Catalina Rengifo Botero
Catalina Rengifo Botero es abogada de profesión, y actualmente trabaja como Gerenta de proyectos de filantropía para Microsoft en América. Se ha desempeñado en varios cargos en el sector público en donde desde su liderazgo se materializaron programas y proyectos con impacto en diferentes comunidades. Lideró durante más de 10 años las relaciones con gobiernos en Latinoamérica para IBM.

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De qué hablamos con Catalina Rengifo Botero
- Trabajar en filantropía
- -Su proceso de fertilidad y cómo lo transitó. Contar su historia
- -Balance entre carrera laboral y su salud
- -Resignificar de manera positiva los problemas
- -Señales para pasar del empleo público al privado
- -Proyectos de Microsoft
- -Trabajar por otros en comunidad
- -Brechas en tecnología
- -Incluir la diversidad en las decisiones y procesos de desarrollo tecnológico
Transcripción
Catalina Rengifo Botero es abogada con maestría en gobierno y políticas públicas, lideró más de 10 años las relaciones con gobiernos en Latinoamérica para IBM y hoy es gerenta de proyectos de filantropía de Microsoft. En el episodio cuenta su proceso de fertilidad de siete años, por qué dejó IBM, los programas de capacitación de Microsoft y las brechas de diversidad en tecnología.
Introducción
Catalina: Esa pasión que nos permite entender dónde estamos y a dónde queremos llegar. Y en ese momento reflexionemos sobre esas personas que, al igual que nosotros, tienen sus pasiones y quieren llegar a otros lugares.
Porque si caminamos solos vamos a llegar rápido, pero si caminamos juntos vamos a llegar muchísimo más lejos.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast desarmamos la historia de profesionales valientes que se transforman para alinearse con sus valores. Analizamos el camino para entender cómo lo hicieron. Si querés saber el detrás de escena de esta conversación, todas las semanas escribo el correo semanal de Tiene que haber algo más directo a tu bandeja de entrada. Te mando mis recomendaciones y lo último del podcast. Recibilo el próximo jueves anotándote vos también en tienequehaberalgomas.com/correo.
Estamos escuchando a Catalina Rengifo. Ella es abogada, con una maestría en gobierno y políticas públicas. Lideró durante más de 10 años las relaciones con gobiernos en Latinoamérica para IBM y es gerente de proyectos de filantropía para Microsoft en América. Es miembro independiente de juntas directivas y consejos de asesores en compañías del sector de logística y tecnología. En esta conversación hablamos de cómo fue su transformación del sector público al privado, cómo es trabajar en filantropía y, como dice ella, que hay que usar mejor internet para aprender. Seguí escuchando. Antes de ir al episodio, un anuncio rápido: desde que empezamos el podcast recibimos muchísimos mensajes de oyentes desde 59 países, contando el valor que sacaron de escucharlo.
Después de hablar con cientos de ustedes, lanzamos la Comunidad de Tiene que haber algo más. La idea central vino cuando me di cuenta de que los tenía que conectar en red para que se conocieran. La Comunidad es una membresía global y remota donde aprendemos con otros profesionales desde más de 25 ciudades. Todas las semanas vienen invitados del show para hacerles preguntas de todo tipo en un espacio de confianza, o damos clases los que estamos dentro. Tenemos un club de lectura donde votamos un libro y nos juntamos a debatirlo.
Hay un chat que nos conecta a todos para pedir ayuda, compartir recursos, eventos y oportunidades laborales. Hacemos un desafío mensual, como por ejemplo usar máximo 1 hora las redes sociales, y compartimos todos los días una prueba para sostener el compromiso. Además, les comparto a los miembros una grabación exclusiva del podcast que no publicamos ni en Spotify ni en YouTube. Dentro hay personas talentosas y ambiciosas que están trabajando activamente en mejorar como profesionales en sus carreras y proyectos. Vas a encontrar personas en relación de dependencia con carreras súper interesantes, emprendedores, freelancers, y aunque cada uno esté en una industria diferente, nos une la forma de pensar. Te dejo el enlace en la descripción. Unite vos también en tienequehaberalgomas.com/comunidad. Ahora sí, vamos con Cati.
Hola, Cati, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.
Catalina: Hola, Magali, ¡qué rico estar contigo en este espacio y poder hablar con tantas personas a través de ti!
¿Cómo es el día a día de una líder de filantropía en Microsoft?
Magali: En representación de Colombia, Cati, quiero empezar con la primera pregunta: ¿cómo es el día a día de ser líder de filantropía en una empresa tan grande como Microsoft?
Catalina: Guau, el día a día de ser líder de filantropía en una empresa como Microsoft. Creo que va más allá de eso: el día a día de Cati. Porque yo soy una mujer, Magali, que ha entendido que los hábitos son esas cosas que todos los días siembras y después cosechas. Por consiguiente, mis días son llenos de acciones que son hábitos pequeños que he ido construyendo. Yo me levanto normalmente a las 5:00 de la mañana, soy una early bird, súper early bird, y a las 5:00 de la mañana medito.
Leo 10 minutos y, después de meditar y de leer, me voy para la piscina. Yo nado la mitad de la semana y troto la otra mitad de la semana. Entonces mi primera actividad del día es alimentar el cerebro, alimentar el corazoncito, respirar de manera consciente e ir a ejercitarme. Ya después de eso llego, tengo mis reuniones, hablo con muchísimas personas. Escucho sueños, Magali. Cuando tú trabajas desde filantropía y hablas con fundaciones, escuchas sueños y escuchas a las personas materializando sus sueños y volviendo esas acciones realidades que transforman las vidas de las personas.
Estar en el área de filantropía para mí significa un día a día lleno de compromiso con los otros seres humanos. Significa un día lleno de actividades que transforman realidades y de conversaciones que enriquecen el alma.
Mi día termina como comienza, Magali. En las noches hago yoga, medito, leo y duermo. Desde hace un tiempo tomé la decisión de no ver televisión en las noches. Creo que esas imágenes… terminas durmiendo pensando en ellas. No les voy a decir que no veo una serie, me encantan un par de series por ahí, que ahora podemos hablar de ellas, pero sí, prefiero un buen libro en mis noches.
¿Qué series y libros recomienda Catalina Rengifo?
Magali: OK, bueno, esta es la pregunta que viene al final del capítulo, vamos a hacerla al principio. Contame recomendaciones de serie, libro, película, cualquier cosa que hayas disfrutado y que hoy te gustaría recomendar.
Catalina: Voy a empezar con series, pese a que te acabo de decir que casi no veo televisión, pero voy a empezar con una serie porque fue una de esas series que yo no sabía que necesitaba hasta que la vi, y fue Ted Lasso.
Y te digo que es una serie que yo no sabía que necesitaba hasta que la vi porque, cuando empecé a entender no solamente el personaje de Ted, sino cada uno de los personajes y cómo se habían deconstruido para volver a construirse, comprendí que la serie tiene muchos más mensajes. Los mensajes van mucho más allá de simplemente la estrategia de liderazgo de Ted, de ser positivo, estar sonriendo y estar transformando sus lugares. Y para mí era eso, no sabía que la necesitaba. Porque cuando empecé a verla empecé a sentirme relacionada con el personaje.
Yo soy ese tipo de personaje, yo soy el personaje del que al principio la gente dice: «Ay, qué manera, esta vieja tan positiva, siempre llega contenta, siempre llega riéndose». Pero esa esencia transforma los lugares en los que uno trabaja y logras hacer ese team building que a la larga termina en un resultado positivo para el equipo. Esa como serie. Como libros, Magali, hay varios, pero quisiera antes hablar de un ser humano que tiene libros, tiene podcast, tiene una miniserie, un capítulo en Netflix, y no sé si la conoces.
Brené Brown. Y quiero hablar de Brené Brown porque es una mujer que a mí me ha cambiado la vida, y no me la ha cambiado solamente por el tema de la vulnerabilidad y aceptar la vulnerabilidad, sino que me la ha cambiado cuando habla de encajar y pertenecer. Cuando tú perteneces a un sitio, tú vibras.
Y Brené Brown me enseñó a mí a vibrar en los espacios en los que estoy. Gracias a la lectura de sus libros, a escucharla, a entender esos conceptos, he podido decidir dónde estoy y dónde no estoy, y qué decisiones tomo en mi vida para estar mejor. Voy con Brené Brown y sigo ahorita con un libro que leo desde que tengo 4 años. Oye, y soy culpable de leer El Principito una vez al año, y soy culpable porque la primera vez que lo leí, lo leí con mi abuelo.
Y mi abuelo me enseñó a leer desde muy chiquita y a encarretarme con la lectura. Y leer ese libro con él cada año significaba hablar cada año sobre qué nuevo estábamos viendo en el libro, y es un ejercicio que años después sigo haciendo yo. Leo el libro y: bueno, ¿qué encontré de nuevo en este libro? ¿Con qué me estoy relacionando? ¿Por qué me estoy acercando a esto? ¿Por qué me estoy acercando a lo otro?
Y para terminar, quiero hablarles de Viktor Frankl y El hombre en busca de sentido, y de Edith Eger y La bailarina de Auschwitz. No solamente son muy buenos libros, ricos de leer, sino, Magali, son libros que nos enseñan a entender que lo que pasa alrededor nuestro no podemos cambiarlo. Cómo resignificamos lo que está pasando alrededor nuestro es lo que podemos cambiar. Mira, durante el tiempo de COVID yo tenía una charla que se llamaba Corazón y Vida, y era encontrar en esa palabra, COVID, un significado diferente a lo que estaba sucediendo en nuestro ecosistema. Creo que esos serían mis libros.
Recomendados por hoy. Tengo una cantidad más; soy, como te contaba, adicta a la lectura, pero así, a quemarropa, en esta conversación creo que esas serían mis recomendaciones.
Magali: Bien, me gusta porque ya salió una invitada del podcast, que es Edith Eger. La tuvimos acá en el show, en la entrevista número 64.
¿Por qué contar públicamente un proceso de fertilidad?
Magali: Y no me muero, o sea, conocer a esa mujer puede ser un sueño para mí. Es que lo es, es un sueño. Y quiero leer algo que encontré que escribiste en una columna de opinión en El Colombiano, que justo viene muy relacionado. Este párrafo que agarré dice así: «Esas lágrimas que no corrieron por mi cara, sino que lo hicieron por mi garganta, me dejaron con un problema de tiroides precisamente por no hablar de lo que me estaba pasando.
Hoy, casi 4 años después, cuando las cicatrices están sanando, cuando la certidumbre de los para qué elimina los porqués, es que logro comprender la magnitud de las palabras de Edith Eger en su libro La bailarina de Auschwitz, donde ella dice: cuando ocultamos la fuerza de nuestra realidad y nuestra historia, los secretos pueden convertirse en traumas y en una prisión».
Quiero saber, para vos, ¿qué aprendiste de haber pasado por esta experiencia de poder empezar a contar tu historia?
Catalina: Mira, ese artículo… y qué rico que lo trajiste a esta conversación. Ese artículo nace de una experiencia de muchos años que tuve. Yo tuve un proceso de fertilidad, Magali, de 7 años, 8 años. Y qué rico que aquellas personas que nos están escuchando en otras partes del mundo, aquellas mujeres que sienten esa presión de ser madres, se tomen el tiempo de entender que sí, nos dicen de pequeñas: «Se te vino el periodo, eres mujer, ya puedes ser mamá». Pero esas son construcciones sociales que lo único que hacen es ejercer una presión en nosotras como mujeres. Y está bien que no desees, que no quieras ser mamá, y está bien que no lo seas, y está perfectamente bien que tomes tus decisiones. Pero para mí no estaba perfectamente bien, y no estaba perfectamente bien por una sencilla razón, y es que yo había crecido con la connotación de ser mujer igual a ser mamá. Y además con una particularidad, y es que en todos los retos que yo me había puesto en la vida había ido llegando a ese lugar en donde yo podía hacer check: lo logré.
Check, lo logré; check, lo logré. Pero ese ítem no lo había podido chequear. Entonces, cuando tú te enfrentas a un proceso de fertilidad en donde el mundo entero está esperando que tú hagas lo que están acostumbrados a que hagas, y es que hagas check, empiezas a entender que no solamente no depende de ti y tienes que resignificar ese momento, a propósito de Edith Eger, sino que hay que aprender a comunicar lo que estás sintiendo. Y lo que a mí me pasó durante esos 7 años es que, como yo tengo como profesión ayudar a todo el mundo y tratar de que todas las personas a mi alrededor estén bien…
Me tragué las palabras. Y no dije: estoy mal.
No dije: estoy destrozada con este proceso. No conté cuando estaba llorando porque nos decían que no había sido exitoso uno de los procedimientos que habíamos hecho. Y lo hice en su momento, Magali, pensando que estaba protegiendo a las otras personas del sufrimiento que yo estaba teniendo, pero creo que no solamente estaba protegiendo a las otras personas, me estaba protegiendo a mí de la vulnerabilidad que sentía frente a una situación que me presionaba a ser madre.
Cuando decidimos con mi marido, que es fundamental en mi vida y en este proceso claramente, detenernos y quedarnos los 2, y tomar la decisión de seguir en esta familia de Nicolás, Catalina, antes Tato, que era mi perro, y ahora Lucita, que es mi niña consentida, lo hicimos entendiendo que era una decisión de familia, pero que había que comunicársela a aquellas personas que estaban esperando que algo sucediera. Cuando lo hice fue como quitarnos un peso de encima, y en el momento en que yo lo hice, los anticuerpos de mi tiroides empezaron a bajar, los exámenes empezaron a mejorar y yo me sentí muchísimo mejor. Ahí fue donde comprendí eso que estaba diciendo Eger de la cárcel en la que tú te encierras cuando no decides hablar. Ahí entendí, Magali, que era verdad. Así que a todas aquellas personas que nos están escuchando, por favor, hablen, no se queden callados. Quedarnos callados nos ahoga.
Es que a la larga, sin el recurso de las palabras y sin el recurso de las lágrimas, somos una bomba de tiempo.
Magali: Además de normalizar la infertilidad, porque una de cada 7 parejas del mundo tiene infertilidad, y esto que creemos que es como tan natural, que todos tenemos hijos y es fácil quedar embarazados, está fuera de nuestro control.
Catalina: Y lo que me encanta es que utilizaste la palabra normalizar, porque además, después del proceso de fertilidad, yo seguí en una carrera de conversar con mujeres que estuviesen en la misma situación, para evitar que esas mujeres pasaran por esos momentos de soledad por los que yo pasé. Y algo que he visto que es por lo menos una constante en estos temas es que sienten como un rechazo por parte de la sociedad y una presión por parte de la sociedad por cumplir con esos estándares. Y se vale decir no quiero, se vale decir estoy cansada de hacerme tratamientos, se vale decir no le quiero meter hormonas a mi cuerpo, porque a la larga es una decisión tuya, es una decisión que nadie puede tomar por ti.
¿Qué deja un tratamiento de fertilidad de varios años?
Magali: ¿Cuáles dirías que son algunas consecuencias, como efectos secundarios inesperados, por haber pasado por tratamientos de fertilidad durante tanto tiempo?
Catalina: Mira, yo quiero hablar de efectos secundarios positivos y negativos, porque también hay cosas que pasaron por ese proceso de fertilidad en mi vida por las que yo le doy gracias al proceso de fertilidad, porque hoy por hoy tengo ese conocimiento en mi caja de herramientas. Gracias al proceso de fertilidad, yo aprendí que mi rol en la vida no era el rol que me habían enseñado, que era ser mamá, ser esposa, estar en la casa y aun así trabajar, porque obviamente uno tiene que salir, trabajar, ser proactivo, pero no olvides tu parte familiar. Yo aprendí que el concepto de familia es algo que nosotros decidimos cómo se configura. Para mí una familia puede ser un grupo de amigos, para mí una familia puede ser un grupo de trabajo, y eso lo aprendí durante ese proceso de fertilidad. Durante el proceso de fertilidad aprendí la importancia que hay en tener grupos de apoyo.
Aprendí a conocer mi cuerpo, Magali, y hay algo que yo no sé si a ti te ha pasado, y te pregunto, y es que uno no se conoce. Y cuando hablo de que no se conoce, no es la pregunta de quién soy. Físicamente. O sea, las mujeres no nos exploramos físicamente de chiquitas. Los hombres sí, uno los ve con la mano, ahí se tocan y se miran y yo no sé qué, y se comparan. Pero uno no, uno no se mira, a uno le enseñan que eso no lo toque, no lo mire. Y aprender uno a conocer su cuerpo físicamente es una de las cosas más hermosas que me pasó a mí.
Durante el proceso de fertilidad, porque además me estaban dando hormonas y tenía diferentes momentos y tenía que entender en qué momento estaba, aprendí a comprender qué pasaba con mi cuerpo cuando estaba ovulando. Pero qué pasaba, no es «ay, me duele un poquito aquí», no, no, no. ¿Qué pasaba con la sudoración? ¿Qué pasaba con el olfato, qué pasaba con la boca, qué pasaba con los oídos, qué pasaba con los diferentes sentidos? Y ese es uno de esos efectos secundarios que me encantan del proceso de fertilidad, porque creo que si no hubiese tenido ese nivel de conciencia que he adquirido durante esos años…
No sabría hoy qué está pasando por mi cuerpo cada día que pasa, y qué día puedo ser más eficiente y qué día no puedo ser más eficiente porque están sucediendo diferentes cambios. Eso por un lado. Por el otro lado, claramente todas las hormonas que le metí a mi cuerpo, los diferentes químicos… Yo no te puedo decir que yo terminé con Hashimoto porque me hice un proceso de fertilidad, porque a la larga el Hashimoto, Magali, es una enfermedad que viene con una connotación genética, una predisposición, por la alimentación, por las hormonas, una cantidad de detonantes, por el estrés. Pero sí puedo decirte que claramente yo sometí a mi cuerpo a una cantidad de hormonas, claramente lo sometí a una cantidad de estrés y, pues, 1 + 1 + 1, predisposición genética.
Pues no puedo decirte que fue por esto porque haría mal, pero sí puedo decirte que creo que existe una correlación entre una cosa y la otra. Creo que esos son los principales efectos secundarios, y las demás cosas, como te estaba diciendo, prefiero mirarlas desde el lado positivo.
Magali: Bien. ¿Cuál crees que es el desafío de balancear esto? Porque, a ver, obviamente es tu cuerpo, pero me imagino que a tu pareja todo esto emocionalmente también le afecta un montón.
¿Cómo se balancea la salud con la carrera laboral?
Magali: ¿Entonces cómo es balancear todas estas situaciones que pasan en la parte personal con las carreras laborales?
Catalina: Mira, ahí es donde yo creo que es importantísimo entender en qué compañía estamos trabajando y qué propósito tiene la compañía con la que estamos trabajando. Y voy a enlazar lo que acabo de decir con lo que me acabas de preguntar: yo creo que si yo no hubiese estado en la compañía en la que estaba en ese momento, en donde sentí el apoyo de mi jefe, sentí el apoyo del equipo de trabajo, sentí que había gente preocupada por lo que estaba sucediendo…
O sea, yo estaba en la mitad de un in vitro y era como: «Cata, no vas a viajar», «Cata, tienes que cuidarte», «Cata, fresca», «No, espérese, no estresemos a Cata con eso». Y yo sí sentía esa red de apoyo. Hay una mujer espectacular que me ayudó durante todo mi proceso de fertilidad. Ella era la gerente de recursos humanos. Y yo creo que es ahí en donde se da cuenta uno de que ese balance, o esa elección asertiva del lugar en el que vas a trabajar, a veces va mucho más allá de…
La decisión de por qué lo tomaste en ese momento. O sea, cuando yo decidí irme a trabajar a IBM, yo trabajaba en ese momento en IBM, lo decidí por otra cantidad de cosas. Nunca una de mis reflexiones sobre trabajar en IBM fue el día que yo esté en un proceso, pero sí me fui a una compañía que tuviese ese manejo ético del recurso humano, o de… a mí no me gusta la palabra recurso humano, más bien de la gente. Y cuando llegué a ese proceso de fertilidad me di cuenta de que realmente existía ese trato con las personas, así que eso fue un punto importantísimo. Ahora, yo personalmente con el trabajo, quiero contarles que como yo no estaba hablando con nadie, y yo no le decía a nadie lo que estaba pasando, y yo trataba de quedarme callada, no en la oficina, sino con mi grupo de apoyo…
Mis amigas. Yo creo que mis amigas supieron qué pasó cuando ya había pasado. Sí, «yo estoy en un proceso», pero nunca les conté si estoy bien o estoy mal. Yo siempre estuve bien, siempre la máscara que me enseñaron a ponerme. Pero me enfoqué muchísimo en el trabajo, Magali. Entonces me volví un poco workaholic y traté de hacer más y empecé a crecer profesionalmente. Y creo que esa es otra de las enseñanzas del proceso de fertilidad, y es…
A veces hay que entender el cuerpo y tomarse unos espacios de calma y de stop. O sea, estamos concentrados en esto, concentrémonos en eso. Y esa fue otra de las enseñanzas lindas de ese proceso. Ojalá eso lo hubiera sabido antes.
¿Qué te gustaría saber hoy que no sabías hace 10 años?
Magali: ¿Qué es otra cosa que sepas hoy que te hubiese gustado saber 10 años atrás?
Catalina: Oye, una cantidad de cosas. A mí me hubiera gustado hace 10 años tener la capacidad de gestión de sentimientos que hoy tengo. Me hubiera gustado tomarme la vida como me la tomo hoy y no como hace 10, 15 años. O sea, yo creo que tú hablas con las personas que me conocieron en el colegio y en la universidad y te van a decir: «No, Catalina es así, cuadriculada». Catalina, pues sí, es contenta, feliz, pero no el ser humano que hoy está aquí hablando contigo. Y tiene que ver mucho, Magali, con la persona con la que comparto mi vida, con la persona con la que decidí caminar el mundo, que es mi marido. Yo no sé si han visto Trolls, pero yo a mi marido le digo Poppy, como la troll rosada, porque ese es mi marido. O sea, Nicolás es un ser humano feliz y contento, y yo hace 12 años que estoy con él.
No era la persona que hoy soy y no me tomaba la vida como me la tomo hoy. Y qué rico hubiese sido haber crecido con esta capacidad de resignificar todo siempre hacia el lado positivo y no habernos dado tanto palo como nos dimos creciendo. Por lo menos yo me di mucho palo creciendo y fui tan crítica con esa Catalina Rengifo. Por eso son tan importantes las personas más cercanas que te rodean, ¿no? Que somos el…
El promedio de los 5 más cercanos, las 5 personas más cercanas a ti. Y uno cree, cuando le dicen eso, uno dice: «Ay, no, pero qué chévere la diversidad y conocer gente, buenísimo, conozca gente de todo tipo». Pero ¿a quién dejas entrar a tu espacio personal? Porque es que si yo me siento contigo, Magali, a mí me gusta el café y te hablo de café y te hablo de café y te hablo de café, pues va a llegar un momento en el que tú me vas a decir: «¿Sabes qué? Me cansé del café». Y pasa lo mismo con los libros y pasa lo mismo con las películas. Entonces sí es importante elegir esas personas con las que vamos a pasar más tiempo, porque van a afectar tu ser.
¿Qué señales indican que es hora de dejar un trabajo de 10 años?
Magali: Totalmente. Vos estuviste 10 años en IBM trabajando desde lo privado con gobiernos.
Quiero saber qué señales viste de que era hora de cambiar de trabajo.
Catalina: Ah, mira, yo creo que el COVID fue una gran enseñanza para eso. Yo me la pasé muy bien en esos 10 años, hice de todo, o sea, desde temas de gobierno, temas de responsabilidad corporativa. Yo me metí en los temas de universidades, yo daba charlas en temas de crecimiento personal con la compañía, soy coach de design thinking porque hice el programa con IBM. Me gocé cada año de IBM, y no fue un «no sé para dónde voy, no veo crecimiento aquí». Fue el COVID. Durante el tiempo de COVID yo tuve un tiempo de reflexión muy profundo.
¿Cuál es el propósito de Catalina Rengifo? ¿Cuál es mi propósito superior en este mundo? Sí, trabajar y pasarla rico, pero ¿cuál es ese legado que tú quieres dejar? Y empecé a pensar un poquito en ese legado desde la capacidad que tenemos de capacitar a otras personas, de compartir con otras personas, de crear puentes.
Y estando en esa discusión interna, me llama una amiga y me dice: «Oiga, mire lo que hay en Microsoft». Y veo yo: filantropía. Inmediatamente esa, yo digo, esa madrina que tiene uno en la mitad del pecho me dijo: «Hey, esto es lo que tú quieres». Y decidí dar ese brinco. Decidí tomar esa oportunidad, hice las entrevistas, apenas hablé con mi jefe dije: «Este personaje es muy interesante y qué rico poder trabajar con él». Y pues decidí cambiar esos 10 años con IBM y empezar en Microsoft, que no fue fácil. O sea, dejar IBM para mí…
Es un noviazgo de 10 años, Magali. O sea, yo le decía a mi marido que decirle a mi gerente de Colombia en ese momento, que yo lo veía como mi jefe, que además es un ser humano increíble, Patricio Espinoza…
Decirle chao a Patricio es de las cosas difíciles que he hecho yo en los últimos años de mi vida, porque ahí es donde uno entiende cuando te dicen que uno se va de los jefes, no de las compañías. Yo no me quería ir de IBM, yo no quería dejar a Patricio, sobre todo no quería dejar a Patricio, cierto, pero yo quería transformar mi vida y sabía que para transformar mi vida tenía que dar ese paso. Lo di hace 2 años y estoy feliz, brillando en lo que me gusta hacer.
¿Cómo llegar al trabajo soñado de la infancia?
Magali: Bien, ¿siempre tuviste a Microsoft como uno de esos trabajos soñados?
Catalina: Quiero contarte una historia, Magali, y es una historia de un dibujo.
Cuando yo empecé el proceso de Microsoft, y dije «mira, en el tema de filantropía», llamé a mi mamá.
Y mi mamá me dijo: «Te voy a mandar una foto». Y me mandó la foto de un dibujo que yo hice a los 5 años, y el dibujo era una niña con unos pantalones cargo, una camisa blanca, y decía: «Quiero trabajar en UNICEF». Quiero trabajar en un organismo internacional. O sea, era clarísimo en el dibujo lo que yo quería en la vida. Y mi mamá me decía: «Yo no sé en qué momento decidiste ser abogada», porque yo soy abogada de profesión, «pero yo siempre pensé que ibas a ser trabajadora social. Siempre pensé que ibas a trabajar con filantropía, con responsabilidad corporativa, porque era lo que en tu esencia, cuando eras chiquita, decías que querías hacer. O sea, tú querías ir a trabajar con los niños, querías ir a trabajar con los viejitos.
Tú cada vez que estabas en vacaciones me decías: llévame a un colegio con niños, llévame a sitios donde yo pueda ayudar a otras personas». Entonces creo que fue ese reencontrarme con esa niña chiquita en el momento en que vi el anuncio de Microsoft, que me dijo: «Hey, Catica, esa eres tú». Y ese salto… y sí, esa soy yo.
¿Son tan distintos el sector público y el privado?
Magali: Bien, me encanta. Vos, que tu formación es de abogada, trabajaste en gobierno.
Está clarísimo que el sector público y el privado son tipo completamente opuestos.
Catalina: No, no lo son. No lo son.
Magali: Contame cómo fue para vos esa transición.
Catalina: No lo son. O sea, todo el mundo te dice… A ver, sí hay cosas que son diferentes claramente, pero todo el mundo te dice el agua y el aceite, y no. O sea, las estructuras son burocráticas en el sector privado y en el sector público, porque a los seres humanos nos gusta la burocracia. Es difícil tener la concepción de «yo puedo hacer las cosas sin pedir permiso». No, uno tiene que levantar la mano, informar, decir. O sea, eso siempre va a pasar en el sector privado y en el sector público. Quizás la única diferencia que yo sí noté en el momento de cambiar es que cuando estaba en el sector público, mi trabajo iba a impactar directamente a la comunidad. O sea, yo hacía proyectos y programas en donde yo veía lo que estábamos haciendo directamente en la comunidad.
Cuando empecé ya con IBM, lo que yo estaba haciendo estaba, obviamente, enmarcado en un programa de una compañía, en los temas legales de la compañía, que es otro ambiente. Pero a la larga, sector privado, sector público, son personas, y somos seres humanos los que estamos en el sector privado y en el sector público, y el comportamiento de los seres humanos, tanto en lo privado como en lo público, es el mismo. Yo te puedo… a mí cada vez que me dicen: «¿No es un salto?», pues…
No, realmente. O sea, sí hay cosas que son diferentes, pero no es una transformación.
O sea, no es una isla de un lado y otra isla en el otro lado. Ponla más bien como un bonito terreno con un riachuelo chiquitico en la mitad, que la gente puede cruzar.
Lo veo más por ese lado.
Magali: Bien.
¿Qué programas de filantropía impulsa Microsoft en Latinoamérica?
Magali: ¿Cuál es alguna historia de la que estés orgullosa, del impacto que lograron en Microsoft con algún programa de filantropía?
Catalina: Ay, todos. A mí me hacen feliz todos los programas que hoy tenemos, porque además mi jefe, Jorge, es un ser humano que te permite soñar. A mí me encanta la gente que te permite soñar.
Y tenemos un par de programas abiertos en este momento, Magali, que me fascinan. Son programas que venimos trabajando, que ya llevan muchos años corriendo: programas de capacitaciones en donde hemos capacitado a 3.000.000 de personas, programas de capacitaciones de Excel, PowerPoint. Y yo sé que uno dice Excel, PowerPoint, y muchas de las personas que están conectadas dicen: «Ay, ¿cómo así? Eso es súper fácil». No, hay personas a las que el solo hecho de saber llevar sus cuentas en un Excel les transforma sus microemprendimientos.
Y aprenden a ser mucho más eficientes por poder entender cómo hacer cálculos en un Excel. Hay personas que se dedican al turismo que, cuando logran montar una presentación de PowerPoint, pueden ser mucho más eficientes en esa consecución de diferentes clientes. Entonces esos programas a mí me llenan de orgullo. Hay uno que me fascina, que es una plataforma, porque yo tengo un sesgo de género, entonces todo lo de mujeres me encanta. Tenemos una plataforma que es www.todasconectadas.org, que es una plataforma de aprendizaje para mujeres en Latinoamérica, que viene de la mano de ONU y de Mastercard. Entonces tienes un conjunto de cursos que me fascinan porque les dan esa perspectiva 360 a las mujeres para que puedan aprender, y tenemos uno en ciberseguridad que me está trasnochando, Magali. Lo estoy haciendo, y lo estoy haciendo porque, como soy un ratón de biblioteca, yo no puedo hablar de algo si no lo he hecho.
Y es un curso de ciberseguridad para mujeres en Latinoamérica con WOMCY, una entidad que, si no la conoces, te invito a que la conozcas porque es buenísima. Son unas mujeres que se han dedicado a fortalecer el conocimiento de ciberseguridad en la región en mujeres para cerrar la brecha, porque sí hay una brecha, hay una brecha grandísima: solamente el 27% de los trabajos en ciberseguridad son desempeñados por mujeres. Pero para mí la cifra más impactante de todo esto no es solamente la brecha, sino la cantidad de trabajos que están en este momento requiriendo en el mundo en ciberseguridad, alrededor de 3.000.000. O sea, hay 3.000.000 de oportunidades para personas para trabajar en ciberseguridad. Entonces yo creo que ese trabajo que estamos haciendo con WOMCY es una gran oportunidad que tenemos para fortalecer a las mujeres de la región. Y también otro programa que tenemos en donde estamos capacitando a niños y a profesores en Python en Colombia, por ejemplo. Estamos trabajando con un lugar en Colombia divino que se llama Buenaventura, en donde tenemos 5 colegios, estamos trabajando con 12 profesores y más de 400 chicos se están viendo beneficiados. Podría sentarme aquí a contarte una cantidad de programas que tenemos, porque todos y cada uno de ellos me hacen feliz, y me hacen feliz porque me acuesto en mi cama y digo: hoy hicimos algo por construir la realidad de otra persona. Hoy le devolví algo al mundo de lo que el mundo me ha dado a mí. Yo creo que es la responsabilidad que tenemos como seres humanos, Magali: entregarle al mundo eso que nos ha dado con tanto amor, en procura de beneficiar a las otras personas. Y te quiero contar una historia.
¿Por qué trabajar en comunidad?
Catalina: Mi abuelo, que ya he hablado de él varias veces, era un hombre increíble. Te voy a contar 2 historias de él. La primera es…
Uno de los primeros regalos que me hizo mi abuelo, Magali, fue un microscopio que tengo al día de hoy, un microscopio en cobre grandísimo, de esos a los que les toca buscar la luz.
Y yo recuerdo el día que me regaló el microscopio, y esa semana yo estaba encarretada viendo de todo bajo el microscopio, y él puso una hoja, una hoja de un árbol, una hojita. Hizo la sección bien de la hoja, la puso y me dijo: «¿Qué ves?». Y yo empecé a pintar la estructura que estaba viendo. Yo tenía 6, 7 años.
Y me dijo: «Catica, el mundo y las sociedades son como la hoja. Cuando una partecita de esa estructura perfecta falla…
La hoja se muere». Y era una forma en la cual él me ayudaba a entender esa necesidad que tenemos de trabajar con la comunidad, porque es que aquí estamos todos juntos y no puede haber alguien que esté mal, porque si la persona está mal, eventualmente todos vamos a estar mal. Tenemos que ayudarnos. Esa es, creo, una primera historia de mi abuelo. Y la segunda, relacionada con este mismo tema, es que el viejo me decía: «La diferencia entre ser ordinario y ser extraordinario está en el extra que das por otros». Y yo quiero ser extraordinaria y trabajo todos los días para ser extraordinaria, y por eso nuestros programas en Microsoft son extraordinarios, porque estamos ahí trabajando por los otros.
¿Qué brechas hay en ciencia y tecnología en Latinoamérica?
Magali: Bien. ¿Qué brechas dirías que viste vos en sectores de ciencia y tecnología? Pueden ser de género, pero sobre todo estructurales, en Latinoamérica.
Catalina: Magali, pues qué buena pregunta me haces, porque creo que brechas alrededor de los temas de ciencia, tecnología e innovación hay por todos lados. Y quiero empezar contándote una historia. Hace unos años, en uno de estos aparaticos de inteligencia a los que uno les habla y te ponen música y te dicen la dirección y demás, pues yo le hablaba y a mí no me escuchaba. Empezando porque todas se llaman como mujer, que tampoco lo he entendido, porque todas se llaman como mujer, o sea, como si las mujeres tuviéramos que resolverle la vida a la gente. Pero eso es otra conversación. Yo le hablaba al aparato y el aparato no me entendía, y yo le decía: «Amiga, te estoy diciendo», y la amiga no me entendía. Pero mi marido hablaba y a mi marido sí le entendía, y le entendía perfecto. Y en una conversación con una de mis mentoras, con María Paula Duque, María Paula me decía: «Cata, revisa la arquitectura que están utilizando para la creación de ese aparato». Y cuando empecé a investigar un poquitico sobre esos temas, entendí que esos sesgos de género se trasladan en ese momento de la creación del aparatico, y eso hace que las mujeres no seamos parte, por lo menos en ese contacto directo con la tecnología.
Y esa brecha es una brecha que no solamente es ética, sino económica, porque cuando tú tienes diversidad de todo tipo, no solamente de género, en una mesa, tienes formas diferentes de ver un mismo producto. Y cuando tienes formas diferentes de ver un mismo producto, tienes también la representación de la gente que va a comprar ese producto.
No sé si a ti te pasa, y a las mujeres que nos están escuchando, pero hay cosas que yo todavía me pregunto qué hombre las diseñó para las mujeres, porque no son cómodas. ¿Como qué? Como un brasier. Un brasier no es cómodo. O sea, una copa de brasier no es cómoda, un body que se abrocha abajo no es cómodo.
Cierto, hay ciertas cosas: el cinturón de seguridad no es cómodo. O sea, hay una cantidad de cosas en la forma en la que nos vestimos, en la forma en que estamos en el día a día, que hacen que no tengamos el nivel de comodidad que deberíamos tener. Y yo sé que estábamos hablando de tecnología, pero tiene que ver con esto: cuando tú no tienes mujeres en la ecuación, difícilmente vas a tener un resultado que refleje las necesidades de la población completa, y no solamente mujeres, todo tipo de diversidades. Por eso es tan importante, sobre todo en un… Yo sé que uno habla del sector de tecnología, a mí me gusta llamarlo la transversalidad de los sectores. ¿Por qué? Porque la tecnología está en todo.
Y si tú no tienes en ese todo la representación de quienes lo van a utilizar, vas a tener una brecha de usabilidad enorme, y entonces vas a tener personas que no van a poder utilizar lo que tú estás sacando al mercado porque no se sienten atraídas, porque no las representa, porque simplemente no hacen parte de él o, como en mi caso, porque no las entendía.
Magali: Decime si no hay algo mejor que cuando un vestido tiene bolsillos.
Catalina: ¿Sabes que no hay nada mejor que una falda o un vestido con bolsillos? O sea, no hay nada mejor, y acompañarlo con unos tenis.
Magali: Claro, es que leí que en el 1800 los vestidos de mujeres sí tenían bolsillos, pero en un momento se achicaron para que el hombre lleve las pertenencias de la mujer, y así quedamos hoy, con bolsillos inservibles.
En toda la ropa, que no te entra el teléfono.
¿Cómo ayuda la diversidad a derribar sesgos?
Magali: Qué ridículo. ¿En qué dirías que, en estos sesgos que tenemos inherentes en la sociedad, influye tener diversidad para poder derribarlos?
Catalina: Uy, ¿en qué influye tener diversidad para poder derribar los sesgos? Yo creo que cuando uno habla de sesgos y esquemas y estereotipos y barreras, como en una conversación que tuve hace un par de días, uno habla de construcciones sociales que nos enseñan desde la niñez.
Por consiguiente, la única forma en la que yo voy a poder cambiar esos sesgos, esos estereotipos, esas barreras, esas limitantes, es teniendo la posibilidad de conocer cosas diferentes que me permitan influir en la sociedad en la que estoy, para que esos sesgos, esas barreras, esas limitantes cambien. Hablábamos en un panel recientemente de romper esquemas, y yo les decía: no pensemos en romper esquemas, pensemos en recapitular esquemas, en modificar esquemas.
Quizá replantearnos los esquemas, porque a la larga, Magali, son construcciones sociales, y la única forma en que una construcción social va a cambiar es si yo he visto otras cosas y puedo permear la colectividad de pensamiento. Mira, hace como unos 7, 8 años llegué a una reunión y estábamos puras mujeres. Y luego entró un hombre y dijo: «Uy, qué reunión de hormonas». Yo dejé que terminara la reunión y cuando terminamos la reunión fui y le dije…
«Mira, tú tienes este cargo importantísimo en esta compañía.
Y me parece importante que te acuerdes de biología de primer grado». «¿Cómo así?». Y le dije: «Sí, la testosterona es una hormona.
Luego, si la testosterona es una hormona, una reunión de hombres es una reunión de hormonas, una reunión de seres humanos es una reunión de hormonas, porque en esencia los seres humanos somos hormonas». ¿Y por qué te digo eso? Porque muy probablemente esa reflexión él no la hubiera tenido, y no la hubiera aceptado, si no tuviese en ese momento una amplitud para escuchar pensamientos diversos a lo que él venía preconcebido. La diversidad es la única forma de romper los esquemas culturales.
Magali: Total, y qué difícil ante estas situaciones no dejarlas pasar. Me molesta la gente que cree que este tipo de comentarios no tiene impacto.
Catalina: Claro que tiene. Claro que tienen impacto. O sea, las palabras… Y a mí me fascina el tema de programación neurolingüística, Magali, porque las palabras tienen una connotación. Y la connotación, sí, como dice Eger, la situación y las connotaciones se las das tú, pero la repetición de las palabras y de las connotaciones hace que las personas, por ejemplo, decidan que no son buenas en matemáticas porque en algún momento les dijeron: «Eres malo para matemáticas». A mí me pasó, y muchos años después dije en un momento: replanteemos esta vaina que yo me creí porque alguien me dijo que yo era mala en esto.
Pero si no miramos las palabras que estamos utilizando, estamos reforzando esos esquemas. Si seguimos hablando de esas cosas que aprendimos en la niñez, que eran correctas o eran adecuadas de decir, pues no nos estamos realmente dando la oportunidad de transformar las realidades.
Cuando todavía decimos… no, no, esto para mí es la máxima: ¿qué tal los hombres que de vez en cuando dicen «no, yo soy súper feminista, en mi casa yo ayudo a limpiar, cocinar y arreglar»? Y yo me quedo mirando y digo: «Oh, por Dios, amigo, replantéate». Pero bueno, esas son construcciones sociales y culturales que, como equipo que somos todos, debemos replantear.
Magali: Sí, solo para aclarar esto por si es escuchado fuera de contexto: el feminismo tiene mucho que ver con balancear las cosas, no con ayudar a la mujer a lavar los platos, porque eso debería estar dado.
No debería estar de por sí repartido quién lava los platos.
Catalina: Mira, yo lo veo como un equipo de básquetbol. En un equipo de básquetbol no hay quien esté ayudando a quien a anotar las canastas, no, el equipo está anotando las canastas, el equipo está ganando. En un equipo de fútbol, uno voltea y dice: «No, es que yo estoy ayudando a Linda Caicedo a ganar con la Selección Colombia femenina». No, todas estamos jugando para ganar, todas estamos jugando por un resultado, y así debería funcionar la sociedad. Nadie está ayudando a alguien a ser eficiente y efectivo; no, todos juntos lo estamos logrando.
Magali: Cati.
Mensaje final: caminar juntos para llegar más lejos
Magali: ¿Querés hacer una última pregunta?
¿Que es cómo cerramos este capítulo?
Quiero dejar un momento de palabras finales, un mensaje a la audiencia, algo que haya caído en tu cabeza, que ya hayamos dicho o no, pero que digas…
Voy a compartir esto porque es la manera en la que cerramos.
Catalina: ¿De qué tema te gustaría que lo dijera?
Magali: Lo que se te ocurra, así, micrófono abierto para compartir con el mundo.
Catalina: Yo quisiera que nos sentáramos un ratico con los ojos cerrados al escuchar este espacio y reflexionáramos en eso que nos hace brillar, eso que nos conecta con el mundo, esa pasión que nos permite entender dónde estamos y a dónde queremos llegar. Y en ese momento reflexionemos sobre esas personas que, al igual que nosotros, tienen sus pasiones y quieren llegar a otros lugares.
Porque si caminamos solos vamos a llegar rápido, pero si caminamos juntos vamos a llegar muchísimo más lejos.
De mi vida hay muchas cosas que resaltar.
Pero la que más quiero resaltar en este momento con cada uno de ustedes es la capacidad y el impacto que han tenido las personas que me han tomado de la mano y me han ayudado a llegar más allá. En el mundo, siempre juntos somos más. Ayudar a otra persona es uno de los momentos más felices que podemos tener como seres humanos. Y ayudarnos a nosotros mismos en el proceso de vivir unidos es lo más importante que podemos tener. Magali, qué rico haber estado en este espacio contigo.
Gracias por esta oportunidad de hablar con tantas personas y por ese trabajo que haces tú. Porque ahorita hablábamos de la visibilidad y del contenido que existe en las redes y en los diferentes medios, que es contenido que genera un valor que no es el valor que esperamos generar como sociedad, y estos espacios que tú tienes generan ese valor de construcción. Estos espacios que tú tienes generan eso que mi abuelito me enseñó con el microscopio: esa capacidad de ayudar a cada partecita de la planta para que la planta funcione de manera articulada. Así que gracias, gracias a ti por este espacio y a las personas por escuchar.
Magali: Gracias, gracias por venir y compartir todo esto.
Catalina: Un abracito gigante, cuídate mucho.
Magali: Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo el capítulo con alguien a quien le pueda servir. Acordate que todas las semanas comparto ideas en el correo de Tiene que haber algo más. Escribo sobre mis recomendaciones y el detrás de escena de la Comunidad y el podcast, y lo mando todos los jueves directo a tu bandeja de entrada. Anotate vos también en tienequehaberalgomas.com/correo. Nos vemos la semana que viene.
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Preguntas frecuentes sobre este episodio
¿Quién es Catalina Rengifo Botero y de qué habla en este episodio?
Catalina Rengifo Botero es abogada de profesión, y actualmente trabaja como Gerenta de proyectos de filantropía para Microsoft en América. Se ha desempeñado en varios cargos en el sector público en donde desde su liderazgo se materializaron programas y proyectos con impacto en diferentes comunidades. Lideró durante más de 10 años las relaciones con gobiernos en Latinoamérica para IBM.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Catalina Rengifo Botero?
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