Floxie –

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Dónde encontrar a Floxie

  • https://twitter.com/floxie10
  • https://www.instagram.com/floxie10/

De qué hablamos

  • Dejar la relación de dependencia
  • Cambiar a los 40 años
  • Seguir aprendiendo
  • Prepararte para no tirarte al vacío 
  • Ayudar a conectar varados en la pandemia
  • Que aprendió de trabajar en el aeropuerto 20 años
  • Ir con tiempo al aeropuerto y bajar la ansiedad
  • Situaciones extremas en el aeropuerto
  • Los peores pasajeros que se cruzó
  • El lado B de estar en el aeropuerto
  • Despedidas en los embarques
  • Ver en el 2001 la immigracion de Argentina
  • Cómo decidió compartir conocimiento con los usuarios
  • Empezar a escribir con Sir Chandler
  • Dejar tu trabajo aunque te guste
  • Conectar gente
  • Miedos y prejuicios de dejar su trabajo
  • Empezar desde el anonimato
  • Sacarse la máscara a fin de año
  • Buscar oportunidades
  • Renunciar con 40% del salario
  • El desafío de ponerle su nombre al personaje
  • Usar la audiencia para ser bueno
  • Lidiar con el hate en redes sociales
  • Encontrarse a lectores en viajes
  • Cómo supo que tomo la decision correcta
  • Momentos de felicidad e incertidumbre
  • Pasar de trabajar en equipo a trabajar sola
  • Que cosas le cuesta
  • Lo malo de la exposición
  • Poner límites con la audiencia  
  • Alertar a otros viajeros para que no viajaran en 2020
  • La coordinación entre los varados fuera de Argentina
  • Cómo armó grupos de varados por país
  • Reconocimiento por su labor en la pandemia
  • Su crecimiento en pandemia
  • El costo mental de ayudar durante el covid
  • Como fluctuaron sus ingresos en pandemia
  • Viajar con perro
  • Argentina poco pet friendly
  • Su relación con el síndrome del impostor
  • Reglas cambiantes en redes sociales
  • Diversificación de la audiencia
  • Su último vuelo trabajando en la aerolínea
  • Viajar sola para conocerte
  • Ser humilde y tolerante

Recomendaciones de Floxie

  • Podcast cómo fabricar tiempo
  • Youtube Sir chandler

Transcripción

Floxie (Florencia Jiménez) trabajó 20 años en aerolíneas y aeropuertos, entre ellas British Airways, y a los 41 renunció para vivir de El Mundo de Floxie, su blog y sus redes de viajes. En el episodio cuenta cómo arrancó desde el anonimato, cómo armó la red de grupos de varados durante la pandemia y cómo convive con el miedo y el síndrome del impostor.

Introducción

Floxie: El miedo nunca se va a ir y vas a tener que convivir con el miedo, está ahí siempre, y el tema es lograr hacer las cosas igual aunque tengas miedo. Prepararte, porque creo que si yo te digo: «Ay, dejé todo y mi vida es un éxito», es una mentira más grande que una casa, porque la realidad es que para dejar mi vida en relación de dependencia armé un plan y me aseguré de tener una parte de lo que eran mis ingresos, como para no tirarme al vacío tampoco después de haber construido durante 20 años toda mi carrera.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Te pasó alguna vez que te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida? En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron y viven más alineados a sus valores.

Contamos historias y desarmamos sin humo cómo lo hicieron. Enterate del detrás de escena uniéndote al correo semanal en tienequehaberalgomas.com/correo. Estamos escuchando a Floxie: con 20 años de carrera aeronáutica, ella creó un blog de viajes. Tiempo después renunció para trabajar en su proyecto. Ella es una persona que se reinventa, y en esta conversación contamos el detrás de escena. Yo soy su lectora fiel hace muchos años, así que es un honor tenerla acá.

Podés buscar esta conversación con video en YouTube y en redes sociales. Buscá en arroba Tiene que haber algo más y contame: ¿qué te parece el capítulo?

Hola, Floxie, y bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a conversar conmigo.

Floxie: Hola, Magali, ¿cómo estás? Un placer estar acá con vos en este momento.

Magali: Me encanta, soy fan tuya. Creo que muchos de los que escuchan este podcast probablemente sean fans tuyos de hace muchos años, leyendo el blog y viendo las cosas que vos publicás. Para los que no te conocen, ¿querés contarnos quién sos? Así, como un breve resumen para arrancar.

Floxie: Bueno, mi nombre es Flor Jiménez, Florencia Jiménez, pero todo el mundo me conoce como Floxie. Floxie es como mi alter ego, es el personaje que creé en las redes para, en un principio, dedicarme a un hobby que tenía, que era escribir en un blog que empezó con la idea de poder ayudar a la gente que no tenía mucha experiencia viajando. Yo trabajé 20 años en la industria aeronáutica, en un aeropuerto, el aeropuerto de Ezeiza, y veía muchas escenas cotidianas de gente que tenía problemas que realmente eran cosas que podrían haberse evitado: familias enteras peleándose, los chicos tirados en el piso haciendo berrinche, matrimonios a punto de divorciarse.

«¿No, vos tenías que agarrar la libreta?», «¿No te dije que vos…?», «¿Por qué?». Bueno, nada, situaciones que eran totalmente evitables con un poco de información, digamos. Uno puede prepararse mejor para un viaje. Entonces dije: «Bueno, no hay mucha información acerca de lo que es el lado B de las aerolíneas, de lo que uno necesita». Hay mucha información de destinos, etcétera, pero no tanto de lo que hay que hacer.

Entonces dije: «Voy a empezar a escribir sobre esto». Yo estudié comunicación social, entre otras cosas, y la verdad es que es un espacio que encontré como un cable a tierra. Y empezó a darme mucha satisfacción: la gente empezó a responder muchísimo, se creó una comunidad y, bueno, la verdad, cuando empecé a hacerlo nunca pensé que iba a vivir de esto. Jamás. Lo empecé como un hobby, como algo que me daba mucha alegría, y se convirtió en mi medio de vida hace cuatro años.

Dejé de trabajar en relación de dependencia para dedicarme 100% a mi proyecto, que es El mundo de Floxie, que es mi blog con mis redes sociales, y hoy en día vivo de crear contenidos de viajes después de 20 años de una carrera aeronáutica que iba en ascenso, en la cual dije: «Bueno, tiene que haber algo más». Y me dediqué a seguir un poco mi corazonada y lo que mi interior me dictaba en ese momento, que era: «Tenés que jugarte por esto, contra viento y marea», ¿no? Y contra todas las voces externas que decían «estás loca», básicamente. Y bueno, acá estamos hoy en día, vos y yo en este espacio, hablando un poco de esto.

Magali: Perfecto, quiero empezar por acá porque nos llegan muchos mensajes en el podcast de gente contando sus historias, queriendo transformarse y sin saber bien cómo empezar. ¿Qué le dirías vos a alguien que está disconforme con su situación?

¿Cómo se cambia de carrera a los 40 aunque dé miedo?

Magali: Puede ser laboral, personal, pero que está en sus cuarentas y siente que tiene miedo al cambio.

Floxie: El miedo nunca se va, es algo con lo que vos tenés que convivir, sobre todo pasando los 40. Yo este cambio lo hice a mis 41, lo cual era bastante arriesgado. Digamos, arriesgado para el resto del mundo, pero vos sabés cuáles son tus capacidades.

¿Cuáles son tus herramientas? Yo sabía que me iba a lanzar a esta aventura y que, si fallaba, iba a tener un soporte, un sustento, que son todas las herramientas que adquirí a través de mi trabajo, a través de lo que estudié, a través de los años. Y bueno, yo lo que puedo decir es que el miedo nunca se va a ir y vas a tener que convivir con el miedo, porque está ahí, está ahí siempre, y el tema es lograr hacer las cosas igual aunque tengas miedo. Segundo, prepararte, porque creo que si yo te digo: «Ay, dejé todo y mi vida es un éxito», es una mentira más grande que una casa, porque la realidad es que para poder dejar mi vida en relación de dependencia armé un plan y me aseguré de tener asegurada una parte de lo que eran mis ingresos, como para no tirarme al vacío tampoco después de haber construido durante 20 años toda mi carrera. Y aparte, sobre todo, también creo que es muy importante capacitarse, ¿no?

No decir: «Ah, bueno, estudié esto y acá terminó mi vida, ya no estudio nunca más en mi vida». No: constantemente. Creo que hay que ser flexible, hay que adaptarse a los cambios, hay que ser muy camaleónico. El mundo va cambiando y nosotros también, por consecuencia, y también lo que la gente pide, las necesidades. Vos imaginate que yo, cuando era chica y pensaba qué iba a ser cuando sea grande, no decía: «No sé, quiero hacer un blog de viaje». No existía eso. No hay nadie que diga: «Mi abuela era blogger de viajes». Entonces es algo que no existía en ese momento. Todas estas cosas nuevas que van surgiendo tienen que ver también con la capacidad de uno de adaptarse a cómo va girando el mundo, cómo va transformándose, y por lo tanto uno también tiene que ser flexible para poder adaptarse al mundo, a lo que va pasando. Creo que lo más importante para mí es ser flexible, capacitarse todo el tiempo, tener un plan.

Me parece que esas son las tres claves, sobre todo si están disconformes con lo que hacen. Creo que es una buena forma de empezar. Creo que los pequeños cambios son los que ayudan a una transformación posterior. Y empezar por hacer algo que disfruten mucho, dedicarse el tiempo como para hacer algo que les guste mucho, aunque sea, no sé, salir a caminar, dar una vuelta, andar en bici, pintar o ponerse a escribir.

No sé, algo que los conecte con ustedes, y eso después va a hacer que surjan nuevas cosas. Pero hay que empezar por pequeños cambios si a uno no le gusta la realidad que está viviendo, como la frase: «Si querés resultados diferentes, hacé cosas diferentes». Tiene que ver un poco con eso: empezar a probar cosas nuevas, empezar a capacitarse, empezar a cambiar la rutina, a incorporar nuevos hábitos. Creo que es la clave, un poco, para ir hacia una transformación mayor.

Magali: Floxie, pasaste por cuatro carreras universitarias, que es un montón. ¿Cuál es el valor que vos le ves a seguir aprendiendo el resto de tu vida?

Para mí es importantísimo. Yo, cuando salí del secundario, me puse a estudiar comunicación social, hice cuatro años, no terminé la carrera porque, bueno, era una época de mucho paro. Pero siempre estuve en la búsqueda. O sea, no es que salí del secundario y dije: «Ay, yo quiero ser abogada, yo quiero ser médica». Yo no tenía idea. Yo dije: «Bueno, voy a hacer algo que me guste», pero no sabía muy bien qué onda, y así fue mi búsqueda hasta los 32 años, que seguí estudiando.

Estudié diseño audiovisual, estudié fotografía, estudié turismo, y siempre estudiaba cosas que me gustaban. Yo, la verdad, no sabía muy bien si me iba a dedicar cien por ciento a esto, pero sí sabía que las herramientas que me dieran estas carreras me iban a ayudar en algún momento, para algo. No sabía bien, pero bueno, siempre con esa idea, nunca teniendo claro qué es lo que quiero. Porque los que dicen «tengo claro lo que quiero hacer» enseguida, bueno, son muy pocos los casos, y quizás hasta después empiezan a hacer una cosa y terminan haciendo otra. O sea, uno tampoco tiene que ser tan rígido de pensar «quiero hacer esto y es inamovible». Yo creo que cuanto más conocimiento una incorpore, más le va a servir.

Yo hoy en día, a la distancia, le doy vuelta y miro todo lo que estudié. Fijate que todo tiene que ver con lo que estoy haciendo ahora. O sea, tengo un blog, estoy en redes con mis fotos, hablo de turismo, de destinos. Todo confluye en un lugar.

Yo en ese momento, cuando estaba estudiando, no lo sabía. Entonces no solamente todo lo que yo estudié me sirvió para hacer lo que hago hoy, sino también toda mi experiencia laboral. Todo me sirvió. O sea, yo para trabajar en el aeropuerto hice muchas capacitaciones afuera, con grupos de gente de todos los países, aprendí cosas nuevas. Siempre que entraba a un trabajo nuevo en alguna aerolínea, yo decía que quería aprender lo más posible, que estaba dispuesta a aprender.

Lo que sea. Siempre tuve esa actitud, me parece que es súper importante. Cuando uno entra a un trabajo, por más aburrido que sea, por ahí piensa: «¿Qué me voy a llevar de esto?». Siempre, aunque sea el laburo más embole del mundo y aunque sea una pavada, eso te va a dar una herramienta que en un futuro vas a utilizar. A mí, todo lo que es el trabajo en el aeropuerto me dio todos los skills, todas las herramientas que después pude aplicar.

Por ejemplo, hoy en día, mis redes. Cuando fue lo de la pandemia tuvieron un rol de ser un poco puente entre la gente que había quedado varada y de información hacia la gente que no podía volver a casa. Yo todo el trabajo en equipo que hacía en el aeropuerto, el hecho de liderar equipos, de organizar todo eso, lo apliqué a las redes, y lo hice de una manera muy natural, me salió muy espontáneo porque ese era mi trabajo en el aeropuerto.

Ante una contingencia, debíamos organizar grupos, organizar procesos, y un poco lo apliqué a mis redes. Entonces ahí entendí. Digo: «Qué importante esto». Lo que yo aprendí en mi trabajo sirve también para cualquier ámbito. Entonces yo pienso que cualquier cosa que uno aprenda en cualquier ámbito de la vida, en un momento podés aplicarla en otro ámbito de tu vida. Entonces todo lo que ingresa, todo el conocimiento, toda la experiencia, uno después lo puede capitalizar y aplicar en otros ámbitos de la vida.

Entonces para mí no sobra ni el conocimiento ni la experiencia. Todo uno lo puede utilizar después, capitalizar, para aplicarlo en otro lugar y para realmente hacer cosas buenas, aportando la experiencia, que es única, irrepetible, y que solo uno va capitalizando y aplicando.

Después pasamos a esta parte de la trayectoria de 20 años en el aeropuerto, pasando por múltiples aerolíneas. Quiero saber qué aprendiste en estos 20 años.

¿Qué se aprende trabajando 20 años en un aeropuerto?

Magali: Bueno, qué aprendí. Sobre todo, a ser flexible. Cuando uno trabaja en el aeropuerto sabés cuándo entrás, pero nunca cuándo salís. O sea, todos los días son distintos: puede haber una cancelación, una demora, lo que sea, y vos te tenés que quedar hasta que el vuelo se vaya. Entonces, digamos que ningún día va a ser igual al otro, y eso te enseña a ser flexible, a adaptarte a los cambios, a las situaciones. Segundo, creo que lo más importante: a trabajar bajo presión. Los tiempos en aviación son muy rápidos, uno tiene que tomar decisiones rápidamente y, sobre todo, tenés que mantener la calma.

Entonces, tratar de bajar un poco la ansiedad y responder tranquilamente ante situaciones que requieren que uno esté concentrado y no pierda la cordura es un ejercicio que a mí me sirvió mucho, porque en los aeropuertos siempre tuve un montón de situaciones que me enseñaron a no perder la calma y a tomarme las cosas con frialdad, y decir: «Bueno, ahora tenemos que pensar cuál es la mejor solución, sin volvernos locos, la más coherente». Otra cosa que aprendí es que cuanto más le escapás al problema, más te persigue.

Eso es algo que aprendí sobre todo cuando empecé a tener cargo de supervisora. Los problemas se tenían que resolver ya. Cuanto más rápido te los sacabas de encima, mejor ibas a estar. Si no, te perseguían, te perseguían, te perseguían, y no te dejaban seguir con tu vida. Y realmente creo que fue una experiencia muy enriquecedora para mí, porque me permitió aprender a manejarme ante situaciones extremas, poniendo todo de mí en situaciones que eran también difíciles. Imaginate que cuando uno viaja, por más que sea por algo lindo, de vacaciones o lo que sea, implica un nivel de estrés grande. Creo que está entre las actividades más estresantes, además de mudarse o la muerte de alguien querido. Viajar, por más que sea hermoso, implica una situación de estrés, de ansiedad.

Obviamente, por eso yo siempre digo que hay que estar preparado y con tiempo. Hay que tratar de bajar un poco la ansiedad en esas situaciones, como para tener un viaje más tranquilo. Pero bueno, imaginate la gente que está a flor de piel, y vos venís a decir: «El vuelo se canceló». «Y voy a un casamiento, tengo que ir a no sé qué lugar y no llego, ¿qué hago, me pongo un avión?». Y bueno, la gente ya empieza a ponerse violenta. Entonces es un aprendizaje saber manejar ese tipo de situaciones, que obviamente vos sos una viajera de hace años y sabés que hay un montón de situaciones.

Que se dan en los aeropuertos, que son bastante estresantes, que seguramente viste vos misma, y seguramente recordás a la persona que estaba atendiendo a un grupo de personas que la querían prender fuego. Bueno, esa era yo, o mis compañeros, en muchísimas situaciones. De hecho, creo que debe haber videos de YouTube donde estoy ahí en el medio y la gente gritando mi nombre, «mentirosa» y qué sé yo. Alguna vez me he buscado, pero claro, como no está mi nombre, no aparece. Pero te juro que de esa época, que había bastante conflicto, una época en particular, me acuerdo de que debe haber algo en YouTube, seguro.

Contame qué situación así extrema se te viene a la cabeza que hayas vivido en el aeropuerto.

Floxie: Tengo varias, pero me acuerdo una vez que había muchas cancelaciones en una de las aerolíneas, que era Aerolíneas Argentinas. Yo estaba de supervisora y me acuerdo que había como cuatro vuelos demorados y dos cancelados.

No había tripulación, era una situación medio rara y extraña, y bueno, la realidad es que yo había entrado a trabajar a las 6 de la tarde y me iba a las 6 de la mañana. Eran turnos de 12 horas, hacíamos 2 por 2, de 12 horas, ¡era hermoso! Y había un vuelo Buenos Aires-Río, de 3 horas. Se tendría que haber ido a las 12 del mediodía, y a las 6 de la tarde todavía no salía. Bueno, ese vuelo, de no sé, 150 pasajeros, estuvo demorado desde las 12 del mediodía del sábado.

Hasta cuando yo me fui, a las 7 de la mañana del domingo, por 3 horas de vuelo a Río. O sea, fue terrible. Esos pasajeros obviamente ya conocían mi nombre y mi apellido, y llegó un momento en que me rodearon en el área de embarque y empezaron a gritar mi nombre y todo. Viste, yo contaba con lo que me decía la gente de coordinación: «No, salen en 2 horas», «Salen en 3». Claro, yo iba a poner la carita: «Salen en 2 horas», y después a las 2 horas no salían, salían en 3, en 6. Claro, me querían matar. Yo también me hubiese querido matar, siendo pasajera, pero la realidad es que excedía mis decisiones y estaba pasando una situación compleja, interna. Yo tenía que dar la cara, pero la gente se puso muy violenta y realmente ahí sentí…

No tuve un ataque de pánico, pero casi, porque estuve encerrada. Tuve una ronda de gente que gritaba mi nombre, y yo estaba paralizada. Estaban llamando a la policía. O sea, no me pegaron, pero estuvieron a punto. Era yo, así, chiquita, y alrededor hordas de gente, como un círculo. Bueno, vino un compañero, flaquito, chiquitito, Nico, me agarró de la mano y me dijo: «Flor, corré». Y me agarró y nos fuimos corriendo fuerte. Te juro, no me daba el cuerpo, pero logré salir de ahí. Imaginate que hacía 13 horas que estaba laburando, y la gente me estaba comiendo la cabeza, que obviamente tenía razón, pero era una situación de fuerza mayor. Y nada, me acuerdo que llegué a la oficina y estuve media hora llorando y temblando por la situación estresante que viví.

Después se fueron acomodando, pero esa situación fue muy complicada, y fue como decir: «Bueno, hasta acá llegué». Y dije: «No, no quiero venir a trabajar y que esto sea así». Así que bueno, ahí fue cuando decidí tomar otros rumbos. Pero también fue una gran escuela pasar todas esas situaciones, que obviamente no se las deseo a nadie, pero me hizo muy fuerte atravesar todo eso.

Magali: Fue un desafío. Suena un montón, suena como demasiado para un trabajo.

¿Quiénes son los peores pasajeros y qué pasa detrás del mostrador?

Magali: No era como mucho más en una aerolínea. Yo creo que los pasajeros, cuando viajamos, podemos ser muy desastrosos. O sea, quiero saber cómo eran los peores pasajeros con los que te cruzaste.

Floxie: Y, a ver, no quiero estigmatizar, pero los peores, en el sentido de tratar, eran los abogados. Enseguida saltaban: «Porque yo soy abogado». «Bueno, señor, y yo soy Florencia, ¿qué tal?». «¿Vos sabés quién soy yo?». «No, no sé, si usted no sabe, lo puedo ayudar, señor». Eso era tremendo: «Porque yo viajo por todo el mundo y a mí esto nunca me lo hacen». O sea, siempre los pasajeros prepotentes son los más difíciles de tratar. Y entiendo que la gente se enoje, pero una cosa es reclamar tus cosas con respeto y otra cosa es la falta de respeto, hacerte el prepotente, querer pasarte por encima, tratarte de idiota. Eso era demasiado, esos eran los más complicados.

Eso, todos los abogados. Pero bueno, no vamos a generalizar, pero sí me acuerdo que eran los más conflictivos, porque empezaban y salían con que «es mi derecho», que tal cosa. Está bien, todo el mundo tiene que reclamar lo que corresponde, pero lo que yo cuestiono son las formas, las formas en las cuales te dirigís hacia la otra persona.

Magali: Sí, clarísimo. Y además de tener estos beneficios fabulosos, como viajar mucho más barato que el resto de los mortales, quiero saber cómo es el lado B de estar en un aeropuerto. Esto que, por ejemplo, contabas de los turnos de 12 horas, ¿qué más se te viene a la cabeza?

Floxie: Yo te explico: trabajar en el aeropuerto, en una aerolínea, es como otro mundo, es totalmente distinto. El que labura en el aeropuerto rara vez se puede visualizar en una oficina o en algún lado, porque tenés libertades que son distintas. O sea, es un trabajo en el que estás en constante movimiento, ya sea que estés en el mostrador o donde sea.

El que labura en el aeropuerto está en distintos lugares: está en el arribo del vuelo cuando llega, en la rampa, en el check-in, depende de la aerolínea y del puesto que tengas. Pero eso es una de las cosas. También tiene que ver con que son horarios rotativos. Trabajás Año Nuevo, Navidad, feriados. Es como que tu vida va al revés: tus amigos están todos de joda el fin de semana y vos te estás levantando a las 4 de la mañana para ir a trabajar un fin de semana, ¿entendés? O sea, tiene un montón de cosas que van sacrificadas, pero la retribución es poder laburar en un ambiente en el cual ves gente nueva todos los días y aprendés un montón, porque imaginate que el que está en el check-in es también un poco el psicólogo del pasajero. Me acuerdo una vez que atendimos a una señora que tenía, no sé, creo que 81 años, y estaba toda emocionada. Viajaba a Escocia, se iba a casar con el que había sido su primer novio hacía…

Mil años. Él se había ido a Escocia, pero lo encontró después de no sé cuántos años. Ella creo que ya se había casado dos veces, y se iba a casar con el amor de su vida, que era su primer novio, después de no sé cuántos años, 70 años, 60. Y la señora estaba toda emocionada, imaginate. Estábamos todas fascinadas. La acompañamos personalmente a hacer migraciones, todo, a asegurarnos de que llegara a la puerta, pero fue una emoción. La señora, viste, contaba esa historia y vos flasheabas, te encanta. Y la gente te cuenta, viste: «Voy a conocer a mis nietos», «Voy a encontrarme con el amor de mi vida».

Hay un montón de situaciones, de historias que hay atrás de cada uno que viaja. Imaginate, yo siempre visualizaba el aeropuerto como un lugar mágico. Llegabas a la zona de arribos y veías a toda la gente ahí esperando, y yo pensaba: «Bueno, le sale un globo a cada uno», y cada uno tiene una historia distinta que se va entrelazando. O mismo en el embarque, toda la gente que se está despidiendo, saber cuántas historias, cuánta gente emigrando. Yo viví en el 2001 la emigración masiva que hubo, de acuerdo. Era durísimo ver un montón de historias ahí, la gente que se iba, qué sé yo, hay mil historias. Sobre todo, algo que me dio el aeropuerto y de lo que aprendí mucho, y esto me quedó, es que cuando uno trata con gente de todos los países y todas las nacionalidades, aprende también a ser más tolerante y entender que hay otras realidades más allá de la de uno. Uno no es el ombligo del mundo.

Bueno, eso te lo da viajar también, pero digo, tratar todos los días con gente de otros países te hace ser mucho más abierto y tolerante.

Y entender, tener una visión más amplia de lo que es el mundo y de otras realidades también. Eso para mí es oro, es oro. Te permite a vos mismo ser mucho más tolerante y abierta, y también estar abierta a aprender un montón de cosas que la misma gente te iba enseñando, a pesar de que tenías un trato de 5 a 10 minutos nada más.

Magali: Siento que con la cantidad de lágrimas que se han derramado en Ezeiza podríamos…

No sé, regar, viste, el noroeste argentino. Probablemente sea uno de los lugares donde más se llora en todo el país.

Floxie: Totalmente. Esa parte de embarque es terrible, terrible. Sí, sí, es tremendo, tremendo. Me acuerdo que siempre que pasaba por arribos, cuando veía un encuentro, siempre lagrimeaba, o cuando pasaba por el embarque también lagrimeaba viendo las despedidas. Es imposible no emocionarse, porque es tan puro lo que pasa ahí, el sentimiento tan puro, pero bueno.

Magali: Sí, la verdad es que está para hacer una novela, ni hablar lo que habrá visto el de seguridad, me imagino, el que está ahí parado.

Floxie: Ah, sí, era tremendo, siempre con pañuelitos en el bolsillo.

Magali: Ni hablar. Lo podrían agregar al aeropuerto. Quiero saber qué pasó en vos, trabajando en todo esto, cuando decidiste empezar a compartir contenido para ponerte al servicio de los usuarios y empezar a escribir en un blog en 2014.

¿Cómo nació un blog de viajes para evitar problemas en el aeropuerto?

Floxie: Como te dije, todo empezó por una necesidad de alertar. Yo te digo, a mí me ha tocado mucho ver situaciones en el aeropuerto que se podrían haber prevenido. Ya te digo, desde algo como, no sé, «no plastifiques la partida de nacimiento, porque migraciones no te la toma» cuando viajás con menores, hasta «necesitás una vacuna de fiebre amarilla» y nadie te lo dijo, y llegaste y ahora ya no lo podés solucionar, y perdés el pasaje.

Y en esos momentos, imaginate que yo entré en el 98 a trabajar en el aeropuerto, hace un montón. En ese momento no había herramientas como ahora, que tenés el RENAPER, que te podés hacer el pasaporte de emergencia. O sea, pagás una fortuna, pero en última instancia tiene solución. Podés hacer un permiso de viaje para menores. Antes no existía eso. Además había tickets de papel, no eran electrónicos, y eran como unos cheques.

Si alguien se acuerda, del lado de atrás tenían carbónico rojo y te quedaban los dedos rojos. Antes, si lo perdías, el pasaje era un cheque: tenías que comprar uno nuevo. Ahora, si puedo mirar para atrás y ver la evolución de lo que es la aviación y la forma… Bueno, mismo todo con los viajes, ¿no? Uno usaba mapas de papel y ahora usa Google Maps. Cambió toda la forma de viajar y la forma de relacionarnos, bueno.

En ese momento había un montón de cosas a tener en cuenta para viajar que la gente por ahí no sabía mucho. Tampoco se ocupaba. Viste que siempre la culpa era de otro: «Llegué y ya no tengo tal cosa». «Ah, no, pero fue el otro, no te avisaron». Bueno, pero vos sos el pasajero y vos sos responsable de averiguar qué es lo que necesitás para viajar. Entonces yo pensaba: «Si alguien hablara de esto, si alguien pudiera alertar, si lo pudieran escribir en algún medio…». No sé a quién.

Con que lo lea una sola persona y esa persona le cuente a otra, yo ya soy feliz, porque sé que el tipo va a venir con toda la documentación y no va a tener problemas para viajar, y no voy a presenciar esta situación dolorosa de, ya te digo, los niños tirados llorando, los padres peleándose a punto del divorcio, etcétera, etcétera. Y bueno, casualmente esto empezó porque yo soy amiga de Sir Chandler, otro entrevistado acá en la casa, y lo reencontré.

En realidad, lo conocí hace mil años, en el 99. Y bueno, nos reencontramos: yo, buscando una película para ir al cine un día, encuentro la página de Cines Argentinos y le escribo a Chandler: «¿Vos sos Santi? ¡Tanto tiempo!». Nos empezamos a hablar y vi que él tenía un blog de viajes también. Entonces le empecé a decir: «Che, Santi, ¿por qué no escribís sobre esto? Porque la gente no sabe que cuando le pierden la valija está bueno que saque una foto…».

«…que le ponga el nombre adentro, qué sé yo. Escribí sobre esto, que está bueno». Bueno, yo le empecé a tirar temas para que escriba, y él un día me dice: «Che, ¿no querés escribir vos un post de esto?». Digo: «Sí, buenísimo». Y bueno, escribí un post, y ahí me armé una cuenta de Twitter con el nombre de Floxie, porque era mi nombre de usuario, y según él para que fuera anónima y no me diera problemas en mi trabajo.

En ese momento trabajaba en British Airways. Y bueno, la gente empezó a preguntar un montón de cosas, entonces dije: «Está buenísimo». A ver, yo siempre trabajé en servicio, siempre me consideré muy servicial, es algo que tengo innato, que me gusta, que lo disfruto. Un poco esto era brindar un servicio, porque te juro que yo ya decía: «Si lo lee una persona, yo ya soy feliz». Si puedo advertir a alguien, si puedo compartir esto, va a estar genial. Y bueno, entonces empecé a escribir un poco con esa idea, de que lo que escriba le pueda servir a alguien, y también le ponía un toque de mi personalidad. Soy bastante jodona, trato de ponerle humor a las cosas y qué sé yo. Entonces era mi espacio, era mi espacio y a la vez le servía a alguien.

Entonces yo siempre en mi trabajo traté de hacer lo mejor posible. Siempre que había algún problema o algo, yo trataba de ir más allá porque, nada, me nace, porque soy así. Me gusta tratar a los demás como me gustaría que me traten a mí en cualquier lugar. Y bueno, por ejemplo, no sé, en el aeropuerto había una señora que se había olvidado una tarjeta de crédito; la mujer ya estaba adentro y vos estabas afuera, y el hijo te pedía: «Por favor, por favor, llevale esto».

Y no se puede, porque no podés pasar algo así, pero bueno, yo siempre trataba de encontrar la solución para solucionar los problemas, a pesar de que no me correspondía ni tampoco podía. Pero bueno, un poco ese es el sentido de hacer este blog, que le sirva a alguien. Y bueno, cuando me di cuenta… Yo en el trabajo me consideraba buena y hacía bien mi trabajo.

No trascendía más que la función en mi trabajo, pero cuando vi que lo que hacía trascendía, servía, y se armó una comunidad de gente que se empezó a conectar también entre ellos…

Que yo era el nexo, y que también se contestaban entre ellos y se ayudaban. Realmente sentí que era algo mucho más valioso que estar yo detrás de un mostrador.

Haciendo bien mi trabajo. Entonces, cuando vi que esto empezó a trascender, que servía para algo, que le servía a la gente y que realmente estaban agradecidos, me empezaron a mandar fotos: «Mirá, hice lo que dijiste, la verdad, no tuve problema», o «Estoy en tal lado que nos mostraste, me encantó», y qué sé yo. Dije: «Bueno…».

«Esto está buenísimo», porque me siento mucho más realizada haciendo algo que sirva realmente que haciendo mi trabajo. Obviamente yo amaba mi trabajo, no es que yo estaba descontenta en el trabajo, porque también es importante que lo diga: yo amo la aviación. Yo veo un avión y me emociono. ¿Entendés? Veo un bebé y no me emociono, pero veo un avión y se me cae una lágrima. Es así.

Magali: ¿Y un perro? ¿Un perrito?

Floxie: Obvio, obvio.

¿Cómo decidir dejar un trabajo que te gusta para vivir de crear contenido?

Floxie: Amo los perros, la tengo acá ahorita. Sí, sí, también. Pero bueno, es un poco pensar qué es lo que más me llena a mí. Después de cuatro años de que empecé mi blog, empecé a crecer con las redes, y yo hacía las dos cosas al mismo tiempo. Yo hacía todo lo que era mi blog, las redes, a la vez que mi laburo full time de 8 horas, o sea, hasta 10 horas fuera de mi casa, entre que iba y venía.

Era una hora de ida, una de vuelta, y después me ponía a escribir en el blog, y por ahí me quedaba hasta las, no sé, cuatro de la mañana, y me levantaba a las 6, y no dormía casi, y hacía las cosas y lo hacía con placer. Pero llegó un punto en que dije: «Bueno, tengo que elegir, porque no puedo seguir más así». Estaba muy cansada, y bueno, hice un viaje a Islandia que fue el quiebre.

Que fue tan lindo, un viaje en el cual yo fui sin ningún tipo de información previa. Era un encuentro de bloggers muy loco en Reikiavik y ahí me sentí en mi lugar, en home, sintiendo: «Bueno, esto es lo que amo hacer». Y lo que llegaba del otro lado: la gente se copó mucho con ese viaje porque estuvo descubriendo, digamos, el destino conmigo, y tenía mucho feedback, muy copado, muy lindo, y me llenaba un montón. Y ahí, en medio de la ruta, manejando en medio de un desierto de nieve, dije: «Yo esto quiero para mi vida, esto quiero hacerlo siempre», ¿entendés?

«Quiero dedicarme a esto. ¿Qué vas a hacer al respecto? O sea, ¿te vas a arriesgar o vas a seguir haciéndote la boluda?». Porque la realidad es que, ya te digo, en un principio nunca fue mi intención vivir de esto. O sea, ni tampoco pensé que iba a ser posible, pero con el tiempo se fue dando. No podía hacerme la distraída y dije: «Bueno, en un año voy a vivir de esto, cien por ciento».

Me puse ese objetivo y, bueno, me puse a volver y empezar a laburar para conseguir más sponsors y cosas para poder lograrlo. Pero bueno, me puse un objetivo en mi cabeza y dije: «Bueno, vamos por eso». Y acá estamos.

Magali: ¿Qué prejuicios o miedos se te venían a la cabeza cuando estabas recién empezando a pensar en renunciar?

Floxie: Obviamente, todos los miedos. Yo toda la vida lo critiqué. Dije: «Yo, ni loca voy a laburar independiente, no saber qué cobrás a fin de mes y que no tenés obra social».

Bueno, y viene después, tenés, pero en mi cabeza tenía todos los prejuicios posibles de laburar por uno mismo. Era como decir: «Ni loca yo iba a terminar en eso». O sea, la tranquilidad de decir: «Bueno, tengo el sueldo a fin de mes», y qué sé yo. O sea, todos los prejuicios me los tuve que guardar, porque al final terminé siendo independiente. Pero sí, obviamente, sobre todo tenía prejuicios con la edad, ¿no?

A los 41 años, en un país como Argentina, era totalmente kamikaze lo mío. Aparte, viniendo de tener una carrera buena. No es que me iba mal, yo iba teniendo cada vez puestos más jerárquicos, tenía buenas vacaciones por la antigüedad, tenía buen sueldo, un trabajo que me encantaba. O sea, no es que…

Me estaba yendo de un lugar donde me sentía mal, ¿entendés? Simplemente fue una elección de, bueno, una cosa por otra, y fue realmente una elección bastante solitaria, en el sentido de que a mi alrededor era: «¿Estás segura? ¿A vos te parece perder la tranquilidad de tener…?». Y bueno, sí, estaba segura, porque era algo que yo sentía muy adentro mío, y yo sabía que confiaba en mí.

Sabía que mis capacidades me iban a llevar, en el caso de que no funcionara mi plan, a subsistir de alguna forma. O sea, las herramientas las tenía, ya te digo, por todo lo que había estudiado, por todo lo que había trabajado. De alguna forma siempre tenía que podía volver, o que podía tener opciones como para poder vivir, pero fue un poco… Creo que fue un salto de fe. Sí, creo que cuando uno hace el cambio, principalmente tiene que escucharse a sí mismo, tiene que creer en uno mismo. Si uno está en duda, si empieza a pedir consejos u opiniones al resto…

Por ahí no es. O sea, creo que uno tiene que escucharse, tiene que ser consciente de cuáles son sus capacidades, y si llega a fallar, tener un plan B. Creo que hay que armar un plan y poder seguir, digamos, los pasos, y también ponerse objetivos a corto y a mediano plazo, como para poder ver después si uno los puede cumplir. Pero sobre todo, yo creo que lo más importante, si vos querés empezar algo y querés cambiar de rumbo…

Creo que lo primero que te tiene que mover es la pasión. Porque si no hacés algo con pasión, en el tiempo no se va a sostener. Si vos empezás algo con el objetivo de «quiero hacer plata» o «quiero viajar gratis», punto, y hacés algo que copia un modelo que ya existe, bueno, quizás te va a resultar, pero no se va a sostener en el tiempo, ¿entendés? Creo que para empezar a plantearse algo tenés que ir por algo que realmente disfrutes y te guste, porque de esa forma va a trascender la pantalla. Si no, no vas a lograr… No digo que no, o sea, podés armarte un plan, pero me parece que lo importante es disfrutar lo que hacés para poder trascender y para que te vaya bien, porque eso naturalmente…

¿Por qué empezar desde el anonimato y cuándo sacarse la máscara?

Floxie: Hace que se expanda. Si no, va a estar más difícil.

Magali: ¿Cómo hiciste vos para planificar renunciar a un trabajo que encima te gustaba?

Floxie: Y bueno, ya te digo, fue algo muy interno mío, algo que sentí muy adentro, y a través del feedback que me daba la gente, que era un montón, que era mi motor, mi combustible para seguir adelante. Y bueno, empecé a… Yo antes estaba enmascarada, usaba una máscara. O sea, estuve cuatro años en el anonimato, la gente no sabía quién era ni cómo me llamaba.

Ni nada. Y realmente para mí la máscara me protegía, de todo, porque iba tranquila. La gente iba al aeropuerto y quería saber dónde trabajaba, iba al puesto de informes del aeropuerto y preguntaba: «Dale, decime dónde trabaja». Y no: «No sé, no sé, no te puedo decir», y era yo. Bueno, así que yo dije: «Para crecer tengo que mostrar quién soy realmente», porque si no se dificultaba. Iba a viajes de prensa con la máscara, y era.

«Esperá, esperá un momento», que saco la máscara de la cartera, viste, y me la ponía, porque no podía salir. Era, la verdad, un embole. Al final dije: «Bueno, si quiero crecer y necesito estar en videos o lo que sea, chau, a sacarme la máscara». Y bueno, eso hice. Eso fue un primer punto para poder crecer a partir de eso. Fue el 31 de diciembre, que a mí me dolía la panza. Digo: «No puedo. Si yo me propuse empezar de acá a un año a vivir de esto, no puedo empezar el año con la máscara puesta». Así que a las 11:30 de la noche, tipo, subí un post con mi cara, sonriendo, diciendo: «Bueno, esta soy yo, gracias por bancarme», y qué sé yo. Y a partir de eso…

Pum, la rompió. Récord de interacciones, de comentarios de la gente súper buena onda, buscándome. Eso hizo que me empiecen a llegar, no sé, apariciones en la tele: a la semana estaba hablando de Islandia en La Nación Más. O sea, eso para mí fue un shock, porque pasé de estar en el anonimato a, de repente, estar en cámara, me llamaron de radio y eso. Pero fue un poco que yo me fui buscando las oportunidades. Esto quiero decirlo porque es importante, porque uno piensa que toma la decisión, se queda de brazos cruzados y viene todo hacia vos. No, o sea, vos tenés que ir y tocar puertas, tenés que prepararte, tenés que saber aprovechar las oportunidades.

Yo, por ejemplo, me acuerdo que sabía que viajaba Andy Kusnetzoff con el equipo, viajaban a la tarde por Lufthansa. Yo trabajaba a la mañana, yo siempre quise estar en radio y qué sé yo, y bueno, ese día podría haberme ido a mi casa y decir: «Bueno, listo, me lo perdí». Pero no, ese día me quedé hasta el momento del check-in de Lufthansa y lo fui a buscar. Justo uno de los productores…

Me había hecho una consulta y yo sabía que estaban. Entonces dije: «Bueno, esta es una oportunidad», y bueno, nada, los acompañé al embarque, estuve hablando ahí con Andy, buena onda, y eso hizo que después me invitaran al programa, y eso me ayudó en popularidad, qué sé yo. Después, más adelante, tuve una columna en un programa de los domingos en la Metro también. Las oportunidades, un poco, uno tiene que estar atento y tiene que creárselas, tiene que irlas a buscar, porque si no, estando de brazos cruzados, no llegan a vos. Y estar atenta también a las señales, ¿no? Eso es algo… Yo siempre fui muy intuitiva y también le presté atención a las señales siempre. Pero más que nada, armar un plan y decir: «Bueno, yo necesito, no sé, tanta plata para vivir. Me voy a asegurar, antes de renunciar, cubrir tanto porcentaje de lo que esté cobrando ahora». Y la realidad es que cuando yo renuncié creo que estaba cubriendo solamente el 40%.

De lo que yo ganaba. Fue medio arriesgado, porque tampoco cubría lo básico en el momento en que renuncié, pero también al renunciar le di el espacio… Cuando uno deja algo, también le da el espacio a que entren cosas nuevas, y a tener el tiempo. Entonces, a partir de ahí, bueno, pude llegar y superarlo inclusive. Pero digamos que antes de renunciar busqué sponsors, que era la forma de asegurarme un presupuesto que pudiera, por lo menos, cubrir mis necesidades básicas. Y después, bueno, ya con el tiempo, tener toda la disponibilidad del tiempo del mundo para poder dedicarme cien por ciento a lo mío hizo que después llegaran cosas nuevas. Pero bueno, no sin antes asegurarme por lo menos un mínimo, para tener un colchón.

Magali: Está bueno que mencionaste la máscara, esto de los primeros cuatro años, empezar sin que aparezca tu cara. ¿Cuál creés que fue el desafío de sacártela?

¿Cómo lidiar con el hate en redes y usar la audiencia para algo bueno?

Magali: ¿Empezar a mostrarte con cara y con nombre?

Floxie: Fue súper difícil, porque las redes, sabés, son muy crueles. Y también esto era un súper desafío para mí, sobre todo para una persona que, cuando era chica, sufrió bullying. Cualquier cosa que tuviera que ver con ponerme y hacerme carne de cañón para los trolls o los haters o lo que sea era una exposición muy grande, ¿no? También un conflicto conmigo misma de decir: «Bueno, con la máscara estoy a salvo, y sin la máscara…».

«…bueno, me tengo que preparar para lo que venga», ¿no?

Para que te des una idea, yo salía con la máscara y, me acuerdo, una vez obviamente salían mis manos, ¿no? Y yo tengo unas manos bastante particulares, no son la típica mano delicada femenina: es una mano grande, qué sé yo. Y hubo alguien que empezó a trollear de mis manos: «Qué horribles manos», y que si yo… Ay, por Dios. O sea, es una mano, gente, se pueden calmar. Imaginate si me saco la máscara, o sea, si muestro mi cara, mi cuerpo, lo que sea.

Conflictos que una tiene con su cuerpo, con lo que sea. Imaginate, si me dieron hate por una mano, imaginate si me muestro entera las cosas que me van a decir. O sea, yo estaba horrorizada. Digo: «Esto es un horror». Posta. Después entendí. Obviamente pasó, pero la verdad, en menor medida, porque yo siempre trato de tener una actitud positiva. Trato de ser abierta, trato de no enfocarme en cosas negativas jamás. Siempre estoy tirando el mensaje positivo y tratando de transmitir y comunicar cosas que sumen y no cosas que resten. Pero la realidad es que, estando en las redes, uno está propenso al…

Hate, a los trolls, a lo que sea, pero…

Realmente son los menos, y yo aprendí que esa gente simplemente tiene una percepción de la vida desde su punto de vista. Es su problema, no el mío. O sea, no me voy a enganchar con eso ni les voy a dar entidad, porque eso es lo que buscan, y punto. Pero bueno, lidiar con eso creo que fue el mayor desafío: lidiar con darme a mí expuesta y sensible o propensa a que pase eso, a que la gente venga a opinar de cosas que nadie le preguntó, básicamente, o a decir comentarios hirientes. Pero la verdad es que fueron los menos. Eso también, a mí, el hecho de mostrar mi cara…

…también me ayudó para poder conocer a la gente que forma parte de mi comunidad, de poder decir: voy por la calle y me paran. En el subte, en la 9 de Julio. Me ha pasado en Tokio, en Japón, que una chica me grita en un templo: «¡Floxie!». Y yo: «¿Me estás jodiendo? ¿Hasta acá?». Y sí, viste. Poder conocer en persona a la gente que me sigue, con la que intercambiamos mensajes o lo que sea, para mí es hermoso. O que me cuenten: «Hice este viaje soñado porque vi tu post», o «Pude ver el pueblo de mis abuelos», y qué sé yo. Esas son cosas súper lindas para mí. A mí me encanta, me encanta cruzarme con la gente que me sigue hace años, que me conoce de la máscara, bueno, como vos, que te agradezco que me sigas desde siempre. Pero bueno, eso me parece lo más lindo de todo: poder materializar un poco y desvirtualizar, y conocer a la persona que realmente está del otro lado. No sé, cuando fui a El Calafate o a Salta me crucé con cuatro o cinco seguidores. También estuvo re lindo que yo había hecho una subida que para mí fue un desafío enorme porque no estaba en estado físico.

Sinceramente fue como un logro, y tipo, después me escriben: «Lo hice, gracias por el empuje, porque no pensé que lo iba a hacer», y qué sé yo. Bueno, la gente vio que yo pude y dijeron: «Bueno, yo también puedo». Entonces esos son pequeños logros que hacen que lo que uno hace tenga sentido y pueda sumar, realmente pueda sumar. Creo que es importante, cuando uno tiene un espacio donde viene tanta gente, bueno, así como ustedes a través de este podcast pueden inspirar a un montón de gente, que entiendan que hay otras realidades y que pueden cambiar su realidad.

O, bueno, conocer otros casos como para poder inspirarse. También siento que cualquiera que tiene una comunidad, ya sea de 5, de 10 o de 100.000 personas, puede usarla para algo bueno, para poder expandir y poder sumar a la vida de la gente. Porque obviamente la vida no es fácil. Uno cuando es chico dice: «Ay, quiero ser grande», y cuando es grande: «Quiero ser chico de vuelta». O sea, hay muchos problemas, hay muchas cosas con las que lidiar. Uno hace lo mejor que puede, y también está bueno tener herramientas y poder ser facilitador de esas herramientas hacia la gente cuando lo necesita.

Para mí me parece súper importante, es un rol clave.

Magali: Una vez que renunciaste, ¿cómo supiste que fue la decisión correcta?

Floxie: Y la verdad es que en su momento lo supe enseguida, porque me dio una felicidad plena poder viajar, transmitir, poder dedicarme a lo que me gusta y poder disfrutar del aeropuerto desde el lado del pasajero, no del lado de adentro. Eso fue lo mejor, decir: «Estoy viniendo al aeropuerto, estoy saludando a todos mis amigos, pero estoy viajando yo», y está buenísimo. Igual, durante 20 años de laburo en el aeropuerto viajé un montón, aprovechando los beneficios que uno tiene, pasajes baratos sujetos a espacio, que eso también es otra historia, porque tengo muchas anécdotas de quedarte abajo, de dormir en el aeropuerto. Me ha pasado, porque solamente subís si hay lugar en el avión.

De todos modos, poder viajar y disfrutar y saludar a todos mis amigos y decir: «Bueno, me voy de viaje yo», eso fue súper reconfortante. Pero bueno, a través de ver cómo fue creciendo todo lo que hice, todo lo que me propuse, y de comprometerme a estar cien por ciento dedicada a esto, supe que fue la decisión correcta. Igual, a ver, no puedo hablar de que es algo que te va a pasar o que vas a sentir linealmente.

En este momento yo siento que sí tomé la decisión correcta, pero por otro lado pienso: «Bueno, esto no es lineal». O sea, a ver, ahora, ¿qué más puedo hacer? Siento que los ritmos en las redes sociales o lo que sea van cambiando, las reglas del juego también, todo el tiempo. Entonces yo, en un momento en que ya está, ¿qué más puedo decir? ¿Qué más puedo hacer? O sea, ¿qué puedo innovar que no esté hecho? Porque está como que sentís en un punto que está todo hecho y decís: «Bueno, ¿y ahora qué puedo hacer?».

O sea, cómo vuelvo a encontrar esa pasión. Bueno, es lo que me pasa actualmente: siento que estoy un poco quemada. Siento que tomé la decisión correcta, pero también siento que necesito invertir y comprometerme más, investigar un poco más para poder encontrarle la vuelta y que esto sea nuevamente algo súper placentero, que me llene y que pueda transmitir. Pero en este momento estoy en una etapa de búsqueda y de decir: «Bueno, a ver, ¿para dónde voy ahora? ¿Cuáles son las reglas del juego? ¿Qué es lo que busca, qué quiere la gente?

¿Qué es lo que quiero yo?». Nunca vas a tener todas las respuestas. Durante todo el tiempo en el cual te dedicás a tu proyecto vas a tener un montón de estados diferentes: hay momentos en que vas a estar súper feliz, hay momentos en que vas a estar con mucha incertidumbre, momentos en que vas a estar perdido. Pero bueno, es todo. Ya te digo, por eso te digo que hay que ser muy flexible, ¿no?

Cuando uno toma una decisión así, porque, digamos, no todo va a ser color de rosas y uno tiene que poner mucho de uno, ya que depende 100% de uno. Yo en las aerolíneas trabajaba en equipo, trabajaba con grupos de gente.

Es muy difícil pasar de laburar en equipo a laburar sola. Bueno, por ahí tenés gente que te ayuda, pero digo, no es lo mismo que un laburo en el que todas las piezas, todas las partes son importantes, a pasar a ser la protagonista de tu propio trabajo. Y eso implica que sos tu propia jefa, y a veces tenés ganas de renunciar.

Básicamente otro jefe, claro: «Venga otro jefe, no la aguanto más». Y bueno, un poco en esa. Por eso creo que es importante saber hacia dónde uno va, qué es lo que quiere, tener claros los objetivos y planear, que es lo que a mí me cuesta un montón. La organización es algo en lo cual yo lucho bastante, porque me cuesta, la verdad.

Me cuesta muchísimo, horrores.

Magali: ¿Por qué te cuesta?

Floxie: Me cuesta porque me disperso mucho. Todo lo que hice fue como… yo soy muy intuitiva y muy impulsiva. Esto no quiere decir que, ya te digo, me tire a la pileta, pero los caminos que seguí hasta ahora fueron muy intuitivos, fue: «Bueno, voy por acá, voy por acá». Pero siento que necesito bajar a la tierra toda esa intuición y todas las cosas, porque si no, es como que no sé, si abro mi cabeza… De repente salen infinidad de cosas, entonces necesito bajarlas a la tierra. Para eso también, estar más tranquila, porque si no me pasa esto, que ahora me siento quemada porque hago muchas cosas a la vez y tengo en mi cabeza otras 1000 cosas a la vez, y terminé al final sin hacer nada, porque tengo tanto para hacer que ya no sé por dónde empezar. Y bueno, esas cosas. Y estoy tratando de bajar un poco todo lo que hago. Todo lo que hice, ya te digo, lo hice mucho por mi interior, digamos, por mis corazonadas, de decir… ¿Para dónde voy? Pero creo que es importante para el crecimiento de cualquiera tener un plan y una organización para poder seguir, y tener objetivos claros para que uno sepa hacia dónde va, por lo menos.

Magali: Ahora que tu audiencia creció muchísimo, ¿qué es algo no tan bueno de tener tanta exposición?

Floxie: En general, lo único que yo noto es que cuando tenía obviamente menos seguidores, el trato era mucho más directo y podía responder a todos y todo.

¿Cómo poner límites cuando la audiencia te escribe todo el tiempo?

Floxie: Ahora, como hay tanta gente, ya no puedo responder a todos, porque tengo que estar muchas horas y me genera mucha ansiedad todo este tema de no poder cumplir y no poder responderle a todos. Como que algo me pone mal, porque yo en un momento estaba mucho más ahí, respondiendo a cada uno, pero ahora se hace imposible, humanamente imposible, porque… Son muchas consultas, y hay gente que te manda… Preguntas del estilo… Bueno, ahora por suerte está más tranquilo el tema de las vacunas para entrar a los países, pero, por ejemplo, decía: «Tengo una Sputnik y una AstraZeneca, y mi marido tiene una Sinopharm y se dio dos Moderna, y queremos viajar a España, Inglaterra, Francia, Dinamarca, Finlandia, qué sé yo. ¿Ahora qué tengo que hacer?». Te tira un choclo así, ¿y yo qué le puedo decir? «Señora, fíjese…».

«…en tal lugar, tal página, y fíjese usted». Porque si yo voy a estar, por cada uno que me escribe un choclo así de grande… o sea, se me va la vida directamente. Y entonces también me frustra, porque si no respondo yo… Bueno, al fin y al cabo, en definitiva, es gracias a la gente que estás donde estás, pero también tengo que tener un equilibrio. Pensar: «Bueno, hay cosas que puedo responder y cosas que ya son mucho más».

¿Entendés? Que va más allá. Yo lo que puedo hacer es darle las herramientas para que encuentren dónde buscar, pero yo no te puedo responder todo. Si me mandás un choclo que es un chino, mi cabeza hizo cortocircuito y ya está, ¿entendés? Entonces eso es lo único malo, creo, de la exposición. No es que voy por la calle y no puedo caminar, tipo Ricky Martin, no me pasa. De hecho, me gusta que me reconozcan por la calle, que me saluden y que me cuenten en qué andan. Me gusta mucho porque yo soy bastante social y humana, y me gusta ese intercambio más allá de lo virtual. Pero lo que creo que es lo peor es este tema de no poder responder a todo el mundo como me gustaría, como antes, que tenía menos seguidores, y sí.

Tal vez tenía la posibilidad de dedicarme más personalizada; ahora no es tan personalizado, y eso, viste, a veces te lo reclaman también. Y sí, pero también tienen que entender que humanamente, tener miles es muy complicado, tener a todos contentos. Digamos, ese es el tema.

Magali: Y además, bueno, no sé si estoy sesgada, pero siento que los argentinos somos muy creativos, ¿no? En estos casos que contás, tipo toda la cruza de vacunas y de países, las cosas que queremos hacer son muy originales, siempre, en las situaciones que hay que resolver.

Floxie: Sí, sí, siempre aparecen cosas rarísimas que solamente te las puede responder una embajada.

Yo agradezco la confianza que la gente me tiene, pero yo no tengo línea directa con el embajador: «Che, contame tal cosa». Como, bueno, fíjense. Hay algo que digo, que un día voy a lanzar un curso y la voy a romper, que es cómo googlear, porque te juro que la gente no sabe googlear. O sea, es algo tan simple. Muchas cosas, la mayoría de lo que hago, lo saqué de Google, o sea, más allá de mis contactos con las aerolíneas y todo.

Más allá de tener una llegada más directa, la realidad es que la gente no sabe googlear. O sea, es algo que, bueno, teniendo un blog, uno más o menos sabe, pero… Es tan simple como eso, y no caer en páginas no oficiales. Por eso yo creo que el día que haga el curso, como Googlear 1, 2 y 3, me hago rica. Es que la gente te pregunta cosas totalmente googleables, y es así: «Bueno, acá está la respuesta a lo que venías buscando».

Magali: Sí, sí. Con todas estas situaciones que te llegan, ¿cómo hacés vos para poner límites personales con la audiencia, para que no te termine quemando la cabeza?

Floxie: Es complicado, porque yo hace un tiempo que, bueno, en Instagram, todo lo que me entra de solicitudes de mensajes… Viste que vos tenés una carpeta que es la gente que nunca te escribió en la vida, y la de todos los que te escribieron alguna vez hace un montón. Yo eso no lo contesto. Ahora tengo la carpeta de correo no deseado reventada, que de vez en cuando miro por arriba, pero… Es como que me da mucha ansiedad, porque yo veo los mensajes y sigo. Ay, no. Llegar a contestar a todos es muy difícil, muy difícil. Eso a mí personalmente me es muy difícil, pero bueno, trato de decir: «Bueno, están ahí», y está ahí el número, y me fijo, viste, si hay algo que puedo resolver en el momento, lo contesto. Pero me cuesta mucho. Y bueno, opté por estar en paz conmigo misma y decir: «Bueno, esos números los tenés ahí y van a seguir ahí», que no me genere conflicto.

Pero igual es difícil, sobre todo para tratar en terapia, porque…

Magali: Esto agobiaría a cualquiera, me imagino, con la cantidad de mensajes que vos podés recibir. O sea, es un montón. ¿Cómo decidiste ponerle más foco a redes sociales que al blog que venías haciendo?

Floxie: Y fue un poco porque el blog, en realidad, hoy en día sé que es mucho más valioso. De hecho, en todo lo que es Estados Unidos y Europa es más valioso el blog que las redes sociales, porque las redes sociales son más efímeras.

Por más que pongas algo en destacadas, como que queda ahí. En cambio, el post en el blog, con el tiempo, la gente lo encuentra por Google. Es algo que, bueno, siempre hablo con Sir Chandler, que siempre me pelea, me reta, porque en el blog le dedicás, por ejemplo, entre imágenes y todo, cuatro o cinco horas a un post. Y en las redes es mucho más en el momento, y a mí lo que me gusta es compartir en tiempo real mis viajes.

Entonces cuento la historia desde que me despierto hasta que me acuesto, todo lo que hago, y eso a la gente… Por ahí estoy en un lugar y me van sugiriendo cosas: «Ah, no te pierdas hacer tal cosa». Entonces esa es la vuelta que tienen las redes, que por ahí el blog no lo tiene en el momento. Obviamente el blog siempre me dio vuelta, pero digo, en las redes es mucho más palpable y creo que lo disfruto mucho más.

Cuando la gente, ¿entendés?, va siguiendo el viaje conmigo, me va sugiriendo cosas, va interactuando. Y bueno, hoy en día como que las redes son todo, ¿no? Pero los blogs, a pesar de lo que muchos piensan, que dicen que el blog está muerto, para mí son súper importantes, y más en lo que es el viaje. Las empresas le dan mucha más bola a los blogs que a las redes, y para mí es súper importante tener una página donde uno pueda mostrar lo que hace y también…

¿Cómo ayudó Floxie a los varados argentinos en la pandemia?

Magali: Quiero que me acompañes a marzo del 2020, el momento preferido de todos nosotros. ¿Cómo fue para vos publicar el video menos políticamente correcto, el 16 de marzo, donde recomendabas no viajar?

Floxie: Sí, ahora lo veo seguido y me da risa. Porque, a ver, la sensación que tuve fue la siguiente, siempre cuento la misma metáfora. Yo sentía que estaba en un hotel de dos pisos en la playa, en el balcón, ¿no?

Y que a lo lejos veía que venía un tsunami, pero venía un tsunami re fuerte. Y yo empezaba a gritar con todas mis fuerzas a los que estaban en la playa: «¡Salgan del agua, salgan del agua!». Bueno, un poco fue lo que pasó con la pandemia en las redes. Yo empecé a mirar la situación, o sea, algo no me olía bien, y empecé a ver que todos los países empezaron a cerrar fronteras, cerrar fronteras. Dije… «Esto se viene heavy». Dije: «Se viene heavy, esto no es joda». Y bueno, evidentemente, gracias a Dios estaba en Buenos Aires, estaba en mi casa, no estaba viajando. Iba a viajar en abril, justo, y me agarró en mi casa.

Y fue un poco decir: bueno, si yo tuviera a mis amigos, mi familia o alguien, o yo misma, lo primero que haría en ese momento es decir: «Me vuelvo». O sea, lo primero. Dije: «Bueno, mi audiencia es cien por ciento viajeros. O sea, tengo que hacer algo, tengo que aprovechar las miles de personas que me siguen para avisar y advertir que se vuelvan, que esto no es joda». Justo el Presidente hizo el anuncio de que quedaban cuatro días para que entraran los vuelos y que se iban a cerrar las fronteras. Dije: «Chau, tengo que hacer algo». Y fue como que ahí me volví a conectar con el propósito inicial del blog, de decir: «Bueno, voy a hacer algo dentro de mis capacidades, de lo que yo soy buena, de lo que yo sé y de la formación que yo tengo, para ayudar a la gente que en este momento está fuera del país y no puede volver». Entonces dije: «Esto va a estar peor». Y bueno, la gente empezó a preguntarme si viajaba: «Tengo un vuelo la semana que viene a Brasil». «No viajes». O sea, esto atentaba contra mi trabajo, porque yo, en definitiva, vivo de los viajes. Pero yo estaba totalmente convencida de que esto iba a ser para peor y de que el que pudiera, se volviera. Y dije: «Bueno, voy a poner a disposición todo lo que yo sé». Entonces empecé a contactarme con mis compañeros del aeropuerto, con las oficinas de prensa, para que me dijeran qué vuelos salían de tal lugar. Y me puse esos cuatro o cinco días, que eran los últimos días en que había vuelos de Estados Unidos y de Europa, a publicar en redes: «Si estás en España, desde Madrid sale tal vuelo, desde Barcelona…».

«Andá al aeropuerto». ¿Qué pasaba? La gente se colgaba llamando a los call centers. Los call centers estaban colapsados. Cuando te iban a atender, tampoco te iban a poder solucionar mucho. Yo, habiendo trabajado en el aeropuerto, sabía que en una situación de emergencia, si el avión tenía lugar, te iban a subir, porque el tipo que está en el mostrador sabe que el problema de hoy va a ser el problema de mañana y de pasado. Entonces, cuanto antes te saque, mejor. Esa es la mentalidad del aeropuerto. Entonces, si vos ibas al aeropuerto, te iban a subir; no te iban a cobrar penalidad ni nada, te iban a subir. Eso era un poco el mensaje que yo desesperadamente estaba gritando.

«Los que están en Estados Unidos, vayan al aeropuerto, que si hay lugar los van a subir. Pónganse en lista de espera». Y bueno… Y estuve ahí durante cuatro o cinco días, y la verdad que no dormía, me puse a publicar esa información para que la gente fuera al aeropuerto. Por suerte, mucha gente me hizo caso y pudieron volver. Bueno, otros no llegaron y se quedaron ahí. Pero el video lo publiqué realmente porque había gente que me estaba preguntando: «¿Qué hago? ¿Viajo, no viajo?». Lo que pasa es que, claro, en ese momento no había políticas de reprogramación ni de devolución de pasajes, porque era todo muy móvil, no se sabía. Entonces la gente prefería decir: «Viajo y así no pierdo la plata».

Pero al final, después, los que viajaron igual no solamente perdieron esa plata, sino que perdieron mucho más. Perdieron trabajo porque no podían volver a tiempo, porque… Entonces fue mucho peor. Pero yo lo que trataba de hacer era que entendieran que la situación que estábamos viviendo era muy grave y que esto se iba a poner peor. Y de hecho, hay gente que me escribió después de ver ese video y me dijo: «Yo te vi tan convencida en ese video que decidí no viajar y perder toda la plata. Te juro, porque digo: “Ay, qué suerte”, y te agradezco, porque la verdad es que me hubiese quedado varado».

No sé cuánto tiempo. Y posta, fue como que lo sentí tan adentro… Aparte, un desastre: yo había salido de bañarme, estaba con una cara de que no venía, estaba sin dormir. Y dije: «Me pongo los anteojos para que me levanten un poco». Pero no, te juro, me salió de adentro, como diciendo: «Cuídense». Diciendo: «Bueno, OK, ahora no sé, no sé de qué voy a vivir, no sé si se terminan los viajes». No sé, de hecho cancelé un montón de compromisos laborales que tenía para dedicarme cien por ciento a comunicar la pandemia. No me importaba, porque era como decir: «Bueno, yo quiero cuidar a la gente que me sigue, a los viajeros». Y dije, yo… Pensando que cualquiera que está del otro lado puede ser mi hermana, mi mamá, mi amigo, lo que sea. Y dije: este es el momento en el cual… Tengo el poder de tener una audiencia y usar esta red para algo que sume y que sirva en este momento. Por lo menos, ante tanta incertidumbre, poder aportar mi granito de arena. Que fue un poco lo que te comentaba antes del aeropuerto: me preparo para que, en el caso de una emergencia, una contingencia, lo que sea, pueda actuar en consecuencia, calmadamente, pensando: «Calmémonos, pensemos, ¿cuál es la solución más viable? ¿Qué es lo que yo tengo a mano acá? ¿Qué puedo ofrecer y poner a disposición para que a alguien le sirva?». Entonces… Si la información que estoy compartiendo le sirve a una persona para volver a casa o para no quedarse varada, estoy feliz. Y la verdad es que fueron muchos los que por suerte no quedaron varados y pudieron volver. Hoy en día sigo recibiendo mensajes de gente, de madres que se sintieron acompañadas, porque estaban muy desoladas de que sus hijos estaban dando vueltas, viajando. Bueno, hay una chica en Córdoba, la madre siempre me dice: «Te estamos esperando todavía para un asado». Porque la hija me escribió un mensaje, estaba en el aeropuerto de París. Yo estaba colapsada con los mensajes y todo, y justo lo abrí. Estaba con el novio, no había nadie.

Tenía que ver con LATAM. Y a su vez, por otro lado, por WhatsApp me estaba escribiendo un compañero de LATAM del aeropuerto que estaba buscando alojamiento para unos viejitos, una pareja de españoles que nadie quería alojar, porque los hoteles no estaban recibiendo extranjeros por el tema del COVID. Entonces me decía: «Por favor, no tienen dónde dormir, ¿me ayudás?». Entonces yo, por Twitter: «¿Alguien tiene un departamento para alquilar o algo para esta pareja española que nadie los recibe?», qué sé yo.

Bueno, justo apareció una seguidora que tenía un departamento, les alquiló el departamento y me salvó la situación. Y yo justo estaba hablando con el chico de LATAM, el de los viejitos, y le digo: «Mirá, justo me escribe esta chica, está en el aeropuerto de París con el novio, no hay nadie de LATAM, ¿podés ayudar?». Y él agarró, se contactó con ella y le reemitió el boleto para que pudieran ir en otra compañía, y llegaron a tiempo, justo antes de que se cerraran las fronteras. Entonces fue como un trabajo en equipo. Por eso te digo que a través de las redes fue re loco, porque pude combinar las dos cosas. Y bueno, mucha gente pudo venir. Y yo, cuando… Estoy segura de mis convicciones, soy muy firme. A ver, yo voy por todo, y en ese video un poco fue como: «Cien por ciento estoy consciente de lo que estoy diciendo». Y por más que me puteen hoy en día los que viven del turismo, hoy te tengo que decir «no viajes», porque te estoy cuidando, porque estoy siendo fiel a mis convicciones, como siempre lo fui. Y creo que es algo que uno tiene que tener.

Magali: ¿Coherencia?

Eso es algo que no mencioné y es súper importante: coherencia en cualquier cosa que hagas. O sea, si vos arrancás diciendo «soy vegana» y a los dos años te clavás un mega asado, es como que no tiene gracia, ¿entendés? Entonces yo, desde que empecé, siempre traté de ser coherente con lo que hago, con lo que digo, ¿no? Y un poco tiene que ver con esto. Ser coherente con: «Bueno, OK, yo vivo de los viajes, pero hoy en día tengo que decir que no viajes, porque sé que esto trae un problema en un futuro». Y bueno, pues sí, como digo yo: Flox Nostradamus.

Entonces digo, se dio como que todo lo que mencioné se cumplió, y fue muy fuerte. Pero bueno, me alegro de que hay gente que me escuchó y se asustó de alguna forma y no viajó, para que entendamos la magnitud de todo esto.

¿Cómo fue la logística de organizar a todos los varados, o por lo menos de intentar ayudar a toda esta cantidad de gente en múltiples países?

Floxie: Sí, mirá, lo que hice un poco fue ser, a través de mis redes… El puente para que ellos se conectaran. Porque lo que pasó es que yo veía mucha gente que estaba colgada, que estaba: «Ay, no sé qué hacer. ¿Habrá algún otro que esté en mi situación?». Entonces digo: «Bueno, ¿de qué forma puedo ayudar para, aunque sea, conectarlos?». Yo no podía darles una solución de decir «vuelvan», porque no había vuelos, pero por lo menos que se sintieran más contenidos, porque el tema es que tampoco se sentían escuchados.

Todo el mundo les cerraba las puertas. La misma sociedad los criticaba: «¿Para qué te fuiste?». Te fuiste por ahí y te agarró, y viste, no es que lo planeaste. No es que vos dijiste «me fui»: venías viajando y, puf, te agarró, no pudiste volver. Como que encima de todo el dolor de que tu país te cierre la puerta, de que no te permita volver, encima estaba la opinión de la sociedad, que los estaba matando, tipo: «No, porque si venís vas a contagiar. Jodete, ¿por qué te fuiste?», qué sé yo. O sea, encima de todo el dolor. Fue muy fuerte. Yo lo veía en los chicos, y realmente es muy duro estar fuera de tu país, que te cierren las puertas, que encima te juzguen, y encima, si volviste, te digan que vos traés el bicho, ¿entendés? Y que vos vas a matar a toda la sociedad. Entonces, lo que yo hice fue poner a disposición mis redes, como para unirlos. Me escribían, por ejemplo: «Flox, yo estoy en San Pablo». Y yo les decía: «Bueno, ¿sabés qué? Armate un grupo de WhatsApp y pasame el link. Y también armate una cuenta de Instagram que sea arroba Varados en San Pablo», por ejemplo. Entonces yo agarraba y: «Bueno, atención a los argentinos que están varados en Brasil: únanse a este grupo de WhatsApp», y ponía el link.

Y «sigan a este usuario». Entonces así me empezaron a contactar desde distintos países. Y yo lo que hacía era sugerirles; no solamente les decía «bueno, armen una cuenta», sino que también les tiraba tips de cómo comunicar o cómo dirigirse. Porque también pasaba que, en el enojo y en todas las situaciones desesperantes que estaban viviendo, por ahí se dirigían de una forma que no generaba empatía en la gente; generaba más bien rechazo.

Entonces yo les decía: «Bueno, bajá un poco los niveles. Vos tenés que tratar de comunicar de una forma que la gente entienda lo que está pasando; la situación es grave, pero sin pasar por arrogante, lo que sea». Porque lo único que querían lograr es que la gente los escuchara y que tuviera empatía por la situación en la que estaban, y no generar lo contrario. Entonces yo trataba como de… Coachearlos de alguna forma, para que en las redes se dirigieran de una manera en la que el mensaje pudiera llegar más y no generara rechazo, ¿no? Y bueno, entonces lo que hice fue un poco compartir los grupos de WhatsApp de distintos países, y se armaron alrededor de 70 cuentas de Instagram, que eran arroba Varados en un montón de lugares. Cada grupo tenía un chat de WhatsApp en el cual se ayudaban entre todos, decían: «En tal lugar están dando comida, tal lugar tiene alojamiento, tal ofreció tal cosa». Y a su vez… Había un chat grupal de los líderes de cada grupo, en el cual se comunicaban y se mandaban información. Entonces fue un poco ayudar a que se generara toda esta red. Fui el puente para que esta red se generara y entre todos se pudieran ayudar. Y hay un caso que fue para mí el caso modelo: los varados en Costa Rica. Era un grupo que estaba muy bien organizado; tenían una persona que se dedicaba a prensa, otra a medicina… es impresionante. Y para mí fue como aplicar todo lo que yo aprendí en el aeropuerto, donde cada uno en el grupo tiene un rol importante, se dividían las tareas. Bueno, ellos tenían un modelo espectacular de, ante una emergencia… «Somos esto, dividimos las tareas en esto, y yo me ocupo de conseguir tal cosa, yo me ocupo de hablar con la prensa, yo me ocupo…», ¿entendés? Y fue impresionante. La verdad, siempre las felicité a las chicas, porque bueno, un poco así se pudieron organizar todos los grupos. Desde mi lado fue una especie de contención y darles un espacio para que su voz fuera escuchada, porque, ya te digo, todo el mundo les cerraba las puertas. Todo el mundo, los medios, todo el mundo los juzgaba. Y bueno, era decir: «Bueno, tengo este espacio, ¿cómo puedo ayudar?», y hacer de puente. Y a su vez, como yo tenía muchos mensajes que me colapsaban la casilla, lo que hacía era escribir posts donde en los comentarios la gente pusiera sus dudas, y los idóneos, ya sea gente del aeropuerto, de viajes o lo que sea, pudieran ir respondiendo entre ellos. Entonces se armaba un trabajo en equipo, de decir: «Bueno, no puedo dedicarme a todo». Y eso fue un poco lo mismo.

Hice un post: «Los argentinos que viven afuera, si tienen un colchón para tirar, pónganlo acá». Entonces ahí la gente podía comentar. Fue un poco, te digo, aplicar todo lo del aeropuerto a las redes, de decir: armar equipos, armar grupos, armar estrategias como para poder encontrar pequeñas soluciones a los problemas. O sea, yo no iba a conseguir un avión que los trajera a todos de vuelta.

Eso era imposible. Pero quizás sí podía poner a disposición mis redes para que la gente encontrara un lugar donde conectarse, y donde quizás, de alguna forma, encontrar… Una solución a algo que necesitaban ya, en ese momento.

Magali: Es espectacular, como la calidad en la ejecución bajo presión. Esto de que se hayan armado 70 grupos y toda esta coordinación me parece impresionante. Y me pregunto, ¿qué costo personal tuvo para vos sostener todo esto?

¿Qué costo mental y económico tuvo ayudar durante el covid?

Magali: Sobre todo un costo alto. La verdad que quedé muy quemada mentalmente, porque yo recibía mensajes y casos de, no sé, un grupo de amigas en el que una de ellas estaba con cáncer terminal y no podía volver, otra que estaba embarazada. Casos muy fuertes. Y bueno, yo obviamente no publicaba todo lo que me llegaba, pero realmente me puse a disposición cien por ciento de la situación. Me costó, o sea, te digo, a nivel de salud mental, bastante, porque di mucho de mí. Pero a su vez también me trajo un montón de alegrías y retribuciones. O sea, obviamente, lo que hice lo hice porque me salió del corazón, porque soy así y porque siempre trabajé así. Y yo siempre apuesto a que podamos tener un mundo mejor y a que cada uno, desde el lugar donde está, pueda aportar para que este sea un mundo mejor, por más chiquito que sea el aporte. Creo que todos tenemos algo bueno para dar, ¿no? Y bueno, un poco… Fue esa mi filosofía, de decir: «Bueno, voy a aportar mi granito de arena para hacer este momento un poco mejor». La realidad es que toda la etapa de la pandemia, de los varados, hizo que yo creciera el doble o el triple de lo que estaba, que me reconocieran lo que hice los medios más importantes del país. Hay una nota en La Nación, hay otra en Clarín, donde estoy dentro de los 100 héroes anónimos de la pandemia. Estoy en El Cronista Comercial, en La Voz del Interior, una nota para CNN. O sea, me trajo un montón de alegrías y de crecimiento a nivel personal, porque me ubicó en un lugar distinto, o por lo menos diferente, de todos los que estaban en el mismo rubro.

No, a mí me trajo muchas alegrías y me trajo mucho. Es como que me conectó de vuelta con mi propósito de poder aportar algo útil, y me trajo un montón de retribuciones. Hay gente que realmente me sigue escribiendo que no se quedaron varados, que pudieron volver a casa, o que por lo menos estuvieron varados pero sintieron que alguien los estaba escuchando. O sea, para mí eso es una satisfacción muy grande. En la balanza fue más lo que gané que lo que perdí.

Yo comprometí mi salud mental para esto, y en un momento dije: «Bueno, hasta acá puedo dar». Puse un límite y dije: «Bueno, hasta acá puedo dar», porque realmente no estaba bien, de alguna forma dejando de lado mi trabajo, porque tampoco se podía viajar. Pero bueno, lo que di, lo di con mucho gusto, pero sí tuvo un costo, me dejó un poco quemada. Y bueno, de hecho yo pensaba: «Cuando se pueda viajar, porque no se puede ni salir de provincia, lo único que quiero hacer es agarrar el auto y darle derecho, derecho». O sea, ¿hasta dónde?

Y bueno, la que me acompañó toda la pandemia fue mi perra, Cata. La verdad que me hizo el aguante, estaba durmiendo al lado. Y dije: «Yo quiero agarrar el auto con Cata e irnos lejos, a donde sea». Y bueno, fue un viaje que me curó, digamos, de alguna forma, de esa quemadura mental que tenía. Fue un viaje que hice de dos meses por la Patagonia. Seguí manejando hasta Río Gallegos; no crucé, porque había que pasar por Chile y todavía estábamos en la pandemia. Pero fui con mi perra, las dos solas, durante dos meses manejando, y volver a viajar lento, parando en los pueblitos, conociendo… es como que me devolvió la vida, me reseteó y me dije: «Bueno, ya está con esto». Pero bueno, otra cosa que hice en ese momento… Después de lo de la pandemia, cuando se calmó un poco y todos ya empezaron a volver, fue pensar… Me di cuenta de que había mucha gente que perdió su trabajo y se tuvo que lanzar al vacío, a emprendimientos, esas cosas, y se encontraron con que no sabían cómo manejar las redes. No tenían ni idea, ni tampoco tenían ganas; estaban negados a decir: «Bueno, me abro una cuenta de Instagram para vender mi producto».

Entonces empecé a hacer tutoriales de Instagram, unos de 10 minutos, para que fueran aprendiendo, viste, lo básico. Y después vi que tuvo mucha, buena aceptación, y gente que por ahí decía: «Era fácil, no me animaba». Y yo dije: «Bueno, ahora armo un ciclo», que se llamó A hacer: cuatro clases de redes sociales, de edición de fotos, edición de video, Instagram para emprendedores, donde a través de Zoom les enseñaba en tiempo real, compartiendo mi pantalla de celular, cómo se hacían las cosas. Entonces la gente… Sabía que tenía que bajarse todo antes de entrar a la clase, y hacían a la par que yo. Entonces se llamaba A hacer porque vos efectivamente hacías todos los ejercicios a la par mía. Y a mucha gente le sirvió, y estuvo buenísimo, porque viste, cuando vos decís «no hago algo» porque, la verdad, para ellos hacerlo era difícil, «no voy a entender nada», qué sé yo… Bueno, haciendo, la gente se daba cuenta de que era fácil y de que podían hacerlo.

Entonces estuvo buenísimo también poder aportar en ese momento eso: poder ver la necesidad que había de gente que se lanzaba a hacer algo que nunca había hecho, y darles las herramientas que necesitaban. Entonces, un poco con esto que te digo, la flexibilidad de estar atento a qué es lo que necesita el otro, o qué es lo que se necesita. O sea, la pandemia generó nuevas necesidades, generó nuevos trabajos, generó nuevas formas de conectarse y comunicarse, de lo que sea. Entonces, estar atento y ser flexible. A ver, yo no podía viajar en esa época; estuvo bueno que se me ocurrió brindar algo, primero de forma gratuita, los tutoriales que hacía todas las semanas. Es como que me dio la pauta de que a la gente le servía y de que podía haber algo más. Y bueno, después esta serie de cursos, que estuvo buenísima, se conectó gente de todo el mundo y estaba buenísimo.

También. Pero bueno, por eso, todo está en adaptarse y ser flexible de acuerdo a lo que pide el momento que estamos atravesando, ¿no?

¿Y cómo enfrentaste vos cuando en la pandemia se cayeron, me imagino, muchos de tus ingresos asociados a viajar, y nadie estaba viajando? ¿Cómo enfrentaste esa situación?

Floxie: Yo tenía un colchón de ahorros, que fue lo que me permitió seguir subsistiendo. Pero digamos que mi cabeza estuvo ocupada con todo el tema, también un poco. También lo hice… Por eso, porque si no hacía nada, ¿yo iba a estar hablando de viajes cuando estaba todo el mundo encerrado? De hecho, ahora lo pienso: qué locura lo que atravesamos, ¿no? Porque es una locura lo que pasamos. O sea, parece que fue una película de terror. Creo que me volvía loca si no hacía algo útil en el momento. Entonces, un poco también dedicarme a hacer lo que hice… En la pandemia fue una forma de mantener mi cordura, a pesar de que me llenó un poco el tema de la salud mental. Pero realmente creo que fue una forma de lidiar, sabiendo que estaba haciendo algo útil y que el tiempo estaba invertido en algo que servía, ¿no? Pero bueno, con respecto a lo económico, un poco del colchón que tenía en ese momento, hasta que pude volver a generar ingresos.

¿Se puede viajar con perro en Argentina?

Magali: ¿Cómo es viajar con tu perrita?

Floxie: Catita es lo más. Lo que pasa es que acá en Argentina no está instalado el concepto de pet friendly. Estamos muy, muy verdes con respecto a otros países que lo tienen súper incorporado, como España, Estados Unidos. Acá, cuando yo empecé a viajar, me costaba encontrar alojamientos pet friendly, ni hablar de lugares para ir a comer, que solamente afuera, y eso que era verano.

Pero si no acertás, en invierno vas a estar ahí, quitando la nieve. Para mí los empresarios turísticos están perdiendo un gran nicho. ¿Por qué querés viajar con el perro? Es porque lo considerás parte de tu familia. Por ahí no tienen hijos, o sí, y son personas que tienen por ahí poder adquisitivo; como no invierten en un hijo, que es muy caro, invierten en un perro. Realmente tienen el poder adquisitivo para experimentar o hacer viajes de ese tipo, pero no lo hacen porque por ahí no quieren dejar al perro solo, o no lo quieren dejar en una guardería, o no quieren hacer un viaje largo.

Entonces fue un viaje de aprendizaje, y un poco fue como la bandera de decir: «Bueno, probemos esta modalidad pet friendly, que no le hace mal a nadie, al contrario».

Aparece un perro en cualquier ámbito y todo el mundo va a acariciarlo, a hacerle cosas; para mí es totalmente terapéutico. Y bueno, lo bueno es que hay dos hoteles que probaron con Catita la experiencia, como para inaugurarla. Así que plantamos bandera en dos hoteles, uno en Comodoro y otro en Bariloche, que ahora son pet friendly, y ella fue la primera huésped. Así que estuvo bueno en el sentido de poder concientizar e introducir… Obviamente que todo, como todo, tiene que ver con la responsabilidad del dueño, de cómo ser respetuoso, limpio, de no hacer macanas. El perro, pobre, no tiene la culpa. Pero bueno, hay de todo. Es una cuestión de nuestra sociedad: obviamente, si yo voy por la calle y estoy esquivando caca de perro por todos lados, digo: «Bueno, sí, obviamente el hotelero va a pensar». Si ni siquiera tenemos esa conducta en nuestro día a día, en una sociedad, en una ciudad, obviamente en un hotel… Quiero pensar. Pero bueno, ya te digo, creo que tiene que ver con la educación y el respeto del propietario, de decir: «Bueno, me comporto y hago lo que necesite el perro para mantener el orden, la limpieza y todo eso». Pero para mí fue sumamente terapéutico, en el auto con Catita. Unas conversaciones que tuvimos, no te puedo explicar, en la ruta ahí, kilómetros y kilómetros, no pasaba nadie, pasaba un guanaco, ¿oíste? Yo la miraba atrás… Haciendo otras cosas, por el retrovisor. Fue súper terapéutico, estuvo muy bueno, lo disfruté muchísimo.

Magali: ¿Viajó alguna vez en avión Catita?

Floxie: Mirá, en este viaje a la Patagonia nos llevaron en un vuelo de bautismo, en el aeropuerto de Trevelin, y subimos las dos por primera vez. Y ella, inmutable. Pero así, en un viaje largo en avión, no, no lo hicimos. Yo siempre digo que… No la voy a exponer a eso, a no ser que me esté mudando a otro país. Es una situación muy estresante para los perros.

Solamente se justifica si te estás mudando, creo yo; si no, no me parece. También se subió a un barco, a un velero en San Martín de los Andes, así que todos los medios de transporte. Ella anda en bici, en avión, en tren, en todo, es multiviajera. Me encanta. Candidata a influencer: «Hola, chicos, acá los seguidores para…».

Para Catita, me encantaría. Ojalá que cada vez se pueda viajar más con perros y sea todo más fácil.

Magali: Sí, ni hablar. ¿Se te ocurre un podcast para recomendar?

Floxie: Sí, hay uno que está muy bueno, que es Cómo fabricar tiempo, con Martina Rua y Pablo Fernández, que es de La Nación, que está bueno para poder enfocarse y para poder maximizar tu tiempo para trabajar. Me parece que tiene herramientas copadas.

Magali: Bien. ¿Y un canal de YouTube?

YouTube no veo mucho, soy sincera, pero me parece que el de Sir Chandler es súper completo para el que le gusta viajar. Muestra bien cómo es la experiencia. Y bueno, te da una visión copada de cómo son las cosas cuando uno viaja, así que… ¿Tenés alguna rutina o hábito que te sea funcional, que nos puedas recomendar?

Floxie: Estoy luchando con eso, pero me hace muy bien andar en bici. Me parece que es como sentir el viento en la cara y… Ir ordenando los pensamientos a medida que vas y seguís viendo. Me parece que es un lindo ejercicio, y sobre todo para los que viven en la ciudad de Buenos Aires, que tenemos la fortuna de que la ciudad está conectada por bicisendas en todos lados, en todos los barrios, y eso hace que la vida sea mucho más segura. Y si no tenés bici, de última podés usar las bicicletas de la ciudad, que de lunes a viernes es gratuito un viaje de media hora, cinco viajes máximo. O sea, si no tenés bici, podés usar las de la ciudad, y en vez de decir «me tomo el subte, me tomo un bondi», te vas en bici de un lado al otro y… Te juro que está buenísimo. Y hay un montón de estaciones. Así que en vez de estar ahí apretado en un bondi, en un subte, vas haciendo un poco de ejercicio y liberando tensiones.

Magali: ¿Hay algo pendiente que tengas para hacer en la vida, que todavía no hayas hecho?

Floxie: Sí, un libro. Tengo pendiente escribir mi libro, un poco de historias de aeropuerto, y también creo que incluiría cada viaje… hay viajes puntuales que marcaron ciertos momentos de mi vida, y cómo esos viajes hicieron que en distintas etapas de mi vida yo tomara distintos caminos y decisiones. Así que, pero bueno, tengo muchas historias… De aeropuerto, que también tengo que afilar un poco la memoria, pero sí, pasan muchas cosas en el aeropuerto.

Magali: Sin dudas. ¿Ya está empezado el primer borrador?

Floxie: No, no, todavía está en mi cabeza; por eso lo tengo que bajar, tengo que bajarlo. Mi cabeza es como que la abrís y se desprenden un montón, infinidad de cosas. Así que es un poco bajarlo. Tengo una idea, pero bueno, necesito empezar, hacer lo que siempre digo: hay que empezar a hacer, por más chiquito que sea.

Magali: Qué bueno. En eso, ahora, con todo lo que pasó estos últimos años, ¿qué le dirías a la Floxie del 2014?

Que va a estar todo bien, que mientras se escuche va a estar todo bien, y que siga sus instintos, que va a estar todo bien. Y que hay veces que va a estar perdida, pero que siempre va a encontrar el camino de vuelta. Así que no se preocupe, que todo tiene solución, que simplemente hay que animarse. Pero bueno, que haga las cosas que disfrute, que disfrute de cada momento, ¿no? Que disfrute de las cosas que hace, que las haga con ganas y que… Que nada, que aproveche cada momento, que viva el presente. Sobre todo, que viva el presente es una de las cosas que más le diría: que disfrute el presente, porque a veces uno está muy enganchado a pensar en el futuro, que te da ansiedad, o en el pasado, que te deprime. Pero en el presente, vivir el presente y vivir el hoy, el aquí y ahora.

¿Cómo te llevás vos con el síndrome del impostor?

¿Cómo convivir con el síndrome del impostor y los cambios de algoritmo?

Magali: Uff, tengo serios problemas.

Una parte de mí sabe todas mis capacidades, mi forma de… Salir ante las vicisitudes, lo que sea, pero hay otra parte de mí que realmente es como: bueno, pero… Que se cuestiona todo el tiempo, todas las capacidades, todo. Es realmente una lucha constante.

Señor Impostor… Bueno, creo que nos pasa a todos. Es como: si no es demasiado bueno lo que hago, si no soy suficientemente buena, qué van a pensar, que esto, que lo otro. Es una lucha interna de todos los días. Realmente creo que a todos nos pasa, y es lo más difícil de lidiar, me parece, cuando uno tiene una carrera, o sobre todo cuando uno es independiente y todo depende solamente de vos. Así que, bueno, trato, pero es complicado, está siempre ahí, como un fantasmita: «Hola, ¿qué tal?».

«Hola, ¿me extrañabas?».

Te está acompañando por la vida, no estás sola.

Floxie: Bueno, sí, sí, me está acompañando. Me está acompañando y no se quiere ir. Es como un inquilino que no paga el alquiler, y eso ocupa.

Magali: ¿Sentís que la tuviste siempre o que apareció en esta parte de comunicadora de viajes?

Floxie: No, creo que apareció más ahora. Creo que antes tenía mucha más confianza en mí, o por lo menos hacía las cosas con más convicción. Y ahora estoy lidiando más en esta nueva etapa, porque estoy en un constante aprendizaje, porque todo cambia todo el tiempo. Cuando yo trabajaba en aviación estaba muy segura de lo que hacía, porque con los años de experiencia, por toda la capacitación que tuve, yo sé cómo funcionan las cosas. O sea, las cosas no cambian de un mes a otro. En cambio, en este ámbito todo está cambiando todo el tiempo.

Entonces eso me genera inseguridad, en el sentido de: «Bueno, no sé si estoy a la altura o si necesito incorporar cosas nuevas». En cambio, lo otro lo tenía mucho más incorporado y no me aparecía el señor impostor. Estaba mucho más segura de mí misma. Ahora, sí, soy segura de mí misma y todo lo que quieras, pero al estar en constante aprendizaje, en constante movimiento, y siendo todo tan efímero, porque, viste… Prestamos atención cada vez menos segundos, se está reduciendo cada vez más. Es como que en dos segundos, si no te enganchás, chau, te fuiste. Es más presión todavía, y eso implica que, al estar en constante aprendizaje, aparezca más el síndrome. Así que, pero bueno, nada, ahí estoy, lidiando con eso, yendo de la mano.

Magali: Me pregunto si ya salió algún estudio de si empeoró en los últimos años con las redes sociales, con la combinación entre la exposición, la poca barrera, poder ver mucho de las otras personas y que otras personas te comenten. Si todo eso amplificó que nos sintamos mucho peor.

Floxie: Lo que pasa es que, claro, uno también, cuando está en redes sociales, está expuesto.

A eso. Son las reglas del juego, ¿no? Entonces es como que, bueno, te la tenés que bancar, sabés a lo que estás jugando. Pero lo que pasa es que uno, cuando muestra una parte, decide qué es lo que muestra y qué es lo que no. Hay un montón de cosas que pasan que uno no muestra, ¿no? Por eso creo que el límite lo pone uno: uno pone los límites de lo que quiere mostrar y lo que no. Pero claro, al estar expuesto, es como que todo el mundo está ahí, esperando a ver qué está pasando.

Y vos sentís una presión. Pero bueno, en definitiva, yo creo que hay que escucharse a uno mismo, hay que ser fiel a uno mismo siempre; es lo importantísimo de todo para mí. Y sí, evidentemente, en este momento, aparte, con Instagram que cambió el algoritmo, lo que antes funcionaba… Hay un montón de creadores de contenido, no solamente de viaje, sino de otros rubros, que estamos súper frustrados porque uno ya no tiene la respuesta que tenía antes o la visualización que tenía antes.

Todo quiere volverse un formato TikTok. Entonces, si vos no hacés cosas con la manito, las cositas y los cartelitos y, qué sé yo, los bailecitos, es como que estás out del sistema, a veces. Pero, puta, a mí esto no me gusta, no me entusiasma. O sea, ¿qué hago? Porque es como que, bueno, ¿tengo que rendirme ante las reglas de Mark Zuckerberg, o qué hago? ¿Cierro la cuenta y besitos a todos? No sé, como que, bueno, ¿pero de qué forma puedo incorporar lo que piden?

Pero a mi estilo, haciendo algo que yo disfrute y no siguiendo el rebaño porque no me queda otra. Entonces es muy cruel también, porque de un día para otro te dicen que te cambia todo y vos te quedaste como… «¿Y qué pasó?». Y te juro que no es que me pasa a mí solamente, nos pasa a unos cuantos. Pero bueno, por eso te digo, hay que estar con la cabeza abierta, probando y viendo a ver qué es lo que te resulta, pero sobre todo escuchándose uno mismo. De afuera pueden venir 1000 voces, pero vos lo que debés hacer es lo que te dicta dentro de tus entrañas.

Para qué lado ir. Creo que es importante escucharse a uno siempre.

Magali: Y creo que acá está demostrado el peligro de tener tu audiencia cautiva en un monopolio de tecnología. Porque esto ya pasó: Facebook cambió su algoritmo hace 10 años y de pronto no nos mostraba más, y lo mismo con Instagram y lo mismo con todo. Entonces acá está el riesgo: si construís así, es como construir una torre de cartas, estás a merced de que cambie un algoritmo de mierda que cambia todos los días.

Floxie: Sí, es que por eso hay que diversificar y no hay que estar en una sola red.

Tener un sistema, en el sentido de que, bueno, eso Sir Chandler siempre lo dice, y yo lo voy a decir, un poco es mi mentor y… Y siempre lo admiro y lo miro, siempre le pido consejos, lo vuelvo loco, pobre. Bueno, vos tenés un sistema que se retroalimenta entre ellos. Entonces vos hacés un post en el blog que después lo difundís en Instagram, en Twitter, que después le metés un video de YouTube, que, bueno, quizás hacés un podcast también, que hace lo mismo. Entonces tenés un sistema que se retroalimenta. Y el día de mañana también vienen empresas y te dicen: «Bueno, ¿vos dónde lo vas a sacar?».

«Sí, te lo voy a mostrar en Instagram, ahí nada más». Es como que no: también tengo un blog, también tengo Twitter, también tengo YouTube. Entonces es un poco diversificar, porque si te quedás solamente con algo, como que no tiene sustento. Muchas veces dicen «tengo un blog» y es Instagram, no tienen ninguna página y solamente muestran la historia. Así que, qué sé yo, como que le falta una pata, ¿oíste? También te vas a frustrar si te dedicás solamente a Instagram y ves que el algoritmo cambia de pies a cabeza de un día para el otro, y te quedás como: «¿Y ahora qué hago?». Entonces… Por eso la idea es tratar de abarcar distintos formatos, distintas redes, como para que no te pase eso, ¿no? Y también para construir una identidad, que es importante, creo. No solamente no poner los huevos en una sola canasta, sino tratar de pensar más en macro.

Magali: ¿Cuál es la mejor forma de encontrarte en Internet, para quienes quieran conectar con vos?

Floxie: Está mi blog, que es El Mundo de Floxie, y mis redes sociales, más que nada Instagram y Twitter, donde estoy más activa, que es arroba floxie10. Y el 10 es porque mi cumpleaños es el 10 del 10, y porque floxie estaba ocupado.

Bueno, ahí está. Me pueden encontrar ahí, los espero, todos son bienvenidos.

Magali: Tengo mucha intriga por esto. ¿Te acordás de ese momento de la pandemia, cuando no salían los vuelos de Argentina y se esperaba, tipo un día antes, a que publicaran la lista oficial de los aviones que salían del país, y todos estábamos mirando los mismos blogs, tipo el tuyo, el de Sir Chandler, Info Viajera, para ver si se publicaba?

¿Te volvieron loca en ese momento?

Floxie: No tanto. Lo que pasa es que la verdad que fue difícil, porque te pasaban información medio off the record, pero hasta que no salía publicada no podías poner nada. O si lo publicabas, también corrías el riesgo de estar desinformando, porque al final fue todo tan desorganizado… Las autoridades te decían algo, te autorizaban, pero dos minutos antes, y las aerolíneas no… Una línea aérea no es una verdulería, ¿entendés? No es que vas al Mercado Central y a la mañana llenás todo. No, o sea, tenés que organizar tripulación, permisos, etcétera, etcétera. Y la verdad que fue tremendo. Para las aerolíneas fue súper estresante. Pero, a ver, no sentí, la verdad, la presión de volverme tan loca como en el principio de la pandemia. Sentí más presión al principio de la pandemia que en ese momento, porque en ese momento ya muchos se dedicaban a compartir la misma información. Entonces yo sentí menos presión, porque me sentí más acompañada. En el momento de la pandemia… Lo que estaba haciendo yo, era la única que lo hacía. Obviamente que me ayudaban, pero el nivel de compromiso y de entrega… fui la única que puso la carita. Pero bueno, en este momento creo que no, ya te digo, porque hay otros que también están compartiendo la información. Entonces nos complementamos entre todos y nos preguntábamos entre todos. Entonces era otra la situación, ¿te acordás?

¿Cómo fue el último vuelo antes de renunciar a la aerolínea?

Magali: ¿Cómo fue tu último vuelo, previo a renunciar al aeropuerto?

Floxie: Sí, fue la verdad muy emocionante, porque yo estaba terminando una carrera de 20 años en el lugar que me vio crecer, porque la verdad es que pasé la mitad de mi vida ahí adentro, en el aeropuerto. O sea, es increíble. Y yo renuncié y me estaba yendo a Europa, al casamiento de una prima, y me iba a quedar unos tres meses viajando, porque siempre quise viajar así, largo y tendido, y nunca había tenido tiempo con el trabajo. Así que el último día trabajé y ese mismo día me tomé el avión para Europa. Y fue hermoso, porque, bueno, nada, me llevé mi carro… Me fui con mi uniforme. Estuve trabajando hasta el vuelo; se iba a la una, 12:30 o una. Trabajé hasta las 11:30, me cambié el uniforme, se lo dejé a mis compañeros, agarré y me subí como pasajera. Y nada, les dije a los chicos: «Quiero hacer el último aviso de embarque», porque a mí me encantaba hacer los anuncios. Y bueno, hice el último anuncio de embarque con un nudo en la garganta.

Fui la última pasajera. Subí, me quedé ahí en la puerta, cerramos la puerta con el jefe de cabina, y todos mis amigos saludándome del otro lado. Yo lloraba. Y me senté en la ventana, veía a mis compañeros en la rampa que me saludaban. No sabés lo que lloré, lloré. Pero dije: «Me tengo que ir del aeropuerto tomándome un avión». No puedo, en mi último día de trabajo, que termine el día y chau. No, no, esto tiene que cerrar. Porque yo, igual, soy muy novelera, cinematográfica.

Yo dije: «No, yo necesito un final de novela». Y bueno, dije: «No, esto tiene que ser subiéndome al avión», y listo. Ese fue mi último día, así lo trabajé. Después me fui para Roma y fue como… nada, me la pasé llorando las primeras dos horas por lo menos, pero de emoción, viste, porque realmente hay un vínculo muy, muy especial con el aeropuerto, con los amaneceres, con tener siempre a la gente. ¿Te acordás de esa época? Yo trabajaba muy temprano y mostraba el amanecer en la rampa, con todos los aviones entrando, la gente saliendo, dándoles la bienvenida. Sí, hay un montón de rutinas que yo tenía en el aeropuerto que, bueno… Sí. Y bueno, irme subiéndome arriba de un avión fue muy emblemático, estuvo muy bueno, como emprendiendo un nuevo viaje, el viaje al resto de mi vida, esta nueva etapa. Y bueno, es muy simbólico, muy emocionante todo. De hecho, en mis historias destacadas tengo, al final de todo, ese día, donde se me ve haciendo el último anuncio, cerrando la puerta, todo. Todo hermoso, la verdad.

Magali: Impresionante, eso sí que es un buen final.

Floxie: Sí, sí, la verdad que sí. Dije: «Lo quiero hacer, pero lo voy a hacer con estilo. Tiene que ser el final que me merezco».

Magali: Bien. Entonces, ahora vamos a ver cómo cerramos este capítulo. Palabras finales para la audiencia, para los que nos escucharon hasta acá.

Algo que haya quedado ahí en tu cabeza.

Floxie: Yo creo que uno siempre tiene miedo y siempre va a tener síndrome del impostor de alguna forma, que va a estar ahí molestando, pero creo que es importante escucharse y hacer las cosas con pasión. Si quieren intentar algo nuevo, prueben, experimenten, empiecen a hacer, aunque sea algo chiquito, pero empiecen a hacer. Es la única forma de cambiar, de poder incorporar algo nuevo. Y si empiezan algo, empiécenlo porque realmente les gusta, porque es algo que les va, que es su cable a tierra, y después quizás eso puede derivar en algo. Pero no empiecen algo con el pie izquierdo, pensando en… No hay ningún tipo de sentimiento ahí, solamente quiero una retribución, lo que sea. Me parece que es importante escucharse a uno y también saber que todos somos únicos, que todos tenemos un valor único para darle al mundo. Y si no sabés para qué sos bueno, preguntale a la gente que te quiere, a tus amigos, a tu familia: «¿Para qué soy bueno?». «Mirá, la verdad que vos me das muy buenos consejos de tal cosa», o «la verdad que, cuando tengo que viajar, vos…».

«Sos muy bueno escuchando», o bueno. Porque a veces las respuestas… o sea, nuestro peor enemigo es nuestra mente, en las conversaciones que tenemos en nuestra mente. Para mí, yo creo que es así. Entonces a veces no nos damos cuenta ni de lo que valemos ni de lo que tenemos para dar. Por eso es importante preguntarle a la gente que te quiere, para que te dé una idea y puedas saber un poco por dónde ir. Y realmente creo que es importante conocerse a uno, tener el valor de enfrentarse a uno mismo. Creo que viajar ayuda muchísimo a descifrar quién es uno y qué es lo que quiere en la vida, sobre todo viajar solo. Yo, viajando sola, descubrí lo mejor y lo peor de mí misma, y de esa forma creo que, cuanto más se conoce uno, mejor puede desenvolverse después en la vida.

Entonces recomiendo a todo el mundo… O sea, que hagan viajes, aunque sea una vez en la vida, hacer un viaje solo, aunque sea cerquita. Me parece que el aprendizaje que uno se lleva de esos viajes es totalmente enriquecedor para la vida. Y sé que muchos dicen: «No, pero tengo miedo, me voy a aburrir», qué sé yo. Bueno, no. Sí, posiblemente tengas momentos en que te quieras morir y que estés muy triste, y posiblemente sean momentos muy felices, pero creo que es la mejor forma de conocerse uno.

Es difícil saber adónde vamos si uno no se conoce. Entonces creo que… eso es algo que me lo dijo una vez un profesor en un seminario de fotografía en Nueva York. Me dijo: tenés que saber quién sos para saber hacia dónde ir, si vos no sabés quién sos. Y bueno, una forma de conocerte es haciendo un viaje. Y no te digo tomándote un avión a 10.000 km; si no, no sé, andate a un pueblo a una hora, tomate el tren, hacé algo. O sea, cambiá tu forma de ver las cosas, cambiá tu rutina, cambiá tu punto de vista. En vez de hacer siempre el mismo camino al trabajo, andate por otro circuito, mirá para abajo, mirá para arriba, sé observador, curioso, aprendé a ser humilde, sé tolerante. Creo que esos son los mensajes que me gustaría dar. Creo que nosotros tenemos la capacidad… somos seres humanos. Lo que aprendí viajando es que, a pesar de las diferencias culturales o lo que sea, somos en definitiva todos iguales. Somos humanos con sentimientos y de esa forma nos conectamos, aunque no hablemos el mismo idioma. Entonces creo que hay que ser más tolerante, más abierto, y hacer lo que a uno lo hace feliz, vivir el presente y estar siempre aprendiendo para poder ir evolucionando. Y cuanto más te conozcas, más… Vas a saber qué es lo que querés en esta vida y cómo podés aportar algo de ese valor que te hace único en esta vida. Así que, si todavía no lo saben, pónganse en marcha para descubrirlo, que seguramente hay algo muy valioso dentro de ustedes, y ustedes saben que lo tienen. Pero les juro que, cuando empiecen a investigar, algo bueno va a salir de eso.

Magali: Me encantó. Gracias, Floxie, por abrirte y contar todo esto. Lo disfruté un montón y estoy segura de que la gente que lo está escuchando también.

Bueno, gracias a vos, Maga, por este espacio para poder contar mi historia, y espero que le sirva a alguien que esté escuchando. El miedo va a existir siempre; hay que aprender a convivir y a bailar un tango ahí con el miedo. Y por otro lado, con el síndrome del impostor también hay que saber convivir, con los dos de la mano, así, agarraditos, caminando. Pero bueno, gracias por este espacio. Espero que… Esta historia le sirva a alguien que esté en una misma posición, para que se anime, con planificación. Pero bueno, siempre el control de nuestra vida está en nuestras manos únicamente y de nadie más. Así que adquirir las herramientas para poder tomar el rumbo que queremos está en nuestras manos. Y es posible. Todo es posible si nos lo proponemos y trabajamos por eso. Sí, gracias, Maga, y gracias a todos los que están escuchando. Te mando un abrazo, un abrazo enorme.

Gracias. Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés alguna amiga o amigo a quien le pueda gustar esta entrevista, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com, y podés mandarnos cualquiera de tus comentarios por las redes sociales, en arroba tienequehaberalgomas. Nos vemos la próxima.

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