Malena Famá

Malena es Co Fundadora de Multipolar, una organización que busca que las personas en situación de extrema vulnerabilidad social puedan salir adelante a través del trabajo decente.Trabaja con personas que viven en situación de calle y/o paradores, con personas que se recuperaron o están recuperándose del consumo de paco, migrantes, personas que salieron de la cárcel, o mujeres víctimas de violencia. Además fue destacada como fellow de Ashoka por su labor social.. 

Malena también concientiza sobre el rol que tienen las empresas, sus directivos/as y miembros de equipos en la transformación social. Promueve una solidaridad consciente que genere impacto real en las comunidades que afecta yendo más allá del mero traspaso de donaciones.

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De qué hablamos con Malena Famá

  • Desmitificar creencias sobre las personas en situación de calle.
  • Cómo se desarrolla la empatía.
  • Romantización del trabajo social.
  • Desarrollar la ironía y el humor para afrontar situaciones difíciles.
  • Tratar el estrés post traumático.
  • Ser Directora de la Fundación Multipolar: ocupar más de un rol.
  • Qué aprendió de buscar fondos para invertir en Multipolar.
  • Mitos de empresas que contratan a personas en situación de calle.
  • Manejar la exigencia de solucionar problemas.
  • Pensar a largo plazo.
  • El futuro de la salud mental.
  • Articular la colaboración entre sector público y privado.
  • Lo más desafiante de liderar Multipolar.
  • Fracasos que sirvieron para aprender.
  • Preguntar qué necesitan las personas en situación de calle: saber escuchar y no suponer.
  • Ser primera egresada universitaria de su familia.
  • Miedos sobre el futuro de las personas en situación de calle y Multipolar.
  • Qué podemos hacer para ayudar en el día a día y a proyectos sociales.
  • Cómo ayudar a una persona en situación de calle.

Recomendaciones del invitado:

  • El camino del artista (Libro)

Transcripción

Malena Famá es cofundadora y directora de Multipolar, una organización que acompaña a personas en situación de calle y extrema vulnerabilidad para que salgan adelante a través del trabajo decente, y fellow de Ashoka. En el episodio habla de los prejuicios de las empresas al contratar, el estrés postraumático, la recaudación de fondos, la salud mental y cómo ayudar desde lo cotidiano.

Introducción

Malena: Todos estamos atravesando algo y es igual de importante, porque lo que te pasa es importante. Entonces hagamos lo mejor que podemos todos los días. No esperemos estar perfectos, nunca va a llegar el momento perfecto para ser empáticos con otros. Y si todo lo que pudiera pedir fuera que esa empatía ayude en algo, es a disminuir la violencia. No nos comamos el viaje de la violencia, no nos tratemos mal. No vale la pena destruir amistades, proyectos, familias, por querer tener razón.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast desarmo la historia de profesionales valientes que transformaron sus carreras y, como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron.

En Tiene que haber algo más ayudamos a empresas a contratar equipos remotos, así que si estás pensando en cambiar de trabajo en los próximos 6 meses, te puede servir esto: todas las semanas mando un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próxima oportunidad laboral. Son búsquedas de 15 áreas distintas, tanto en español como en inglés, así que si querés recibir el próximo o dejarme tu CV, anotate en la descripción de este capítulo. Estabas escuchando a Malena Famá. Ella tiene como causa de vida la opción por los más pobres y dedica su vida y su trabajo.

A esto creó Multipolar, que es una organización que busca que las personas en situación de extrema vulnerabilidad social puedan salir adelante a través del trabajo decente. Trabaja con personas que viven en la calle o en paradores, personas que se recuperaron o están recuperándose del consumo de paco, con migrantes, personas que salieron de la cárcel, mujeres víctimas de violencia y población migrante. Además, ella fue destacada como fellow de Ashoka por su labor social. En esta conversación hablamos de los desafíos de liderar una fundación así, de dedicarse al impacto social, de cómo desmitificar los prejuicios sobre las personas en situación de calle, de los pivotes necesarios en la fundación y de la resiliencia que requiere navegar.

Crisis inmediatas mientras se mantiene una visión a largo plazo. Creo yo que esta conversación tiene una mirada muy sincera sobre la complejidad de su trabajo, las políticas globales y cómo con estrategia se puede cambiar el mundo. Vamos con la conversación con Male, y cuando termines contame qué te pareció este capítulo.

Hola, Male, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.

Malena: Muchas gracias, Magali, por invitarme. Feliz de estar acá.

¿Qué mitos hay sobre las personas en situación de calle?

Malena: Empecemos: si pudieses desmitificar una sola cosa que sea un malentendido sobre las personas que están en situación de calle, ¿qué sería?

Que no siempre son esa persona parecida a Diógenes y el Linyera que mostraban en las caricaturas, ese vagabundo con mucha barba, un palito con su bolso atrás y un perro con pulgas. Bueno, no, eso no es una persona en situación de calle.

OK. Para ir metiéndonos en este terreno, ¿cómo dirías que se desarrolla la empatía?

La empatía, para mí, entra mucho por los ojos. Cuando vos podés mirar a la otra persona a los ojos, es muy difícil odiar a alguien mirándolo a los ojos. Hay que tener las cosas muy claras, hay que ser muy valiente para poder odiar a alguien mirándolo a los ojos o para que te moleste lo que te está transmitiendo. Entonces a veces es algo de bajar un poco las revoluciones con las que vivimos y por 1 minuto poder suspender el juicio y poder mirar y escuchar a los otros con apertura. Creo que así se empieza a desarrollar la empatía.

Magali: ¿Por qué creemos que está como romantizada la ayuda social, o los emprendedores sociales, o los voluntarios?

Malena: Ay, porque somos tan buenos, ¿no? Creo que hoy en día no todas las personas están conectadas con lo que su propio trabajo le aporta al mundo. Yo creo que la mayor parte de los trabajos, de las actividades que hacemos a diario o de nuestros hobbies pueden aportar valor al mundo. Pero parece que los únicos que lo aportaran fueran las personas o las profesiones que atienden determinadas necesidades conectadas con mucho dolor.

Entonces, si yo lo hago, paso a ser muy buena. Soy una persona muy buena y solamente tengo deseos de cambio y justicia social. Y solamente soy amorosa y nunca me enojo porque una persona recae en consumo o hace las cosas mal, y no es así ni por asomo. Yo amo mi trabajo, pero es mi trabajo.

¿Cómo ayudan la ironía y el humor en el trabajo social?

Magali: ¿En qué te sirvió desarrollar la ironía estando trabajando en este campo?

Malena: Ay, me salvó la vida. Realmente la ironía y el humor negro me salvaron la vida a mí y al equipo de Multipolar. Lo aprendimos de las personas en situación de calle con las que trabajamos. Nos ha pasado, qué sé yo. Hay una anécdota que siempre cuento: una vez teníamos que entrar a un parador y estaba medio complicada la cosa ahí adentro. Entonces un muchacho que ya era amigo de Multipolar y que se había ido de ese parador nos pasa el contacto de alguien que nos podía recibir en la puerta para que el ingreso se nos haga más fácil.

Entonces me pasa el contacto y decía Cindy. Llego a la puerta, me encuentro a un muchacho gigante, muy grandote, que me estaba esperando, y me dice: «Hola, ¿vos sos la amiga del Manija?». Digo: «Bueno, mirá, yo soy conocida de Diego, no sé cómo se dice. ¿Vos sos Cindy?». Y dice: «¡Qué desgraciado que es este Diego! No, yo me llamo Marcelo, señorita». «¿Pero por qué te puso Cindy?». Y hace así y dice: «Sin di…». Le faltaba toda la dentadura.

Y yo no sabía dónde meterme, y le digo: «Te pido mil disculpas». Me dice: «No, si es verdad, yo no tengo dientes, ¿cómo me va a decir?». Y ahí me di cuenta de que en muchos casos el humor te ayuda con cosas que no podés cambiar, y lo empecé a adoptar, y la verdad es que me salva la vida. No solo el humor negro para las situaciones de los demás, sino reírme de mí misma. Tengo una capacidad de reírme de mí y de que me importen bastante poco.

Ciertas etiquetas o ciertos preconceptos. Me salvó la vida, te juro.

Magali: ¿Pero cuánto tuvo que ver eso con ver los extremos, tanto trabajar con gente que está en situación de calle como a la vez haber llegado tan lejos y ser tan reconocida en tu campo? Entonces me pregunto: de esos extremos, ¿cuánto tuvo que ver con que vos tengas otra perspectiva sobre vos misma?

Y tuvo mucho que ver, porque sabés, Magali, que uno de los riesgos más grandes que hay en lo que hago yo, en lo que hace mi sector, es alguna vez creernos lo que nos dicen.

Hay que tener muchísimo cuidado. Yo tengo que tener muchísimo cuidado cada día de no creerme lo que me dicen, ni lo que me dicen los que detestan nuestro trabajo, los que tal vez me registran y me tienen bronca por algo, ni lo que me dicen de cosas buenas las personas en situación de calle que cambiaron su vida por las herramientas que les ofrecimos. Yo no le cambio la vida a nadie, pero vos imaginate que sos una persona en situación de calle, que estaba tirada en la calle en un colchón, que se mojaba cuando llovía, que no tenía ninguna oportunidad, y decide aceptar las herramientas que le da Multipolar.

Y justo me conoció a mí. Esa persona te empieza a decir cosas como «vos me salvaste la vida», «vos sos mi ángel guardián», «vos sos lo mejor que me pasó en la vida». Si yo por algún motivo decido creerme eso, empiezo a hacer las cosas mal, porque te empezaste a subir a una de la que después es muy difícil bajar. He visto personas a las que les ha sido muy, pero muy difícil bajarse de ahí, y encima te alejás de la gente a la que querés ayudar porque te empezaste a volver alguien inalcanzable, o de tus amigas mismas, ¿viste? También me ha pasado que una vez mis amigas me hicieron como una intervención diciendo: «Che, flaca, vos vivís en una con la pobreza, pero yo quiero hablar del vestido que me voy a poner para la fiesta de fin de año y no sentirme una idiota».

Y yo no me había dado cuenta de que siempre estaba contando el drama o contando lo que había pasado; lo que yo tenía para contar como alegría era que fulano había conseguido trabajo.

Y mis amigas me dijeron: «Che, no tenemos ganas de sentirnos diferentes o de sentirte mejor persona, así que hablá de otra cosa de vez en cuando. No sos solo tu trabajo». Y pa, cachetada. Esas cosas me salvaron.

¿Cómo se trata el estrés postraumático cuando trabajás con vulnerabilidad?

Magali: Claro, sobre todo con este tipo de trabajos que tienen una misión tan grande y tan difícil de solucionar, y en que ustedes son una gran parte de un problema muy, muy inmenso. Es muy difícil separar cuál es Malena cuando no trabaja de Malena Multipolar.

Malena: Sí, ese fue un trabajazo de años de terapia, de una de mis 2 terapias. Las personas que hacemos el trabajo que hacemos en Multipolar, si somos responsables, tenemos que tener 2 tipos de terapia; por eso hablo de 2 tipos de terapia. Una.

En la que hablamos de nuestra infancia y seguramente le echamos la culpa de algo a nuestra madre, padre o quien nos haya criado. Pero también hay una que hacemos para evitar el estrés traumático. La verdad es que estamos expuestas a mucho dolor, a mucho sufrimiento de las personas con las que trabajamos y a todo lo que eso nos provoca a nosotras. Entonces tenemos que trabajarnos mucho en general, pero sobre todo cuando hay situaciones traumáticas, por ejemplo, cuando alguna de las personas con las que trabajamos murió en la calle o murió de frío, o cuando terminó preso, cuando las asesinan.

O sea, esas cosas. Y hay muchas técnicas que usan los psicólogos para hacernos hablar de lo que sentimos, de lo que recordamos, de lo que oímos. Porque si no, después, un día cualquiera, podés tener una reacción abrupta. Yo tuve una hace unos cuantos años. Ahora estamos en 2024, habrá sido, no sé, 2020, ponele. Había ido a un cumpleaños de una amiga en Palermo que no era de mi trabajo, era una amiga que trabajaba haciendo periodismo deportivo. Toda la gente hablando de los torneos de fútbol, de rugby, del tenis, de Del Potro, creo que se llamaba el muchacho que la estaba rompiendo en ese momento.

Y yo estaba ahí, contenta, tratando de aprender de otras cosas. Pero de repente, en el edificio donde fue el cumpleaños había una obra en construcción, o sea, se estaban haciendo unas refacciones, y se cae un balde que tenía piedras adentro. Se empieza a caer y ese balde empieza a hacer ruido. Y yo creí que era un tiroteo y grité: «¡Cuerpo a tierra, tiroteo!». Y me tiré así, como palomita, debajo de una mesa.

La gente me miró como diciendo: «Rayada, ¿qué te pasa, loca?».

Tiré bebidas, todo, de una manera bárbara, de que no se olvide nunca, ¿viste? Bueno, y eso es porque no estaba trabajando mi estrés traumático y cualquier cosa me parecía que era un muerto.

Magali: Claro. ¿Qué técnicas aprendiste dentro de terapia que te hayan servido para alivianar el estrés postraumático?

Malena: Para el estrés postraumático aprendí, cuando las cosas me están afectando mucho, a registrar lo que empiezo a sentir en el cuerpo, dónde lo siento, si lo puedo sentir medio aislado o si me rememora alguna situación mía personal.

También aprendí lo que se llaman las 3 C del codependiente. El codependiente es la persona que cree que tiene en sus manos la responsabilidad de que otra persona mejore su vida, y no es así. Por ejemplo, siempre que hay una persona adicta a cualquier tipo de droga, de sustancia o de cosa, suele haber un codependiente, que es el que lo habilita, ¿no? Y creerse codependiente en mi trabajo es creer que yo le salvo la vida a la gente, que soy una superheroína, que lo que esa persona haga con su vida depende de mí. Entonces la primera C dice: vos no lo causaste. Entonces tranquila, ante todo calma, vos no tenés la culpa de lo que le está pasando a la otra persona. Entonces regulate. Y vos no tenés la cura, la cura la tiene esa persona.

Ahí me pude parar muy bien y decir: bueno, a ver, Multipolar genera un abordaje hermoso, respetuoso, amoroso, pero muy profesional, muy medido, muy evaluado, que ponemos a disposición de las personas que están en su sano juicio para que puedan decidir desde su autonomía si lo pueden aceptar o no, si lo quieren para sus vidas, y ellas puedan ir poco a poco cambiando su vida. Entonces ahí lo que yo hago es lo mejor que puedo todos los días.

Y no me como la de si sale bien o sale mal, si me salió bien o me salió mal. La gente no se me muere, la gente no se me moja cuando llueve. Así que bueno, separar eso me sirvió muchísimo.

Magali: Entremos a la parte de los trabajos, porque acá la gente quiere saber de qué trabajan ustedes. Contame cómo es ser una directora de una fundación como lo es Multipolar.

Malena: Bueno, es una mezcla de actividades múltiples todos los días.

¿Cómo es dirigir una fundación con un triple rol?

Malena: Yo tengo como un triple cargo, soy re importante en Multipolar: trabajo por 3 por un solo sueldo. Por un solo sueldo, y a ratos sirvo café.

Magali: Excelente.

Malena: Sí, sí, como corresponde, como siempre. Soy fundadora con Nahuel Gieco, en su momento mi novio, después mi esposo, hoy mi ex esposo; pasamos por toda la línea con Nahuel. Fundamos Multipolar más o menos en 2016, hace ya 8 años, y cuando se fundó yo quedé como la primera presidenta de Multipolar, y hoy en día, además de ejercer ese cargo, soy la directora de Multipolar. Entonces mis tareas pueden variar desde estar haciendo todo lo que es la reunión de conducción con las otras 2 personas que conducen la organización conmigo, Melissa y Alberto, para ver hacia dónde estamos yendo y si se cumple lo que queremos nosotros que Multipolar ofrezca a las personas en situación de calle, para ver si estamos yendo de la manera que queremos hacia los lugares que queremos. Después tengo un gran rol de fundraising. Esto no se paga solo. En este momento, Multipolar, en diciembre de 2024.

Tiene 28 trabajadores y trabajadoras que todos los meses tienen que conseguir resultados, y lo hacen porque aman su trabajo, pero es su trabajo, o sea, lo hacen por un honorario. Entonces, bueno, tengo que hacer el fundraising para eso. Tengo gran parte de lo que es la sensibilización: dar charlas, hablar con empresas para que contraten a personas en situación de calle, mucha parte de incidencia, de intento de incidencia en políticas públicas, para ver qué cosas pueden llegar a transformarse a largo plazo en lo que es la legislación.

Y siempre me guardo, porque en algún momento lo había perdido y me hizo mucho daño, una parte de mi tiempo para el trabajo con las personas en situación de calle. Multipolar ya se profesionalizó tanto y hay tantos equipos de trabajo que a mí ya me estaba dejando de tocar el uno a uno con la persona en situación de calle. Entonces decidí que iba a guardarme siempre un 10, 20% de mi tiempo para trabajar, sobre todo con los líderes de las ranchadas, con la vieja guardia de la calle, con los más grandes, con los que son más complicados.

Magali: ¿Con los que capaz tienen la edad que tendría mi papá?

Malena: No, no tanto. Los chicos más jóvenes ya no enganchan conmigo, sino la vieja guardia de la calle, que me respeta mucho. Ya nos conocemos y siempre tienen algo en lo que yo pueda ayudar.

¿Qué se aprende de salir a buscar fondos para un proyecto social?

Magali: Espectacular. Ya me cansé con tantas responsabilidades que tenés que hacer. Contame qué aprendiste de tener que hacer fundraising, levantamiento de fondos, que todo el resto de las personas lo vamos a aplicar a nuestras vidas.

Malena: Bueno, lo primero que aprendí es que todo empieza por tener algo muy bueno que ofrecer. Esta cuestión de que tal vez en otras áreas sirven los intangibles, de cómo se dice en un inglés lindo, hacelo hasta que lo…

Fake it till you make it.

Exacto, sin inglés es bastante horrible. Eso en situación de calle no sirve. Entonces no siempre sirvió. O sea, yo no puedo falsear algo o pretender algo hasta que lo haga. Lo que sí digo es que plata y miedo nunca tuvimos. Así que si a mí me dicen: «¿Pueden las personas en situación de calle producir artefactos en madera?». Sí, claro, porque siempre voy a tener un carpintero. «¿Pueden hacer textil?»

Sí, claro, porque tengo las telas. Entonces ahí, todo lo que es fundraising por producción tiene que ser tangible. Después, que es muy importante reconocer el valor de la historia de lo que hacemos y contar una buena historia de manera ordenada. Uno a veces no se da cuenta y tiene tantas cosas para contar, quiere demostrar tanto, que no se da cuenta de que no está hecho ni cronológica ni ordenadamente. Entonces, ordenar tu historia para mostrar tus logros es hacerle un favor a la persona que te escucha.

Después, explicar tu contexto. No está bueno asumir que el otro entiende por qué es tan importante lo que para mí es importante. No todo el mundo tiene por qué ponerse en tus zapatos. Y a la vez, también siempre pensar que la otra persona te está buscando: tu proyecto, tu currículum, lo que sea, porque al fin y al cabo buscar trabajo también es hacer un fundraising para uno mismo.

Porque necesita de vos, y eso también te para en un lugar de valor. Che, vos no me vas a pedir ningún favor y yo no te voy a hacer ningún favor. Vamos a hacer un intercambio recíproco de valor, donde los 2 vamos a ganar si todo sale bien. Entonces esas 3 cosas trato de no olvidármelas nunca.

¿Qué prejuicios tienen las empresas para contratar a personas que vivieron en la calle?

Magali: ¿Qué mitos viste en las conversaciones con empresas sobre contratar a una persona que salió de la calle?

Malena: Yo he venido fracasando con todo éxito con los pedidos de que contraten a la gente en situación de calle. La gente hacía el proceso que proponía Multipolar e iban a las entrevistas y rebotaban. Yo no conseguía entrevistas para ellos, hasta que un día una empresa, una chica de una empresa, porque viste que también uno dice «la empresa», y no es que yo hablo con un logo con patas, no, yo interactúo con una persona de recursos humanos, me dijo: «Mirá, Male, vos me vas a odiar por esto, pero yo te tengo que preguntar algo. Cuando vos me decís que le demos trabajo a alguien en situación de calle, ¿es el borracho drogado que va a venir sucio, con un perro y un carrito de supermercado con todas sus cosas adentro, a trabajar? ¿Va a oler mal?».

Y yo dije: «Ah, claro». Le dije: «Yo no te odio. Yo te estoy amando en este momento, Valeria, porque vos me hiciste una pregunta maravillosa». Yo estaba pidiendo que contraten gente en situación de calle, y el imaginario que hay sobre una persona en situación de calle es ese, y yo no me estaba explicando bien. Yo contaba todos los talleres que hacíamos, los procesos individuales de acompañamiento, los grupales, las herramientas, los test, las escalas.

Pero no les decía: esa persona llega a Multipolar y tiene la posibilidad de bañarse. Lo primero que intentamos es que entre a algún lugar donde pueda dormir, conseguir alguna vinculación con algún lugar donde pueda dormir, para que tenga un baño, para que duerma en un colchón. En Multipolar hay un ropero y pueden llevarse una ropa presentable para asistir al trabajo. Yo no estaba explicando nada de todo eso. Entonces ese es un gran prejuicio, por ejemplo. El otro gran prejuicio es que no tienen DNI, que no están documentados, que no tienen su pasaporte o su documento nacional de identidad.

El otro prejuicio es que todos tienen antecedentes penales o problemas con la ley. El otro día presentamos una investigación que hizo el equipo de terapistas ocupacionales de la fundación, y es una muestra representativa del número de personas en situación de calle que creemos que hay en Capital Federal, y solo el 24% tuvieron algún tipo de conflicto con la ley, y un porcentaje mucho menor, antecedentes penales, porque no es lo mismo conflicto con la ley que antecedentes penales, ¿no?

Conflicto con la ley es, por ejemplo, que un día te pusieron una multa con el auto, discutiste con la persona que te hizo la multa y te hicieron una contravención. Entonces tenés que comparecer, tenés que presentarte frente a un juez para declarar eso. Te lo mandan por una notificación a tu hogar. Cuando no tenés casa, te lo mandan a la dirección que está en el DNI, que quién sabe de quién es. Entonces vos no te enterás de que tenés que ir porque te peleaste con alguien o porque rompiste un vidrio o lo que sea. Entonces no vas, y ahí tenés un problema con la ley: a la no sé qué cantidad de veces que no vas, te pueden hacer un pedido de captura, te pueden hacer una citación más oficial. Entonces digo, y las personas…

Tal vez muchas veces las empresas creen que todos tienen antecedentes penales o que, por ejemplo, porque la persona tiene antecedentes penales, está prófuga de la justicia. La verdad es que nosotros trabajamos solamente con personas que, si estuvieron privadas de su libertad ambulatoria o estuvieron presas, como le decimos más fácilmente, ya cumplieron su causa. Entonces hay un proceso legal en el que ya saldaron su deuda con la sociedad. Pero bueno, a veces a la sociedad no le es tan fácil perdonar, ¿no?

Magali: Total. ¿Cuál creés que fue alguna de las decisiones más importantes que tomaste en la historia de la fundación?

Malena: Decir la verdad. Contar desde dónde estaba saliendo, por qué hacía lo que hacía y quién era.

¿Cómo se sostiene la paciencia cuando el cambio es a largo plazo?

Malena: Recién, hace un ratito que hablábamos, te pregunté cómo se decía una frase en inglés y te dije que mi inglés no era perfecto. Y así tuve que decir: soy la primera de todo mi árbol genealógico que emprende. No tengo un papá diplomático ni una mamá famosa que me estén poniendo una fundación. Me han preguntado muchas veces: «¿Y a vos quién te banca?». Nadie. O sea, éramos Nahuel y yo en un comienzo fabricando los muebles de la fundación y haciendo fundraising. Entonces decir la verdad, ser sincera, no hacerme la maravillosa, fue la decisión más grande que tomé, porque Multipolar se volvió algo muy genuino. Vos lo que ves es lo que hay. Y muchas veces me dicen: «¿Y cuántas personas saca Multipolar de la calle?». Multipolar no saca a la gente de la calle, pero bueno, le dejo pasar eso y le digo: «Mirá, trabajamos con 300 personas por año y superan la situación de calle entre 60 y 80». Dice: «Ah, pero es muy poco eso». Pero es la verdad, porque es muy difícil el trabajo que hacemos. Entonces, no mentir para llegar a lugares de más fondos o mainstream.

Vamos muy de a poco creciendo, pero vamos sólidos. Y esa fue la decisión más importante, que tomo todos los días de mi vida.

Magali: ¿Cómo gestionás la paciencia y la ansiedad de decir: obviamente, 60, 80 es mucho más que cero, pero a la vez el mundo nos exige ir más rápido?

¿Sabés que hubo algo que aprendí en una de mis terapias, no me acuerdo ya en cuál? Que fue todo el tiempo compararme con los procesos de la naturaleza. Esto creo que le sirve a cualquier persona. Mirá que yo soy la persona más urbana que hay. Me encantaría vivir en un lugar con parque, pero yo vivo en un departamento en Capital. Soy de San Miguel, donde también vivía en un lugar sin parque, digo.

No soy una hippie que está ahí haciendo miel orgánica, no. Pero la verdad es que me enseñaron a ver que todo lleva tiempo, que el año tiene cuatro estaciones, que las semillas se tienen que plantar, que primero tienen que hacer todo un procesito con el agua, que después tienen que crecer, que muchas veces no ves nada hasta que llega esa partecita de la maceta que sube, el plantín. El tema de lo que tarda una gestación, de un cachorrito, de un humano, ¿entendés? Cuando empecé a darme cuenta de que en realidad no es tan lento nuestro proceso, sino que el mundo se hiperrecontraaceleró.

Me sirvió muchísimo empezar a darme cuenta de eso, ver cómo puedo conectarme un poco más con los tiempos naturales que con los tiempos que me ofrece la sociedad actual. Eso también me sirve para saber que detrás de la noche siempre sale el sol. Hasta ahora no viene fallando, al menos en el lugar donde yo vivo, en Buenos Aires. Yo me voy a dormir, y hay veces que esa oscuridad de la noche me pasa con mis procesos de Multipolar. A veces simplemente me tengo que ir a dormir muy triste, y al otro día, si Dios, Ganesha, Buda o quien sea que me ofrece la vida me permite abrir los ojos de nuevo y hay sol, entonces es un nuevo día y ahí empiezo otra vez. Entonces eso me ayudó a cultivar la paciencia. Nada es rápido en lo que hago, y nada es fácil. Todo es un proceso en el trabajo que hacemos en Multipolar.

¿Cómo manejás vos el equilibrio entre pensar las cosas a largo plazo, porque tenés una fundación, versus la crisis inmediata del corto plazo de la realidad de las personas con las que trabajás?

Bueno, un poco esto de saber que la vida de esa persona no depende de mí, que no se la estoy solucionando yo. Saber que trabajo en red y que muchas veces, para esas cosas muy inmediatas, hay organizaciones cuya misión es solucionar cosas inmediatas. Entonces, jamás trabajar solos. Multipolar se llama Multipolar porque creemos que el problema acuciante que tratamos en la sociedad necesita de múltiples polos para ser solucionado. Y polos, ¿por qué?

Porque Argentina es re bipolar, se ha vuelto cada vez más bipolar. O sos de River o sos de Boca, votaste a este, votaste al otro. Hasta con los colores nos han querido dividir, porque les han puesto colores a los partidos o a las luchas sociales, y sos de uno o de otro. Entonces Multipolar cree que tenemos que hablar entre todos, que los múltiples polos tienen que unirse para conseguir respuestas. Entonces somos coherentes con eso, y yo sé que si hay alguien que necesita una frazada para esta noche, no soy yo la que tiene que ir a correr por la frazada.

Sino tener el teléfono de la persona que tiene frazadas porque se dedica a eso, frazadas, comidas o un turno en un hospital, y a la vez ofrecerle a esa persona, que no se vuelva loca, un proceso de trabajo de inclusión laboral para que supere la situación de calle definitivamente, que para eso estamos nosotros. Entonces, primero organizarme en red. Creo que esto es algo que también nos pasa muchas veces cuando tenemos un momento de urgencia o desesperación: no vemos nuestros recursos alrededor, y los recursos no siempre son propios.

Hay un montón de gente que quiere ayudarte y muchas veces en la desesperación no lo ves. Hacer una lista de lo que puede ofrecer cada organización que hay dando vueltas en situación de calle, o cada persona, cada amiga mía, cada amigo, cada familiar al que le guste lo que hace Multipolar, me hizo sentirme muy poderosa. Pero no poderosa porque lo sea yo, sino porque lo es mi red.

Eso ayudó muchísimo. Y después, saber, lamentablemente, de leer mucho, de informarme mucho, porque soy bastante nerd en ese tema, que esto no está tendiendo a disminuir.

Entonces yo puedo de vez en cuando prender un sahumerio y escuchar Imagine y digo: bueno, está bien, qué hermoso que sos, señor. Pero por más de que yo imagine, esto no está tendiendo a disminuir en el mundo. Entonces, ir preparándome, ir formando al equipo para que Multipolar pueda seguir haciendo su trabajo en ese marco, por ejemplo. Bueno, yo estoy armando Multipolar para dejar de ser la presidenta cuanto antes. Sí, para que haya…

Hay una compañera mía, lo tenemos hablado, que si todo sale bien va a ser la próxima presidenta de Multipolar. Los equipos tienen un proyecto de ir tomando cada vez más autonomía. Pero a la vez yo también estoy estudiando medicina, porque quiero ser psiquiatra, porque creo que el gran desafío, la gran barrera que se va a venir para la población con la que yo trabajo, frente a la llegada de otro tipo de drogas, del fentanilo, frente a la vulnerabilidad, frente a la injusticia social y económica que existe a nivel global, van a ser los padecimientos de salud mental, y yo quiero estar ahí, pero con herramientas.

¿Por qué la salud mental es la próxima pandemia?

Magali: Y empecé a buscar todas las herramientas que encontraba, con cursos cortos, capacitaciones cortas, y no me llenaban y no encontraba lo que estaba buscando. Y bueno, imaginate, tengo 41 años, estoy recién en tercer año de medicina, me falta un montón, pero bueno, es mi largo plazo, es lo que me permite no perder el norte, la dirección.

¿Por qué, ante todos los problemas, creés que el de salud mental va a ser el que va a caer en cascada? Como que es un buen problema para atacar porque va a traer muchas más consecuencias.

Primero, porque creo que lo estamos padeciendo todos y todas, a niveles ni marginados. No es ni por asomo solamente la situación de calle. O sea, muchísimas personas estamos con trastornos de ansiedad, con ataques de pánico, porque creo que hay mucho no dicho y todo eso no dicho repercute en la salud mental. Y porque creo que el actual sistema, del que soy parte, nos ofrece muchas maneras de distraernos y de tapar, y de esa manera, de reprimir.

Y no hay nada peor que algo reprimido: vuelve, y vuelve de las peores maneras. Entonces creo que esa va a ser la nueva pandemia. Está siendo la nueva pandemia. Y me di cuenta de que no hay muchos profesionales que aborden temáticas de salud mental desde la disciplina desde la que lo quiero hacer yo, que es la psiquiatría.

¿Hay millones?

Malena: Sí, no sé si millones. En Argentina, psiquiatras no; en el mundo, sí. Pero, por ejemplo, hace poco estuvimos en el Congreso Argentino de Salud Mental y contaron que en todo el país, en Argentina, que creo que ahora tiene 44000000 de habitantes, en 2024, solo había 400 psiquiatras infantojuveniles. Y Multipolar, en los 8 años de recorrido que tiene, solamente conoció a una, no, a 2 psiquiatras con especialización en adicciones que podían entender la situación de calle, por ejemplo. No hay demasiado explorado en ese campo. Entonces dije: es por acá.

¿Cómo se articula el sector público con el privado?

Magali: ¿Cómo pensaste que la fundación esté en el medio, entre lo privado y lo público? Esto es como una alianza público-privada, y ya de por sí es difícil trabajar con uno o con el otro, y encima ustedes en el medio de ambos.

Malena: Mirá, te podría dar una respuesta súper careta y profesional, pero te voy a decir: está tan fregada la población con la que trabajamos que si no logro articular toda la ayuda que sea posible, no lo vamos a lograr. Y si nosotros como fundación no lo logramos, la gente en situación de calle no va a tener oportunidad. Entonces yo necesito el compromiso de la mayor cantidad de actores posibles.

Yo soy muy creyente en el Estado, en un Estado presente, en un Estado que garantice derechos, en un Estado con la medida justa, transparente, honesto, profesionalizado. Un lindo Estado. Soy súper defensora, porque es tan grande el problema que no hay fondo que a mí me pudieran dar como ONG para que resuelva este problema. Y saliendo de eso, mi función como fundación no es garantizar derechos.

Y después, con respecto al ámbito privado, Multipolar, al enfocarse en el trabajo, necesita del sector privado, para que en el mejor de los casos la persona en situación de calle que tiene la posibilidad de trabajar en relación de dependencia pueda ser contratada.

Pero si no van a poder ser contratados, porque cada vez la gente llega con más padecimiento, con más vulneración, entonces nunca van a lograr entrar a una empresa, que puedan darnos otras oportunidades para demostrar el valor que tiene la gente y lo que pueden ofrecer. Nosotros a las empresas les pedimos que, si no pueden contratar gente, nos contraten como proveedores: fabricamos productos y ofrecemos servicios hechos y ejecutados por personas en situación de calle que las empresas pueden contratar. Entonces nosotros podemos sumarles valor y ellas, de esa manera, nos ayudan a cumplir nuestra misión social, ¿no?

¿Qué es lo más desafiante de liderar Multipolar y cómo llegó a Ashoka?

Magali: ¿Qué es para vos lo más desafiante de liderar Multipolar?

Malena: En este momento, esta cuestión de que el equipo esté pensado a futuro, que haya libertad y que haya autonomía, y que las personas se sepan parte y se sientan parte. Ah, parece que tuviera un sindicato todos los días, qué discusiones que tengo con esa gente. Pero no peleas, sino que cuestionan todo. Hace poco no sé quién estaba leyendo la misión institucional de Multipolar y digo: «A ver, yo me la sé de memoria, la misión de Multipolar, esa no es». «Ah, no, estamos acá viendo cómo queda cambiándole unas palabritas», ¿entendés? Entonces se genera algo muy lindo, y esto lo digo irónicamente, pero…

Pero es muy desafiante, porque vos no te das cuenta y creaste algo, y es un poco como: «Bueno, pero esto ya estaba pensado de esta manera, y trabajamos así, y hacemos esto, y hablamos de esta manera». Y de repente, sobre todo, las nuevas generaciones vienen a cuestionar todo con propuestas que a veces sí, a veces no, pero hoy en este momento es un desafío lindo de afrontar. Y después, el financiamiento, Magali, o sea, está recomplicado. Las formas creativas e innovadoras que hay que usar para conseguir fondos.

Magali: Le pregunté a alguien que te conoce qué te preguntaría si estuviese acá con nosotras, así que me mandó una pregunta. Vamos a ver si reconocés la voz primero.

María: Hola, Magali, ¿cómo estás? Qué lindo y qué placer que estés conversando con Male. No hay conversación con Male que no te deje un poco transformada, un poco descolocada de tu lugar.

Y esa es una de las cosas que a mí más me gusta de sentarme y conversar con Male. Así que, ya que están ahí charlando, quería decirte si le podés preguntar a Male de mi parte qué es para ella ser emprendedora social, y que te cuente cuándo fue que se amigó y cómo fue ese proceso con la idea de ser emprendedora social.

Bueno, les mando un beso muy grande a las 2 y espero que disfruten muchísimo de la conversación.

Magali: ¿Sabés quién es?

Malena: María, sí. Hola.

Sí, sí, invitada 158, si no me estoy equivocando. María es la directora de Ashoka. Entonces, como acá tenemos una fellow de Ashoka, que en su episodio contó todo el proceso, tipo Sobrevivientes, que los hacen pasar, y que después hay premios Nobel de la Paz… Así que un honor tenerte acá como seleccionada.

Bueno, gracias. Qué bueno que hizo esa pregunta. Si sabe que me pongo así, ¿para qué me pregunta, María? Voy a responder la pregunta. A ver, a mí un día me llega un email de Ashoka. Ashoka es una organización internacional que, bueno, como habrán escuchado en el capítulo, elige emprendedores sociales a nivel global. Y me dicen: «Hola, Malena, queremos hablar con vos de Ashoka porque alguien te pensó para que veamos si sos parte de lo que busca nuestra organización». Yo lo primero que pensé fue: «Esta gente se equivocó, ¿qué onda?». Yo veía a la gente de Ashoka y decía: «Ah, pero qué gente grosa esta, qué gente importante, deben pronunciar el inglés maravilloso, deben haber estudiado en lugares radiantes».

Y la verdad es que yo había sido muy crítica de munditos que yo considero muy de que no todos pueden acceder, y me cerraron la boca, porque de repente ese mundito me estaba llamando a mí. Yo decía: no sé, a veces es más cómodo criticar que ver qué tienen para proponer, no estar ahí y tirar: «Pum, pum, pum, ¿viste? Son todos chetos». Y dije: «Che, ¿qué me está pasando?».

«¿Que me están convocando?». Y bueno, tuve una primera reunión con otra María, amorosa también, y me empezaron a hacer preguntas que estaban buenísimas y a contarme cosas que estaban buenas. Y me mandaron un formulario. Yo creo, Magali, que si le hubiera puesto a mi tesis de grado el énfasis que le puse al formulario de Ashoka, hoy sería una mejor profesional. Y fueron muchas etapas y muchas preguntas. Y realmente me costaba mucho sentirme tan evaluada. Me costaba mucho entender si quería ser parte de todo eso.

Si era tan riguroso y no podía ser para todos, ¿por qué podía llegar a ser para mí? Y con el tiempo, conociendo a los fellows, teniendo tal vez una reunión, teniendo una charla, viendo… Yo hay una simplificación que digo: al fin y al cabo, todas las noches somos personas viendo memes de gatos para sobrellevar el día, ¿no? Viendo que eran todos un poco personas que veían memes de gatos a la noche para sobrellevar el día, dije: bueno, sí, capaz que soy esto también, capaz que soy emprendedora social.

Y ahí empecé a pelear un poco más porque reconozcan el valor de Multipolar, porque había un gran desafío, que era que en una era tan tecnologizada Multipolar no tiene una tecnología vinculada a lo digital. La innovación de Multipolar es una tecnología, pero que es una metodología social. Eran como las ciencias sociales desde el sur global sacando un cartel diciendo: acá estamos. No todo es inteligencia artificial, no todo es enseñar a las niñas a programar.

Lamento decirte que el mundo va a necesitar panaderos toda la vida, porque por más de que pongas una máquina, va a haber gente que va a querer hablar con un humano.

Nuestra gente también vale. Entonces ahí dije: «Ah, ¿cómo que me hacés tantas preguntas? Que quedé aceptada de carácter provisional, ahora quiero». Y ahí fue el equipo de Ashoka, impulsándome a mí para que no me pinche, el que me hizo darme cuenta de que si no estaba nuestra agenda, si no estaba yo… A mí no me gusta mucho hablar en personal, yo creo más en los procesos colectivos, pero si no estaba yo ahí, había un colectivo que quedaba sin visibilizar. Y que íbamos a seguir hablando de que el mundo solamente se iba a solucionar con la robótica, y no es así para mí. Así que así me amigué con ser emprendedora social.

Magali: Muy bien. Ahora, robots para todos.

Malena: Tal cual, tal cual.

¿Qué fracasos le enseñaron a Malena Famá a no acortar procesos?

Magali: ¿Qué se te viene a la cabeza? ¿Algo que en su momento haya sido, entre comillas, un fracaso, pero que haya sido importante para un aprendizaje adquirido?

Malena: Sí. Los primeros fracasos fueron creer que una persona podía pasar de la calle, de estar durmiendo en el colchón, a la empresa a través de un currículum. El trabajo que yo empecé lo hice muy de pivotear. Ahí sí que agarré una metodología como si fuera la de una startup, de validar hipótesis. Eso sí lo hice, y lo primero que hice fue irme con una computadora en un brazo.

Y una impresora en una bolsa en el otro, a un comedor donde personas en situación de calle comían todos los sábados, a hacerles el currículum para dárselos y que puedan buscar trabajo. Fracasé tremendamente. Las personas no podían estar durmiendo en la calle y al día siguiente… Darles un currículum: en el currículum iba mi teléfono, porque ellas no tenían. Entonces ellos los salían a repartir, o yo los mandaba por email: hacía un email a cada persona y mandaba los currículums en nombre de ellos, con su permiso.

Después me llamaban a mí para las entrevistas. Yo tenía que salir a buscarlos por todo Capital Federal. A veces tenía anotado en un cuaderno, tipo: «Juan duerme en la Plaza San Martín, en el banco 3, detrás del reloj». ¿Viste? Era una locura. Me metí en una que no era, era insostenible. Y a la vez, las personas llegaban a las entrevistas con la autoestima tan destrozada, porque estar en la calle te rompe, y la cabeza tan triste y el corazón tan apachurrado, que no pasaban una entrevista ni por asomo. Y el empleador se frustraba.

La persona se frustraba, y yo validaba que esa forma no era. Entonces eso fue un gran fracaso: que mi ansiedad inicial me hiciera querer acortar un proceso que de ninguna manera iba a ser corto.

Magali: ¿Cómo hacés vos para mantener la resiliencia frente a estos desafíos?

¿Sabés que hace un tiempito me di cuenta de que no soy feliz haciendo otra cosa?

¿Cómo te diste cuenta?

Porque estaba sufriendo mucho. Intenté tomármelo de otra manera. Intenté desconectarme, o sea, hacer mi trabajo, sí, pero enfocarme solamente en las partes más frías o en las partes más técnicas. Me di cuenta de que no era feliz y pasé por un planteo interno muy grande: «Che, ¿pero qué pasa? O sea, ¿qué pasa con esto?». No puedo ser feliz haciendo otra cosa, no me gusta otra cosa. Y lo solucioné en una charla con una mentora que tengo en comunicación, que a veces me lleva caminando de la mano por la vida con los consejos y los apoyos que me da. Y ella me dijo: «A mí lo que hago me define, yo también soy mi trabajo». Dije: «Ah, ¿se puede eso?».

Y me dice: «Sí, a mí mi trabajo me define». Y dije: «Ah, bueno». Porque viste que a veces, si tu trabajo te define, sos una workaholic, sos una adicta al trabajo, para decirlo en español, sos una persona que no tiene otros objetivos personales. Y yo me di cuenta de que no, de que sí tengo objetivos personales, pero que yo hago mi trabajo porque me hace feliz a mí. Yo necesito hacer esto, deseo hacer esto para ser feliz. Entonces, el darme cuenta de que antes que nada lo hago por mí hace que me crea menos santa, que me crea menos maravillosa, que vea que las demás personas en situación de calle, que desearía que no existieran, pero existen, son un medio para que yo pueda ser feliz también. En el único escenario en el que yo no…

…quisiera quedarme sin trabajo es que no haya una persona más en situación de calle en Argentina, por ejemplo. Ahí creo que sí me tomaría unas vacaciones de mi causa, de mi vocación, de mi misión. Entonces ahí dije: bueno, amiga, no te queda otra que levantarte todos los días y ser resiliente. Las personas en situación de calle se levantan todos los días muertas de frío, muertas de calor.

Mojadas cuando llueve, con alguien pateándoles el colchón para que se vayan de debajo de un palier. Caminan 6, 7 km con una mochila pesadísima para comer, para ir al baño, para bañarse. Bueno, aprendé de la gente con la que trabajás, si no, sos una careta.

Y así la llevo a la resiliencia.

¿Qué se aprende escuchando a la gente en situación de calle?

Magali: ¿Qué otras cosas aprendiste de gente en situación de calle?

Malena: Hay algo que me parece maravilloso, que es que muchas veces alguien te cuenta algo triste o te cuenta una angustia o algo que le pasa y vos automáticamente, sin darte cuenta, saltás con tu mantra automático o con tu frase color pastel automática: «Bueno, ya se va a pasar. Podemos hacer esto, podemos hacer lo otro». Las personas en situación de calle, la mayor parte de las veces, cuando ellas te preguntan a vos cómo estás y vos les contás algo que te pasa, te dicen «lo lamento mucho», porque a veces ellas sienten que desde el lugar en el que están no pueden hacer nada por vos, porque apenas pueden con su vida. Entonces te dicen: «Eso es un garrón». Hubo un día que yo estaba retriste porque había desaprobado un examen y me crucé a Jorge y me dice: «¿Qué te pasa que estás así, con esa cara muerta?». Me decía él, con esa cara muerta.

Y le digo: «Desaprobé un examen». Me dice: «Uy, qué garrón, lo lamento mucho». Viste, el tipo estaba todo mojado, había llovido, estaba en situación de calle, y yo lo miro y le digo: «Uy, Jorge, perdoname, yo te vengo con mi examen de desarrollo». Y me dijo: «No, no me hagas eso, dame la oportunidad a mí aunque sea de escucharte», dice. «Esas cosas son importantes para vos».

Dice: «Entonces no me saques hasta la posibilidad de escucharte diciendo que tu problema es menos importante que el mío». Entonces eso me enseñó que no siempre tenemos que decirle algo al otro. Nos encanta escucharnos hablar, Magali, y a veces no te estás dando cuenta de que la otra persona necesita que la escuches. Hoy me preguntaste cómo se desarrollaba la empatía.

Es tratando de afinar lo más posible los sentidos para ver qué está buscando la persona que te cuenta algo. Después, con el tiempo, me fui para el otro lado. Tuve grandes problemas con mi compañero, por ejemplo, porque él me terminaba de contar algo y yo le decía «lo lamento mucho», o le decía «gracias por compartir», y me miraba y me decía: «¿Qué es esto? ¿Un grupo de Narcóticos Anónimos? ¿Cómo ‘gracias por compartir’?».

Y le digo: «Bueno, ¿qué querés que haga con lo que me decís?». Y me dice: «¿Cómo qué quiero que hagas? Decime algo». Y le digo: «Ah, ¿te puedo opinar?». Me mira… O sea, han sido peleas de comienzo de relación, que vos decís: esto no está bien, me fui para el otro lado. Pero es que realmente no siempre hay que hacer algo, no siempre se puede hacer algo, no tenemos tanto poder. Entonces está bueno poder escuchar al otro y preguntarle abiertamente qué espera.

Vos hoy me dijiste, cuando empezamos a charlar: «¿Qué esperás de esta charla?». Y a mí me parece maravilloso porque, no sé, capaz una persona puede decir: «Ay, ojalá que esta charla se haga viral», y para mí lo que quiero es pasarla bien este rato que estamos hablando. Me estás haciendo unas preguntas maravillosas. Entonces eso de preguntar lo aprendí de la gente en situación de calle: ¿exactamente qué necesitan?

¿No viste la cantidad de bolsas que tienen muchas veces alrededor? Es porque la gente los ve en la calle y les avienta bolsas de ropa. La gente ve a alguien en la calle y asume todo lo que a esa persona le falta, y no le pregunta qué necesita. En la fundación nos pasa lo mismo. Hubo una época que se empezó a llenar de ropa la fundación. Abríamos la puerta y había bolsas y bolsas y bolsas de donaciones. Y un día me llega un camión de una empresa que ni siquiera me había avisado que venía.

Tenía confianza con la chica de recursos humanos y le digo: «Disculpame, ¿tenés idea por qué está habiendo tanta ropa? Porque entre las ONG de calle estamos viendo que nos está sobrepasando la cantidad de ropa». ¿Y qué había pasado? En Netflix se había estrenado la serie de Marie Kondo, que te decía que si la ropa no brillaba y no te hacía feliz, la tenías que donar. Y nadie nos preguntó si necesitábamos ropa, pero como no brillaba y no los hacía feliz, nos la mandaron a Multipolar.

Bueno, eso aprendí: que no se hace así.

Magali: No, buenísimo, buenísimo, Male. ¿Qué momento de tu carrera te llena de más orgullo?

Malena: Hace poquito viví un momento que dije «esta», me guardé la foto porque dije: este es mi nuevo indicador de éxito. Me habían invitado a dar una charla del Grupo de Fundaciones y Empresas. A mí no me molestan las charlas. No sé si me encantan, porque me cuesta subirme yo sola al escenario cuando Multipolar es un colectivo. A la vez, también estoy un poco familiarizada con el maquillaje, el peinado, el blazer.

Esas cosas que suelen quedar bien en las charlas. Pero en esta tuve que adaptarme un poco y vestirme así. Nunca me pidieron que me vaya a vestir de una determinada manera. Y en esta charla el Grupo de Fundaciones y Empresas aceptó contratar a 3 personas de Multipolar para que hagan de helpers en el evento, o sea, para que hagan de asistentes de ese evento. Entonces recibían junto con las otras personas del MALBA, porque había sido en el MALBA. El MALBA tenía su propio equipo, pero pudimos sumar 3 personas de Multipolar.

Que no están en calle calle: están en paradores, en hogares, alguno alquilando una habitación de hotel. Ellos llegan a Multipolar. Ahí inventamos unos uniformes que son toda ropa negra. Van vestidos de negro, y ese día las tareas que se les habían asignado eran recibir a la gente, guiarla hacia el auditorio, entregar ciertos programas, después de los breaks pedirle que se acerque, si había preguntas pasar el micrófono, cambiar el mobiliario y servir el agua en la conferencia. Entonces yo estaba de panelista y ellos estaban trabajando, y en un momento nos sacamos una foto en el escenario y estábamos los 3 hermosos.

Eran 2 personas que venían de situación de calle y yo, con nuestras mejores pintas, y yo dije: ya está. O sea, esta es mi medida del éxito, ¿entendés? Estoy pudiendo hablar del trabajo que amo. Estoy pudiendo contar cosas de Multipolar, que a veces escucharme a mí decirlas me hace recordar que después de tanto remar están sucediendo, y estas 2 personas están acá trabajando. No se dijo: «Ah, miren, les dimos trabajo a 3 personas en situación de calle».

Estamos los 3, con nuestro uniforme de trabajo, y hermosos.

¿Por qué la solidaridad no alcanza solo con amor?

Magali: No, buenísimo. ¿Cuál creés que es un aspecto que sea bien incomprendido del trabajo que vos tenés que hacer con estas comunidades?

Malena: Qué buena pregunta. Algo bien incomprendido… que no es solamente amor.

¿Cómo sería?

Hay una romantización, que vos hoy mencionaste, alrededor del trabajo social, en que parece que todo se soluciona con amor. Fito Páez vino a ofrecer su corazón y de ahí en adelante tenemos una serie de disfraces, como por ejemplo «no importa lo que hagas, poné tu granito de arena». Y yo siempre digo: ojo, que no le pongas el granito de arena en el ojo a la persona que querés ayudar.

Una mano lava la otra, pero si se te acaba el jabón y dejás de ayudar en el medio de tu intervención, eso hace peor lo que vos estabas queriendo hacer. Entonces solidaridad no es amor solamente. Hay intervenciones que no se hacen solamente con amor: hay que estudiar, se necesitan profesionales. En muchos de los abordajes que nosotros hacemos, esos profesionales tienen que tener una matrícula, porque que haya una matrícula quiere decir que hay un consejo profesional que regula su ética laboral.

Yo no necesito solamente paquetes de polenta para ayudar a la gente en situación de calle, porque yo no le puedo pagar al equipo con paquetes de polenta.

La gente en situación de calle no come solamente guiso.

Magali: ¿Entonces esas cosas de la solidaridad, más que lo de preguntar qué necesitan, es lo más difícil de explicar?

Malena: Es como que hay una concepción de que el pobre siempre tiene que agradecer, porque cualquier cosa que le des la tiene que agradecer, porque, bueno, al fin y al cabo es pobre o está en la calle. Y parece que la ONG también tuviera que agradecer y aceptar cualquier propuesta, cualquier voluntariado. Hace poco estábamos viendo si conseguíamos psicólogos voluntarios, porque no teníamos dinero para pagar psicólogos. Nosotros también tenemos nuestros psicólogos rentados, pero no alcanzaban para la gente y no teníamos fondos. Y vos no sabés la cantidad de gente que se anotó con muy buena voluntad diciendo: «Mirá, yo no soy psicóloga, pero doy buenos consejos y puedo ir a Multipolar a escuchar gente».

Y yo decía: «Yo te agradezco un montón, pero ¿vos le confiarías la salud mental de tu hijo, de tu mamá, a una persona con buena voluntad?». «No, ni loco». «Bueno, ¿y por qué una persona en situación de calle sí?». Entonces eso es lo que más me cuesta: no quedar como mala, como tirana, pero explicar que solidaridad no es igual a solamente amor.

¿Cómo fue ser la primera universitaria de la familia?

Magali: Ah, bueno. ¿Qué otras cosas no te salieron como vos hubieses querido a lo largo de tu carrera?

Malena: Bueno, yo empecé estudiando Comunicación Social, de una manera también muy anecdótica, ¿no? Yo soy la primera de toda mi familia que va a la universidad.

Por donde la mires, la primera que llegó a la universidad fui yo. Entonces yo estaba terminando el secundario y mi mamá y mi papá me dicen: «Bueno, Malena, nos dijeron que la semana que viene empiezan las inscripciones en la universidad, anotate en algo». «¿Y yo por qué tengo que ir a la universidad si ustedes no fueron?». «Y, porque hay que ir, porque está bueno que estudies algo». «Bueno, ¿y qué estudio?». Y mis papás no me sabían orientar. Entonces me dijeron: «Preguntale a tus maestras». Entonces le pregunté a las profesoras del secundario y se juntaron, hicieron una especie de cónclave y llegaron a la conclusión… Bueno, yo era buena en todas las materias menos en matemática: matemática aprobada con 7 raspando, y en educación física también 7 raspando.

Después, todas las otras me iban muy bien. Todas dijeron: «Bueno, mirá, sos buena en historia, sos buena en geografía, sos buena charlando, en lengua y todo eso». Me dice: «¿Te gustaría viajar?». ¿Y a quién no le gustaría viajar? Dice: «Bueno, metete en turismo».

Entonces llegó turismo. «Sí, estudiá turismo», y me explicaron de qué iba turismo. La profe de geografía, Patricia, le mando un saludo, estaba en la Universidad de Morón en ese momento como profesora en turismo. Entonces yo fui a hacer la preinscripción a la universidad para hacer turismo, así, imaginate, ¿no? En ese momento leías la Guía T, que era así; no había Internet accesible como ahora, esto fue en el año 2000, para que yo busque otros recursos. Y aparte en mi ámbito tampoco nadie había ido a la universidad. Mi mamá es maestra, mi papá creo que hizo hasta primer año del secundario, nada más.

Entonces fui a anotarme y, bueno, llegó el año 2000: crisis, incendio en Argentina, el país explotó. Y hubo una medida económica que se llamó corralito, que fue que los bancos retuvieron los ahorros de las personas que habían depositado. A mi papá lo habían echado de su trabajo porque habían privatizado la empresa donde él trabajaba, y la indemnización le quedó entera en ese corralito. O sea que de repente yo terminaba el secundario, estaba inscripta en una universidad privada, mi papá se queda sin trabajo, con mi mamá salimos a trabajar, y digo: ¿y con qué voy a pagar la cuota de la universidad? Mamá me dijo: «No te preocupes, me dijeron que en la UBA no se paga cuota, andá a anotarte a la UBA». Fue Malena a la UBA, llego y digo: «Hola, me vengo a anotar». «¿En qué carrera?». «Turismo». Me dice: «Nena, acá no hay turismo». «Ah, no, ¿y qué hay?». Me dan un librito con todas las carreras, llamo a mi casa y le digo: «Mamá… No hay turismo acá». «Bueno, anotate en algo». Y leyendo ahí en la fila llegué más o menos a Comunicación y dije: «Bueno, me gusta escribir, será algo de esto». Y así me anoté en la carrera de Comunicación. Nunca me enganché, nunca me gustó, pero quería ser universitaria, tener mi título, por lo que significaba para mis papás. Pero bueno, un chasco tremendo estudiar algo que no te gusta, y en el medio me doy cuenta de que me gustaba Medicina.

Entonces, eso es algo que definitivamente no salió bien: el obligarme a terminar una carrera por una presión que mi familia no me ponía, pero yo me hacía emotivamente. Yo pienso que es algo muy largo y hay que dedicarle muchas horas a la carrera como para estudiar algo que no te gusta, así que eso salió bastante mal.

Magali: Si pudieses darle un consejo a los más jóvenes que nos están escuchando, que dicen: «Che, la verdad, esto que hace Male me parece espectacular, yo también quiero un mundo mejor», ¿qué consejo les darías a los que aspiran a generar algún tipo de impacto social?

Que empiecen desde donde puedan y que no se crean esa historia de que primero tienen que edificar toda su vida para que, justo cuando estén bien en su aspiracional de éxito, empezar a hacer algo por los demás.

Porque, por lo general, la juventud es un momento lleno de energía, de revolución en las venas, sea la causa que sea la que te motive, y eso se va apagando. Conozco muchísimos casos de gente que quería terminar el secundario y empezar una carrera para transformar el mundo. Y fue haciendo esa carrera con deseos de transformar el mundo, y todos sus trabajos prácticos los hacía con la causa que les apasionaba y todo. Y de repente les ofrecieron una pasantía. Y esa pasantía después los llevó a un trabajo con un muy buen honorario o un salario, en las empresas que te dan sushi los viernes, que te pagan el gimnasio, que te regalan unas cosas re chuchis cuando subís de escalafón o lo que sea, que hay unas fiestas de fin de año con unas cajas de Navidad que yo no las vi en mi vida. Pero no son felices, y se olvidaron, y todos los días añoran ese sueño que tenían de ayudar a los demás. Muchas de esas personas son las que escriben a Multipolar, o me escriben a mí por LinkedIn (yo escribo mucho por LinkedIn, es mi red social más que otra), diciéndome: «Ay, Malena, vos estás cumpliendo mi sueño.

Yo quería hacer lo que vos estás haciendo, yo estudié para hacer lo que vos estás haciendo». Y yo siempre digo: «¿Y qué pasó?». Y dice: «Bueno, y después me ofrecieron un re laburo. Y no soy feliz», dice. «Es una tortura de lunes a viernes, de tal hora a tal hora, por más flexibilidades que haya hoy con el home office y todo. Yo no soy feliz, pero ¿cómo dejo un laburo bien pago? ¿Cómo dejo la prepaga, el gimnasio, los bonos?». Entonces, si existe la posibilidad, tomen esto como alguien que viene del futuro: luchen… Por encontrar formas que les permitan vivir como quieren, pero haciendo lo que les gusta hacer.

Eso lo hacemos en Multipolar también. Hay veces que hay personas que no quieren un trabajo en una empresa. Hay muchas personas en situación de calle que quieren perfeccionar sus malabares, y en Multipolar tomamos eso como su proyecto de trabajo y los apoyamos para que profesionalicen la forma de generar ingresos haciendo malabares. Entonces, que traten de luchar todo lo que puedan por hacer lo que los hace felices.

Creo que es muy difícil salir de la carrera corporativa. Lo hemos hablado, creo, en la mitad de los capítulos de Tiene que haber algo más, con la gente que ya salió, o porque los echaron o porque renunciaron al final. O sea, es realmente muy complejo, porque está armada así, como la escalera de incentivos para que vos entres en un túnel. Entonces, obviamente que va a ser difícil cuando vos tenés una familia y todos tienen la prepaga porque vos tenés ese trabajo, el gimnasio para todos, etcétera.

Es muy difícil desarmar eso. Por eso, por ahí, salir lo antes que puedas, porque después tenés el costo de oportunidad, que te juega muy en contra.

Malena: Tal cual. ¿Sabés, Magali, que yo nunca tuve un trabajo en una empresa así? Yo nunca entré. Tal vez lo digo de valiente, me hago la valiente porque nunca entré, ¿entendés? Yo sufro del monotributismo, no importa de cuándo escuches esto. El monotributo es la forma que tenemos los argentinos de pagarnos a nosotros mismos de una manera formal.

Es un sistema impositivo en el que vos sos como autónomo. Autónomo, dice, tal cual. Pero ¿sabés que muchas veces, cuando voy a reuniones en esas empresas que quieren colaborar con Multipolar y todo, yo no puedo creer las oficinas que tienen? Y hay un montón de propuestas que tienen, que yo digo: mirá lo que es esta cocina, mirá lo que es este metegol, mirá lo que es este espacio de relax. Y veo que nunca hay nadie en esos lugares.

Y les digo: «Pero ¿cómo puede ser que no usen todo esto?». Dicen: «Es que estás tan atareado haciendo todo lo que tenés que hacer que no hay tiempo ni para el metegol ni para…». Y muchas veces me contaban mis amigas que trabajaban en grandes empresas que no podían usar el gimnasio que les daban.

Había una empresa, que no me olvido más, que les pagaba todos los meses para que hagan algo que les gustaba, tipo, no sé: ¿te gustan los libros? Comprate libros. ¿Te gusta hacer la actividad X? Andá con alguien más a hacer la actividad X. Yo siempre era el más uno de alguna amiga en el mundo corporativo. No tenían tiempo de usar eso porque vivían trabajando, y eran tantas las horas que trabajaban que después no tenían tiempo para su familia.

Entonces el ratito que tenían lo usaban para su familia, y dije: qué difícil. Y eso es algo en lo que me parece que hay que armar planes. Digo, yo no soy de las que dicen: «Bueno, mañana renunciá a tu trabajo y empezá a ser feliz». No, no. O sea, todos tenemos que ganarnos el pan. Pero lo que sería maravilloso es que tengan todos un plan para poder hacer, la mayor cantidad de tiempo, algo que les haga bien, porque si no es una carrera hacia ningún lado.

Magali: Este es un momento de deseos mágicos en el podcast. Decime, si pudieses cambiar una política global (acá no hay limitantes en esta pregunta) para apoyar el trabajo decente, ¿qué cambiarías?

Una política global para apoyar el trabajo decente… Nunca me hicieron una pregunta tan maravillosa. Para apoyar el trabajo decente, dentro de mi rubro del sinhogarismo, sería que toda persona que lo necesite tenga un lugar digno donde vivir para poder después ir a trabajar. Pero, ponele que no se lo puedan dar a todos, aunque me dijiste que no había restricciones: que si conseguís trabajo te paguen el hotel hasta que puedas alquilar, por ejemplo.

Eso sería algo… Para mí, la renta universal que permita la mínima dignidad necesaria, o la máxima, para poder salir a trabajar y ganarte el dinero con tus manecitas sería un sueño, realmente.

¿Cuál es un miedo que vos tenés del futuro, frente a hacia dónde estamos yendo? Tipo la desigualdad entre inclusión social, desarrollo económico, inequidad del mundo.

¿Qué miedos hay sobre el futuro de la situación de calle?

Magali: Tengo 3 miedos muy grandes en este momento. El primero es a la exacerbación de la violencia. Creo que se habilitaron formas de violencia que no nos estábamos permitiendo a nivel global, y también a nivel país.

Creo que hay una irresponsabilidad muy grande en quienes comunican, que hace que todo el mundo se sienta habilitado a decir cualquier cosa.

La violencia me da mucho miedo. Me da mucho miedo el fentanilo. Es un tipo de droga nueva, o bueno, no tan nueva, que todavía no está muy metida en Argentina, pero no me importa si no está metida en Argentina, porque en otros países sí está destruyendo vidas. Y por lo que tengo entendido, por lo que leí hasta ahora, una persona adicta al fentanilo no tiene una manera de revertir esa situación, porque afecta de tal manera su sistema nervioso que no hay vuelta atrás.

Y yo no estoy acostumbrada a que no haya vuelta atrás. Para mí siempre algo se puede hacer, de una manera u otra. Y después, un miedo al corto plazo es que, bueno, qué sé yo, ¿Multipolar tiene fondos para 6 meses más?

Muchas veces nos pasa, y no me da vergüenza decirlo, porque no es un error de gestión nuestra, sino un error del sistema también. No nos estamos haciendo cargo de un problema tremendo. Y tal vez por falta de marketing, o por nuestros procesos, como me dijeron alguna vez: «Vos ayudás a los malos, a los que hicieron las cosas mal, entonces no te queremos financiar». Todas esas cosas dan miedo. Hasta ahora esto nos ha pasado un par de veces y siempre salimos adelante.

No hay día en mi vida que no gestione para Multipolar, pero a mí no me gusta creer que nuestra agenda es tan poco importante como para que a nadie le importe.

Que en este momento haya 10.000 personas solo en la ciudad de Buenos Aires en situación de calle… Entonces eso me da miedo, no solo por el servicio que las personas en situación de calle van a perder, por mi propio trabajo y el de mis compañeros, sino porque ¿qué nos pasa como humanidad que hemos naturalizado que hay gente que puede dormir en la calle?

Eso me da mucho miedo. Pero dice Gabo Ferro, que es mi cantante preferido, que lo que te da terror te define mejor.

Así que me hago bastante cargo de esos miedos.

Ah, bueno. Si pudieses poner una materia obligatoria en todas las universidades, que no importa qué carrera sea, tengas que cursar esa materia sí o sí, ¿qué elegirías?

No sé cómo sería el nombre, pero sería una especie de cosa así como intervenciones empáticas, ¿no?

Comunicación empática. O sea, no el típico diagrama de Bateson, del emisor, el receptor y bla, sino esta cuestión de: hagas lo que hagas en tu carrera, en tu profesión, en la vida, conectá con el otro, sea tu cliente, sea el paciente que vas a atender, sea una persona en la calle. Conectá con el otro, preguntale qué requiere de vos y en qué lo podés ayudar, y actuá desde ahí. Sería una materia sobre comunicación y escucha empática, bien.

¿Se te viene a la cabeza un libro, una serie, una película que hayas disfrutado recientemente y te gustaría recomendar?

Malena: Ay, soy bastante básica en eso. Yo tengo una obsesión con Grey’s Anatomy, una obsesión, y no es una serie nueva ni mucho menos. Tengo un truco con Grey’s Anatomy. ¿Sabés que yo no puedo llorar? Por lo general, en algún momento se me secaron las lágrimas, y yo siento que estoy llorando y las lágrimas me llegan hasta acá. Yo siempre digo que en algún espacio entre mi sentimiento, mi corazón, el lagrimal y los ojos hay un desierto en el que se desconectó y se chupan, y yo nunca puedo llorar. Y a veces, viendo Grey’s Anatomy, logro que se me caigan 8 lágrimas locas, lo que me sirve para… Descargar esa angustia. Y yo no puedo creer esa gente: llevan 27 temporadas, no sé cuántas, las cosas que les pasaron, y siguen adelante. Entonces hay veces que siento como mucho paralelismo entre Grey’s Anatomy y el trabajo que hacemos, porque hay días que son maravillosos y están todos saltando y son genios, y hay días que se muere alguien y están hundidos en el fango de la perdición.

Entonces, bueno, Grey’s Anatomy me parece una hermosa serie. Me encanta. Y un libro que me hizo muy bien: El camino del artista, de James Cameron. No, Julia Cameron; James es el marido. Perdón, no confundamos a una mujer con su marido. De Julia Cameron. Me hizo muy bien, la verdad, con su formato de ejercicios.

Magali: Bien. ¿Hay algo que todavía yo no te haya preguntado y sea un buen tema para tocar en esta conversación?

Malena: Me preguntaste tantas cosas… Tal vez hay algo que es bastante gracioso. ¿Viste ese meme que dice: lo que la gente cree que hago en mi trabajo, lo que mi familia cree que hago en el trabajo, lo que mis amigos creen que hago en mi trabajo y lo que yo realmente hago? Bueno, me parece que eso también es algo muy significativo en mi tarea, ¿no?

Yo creo que al día de hoy mi familia no termina de entender exactamente en qué trabajo.

Magali: ¿Les costó mucho aceptar que no ibas a seguir el camino tradicional?

Malena: En mi familia el camino tradicional no son las profesiones liberales. No es que esperaban que sea abogada, economista, o, bueno, ahora, si todo sale bien, voy a ser médica, pero lleva tiempo. Pero sí esta cuestión de que tenga que gestionar fondos, de que mi teléfono no tenga un horario en el que se cierra, de que… Me haya levantado de momentos familiares o de cenas importantes porque sabía que había una llamada que tenía que atender, y que todo eso encima no sea el camino reconocido de la plata y el mérito. Porque puedo ser muy buena a la vista de mucha gente, pero nadie dice: «Bueno, Malena hace millones», ni mucho menos. No es la vida que elegí. Y me parece que podría ser un buen mensaje para los padres, para las madres, para las abuelas, para las personas que crían jóvenes con vocación social.

Que se queden tranquilos, que va a estar todo bien, que sí, que van a ser mucho más felices. Yo creo que las familias quieren que nosotros seamos felices, y van a ser mucho más felices haciendo lo que les gusta, eligiendo la carrera que les gusta, que eligiendo una carrera prestigiosa que supuestamente asegura plata y éxito.

Eso, me parece que a veces necesitamos un poco de comprensión de las familias, de los amigos, de las parejas. Muchas veces no podemos elegir algo distinto a lo que elegimos, porque esto es lo que nos llena, a pesar de que a mí me digan: «Che, pero ¿qué te pone contenta? ¿Estar con gente con escasa higiene y dudosa credibilidad?». Sí, eso es lo que me hace feliz. Aceptame como soy. Yo acepto que trabajes para una empresa que contamina el Riachuelo y no te digo nada.

¿Cómo podés ayudar a una persona en situación de calle?

Magali: Esta sección es el momento de ayuda. Te iba a preguntar primero, para quienes nos escuchan y dicen: «Uy, esto está buenísimo, ya me quedó claro que no tengo que donar ropa», ¿qué puede hacer alguien que esté escuchando? Y, si querés, ¿en qué te podemos ayudar los que están escuchando esto a Multipolar? Porque ¿por qué no vamos a usar este espacio para pedir los millones?

Malena: Bueno, a ver, hay como 2 líneas, ¿no?

Una, ayudar a nuestra agenda en general, y otra, ayudar a Multipolar. Obvio que necesito ayuda para Multipolar y ahora lo voy a decir, pero por lo general hay algo que me gusta mucho, que es cómo tratar a una persona en situación de calle. Vos vas por la calle y no sabés qué hacer con alguien que ves ahí, porque vos sentís que le falta todo, y la verdad es que a veces está bueno… No saber y decir: «Che, yo capaz no puedo hacer nada, paso de largo». Bueno, en ese caso tratá de conectar con la mirada y saludá, devolvé el saludo si te saludan. Si te dicen «¿tenés algo para darme?»: «No, disculpame, no puedo», porque hay organizaciones, hay instituciones, hay Estado que va a poder ayudarlo de alguna manera. Pero lo que más duele cuando estás en calle, según lo que me comentan los muchachos, es volverte una piedra y ser totalmente invisible para la sociedad. Entonces a veces es muy práctico saber que no tenés tal vez las herramientas para ayudar. Dejarle tu celular, o sacarte tu campera y dejarle tu abrigo, o darle plata… Puede ser una manera. Dejarle tu número de celular, no, porque es muy probable que esa persona después te escriba y te pida cosas en las que vos no puedas ayudarle o no tengas el tiempo. Ustedes no se olviden de que Multipolar abre todos los días, de lunes a viernes, de 8 a 18, porque tiene equipo rentado, y los fines de semana tiene una guardia de gente que está rentada para atender situaciones. No tenés por qué poder con todo. Ahora, naturalizar que son una piedra y, para que no te pidan nada, no mirarlos, es lo peor que podés hacer.

Entonces es eso: tener un poco de empatía, elegir una causa, sea situación de calle u otra, y comprometerte desde lo que podés. A veces podés hacer un voluntariado de 1 hora, a veces podés pasar la tarjeta. Por mis compañeras les pido: no se comprometan a hacer un voluntariado si no tienen tiempo. O sea, pasen la tarjeta: todas las ONG necesitamos comprar cosas, entonces realmente sean conscientes de eso.

Eso con respecto a la agenda en general. Con respecto a Multipolar, nuevamente, si quieren hacer donaciones porque no tienen tiempo, bueno, o pueden comprometerse a un voluntariado o algo así, nos viene genial. Entrando a la página de Multipolar, www.multipolar.org.ar, o al Instagram @multipolarfundacion, pueden hacer una donación de una manera sencilla. Con esa donación cargamos las SUBE, la tarjeta de viaje, para que las personas puedan llegar a la fundación; compramos los desayunos, las cosas para que desayunen, porque nadie puede formarse ni capacitarse con la panza haciendo el ruido del hambre; compramos los elementos de higiene para la fundación, etcétera. Si tu empresa o el lugar donde trabajás, además de darte sushi los viernes y pagarte el gimnasio, tiene un programa de responsabilidad social que financia proyectos, o que tiene concursos o cosas así en las que a veces les dan determinados fondos a las personas para que los donen, Multipolar… Suele estar inscripto en todas las plataformas que hay para ese tipo de cosas y tiene todos sus papeles impecables y al día para poder establecer esas alianzas. Y si la empresa en la que trabajás no tiene nada de eso, o si vos tenés una empresa, podés contratar a personas que vienen de situación de calle y que Multipolar acompaña en un proceso largo para que estén preparadas y que sea su momento para ir a trabajar. Y si no, podés comprar productos y servicios hechos por estas personas, que les dan trabajo a ellas y financian la fundación. Creo que ahí tengo las formas más grandes que tenemos de ayudar. Hacemos actividades de sensibilización in company, tenemos procesos de voluntariado en los que te podés anotar por la página web, así que hay muchas maneras de ayudar a hacer bien el bien.

Magali: Buenísimo, Male. ¿Cómo cerramos este capítulo? Quiero un momento de micrófono abierto para un mensaje final, de algo que ya hayamos dicho o no, pero que sea un buen momento para compartir.

Bueno, agradecer. Primero, agradecer mucho por esta charla tan sincera, y a las personas que se van a tomar un rato para escuchar sobre cosas que les pueden servir para su propia vida, pero también sobre un grupo poblacional al que todo el mundo ignora, ¿no?, y que mucha gente cree que es el descarte de la sociedad. Así que un sincero agradecimiento. Y después, esta cuestión… De lo que hablaba de la salud mental y el reconocernos.

Nadie hoy está tirando flores para arriba o cree que su vida son unicornios y arcoíris. Todos estamos atravesando algo, y es igualmente importante, porque lo que te pasa es importante. Entonces hagamos lo mejor que podamos todos los días. No esperemos a estar perfectos: nunca va a llegar el momento perfecto para ser empáticos con otros.

Y si todo lo que pudiera pedir fuera que esa empatía ayude a algo, es a disminuir la violencia. No nos comamos el viaje de la violencia, no nos tratemos mal, no vale la pena destruir amistades, proyectos, familias… Por querer tener razón. Entonces abramos los oídos, seamos empáticos, que la estamos pasando todos como podemos. Y bueno, intentemos pasarla lo mejor posible cada día de nuestra vida.

Gracias, Male, por venir y contar todo esto.

Malena: Por favor, gracias a vos.

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