahora no lo leo tanto como antes: me gustaba mucho Murakami, el autor japonés. Y él, por ejemplo, tiene una rutina cuando está escribiendo un libro. Cuenta que todas las mañanas se levanta y nada, creo que nada un kilómetro y medio, media hora más o menos.
O corre no sé cuántos kilómetros, porque no corro, así que no tengo esa noción de distancia. Y después se sienta, escribe como seis horas, que es un montón, y se va a dormir temprano. Y repite eso. Al menos por lo que él muestra, pareciera que es una persona que se enfoca un montón en lo que hace, porque no tiene redes, no da entrevistas, casi no lo ves en el circuito literario apareciendo en todos los eventos. Y me gusta eso de…
Magali: ¿De enfocarte en lo que querés hacer?
Aniko: Con todas las distracciones que hay hoy en día, y yo soy tan fácil de distraer.
Sí, voy tomando un poquito de todo el mundo. Me gusta mucho Keri Smith, que es la autora de Destroza este diario; me gusta igual por sus otros libros, más que nada cómo ser un explorador del mundo. Me encanta una caricaturista que se llama Lynda Barry, que es estadounidense, que también da clases. Hace escribir y dibujar a gente que cree que no puede ni escribir ni dibujar, y también me encanta su filosofía, sus métodos, sus libros.
Entonces voy tomando un poquito de todos los que me inspiran.
Y también es bastante un contraejemplo de alguien a quien le puede ir muy bien… Sin tener que estar haciendo todas las cosas que creemos que hay que hacer para que te vaya bien. Claro, lo que pasa es que esos son autores que yo siento que empezaron antes, en una época sin redes y sin tanto internet, porque él escribe hace como 40 años, creo ya.
Y fueron por otro circuito, entonces ya medio que se establecieron ahí.
Pero hoy en día, cuando empezás de cero, siendo nuevo en el mundo editorial, no sé, a menos que la pegues con un libro. Que también pasa, esos libros que de golpe explotan y después se hace la serie de Netflix y todo el mundo lo está leyendo. Pero es la excepción en realidad, porque hay muchos libros y son muy pocos los que explotan así. Entonces, claro, siento que esos que empezaron antes se pueden quizá dar el lujo de no tener que estar en redes, porque ya tienen un nombre, ya tienen circulación, ya tienen lectores. Pero si recién empezás, o incluso si estás hace unos años, las editoriales esperan que los autores también promuevan sus libros.
Ahí hay algo muy contradictorio, porque las redes sacan tanto tiempo. Y claro, para mí es un gran dilema que estoy tratando de resolver.
Magali: ¿Hay algo que pienses diferente al… …común de las personas, aunque sea antiintuitivo?
Aniko: Seguro, pero no sé ahora qué. No sé si pienso algo en específico, pero sí que soy muy desorientada, siempre me pierdo. A veces no me doy cuenta de las cosas más simples, que las tengo de frente, y no las deduzco. Pero ahora no se me ocurre.
¿Qué consejo le darías a tu versión de hace siete años?
Magali: Bien, bien. Quiero saber, con todo lo que pasó hasta ahora, qué le dirías a la versión de Aniko de hace… …pongamos siete años atrás, antes de Ámsterdam, en el momento en que te das cuenta de que ya no tenés tantas ganas de viajar y empiezan a aparecer esas señales.
Aniko: No sé, supongo que le diría que todo va a estar bien en algún punto.
Que del otro lado también hay algo, que no se termina todo con los viajes, que la vida no es solo los viajes, ni esas etiquetas que nos ponemos y que creemos que no nos podemos sacar nunca. Tal vez decirle: «También sos otras cosas, viste, no solamente viajera; sos una persona con muchos intereses. Y te va a tocar tratar de recordar cuáles eran esos intereses, o qué es lo que también te hace ser vos, más allá de viajar».
No sé qué más le diría: que va a estar todo bien, que va a llevar tiempo y mucha paciencia, pero que sí… Que va a salir, va a salir del otro lado.
Magali: Hermoso. ¿Cómo cerramos este capítulo? Palabras finales, algún pensamiento, un último mensaje a quienes nos escucharon, algo que no hayamos dicho, que haya quedado en el tintero.
Aniko: Ay, no sé.
No sé qué puede ser. Palabras finales… Siento que ya dije tantas cosas que ya no me acuerdo.
No, supongo que, al menos en mi experiencia… Si te cansás, está bien. Si te cansás de hacer lo que te gusta, es normal también.
Y, por ejemplo, esta organización que te contaba antes, The School of Life: yo fui a un evento que hicieron prepandemia, creo que fue en Suiza.
Me encantó. Fue una conferencia de tres días donde se hablaban un montón de temas necesarios para la vida, viste, que no nos enseñan en la educación básica, primaria, secundaria. Te enseñan un montón de cosas, pero no lo importante para desarrollarte como ser humano, qué sé yo, todo el tema de los vínculos, el trabajo. Estoy pensando de qué otras cosas hablaban; creo que de la confianza.
No sé, temas de cómo socializar.
Eso de cómo a veces le tenemos miedo a los demás, a la gente, y en realidad todos estamos medio perdidos en el fondo.
¿Y a qué venía todo esto? Ah, que uno de los oradores dijo que a lo largo de nuestra vida podemos tener, creo que había dicho, cinco carreras distintas. Entonces, no quedarse en «bueno, quizá durante diez años eso fue lo que quisiste hacer, lo que te sirvió», y ahora es momento de empezar algo nuevo, y no sentir «ah, pero soy demasiado grande, tendría que haber empezado antes». Es verdad que hay ciertas carreras que, si no las empezás de chica, no sé, como los deportistas, supongo; yo ya no puedo hacer nada olímpico aunque lo intente y aunque lo quiera, ya está, se me pasó. Pero bueno, hay otras cosas que uno puede seguir haciendo y aprendiendo, y me parece que nunca es tarde para aprender y para empezar, qué sé yo, a buscar otros caminos, otras alternativas, ¿no?
No quedarse atado a una versión del pasado con la que ya no nos identificamos.
Magali: Sí, cien por ciento, me encantó. Bueno, Aniko, gracias por venir y compartir todo esto.
Gracias a vos por invitarme. Te mando un abrazo grande.
Un abrazo. Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, compartilo, eso nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal, que lo podés recibir en tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos en la conversación están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales en @tienequehaberalgomas. Nos vemos la semana que viene.
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Preguntas frecuentes sobre este episodio
¿Quién es Aniko Villalba y de qué habla en este episodio?
Aniko Villalba es autora de libros y diarios interactivos. Dicta talleres de escritura, journaling y creatividad en escribir.me y en Domestika. Entre el 2008 y el 2018 vivío viajando: recorrío más de 50 esta (semi) quieta en Ámsterdam.Llena cuadernos desde toda la vida, ama las washi tapes, le encanta pegar stickers y no se imagina los días sin la escritura. Le encanta ayudar a otros a generar ese hábito de la escritura que tan bien le hace.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Aniko Villalba?
El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.
