Max Goldenberg

Max es comediante, speaker, coach y emprendedor. Viviendo en Los Ángeles, Estados Unidos. Co-fundó Emerging Cast, una compañía de contenidos online que la vendió a Demand Media. Se especializa en desarrollo de negocios; investigación y análisis de tendencias; streaming media y negocios móviles. Después de esa experiencia volvió a emprender dos veces más. Es organizador de TEDxRiodelaPlata y desde 2014, que graba su podcast DesdeLejos

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De qué hablamos con Max Goldenberg

  • Hacer televisión en vivo
  • Anécdotas del trabajo de producción
  • Trabajar en web, qué cosas fueron vanguardistas en ese momento
  • Por qué no funcionó FAV? Una compañía de contenidos
  • El mundo corporativo y cómo saber aprovecharlo
  • Renunciar a una compañía para emprender
  • Conocer a su socio e iniciar un nuevo proyecto
  • Mundo corporativo y edad para aplicar
  • Cerrar la startup DecisionMate

Transcripción

Max Goldenberg es comediante, speaker, coach y emprendedor radicado en Los Ángeles, cofundador de Emerging Cast, la compañía de contenidos online que vendió a Demand Media. En el episodio repasa sus años en la televisión por cable y las primeras webs, el cierre de FAV y de DecisionMate, y qué aprendió al dejar el mundo corporativo para emprender.

Introducción

Max: Aunque sea un ratito cada día, uno tiene que hacer algo que le guste, que le haga bien, que le llene el alma, que puede ser jugar al FIFA, al truco, leer un libro. Siempre la gente dice: «No, hay que leer». No sé si te gusta leer libros; si te gusta ver series, mirá series. O sea, no sé, creo que tenemos que tener un momento. Y no solo te lo digo a vos, que estás escuchando, sino que me lo digo a mí, lo digo en voz alta para decírmelo a mí, porque yo me tengo que esforzar en esto. De hecho, hacer el podcast es mi lugar de placer. Por eso lo hago todos los días.

Creo que hay que buscar el momento para pasarla bien. La vida es realmente demasiado corta. Estamos de paso cinco minutos acá. Entonces creo que hay que pasarla bien dentro de lo que se pueda, hay que estar con quien uno quiere estar, ojalá haciendo lo que más te guste.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast desarmamos la historia de profesionales valientes que se transformaron para alinearse con sus valores. Analicemos el camino para entender cómo lo hicieron. Si querés saber del detrás de escena de esta conversación, todas las semanas escribo el correo semanal de Tiene que haber algo más, directo a tu bandeja de entrada. Te mando mis recomendaciones y lo último del podcast. Recibilo el próximo jueves anotándote en tienequehaberalgomas.com/correo. Estabas escuchando a Max Goldenberg. Max es comediante, speaker, coach y emprendedor, viviendo en Los Ángeles, Estados Unidos.

Él cofundó Emerging Cast, una compañía de contenidos online que vendió a Demand Media. Es especialista en desarrollo de negocios, investigación y análisis de tendencias, streaming y negocios móviles. Después de esa experiencia, volvió a emprender dos veces más. Es organizador de TEDxRíodelaPlata y desde 2014 graba su podcast Desde Lejos. En esta conversación hablamos de su paso por las grandes corporaciones después de vender su compañía, del proceso de mudarse de país con toda su familia y de por qué decidió cerrar su último proyecto. Hola, Max, bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a charlar conmigo.

Max: Gracias a vos por la invitación, por supuesto, un placer enorme.

Magali: Tengo una primera pregunta: ¿por qué creés vos que hay historias que, aunque pasen diez años, nos las seguimos acordando?

¿Por qué una buena historia tiene que dejar una semilla?

Max: Por la experiencia que sentimos cuando nos la contaron por primera vez. Contar historias siempre está buenísimo, y una cosa que a mí me gusta hacer todo el tiempo es doble clic: bueno, ¿qué queda? O sea, ¿estás seguro de que estás transmitiendo lo que querés transmitir? Y si la respuesta es sí, bueno, busquemos la mejor forma para lograr eso que me decís.

Es decir, y además a mí me gusta siempre dejar la semilla para que después esa historia, en la cabeza del que la escucha, evolucione y cambie. Viste, como yo te cuento la historia a vos, te encantó, vos se la contás a otro, y otro, y el número cuatro ya cuenta una historia que no tiene nada que ver. Pero queda el germen de lo que uno contó al principio. Así que me parece que es eso: lo que uno le hace sentir al otro, al que te escucha, y lo que le genera internamente es lo que hace que quede indeleble.

Magali: Bueno, te escuché en una charla hace diez años y yo pensé que solo yo me acordaba de esto. No sé, habrá sido una charla de una hora, ni idea, y me acuerdo de dos momentos.

Sí. Pensé que solo yo me iba a acordar, pero investigando para esta entrevista encontré otra entrevista de hace tres años donde vos decías: «Yo una vez fui a una charla a este lugar y todos me siguen escribiendo por esta misma historia». Contame, vos que tenés experiencia en televisión, medios, producciones gigantes: errores de la programación de la televisión en vivo.

Max: Errores de programación, a ver. No sé cuál, creo que me imagino; la charla a la que te referís fue muy buena.

Yo también me acuerdo muchísimo de esa charla, si es la que estamos hablando, y sí, me escriben muchísimo. La verdad que me escriben mucho.

Incluso me sucede que hay veces que me encuentro con alguien y, viste, para mí la magia que tuvo ese día fue eso: que diez años después mucha gente me dice «yo estuve ese día». Qué bueno, ja, ja, qué sé yo. Nosotros hacíamos tele en vivo. De mi lado era raro porque yo era un outsider, y en general en casi todos mis proyectos, antes y después de eso, siempre fui outsider de los temas en los cuales terminé trabajando. Lo mío es ciencias de la computación, yo hacía webs. Empecé a trabajar y por el azar de la vida terminé trabajando para Multimedios América, que tenía un montón de canales de cable en esa época.

¿Cómo se hacía televisión en vivo en la era del cable?

Max: Le cuento a los millennials o a los centennials que ven esto, que no saben lo que es el cable: había canales de cable y uno tenía que ponerse frente al televisor a determinada hora para ver. No había on demand todavía, ni existía Netflix, toda esa historia. Entonces nosotros en general grabábamos muchas cosas. Y mi rol era: bueno, ¿cómo hago para que la web funcione? Ese era mi laburo, y entonces yo usaba la tele a mi favor. Este contexto tiene que ver con que nos pasaban muchísimas cosas.

Nosotros trabajábamos para un canal.

De la empresa, un canal de chicos. Y había muchos programas que estaban grabados, pero eran falsos vivos, o sea, hacíamos creer que la gente estaba jugando en tiempo real cuando el programa estaba grabadísimo. Y no sabíamos cómo hacer para lograr esa frescura. Llevábamos a los chicos al estudio, no entraban al estudio sino que quedaban afuera, y los hacíamos jugar con un teléfono, porque se jugaba con el teléfono. Era con el sonido, una aplicación medio trucha: el sonido del teléfono hacía que si tocabas el 8 iba para arriba, si tocabas el 5 iba para la izquierda, no sé, cosas así.

Y claro, había tanto delay que era cualquier cosa, ¿entendés? Porque estaba la conductora que decía: «Bueno, ahora tenés que saltar», no sé qué. En la tele se veía el muñequito en un dibujito animado, y se escuchaba, viste, que tocaba el teléfono, y había tanto delay que era un desastre. Entonces no sabíamos cómo hacer, y tampoco teníamos tanto tiempo, ni ganas ni recursos para hacer mucha postproducción, que hoy se arregla más fácil.

En esa época también, pero no teníamos.

Presupuesto para hacerlo, que es: OK, grabemos todo y después movés un poquito el audio para que calce. Y en la tele en vivo, en el falso vivo, parecía que… Fue un desastre. Esa fue la que más sufrimos, entre tantas.

Después tuvimos una muy buena, también en otro canal. ¿Me fui? Para mí…

Magali: Para mí te congelaste, ¿vale? No.

Sí, ahora estás.

Max: Tuvimos varias. Me acuerdo de un proyecto para Cosmopolitan Televisión, no sé si existe el canal todavía en Argentina.

Magali: A ver si me perdí: ¿ya contaste lo que pasó del cambio de canales de shows?

Eso creo que no. Eso me parece…

OK, OK, bueno. O sea, ¿qué contaste hasta ahora? ¿Dijiste lo de la bicicleta?

Max: ¿No se escuchó nada? ¿Qué bicicleta? ¿Cuánto tiempo estuve hablando? Esto, por favor, dejalo, estoy hablando solo. Esta es la historia de mi vida. Le quiero decir a todos los que están mirando esto que lo que está pasando acá es la historia de mi vida. O sea, hablo y nadie me presta atención.

Magali: Fueron tipo 30 segundos que te perdí.

Max: Conté toda la anécdota increíble y resulta que nadie me escuchó. Esa es la historia de…

Mi vida. Porque para mí la anécdota es… Tengo un montón de anécdotas, pero no me acordaba de esa del cambio de canal.

Magali: Sí, la del cambio de canal es la mejor.

Max: Creo que es una de las más duras.

Magali: ¿Y cuál era? La mejor historia es la de A jugar con Hugo, si no es la del cambio de canal.

Anécdotas de producción que nadie te cuenta

Magali: No, no, no, conté otra más tranquila. Después, cuando la escuches… Bueno, te cuento. Nosotros, en la misma empresa, teníamos canales porno. Sí, teníamos canales porno. Había dos canales: un canal porno más tranquilo, que era porno igual, y había otro porno heavy, muy heavy. Pero eran pagos. Eran los famosos canales que en una época había que pagar.

Y si vos querías mirar y no hacías el pago, se veía con rayitas, se veía codificado, el famoso codificado. Y la cuestión es que todos los feeds de los canales caían en un centro de distribución de programación. Había un montón de teles y un montón de gente fijándose que cada canal funcionara bien, y cada uno iba para su cable, literal, físico. Y nadie se enteró nunca qué fue lo que pasó, pero alguien se confundió y tocó un botón equivocado, y durante bastante tiempo en el canal de niños estuvo saliendo el porno hardcore que teníamos, y en el otro salían dibujitos, no sé, unos programitas. Entonces yo siempre me imagino la situación de los chicos.

Viste cuando estás en tu casa y los mandás a mirar la tele; ahora es «tomá el iPad», pero en esa época era: «Déjennos, que tenemos que estar charlando acá con los vinos, vinieron amigos a cenar. Chicos, vayan a ver la tele, los dibujitos». Y los chicos en la pieza mirando eso. Era tremendo, fue tremendo.

Mirá, me sorprende mucho que no pasó a mayores. O sea, no se armó tanto.

Max: Realmente no se armó.

Magali: ¿En serio? ¿Era bravísimo lo que vieron los chicos?

Max: No sé cuánto, porque era de noche. No sé cuántos niños llegaron a ver, pero los que llegaron a ver se deben acordar hasta el día de hoy: «¿Te acordás de ese capítulo de A jugar con Hugo?».

Fue tremendo, sí, sí. Ese era uno de los canales más populares de chicos, y súper blancos, o sea, no pasaba nada. Era como decir que los Pitufos al lado de Game of Thrones, ¿entendés? Era todo una cosita, y al lado de ese canal lo otro era, no sé cómo decirte, una rave. Te digo que en cualquier canal de chicos que aparezca el nivel de hardcore que se vio durante no sé cuánto… No sé cómo no hicieron juicio, nunca entendí. O sea, no había tanta gente viéndolo, porque si no era para problemas. Pero sí, estuvo divertido.

Magali: Bueno, chicos. A jugar con Hugo, el programa más popular de los 90 para niños, ¿se daba en múltiples países o solo en Argentina?

No, el feed de Magic Kids, que es el canal, era para toda Latinoamérica. Lo que pasa es que en esa época era distinto el negocio del cable, que ahora casi no existe; en esa época era como que cada país…

Compraba la señal, pero además teníamos que mandar a nuestros vendedores. En ese momento iban a Colombia, hablaban con el canal de cable tal y les decían: «Che, mirá, tengo esto, Magic Kids». Y capaz decían: «No quiero todo el canal, quiero solo estas latas». Entonces no iba toda la programación, pero en algunos sí, sí, era bastante popular A jugar con Hugo.

¿Era real que regalaban una bicicleta o no?

Max: Sí. Lo que pasa es esto, te digo: eso es muy malo, porque vos querés esa charla, que fue mítica. ¿Vos querés esto?

Pero sí, sí, se revelaron cosas. El tema es esto que conté antes, que vos no escuchaste, ya lo conté todo esto. Te digo que me hace sentir muy en casa esta charla, Maga, porque me pasa en mi casa, es lo mismo: hablo, me preguntan, «pero te lo acabo de decir hace un segundo». ¿Qué pasó, viste? Lo que pasaba con A jugar con Hugo era que había mucho delay.

A ver si escuchaste. No, no quería saber qué dejaste… Eso está bien, me dice. O habrán sido 5 minutos que estamos hablando y ya te aburriste también.

Magali: No puedo creer. ¿Tenés alguna otra historia de tele o de producciones tipo Cosmopolitan que haya pasado?

Max: Sí, que también te lo mencioné recién, pero no me prestaste atención. Pero no pasa nada. Chicos, esto es una cosa… Por favor, esto dejalo.

Vamos a hablar de esto, vamos a hacer así.

Magali: Está hermosa. Bueno, tengo un montón de preguntas.

¿Cómo se llevaba la audiencia de la tele a la web?

Magali: ¿Está igual la pregunta número uno? O sea, ¿vos creés que esto está pasando así? La una fue la una, la dos fue la dos. Vamos por la pregunta tres. Ah, muy bien, muy bien, OK, sí. Hacíamos Cosmo. También tengo muchas historias de Cosmopolitan, porque era la época en la cual… Hay que poner en contexto: estos eran los principios de los 2000, no sé qué año era, 2000 y pico, fin de los 90 o 2000. Creo que eran los principios de los 2000, para que tengan contexto los que están mirando esto, donde no había tanta tecnología como hay ahora. Entonces no había redes sociales, Facebook. Quizás en los inicios de Facebook, pero muy poco; la gente no lo usaba.

Entonces nosotros queríamos fomentar la participación. Mi trabajo, mi business en particular, acuérdense, era la web. Entonces yo necesitaba traerme a toda la gente de la tele a la web para que participe, porque no era como ahora, que estamos todos con un browser abierto. E hicimos el calendario Hombres Cosmo.

Que era divertido, porque lo hicimos un año y nos funcionó muy bien. Eran dos modelos. Al siguiente año dijimos: «Bueno, hagamos seis modelos y seis chicos de los que miran la tele». Entonces empezaron a llegarnos aplicaciones de los chicos que querían ser modelos. Bueno, e hicimos la filmación y vinieron chicos que eran tremendos. Fue muy difícil, porque era tremendo. Pasó de todo: había un chico al que le faltaban tres dedos de una mano y no nos habíamos dado cuenta.

Nos pasó otro que era gangoso. Lo que nosotros hacíamos era muy superficial, ¿no? Cosmopolitan en general era superficial, eran lindos tipo musculosos, y uno era gangoso y no podíamos grabar testimoniales, nada, porque el pibe, pobrecito, tenía un problema. Y le dije: «Pero escuchame, ¿cómo puede ser que pasaste todos los filtros?». Y dice: «No, es que yo lo hice hablar a mi hermano por teléfono, porque si no, no me iban a llamar nunca». Porque el tipo era gangoso, sí. Estábamos ahí y yo: «¿Cómo te puedo grabar, flaco? No te entiendo». Era gangoso tipo el Messi de los gangosos, era gangoso por exceso.

Saludos a todos los gangosos que miran, esto no es nada con ellos. Y lo grabamos. Y después nos pasó otro, un chico que nos complicó mucho la grabación del calendario porque tenía…

Era superdotado, entonces nos complicaba mucho la grabación. Tengo el desenlace. No había forma de poder grabarlo de frente, ni un poquito de lejos, porque era mucho. Tenía un miembro muy grande, demasiado grande. Bueno, nadie se había dado cuenta, obviamente, y no sabíamos cómo hacer.

Y bueno, yo te cuento lo que pasó, vos decidí qué hacer con el contenido. No sabíamos cómo grabar, realmente era muy molesto. Lo mirábamos y le poníamos un pantaloncito suelto: igual se veía. Lo metíamos al agua: se veía. Lo poníamos en un slip para apretar: se veía peor. Era una cosa… Y lo que terminamos haciendo, que fue una decisión mía y me hago cargo…

Con una cinta, se lo atamos a la pierna para que no…

O sea, valoren el trabajo de producción de estas cosas, problemas que a nadie se le hubiesen ocurrido. Estábamos ahí y teníamos un mes, o sea, no podíamos no grabarlo al pibe, ¿entendés? Porque era, no sé, noviembre, y necesitábamos. Y terminamos atándolo, y funcionó.

Bueno, no nos faltaba este capítulo.

Escuchame, hay muchas cosas que escuché de tu trayectoria, de lo que tuve que investigar para vos.

Max: Ahora está bien. También pensé que le habías preguntado a alguien; quiero saber, para saber yo por dónde viene la anécdota.

¿Qué era vanguardista en los primeros años de internet?

Magali: Parece que hay muchas cosas que se hicieron que en ese momento eran vanguardistas y que hoy quizás son más normales, esto que decías de las primeras webs y «tengo que llevar tráfico de la tele a la web». ¿Qué cosas se te vienen a la cabeza que en ese momento eran medio modernas y hoy son más comunes?

Max: Streaming. El streaming, para mí, fue uno de los proyectos que teníamos en ese momento. Entre tantos assets que tenía la compañía, tenía radios: la Metro, Aspen y un par de radios AM. Y a mí me entró el «¿cómo hacemos para que la gente pueda escucharlo online?».

No había. Quiero que entiendan que no había tecnología, no existía el streaming. Solo había una compañía que se llamaba RealAudio que te permitía streamear, pero un streaming distinto al que conocemos ahora, que es en tiempo real, sino que…

Vos le dabas play y se te iba guardando localmente en tu computadora, en el buffer de tu computadora, y cuando tenías cierto tiempo empezaba a tocar el audio. Era audio, no había video. Y fue un desafío muy grande para nosotros, porque yo estaba obsesionado con eso, quería hacerlo andar de alguna manera, y teníamos que lograr técnicamente que funcione, que nos llegue primero el feed del audio. Yo quería que las noticias que salen en las radios cada 30 minutos se pudieran escuchar en la web, y lo logramos. Eso fue una. La otra fue el ecommerce.

Otro de los canales que teníamos era elgourmet.com. De hecho, lo lanzamos juntos, y el nombre .com tuvo que ver con el proyecto nuestro para el canal. Y era hacer ecommerce, y era muy complejo, porque yo quería vender mucho a muy bajo precio. Ese era el secreto. No queríamos vender algo que saliera un montón de dinero, sino que fuera accesible para la gente. Yo quería que la gente lo comprara sin pensar, que si no le gustaba…

Bueno, total, es poquito y no pasa nada. El problema que se nos suscitaba ahí era que el costo de la transacción de las tarjetas de crédito en ese momento era más alto que el costo del producto. Entonces era un lío, y no había forma de hacerlo andar, hasta que lo pudimos hacer funcionar. Fue una negociación tremenda con los integradores de medios de pago y toda esa historia para bajar los rates lo más que se pudiera, para que el costo mío…

En ese momento era 1 dólar, supongamos, y yo quería que valga 1 dólar, que la gente de Latinoamérica dijera: «1 dólar, bueno, qué sé yo, lo pruebo, y si no me gusta, devolveme la plata, te devuelvo el producto». Eso era un lío. Y bueno, lo terminamos haciendo y funcionó muy bien. De hecho, terminamos siendo breakeven como proyecto web, que para esa época era una locura pensarlo, por lo que vendíamos.

Por el éxito que tuvo el canal, que estaba increíble en ese momento. Fue muy, muy bueno lo que hizo al principio. No sé cómo está ahora, pero al principio fue espectacular.

Magali: Bien. Un anuncio rápido y seguimos con la conversación. Desde que empezamos el podcast, recibimos muchísimos mensajes de oyentes desde 59 países contando el valor que sacaron de escucharlo. Después de hablar con muchos de ustedes, lanzamos la membresía Tiene que haber algo más. La idea central vino cuando me di cuenta de que los tenía que conectar para que se conocieran. La comunidad es una membresía global y remota donde aprendemos junto a otros profesionales desde más de 25 ciudades. Vienen invitados del show para hacerles preguntas de todo tipo en un espacio de confianza, o damos clases los que estamos dentro.

Tenemos un club de lectura donde votamos un libro y debatimos entre todos. Hay un chat que nos conecta durante la semana para pedir ayuda, compartir recursos y oportunidades. Hacemos un desafío mensual, como por ejemplo usar máximo una hora las redes sociales, y compartimos todos los días una prueba. Y además les comparto a los miembros una grabación exclusiva del podcast que no publicamos ni en Spotify ni en YouTube. Dentro hay personas talentosas y ambiciosas que están trabajando activamente en mejorar como profesionales, en sus carreras y proyectos. Vas a encontrar personas en relación de dependencia con carreras súper interesantes, emprendedores y freelancers. Aunque cada una está en una industria diferente, nos une la forma de pensar.

El enlace está en la descripción, y si te querés unir, fijate en tienequehaberalgomas.com/comunidad.

¿Qué fue FAV, la fábrica de creadores de contenido?

Magali: Tuviste una compañía que cerró, que suena muy actual al 2023, que era FAV, que hacía… Bueno, lo tengo acá escrito en inglés, así que te lo voy a traducir en vivo: las relaciones de contenido digital, la relación entre creadores de contenido, audiencias y marcas de Latinoamérica. ¿Por qué cerró este proyecto?

Max: Nosotros, cuando armamos FAV, fue en el principio de la locura de YouTube, ¿no? Obviamente YouTube ya existía, pero los youtubers como categoría todavía no; era justo ese momento. Y vimos la oportunidad y dijimos: si en Estados Unidos está pasando esto… Nosotros veníamos de una experiencia muy buena con nuestra anterior compañía, en la que hicimos mucho apalancamiento en que en Argentina estamos un poquito retrasados de toda la ola que viene de Estados Unidos.

Entonces dijimos: «Mirá, en Estados Unidos está haciendo mucho ruido esto de los youtubers, hagamos algo parecido para toda Latinoamérica». Entonces compramos un teatro que había en el barrio de Palermo, en Capital Federal, en Argentina. Lo modificamos un poquito e hicimos un estudio símil tele, más o menos así. Y empezamos a reclutar youtubers y hacíamos videos, y teníamos muchos verticales. Hicimos un montón de verticales: desde how to, que éramos bastante expertos en eso por la anterior empresa, comedia, cocina, de todo, canciones, había de viajes, había un montón. Y empezamos a trabajar. El business model para nosotros era, por un lado, el profit de los canales de los youtubers. Nosotros éramos dueños de los canales y los youtubers eran contratados, por decirlo de alguna manera. Eso por un lado. Otro era: bueno, si vos ya tenías un poquito de tráfico, te podíamos ayudar, nos asociábamos, supongamos. Y la tercera pata era: vendámosle servicio a compañías tradicionales de medios que todavía no entienden mucho de esto, que son muy poco eficaces porque tienen un costo por sindicatos, por estructura, por mil razones, y les sale carísimo. Un asunto de YouTube les sale lo mismo que hacer algo para la tele, que son miles y miles de dólares. Entonces no les funcionaba, porque el payoff era muy, muy complejo.

Entonces empezamos a hacer eso, y hacíamos lo que se llaman shows para la tele. De hecho, tuvimos como cliente a HBO en su momento, con Game of Thrones. Cuando terminaba el episodio, en el canal de YouTube oficial de Game of Thrones ponían a dos locos hablando: «Uy, ¿qué pasó? Lo mataron a tal», viste, explicando, que después se convirtió en el podcast que acompaña. Ahora es muy común, en ese momento no. Y lo hicimos durante bastante tiempo, y funcionó. Lo que pasa es que sabíamos que teníamos una ventana de oportunidad chiquita para hacer lo que quisiéramos hacer, porque en algún momento…

Estas compañías a las cuales nosotros les dábamos servicio iban a hacerlo ellas, porque les convenía por costo, por lo que sea. Entonces era un poco…

Bastante sensible la operación. Finalmente sucedió que nosotros trabajábamos para compañías de todo… De México, incluso. Yo ya vivía, yo vivo en Los Ángeles, yo ya vivía acá en Los Ángeles, y mi trabajo tenía que ver con: bueno, voy a Sony, hablo; voy a HBO, voy a A&E, voy al otro para ver si…

Y en un momento nos dimos cuenta de que estábamos trabajando para Latinoamérica y nada más, porque el gringo no quería. Aun por costos, le recontra convenía trabajar con nosotros, obviamente, pero querían mantener mucho el control; preferían pagar más, pero tenerlo acá. Los canales de YouTube, viste, la cosa orgánica es orgánica, en serio. Entonces forzar eso era muy complejo para nosotros también.

Se nos acabó la guita, la verdad, del financiamiento que teníamos. Habíamos levantado algo de ronda de inversión, mano nuestra, no sé qué. Y yo a esa altura del partido, te soy sincero, hablé con mis socios. Yo dije: «Mirá, yo no estoy para morir en esta. Este no es el negocio de mi vida, no es el sueño», digo, ¿no?

Entonces era como que me gustaba ejecutarlo, porque me encanta. Como sabrás, el contenido, todo eso me encanta. Creo que lo hacemos bien, pero bueno, mucha estructura, sinceramente. Entonces un poco fuimos apagando, fuimos terminando con los contratos. Lo hicimos muy, muy prolijo, siguió un poquito más y después dijimos: «Ya está, como para salir», y listo. Viste, también es lo que te contaba antes, cuando charlamos: para mí no…

Historias de fracaso tengo un montón; esta fue una linda experiencia. La verdad que nos quedó muy buena relación con todo el mundo, con los medios y todo.

¿Por qué no funcionó FAV y cuándo cerrar un emprendimiento?

Max: Pero bueno, viste, cuando no tiene que ser, no tiene que ser. Uno de los postulados para mí de los emprendedores, cuando me toca charlar con colegas o con gente que está comenzando o con nuevas startups, qué sé yo, es no dejarse tentar.

Por la falsa idea de que estás resolviendo un problema que creaste vos para después resolverlo. Entonces es un problema que inventás y lo resolvés, pero es un problema que nadie tiene. Entonces un poco lo de FAV cumplió su ciclo, digamos. Me parece que empezamos un poquito más tarde, creo que debíamos haber empezado antes, ejecutamos un poquito más lento de lo que debimos haber ejecutado. Nos enfocamos al principio en algo, y cuando pivoteamos era tarde. Esa es la historia.

Magali: ¿De qué a qué pivotearon?

Habíamos empezado con esto que te digo de ser como una YouTube factory, digamos, donde queríamos dar oportunidad real. Pero esto de factory siempre suena mal, porque uno se imagina algo hecho en una línea transportadora, sin ponerle mucho esfuerzo. Habíamos contratado productores de contenido de verdad, no éramos nosotros. De ahí nos movimos a darle servicio a las compañías de media, y ahí fue cuando creo que éramos un poco de todo y al final nada.

Viste, si bien tenía sentido lo que estábamos haciendo, porque la estructura la teníamos, me parece que no. Si tuviese que volver a hacer FAV, que me encantaría…

Lo pensaría más chiquito. Empezamos muy arriba, empezamos muy confiados en que iba a funcionar, y habría que haber empezado un poquito más despacio. Me parece a mí. Pero bueno, estuvo bien, estuvo divertido, la verdad que conocí un montón de gente.

¿Cómo fue esa conversación con tus socios de asumir «frenamos el proyecto» y un poco evitar caer en este…?

¿Cómo se le llama? Este gris donde no estás ni vivo ni muerto, de los emprendimientos. Porque a ustedes tampoco les pasó algo muy concreto que marcara que era el momento de cerrar, sino que lo decidieron ustedes.

Max: Lo veníamos charlando. Es como… A mí no me tocó separarme de mi pareja, digamos, pero viste, todos mis amigos que se divorcian dicen que no es algo de un día, es algo que te va agarrando. En general es un proceso en que se empieza a desgastar la relación, por decirlo de alguna manera. Bueno, esto era así, pero del negocio. Entonces nosotros veníamos bien, vas viendo, viste, vas proyectando y decís: «Así nos la vamos a poner en ciertos días», ¿viste?

Porque ponés los gastos. Yo siempre fui muy respetuoso de mis empleados, yo me tenía que asegurar de que todos cobraran su salario, que tuvieran los elementos que tenían que tener, bla, bla, bla.

Cuando vas viendo que tus ahorros, vamos a decirlo así, tu caja, empieza a bajar porque gastás más de lo que recibís, y los proyectos y los posibles clientes o los clientes actuales empiezan a dilatar un poquito, yo empezaba a proyectar un poquito para adelante y decía: «Nos la vamos a poner. Si seguimos así, nos vamos a fundir». Entonces, antes de fundirnos y armar un lío para toda esta gente que está acá, que depende de nosotros… Digamos, yo no soy multimillonario tipo Marcos Galperin level, ¿entendés?, que dice «bueno, no importa, total pienso en mi próximo proyecto». Hay mucha dinámica en juego. Y yo tampoco, como te decía antes, me iba a fundir en lo personal por la compañía. Eso también para mí era importante, y lo fuimos hablando. Yo soy muy frontal.

Y trato de ser lo más honesto que puedo ser, y era: sentémonos, charlémoslo y veamos si se nos ocurre en esta charla una forma de darle la vuelta. Buenísimo. De hecho, en mi anterior emprendimiento, que era con mi mismo socio, nos pasó parecido, y al contrario: esta charla nos sirvió tanto que pivoteamos tan bien que terminamos vendiendo la empresa. O sea que es una charla que ya habíamos tenido en el anterior proyecto. En este caso, la verdad, no encontramos mucho más. Así que bueno.

Digo, es parte del asunto. Yo me voy con la cabeza alta, en el sentido de que cumplí con todo el mundo, intentamos realmente lo mejor, de corazón, y bueno, no funcionó. Creo que fue una buena idea en el tiempo, viste, como todo. Si hubiésemos hecho lo mismo, no sé, un año antes…

Magali: Bien. Para los que están escuchando esta conversación: si ustedes entran al LinkedIn de Max, tiene unos títulos en sus trabajos tipo VP, SVP, no sé qué manager. ¿Qué te pasa a vos, que pasaste por corporaciones grandes, cuando empezamos a tener estos títulos y…

¿Cómo aprovechar el mundo corporativo sin creerte el cartel?

Magali: Nuestra identidad queda atada a esos carteles?

Max: Uy, me encanta ese tópico, Maga. De hecho lo hablo muchísimo, porque me parece muy relevante como consejo a los que trabajan en corporaciones, lo que acabás de decir. Lo que yo les digo a mis excompañeros o a mis colegas, vamos a decirlo así, es: el cartelito que está en la puerta o en tu firma del mail no sos vos. Es el propósito que tenés en la compañía y el trabajo que estás realizando, pero no te la creas, básicamente. Es como «yo soy el senior vice president de media» y un montón de gente me invita a comer, para ponerlo clarísimo. El desafío es cuando no lo seas más. No es por nada, no lo tomes a mal, pero no te van a invitar a comer todos los que te están invitando a comer.

Digamos, yo tuve en su momento esa realización, porque me pasó al principio. Entonces empecé a fomentar un montón de relaciones que hoy muchas continúo, a nivel más personal. Porque eso no te define por lo que sos como profesional: es el rol que te está tocando cumplir en ese preciso momento de tu historia laboral, ¿no? El día de mañana, cuando vos decidas irte, o si te despiden, o cambia el foco de la compañía y vos querés otra cosa, el título lo tenés, pero ya nadie te llama. No porque sean malos, sino porque te tienen ahí por algún motivo. Es muy complejo el golpe.

La verdad es que por eso, para mí, este tema es súper relevante. Mi consejo es: no te creas el cartelito que hay en la puerta de tu oficina. Usalo a tu favor para fomentar relaciones con gente con la que después es imposible que tengas una reunión, pero que te atiende porque se lo pide X compañía. Fomentar relaciones, hacer contactos, pero que el hacer contactos tenga que ver más con que el otro te conozca como profesional que por el título, digamos, porque eso cambia.

Magali: De hecho, me pasó. No es la primera vez que aparece esto. Se me vienen a la cabeza otros dos invitados que dijeron algo muy parecido: Marina Díaz Ibarra, ex country manager de Mercado Libre, y el otro es Alejandro Melamed, ex VP de Recursos Humanos de Coca-Cola. Y ya dijeron lo mismo. Entonces, si vos, oyente corporativo, todavía no estás convencido de esto, es la tercera vez que te lo están diciendo.

Max: Es tremendo, es tremendo, porque me imagino que el sistema está armado de tal manera que uno termina así, y uno lo busca.

Eso sí, y ojo, yo les digo: si vos sos feliz en el mundo corporativo, espectacular, es buenísimo, porque la verdad que te da un montón de cosas. Tengo un montón de gente amiga muy conocida que está muy bien posicionada en compañías.

Que no son propias, y están muy arriba en ese lugar, y los ves y son felices. Yo no estoy en contra de las corporaciones; lo que digo es que está armado para que… Digamos, no te la creas en ese sentido, usalo a tu favor como persona, como evolución profesional. Me parece espectacular, y te abre mil puertas que, creeme, cuando estés afuera no te las van a abrir: «¿Qué pasa, que no me contestaste?», «No, estoy hablando con el que te reemplazó».

Magali: Este tuit que vos pusiste en el 2019 que dice: «La peor respuesta para los que te tiran el contá conmigo para lo que necesites es decirles que necesitás algo».

¿Quién te ayuda cuando te quedás sin trabajo?

Magali: Sí, a mí me pasó en 2019. Me encontré en un lugar muy raro, que era que no sabía qué hacer. Era rarísimo, nunca me había pasado. Y encima vino la pandemia, con lo cual me terminó de pegar una patada en la cara. Y pasó esto que te digo, y tiene que ver con eso.

El que tiene que estar va a estar sin que vos se lo pidas, ese es mi número uno. Si vos estás cercano, o sea, hacés un catch up con una persona después de tanto tiempo y le contás: «Si tenés algo para ayudarme, me vendría bien», viste, eso es el número uno. Número dos: no hay que tener temor a pedir. O sea: «Che, mirá, estoy en esta, no sé, tenéme en cuenta», y ya está. Para mí, lo de contar conmigo para lo que sea, lo viví en carne propia, en el 92,4% de los casos es mentira.

Porque hay gente que, pudiendo ayudar… Y ayudar no quiere decir que te regale nada. Digo, pudiendo ayudar. A veces es más simple. Por eso yo siempre digo…

Ser grande, tipo un señor grande, a eso me refiero: es como que ya las vi. Me estoy dando cuenta últimamente de que ya las vi; no las viví todas, pero llega un momento en que estás dando la vuelta, viste, ya casi todas las experiencias. Y realmente, cuando uno tiene cierta posición en una corporación, en una empresa propia o ajena, no importa, ¿podés tomar decisiones?

Podés tomar algunas decisiones. Entonces a mí no me… No pasa nada, no hay problema, nadie está obligado, pero no me digas «contá conmigo», porque no es así. Eso es lo que digo yo.

¿Cómo fue para vos esa transición de salir de una corporación, renunciar para emprender?

¿Cómo fue renunciar a una corporación para emprender?

Magali: Me pasó dos veces en la vida: una cuando estaba en Magic Kids, y esa fue hace un montón, y otra para hacer FAV. Fueron dos momentos. En uno salí y me fue muy bien; en el otro salí y pasó lo de FAV, que no nos fue tan bien, pero fueron tres, cuatro años que estuvieron increíbles. La primera fue la más difícil, porque la segunda yo ya la había vivido, y encima me estaba yendo, ya viviendo acá, como consecuencia de la primera, con lo cual ya venía un poquito más armado. La primera, la verdad que…

Lo pensé bastante. Me fui. Fue muy raro, tengo todavía muy, muy presente el primer día de «¿y ahora qué hago?», ¿entendés?

Estaba en mi casa, no teníamos oficina, no tenía computadora porque había quedado en la compañía. Porque esto es otra cosa, para los corporativos: les aviso que no tienen nada. O sea, llegás y no tenés, primero, obra social, para empezar. El día uno decís: «No, pero mirá toda la indemnización que me llevé». Guarda, porque la comida gratis, los M&M’s que tenés en la oficina, no los tenés más; el cafecito no lo tenés más; la obra social no la tenés más; el estacionamiento, si es que te dan estacionamiento, no lo tenés más. Hay un montón. Entonces esa indemnización, con la que vos hiciste las cuentas, dividila por dos en el tiempo que te va a durar, digamos. Eso número uno. Y bueno, estaba en mi casa y me agarró esa cosa de «¿qué hago?», ¿viste?

No teníamos oficina, teníamos la idea de lo que queríamos hacer, pero no la teníamos muy en claro todavía. Entonces le dije a mi socio, un amigazo, un tipazo: «Encontremos aunque sea un lugar para estar en algún lado, porque yo me voy a volver loco». Estaba en mi casa sin nada que hacer, nada. Y no tenía ahorros, estaba alquilando, tenía tres hijas; lo antiintuitivo más grande del mundo. Y mis ahorros, o sea, mi indemnización después de estar un montón de años, como 10 y pico de años en esta compañía, eso era mi aporte a la empresa, un cachito menos, digamos. Entonces fue bravo. Fue bravo, pero bueno, bien, la verdad que ahora, con el diario del domingo… Tuvo una semana. Te digo, no del día anterior, sino del lunes, toda la semana.

Siento que el Max de ese momento era bastante menos consciente de lo que estaba haciendo de lo que yo pensaba.

En su momento decía: «No, esto está súper pensado». Digo, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Pero bueno, por suerte salió, salió bien.

Claro, te iba a preguntar cómo lo pensaste, si me decís que al final no estaba tan armado. ¿Cómo, con poca claridad? ¿Por qué renunciaste?

Max: No, porque la situación en la empresa en la que estaba, esto que te dije hace un ratito, había cambiado el foco un poco del rol. Todos los que estaban, los originales… Que después me pasó lo mismo en la segunda vuelta, y por eso me fui también: toda la generación que a mí me trajo, que me coucheó, que me llevó hasta donde estaba, se fue, y entró gente nueva. En general me llevé bien con la gente, pero bueno, había un equipo nuevo, había un montón de cosas. Y surgió: alguien me dijo «tenés que conocer a este, júntense», viste cuando te dicen «Max, los pongo en contacto». Y terminó ahí.

Bueno, así fue con Damián. Yo tenía mucha experiencia con esto del streaming y toda esa cuestión técnica; si bien ya no codeaba como antes, tenía toda esa parte técnica. Él también quería volver a emprender: había emprendido, había vendido, estaba buscando qué hacer. Empezamos a charlar y surgió lo que terminamos haciendo nosotros.

Y la única forma de hacerlo era que teníamos que estar los dos, porque éramos nosotros dos y nadie más. No es que largamos con mucho dinero, era muy pico y pala, entonces no quedaba otra. La realidad es que hoy, pensándolo un poquito…

Tendríamos que haber quizás dilatado apenitas un cachito más como para tener, no sé, aunque sea la computadora, un lugar dónde ir. No teníamos nada. Los primeros eran todos garabatos, no una cosa increíble, pero estábamos muy confiados en la idea. A mí me entusiasmaba mucho la idea de poder hacer algo mío y probarlo. Y era el momento. Mi esposa en ese instante…

Me apoyó muchísimo. Ella me dijo.

«Hacelo. Si no lo hacés ahora, vas a estar toda tu vida diciendo qué hubiese pasado. Hacelo y bueno, vemos qué hacemos. No te preocupes». Se repitió bastante, la verdad, en cada cosa: me mira y me dice «bueno, dale, hagamos, vamos a ver qué hacemos». Pero bueno, la familia es muy importante en todo esto, porque uno se imagina emprendedores pibitos de 20 años.

Que hay un montón de esos y está buenísimo. Yo tengo hijas grandes y ahora que lo hagan ellas. En nuestro caso, éramos un poco más grandes: yo estaba por cumplir 40 años. Entonces era una movida. Dijimos: «Bueno, ya veremos». Lo que más me sorprende, Maga, es que no tenía plan B, ¿entendés? Como que dije: «Bueno, y si esto no anda, me voy a trabajar».

No sé, tampoco lo pensé con lo de FAV. Pero de nuevo, en ese momento yo no sé qué hubiese pasado si Emerging Cast, que era la empresa, no nos hubiese funcionado. La verdad que no lo sé.

¿Hace falta un plan B para emprender?

Magali: Bueno, también el tema del plan B. A ver, escucho las dos opiniones, ¿no? Gente que te dice que no tengas un plan B porque andás con el foco. Igual me imagino que en tu caso, o en una persona con una trayectoria parecida a la tuya, el plan B es: volvés a trabajar a algún lado, en algún lado vas a caer, te contratan, tendrás un trabajo y seguirás.

Max: Bueno, en ese momento. Preparado.

Magali: Bueno, yo qué sé. Cada uno medirá su riesgo, pero de algo vas a trabajar.

Max: Sí, yo creo que…

¿La edad pesa para volver al mundo corporativo?

Max: Sí, hasta cierto punto. Mirá, ahora me pasó en 2019, 2020, la pandemia. Yo estaba haciendo otra startup y el timing fue pésimo, como todos los que estábamos haciendo cosas en la época de la pandemia, que era como que se acababa el mundo, todo el mundo iba para atrás. ¿Y qué es la edad? Yo te digo, tengo cero drama con la edad, tengo 52 años, impecable, como se verá, pero…

Pero digo, es muy difícil insertarse en el mundo laboral después de un tiempo de no estar trabajando para las corporaciones. Yo ahora me presento, tengo un montón de amigos en Globant, Mercado Libre, las grandes, que son empresas espectaculares. Y yo sé que si voy a mi gente conocida y le digo «che, mirá, estoy buscando trabajo», por más que la filosofía de la compañía sea «no, acá lo importante es el saber», yo sé que es complejo que una persona de mi edad vuelva a trabajar al mundo corporativo. Salvo en un rol muy raro y muy específico, que es como un tiro al centro de un blanco gigante. Quizás cuando uno es más chico dice: «Bueno, caigo en cualquier lugar, no pasa nada porque empiezo otra vez».

Magali: Me gusta este punto porque…

Al final las empresas son como engranajes.

Los perfiles, en mi experiencia, tienen que caer justo para resolver un problema muy puntual y encajar con un montón de cosas, con la cultura, con los equipos. Y si sos medio distinto y no encajás, te termina expulsando.

Max: Claro, te echan.

Magali: Entonces es verdad que hay todo un código generacional, lo que está de moda, la forma de hacer las cosas, que por más que seas bueno, se puede generar ese gap de que no encajes.

Max: Sí, sí, definitivamente. Es tiempo, oportunidad justa: «Uy, mirá, ha pasado por acá, vení». Se tiene que unir un montón de cosas. Y bueno, es lo que es. Yo tengo cero mambo con la edad, y también entiendo cómo son las reglas del juego. Es así, cada vez es más difícil.

Para una persona más grande volver al mundo corporativo. ¿Sabés que a veces me dijeron «pero vos, con el perfil que tenés y el currículum, ¿cómo no te van a contestar?». Y bueno, a ver, contestame vos. Entonces yo entiendo, y es lo que es. No estoy haciéndome el pobrecito ni nada, es la vida misma. Así que bueno, es complejo, pero sí.

Magali: ¿Qué pasó con esta última startup, DecisionMate, en la que estuvieron cuatro años?

¿Por qué cerró DecisionMate en plena pandemia?

Magali: Cerramos, sí, vendimos los assets. Sigo creyendo que la idea está muy buena. Fue el peor timing del planeta, porque fue literal en el momento de la pandemia. De hecho, la historia ahora es graciosa, en su momento fue bastante heavy. Nosotros estábamos a punto de firmar los papeles de la ronda de seed money, una grande, con el lead investor. Teníamos en la lista un montón de posibles inversores que siguen a uno; dicen «bueno, si este pone, vamos todos atrás», porque ve algo que yo no veo. Habíamos hablado con un montón de posibles inversores; todos querían, pero a ver quién es el primero que pone. Lo hicimos acá en Estados Unidos, no eran de Latinoamérica ni de Argentina, eran de acá. Y el lead investor me llama. Veníamos negociando, iba y venía el DocuSign, «cambiale esto», y así. Y me dijo… Está buena esta para la…

Esto es de lo que se van a acordar como anécdota. Me llama y me dice: «Mirá, Max…». Yo, «¿qué pasó con los papeles?», casi festejando; ese era el nivel: era «¿dónde tengo que mandar el wire?». Era muy cercano. Y dijo: «Mirá, yo estoy viendo que en Italia no sé qué está pasando con la gripe, y tengo unas inversiones ahí, y creo que es un poquito más grave de lo que parece». Nosotros estábamos todos de joda en el resto del mundo. Era antes de que Venecia tenga el agua limpia, para que te ubiques en el contexto. Y dice: «Si es lo que yo creo, va a ser un problemón, así que prefiero esperar a ver cómo evoluciona eso, y después vemos».

Y yo, con la visión que me caracteriza, le digo: «Escuchame, si vos no querés, decímelo, pero no me vengas con una gripe en Italia. ¿Qué te pasa? ¿Qué, va a ser el fin del mundo?». Te juro que esa fue la charla. Y me dice: «Bueno, esperemos, hablemos la semana que viene». La semana siguiente estábamos todos comprando papel higiénico.

¿Se acuerdan de que todo el mundo compraba papel higiénico en esa época? Era como «no me importa, me voy a morir de hambre, pero voy a tener la cola limpia», y cuando me encuentren voy a tener papel higiénico de acá hasta que me muera. De verdad, en una época todo el mundo iba al supermercado, acá pasó: en el supermercado había todo menos papel higiénico.

No entiendo. Y si ellos compran, compremos. Como el tema del FOMO: alguien sabe algo que yo no sé, el tema del papel higiénico. Bueno, esa época fue así. Después yo seguí. Me separé del que era mi socio en ese momento, porque teníamos que comer de algo.

Y él siguió su camino. Y la plataforma estaba buenísima, la verdad que estaba muy, muy buena. El producto estaba muy bien hecho, quedó muy lindo, pero era un nice to have para las compañías en ese momento. El timing es todo. Y era un momento en que las empresas estaban medio diciendo «che, pará, ¿esto lo necesitamos? Bueno, esperá», internamente. Era la época en que empezaban a bajar, porque nadie sabía…

Qué iba a pasar. Ese era el punto. Y como te decía, yo también tenía que enfocarme en cómo genero mi propio ingreso. DecisionMate tenía varios clientes que la mantenían, la verdad que estaba bien, pero en un momento digo: estamos en un momento en el cual nadie sabía qué iba a pasar, que sí, que no. Dije: «Bueno, listo, me enfoco en otra cosa», porque, como me gusta decir a veces, a mí hay que pagar el calefón. Y de nuevo, hay que ser honestos con nuestras startups también, y lo mejor que puede pasar es entender que no es el momento ni el lugar.

Y no me estaba generando pérdida. La verdad que ahí era el único empleado, era yo solo, entonces era más fácil. Pero bueno, este empleado también quería vacaciones pagas y obra social, y la empresa no me lo podía dar. Entonces dije: «Bueno, ya está». Yo no le empecé a poner el foco que necesitaba. Y como era el único inversor, hablé con el board, que era yo mismo, y nos dijimos entre nosotros: «No sos vos, soy yo».

«Gracias por todo, cumpliste». La verdad que no fue una empresa que me haya dado pérdida en ningún momento. Recuperé todo lo que invertí y un poquito más también, pero no tenía el foco. Y cuando se empezó a reactivar todo, ya estaba muy atrás. Le dejé un besito y mis mejores recuerdos, porque sigo creyendo que estaba buena.

¿Cómo fue separarte de tu socio?

Max: Es una charla también. Él tenía mucha experiencia; es argentino, vive en San Francisco, y le empezaron a caer ofertas de laburo de programador en trabajo remoto. Acordate de la época: era justo el rol perfecto para remote work.

La verdad que eran ofertas de trabajo muy buenas, y él me mostraba los mails y me miraba como diciendo «¿qué hacemos?», porque esto no arranca. Y le dije: «Mirá, yo no te puedo decir qué hacer».

Entiendo la tentación. Es tu decisión, yo la voy a respetar, y la verdad que no puedo decir que no. Y bueno, todo bien, la verdad. Es súper.

El consejo final de Max Goldenberg: pasarla bien

Magali: No, nada que decir. Bien, quiero hacer una última pregunta. A ver, quiero usar palabras finales para cerrar este episodio. Puede ser algo que ya hayamos hablado o no, pero un último mensaje a la audiencia que te va a escuchar.

Max: Lo primero que se me ocurre, Maga, es cómo cierro cada episodio de mi podcast. Sé que la autorreferencia es horrible.

Yo siempre fui muy cultor de que, aunque sea un ratito en cada día, uno tiene que hacer algo que le guste, que le haga bien, que le llene el alma. Que puede ser hacer un post; yo estoy en desacuerdo con el hate a las redes sociales, a mí me parece que son re divertidas. Jugar al FIFA, al truco, leer un libro. Porque siempre está la gente que dice «no, hay que leer». No sé, si te gusta leer libros, leé libros; si te gusta ver series, mirá series. Creo que tenemos que tener ese momento. Y siempre me gusta decir: te lo digo a vos, que estás escuchando, pero me lo digo a mí, lo digo en voz alta para decírmelo a mí, porque yo me tengo que esforzar en esto.

De hecho, hacer el podcast es mi lugar de placer, por eso lo hago todos los días. Creo que hay que buscar el momento para pasarla bien. La vida es realmente demasiado corta. De nuevo, no sé cuándo vas a estar escuchando esto, pero en este momento el mundo está bastante convulsionado. Todo el tiempo nos da señales el universo, llamalo como sea, para decir «estás cinco minutos acá». Entonces creo que hay que pasarla bien dentro de lo que se pueda, hay que estar con quien uno quiere estar, ojalá haciendo lo que más te guste. Creo que hay que estar cerca de los afectos. Y va a haber momentos horribles.

Bueno, pasémoslos lo más rápido que se pueda, porque la vida, en general, la gran mayoría de tu tiempo, no es placer. Esa es la verdad. Después digamos lo que queramos, pero los momentos de goce real son tan chiquitos que hay que aprovecharlos. Esa es mi obsesión últimamente.

Atado a lo que le pasó a mi hija, y ahora a lo que está pasando en este momento en Israel. Hay un montón de cosas: la distancia con la gente que quiero, que también se está poniendo grande. Mi mamá, mi suegro, son todos grandes. Toda esta distancia, todo esto se hace como un licuado de banana con leche medio raro. Si tuviese que dar un solo consejo en mi vida, sería pasarla bien. Porque si hay vida después de la muerte, cosa que yo no creo, pero si existiese…

¿Para qué desperdiciar esta vida? Tenés dos vidas divinas. ¿Para qué vas a pasarla mal? Total, en el paraíso tenés que gastar. Y si no hay, tuviste una vida de mierda. Y un poco es eso, que también responde la última pregunta: me muevo porque cuando algo me hace demasiado mal, no tiene sentido. No hay plata que pague la salud, esa es la verdad.

Magali: Ya, gracias Max por…

Gracias a vos, gracias por la invitación, la pasé muy bien.

Muy bien, me alegro mucho, un placer tenerte, te mando un abrazo.

Max: Otro para vos.

Magali: Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo el capítulo con alguien a quien le pueda servir. Acordate de que todas las semanas comparto ideas en el correo de Tiene que haber algo más. Escribo sobre mis recomendaciones y el detrás de escena de la comunidad y el podcast. Lo mando todos los jueves directo a tu bandeja de entrada. Anotate vos también en tienequehaberalgomas.com/correo. Nos vemos la semana que viene.

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