María Mérola
María Mérola es Directora Ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay, la red de emprendedores sociales más grande del mundo y un líder global en innovación social. Ellos trabajan con emprendedores sociales que están cambiando sistemas y creando nuevos marcos para la sociedad. Es de Uruguay y estudió Relaciones Internacionales y Políticas Públicas y Gerenciamiento del Desarrollo en Argentina y USA.A sus 20 años fue parte de la creación de la Asociación Civil Mujeres 2000, que promueve el desarrollo local de barrios de bajos recursos en el Gran Buenos Aires.
Fue Directora Ejecutiva de Mujeres 2000 y después se sumó al equipo de Ashoka liderando iniciativas de niñez y juventud en Argentina y a nivel global.

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De qué hablamos con María Mérola
- Mitos sobre los emprendimientos sociales.
- Cómo pasar de vivir en Uruguay a Argentina en 2001 le cambió su mirada sobre el trabajo social y despertó su interés.
- Su trabajo como Directora Ejecutiva en un proyecto de impacto social como Ashoka.
- Qué opciones de trabajo social existen sin ser voluntario.
- Ser parte de proyectos de impacto social teniendo una profesión que no esté ligada 100% con ese mundo.
- Identificar problemas pequeños para resolver.
- Cómo pensar y cultivar la mentalidad 10X
- Qué momentos o situación impactó en su manera de pensar y quien es.
- Que te sirvió para combinar su carrera que incluye viajes con dos hijos chicos.
- Aprendizajes contraintuitivos sobre generar impacto social.
- Desafios liderando equipos.
- Que la ayuda a no caer en el burnout.
- Qué habilidades hoy están subestimadas pero son esenciales para el futuro.
- Fracasos que dejaron una lección valiosa.
- Qué problema soluciona si tuviera recursos ilimitados.
Recomendaciones del invitado:
- Charla TED Andrea Casamento.
- Como cambiar el mundo (Libro)
Contenido
00:00 – Introducción al episodio y presentación de María Merola
05:30 – Mitos sobre el trabajo con impacto social
11:00 – El dilema entre propósito y estabilidad económica
16:30 – El momento de tomar una decisión con coherencia
22:00 – Cómo funciona Ashoka y cuál es su enfoque sistémico
27:30 – El valor del trabajo en red: liderar desde lo colectivo
33:00 – El rol de la maternidad en el liderazgo consciente
38:30 – Casos concretos: cómo una persona puede transformar una ley
44:00 – Burnout con propósito: cómo sostenerse en el tiempo
49:30 – ¿Qué hace falta para que una solución escale?
55:00 – Aliados improbables: construir puentes donde no los hay
1:00:30 – Cómo medir impacto sin caer en métricas vacías
1:06:00 – Reflexiones sobre el síndrome del impostor
1:11:30 – Recomendaciones para profesionales en transición
1:17:30 – Cierre: lo que aprendió María sobre elegir con sentido
Transcripción
María Mérola es directora ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay, la red de emprendedores sociales más grande del mundo. En el episodio derriba mitos sobre el emprendimiento social, cuenta cómo llegar a Argentina en 2001 marcó su carrera, explica la mentalidad 10X y el cambio de sistemas, y habla de liderazgo, burnout y maternidad.
Introducción
María: Si sos chico, si estás empezando a mirar el mundo, si estás pensando qué vas a hacer en la realidad, creo que hay algo: ¿cómo va a ser tu recorrido por este mundo? Ese recorrido, con un mundo cada vez más difícil, doloroso, tiene que ser con coherencia, tiene que ser aprovechando ese potencial enorme de impacto que tenemos todas las personas.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast analizo la historia de profesionales valientes que transformaron sus carreras; como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron. Tiene que haber algo más.
Ayudamos a empresas a contratar equipos remotos, así que si estás pensando en cambiar de trabajo en los próximos 6 meses, te puede servir esto: todas las semanas mando un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próximo desafío más flexible. Son búsquedas de distintas áreas, tanto en español como en inglés, así que podés recibir el próximo o dejarme tu CV anotándote en el enlace de la descripción de este episodio. Estamos escuchando a María Mérola.
Ella es directora ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay. Es de Uruguay y estudió Relaciones Internacionales, Políticas Públicas y Gerenciamiento del Desarrollo, tanto en Argentina como en Estados Unidos. A sus 20 años fue parte de la creación de la Asociación Civil Mujeres 2000, que promueve el desarrollo local de barrios de bajos recursos en el Gran Buenos Aires. Fue directora ejecutiva de Mujeres 2000 y después se sumó al equipo de Ashoka, liderando iniciativas de niñez y juventud en Argentina y a nivel global. En esta conversación hablamos de cómo se puede trabajar en sectores sociales con misiones que resuenen más con vos. ¿Por qué tiene sentido trabajar en un problema grande aunque no lo resuelvas entero?
Los desafíos profesionales de resolver problemas tan grandes, además de que derribamos mitos y repasamos sus aprendizajes. Vamos con María, y cuando termines, escribime para contarme qué te pareció este capítulo. Hola, María, bienvenida a Tiene que haber algo más, gracias por venir a conversar conmigo.
María: Muchas gracias, Magali, un placer, supercontenta de estar acá hoy.
Magali: Vamos a empezar con algo.
¿Cuáles son los mitos sobre los emprendimientos sociales?
Magali: Vamos de afuera hacia adentro, porque este tema va a ser largo y complejo. Quiero que me digas, si pudieses derribar uno o hasta 3 mitos, porque te doy la opción, sobre qué son los emprendimientos sociales, ¿qué me dirías?
María: Está buenísima la pregunta. A ver, el primer mito, que siempre yo me encuentro ahí desmitificándolo en mesas de tíos, familiares y gente bastante cercana todavía, es que la gente que emprende socialmente no vive de eso, no recibe plata. Es algo que hace con su tiempo libre o que lo puede hacer asociado.
Eso, que lo puede hacer solo la gente que tiene otro medio para vivir. Muchas, muchas veces yo le expliqué a la gente que trabajo en una ONG y también cobro un sueldo o tengo un ingreso, y me parece que hay algo muy importante ahí para seguir desmitificando.
Magali: ¿Qué más, otro mito querés? Si se te ocurre, porque este ya es súper polémico, así que ya te puedo empezar a tirar de acá, pero si se te ocurre otro, te doy la oportunidad.
María: Sí, que es solo chiquito, que es algo que, en el mejor de los casos, beneficia a un grupo de personas chico. Asociar la idea del emprendedor social con el comedor comunitario, con el voluntariado solamente. Sí, puede ser eso y puede estar buenísimo, pero también puede ser otra cosa muy distinta y mucho más grande. Es un mito que explicamos todo el tiempo: no es solo algo que afecta a un número que va a terminar siendo un grupo chiquito de personas.
Magali: Vamos con este de la plata porque me encanta. En particular, yo soy muy partidaria de las empresas de impacto social, porque lo que yo veo es que cuando es una empresa y a la vez tiene una buena misión social o ambiental, podés contratar gente calificada, podés tener un buen equipo. No hace falta que estén todos súper sacrificados, a pulmón; entonces a mí me gusta eso. ¿Por qué nos pasa esto de que parecería que van por lugares distintos ayudar socialmente y ganar plata por ello?
Me parece que el porqué es bastante entendible. Podemos ser amables con eso, porque pensamos así la historia de la filantropía. Tendemos a pensar que el mundo del trabajo y el mundo de lo que nos hace bien hacer y nos hace sentir bien están como separados. Son cosas que hacemos en tiempos distintos de nuestro día. Yo tiendo a pensar que es un poco culpa del mundo del trabajo, que no tuvo la oportunidad de ser piola y acercarse y apropiarse también de la idea del impacto y de cambiar el mundo y de mejorarlo, porque la filantropía y la beneficencia mucho tiempo estuvieron muy atadas a determinadas clases sociales que tenían el tiempo y la disponibilidad para hacerlo. Entonces… Bueno, si lo asociamos a personas que ya tienen sus ingresos asegurados, entonces se pueden permitir hacer beneficencia, estar para otros. Bueno, sí, es una idea que funcionó en algunos casos, pero en realidad es mucho más poderoso si pensamos que a lo que hacemos le podemos integrar la mirada de tener impacto social y la vocación de transformar la realidad para mejor. En muchos casos sucede, pero no lo pensamos de esa manera.
Como siempre, lo que hacemos de trabajo transforma el mundo, el problema o la oportunidad. Y está eso si lo juntamos, si pensamos que podemos, mediante lo que nos dedicamos todos los días, transformar el mundo para mejor.
¿Cómo mudarse de Uruguay a Argentina en 2001 despertó su interés por lo social?
Magali: No sé si contesté bien tu pregunta, pero va por ahí.
¿Cómo te diste cuenta vos, a tus 24 años, que tu carrera tenía que ver más con esto? Porque pienso que las personas que nos escuchan ahora quizás están escuchando este capítulo y dicen: «Uy, siento que se me pasó el tren, ya desarrollé toda mi carrera, tengo más de 40 años, esto no me gusta». O soy un poco más joven, pero me quiero ir de la multinacional y no sé cómo hacer ese cambio. ¿Por qué lo viste vos tan joven?
María: Es una buena pregunta. Yo soy uruguaya.
Magali: Con razón.
Ahora te explico por qué te lo cuento. Yo nací en Uruguay, crecí en Uruguay, un poco en algunos otros lados, pero cuando tenía 14 años me mudé a Argentina con mi familia y sucedió que era el año 2000.
Fue un timing bastante especial para decidir como familia vivir en Argentina. Yo tenía 14 años y mi adolescencia me agarró en un contexto que para mí era nuevo, con una realidad social bastante desafiante. La crisis del 2001 en Argentina fue muy fuerte, hubo muchísima crisis social que se veía, se palpaba. Yo tenía 14, 15 años, se veía mucho en la calle y a mí me despertó.
Para donde se me jugó fue: yo quiero, como miembro nuevo de este contexto social, ser parte de la solución, quiero salir a hacer, quiero involucrarme con los que ayudan, con los que hacen. Ahí lo veía más del lado de voluntaria o de persona preocupada por su entorno. Hice 1000 cosas de adolescente relacionadas con noches solidarias, repartí alimentos voluntariamente en distintas cosas, etcétera.
Pero creo que te lo empiezo a explicar desde ahí porque tuve la oportunidad de crecer ya con este bichito de «pasa algo a mi alrededor y me importa» muy instalado. En ningún momento creo que la crisis social de 2001 fue una oportunidad, pero sí a mí me permitió verlo desde un lugar de «bueno, se pueden hacer cosas, yo tengo una responsabilidad y puedo cambiar algo si me pongo en acción y no miro para otro lado».
¿Y cuando decidí qué quería estudiar?
Me preocupaba un poco esto de saber cómo funcionan las sociedades, qué pasa. Me fui a estudiar Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, pero siempre con esta inquietud de entender cómo funciona el mundo. Y lo que pasó en mi segundo mes de facultad fue que pasó un grupo diciendo que hacían microcréditos, que era algo que no se conocía mucho.
Básicamente, la idea de prestar dinero en baja cantidad a personas, en este caso a mujeres que tienen emprendimientos, y me pareció muy coherente. Me pareció qué bueno poder tratar de acompañar a emprendedores de la economía social y a personas que viven en barrios vulnerables para que puedan iniciar un microemprendimiento. Y ahí vi una oportunidad de ser voluntaria. Me sumé a este grupo, se llamaba Mujeres 2000, que creció y fue muy parte de mi crecimiento, de mi formación, y tuve la suerte de estar toda la universidad haciendo un poco de eso mientras hacía otras cosas.
Y un día terminé la facultad, tuve un par de trabajos, estaba trabajando en una empresa y me gustaba lo que hacía, tenía que ver con lo que había estudiado, viajaba mucho, hacía encuestas de investigación de mercado, diseño, trabajaba con gente que me caía bárbaro y tenía siempre 2 emails abiertos. Tenía el email del trabajo y el email de mi voluntariado, y la verdad que cuando me caía un mail del trabajo era un bajón y cuando me caía un mail del voluntariado me ponía contenta.
Y me acuerdo: mi pantalla de computadora estaba dividida en 2 y tenía el Gmail y el mail más corporativo sucediendo al mismo tiempo. Y yo me daba cuenta. Me acuerdo de la sensación en el cuerpo cuando dije: «Che, hay algo que me produce placer y algo que me está agobiando». Y me empecé a preguntar a mí misma qué pasaba y cómo iba a sostener yo más tiempo eso de decir: hago algo para vivir y hago otra cosa porque me gusta, que me parece que tiene que ver con la primera pregunta que vos hacías, con este paradigma de que lo que me gusta no siempre está asociado al trabajo. Y como era relativamente chica, me permití cuestionármelo. Y como también sabía de la cocina de lo que me gustaba, porque lo había creado yo con mis amigos, con mis compañeros de voluntariado, y habíamos armado esta organización que funcionaba bien y estaba creciendo, estaba necesitando… Más recurso humano, más dedicado. Me permití a mí misma decir: «Che, ¿y si vivo de esto? ¿Y si hago de esto una carrera? ¿Y si me dedico de verdad a esto?». Y creo que para mí, en ese momento, claramente sabía que se podía hacer, por eso me lo imaginé, pero no era necesariamente lo que yo había pensado que iba a hacer. Es donde me fue llevando la práctica: yo veía mi día a día, y mi día a día se trataba de cosas que me daban ganas y cosas que no me daban tantas ganas, y las que me daban ganas estaban asociadas con lo que yo hacía en Mujeres 2000. Y ahí dije: «Bueno, basta, por lo menos me puedo dar un tiempito de pensarlo y tratar de ver si es por acá».
Es espectacular la madurez para ver todo esto a los 14 y a los 24; eso no es muy normal. Así que, oyente, no te desalientes, porque a nadie le pasa lo que le pasó a ella. ¿Cómo me describirías un poco tu día a día? ¿Qué hace una directora ejecutiva de una organización social como Ashoka?
María: Está buenísimo. Yo creo que, por ir contestando lo que decías antes, a poca gente quizás le pasa tan chica.
Pero también creo que lo importante de eso es el momento de tratar de tener coherencia con uno mismo. Y eso creo que nos puede pasar a cualquier edad, y está buenísimo en el momento que pase. Tener un poquito de claridad y decir: «Che, puedo permitirme ser un poco más coherente, en la línea de no sentir que estoy tironeándome yo a mí misma para lugares que no tienen mucho que ver entre sí».
Eso creo que, con distintos niveles de riesgo o cubriendo los riesgos desde distintos lugares, siempre se puede hacer un poco, capaz que no tan a fondo como decir: «Bueno, cambio ya a lo que me dedico». Por suerte yo lo pude hacer porque tenía una oportunidad de trabajar de esto en ese momento, pero digo el momento de «che, paro un poco y alineo un poco más». Creo que lo sigo haciendo yo en otros aspectos de mi vida después. O sea, a mí me dejó la enseñanza de poder seguir haciéndolo como directora de Ashoka. En mi día a día, como directora de Ashoka, hago un montón de cosas.
¿Qué hace la directora ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay?
María: Yo hoy dirijo una organización de la sociedad civil que se dedica a lo que yo hice cuando era chica, que es promover que más personas puedan emprender con propósito, que más personas se vean como agentes de cambio, como emprendedores de impacto, que lo incorporemos a nuestro día a día, hagamos lo que hagamos, y algunos de ellos se dedican a esto y se llaman emprendedores sociales. Entonces, en mi día a día, mucho tiempo… Lo invierto en acompañar y mentorear a un equipo de trabajo: trabajo con 13 personas en Ashoka Cono Sur y con otro equipo más a nivel global que lidero.
Mucho de mi tiempo es parecido al del director de cualquier otra cosa, que significa liderar un equipo, servir de guía, establecer los parámetros estratégicos y acompañar a un equipo de trabajo, pero siempre con el norte muy puesto en hacer lo que hace Ashoka, en el negocio de Ashoka, que es impulsar un mundo donde las personas se vean a sí mismas como agentes de cambio y donde haya cada vez más emprendedores sociales con impacto social y ambiental. Entonces también hago mucho de hablar de esto con otras personas, de conversar con aliados, de conversar con individuos que creen en lo que hacemos y nos acompañan. Y también hago un trabajo bastante minucioso de coordinar nuestro día a día con otros Ashoka que hay en otras partes del mundo.
Somos una red global que está en más de 90 países del mundo y trabajamos muy coordinados con otros equipos, de hecho, en muchos de nuestros programas que son más internacionales.
Magali: Hay algo que a veces se da en lo social, que es como «voy a parecer poco profesional», porque hay gente, viste, que está de voluntariado. Es como: «Bueno, hacemos lo que podemos porque tenemos otro trabajo, tenemos este tiempo disponible, estos recursos limitados». Entonces quiero que aprovechemos esta oportunidad para la persona que está pensando: «Yo ya compré lo que dijo hasta acá, me gustaría tener un trabajo más alineado con esto».
¿Qué trabajos hay en el mundo social sin ser voluntario?
Magali: ¿Qué opciones de trabajo hay en el mundo más social sin tener que pasar por todo esto del cansancio y el burnout de ser voluntario?
María: La verdad que, por suerte, cada vez más… A mí me pasó un poco esto.
Cuando decidí dedicarme a esto, yo siempre fui muy, muy estudiosa, muy fanática de lo que hago, de hacerlo bien y hacerlo a fondo, de tratar de formarme y de aprovechar a fondo las oportunidades que uno tiene. Entonces también me dediqué en mis primeros años de Mujeres 2000 a decir: «Bueno, ¿dónde hay espacios de formación para que uno pueda aprender a hacer estas cosas bien?». Y me parece que ahí descubrí un campo: de vuelta, está buenísimo hacer desde donde a uno le nace y sabe, pero para generar cambios profundos en la realidad hay que formarse y hay que hacerlo de la manera más profesional posible.
Y por suerte hay muchísimas oportunidades de estudiar y de formarse. Y hay mucho campo laboral que después aprovecha estas oportunidades y estos skills o habilidades que las personas tienen. Entonces hay un campo muy creciente en Argentina, pero también en otros países de América Latina y en el mundo, de organizaciones de impacto. Algunas son empresas de impacto, otras son organizaciones de la sociedad civil, fundaciones u ONG, asociaciones civiles. Es todo un mundo que se puede llamar de distintas maneras, non profit se dice en inglés, pero que cada vez más requiere personas con un convencimiento muy profundo de lo que quieren hacer y para qué, y también con conocimientos cada vez más específicos sobre lo que hacen. Entonces alguien que es un profesional del mundo del marketing muy bueno tiene un campo enorme en las organizaciones de impacto para trabajar, y cada vez más. Somos, creo, también una generación; tengo muchos colegas, amigos, que impulsamos mucho esto del cambio de trabajar en el sector más tradicional o en el sector de impacto. Yo puedo trabajar un tiempo con impacto y puedo trabajar un tiempo en una empresa, y puedo moverme con más agilidad entre estos 2 campos, porque también tiene que ver con la profesionalización de la sociedad civil y con tratar de tener siempre mejores… Instituciones, empresas y organizaciones sociales. Entonces sí, hay un montón de organizaciones.
¿Se puede generar impacto social desde una carrera tradicional?
Magali: Y nosotros vemos cada vez más, por los mensajes que llegan, gente que dice: «Bueno, buenísimo, ya tengo toda mi carrera de marketing, ya puedo hacer algo mucho más interesante para mí que el marketing aplicado a vender un champú. Entonces mejor hago algo que le sirva a alguien un poco más, pensando a largo plazo». Eso me ha pasado un montón de veces.
María: ¿Y puedo agregar algo ahí? Me parece que otra oportunidad enorme es emprender. A veces hay organizaciones que requieren esas habilidades específicas, y hay que saber buscarlas y también entender que lo que uno sabe es muy valioso, porque las organizaciones en realidad quieren cambiar el mismo mundo en el cual vos trabajabas cuando trabajabas… Vendiendo champú. Digo, es esa misma realidad la que quieren intervenir. Entonces entender la realidad es lo que más necesitan las organizaciones desde otros lugares, porque si no, claramente, no estamos cambiando al ritmo que el mundo necesita. Entonces, para realmente crear un mundo mejor, necesitamos a los mejores vendiendo champú también. Eso por un lado, pero por otro lado hay una oportunidad enorme de crear lo que queremos.
Digo, si no estoy encontrando a nadie que esté abordando el problema que a mí me importa de la manera que yo creo que hay que abordarlo, se recontra puede emprender y transformar la realidad. Yo estoy rodeada de gente que lo hace, que se transformó por algo que le pasó en su vida y dijo: «Che, yo me voy a dedicar a hacer esto», y vive de eso, trabaja en eso, lidera equipos, formaron organizaciones, formaron empresas, y eso está buenísimo también y es súper posible, a la edad que uno decida hacerlo, ¿no?
Magali: Lo que tiene es que cuanto más grande te volvés, mayor costo de oportunidad tenés.
Y más difícil es cambiar, porque tenés más cosas en juego. Quizás tenés una familia, tenés un estatus, tenés un estilo de vida. Entonces creo que, en tu caso, al cambiar de joven tenés mucho menos para perder que cuando decís: «Voy a hacer toda mi carrera y al final…».
«Voy a dedicarme a hacer otra cosa». No sé si vas a poder en ese momento.
María: Sí, capaz que el dedicarse implica un cambio más suave, porque no podés soltar del todo lo anterior, pero yo creo que sí, he visto gente que lo hace, y de vuelta, depende mucho de los casos, pero las habilidades que adquiriste en el mundo del trabajo le sirven un montón al mundo del propósito. Entonces tenemos que acercar esos mundos y desmitificar que es un mundo totalmente distinto. Para nada.
Son organizaciones que necesitan líderes de recursos humanos, necesitan contadores, necesitan… Entonces digo que también las carreras más tradicionales tienen espacios, se pueden aplicar a cambiar la realidad. El tema es que también nos animemos a decirlo o a ponerlo afuera. Y creo que ese es el mayor desafío.
Magali: Claro. ¿Viste que nos vendieron un poco el ideal de que un día te despertás con una idea y pum, éxito, la idea funciona y todo glorioso? ¿Por qué creés vos que hay problemas que parecen fáciles de resolver, por ejemplo, la pobreza, pero te pueden llevar una vida entera?
María: Porque justamente los emprendedores exitosos se pasan el 90% de su tiempo entendiendo el problema. Y ahí hablamos de los emprendedores, no necesariamente de los emprendedores de impacto. Pero digo, conocer a fondo y bien el problema, y desde ángulos distintos, improbables, etcétera, es lo que te permite innovar y generar una idea que tiene potencial de cambio sistémico. En la red de Ashoka hay 5 Fellows Ashoka, o sea, emprendedores sociales de alto impacto que nosotros seleccionamos y acompañamos, que ganaron el Premio Nobel de la Paz porque lograron transformar.
¿Cómo encontrar un problema chico para resolver?
María: Es un problema, pero bueno. Es gente que se obsesionó con entender qué estaba pasando en un campo específico, en un área, y dijo: «Lo voy a abordar de una manera distinta». Entonces creo que no por ser un problema social es fácil; es más difícil. Es más fácil abordar a veces un problema de negocios que un problema social, porque tiene muchísimas más aristas.
Eso, la pobreza en el mundo. Bueno, hay generaciones y generaciones de especialistas intentando entenderla y comprenderla, pero cuando vos diseccionás ese problema y lo empezás a bajar y a entender más y a delimitar, ahí empiezan las oportunidades de innovación y de emprendimiento. Y también te diría que la mayoría de las veces emprender en este campo implica tener una lectura del todo y decir: «Bueno, acá hay un punto».
Hablamos mucho de puntos de acupuntura, como puntos específicos: acá se puede intervenir, este actor y este actor, nadie los unió o nadie les ofreció algo por lo cual puedan colaborar, y si colaboraran pasaría otra cosa. Creo que esos son los emprendimientos más… No quiero abusar de la palabra exitosos, pero digo los que tienen mayor impacto, los que logran realmente transformar la realidad. Por eso también muchos fracasan, porque muchas veces tiene que ver con una falta de estudio y de lectura ambiciosa y creativa de las problemáticas.
Magali: Dame un ejemplo de algo así, algún problema que parece fácil, lo empiezan a abordar, tiene 1500 ramificaciones y encuentran algo chiquitito que se puede resolver.
María: Sí, a ver, hay un emprendedor que me encanta, que se llama Kailash Satyarthi, que ganó el Premio Nobel de la Paz por el 2006, 2007, es indio, y él… Trabajaba con chicos que estaban en situación de calle y empezó a ver en la India un problema enorme, inmenso e inabordable, muy, muy grande. Y él tenía refugios y trabajaba con chicos acompañándolos. Y empezó a ver que muchos de estos chicos estaban empleados por empresas informales y trabajaban en el sector de manufactura, cosían cosas, y entonces él dice: «Che, muchas de estas empresas les dan trabajo, emplean a niños, y esto es absolutamente malo para todo», porque un chico de 8 años que está en una fábrica de zapatos, cosiendo zapatos, tiene muchísimos problemas por delante.
Digo, estamos vulnerando todos sus derechos, estamos llevándolo a los peores lugares, etcétera. «Entonces yo quiero terminar con el trabajo infantil», y empezó… Tenía una organización, empezó a movilizar por los derechos y a juntar gente que lo quisiera acompañar para decir: «Che, no puede ser que haya chicos trabajando, tenemos que ofrecerles otras cosas a los chicos», reclamándole al Estado, etcétera. Pero él veía que no estaba logrando encontrarle la vuelta al problema. Sí, bueno, estamos todos de acuerdo, pero los chicos seguían yendo a trabajar. Las empresas no estaban obligadas a cerrar. Siempre a alguien le convenía que esto estuviera sucediendo y seguía pasando.
Y de hecho, no sé, hasta los años 90 era muy común que hubiera grandes empresas en muchos lugares de Asia, del sur global, de Latinoamérica, también México, etcétera, que empleaban niños como mano de obra. Y un día, hablando, trabajando, especializándose, haciendo… Digo, estudiar el problema no siempre es quedarse sentado en un escritorio googleando o yendo a hacer el máster y el doctorado en el problema. Estudiar el problema es salir al barro, salir a la acción, hablando con los actores clave. Y empezó a ver que había una posibilidad de incidencia, una posibilidad de hablar con alguien que podía cambiar el problema mucho más rápido. Y lo que empezó a hacer fue hablar. Dijo: «Bueno, estas empresas que les dan trabajo a los chicos…».
«El Gobierno no las puede parar, ellos no las pueden parar, la conciencia de la ciudadanía no les va a poner un límite. ¿Quién les puede poner un límite? Sus clientes. ¿Quiénes son sus clientes? ¿Nike, Adidas son su cliente directo?». No, esos le venderán a alguien que le venderá a alguien que le venderá a alguien, pero ¿qué zapatilla está cosiendo el chico en el taller informal? ¿Está haciendo una zapatilla de Nike? Bueno, entonces acá hay una oportunidad. Él se mudó y estuvo mucho tiempo haciendo campaña, juntando las voluntades de los directores de marketing de grandes empresas y diciéndoles: «Che, lo que hay que hacer es prohibir el trabajo infantil en tu cadena de valor. No podés permitirte que haya un chico cosiendo una zapatilla de tu marca, porque eso para tu marca es muy malo».
No por ser bueno, no por altruismo solo. Porque te conviene, porque crecientemente va a ser muy malo. Y lo logró, logró una alianza global muy fuerte contra el trabajo infantil en la cadena de valor. Digo, nadie decía que no; pero «en mi fábrica no». Bueno, pero vos todavía las producís en tus fábricas o las producen otros; tenés que garantizar y pedirles a todos tus proveedores que garanticen que esto está libre de trabajo infantil. Y lo logró, y fue una persona tejiendo, tejiendo, tejiendo y armando un consenso entre muchas personas que dijeron: «Vamos, tenemos que garantizar que nuestros productos estén libres de trabajo infantil».
Y eso hizo que la tasa de trabajo infantil en la India bajara muchísimo, y eso lo llevó a ganar el Premio Nobel de la Paz. Entonces es un ejemplo largo, pero creo que hay algo de no siempre enfocar el problema trabajando directo con los chicos. Podía haber seguido trabajando con los chicos y hubiera tenido impacto, pero el ritmo de crecimiento de ese impacto era mucho más lento. O sea, uno a veces va con un actor que no es el evidente, pero que tiene mucho poder de cambiar la manera en que toman decisiones otros.
Se desencadenan así. Hay miles de ejemplos de unir actores. Hay otro emprendedor que a mí me encanta, que empezó a usar ratas para detectar minas antipersonales en el Congo y en lugares donde había habido conflictos bélicos. Entonces une cosas improbables y dice: las ratas pueden detectar minas mucho más rápido. Entonces logra desminar lugares donde hay minas enterradas muchísimo más rápido que si lo hicieran personas, y entonces soluciona problemas con escala.
¿Qué es la mentalidad 10X y cómo se cultiva?
María: Entonces creo que hay algo de esto, de usar las habilidades que tenemos y nuestras pasiones, unirlas. Y hay algo ahí con la visión en grande. Siempre les decimos a los emprendedores… ¿Y qué pasa si pensás más en grande? ¿Cómo sería tu solución si fuera 10 veces más grande, si el impacto fuera 10 veces más grande? Bueno, pensemos. Ese ejercicio de pensar en grande te ayuda a ir a actores que ni siquiera pensabas que estaban en tu mesa de trabajo.
Magali: Espectaculares estos ejemplos para terminar de entender todo lo que dijimos antes. Viste que esto de la mentalidad 10X suena muy bien, pero muchas veces en Latinoamérica no la tenemos desarrollada, porque venimos de otro mundo, porque no pensamos así y los mercados son distintos, no hay la misma escala. ¿Cómo dirías vos que podemos hacer para cultivarla, si decimos «me gustaría llegar a eso, pero todavía no estoy pensando así»?
María: Bueno, un poco lo que te decía antes, de hacerse especialista y obsesionarse con un problema. Esta idea del árbol de problemas, ¿no?, de empezar por las raíces y decir: «Bueno, pasa esto, ¿y por qué pasa esto? ¿Y por qué pasa esto? ¿Y por qué pasa esto?». Preguntarse los cinco porqués para abajo es clave, porque te lleva a cosas mucho más estructurales y más grandes que te ayudan a salir de la coyuntura chiquita. Entonces, desde el problema, para mí hay que hacer 10X, te diría. O sea, vos querés solucionar un problema muy puntual, pero en realidad tenés que ir a causas mucho más… Más profundas de ese problema, y eso te lleva a pensar un poco más en grande. Esa es una primera parte, y hay una segunda parte que tiene que ver con que no es eficiente hacer cosas chiquitas. Digo, está buenísimo, y tenemos que transformar vidas, y cada impacto y cada transformación concreta vale la pena, y eso está buenísimo. Pero el mundo va tan rápido que necesitamos transformar los sistemas. Entonces cultivar la mentalidad de entender los sistemas es muy, muy importante, y con eso nos obsesionamos en Ashoka. Y ahí hay muchas maneras: empezar a hablar con gente improbable, ver qué piensa sobre ese problema, y permitirte pensar que si lo pienso más grande, después tu solución va a ser grande. Las soluciones más grandes en realidad son conectar puntos.
Es lo que hablábamos recién, pero sí hay mucho de esto de llenarse de interlocutores, y a veces de mentores también, y de personas que están cerca. A muchos de nuestros emprendedores les aconsejamos armarse un consejo asesor o un cabinet. Hay una cosa que se llama en inglés kitchen cabinet, que es un grupito de personas que están ahí y te pueden ayudar a desarmar la manera en que estás pensando, que es súper importante. Y también rodearse de gente que está haciendo, que está pensando en ese nivel.
Es re importante también porque eso te inspira, y eso es mucho la red de emprendedores Ashoka. Hoy en el mundo acompañamos casi 4000 Ashoka Fellows, y son todas personas que se proponen pensar en grande y generar soluciones sistémicas, y esa colaboración y acompañamiento entre emprendedores es lo que hace la diferencia. Muchos nos dicen eso. Nosotros acompañamos emprendedores que trabajan sobre causas muy distintas, pero alguien que quiere que todos los municipios incorporen innovación en su modelo de gestión y alguien que acompaña a las mujeres y los hijos de las personas que están privadas de la libertad tienen muchísimo en común cuando su punto en común es desafiarse a pensar en grande y entender el sistema.
Magali: ¿Cuál dirías que es una decisión clave, un momento o un culmen de tu carrera, en la parte de esa carrera de impacto social, que tuvo mucho impacto en quién te convertiste después?
María: Qué linda pregunta. Yo creo que… Lo que a mí más me llena y me encanta, y siempre que estoy medio perdida, me siento y hablo con un emprendedor social. Y hay algo de bajar y entender los desafíos, las oportunidades y dónde hay mucho impacto real. Conocer a algunos de estos emprendedores a mí me cambió mucho la manera de realmente pensar el mundo, como un lienzo de oportunidades a ser transformadas.
Sin duda, es el día que decidí decir: «Bueno, me siento en coherencia», y darme el espacio para pensar cómo unir mis fases. Pero también el día que conocí Ashoka, que eso pasó después. Yo me dediqué a formar una organización, a emprender, a entender, y un día empecé a pensar de vuelta, con este llamado de la coherencia ya más vivo: «Che, yo estoy logrando acompañar a personas a que generen transformaciones. Muchas mujeres están generando emprendimientos. Creamos otros programas de desarrollo local, bien en territorio, pero siento que el problema es tanto más grande que no estoy pudiendo abarcarlo, y no sé si me siento del todo cómoda con seguir haciendo el uno a uno sabiendo que el problema grande sigue creciendo a una tasa más rápida». Hay muchas más personas que se van a vivir a barrios vulnerables que las que yo puedo acompañar desde un programa de microcréditos.
Hay muchas más mujeres que se están quedando sin trabajo que las que mi organización va a poder acompañar para que generen emprendimientos productivos. Y en ese momento conocí Ashoka y me voló la cabeza, porque fue esa invitación a decir: emprender también es mirar la foto grande y ponerme en acción ahí, que es un grado de complejidad un poco más grande. Quizás a veces decir: «Bueno, el emprendimiento no solo puede atender la necesidad directa, sino que puede transformar sistemas, puede transformar la manera en que funcionan las cosas».
¿Qué son los niveles de impacto y el cambio de sistema?
María: Y ahí en Ashoka alguien me explicó esta idea de los niveles de impacto, que está buenísima. Existe el impacto directo, y es muy importante, pero también existe la posibilidad de escalar el impacto directo o de hacer lo que se llama impacto sistémico. Vos podés tener un comedor comunitario y hacés impacto directo, llegás a muchas personas, podés escalar eso. Y decir, la red de bancos de alimentos, por ejemplo: podés eficientizar el impacto directo y hacerlo en escala.
Podés decir: «Bueno, yo llegaba a 200 familias, ahora puedo llegar a 2000 porque generé procesos, porque eficienticé costos, porque hice una red de 10 comedores que tienen todos el mismo proveedor, hablan todos con los mismos donantes», un montón de cosas más, y eso es escalar el impacto directo. Pero también puedo pensar… Ver cómo se están distribuyendo los alimentos en la zona donde trabajo y pensar cómo podría cambiar el sistema para que no necesite ser cada vez un comedor más para solucionar el problema, sino que el problema se solucione en un lugar más anterior y más de raíz. En ese momento que yo entendí eso, dije: «Acá hay un campo profesional muy grande y hay muchos problemas que necesitan ser pensados desde esta perspectiva, porque si no, no vamos a llegar». No porque sea mejor o peor, porque lo otro tiene que seguir existiendo y hay necesidades muy urgentes que hay que atender con impacto directo.
Pero me interesa mucho trabajar con los que se permiten pensar un poquito más allá y ver problemas que no estábamos viendo. Yo conozco problemáticas sociales que no sabía que existían, y eso es hermoso y es desesperante, porque decís: los problemas siguen naciendo. Y al mismo tiempo, gente que usa sus habilidades, tenga 25 o tenga 50 años, para decir: «Che, uno cosas que no estaban vistas…».
«Y propongo, y me pongo a emprender para hacer que el sistema cambie, que el sistema funcione mejor».
¿Qué problemas sociales nuevos nadie está mirando?
Magali: ¿Cuál es algún problema nuevo que hayas conocido hace poco que te sorprendió?
María: Hay uno que me lo explicó, me lo presentó Andrea Casamento, que es una emprendedora social espectacular argentina. Andrea es una mujer de clase media, tiene una charla muy linda que después te la puedo pasar.
Un día, tenía un hijo adolescente menor de edad y su hijo estaba tomando algo en Palermo y hubo un robo cerca. Pasaron, le vieron cara parecida al que había robado y al hijo se lo llevaron preso. Empezó un juicio y, a los meses, pero meses, lo encontraron inocente y lo liberaron. ¿Pero qué pasó? No lo quisieron liberar enseguida, sino que le dieron prisión preventiva porque parecía que había sido él el que había robado el lugar.
Mucha mala suerte, estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero la vida… Digo, muchas personas tienen mucha mala suerte en el momento. Y Andrea, madre de ese chico, se encontró metida en un sistema que en ese momento le era totalmente ajeno, que es ser familiar de una persona que está privada de la libertad. Y empezó a hacer lo que hacen todos los familiares de personas que están privadas de la libertad, que es empezar a recorrer juzgados, tratar de hablar con el juez que está a cargo de la causa, pero también llevarle comida al lugar donde estaba detenido. También preocuparse porque su salud estuviera bien, su salud física y su salud emocional. Hacer visitas todas las semanas, y para eso hacer la cola que implica la visita.
Para eso, llevar el paquete de milanesas, un montón de cosas; preguntar y averiguar quién podía acompañar, quién tenía más experiencia y podía acompañar a su hijo más chico, que nunca había imaginado estar en ese contexto, para que no la pasara tan mal. Un montón de estrategias que se despliegan y que son muy habituales en las personas que tienen a su familia privada de la libertad. Y ahí, haciendo la cola, se dio cuenta: miró alrededor de ella y dijo: «Che, acá son todas mujeres». Y vio mujeres y niños. ¿Qué pasa con la vida de estas personas que, por algo que ellas no decidieron y no hicieron, de repente tienen que pasar a ser el ingreso de su casa, que en algunos casos lo eran y en otros casos no lo eran?
Tienen que salir a laburar, tienen que hacerse cargo de la persona que está dentro, que está presa, y un montón. Y los hijos, que no decidieron eso pero están ahí. Y hay un actor social que no lo vemos. Cuando pensamos en personas presas, pensamos en las personas que cometieron un delito y están presas. No pensamos en los que están alrededor, en las familias que están alrededor, y en general eso está muy feminizado, porque las personas presas son casi todas varones, hay mucho más porcentaje de varones que de mujeres, y hay muchas más mujeres que quedan como familiares, e hijos.
Entonces Andrea creó una organización que se llama ACIFAD, Asociación Civil de Familiares de Detenidos.
Que tiene que ver con acompañar y darles herramientas y estrategias, desde a quién tenés que llamar, dónde ir, cómo hacer, para que estos procesos de aprendizaje que ella tuvo en su experiencia sean más fáciles. Y un montón de cosas que sucedieron a partir de eso, de empezar a que las políticas públicas tomen a este sujeto, etcétera. A lo que voy con esto es: yo no sabía que esto era un problema. Quizás porque yo no soy experta en el tema, por supuesto, pero digo, y ella tampoco sabía que esto era un problema, pero le pasó en su vida y dijo: «Che, acá hay algo, hay una problemática muy importante y se pueden hacer un montón de cosas para que este problema sea un poco mejor». Si lo solucionó, no sé si lo solucionó de raíz.
Andrea no sé si me va a decir «lo solucioné», pero sí hoy… El Estado lo ve, hay programas que atienden esto, hay organizaciones y hay una red de pares, hay información, hay formas, hay más listados de qué hay que hacer, y eso es importantísimo y cambia la experiencia de los que están en ese problema. Y como esos, miles. La otra vez me enteré también de emprendedores que están haciendo cosas y uno dice: «Ah, esto era un tema». No sé, me quedé con el ejemplo de personas presas, pero personas que cometen delitos por temas de salud mental: hay personas que tienen problemáticas de salud mental y eso las lleva a cometer delitos. Nadie está diciendo si está bien o está mal, es una población muy específica y no pensamos en eso cuando pensamos en personas que cometen delitos, y claramente necesitan otro abordaje.
No es lo mismo una persona que delinque que una persona que delinque porque tiene un problema de salud mental. Justo se me fue con 2 ejemplos de ese lado, porque se me ocurrió, pero también hay… No sé, la poca presencia de mujeres en el mundo de la tecnología. No era un problema hace 40 años, porque había muchas mujeres en el mundo de la tecnología, entre otras cosas. Pero digo, la poca presencia de mujeres, la bajísima diversidad, no solo de género sino de muchas diversidades, en algunas industrias, es una problemática muy nueva y muy importante también. O los problemas que van surgiendo con los avances de la tecnología.
Ahora estamos en Argentina discutiendo mucho qué pasa con las apuestas online y la adicción profundísima que tienen los adolescentes a las apuestas gracias a que esto está disponible en el teléfono. Entonces hay una ludopatía enorme y un problema enorme a través de los dispositivos. Entonces hay problemas que uno no sabía que existían, que existen, y también hay problemas nuevos que van surgiendo a medida que, como sociedades, recorremos distintos caminos y avanzamos, ¿no?
Magali: Excelentes ejemplos para ilustrar todo esto, que seguro no los pensás hasta que no te tocan o hasta que alguien te dice: esto existe, esto es un problema para otra persona.
María: Tengo uno más que me encanta, que es Mariana Incarnato. Ella es fundadora de Doncel. Mariana es psicóloga y trabajaba con chicos que estaban en instituciones, en hogares, porque el Estado les dice a sus familias que no están capacitadas para cuidar a estos chicos y se los lleva a hogares.
Hay algunos de esos chicos que van al sistema de adopción y otros que no, por muchos motivos: porque todavía no tienen decretada la adopción o porque no se consigue una familia que los adopte. Cuando los chicos que están en hogares cumplen 18 años… Ahora ya no, pero digo, hasta hace 10 años, cuando los chicos que viven en hogares cumplían 18 años, se tenían que ir.
Porque el Estado los cuidaba y se hacía cargo de que este chico estuviera en el hogar, y financiaba el hogar hasta que fueran mayores de edad. Los niños y adolescentes están en un hogar y tienen, digamos, en mejor o peor situación, pero un hogar, con la escuela y alguien que los cuida y alguien que se preocupa porque estén bien. Pero cuando cumplen 18 años… Y Mariana siempre hablaba de la torta de 18 como una bomba de tiempo. Imaginate cumplir 18 años, haber tenido una historia complicada en cuanto a tus afectos y quienes te cuidan, etcétera.
Y además cumplir 18 años y que del lugar donde estás ya te tengas que ir, y tenés que ir a conseguir tu mundo, tu vida, porque claramente a tu casa no podés volver, porque el Estado te dijo que tenías que salir de tu casa. Entonces Mariana empezó a ver algo que por supuesto todas las personas que estaban ahí sabían, pero a visibilizarlo ante la sociedad: «¿Ustedes se dan cuenta de que como sociedad estamos haciendo esto?». Estamos diciéndoles a chicos que tienen 18 años recién cumplidos, que en muchos casos todavía no terminaron ni la escuela, que tienen que salir, conseguirse un alquiler, conseguirse un trabajo, cuando los chicos que están con sus familias se pueden quedar, su familia tiene la responsabilidad de acompañarlos si están estudiando.
La responsabilidad parental, se llama, se extiende, está por más tiempo. Entonces Mariana empezó a visibilizar un problema, fundó una organización que se llama Doncel y dijo: es inentendible que les estemos diciendo justo a los chicos a los que la sociedad les jugó una peor jugada, porque tuvieron una situación compleja: «Cuando tengas 18 años andá y conseguite la vida». Y además, por supuesto, con un montón de expectativas: «No vayas a terminar en la calle». Y fundó Doncel como una organización que empezó a visibilizar esto, y logró, después de casi 10 años de trabajar con jóvenes que habían pasado por esta situación, etcétera… Sancionar una ley nacional que se llama la Ley Nacional de Egreso, que ahora ya tiene 6, 7 años, se celebró hace poquito. Es una ley insignia, muy, muy valorada en América Latina, que extiende la responsabilidad del Estado para acompañar un proceso para que los chicos puedan salir acompañados, con un tutor, con alguna solución para dónde vivir, al principio con un poco de acompañamiento. Pero es eso, si no hay… Un emprendedor social que, además de acompañar a algunos chicos a que salgan mejor, se da vuelta y dice: «Che, hay que hacer una ley para esto, hay que solucionarlo en escala, hay que pensarlo grande», a veces los problemas se perpetúan en el tiempo. Entonces necesitamos estas cabezas que saben unir puntos y que se permiten pensar en grande cómo lo solucionan. No para los 10 chicos que viven en este hogar y van a salir el mes que viene, sino para los… No quiero decir un número equivocado. Creo que son 16.000, 18.000 chicos institucionalizados en la Argentina hoy. Entonces creo que ese tipo de mentalidad es lo que necesitamos cada vez más en distintos lugares.
Magali: Excelentes ejemplos.
¿Cómo combinar una carrera con viajes y dos hijos chicos?
Magali: Preparándome para esta conversación, le pregunté a alguien que te conoce qué pregunta te haría. Entonces me llegó un audio que lo voy a poner, y a ver si le reconocés la voz. Y después digo quién es, ¿ok? Vale. Hola, querida Mary, pero qué lindo y qué emoción poder estar participando en esta conversación entre vos y Maga, que son 2 mujeres que quiero y admiro mucho. Algo que me encantaría preguntarte, para saber yo, pero sobre todo creo que les puede interesar mucho a las…
Paula: Personas que están escuchando el podcast, es cómo integrás vos tus dimensiones de ser una mamá de 2 niños, de tener un compañero de vida, un trabajo que te implica liderar muchísimo un equipo y que al mismo tiempo te atraviesa con un propósito muy profundo, que te implica viajar.
No solo por América Latina, sino al exterior. Entonces creo que es interesante, me encantaría saber cómo integrás todas esas dimensiones.
Magali: ¿Se escucha bien?
María: Sí, súper bien. Muy querida, Pau.
Magali: Para quien no reconozca la voz, es Paula Cardenau, aunque la trajimos dos veces al podcast: una hablamos de su carrera y otra hicimos como un debate más de cómo integrar a los juniors en el trabajo y ser más inclusivos, que lo pueden escuchar en Tiene que haber algo más. Bueno, entonces, ahora sí, la respuesta para Pau.
María: La respuesta para Pau creo que es un desafío de todos los días, o sea, integrarse o traer coherencia, un poco lo que hablábamos al principio, como el poder sentarse y decir: «Che, esto y esto me están tirando para lugares que no tienen mucho que ver. Necesito que vengan más juntos».
También es un desafío en el día a día de la vida de uno. Yo tengo dos hijos, uno de 5 años y una que cumple en unos días su primer año, así que transité en este mundo y en Ashoka mis dos embarazos, mis licencias de maternidad, vueltas caóticas a la vida profesional más activa. Y al mismo tiempo amo lo que hago, entonces me trae mucho propósito y sentido y presencia, y digo, podríamos estar hablando hoy, me quedo contándote ejemplos de emprendedores que transformaron la realidad, y me quedo y acompañarlos, y cada uno de ellos implica un mundo, una causa, un desafío. O sea, es muy difícil emprender, no te lo tengo que contar a vos, es muy difícil emprender, es muy difícil emprender con propósito, es muy difícil emprender para personas que están… En muchos casos con mucha vulnerabilidad y sufriendo mucho algún aspecto de su vida, porque también uno tiene coherencia y sensibilidad. Por eso está en este campo. Entonces yo creo que cómo lo hago es tratando de no olvidarme nunca el para qué, y de permitirme espacios y momentos donde trato de traer las distintas piezas que siento que me están llevando a lugares distintos y traerlas y alinearlas. Este año viajé mucho con mi hija: tenía algunos viajes, a muchos dije que no podía ir, pero a otros elegí estar, pero estar con la bebita y alguien que me acompañó a cuidar a mi bebita, y horarios más reducidos porque estaba con mi hija. Y bueno, ¿es ideal? No, no es ideal, pero para mí es más verdadero en ese momento que tratar de hacer otra cosa y no sentirme cómoda y no estar bien, porque tampoco voy a poder hacerlo bien.
O sea, entonces siento que también hay algo que alguien me dijo alguna vez, que creo que fue otro mentor como Paula de este mundo: que está buenísimo que tus hijos vean que lo que hacés te gusta y qué es eso que hacés, y que sean parte de eso. No tratar de escindir tu mundo del trabajo de tu vida personal.
Por supuesto hay momentos que son para estar a full foco y hay que estar, pero también mostrarles que lo que hacés te apasiona, de qué se trata, que vos trabajás de crear un mundo un poco mejor. No sé si vamos a tener éxito o no, pero que sean parte de ese trabajo y de ese esfuerzo. También habla de que mis hijos me conozcan mejor y de lo que a mí me importa, y que a veces resigno cosas del día a día para poder trabajar acompañando a otros, que me da sentido. También creo que es un lindo testimonio de algo que yo quiero que aprendan. Y bueno, y a mí a veces también frustrándome y… Y diciendo que no a cosas que me divierten mucho o que tendrían mucho impacto, porque en este momento no las puedo hacer, y hay parte de eso.
Magali: ¿También te sigue pasando que te agarren dudas internas, síndrome del impostor, liderando todas estas iniciativas que son de alto impacto, de visiones muy importantes?
María: Ah, sí, todo el tiempo. No sé si todos los días, pero me pasa un montón.
Magali: Sí, sí, sí. ¿Cómo lo navegás?
Lo navego teniendo gente que admiro cerca, a un WhatsApp, a un audio de distancia, como Pau Cardenau, y siendo lo más honesta posible. Voy a decir otras cosas. Una es espacios para el trabajo interior. Yo creo que hay algo ahí de frenar y decir cuáles son cosas que yo quiero trabajar. Hay momentos de mi vida, y ahora justo estoy terminando un año, donde no hubo mucho espacio para el trabajo interior, porque tenía la bebita recién nacida y volví a trabajar muy rápido, y bueno, se le bajaba el volumen a algunas cosas. Pero sí, cultivando espacios para conocerte mejor y para entender cuáles son las cosas que te activan mucho.
¿Cómo se lidera de forma compartida en una organización social?
Magali: Este síndrome del impostor o muchas dudas, a mí me sirve para cuando me pasa decir: «Ah, le encuentro el patrón, va por acá». No quiere decir que no sea real y que me deje de afectar, pero por lo menos tener una lectura un poco más completa de eso que está pasando. Y después lo otro es rodearme de gente que admiro. En muchos casos, a mí me resuena mucho en mujeres, de repente con un poco más de experiencia, profesionales que tuvieron dificultades o que pasaron por lugares parecidos, y también compañeras de trabajo. Y tengo un equipo de trabajo espectacular de mujeres muy poderosas que en muchos casos saben mucho más que yo.
Muchas ya fueron directoras o líderes de sus propias organizaciones y hoy trabajamos en Ashoka en un espacio de liderazgo muy compartido. Gente que de repente tiene recorridos que me interesan. Trato de estar cerca, de preguntarles, y cuando me agarra el «Che, no sé si voy a poder con esto», volver a entender primero por qué es eso, y para eso tengo que haber estado mirándolo, y después tratar de encontrar gente a la que le puedo hacer buenas preguntas, y que esa gente esté no solo afuera, sino también dentro de tu equipo de trabajo. Para mí fue un gran aprendizaje.
¿Qué otros aprendizajes se te ocurren que sean contraintuitivos sobre cómo generar impacto social?
María: No sé si es del todo contraintuitivo, pero sí es contraintuitivo en época.
En clima de época, es siempre con otros. Como la idea del emprendedor o del líder que genera impacto con una idea que tuvo o algo que vio, de repente también como lo estoy contando yo hasta ahora. Ahora, revisando un poco, siempre es mucho más en comunidad y con otros.
Que desde un liderazgo muy personal. O sea, los liderazgos son importantes: tenemos que tener habilidades para poder tomar el timón y liderar y tomar decisiones difíciles y poder, cuando hay un problema, estar en esos espacios. Pero siempre es escuchando, acompañando. O sea, liderar muchas veces implica acompañar a otros a que crezcan, mucho más que tener la idea y arrastrar a otros para que te sigan.
Y ese aprendizaje, decía, esa posibilidad de aprender. Antes te contaba el ejemplo de Mariana Incarnato, que creó Doncel. Y el éxito de Doncel se basa en que ella puso a chicos egresados de hogares, o que estaban en proceso de egreso, a decir cómo debería ser un proceso de acompañamiento que a ellos les sirva.
Y el rol de Mariana fue llevar ese proyecto y armarlo como proyecto de ley posible, y encontrar la manera en que eso se convirtiera en política pública.
Escuchando y aprendiendo. Pero digo, siempre desde el reconocer que los saberes están mucho más distribuidos de lo que podemos llegar a creer. Eso me parece súper, súper importante, y sobre todo en el trabajo con jóvenes y con nuevas generaciones. Hay mucho que no entendemos, y no tener que aceptar tanta distancia, tipo, cuando pasan 5, 10 años, hay otra manera de ver el mundo, otra manera de pensar, de hacer.
Y hay que sentarse y escuchar muchísimo. Y eso se puede trasladar a otros campos.
Creo que va por ahí.
Magali: En temas de liderazgo, para vos, ¿cuál fue alguno de los mayores desafíos que tuviste para liderar todo esto?
María: Bueno, tengo un montón de desafíos. Cuando me fui a trabajar a Mujeres 2000, que tenía 24 años, tuve que armar un equipo de cero, donde éramos todos voluntarios, pero nunca nadie había trabajado de esto, y tuve que crear qué significaba trabajar de esto. Entonces también crear una manera de trabajar de un grupo, que era eso, muchas personas jóvenes creyendo en algo de una manera muy profunda, para que esto se transformara también en un trabajo para algunos, y crear una mística en torno de eso.
Eso para mí fue muy interesante, decir: «Bueno, es la primera vez que esto sucede, tiene que suceder de una manera que esté buena». Y para mí está genial que hoy es una organización que siguió mucho tiempo, que creció, que hoy ninguna de las personas con las que estábamos en ese momento sigue en la organización, pero la organización sigue siendo algo muy parecido, y eso de crear una forma de hacer estuvo bueno. Y después me encontré con un montón de desafíos, muchas veces de sentir que el traje que me estaba poniendo era más grande que lo que yo sabía hacer hasta ese momento. Hace poco me pasó: yo hace 10 años que trabajo en Ashoka, que es un montón, y hace 5 que lidero la organización. Pero hace un año nos propusimos con un colega que está en España, que trabaja en Ashoka España, crear un programa global de migración e innovación social. Es decir, necesitamos más innovación social en el campo de la migración y la movilidad humana. Vemos que las personas que migran son innovadoras, pero no las vemos como eso. Necesitamos… Promoverlos, encontrar más emprendedores migrantes, contar estas historias de distinta manera.
Y ahí nos lanzamos a crear un programa global. Y era algo que no había hecho nunca, porque mi zona de confort está mucho más en América Latina, está mucho más en Argentina, Uruguay y Paraguay, donde conozco a los emprendedores, conozco el ecosistema de impacto, pero me encontré pitcheando cosas a una fundación basada en Suecia, y decía: «¿Qué es lo que yo…? ¿Dónde está mi…?». Y creo que también hay algo de esto de elegir hacer cosas que sean relevantes para grupos más grandes de personas, pero basados en América Latina, que es riquísimo, y que para mí es un desafío, pero que creo que hay que sostenerlo y que hay que empujarlo. Y te dije uno inicial y uno final, pero entre medio, miles de desafíos: decir «¿Yo podré liderar a estas personas?», contratar personas con mucha más experiencia y más seniority que yo porque sabía que era lo que necesitábamos, y desafiarme a hacerlo y a poder trabajar en conjunto, problemas de financiamiento, problemas de equipos. Creo que cuando asumí la dirección de Ashoka, de repente había… Muy poca plata, y además hubo una crisis económica muy grande y yo tuve que ponerme a pensar cómo se hacía. Pero crisis económicas en Argentina hubo muchas y probablemente vaya a seguir habiendo en el futuro. Esperemos que no tantas, pero digo, los problemas externos uno no los maneja del todo, y poder decir: «Bueno, yo voy a poder con esto», y de a poquito ir comiéndome al monstruo de a cucharaditas y tomárselo con la mayor calma posible siempre me ayudó.
¿Qué ayuda a no caer en el burnout cuando el trabajo es infinito?
Magali: Ya mencionaste algunos temas que son básicamente trabajo infinito, que nunca va a estar del todo resuelto. ¿Qué te ayuda a vos a no quemarte y terminar en un burnout?
María: Yo me llevo muy mal con las rutinas, eso es bueno y es malo. O sea, es bueno porque me ayuda a emprender y me impulsa a repensar las cosas todo el tiempo. Y al mismo tiempo, a veces los procesos nos ayudan a ordenarnos. Pero sí creo que me ayuda a no caer en un burnout no sentir que estoy siempre en la máquina haciendo lo mismo, sino tener un trabajo y una forma de estar en ese trabajo que implica reinventarme. En mis años en Ashoka hice todos los años cosas distintas, trabajé con gente distinta, salí a promover, me mudé, volví, me moví mucho.
Entonces creo que el tener siempre algo que me emociona, como un desafío creativo por delante, me hace priorizar ese desafío creativo y no agobiarme. A mí el agobio me suma mucho por sentir que sigo haciendo siempre lo mismo y que de repente no estoy logrando tanta transformación. Entonces me pongo desafíos muy distintos y voy atrás de eso. Y al mismo tiempo, después también amigarnos con la propia finitud y con que no tengo que hacer todo. Hay muchos momentos con mi equipo de trabajo en que digo: «Yo puedo estar hasta acá en este momento». Creo que tener hijos a mí me ayudó mucho en eso, porque a veces, cuando sos muy apasionado por algo, decís: «Voy a dar el 150% mío», pero cuando tenés a alguien al lado que depende de que vos te cuides un poco más, regulás.
A mí me ayudó a regular. El contexto más familiar me ayuda también a bajar y a decir: «Bueno, no puedo estar dando tanto, tanto, tanto todo el tiempo», digamos. Seguramente a otras personas les ayuden otras cosas, pero sí el poner anclas en el entorno de que hasta acá hay límites en lo que uno puede.
Sabemos que esos procesos se desencadenan, pero creo que me ayuda mucho también mirar alrededor y ver que otros necesitan llevar otras cosas aparte de solucionar a fondo esto. Y también tiene mucho valor en sí mismo intentar resolver un problema muy grande, aunque solo hagas una partecita y aportes un granito de arena y no logres resolverlo al 100%: eso tiene mucho sentido en sí mismo. Estamos obsesionados con lo que llamamos la atribución. Vale la pena trabajar en un problema grande y aportar un poquito, lo que vos decías recién, aportar un pasito o una vueltita. La pobreza del mundo no la va a solucionar nadie de esta generación, pero podemos encontrar muchas maneras de… De hecho, se encontraron muchas maneras: la problemática de la pobreza, la gente que vive con menos de 1 dólar por día, hoy es menos que hace 20 años, porque muchas personas encontraron pequeñas soluciones, pequeñas cosas que funcionan mejor. Y muchas veces estamos obsesionados con decir: «Esto es mi idea y lo implementé», y tengo que garantizarles a todos los que están alrededor… Que el 100% de este impacto se debe a lo mío, y no es así. Esto ya lo hablaba cuando hablaba de «con otros». Entonces, mirarlo como contribuir a algo.
Hay una emprendedora buenísima de Argentina que, cuando le preguntás cuál es su mayor innovación, dice: «Logré cambiar tres palabras de tres leyes clave que trabajan en mi problema». Y le preguntás a los legisladores y te van a decir que fueron los diputados los que pusieron ese cambio, pero en realidad ella estuvo atrás convenciéndolos de que lo hicieran. Entonces, ¿por qué necesitamos decir «Este es mi proyecto, este es mi impacto»? A veces es a través de otros, consiguiendo meternos en una estructura para que la estructura funcione un poquito distinta.
Entonces eso también nos trae un poco de paz: la contribución es a algo más grande, y no por eso dejo de ser emprendedora, dejo de ser líder, dejo de estar a cargo de un montón de situaciones. Y creo que también hay un ecosistema de inversores, de donantes, que tienen que entender eso: que a lo que se contribuye es a mejorar un sistema, no necesariamente a hacer algo totalmente nuevo, totalmente afuera del sistema. Ah, bueno, te dije un montón de cosas, perdón.
Magali: ¿Se te ocurre algún, voy a poner entre comillas, «fracaso» que haya resultado ser un poco una bendición disfrazada, que te dejó una lección valiosa? Que en el momento pareciera terrible, no lo vamos a subestimar, pero que viéndolo en retrospectiva es como: «Bueno, esto que estuvo malísimo en ese momento se transformó en algo mucho más grande».
María: Sí.
¿Qué fracaso dejó una lección valiosa en Ashoka?
María: No. Lo dudo.
Bueno, te tengo que explicar un par de cositas, pero nosotros tenemos un proceso de selección para elegir a los nuevos Fellows, o emprendedores sociales de alto impacto que acompañamos, estos casos que te iba contando. Tenemos un proceso de conocimiento mutuo todo el tiempo. Además, aprovecho para contar: alguien que conozca un emprendedor social, alguien que está transformando la realidad con innovación, siempre puede entrar a ashoka.org y nominarlo. Hay un formulario y lo nomina, o se puede nominar a sí mismo. Entonces todo el tiempo estamos buscando a estas personas, y quienes cumplen con algunos requisitos que nosotros buscamos pasan por un proceso de selección que tiene una instancia local y una instancia internacional: viene alguien de afuera a entrevistarte. Entonces, en ese proceso siempre hay una semana en que viene la persona a entrevistar, y después a los que pasan ese proceso los entrevistan tres aliados de Ashoka locales, lo llamamos panel, y a los que les va bien van a nuestro board global, que termina de elegir a los candidatos exitosos. Un montón de gente, emprendedores muy valiosos, se quedan en el camino porque no cumplen con alguno de los requisitos que nosotros buscamos, que es algo muy específico.
Y eso no habla de que no seas un emprendedor social ni de que no tengas un impacto increíble, etcétera. Y con los años cada vez aprendo más, y trabajo con muchos emprendedores que son Ashoka Fellows y otros que no, y están muy bien también. Pero en mis primeros años en Ashoka se me ocurrió una vez hacer un evento en torno de que venía una persona de afuera, creo que era de Estados Unidos, y dijimos: «Bueno, aprovechemos que está.
Invitamos a los candidatos, invitamos a esta persona que viene y a nuestra comunidad, y los presentamos y mostramos quiénes son los nuevos candidatos», etcétera.
Y no estuvo bien, y aprendí que podía salir mal porque salió mal. Lo que yo hice fue ponerme adelante de todo el mundo y anunciar quiénes eran los candidatos. Y no sabía que uno de esos candidatos no había pasado una instancia de selección. O sea, un ratito antes, la persona que seleccionaba le había dicho que no seguía adelante, y yo lo presenté adelante de muchísima gente de la comunidad, que también es su comunidad, porque era un emprendedor social muy conocido. Y dije: «Él es uno de los candidatos a nuevos Fellows». Y esa persona había dejado de ser un candidato, porque no había pasado una instancia del proceso de selección.
Fue un garrón, fue muy feo. Fue de esos momentos de mucha crisis.
Aprendí que no hay que hacer más estos eventos así: nunca más hicimos un evento presentando candidatos. Solo contamos los nuevos Ashoka Fellows una vez que ya fueron elegidos y que ya son parte. Pero pasaron muchísimas cosas buenas a partir de eso. Una es que creamos un programa específico, porque dijimos: «Che, no puede ser, hay tanto valor en todos los emprendedores que conocemos como parte de este proceso».
Entonces creamos una comunidad, que es una comunidad de transformadores, que está dirigida a todos los emprendedores sociales de Argentina, Uruguay y Paraguay. Ahí tenés mucha más gente muy interesante. Y dirigimos lo mejor de Ashoka también a estos grupos, mucho conocimiento que podemos compartir, y ese también es un espacio que está abierto y cualquier persona puede participar. Eso por un lado, y por otro empezamos a hacer eventos, encuentros en torno de los nuevos emprendedores sociales, mucho más grandes, pero al final del proceso, cuando ya están elegidos. Justo lo hicimos la semana pasada, que presentamos a los nuevos Ashoka Fellows que elegimos este año ante toda nuestra comunidad.
Entonces digo, vamos aprendiendo en el camino, a veces con un poco de dolor que podría haber sido innecesario, creo yo. Fue parte de mi entusiasmo de decir: «Che, queremos presentar a los candidatos, queremos mostrar quiénes son, ya que viene alguien de afuera».
Magali: Bueno, bien. ¿Qué habilidades dirías que hoy están subestimadas pero van a ser esenciales para el futuro?
María: Un…
¿Qué habilidades están subestimadas para el futuro?
María: Montón. La empatía, la capacidad de entender de verdad a otros.
De ponernos en situaciones muy distintas. Cada vez trabajamos o estamos más cerca de otros, pero no sé si los entendemos, o los uniformizamos todavía en el mismo lugar. Entonces, el entender no desde un lugar idílico, o sí, también desde un lugar idílico, pero también práctico. Necesitamos de verdad tener esa flexibilidad mental para entender situaciones muy distintas a las propias.
Y eso para trabajar en equipos lo necesitamos cada vez más. Hacemos equipos más diversos para solucionar, con gente que está diciendo algo en el mundo, haciendo cosas. Y creo que la empatía todavía está muy subestimada, aunque hablamos mucho más de empatía que antes.
Y esta idea de… A mí me obsesiona un poco esto de poder liderar a veces, pero otras veces seguir, esta capacidad de… De ser un buen segundo o un buen tercero, un buen miembro de equipo, y la idea de que cuando empezás a liderar, siempre, una vez que fuiste el número uno de un equipo, tenés que ser el número uno del equipo más grande. Para nada. Me parece que vamos a aprender mucho más a valorar la capacidad de colaborar y de ser miembros de equipos y liderar desde esos lugares. Creo que va por ahí.
Magali: Buenísimo.
Si pudieses hacer que en la escuela todos tuviésemos una pregunta obligatoria que hoy no está en la currícula, cuando somos adolescentes, ¿qué pregunta pondrías?
María: Me volvería loca si a cada adolescente en su escuela le preguntaran cuál es el problema que quiere solucionar, en vez de preguntarle de qué quiere trabajar, en vez de preguntarle qué quiere hacer.
Qué distinta que sería la elección de la carrera, la planificación de la vida, si nos preguntáramos… ¿Qué problema querés solucionar? Capaz que la respuesta sería muy similar. Capaz que sería «voy a estudiar tal cosa», pero sabiendo para qué. Creo que nos escindimos entre el deber y el propósito personal: nos enseñan, nos venden, les contamos a los chicos que son dos cosas distintas, lo que te gusta y lo que tenés que hacer. No pasa por ahí. Hay mucha crisis que vemos también en los adolescentes de ese tironeo, de vuelta, entre dos cosas. Si todas las escuelas nos preguntaran qué problema querés solucionar, ¿qué es lo que te vuelve loco?
¿Qué es lo que te molesta mucho? Les preguntamos a nuestros emprendedores, los de todo el mundo, hacemos una encuesta cada un par de años y les preguntamos un montón de cosas para entender tendencias, y les preguntamos cuándo fue la primera vez que sintieron, que se dieron cuenta de que podían cambiar la realidad, que podían salir y cambiar el mundo, y el… Va entre 85 y 90%: todas las veces que lo preguntamos te dicen que fue en la adolescencia, que fue antes de los 18 años. Entonces, hay algo muy, muy poderoso cuando nos damos cuenta de que la realidad es algo sobre lo que podemos decidir, que no es que las cosas funcionan de determinada manera y tengo que ser una parte de ese sistema, sino que si hay algo que me molesta, que pienso que es injusto… ¿Quién no pensó en su adolescencia que algo era injusto, que no funcionaba bien, que estaba muy enojado con algo, muy indignado? Bueno, sobre eso… Tengo la posibilidad enorme de emprender y accionar, cada vez con herramientas más distintas. Pero la pregunta presente, «¿qué problema querés solucionar?», y la invitación a hacerte cargo de ese problema que querés solucionar, aunque el problema parezca enorme, me parece que es algo que podría estar mucho más presente en nuestro sistema. Sobre todo teniendo en cuenta que cuando elegimos, hay trabajos que todavía no fueron inventados, que cuando terminemos de estudiar sí van a existir, pero no sabíamos.
Entonces tenemos estos cambios, que son cada vez más rápidos por tecnología y un montón de otras tendencias. No podemos elegir solo con la información que tenemos hoy, porque cuando salgamos de esos estudios va a ser otra realidad de mercado donde nosotros vamos a tener que trabajar. Total, pero si tenés claro qué te moviliza, qué es lo que te molesta, ¿en qué querés invertir tu energía después?
Por ahí hacés cosas muy distintas en torno de eso, porque lo que vos decís cambia mucho más rápido de lo que podemos planificar y de lo que podemos prever. Yo no sé si quienes hoy trabajan de crear buenos prompts de inteligencia artificial pensaban que iban a hacer eso hace 10 años. Te diría que no, pero capaz que pensaban que querían pensar soluciones o problemas, o hacer buenas preguntas, digo. Conectarnos mucho más con el para qué de lo que queremos hacer tiene muchas más probabilidades de éxito a largo plazo que pensar exactamente qué queremos hacer.
¿Qué problema global resolvería María Mérola con recursos ilimitados?
Magali: Esta es una pregunta muy hipotética: si tuvieses recursos ilimitados para resolver un problema global, ¿cuál sería y por qué?
María: Te diría que estoy un poco atravesada por el momento de hoy un montón. Me cuesta mucho priorizar problemáticas, es muy difícil, pero en un plano muy hipotético me encantaría solucionar… Los problemas enormes que vemos en todo el desplazamiento de personas en el mundo. Es algo que me obsesiona. Me obsesiona que hay talento en un lugar, otra sociedad que necesita ese talento, pero igual las personas cruzan la selva del Darién, que es uno de los lugares más peligrosos del mundo. ¿Y después de eso?
Contratan a una red de tráfico de personas para que los movilice por el territorio, y después cruzan a nado un río con otro traficante, y después, cuando llegan, los deportan. Y ese país necesitaba de ese talento, necesitaba de esa persona. Entonces siento que hay algo ahí: si solucionamos la manera en que las personas nos movemos alrededor del mundo… También porque lo vamos a necesitar cada vez más con el cambio climático, vamos a necesitar… Habitar los territorios de una manera distinta, ver zonas del mundo donde no se puede vivir más, zonas donde vamos a empezar a vivir que no vivíamos tanto. Entonces creo que, mirando al futuro, la manera en que gestionamos… O sea, claramente la migración no es un problema, pero sí la manera en que gestionamos, la manera en que nos movemos a través del mundo. Me parece que es tan evidente que no funciona, y seguimos perpetuando el problema.
Hoy, si me preguntás eso, si me preguntás qué problema elegiría solucionar, es la manera en que los Estados o las sociedades entendemos y manejamos cómo se mueve la gente alrededor del mundo. Es una locura.
Es que ya en los últimos 2, 3 años, entre la emergencia climática, que vemos de todo tipo de situaciones que expulsan a las personas de su lugar, y conflictos políticos y sociales, ya entre esos tres tenés problemas en un montón de lugares del mundo que antes no estaban, y son cada vez más rápidos. Sí, y la gente se desplaza mucho más rápido: con la crisis de Ucrania salieron 7 millones de personas en un mes, más o menos. Venezuela, en América Latina, no tan rápido, pero… Son números muy grandes, entonces. Las personas se mueven muy rápido. Con la emergencia climática pasa lo mismo, con sucesos que empiezan a suceder. Y las personas siempre nos movimos alrededor del mundo, pero ahora nos movemos cuando hay un evento, un hito o algo, muchos y muy rápido, y va a seguir sucediendo eso. Pero no estamos preparados como sociedades para acompañarlo y para aprovechar las enormes oportunidades que eso genera.
Para cualquier proceso de innovación necesitamos tener gente que piensa distinto, con experiencias distintas, con recorridos, saberes, que miran los problemas desde otros ángulos. Pero a esas personas que podrían aportar, y que está probado, digo, la mayoría de las empresas más exitosas fueron fundadas por migrantes de primera o segunda generación en Estados Unidos, pero también en Inglaterra, también en un montón de lugares que estudian estos ecosistemas, pero de alguna manera… No aprovechamos ese talento, no lo miramos como una oportunidad, sino que lo miramos como una amenaza. Y creo que habla mucho también de cómo somos los seres humanos y de los miedos más internos que tenemos: alguien que es un poco distinto, o algo que supone lo distinto, nos supone una amenaza en vez de una oportunidad de crecer y hacer algo que todavía no está hecho.
Creo que la mentalidad emprendedora tiene mucho para sumar en este aspecto.
Magali: ¿Y qué cambiarías… Para ayudar a resolver este problema?
María: Cambiaría un montón de leyes, pero para llegar a cambiar leyes tenemos que cambiar la manera en que piensan las sociedades. Digo, los gobiernos hacen cosas que responden a las demandas que tenemos las personas, a las creencias que tenemos las personas sobre lo que debería suceder. Entonces yo cambiaría mucho… Creo que es un problema que tiene que tener nuevas políticas públicas, nuevas maneras de abordarlo, pero antes, o al mismo tiempo, tiene que tener también un reconocimiento de las sociedades del aporte, o de la oportunidad que significa. Entonces creo que hay mucho para hacer desde el lado de las empresas, de quienes sí están viendo esto, porque en el plano del trabajo y del valor económico es muy tangible, muy simple.
Esto: si decimos el 57% de las empresas de la lista… De cualquier lista de empresarios exitosos, hay un porcentaje muy alto siempre que son migrantes. Entonces, entenderlo desde el sector privado, y dinamizar y animarse a darnos vuelta y decir: «Esto es así, y necesitamos la migración». La movilidad es algo positivo, algo que nos va a enriquecer y nos va a hacer mejores. Creo que ahí hay algo muy interesante para hacer.
Magali: ¿Se te ocurre un libro, o si no, serie o película, que te gustaría recomendar? Puede ser de cualquier tema.
María: Hay un libro medio insignia que se llama Cómo cambiar el mundo, How to Change the World en inglés, que está en inglés y en español, que es de David Bornstein, norteamericano, que fue el primero que entendió esta idea de la cabeza de los emprendedores sociales y empezó a sistematizar y a contar esas historias, y me encanta.
Me encanta porque explica esto de la diversidad, y que no importa el problema, no importa el lugar, hay una manera de pensar la realidad que la podemos llevar a mi trabajo de 9 a 6 de la tarde en relación de dependencia, que siento muy rutinario. Hay algo de esta manera de pensar la realidad, y pensar qué puedo hacer con eso, que se puede incorporar en distintos niveles.
Y seguro que hay un montón más que en este momento no se me están ocurriendo, pero es un lindo punto para empezar.
Magali: En este momento, ¿cómo hacemos para cerrar este capítulo? Quiero dejar un momento de micrófono abierto para algo que tenga sentido volver a enfatizar, o algo que haya quedado en el fondo de tu cabeza, que no hayamos hablado, pero que sea un buen momento para compartir.
María: Me gustaría quedarme un poco con esta idea de que… Y el llamado, la provocación, un poco de que cambiar la realidad, cambiar el mundo, generar un mundo un poco mejor, es algo que podemos hacer todos, que hace gente muy distinta. Y que cada vez más tiene que ser parte de la vida de todos. Hay muchísimas herramientas para esto. No hay excusa de decir «no sé cómo hacerlo, no sé cómo… Por dónde empezar, lo que yo hago no tiene nada que ver». Hay algo de que todos tenemos un poco esto de sentir que habitamos mundos muy distintos, que es nuestra responsabilidad unirlos un poco más. Especialmente si sos chico, si estás empezando a mirar el mundo, si estás pensando qué vas a hacer en la realidad, creo que hay algo: ¿cómo va a ser tu recorrido por este mundo? Ese recorrido, con un mundo cada vez más difícil, doloroso, tiene que ser con coherencia, tiene que ser aprovechando ese potencial enorme de impacto que tenemos todas las personas. Sí, poner a disposición un montón de herramientas y oportunidades que existen dentro del ecosistema de impacto social, y ponerme a disposición para compartir recursos.
Dentro de Ashoka hay mucho, pero también dentro de un montón de otras organizaciones y movidas interesantes que están sucediendo. Y también invitarnos a amigarnos con ese agente de cambio, con ese transformador que tenemos todos, y sacarlo a la luz. Sentirnos más orgullosos de ese transformador es lo mejor que podemos hacer, porque no hay manera de que podamos tener una vida sustentable en este planeta si no empezamos a integrar más la capacidad de transformación para el bien común que tenemos todas las personas. Entonces, un poco es esa invitación, y también ponerme a disposición para que eso pase, que ese es el compromiso a través de la invitación.
Magali: Espectacular, gracias por venir, por compartir todo esto. Un placer tenerte acá, muchísimas gracias, María, muy linda conversación. Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo este capítulo con alguien a quien le pueda servir. Acordate que todos los martes comparto oportunidades de trabajo remoto. Para recibir el correo, suscribite entrando en tienequehaberalgomas.com/busqueda. Además, si querés, te podés sumar a la bolsa de talento de Tiene que haber algo más y dejarnos tu CV para que te avisemos sobre oportunidades laborales en empresas. Dejanos tu perfil en tienequehaberalgomas.com/cv. Nos vemos la semana que viene, y escribime por redes sociales y contame qué te pareció el episodio.
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Preguntas frecuentes sobre este episodio
¿Quién es María Mérola y de qué habla en este episodio?
María Mérola es Directora Ejecutiva de Ashoka Argentina, Uruguay y Paraguay, la red de emprendedores sociales más grande del mundo y un líder global en innovación social. Ellos trabajan con emprendedores sociales que están cambiando sistemas y creando nuevos marcos para la sociedad. Es de Uruguay y estudió Relaciones Internacionales y Políticas Públicas y Gerenciamiento del Desarrollo en Argentina y USA.A sus 20 años fue parte de la creación de la Asociación Civil Mujeres 2000, que promueve el desarrollo local de barrios de bajos recursos en el Gran Buenos Aires.
¿Dónde escuchar el episodio completo con María Mérola?
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