Gaby Natale

Periodista Argentina, Gaby tiene una amplia trayectoria en diversos ámbitos: empresaria, autora y conferencista. Actualmente vive en Estados Unidos y trabaja como presentadora de su propio programa televisivo: “Superlatina”. Cofundó la productora “Aganar Media”y en 2017 lanzó su primer libro “El círculo virtuoso”  junto a Harper Collins. Gaby supo cómo armar su carrera y profesión desde el valor personal y el trabajo constante en pos de cumplir sus objetivos.

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De qué hablamos con Gaby Natale

  • Valor personas y trabajo
  • Vivir en Argentina y buscar trabajo durante la crisis de 2001
  • Cómo vivió la nominación y ganar premios EMMY
  • Ser juzgada desde lo laboral por tener el inglés como segundo idioma y su acento latino
  • Pasar de hablar sobre otros a hablar de ella y su vida
  • Vivir y trabajar en Estados Unidos. El proceso de tramitar su Green Card.
  • Relaciones laborales
  • Renunciar a la cámara de Univision y armar su propia compañía
  • El proceso de escribir y lanzar su libro
  • La distancia y la comunicación con los afectos antes y ahora

Recomendaciones de Gaby Natale

  • Dr. Wayne Dyer (Autor)
  • Gary Zukav (Autor)
  • Air (Pelicula)
  • Moneyball (Película)
  • I origins (Pelicula)

Transcripción

Gaby Natale es periodista argentina, ganadora de tres premios Emmy, autora de El círculo virtuoso y cofundadora de Aganar Media, la productora de su programa SuperLatina. En el episodio cuenta los dos años desempleada tras la crisis de 2001, el prejuicio por su acento, la renuncia a Univision, el trámite de su green card y cómo arrancó su show en un depósito de alfombras.

Introducción

Gaby: Y a veces las oportunidades te vienen empaquetadas de una manera que no es glamorosa, pero porque no sea glamorosa o no sea la manera que vos te imaginaste, no quiere decir que no sea una oportunidad. Y para mí la prioridad era empezar. Yo siempre digo: empezar en chico no quiere decir que pienses en chico. Entonces, vos podés empezar en chico y después pensar en grande si querés, pero al menos empezaste de alguna manera, y al menos empezaste a caminar y aprender.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para estar alineados con sus valores. Desarmamos la historia para entender cómo lo hicieron. Nos ayudás un montón si te suscribís en la plataforma donde estés escuchando este podcast.

Estamos escuchando a Gaby Natale. Ella es periodista, ganadora de tres premios Emmy, empresaria, autora y conferencista. Viviendo en Estados Unidos, Gaby es presentadora y productora de su propio programa televisivo, SuperLatina, y es la cofundadora de Aganar Media. En 2017 Gaby lanzó su primer libro, El círculo virtuoso, junto a HarperCollins.

Todas las semanas comparto ideas en el correo, donde escribo el detrás de escena, lo que aprendo y mis recomendaciones. Buscalo en tienequehaberalgomas.com/correo.

Antes de empezar, tengo un anuncio rápido. Lanzamos la comunidad Tiene que haber algo más. Después de recibir cientos de mensajes, esto existe porque ustedes lo pidieron. La comunidad es una membresía donde conectamos con otros profesionales desde tres continentes y más de 25 ciudades. Es ideal para vos si también sentís que a veces a tu alrededor no te terminan de entender a dónde querés llevar tu carrera profesional o tu vida. Esto es para conectarnos entre todos, con personas que trabajan en cosas diferentes, pero que tienen una forma parecida de pensar. Unite y seguí aprendiendo con nosotros.

En tienequehaberalgomas.com/comunidad. Ahora sí, vamos con Gaby. Hola, Gaby, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a conversar conmigo.

¿Qué es el éxito si el costo es tu paz?

Gaby: Un gusto, Magali. Qué bueno que la vida y Georgetown University nos hayan juntado en una sola ciudad.

Magali: Gaby, quiero empezar con vos preguntándote: ¿qué es el éxito para vos?

Gaby: ¡Ay, qué difícil! Pero yo creo que tener paz es bien importante para el éxito. La verdad que muchas veces hay como… Cosas mensurables, digamos, de la sociedad, que pueden ser económicas o de carrera, o de esto o de lo otro. Pero si el costo es tu paz, es un costo demasiado alto. Entonces yo creo que hacer las cosas con paz es éxito. Para mí, trabajar de algo que me gusta es éxito, porque tengo una necesidad creativa importante; eso no es igual para todo el mundo.

Tener vínculos sanos y positivos, los que sean, es éxito. Y hay una parte que no depende de nosotros, que es la salud, y eso no sé si llamarlo éxito o un milagro o algo que hay que agradecer todos los días, porque si no tenés eso, no tenés nada.

¿Cómo buscar trabajo en la crisis de 2001 sin creer que cada no habla de tu valor?

Magali: Vos estudiaste periodismo y justo te recibiste en un momento muy único en la historia de Argentina, en la crisis del 2001, que era muy difícil conseguir trabajo. Y… Y también asumo que has recibido muchos no a lo largo de tu carrera. Quiero saber cómo hiciste para no asociar que ese no, o que esa falta de respuesta, tenía que ver con tu valor como persona o profesional.

Gaby: Al principio no fue fácil. Yo muchas veces, al comienzo de este camino, cometí el error de pensar que cada no que yo recibía era un reflejo de mi valor como profesional o incluso como persona. O sea, ponía mucho de mi autovaloración en la aprobación de los demás. Después me di cuenta, haciéndome más grande y a partir de que empecé a tener más posibilidades, mirando para atrás, que había sido demasiado dura conmigo misma en un contexto en el cual… Cuando yo me recibí, voy a dar contexto, fue diciembre del año 2001 en Argentina. Para los que nos escuchan de otros países, les paso un par de números para que se den una idea. Había una crisis muy grande. Tuvimos cinco presidentes en diez días; al año siguiente, del 2001 al 2002, el acumulado fue 80% de inflación, 20% de desempleo, que era récord. E imaginate comenzar un camino profesional: cuando uno se gradúa, ya de por sí en circunstancias… Más o menos normales es difícil, porque tiene que confiar alguien en vos cuando todavía no te probaste y cuando la verdad te tienen que enseñar muchas cosas, no tenés experiencia. Bueno, si en condiciones, llamémoslas normales, es difícil, en esas condiciones era muy duro.

Yo me pasé casi dos años desempleada, y la verdad me empecé a valorar ese esfuerzo, aunque fue un esfuerzo sin resultados, porque la verdad es que estuve dos años sin tener resultados, más adelante. Más adelante me di cuenta que me había tratado un poquito mal, que tendría que haberme tenido más paciencia, pero que cuando uno empieza el camino profesional no tiene perspectiva. No tiene contexto, y por ahí ves que los demás, mis compañeros, iban consiguiendo un trabajo, otro y otro, y yo no.

Yo estaba rezagada y no conseguía, y decía: “Bueno, el problema soy yo”. Y era bastante más complejo que eso.

Magali: ¿Qué es algo que ahora decís… “Fui mala conmigo misma”, en retrospectiva?

Y fui mala conmigo misma, en retrospectiva, en esa época. En esos dos años que yo estaba desempleada me empezó a agarrar vergüenza de no conseguir un trabajo. Y esto no me pasó solamente a mí; le pasa a un montón de gente. Te empieza a dar vergüenza porque vas a una reunión y lo primero que te preguntan es cómo estás, en qué andás, y no tenés qué contar. Y me pasaba todo el día en pijama mandando currículums por Monster Jobs, que estaba en esa época.

Se me pasaba el día, ¿viste? Y voy haciendo cosas y voy queriendo golpear puertas, y pasan los días e incluso semanas, y mirás para atrás y decís: ¿en qué avancé? Y no avancé, aunque en realidad el tiempo sí se lo dediqué. Entonces, en ese sentido, claro, te empezás a clavar puñales también. No digo que no haya estrategias para mejorar nuestra situación o para tratar de tener más posibilidades. Yo creo que ahora, mirándolo para atrás, en realidad capaz cuanto más salís… Cuanto más conocés, cuanto más circulás, más mejorás tus posibilidades de generar una oportunidad o una primera oportunidad. Pero mi reacción humana fue la opuesta: fue dejar de ir a cumpleaños, dejar de salir, dejar de encontrarme con gente, porque me daba vergüenza.

¿Qué cambia cuando ganás un Emmy siendo una productora independiente?

Magali: Vos tuviste algunos hitos en tu carrera que probablemente el 99% del mundo jamás consiga.

Y no digo que todos estemos buscando lo mismo, ¿no? Pero son cosas muy de la foto de tapa, de película. Quiero saber: vos ganaste tres Emmys, muy poca gente va a hacer eso en la vida.

¿Qué cambió?

Gaby: Sí, tres Emmys, que son los Emmys nacionales, porque hay otros que son locales.

Magali: ¿Qué cambió desde que ganaste el primero?

Gaby: Gané dos la misma noche, fue lo mejor. ¿Sorprendida? Sí.

La más sorprendida de todas, si mirás el video, soy yo, porque nosotros competimos en las categorías de mejor conducción y de mejor show de entretenimiento siendo una compañía independiente, Aganar Media, mi compañía, con un equipo muy chico, con un presupuesto minúsculo, y del otro lado teníamos NBC, Telemundo, Univision, compañías que cotizan en bolsa. Entonces, cuando vas a un lugar así y vos sos un pigmeo tan chiquitito, y del otro lado hay gente con tanta palanca y tantos recursos… Pues sí, voy a disfrutar la cena. Me voy a sacar la foto en la alfombra, voy a ver de al lado a Larry King, voy a ver de al lado a gente que ni te imaginás, que un día por ahí te toca estar en el mismo salón. Uno siempre es optimista y dice: es una posibilidad; si estás nominado, una de cinco, una de seis, matemáticamente estás ahí.

Pero que ocurriera realmente era algo muy improbable. Y ocurrió, y ocurrió dos veces. Y lo que yo aprendí de esa lección es una cosa que me dijo mi directora de programación en ese momento. Cuando nos nominaron, yo fui a hablar con ella y le dije: “Mirá, Doris, estamos nominados, pero… Estamos en contra de toda esta gente”. O sea, en contra no: en la misma categoría, en la misma nominación. Y ella me dijo: “Mirá, Gaby… En la vida y en el trabajo no todo es la plata. Hay cosas que, cuando uno las hace… Con muchísimo amor y desde un lugar de mucha verdad, y son muy personales, pueden trascender por más que no tengas el mismo presupuesto”. Y yo me quedé con esa lección. ¿Y lo que cambió? Mirá, es un mimo al alma, pero al día siguiente había que salir a trabajar igual, y salir a buscar los clientes y salir a hacer todas las cosas igual. No es que fue: “Ay, me gané los Emmys”, y al día siguiente me cambió la vida o la cuenta bancaria o nada. Pero sí fue un reaseguro y un mimo de decir: estoy haciendo algo que en esta industria no se está haciendo, y lo hago solo porque creo en esto, porque creativamente a mí me nutre, y bueno, evidentemente otra gente también vio el valor.

Fue eso, más que todo. ¿Viste alguna vez este discurso de Jim Carrey en los Golden Globes, cuando va y presenta, que hace como que estamos todos acá porque “ya sé que cuando consiga mi tercer Golden Globe ahí voy a encontrar el significado de la vida y la felicidad”?

Magali: No lo vi, no. No sé, es como buscar… Este reconocimiento muy… Muy, muy específico y muy difícil de conseguir, cuando un montón de veces le ponemos nuestro valor y toda nuestra búsqueda a este tipo de cosas, que son muy efímeras también, ¿no?, y que no dependen de vos tampoco.

Gaby: Pero sí, te voy a decir: yo soy emprendedora y yo soy… Siempre soy lo que llamamos en inglés el underdog, ¿no es cierto? David y Goliat: siempre me toca estar del lado del más chiquito. Sí, te voy a decir que sería mentira decirte que te hace tener una reunión más fácil. Es un sello de que tu industria te dio el honor más alto que existe para esa industria. En otras industrias, en el cine, será el Óscar; si vos competís en las olimpiadas, es la medalla de oro; para el fútbol, la Copa Mundial.

En cada uno es algo diferente. Entonces sí, es algo que no depende de vos porque lo vota otra gente, pero que en ese sentido es no solamente un mimo al alma, sino que también, para otra gente que no te conoce, es una manera de que al menos quizás estén más abiertos a darte una reunión.

Magali: Bien. Viendo tu charla TED, que la disfruté mucho, hay un tema que mencionás que me parece súper importante en el cambio de culturas, que es…

¿Por qué el acento todavía es un tabú en el trabajo?

Magali: Quiero saber qué aprendiste vos de que otras personas juzguen tus habilidades porque tu inglés tenía un acento latino.

Gaby: Claro, yo digo, aún al día de hoy me he cruzado con gente que piensa que yo no tengo educación solo porque el inglés es mi segundo idioma, lo cual es loquísimo, porque estás penalizando a una persona que es multilingüe. O sea, penalizarla por hablar muchos idiomas no tiene ni pie ni cabeza. Entonces, para mí… Este tema se llama accentism en inglés. ¿Acentismo será en español? No sé si existe la palabra.

Es un tema que la verdad, aunque no lo puedas creer, es muy tabú todavía, y dentro de todas las conversaciones de diversidad y de inclusión que hay en las diferentes empresas y en ámbitos de trabajo, no tiene todavía el lugar que debería tener. Porque cada vez que yo abro esa caja de Pandora (yo hago charlas de liderazgo y programas de liderazgo con corporaciones globales y con diferentes compañías), cada vez que yo abro la caja de Pandora del tema de los acentos, no sabés la cantidad de gente, sean latinos o de la India o de donde sea, que empiezan a abrirse y me empiezan a decir: “A mí me pasó”, “A mí me presionaron para que yo neutralizara mi acento”.

Magali: La verdad que me hace bien verte en esos escenarios, porque me doy cuenta que yo misma estoy pensando que no lo puedo hacer, o me limito, solo porque tengo un acento.

Gaby: Y esto es un tema que tiene dos partes. Hay una parte interna, o sea, hay una parte donde uno por ahí se siente menos… Confiado. ¿Por qué? Porque siempre que vas a conferencias, en la mayoría de las veces, en conferencias y en lugares, escuchás a gente que tiene el acento nativo, lo que se llama acento nativo en inglés. Y hay otra parte que no están locos. O sea, muchas veces se ha penalizado a la gente por tener un acento diferente o porque el inglés fuera su segundo idioma. Yo soy la primera autora latina publicada por la división de liderazgo de la editorial HarperCollins. Tuve que luchar… Para hacer el audiolibro en inglés de mi propio libro. ¿Por qué? Porque mi acento es diferente y nunca tuvieron una autora como yo. Entonces yo me planté y les dije: “Miren, esta es mi historia, son mis ideas, el copyright es todo mío. ¿Cómo no voy a ser yo la narradora?”. Y ahora, si lo quieren ver donde sea, soy yo la que estoy contando mi historia. No tenía ni pies ni cabeza que tuvieran una actriz con un acento neutro contando la historia de una inmigrante. Es un despropósito.

¿Cómo se vive lejos de tu país y de tus afectos?

Magali: Claro. ¿Qué fue para vos lo más desafiante de estar expatriada cuando llegaste a Estados Unidos?

Gaby: Bueno, yo nunca me hablo a mí misma como expatriada, porque me suena como el destierro de la Roma antigua, que era como el deshonor más grande que hay: estar fuera de tu tierra. Tengo una visión, y muchas veces cuando escucho gente que piensa si un familiar se va o si ellos se van, mi punto de vista es que no es tan dramático necesariamente. Sí, claro, es un cambio enorme, pero yo soy una agradecida de que justo los cambios de tecnología fueron acompañándome en mi vida. Ni bien yo me fui de Argentina, estaban las tarjetas telefónicas, que vos marcabas un numerito. Entonces yo estaba de novia con el que hoy es mi marido y charlábamos. ¿Por qué? Por la tarjeta telefónica. Estaba feliz. Cuando me tocó empezar a manejar en México, imaginate, no me oriento para nada: justo se inventó el GPS.

Entonces pude manejar. Y ahora están las videollamadas, hay tantas cosas. Me acuerdo que mi mentor de tesis, cuando yo estaba haciendo la maestría, se tuvo que ir en la época de la dictadura en Argentina, ¿no es cierto? Para los que nos escuchan en otros países: muchísima gente se fue por diferentes razones, o porque fue perseguida, etcétera. Y él me decía una cosa que nunca me voy a olvidar, Magali. Él me dijo: “Yo cuando llegué a Madrid (él se fue a Madrid) me iba al aeropuerto de Barajas a ver los vuelos de Aerolíneas que llegaban para mendigarles un Clarín o un La Nación, y ver qué noticias podía leer y pescar de la Argentina”. Esto antes de que inventaran internet, obviamente. Y eso realmente es una experiencia muy fuerte, porque no te enterás, y porque no podés llamar, y porque es tan caro. Y yo siento que en este momento, que está globalizado, que hay tanta tecnología, quienes vivimos en el exterior tenemos una experiencia muy diferente. Mi mamá muchas veces me dice: “Hablo más con vos que con los que viven acá”, como tus hermanos. La semana pasada estuve en Argentina y no es que me tuve que poner al día: con mi familia estábamos al día. Claro que es más lindo poderte abrazar y comernos unas medialunas juntos, viste, pero yo siempre pienso que de cada decisión que uno toma en la vida tiene que hacerse cargo y vivir con sus consecuencias. Yo decidí irme del país, nadie me obligó. O sea, es muy diferente a mi mentor, que en ese momento no pudo elegir.

Yo decidí. Entonces, cuando tomás una decisión, no podés estar casada y lamentar que no estás soltera, estar bailando y lamentar que no estás durmiendo y descansando. Si vos tomás la decisión y vos te vas, quedate con lo bueno, valorá lo bueno; lo otro sabés que es parte de tu día a día: que no vas a poder juntarte cada domingo a comer un asado con tus amigos de siempre, pero a la vez estás teniendo otra experiencia de vida. Entonces yo pienso que decidas lo que decidas en esta vida, sea casarte, ser soltera, tener un hijo, no tener un hijo, lo que fuera, tenés que saber que en toda decisión ganás en algo y perdés en algo.

Magali: Ajá. Gaby, ¿te acordás cuál fue el mejor o el peor consejo que te dieron?

Gaby: Peor consejo, de alguna manera, todos los consejos que tengan que ver con convertirte en alguien que no sos como receta para… Que te vaya bien en tu trabajo, que te vaya bien en la vida, porque es un consejo que irremediablemente te hace infeliz, por lo menos a mí. Yo no puedo sostener… Contorsionarme para entrar en un molde de lo que se supone que era la conductora o la periodista o lo que fuera. Mirá, los que me están viendo por el video: tengo unos aros de un loro, glitter y todos los colores. O sea, es imposible. Esta soy yo. Si me tuviera que convertir en otra persona, la pasaría pésimo. Y esa fue una de mis motivaciones para convertirme en emprendedora.

La libertad creativa. Entonces, todo lo que era neutralizar tu acento, convertirte en alguien que no sos, “tenés que hacer esto, tenés que hacer lo otro”, entrar en un estereotipo, todo eso: peor consejo del mundo. ¿Y el mejor? Mirá, uno de los mejores creo que fue ese que te dije, que me dijo mi directora de programación: no todo es la plata. O sea, vos creá y hacé tu cosa.

Jugate por lo que pensás y se te pueden abrir puertas que ni te podés imaginar.

Magali: Claro.

Vos sos una latina no estereotípica, que hay muy pocos patrones de cómo, por ejemplo, Estados Unidos ve a los latinos. ¿Por qué creés que es importante que haya representación en los medios?

Gaby: Bueno, primero, porque es muy difícil imaginarte que podés ocupar un lugar, sea en los medios, sea en la junta directiva de una empresa, sea en la presidencia de un país o en lo que sea, cuando vos no ves gente como vos. Yo pienso, por ejemplo, acá en Estados Unidos son generaciones y generaciones de mujeres que vieron toda la vida la Casa Blanca y nunca vieron a nadie como ellas ahí. Y en otros países ha habido mujeres, y en el nuestro te pueden gustar las que están, las que no están, las que estuvieron, lo que fuera, pero simplemente poder ver a alguien de tu género en espacios de poder ya te cambia la cabeza. Y yo siento que acá en Estados Unidos es muy fuerte que en un país tan poderoso, y donde pasan tantas cosas y donde hay tantas charlas, todavía en el año 2023 las mujeres de este país jamás pudieron ver en la Casa Blanca a alguien como ellas en el puesto de mayor responsabilidad de un país.

Magali: Total.

¿Cómo se pasa de contar historias ajenas a contar la propia?

Magali: Leyendo tu libro El círculo virtuoso, hay una parte que me gustó mucho, que quiero leer.

Esto viene de una historia de cuando vos decidís aplicar para contar tu historia en un concurso que se hacía de YouTube. Escuchá este párrafo, audiencia. Gaby escribió: “A diferencia de todas las veces anteriores, la noticia era mi propia vida, y eso cambiaba todo para mí. Esa noche, antes de irme a dormir, la voz de mis miedos volvió al ataque con su monólogo incesante: ¿quién te creés que sos para que otros escuchen tu historia?

¿Qué van a pensar tus colegas o tu público cuando sepan acerca de tus inicios? Vos solita te metiste en este lío. ¿Quién te manda a exponerte así, sin motivos? Mis miedos estaban haciendo un último y desesperado intento a fin de hacerme renunciar. Me puse la almohada en la cabeza, como si pudiera acallarlos, y me quedé dormida”. Quiero saber cómo fue para vos pasar de ser periodista y contar la historia de otros a que tu historia sea de lo que vos empezás a hablar.

Gaby: Fue difícil, te lo juro que fue difícil, porque cuando vos sos periodista y estás del lado que hace las preguntas, o estás del lado de cuando hay un evento, sos la moderadora del panel o la conductora del evento, hay algo que te protege, y es el rol. Tu rol te protege. Entonces vos sabés que tenés que hacer la investigación para que el otro te conteste, para que el otro te tire un titular o se luzca, o sucedan cosas en esa conversación, ¿no es cierto?

Y cuando vos cambiás el foco y lo pasás del otro a vos misma, te agarran un montón de inseguridades que antes no te agarraban, porque el foco estaba en el otro. Entonces, por ejemplo, la primera vez que me dijeron “la autora”, casi que me doy vuelta: “¿Y quién es la autora?”. “Llegó la autora, denle la bienvenida”. Porque yo misma no me hacía cargo de ese rol. Entonces te ponés a pensar: ¿de verdad la gente se está fijando en mi historia? ¿De verdad lo que yo viví le puede servir a otros? Porque siempre, por entrenamiento periodístico, te enseñan que vos no podés ni dar tu opinión. Entonces, pasar de “vos no podés dar ni tu opinión” a “vení y contanos tu vida” es un montón. Entonces tuve que ir haciendo ese trabajo interno, y todo empezó, como vos decís, ahí, un día que me invitaron a un evento y, en lugar de decirme “vas a ser la conductora o la moderadora del panel”… “Por 12 minutos hablá de tu vida”. Y ahí rompí un tabú interno. La verdad es que me fui del escenario pensando: qué bueno que rompí ese tabú interno, qué bueno que pude hacerlo. Y me moría de vergüenza, porque en la audiencia tenía clientes, tenía colegas, y yo estaba contando cosas de mi vida, mi depresión, el pasarme todo este tiempo buscando trabajo. Las cosas que muchas veces la gente más esconde, porque en el resumé son las que se esconden, o cuando hacés tu currículum… Y tenés un agujero, o no ponés, y acá me fue para la miércoles. Tengo un agujero de dos años; la gente busca cómo llenar ese agujero, ¿no es cierto? Y en ese escenario era agarrar y contar todo lo que no contás. Pero también es muy liberador cuando empezás a contar todas esas cosas, porque yo ahí no busqué ser perfecta, solamente ser una persona que se comunicaba desde un lugar de verdad, de realidad. Y sin intentarlo, es como que… Tuve una lección que me abrió nuevas puertas, porque en esa audiencia, más allá de mi experiencia personal y de mi aprendizaje personal, pues me bajé diciendo: “Qué bueno, me liberé”. Y en esa audiencia yo no sabía que había una… Una agente literaria, que fue el primer paso para después publicar el libro. Así que uno, cuando te agarra un, como decimos en Argentina, cagazo, que te dan miedo algunas cosas, a veces el cagazo lo tenés que enfrentar. Y es como una señal de: bueno, animate.

Magali: Claro. Gaby, ¿qué es algo que no te haya salido bien, como el antititular?

Gaby: Y bueno, varias. ¿Escuchaste alguna vez hablar de Celebraste? ¿No? Ah, bueno, hay una razón. Celebraste fue mi intento de crear una aplicación hace muchos años, hace como siete años, que era de eventos, para coordinar cosas de eventos y celebraciones. Y la financié con casi la mitad de mis ahorros y no la pude lanzar. O sea, me fue pésimo: perdí ahorros, perdí plata, perdí el tiempo que invertí en eso. Y bueno, es así: no todos los proyectos te van a salir bien, no todas las cosas que emprendés, no todas las ideas van a ser genialidades.

Y eso lo aprendí bastante al principio de mi carrera, porque yo antes de ganar mi primer Emmy me nominaron siete veces y perdí siete veces. O sea, esa es la parte que por ahí la gente, cuando dice “Ay, ganó los Emmys”, sí, me gané tres, pero antes hubo siete que los perdí, y está todo bien. Yo ya iba preparada para poner la carita del perdedor: “Ah, estoy recontenta”. Que perdí este, pero nada. Y entonces ahí te das cuenta: ni sos una genia cuando lo ganaste ni sos la peor del mundo cuando lo perdiste. Lo importante es seguir creando, seguir haciendo cosas, seguir creyendo en tus ideas. Y nada, seguir haciendo las cosas que te gustan, que ya eso es un montón.

Magali: Me gusta, está bueno esto. Me gusta contar lo que no se ve, porque si no, obviamente, si no hubieses dicho que estuviste nominada siete veces y que siete veces no lo ganaste, todos hubiesen dicho “ganó tres de tres”. No, no, sí.

¿Cómo nació El círculo virtuoso?

Magali: Es muy fácil caer en esa. ¿Cómo fue para vos, Gaby, el proceso de escribir el libro?

Gaby: Relindo. La verdad, una cosa que lo hizo más fácil es que… Bueno, le doy contexto a la gente: El círculo virtuoso es un círculo compuesto de siete arquetipos que responden la pregunta… Qué aprendí de entrevistar a tanta gente tan diferente, pero que todos, de alguna manera, lograron destacarse en lo que hacen, sea en la música, sea en los negocios, sea como emprendedores, etcétera. Y yo me doy cuenta, en cada entrevista que iba haciendo, que iba aprendiendo de ellos, pero digo: ¿cómo lo creo y lo sistematizo para transmitirle a otro esto que yo estoy escuchando de tanta gente, que con diferentes palabras muchos decían lo mismo? Entonces… Y bueno, y ahí fue que me bajó en el fondo de mi casa. Yo creo mucho en la inspiración que te baja realmente. Estaba en el fondo de mi casa y me bajó el círculo virtuoso y los siete arquetipos, que van del soñador hasta el líder. Y la experiencia de escribir el libro… Primero fue linda, porque todo mi trabajo es para afuera y escribir un libro es todo para adentro, entonces ya es un ejercicio diferente. Y segundo, porque la estructura misma del libro te va llevando. Cada arquetipo es un capítulo y cada capítulo tiene una entrevista con una persona, tiene la descripción de qué se trata ese arquetipo, tiene una historia personal mía. Entonces, para alguien, para un primer libro, tener una estructura así… En realidad se fue dando, ¿no?

No es que lo haya buscado específicamente así, pero la estructura te va llevando y te va conteniendo. Ahora, para el próximo, preguntame cómo va a ser, porque no va a ser un círculo de siete arquetipos, así que va a ser una experiencia diferente.

Magali: Bien, este va a ser más difícil.

¿Por qué renunciar a Univision con la green card en la mano?

Magali: Hay algo que me interesa mucho, que es que vos trabajaste muy al principio de tu carrera cubriendo temas migratorios, sí, de México a Estados Unidos.

Y a partir de eso te termina contratando Univision.

Pero renunciaste ahí. ¿Cómo pensaste en renunciar a un trabajo que todos te decían que no lo dejes?

Gaby: Fue fácil la decisión, por dos cosas. Uno: ya tenía mi green card, con lo cual yo no perdía mi estatus en Estados Unidos. Yo viví muchos años, Magali, con la presión de tener una visa temporal. O sea: “Sí, señor; no, señor”. No querés hacerle problemas a tu empleador, porque se cortó la visa y te volvés vos y se vuelve tu familia, porque de mi visa dependía yo y dependía mi marido.

Entonces yo tenía el sostén económico y legal.

Entonces era un montón de presión. Entonces imaginate que yo: “Sí, señor; no, señor”. Nunca hacía líos, nunca, nunca, nunca ibas a pedir una gran cosa, ni te vas a plantar y decir: “Denme el aumento o me voy”. ¿A dónde, entendés? ¿A dónde me voy? Entonces esos primeros años fueron bravos, porque la verdad es que estás en mucha desigualdad de condiciones. Mi marido, Andrés, y yo siempre decimos que es como que te subís a un ring para pelear y tenés una mano atada a la espalda, porque no podés competir igual para conseguir un nuevo trabajo, no podés competir igual para plantarte en una negociación; no estás en igualdad de condiciones. Entonces, cuando primero sale mi green card, yo digo: “Guau, bueno, ahora si se termina este trabajo puedo buscar otro, puedo estudiar, puedo trabajar, puedo emprender”.

Puedo hacer un montón de cosas; no es “me echan y me vuelvo”. Entonces eso ya te cambia un montón.

Esa fue la primera. Y segundo, yo ya me sentía muy encorsetada en las estructuras de cómo se mostraba como… Periodista a las mujeres latinas en los mercados de noticias locales en Estados Unidos. En las estaciones locales era o la sexy, que es la que hace el tiempo con el vestidito ajustado y hace entretenimiento, y se supone que su trabajo es ser sexy… Y la otra, que es la presentadora de noticias formal, que tampoco tiene muchas dimensiones, porque nunca puede sonreír, no puede ser espontánea. Es como una señorona, ¿entendés?, que siempre está medio robótica, casi caricaturesca. Eran esas las visiones de las mujeres a cámara en noticias locales. Y yo dije: pero si a mí no me gusta trabajar de sexy, ni tampoco soy esta seria. Yo quiero ser yo. Y entonces, a partir de esa limitación que yo sentía allá… Cuando estás incómoda en un lugar, hay un momento en el cual vos sentís que se cumplió un ciclo, no importa si es un trabajo que lo quiere todo el mundo, etcétera.

Yo sabía que tenía que buscar mi camino creativo por otro lado, porque en ese lugar no me iban a dar ni los recursos ni los permisos, y no está mal. No eran malas personas, es un negocio, y lo que para ellos servía para hacer crecer su compañía, una estación de televisión local en español, no eran mis ideas, no era lo que yo proponía. Entonces no era mi espacio; yo me tenía que generar mis propios espacios.

Magali: Bueno, esto que mencionás de la presión de mantener un trabajo por la visa me parece que es de esas cosas que no se ven cuando alguien está pensando en emigrar, ¿no? Es una sensación de precariedad muy difícil de transmitir si no la viviste.

¿Cuál es alguna situación que hayas tenido, que sepas que salió así porque estabas bajo esas condiciones, y que si hubieses tenido la green card en ese momento probablemente hubiese sido diferente?

Gaby: Por ejemplo, yo cuando empecé en la televisión, que ya había hecho algunas cosas, no me tiré al nacional, no me tiré a Los Ángeles, no me tiré a oportunidades más grandes. Yo me la aseguré. Dije: sí, este me contrata y acá hay estabilidad de trabajo. Yo estaba trabajando en una estación muy chiquita, en un pueblo muy chiquito. Pero claro, la contrapartida de un pueblo muy chiquito, que está en un lugar medio perdido, es que ellos querían contratar gente y los que vivían en otros lados no se querían mudar. Y yo, mientras tanto, iba avanzando con el trámite de la green card. Entonces yo realmente prioricé la estabilidad laboral al crecimiento y la proyección, porque si yo hubiera querido un montón de crecimiento y proyección en ese momento, pero después se cortaba mi trabajo, me quedaba sin nada.

Entonces hay que tener la mente fría, y por ahí sí te pasa que tenés que ser muy estratégico. Y primero yo quería tener cimientos sólidos para saber que me podía quedar, que podía sembrar, que podía tener un futuro. Porque cuando vos estás con una visa temporal, yo no me compraba ni una lámpara. ¿Me voy a comprar una lámpara? Agarraba cosas de segunda mano. Cuando vivía en Washington, ahí la gente tira muchas cosas buenas; o sea, yo iba por el barrio recolectando. Pero realmente… ¿Qué vas a gastar plata en una lámpara, si el día de mañana no sabés si la semana que viene o el mes que viene te tenés que armar la valija e irte?

Priorizás lo que sabés que es el próximo paso. Y a mí me pasó que una vez, para conseguir trabajo… ¿Vos querés saber todos esos detalles que te dan la dimensión? Hicimos una semana en auto. Yo estaba cubriendo la frontera en ese momento y quería un trabajo, y fue una semana de andar en auto, primero desde el norte de México hasta San Diego, y de San Diego hasta Texas, y de Texas de regreso a la parte de México donde yo estaba cubriendo en ese momento. Tres entrevistas de trabajo; cada día estábamos manejando diez horas promedio, ¿no es cierto? Y todo para buscar la oportunidad, porque realmente estás en desventaja con otros que se presentan y que o son ciudadanos o ya tienen su green card, etcétera. Entonces tenés que ser más flexible, aunque estés sobrecalificada muchas veces.

¿Para qué? Para asegurarte la oportunidad, y ni así te la asegurás, porque nada es garantizado en esta vida. Pero realmente era más posible tener continuidad de trabajo yendo a un mercado más chico. Y tuve la suerte de que el mercado más chico que me contrató a mí era una ciudad petrolera. Entonces, cuando vino la recesión del 2008, era un oasis, porque aunque hubiera otros negocios a los que les iba mal, ellos tenían una economía propia que les iba bien.

Magali: ¿Y qué aprendiste de manejar esa incertidumbre todos esos años?

Gaby: Mirá, por un lado te das cuenta de que sos más fuerte de lo que pensabas, porque nunca por ahí te había tocado enfrentar esos desafíos.

Por otro lado… Te das cuenta de que tenés que tener mucha fe en tu visión, porque mi trámite de la green card se frenó muchas veces. Me lo mandaron de vuelta muchísimas veces. También fueron 4 años.

Y plata, plata, plata, plata de abogados. Entonces algo adentro mío… Yo creo que la intuición es tan sabia, porque me mandaban el trámite de vuelta y me decían: «No, vas a tener que esperar no sé cuántos años, no te lo aceptamos». Y yo leía la ley de inmigración y decía: «Pero tiene que haber una manera, tiene que haber». Y yo te juro que hubo un momento.

Yo creo que sabía más que mi abogada, porque le decía: «No, pero el inciso tal, letra chiquita, número no sé cuánto, dice que no sé qué; yo quizás puedo calificar». Entonces este algo adentro mío me decía que yo tenía que seguir, que sí, que era por acá. Y a veces una parece que no estuviera mirando la realidad, porque las chances son tan poquitas a veces de que te surja algo. Pero creo que en esos momentos es cuando más tenés que escuchar tu intuición, porque estás viendo la realidad y todo te está diciendo que estás loca, y que te tiraron para atrás un trámite que es dificilísimo de hacer. Y vos decís que no. Con mi marido tenemos un dicho, que es que no se corte porque nosotros no hicimos nuestra parte.

Si se va a cortar, que me lo corte otro, pero no porque yo no apelé, no porque yo no presenté los papeles, no porque yo no hice mi parte del trabajo. O sea, si ese trabajo o esa oportunidad no va a llegar para mí, que no sea porque yo no mandé el email o porque yo no hice el seguimiento; que sea porque no era o porque no me dieron bola. Pero mi parte yo siempre la tengo que hacer.

¿Qué hacer cuando estás por tirar la toalla?

Magali: ¿Tuviste algún momento de estar cerca de tirar la toalla durante tu carrera profesional?

Gaby: Yo siempre lo que tenía era… Escenarios. Nosotros le llamamos plan A: era poder ejecutar ese plan de quedarnos acá, que no dependía el 100% de nosotros, porque aun presentando todo me podrían haber echado del trabajo. Podrían haber pasado muchas cosas. El plan A era ese, y después yo soy ciudadana italiana, entonces también estaba abierta la posibilidad de explorar otras opciones. Por un lado… El tener diferentes escenarios y prepararte tanto para lo mejor como para lo peor te da herramientas para ir respondiendo de otra manera, ¿no es cierto? Te prepara, porque vos decís: «Bueno, no salió bien. Ya tengo pensado qué puedo hacer en este escenario». No quiere decir que no te vaya a desmoralizar, pero creo que te prepara mejor.

Y sí, hubo un momento, pero eso fue en Argentina, cuando pasé 2 años desempleada. Yo estaba en mi casa, y digo que ya era la reina del pijama, porque ni me cambiaba. ¿Viste? Todo el día con el pijama. Entonces ahí estaba la reina del pijama, y un día estaba muy bajoneada, de verdad no salía nada, nada, nada. Pongo la tele… Y veo uno de los shows de la tarde. Te cuento todo con referencias de Argentina, así que, si nos escucha mucha gente de Argentina, tienen contexto. En ese momento el show de la tarde era Entre Moria y vos, un talk show de la tarde, y Moria tiene lo que tiene la gente que es muy buena para la televisión y los medios: cuando vos empezás a ver un programa donde están ellos, sea ella u Oprah o la que sea, te metés en el mundo de ellos y por un momento te olvidás de lo que te está pasando a vos.

Es como que son magnéticas algunas personalidades. Te metés en el mundo de ellos. Yo estaba sintiéndome triste y me empecé a reír de las cosas que estaban pasando en la televisión, y le digo a mi novio, que hoy es mi marido: «Pero bueno, ¿qué es esto? Qué locura. En mi próxima vida yo también quiero trabajar en medios». Yo era periodista y me acababa de graduar, pero estaba re mal, lo veía como una fantasía. Y él, que me quiere un montón y que cree en mí a veces más de lo que yo he creído en mí en momentos difíciles, me dice: «Pero… ¿Por qué en tu próxima vida? Si eso es algo que te hace feliz, si eso es algo que te da entusiasmo, ¿por qué ya estás tirando la toalla? ¿Cómo me decís que estás pensando que esto va a ser para tu próxima vida?». Yo tenía 24 años cuando dije esto. 24 años, y estuve así de cerca de descartar un sueño prematuramente, un sueño que, el tiempo probó, estaba a mi alcance. No fue fácil, no fue inmediato, no fue mágico nada, pero sí estaba a mi alcance. Y mirá las vueltas de la vida: cuando voy a la Feria del Libro en Buenos Aires y me entrevistan por el libro… Yo cuento esta historia, y en la audiencia hay un amigo de Moria Casán que le escribe y le dice: «No sabés lo que acaba de contar esta chica». Y ella me invita a su show, que tenía, Incorrectas, en ese momento en América, y la conocí y le conté la historia y todo. Es como esas cosas que mi papá siempre me dice: «A vos te pasa cada cosa que no le pasa a nadie». Y le digo: «No sé, eso a veces es abrir el corazón y contar diferentes historias, y ver con quién conecta y con qué conecta». Porque todos atravesamos subidas, bajadas, desvíos, momentos jodidos, pero si todos los estamos escondiendo y solamente mostramos la parte más brillante, nos sentimos más solos, porque a todos nos pasa. Otra experiencia que sí fue muy, muy fuerte, que la hice desde otro rol, desde voluntaria, no de periodista, fue en el año 2018.

Trump lanza lo que se llama tolerancia cero.

Por llamarlo con un nombre; básicamente una crueldad increíble de separar a los niños y sus madres en la frontera.

Cuando pasa eso, una conocida mía que estaba colaborando con una ONG me dice: «Mirá, hay un grupo donde juntan abogados que quieren donar su tiempo.

Con personas que sean bilingües». Y yo abogada no soy, pero me dijo: «Si querés donar tu tiempo y traducir, te conecto». Y me fui durante una semana al centro de detención de inmigrantes más grande de Estados Unidos, que se llama Dilley. Y ahí las abogadas iban haciendo las entrevistas para ver si estas mujeres podían calificar para asilo. Y muchas se estaban escapando de violencia en Centroamérica. Historias tremendas, pero tremendas. Y después tenés también las indignidades: indignidades de que en algunos centros de detención no les querían dar toallitas higiénicas, indignidades de las separaciones entre madres e hijos y los traumas, o escuchar que un guardia te dice que es fácil.

«La tienen fácil estas, tienen todo pago, la casa paga, la comida paga, todo pago». O sea, es tremendo. Pero también la satisfacción de que hemos acompañado a algunas mujeres. Las audiencias eran virtuales, entonces tenían un tráiler al lado, donde el juez que me tocó a mí en uno de los casos estaba en Nueva York. Y la satisfacción de que a una de esas mujeres que acompañamos la dejaron libre y le dieron la posibilidad de iniciar su trámite. O sea, es tremendo, porque yo estaba ahí, era la que traducía y era la que estaba; no era ni mi vida ni era mi hijo ni nada, pero te juro, estaba en ese banquillo y te morís. Y son cosas que no te olvidás más, realmente. Qué fuerte.

¿Qué rol juega la suerte frente a los sistemas desiguales?

Magali: ¿Qué rol creés que juega la suerte en nuestras vidas?

Gaby: Juega un rol, pero hay que acompañarla. Despertarse todos los días y no tener dolores crónicos es suerte.

No es mérito, es suerte. Entonces, no es lo mismo despertarte todos los días y estar luchando con un dolor tremendo antes de empezar a hacer un trabajo que despertarte todos los días y poder hacer el trabajo sin tener ese dolor. Todo lo que es salud uno lo puede acompañar, tener buenos hábitos, pero al final del día hay un factor suerte. Lo demás, yo siempre pienso, mirá… Hay 2 maneras de ver el mundo que a veces parece que fueran irreconciliables, pero yo creo que no lo son.

Por un lado, hay una manera de ver el mundo en la que vos ves el mundo como los grandes sistemas, y como que los sistemas determinan tanto de nuestra vida. Y lo es así: hay desigualdades sistémicas que son tremendas y sí determinan cosas en nuestras vidas en diferentes grados. Hay gente a la que le determina mucho más, hay gente a la que la beneficia mucho más. Entonces, cuando te centrás en el sistema, a veces sentís que no tenés poder sobre nada, porque son tan grandes estos sistemas, y te sentís insignificante. Y después, del otro lado, otra manera de ver el mundo es: todo depende de mí.

Si yo lo pienso y lo creo, todo pasa, y el sistema no existe, y sí, sí, sí, mentalizate, vamos, vamos, vamos. Ignorás toda esa otra parte, y para alguien que está empezando en un lugar donde el sistema no fue muy generoso con ellos… Es no solo desconsiderado sino hasta cruel ignorar que no todos empezamos desde el mismo lado. Pero para mí, y en esto es muy personal, yo pienso que la gente que rompe barreras, que está tratando de cambiar el mundo, los pioneros, como digo yo, se para desde un lugar donde por ahí te das cuenta de que podés reconciliar las 2 cosas.

No podés estar ciego a que las desigualdades de los sistemas existen, pero al mismo tiempo que vos reconocés que esos sistemas benefician y perjudican de diferente manera a cada uno de nosotros, también hay que reconocer que lo que nosotros hacemos cada día tiene un impacto.

Ajá. Y en ese reconciliar los 2 creo que es donde se abre el cambio.

¿Cómo empezar un show de televisión en un depósito de alfombras?

Magali: Bien, sí, 100%. Y bueno, también esto que vos contás, ¿no? De qué lado de la frontera nacés hace que tu punto de partida esté de otro lado. Ajá. Gaby, quiero saber cómo es que empezaste a hacer un show de televisión desde…

Gaby: Me encanta. Desde un depósito de alfombras. Bueno, cuando se abre el tema de la green card, yo digo: «Bueno, ahora puedo emprender. Este es el momento de preguntarme qué quiero hacer», porque hasta ese momento fui haciendo lo que pude, lo que fui consiguiendo, etcétera. Pero ahora… ¿Puedo agarrar y, por ejemplo, combinar lo que yo hacía, dar clases en universidades (yo daba clases en 3 universidades diferentes para pagar las cuentas), y decir: «Bueno, mi parte creativa, en mi tiempo libre, ¿qué quiero hacer?»? Por primera vez desde que había emigrado, podía preguntarme eso.

Y entonces empecé a compartir esta idea de crear un show de televisión, con contenido desde la visión que yo tenía de tratar a la comunidad latina y a las mujeres con el respeto y la dignidad que yo creo que se merecen. Y mirá lo loco que es que la persona que me aprueba el proyecto es un americano, no es un latino.

Era el director de programación de un canal local, que me dice: «Mirá, la verdad que el fin de semana en este canal tenemos medio un bloque que podría ser latino, así que me interesa». Y yo, desde la ingenuidad, no llevé ni un piloto, no tenía ni una cámara comprada, nada; hice un PowerPoint, y te cuento. Creo que a veces es mejor saber y a veces es mejor no saber, porque la ingenuidad de no saber… Te hace a veces presentar cosas, y entró. Es como que me tiraste la pelota de la otra punta y, por lo que fuera, entró. ¿Viste? No sabía yo cómo eran las reglas de presentar proyectos así. Y entonces me dice: «Mirá, sí, en este canal te podemos dar un espacio de aire, ¿no es cierto? Y nos asociamos. Vos poné las cámaras, las luces; nosotros te damos el aire, te puedo dar 2 personas, un director y un camarógrafo, que te ayuden. Los contenidos los desarrollás vos, la edición la hacés vos, etcétera». Y el modelo de negocios es: en el corte comercial nos dividimos el inventario, tantos minutos los comercializás vos, tantos minutos los comercializo yo. Buenísimo. Cuando vengo acá, a este hermoso canal y a este hermoso estudio, donde hacen el noticiero y hacen un montón de cosas tan hermosas que se ven tan lindas… Para empezar este proyecto, me dice: «No, mirá, esperate un minutito, porque en realidad necesito contarte algo más. Nosotros el estudio lo tenemos ocupado todo el tiempo, no te lo podemos prestar, porque el fin de semana es el show comunitario y en la semana es el noticiero. Pero el dueño de este canal de televisión», como pasa en los pueblos, que hay uno que es dueño de medio pueblo… «El dueño de este canal de televisión también es el dueño del shopping del pueblo, y en el shopping del pueblo hay un local comercial que no lo están usando porque es el depósito de alfombras. ¿Te animás a grabar tu show y hacer tu show desde el depósito de alfombras?».

Y yo dije que sí. O sea, una locura, pero nosotros dijimos que sí, porque aun en ese momento tener un show de televisión grabado en un depósito de alfombras era infinitamente mejor que no tener nada. Y a veces las oportunidades te vienen empaquetadas de una manera que no es glamorosa, pero que no sea glamorosa o no sea la manera que vos te imaginaste no quiere decir que no sea una oportunidad. Y para mí la prioridad era empezar, y siempre digo: empezar en chico no quiere decir que pienses en chico.

¿Qué pasa cuando tu visa depende de tu jefe?

Gaby: Entonces, vos podés empezar en chico y después pensar en grande si querés, pero al menos empezaste de alguna manera, y al menos empezaste a caminar y aprender.

Magali: Me encanta, es buenísima esta historia. ¿Tuviste algún momento en tu carrera donde te metiste el orgullo en el bolsillo?

Gaby: Un montón, un montón.

Bueno, esto es muy loco, pero yo tenía un jefe que era muy mujeriego, ¿no es cierto?

Y yo trabajaba en Washington; ellos son los que me patrocinaron mi primera visa. Y yo viajaba y hacía los proyectos de Washington y de México, entonces me iba con él a México. Era de esos que pensaban que en Washington era casado y en México era soltero, ¿no es cierto? Pero yo era la única que viajaba con él y que sabía la realidad. Entonces yo protegía mi trabajo con todo y me tenía que meter el orgullo en el bolsillo.

Él me sentó, y con la caradurez y la falta de respeto me dijo: «Cuando vamos a México, vos tenés que decir que yo estoy separado y soy soltero, ¿entendiste?». Yo dije a todo que sí. Ahí me metí el orgullo en el bolsillo, porque eso es antiético y una falta de respeto para un colega, un profesional, un empleado. ¿Cómo vas a hacer eso con una persona que trabaja con vos, que yo mienta por tus trapitos sucios? ¿Entendés?

Pero bueno, en ese momento me metí el orgullo en el bolsillo, y me acuerdo que venían las amantes y las novias que él tenía en el otro país y me decían: «Por favor, Gaby, estoy enamorada, decime la verdad.

Decime la verdad, él me dice que es soltero y separado». Y yo fingía demencia, porque también te sentís mal mintiéndole a otra chica. Fingía demencia, y después me tocaba la otra parte, cuando realmente sí se separó.

Vino la esposa, se me largó a llorar y me dijo: «Te quiero agradecer que vos nunca te enamoraste de él, que nunca saliste con él», porque se ve que había tenido otras personas del equipo que sí. Una situación muy alocada, muy alocada, de las mujeres de un lado de la frontera y las mujeres del otro lado de la frontera, y yo, que trabajaba con él en ambos proyectos, era la única que sabía todo, pero no decía ni mu. Así que esa situación, por cuestiones que me excedían a mí, sí fue humillante, la verdad. No hay que aguantarse esas cosas, pero no tenía otra.

Magali: Claro, es que ahora es un poco impensado, o sea, las alarmas que suenan, ¿no?

Gaby: Y otra situación que también viví en ese trabajo es que, para yo no estar indocumentada y para que no me dejaran caer mi visa, a mí me hacían pagar mis impuestos de empleada y los impuestos de ellos, de empleadores, que es totalmente ilegal.

Es un abuso laboral tremendo, que además mi sueldo no era ninguna maravilla, y vivir en Washington, sabés, es recontra caro. Si yo decía: «No, acá me pongo firme»… Creo que ahora, que yo ya conozco más, hay mecanismos del Departamento de Estado o del Departamento de Trabajo donde podés hacer una denuncia, podés hacer un reclamo. Pero entre medio que hacés todo eso, si te quedaste sin trabajo y te tenés que volver porque no tenés más visa, no te sirvió de nada hacer el reclamo. No sé, es muy delicado. Y creo que había ciertas maneras de hacer el reclamo, pero al mismo tiempo, para mí era muy complejo, porque yo necesitaba esa visa, y la parte legal y económica dependía toda de mí.

Bueno, varias. Sabés que hay varias instancias en que me tuve que meter el orgullo en el bolsillo y hacer algunas cosas que, si hubiera tenido un pie más firme, no las hubiera hecho, realmente.

Magali: Pero es lo que dijiste: ves al principio cuáles son las situaciones de poder, y cuál era tu mayor objetivo y dónde estaba tu estabilidad.

Y lamentablemente, en las situaciones en las que tuviste que pasar por eso, tratás de ser estratega y decir: «Bueno, está mal lo que están haciendo, no tendrían que hacerme pagar mis impuestos y los de ellos, pero quiero enfocarme en que en este camino voy a poder dejar a esta persona o esta situación atrás». Y tener esa claridad y esa fe en vos misma y en tu visión, de decir: es temporal, es temporal, no te enganches tanto.

Gaby: No podré hacer nada bueno, no me sobra nada de plata, pero a esta persona y esta situación yo la voy a dejar atrás. Y se cumplió.

¿Quiénes son los pioneros según Gaby Natale?

Magali: Gaby, ¿cómo hiciste vos hasta llegar a encontrar un concepto que ahora es muy representativo tuyo, que es este concepto de ser pionero o pionera?

Que es algo muy difícil de encontrar, como un concepto y un nicho muy específico. ¿Cómo fue tu proceso para llegar a eso?

Gaby: Porque un día me puse a pensar: «Che, al final yo hice un montón de cosas, todas diferentes.

Medios, autora, emprendedora». Y es como que… Miré y dije: «Bueno, pero tienen puntos en común, ¿no es cierto?». Y los puntos en común que yo veía eran, si estaba pensando en medios y en televisión, romper barreras, como una emprendedora que tenía una estructura mucho más chiquita, y del otro lado había competidores más grandes. Y a la vez, en los Emmy, en mi categoría de conducción, por ejemplo, fui la primera mujer en la categoría de mejor show.

Una producción independiente, y no había habido producciones independientes antes en esa categoría.

Cuando me publicaron el libro en inglés, la primera autora latina de la división de liderazgo de HarperCollins. Y en el audiolibro nunca habían tenido una que tuviera un acento extranjero. Entonces, por un lado, está todo esto de que estás haciendo trabajo adicional, porque sí, estás educando a la gente o tratando de ir en contra de prejuicios o lo que sea. Pero por otro lado, también te da un montón de confianza, porque vos sabés… Que es a partir de tus ideas, de tu creatividad, de tu trabajo, aun teniendo muchas veces las opciones en contra, que vas logrando cosas. Y ahí es que me di cuenta de que además hay mucha gente como yo. No es que yo soy la pionera. Me encanta el concepto de pioneros porque estamos viviendo en un mundo donde cada vez vemos más que realmente se están rompiendo muchas barreras. Falta mucho camino por recorrer.

Hay 30 países alrededor del mundo donde la homosexualidad está criminalizada, en 10 de ellos con pena de muerte. O sea, no estoy diciendo que el mundo es una panacea, pero sí estoy diciendo que hay una situación en la cual se está acelerando el ascenso de una nueva ola de líderes diversos.

Que yo los llamo los pioneros, y que ellos necesitan muchas veces solidaridad entre ellos, porque a veces se siente un poco solitario, y a la vez herramientas, charlas y contenidos que son diferentes de los de otros tipos de líderes, porque los desafíos que afrontamos también son diferentes.

Magali: Claro. Está bueno.

Gaby, hace mucho tiempo que te estoy exprimiendo el cerebro. Te quiero preguntar cómo hacemos para cerrar este capítulo: un último mensaje para la audiencia, algo que ya hayamos dicho o no. Micrófono libre para vos.

Gaby: Yo creo que tenemos que volver a eso que hablamos, que hay pocas cosas que son importantes en la vida, Magali, y tener claridad entre lo que es importante y lo que no es importante creo que es la clave para vivir bien, tranquilo, desde el lugar que nos toque ocupar en este mundo. Entonces, ni volverse tan loco por las cosas que no salieron bien ni tampoco sos el genio del mundo cuando algo acertaste.

Y creo que vale la pena animarse a arriesgarse. A veces te sale bien, te sale mal, te puede salir y celebrás, te puede salir el Emmy, no importa lo que sea que te salió: no te quedes con las ganas. Es mejor animarse y ver qué pasa. Al final del día son experiencias, y creo que metí muchas veces la pata, pero no me arrepentí de haber probado, aunque no todas me salieron bien.

Magali: Bien. Hermoso. Gracias, Gaby, por compartir todo esto, por esta conversación tan honesta y con tanto detalle, así que te agradezco un montón y te mando un abrazo muy grande. Dale. No te logré hacer sacar ni una sola mala palabra. Mirá todas las que dije yo, y vos no dijiste ni una. Tirame una antes del final, aunque sea para que yo no quede tan ordinaria.

Gaby: No, no, pero bueno, una… Ah, pero vos sabés lo que es estar de mi lado, o sea, vos en mi rol, y sacarte a vos… Bueno, ya está, pedo.

Magali: Quedó confirmado que la mala hablada de esta entrevista soy yo.

Gracias, Gaby. Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones están en el correo semanal de Tiene que haber algo más, en tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales. Nos vemos la semana que viene.

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