Reisy Abramof

Bio Reisy Abramof

Reisy Abramof es nómada digital desde hace 7 años, fundadora de Trabajando en remoto, una plataforma que conecta a profesionales latinoamericanos con oportunidades laborales que traspasen los límites geográficos. 

Con experiencia en el mundo corporativo y gestión de proyectos en  startups, actualmente Reisy se encuentra enfocada en la generación de nuevas oportunidades laborales desde su plataforma donde brinda herramientas, cursos  y oportunidades de trabajo.

Reisy Abramof

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De qué hablamos con Reisy Abramof

  • Llevar adelante una vida que incluya viajes.
  • Creencias limitantes.
  • El miedo a hablar en público y qué la llevó a superarlo.
  • El nexo entre sus miedos y sus experiencias de la infancia.
  • La transición del mundo corporativo al trabajo remoto.
  • Generar sus propias oportunidades.
  • Entender que el trabajo remoto es posible.
  • Experiencia laboral y burnout.
  • Malasia: trabajo en el campo social. Entender otras realidades.
  • Su vuelta a Venezuela.
  • Cómo logró ser contratada en el trabajo que deseaba.
  • El lado B de los viajes.
  • Los inicios de “Trabajando Remoto”
  • Aliarse y delegar para lograr crecer.
  • Cómo enfrenta los momentos de crisis.
  • Soltar la comodidad y nuestra identidad definida por lo que hacemos.
  • Conectar con su poder interior. Manifestación y plantas medicinales.
  • Generar oportunidades para latinoamérica.

Transcripción

Reisy Abramof es nómada digital desde hace siete años y fundadora de Trabajando Remoto, una plataforma que conecta a profesionales latinoamericanos con trabajo sin límites geográficos. En el episodio cuenta su infancia entre Brasil y Venezuela, el burnout en São Paulo, su proyecto social en Malasia, los años en Remote y cómo soltó un puesto de directora para emprender.

Introducción

Reisy: Para mí, Trabajando Remoto no es solamente promover el estilo de vida nómada digital, que es el que yo tengo, sino que va mucho más allá de eso. Para mí el trabajo remoto es inclusivo, el trabajo remoto puede cerrar brechas. En Australia hay muchas empresas que no encuentran talento, y las empresas australianas se están abriendo a contratar remoto de otros lugares, donde hay personas que necesitan que las contraten. Entonces, eso es un poco la misión.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Alguna vez te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida? En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para vivir más alineados a sus valores. Contamos historias y desarmamos cómo lo hicieron. Enterate del detrás de escena y mis recomendaciones mientras construyo Tiene que haber algo más uniéndote al correo semanal: tienequehaberalgomas.com/correo.

Estabas escuchando a Reisy Abramof, de Brasil, emprendedora, nómada digital y fundadora de Trabajando Remoto. En esta conversación hablamos de cómo cambió su forma de pensar a través de los años, lo bueno y lo malo de los viajes, cómo empezó este estilo de vida y qué miedos fue superando.

Podés buscar esta conversación con video en YouTube y redes sociales. Cuando termines, contame qué te pareció el capítulo en @tienequehaberalgomas.

Hola, Reisy. Bienvenida a Tiene que haber algo más, gracias por venir hoy a conversar conmigo.

Reisy: Gracias, Magali. Para mí es demasiada emoción estar aquí compartiendo contigo y tu comunidad.

Magali: Bueno, arranquemos por hacerme una breve presentación de 15 segundos de quién sos vos. Así vamos a las preguntas de lleno.

Reisy: Mi nombre es Reisy Abramof, soy nómada digital desde hace 7 años, he trabajado con startups internacionales, por ejemplo Remote Year, y soy la fundadora de Trabajando Remoto, una plataforma que conecta profesionales latinoamericanos con oportunidades de trabajo remoto en todas partes del mundo.

Perfecto, cumpliste con los 15 segundos.

Sí, ahí estaba, bajo presión.

Magali: Sí, total, bajo presión. Bueno, la primera parte que quiero saber es: ¿cómo sabías, en tu vida anterior, antes de hacerte nómada digital? Vamos un poco más atrás de estos 7 años. ¿Qué indicios tenías de que vos querías tener una vida que incluya viajes?

¿Qué te enseña mudarte de chica a otro país sin hablar el idioma?

Reisy: Mira, desde chiquitita… Yo nací en Brasil, aunque tú me ves con este acento venezolano, del Caribe, pero eso lo aprendí cuando tenía 9 años. Yo me mudé a Venezuela con mis padres cuando tenía 9 años. Llegué a un país completamente nuevo, no sabía el idioma, o sea, no hablaba nada de español, aparte que también mi familia es judía y llegamos a un lugar donde no había una comunidad judía.

Entonces entro a un colegio súper venezolano sin hablar el idioma, un colegio católico, yo ni siquiera sabía rezar un Padrenuestro, nada, ¿no? Yo creo que hacer ese cambio tan pequeña, llegar a un lugar tan diferente, aprender otro idioma, ver que existen personas en otro lugar del mundo, a pesar de que Venezuela está al lado de Brasil, pero son culturas bastante diferentes, ¿no?

Darme cuenta de que hay personas que tienen otras religiones, otros idiomas, que comen otras cosas. Yo me acuerdo la primera vez que probé la arepa, yo decía: oh, my God, yo nunca había probado esto, qué rico. Y ahora es mi comida favorita. Darme cuenta de toda esa diferencia con el lugar donde nací ya me hizo crear ese gusto por seguir explorando. Dije: ¿quién más hay allá? ¿Qué más hay alrededor del mundo? Y bueno, yo soy muy agradecida con mi familia también, porque a mis papás les encantaba viajar. Por ejemplo, cuando yo tenía 6 años, todavía viviendo en Brasil, nos fuimos a Europa a hacer un viaje de 3 meses, literal. Yo no sé cómo mis papás me aguantaron cuando yo tenía 6 añitos. Entonces sí tengo recuerdos de viajes y lugares diferentes cuando era pequeña. Cuando yo me gradué del colegio en Venezuela, había algo en mí que me decía: OK, ¿ahora qué vamos a hacer? Obviamente, por la situación también de Venezuela, en ese momento yo no veía futuro quedándome ahí, como muchos de mis amigos que también ya estaban empezando a buscar nuevas posibilidades. Y en ese momento me acuerdo que le dije a mi papá: me quiero ir a Estados Unidos a estudiar inglés.

En ese momento tenía un inglés muy, muy básico. Y ya había una vocecita dentro de mí que decía: vamos a seguir explorando, vamos a seguir viendo qué más oportunidades hay. Entonces bueno, yo me puse las pilas, yo siempre he sido muy pilas en ese sentido, y apliqué a un curso de inglés en Estados Unidos. Y me acuerdo que mi papá no estaba muy seguro, no le gustó mucho la idea de que me fuera a los 17 años de mi casa a otro país. Y también, para ser bien sincera, en ese momento yo tenía un noviecito que se había ido a vivir a Estados Unidos, entonces yo: bueno, perfectamente me puedo ir yo también. Por eso mi papá se quedó como que no sé si le gusta la idea. En fin, yo hice toda la aplicación para la embajada y me acuerdo cuando llegué: papá, tengo una cita para la embajada, ya me aceptaron en la universidad de Estados Unidos, ¿por favor me puedes llevar a la embajada?

Porque era en Caracas. Y él se quedó como en shock, diciéndome: o sea, ya hiciste absolutamente todo, ya está todo listo. Entonces él me apoyó, me llevó a la embajada. Cuando me mudé a Estados Unidos, ahí fue cuando se me abrió totalmente el mundo, a conocer personas de todas partes del mundo. Empecé a trabajar también a muy temprana edad, a los 17 años.

Con trabajos de estudiante, o sea, me acuerdo que mi primer trabajo fue de mesera en un restaurante peruano en Atlanta, en el shopping mall. Con el inglés todo machucado, de la misma forma que machuqué el español por un año o 2 hasta que lo aprendí, ¿no? Entonces siento que yo siempre tuve esa fuerza interna de que no me daba miedo explorar lo nuevo, y yo creo que eso vino mucho de esa experiencia que tuve de irme a otro país tan pequeña.

De conocer otra cultura, de darme cuenta de que yo sí puedo adaptarme, de que yo sí puedo aprender otros idiomas. Y yo creo que cuando somos niños…

No tenemos todas esas creencias limitantes y esos miedos. Y yo puedo decir ahora, con todos los lugares que he vivido y los viajes que he hecho: sí, lo hago y voy, pero la mente a veces te llega y te empieza a contar historias, y yo no me acuerdo de tener esas historias cuando era pequeña. Pero yo creo que, para responder tu pregunta, esas ganas, esa vocecita, todas esas ganas de explorar el mundo vinieron de esa experiencia de mudarme de país tan pequeña.

¿Cómo se supera el miedo a hablar en público?

Magali: Bien, vamos a las creencias limitantes. Contame alguna de la cual te hayas deshecho en el último tiempo.

¿O el último miedo que venciste?

Reisy: El último miedo que vencí fue poner mi cara públicamente en mi proyecto de Trabajando Remoto, y le tenía pavor. O sea, tú me ves aquí hablando contigo en este momento, pero yo no…

Magali: Yo te entiendo perfecto.

Reisy: Claro, es difícil, porque yo…

Ya, de pasada, a mí eso de hablar en público siempre me daba miedo, y te voy a contar por qué, te voy a contar una anécdota. Yo, cuando me mudé de Brasil a Venezuela, no hablaba español, o sea, ni siquiera me acuerdo de tomar clases de español. Y yo me acuerdo que veo videos míos de pequeña, mi papá siempre nos filmaba, y yo hablaba español así, con el acento, hablaba mal, ¿sabes? ¿Ese acento así?

Y tengo algo en mi cabeza, tengo un recuerdo de una presentación que las profesoras me pusieron a hacer, creo que fue el primer año que llegué a Venezuela, y yo, como no hablaba español, lo hice en portuñol.

Y me acuerdo que los niños se reían de mí y se burlaban y me decían: esta niña es un alien, ¿qué le pasa? Porque era la única extranjera en ese colegio que no hablaba el idioma. Y sabes cómo somos de niños, ¿no?

Y eso me quedó, esa historia me quedó y yo creo que eso fue como un trauma. O sea, ahorita yo me doy cuenta de que para mí fue un trauma que las personas se burlaran de mí cuando yo estaba tratando de hablar en público, ¿no?

Y eso me quedó siempre. Cuando yo estudié la universidad en Estados Unidos, me acuerdo que tomé una clase de public speaking en el segundo semestre y tenía ataques de pánico antes de entrar a esa clase. A ese nivel era el trauma, pero en ese momento no tenía la conciencia para entender de dónde venía ese miedo, que venía de esa situación cuando yo era pequeña. Bueno, poco a poco la vida, obviamente, como es de sabia, me empezó a llevar a trabajos y cosas en donde yo tenía que hablar en público, en donde yo tenía que hacer eventos online, y así fue.

Así fue en todos mis trabajos. Yo era la community manager, tenía que hacer presentaciones, siempre con mucho, mucho miedo, a grupos pequeños. Y todo vino muy a la fuerza cuando me ofrecieron un trabajo en una empresa que se llama Remote Year, que es una empresa pionera de los nómadas digitales en el mundo. Y yo era community leader, para estar viajando con un grupo de 55 nómadas digitales por 12 países en un año, donde yo tenía que estar haciendo todos los eventos, hablando en público en los coworking spaces.

Y yo ahí dije: ¿sabes qué? Llegó un momento en que yo pensé en decirles que no, a pesar de que yo sabía que era el trabajo de mis sueños. O sea, me están pagando para viajar por el mundo, algo que yo siempre soñé hacer, ¿y tú le vas a decir que no porque te da miedo hablar en público, Reisy? No. Ahí fue cuando me di cuenta de que tenía que superar ese miedo. Empecé a hacer terapia, literal, me fui a hablar con un psicólogo y ahí fue cuando empezamos…

A agarrar de dónde viene ese miedo, y me di cuenta de que venía de mi niña chiquita, venía de mi niña chiquita que le tenía pánico a hablar en público. Entonces, cada vez que yo iba a dar un webinar o iba a hablar en público, yo siempre antes abrazaba a mi niña chiquita y le decía: estás bien, lo vamos a hacer bien. O sea, para calmarla, porque yo estaba segura de que lo podía hacer, de que tengo la capacidad de hacerlo, pero mi niña no estaba segura. Entonces eso fue un miedo que he venido superando, y cuando llegó la oportunidad de crear Trabajando Remoto, de crear contenido… Ahorita somos una comunidad de 120.000 seguidores en Instagram, donde hago lives todas las semanas para personas que ni siquiera me ven, o sea, le estás hablando a veces a 500 personas que están viendo y no sabes dónde te están viendo. Y al inicio es un beso a las manos, y sabes que yo dije: qué lindo es cuando uno supera un miedo. Porque me di cuenta de que lo que más disfruto hacer ahora es hablar en público, y yo siempre lo he dicho: un miedo es un deseo al revés.

Magali: OK, me gusta.

¿Cómo fue el primer trabajo remoto, antes de saber que existía?

Magali: ¿Y vamos al momento donde vos viajás, estudiás, volvés a Brasil y tenés un trabajo corporativo?

No quiero decir común, pero en oficina.

¿De dónde sacaste esta idea de empezar a trabajar remoto y cómo empezaste? ¿Cómo te planteaste esa transición?

Reisy: Mira, yo tuve mi primer trabajo remoto de casualidad, antes de saber que era un trabajo remoto. Yo, cuando me gradué en Estados Unidos, antes de irme a Brasil, en ese momento tenía una pareja que estudiaba conmigo.

Y él me propuso irnos a hacer un viaje de 3 meses después de que nos graduáramos, ¿no? Y en ese momento fue mucha presión para mí, porque yo sabía que yo no me quería quedar en Estados Unidos. Yo tenía mucha presión de mis padres, que veían, como padres latinos: ay, mi hija se fue a un país de primer mundo y se va a graduar, va a escalar en una empresa, va a trabajar 20 años. Porque esas son las expectativas que ellos tienen de uno, y yo sentía esa presión de: guau, me tengo que quedar aquí por el American dream, o sea, qué mal sería que yo luché tanto por eso e irme. Pero yo sabía que yo no me quería quedar en Estados Unidos. Entonces, cuando me gradué…

Magali: ¿Por qué lo sabías? ¿Qué cosas viste?

Las señales. No era el estilo de vida que yo quería tener, yo quería seguir explorando y no estaba lista para quedarme en un lugar. Eso fue lo principal, yo no estaba lista para comprar una casa, un carro, todos esos commitments. No estaba lista porque quería la libertad de decidir dónde yo quiero vivir, y algo me decía que no iba con mi estilo. Y ahí estaba, viviendo en Atlanta.

Me encantó la experiencia, pero a mí me encanta la playa, o sea, yo surfeo, hago freediving. Fui a Atlanta porque se me dio la oportunidad ahí, pero me di cuenta en Estados Unidos de que ya estaba en un momento de mi vida en que yo podía crear mis oportunidades y no simplemente seguir las oportunidades que se me dieran, como la de Atlanta.

Entonces, bueno, volviendo al tema, me fui a Centroamérica a viajar. Pero antes de irme se me acercó una chica que estudiaba conmigo. Yo estudié negocios internacionales en Atlanta, en Kennesaw State University.

Ella se me acerca y me dice: Reisy, ¿tú hablas español y portugués? Y yo: sí. Mira, mi papá se está expandiendo a Latinoamérica, tiene un website y lo quiere traducir al portugués y al español. ¿Estás interesada? Y yo: mira, yo nunca he hecho una traducción en mi vida, pero manejo los 2 idiomas perfecto, a ver qué tan técnico es. La cosa era súper fácil y le dije: chévere, vamos a hacerlo, pero yo tengo un viaje planeado. Me dice: no, perfecto, porque él no tiene una oficina, tú lo puedes hacer cuando quieras, pero la fecha de entrega está. Y yo, bueno, nada, me fui, agarré mis maletas, dejé todo en Atlanta, vendí, doné el carro, todo completamente. Yo no sabía qué iba a pasar después de ese viaje. A mi papá y a mi mamá casi les da algo, o sea, quedaron en shock: ¿qué le está pasando a esta mujer? Se volvió hippie, se va por ahí por las playas, ¿y el mundo corporativo? Casi que les da un patatús, como decimos en Venezuela. Entonces, bueno, yo pasé esos 3 meses viajando y trabajando remoto, pero en ese momento yo no lo veía como un trabajo remoto o como algo que pudiera hacer. Yo pensé que había sido suerte, pero yo creo que fue el universo mostrándome las posibilidades. Bueno, cuando yo terminé el viaje, porque nos quedamos sin dinero, por eso terminamos el viaje, me voy a Italia.

Razón, la mejor razón.

Reisy: Tanto que nos quedamos sin dinero. Imagínate que terminamos en Panamá y queríamos llegar hasta Venezuela en autobús. Todo eso fue en autobús, nada de aviones. El único avión que tomamos fue de Estados Unidos a México y de ahí fue toda Centroamérica en autobús, y no los autobuses con aire acondicionado: los chicken buses, o sea, los chicken buses en que ibas con las gallinas, con todos los animales.

En eso y también haciendo… ay, se me olvidó la palabra… haciendo dedo, haciendo dedo. Ya te lo juro.

Magali: Autostop.

Reisy: Autostop, sí, sí, sí. ¿Cómo se dice esto? Bueno, tiene una palabra. En portugués se dice carona, pero no me acuerdo cómo se dice en Venezuela, tiene una palabra chistosa. Para múltiples idiomas. Y bueno, cuando se nos acabó el dinero en Panamá, estábamos tan cortos que yo llamo a mi papá y le digo: papá, se me acabó el dinero.

Necesito que me compres un pasaje a Venezuela, no sé qué voy a hacer después de ahí. Y él, claro, se iba a volver a Estados Unidos o algo así, ¿no? El señor del hotel nos pagó el taxi hasta el aeropuerto porque ni siquiera podíamos pagar eso. Y una historia muy linda es que yo, cuatro años después, volví a Panamá a hacer una diligencia y fui al hotel, busqué al dueño y le intenté pagar el taxi. Le dije: hace cuatro años tú me pagaste ese taxi, te lo aprecio mucho. Y me dijo: no me lo pagues, vamos a almorzar. Y lo llevé a almorzar, muy bien.

Sí. Entonces, bueno, cuando llego a Venezuela yo empiezo a buscar qué más quiero hacer. A mí siempre me ha gustado mucho la parte de impacto social, de sustainability. Y yo, para seguir viajando y para seguir estudiando, apliqué a un posgrado en Italia. Y me fui a vivir a Milano. Viví en Milano un año, me dieron una beca, yo siempre buscando becas por todos lados. Papá, me dieron una beca en Italia, me voy a Italia.

Y en Italia otra vez hacía trabajos en restaurantes, esto, aquello, y todos los fines de semana me agarraba un vuelo de Ryanair o un tren barato y me iba a cualquier lado. Conocí casi todos los países. Entonces nada, cuando terminó eso, vuelvo a Brasil. Y cuando volví a Brasil yo quería vivir en Río. Yo dije: yo me fui de Brasil muy pequeña, quiero volver a vivir en Brasil porque yo soy brasilera. Yo crecí toda mi vida en Venezuela pensando que yo no soy venezolana y que soy brasilera, porque mis papás siempre nos hicieron cultivar la cultura. En mi casa no se comía…

Arepa, se comía tapioca, se comía feijoada, todas las otras comidas. Entonces, cuando regreso a Brasil, mi sueño era vivir en Río: ay, Río, playa, surf, todo. O sea, ¿quién no quiere vivir en Río?

Cuando voy a Río, empiezo a aplicar a trabajos. Y no me sale nada en Río, no me sale nada en Río, no me sale nada. Una amiga me dice: Reisy, con tu background, tú deberías aplicar a trabajos en São Paulo, porque en San Pablo hay muchas más oportunidades. Y yo decía: ¿pero São Paulo? A mí no me gusta São Paulo, hace frío, no hay playa, es muy grande, o sea, no. Obviamente, apliqué en San Pablo y quedé en una empresa. Me mudé a São Paulo, yendo a un lugar que no me gustaba solamente porque ahí se generó una oportunidad. Y estoy muy agradecida, obviamente, muy agradecida por el tiempo que pasé en São Paulo, aprendí muchísimo. Y yo creo que todo lo que estoy pasando, así veo mi proceso, todo tiene sentido. Bueno, empecé a trabajar para una empresa familiar como sustainability manager. Sí, conseguí un trabajo en el área que me gustaba, pasaba bastante tiempo en el Amazonas, en Brasil, porque trabajábamos con comunidades indígenas que hacían aceites esenciales para las empresas de cosméticos, y todas las frutas exóticas brasileras, de forma sostenible. Entonces, cuando yo estaba en el Amazonas me encantaba, pero cuando estaba en São Paulo mi vida era muy caótica. O sea, yo me levantaba a las 5:00 de la mañana, tomaba 2 trenes en São Paulo, que vas así como en una lata de sardinas.

Un autobús, 2 horas para llegar, porque yo vivía del otro lado de la ciudad, que es una ciudad con no sé, 28, 30 millones de personas.

Pasaba todo el día trabajando. Regresaba a la casa, llegaba a la casa a las 7:00 de la noche, no tenía tiempo para absolutamente nada. Y también el real brasileño se empezó a devaluar mucho. Empezó a valer mucho menos, y a mí lo que más me gustaba hacer era viajar. Entonces yo decía: ¿qué estoy haciendo? O sea, estoy en un trabajo que es OK, que no me encanta pero no me disgusta, pero el estilo de vida que estoy viviendo…

No me está funcionando. No me está funcionando.

Entonces, bueno, pero ahí llegaron, obviamente, mis creencias limitantes. Las personas alrededor mío también tenían ese estilo de vida. Yo en ese momento tampoco tenía una comunidad de personas en donde yo dijera: OK, hay una forma diferente, tiene que haber algo más, justamente. No tenía esa idea, ¿no? Y en Centroamérica había conocido a algunas personas, pero yo no había conocido nómadas digitales. En ese momento yo pensaba que para viajar por el mundo tenías que ser bloguero de viajes, tenías que ser un súper experto en programación y tecnología.

En fin. Todo cambió porque yo tenía muchas ganas de ir a Asia, muchas, muchas ganas de ir a Asia, pero lo seguía postergando y aparte tampoco tenía mucho dinero. Yo literal me gastaba todo lo que tenía para vivir. Pero hubo una semana en donde estaba súper estresada, se me empezó a caer el pelo del estrés que yo tenía. Yo no estaba haciendo ejercicio, me estaba alimentando súper mal, entré en piloto automático.

Y estaba en el metro de São Paulo y me dio un burnout, o sea, yo simplemente me desmayé. Me levanté, había personas alrededor mío. Yo empecé a llorar, a llorar, a llorar, le llamé a mi jefe. Le dije: no puedo ir a la oficina hoy, me voy a la casa. Cuando llego a la casa me empiezo a dar cuenta de…

¿Cómo es trabajar en proyectos sociales en Malasia?

Reisy: OK, Reisy, aquí es donde algo tiene que cambiar, aquí algo tiene que cambiar, tiene que haber algo más. Y empecé a buscar posibilidades. Me acuerdo que yo dije: me quiero ir, me quiero ir. Siempre había una vocecita dentro de mí que decía: Reisy, hay más, hay más, hay más. Y empecé a buscar trabajos, voluntariados, proyectos, no sé qué, y me acuerdo que vi una página que se llama Escape the City, que creo que todavía existe. En Escape the City había una oportunidad para ir a trabajar en un proyecto en Malasia. Yo ni siquiera sabía nada de Malasia en ese momento. Eso fue en el 2015, 2014.

Y yo aplico. No era un voluntariado, era un proyecto pago, era para trabajar con causas sociales en Malasia. Era un proyecto del gobierno y empresas privadas, y yo ya tenía un poco de ese background en Brasil porque trabajaba con las comunidades indígenas en el Amazonas, y dije: bueno, vamos a ver, voy a aplicar. Bueno, a los días me llaman.

Vamos a hacer una entrevista por Zoom, una entrevista por Zoom.

Y al mes quedé. Me dijeron: Reisy, si te quieres venir para Malasia, te vamos a pagar el pasaje, te vamos a colocar en un apartamento con otras personas que vienen al proyecto. Porque la idea era traer líderes jóvenes de todas partes del mundo a trabajar en esos proyectos, ¿no? Y yo al inicio, obviamente, llamo a mi papá, que ya estaba como: bueno, la niña ya se calmó, ya está en São Paulo, en el mundo corporativo. Y llamo a mi papá: bueno, papá, tengo algo que contarte.

Bueno, me voy a Malasia. ¿Cómo así? O sea, casi que le da un infarto.

Magali: Quiero entrevistar a tu papá.

Reisy: Sí, que cuente esta historia del otro lado, porque viene mi hija cada 6 meses y me dice que se va al otro lado del planeta. Claro, pero él ya estaba un poco acostumbrado, ya estaba como: ah, OK, whatever. O sea, él sabía que yo estaba infeliz en Brasil, yo me estaba quejando, lloraba, decía: no estoy feliz acá, es demasiado para mí, este no es el estilo de vida que quiero. Y en fin, Malasia fue algo así, me dijo: ¿pero qué hay en Malasia? ¿Qué hablan en Malasia? Y yo: ya, déjame ver qué hablan en Malasia… hablan malayo.

¿Qué religión hay en Malasia? O sea, yo contándole, y mientras le contaba lo buscaba en Google, porque ni siquiera sabía cuál es la capital de Malasia. A ver: Kuala Lumpur. Yo no sabía absolutamente nada y dije que sí, y eso es algo que me ha jugado… Hay mucha gente que dice que soy muy impulsiva, pero no sé, yo siento que es mi intuición la que me lleva allá. Bueno, ahí estaba: renuncié a mi trabajo y 2 meses después estaba aterrizando en Kuala Lumpur, Malasia.

Magali: ¿Y qué aprendiste de esa experiencia? Ayudar a refugiados en Malasia.

Fue una experiencia muy chévere porque siento que vi toda la cara de Malasia. O sea, fue con refugiados y la comunidad de personas de la calle. Y cuando llegamos era como: OK, ¿cómo hacemos para resolver este problema? ¿No? Entonces ya querían una solución y nosotros éramos un grupo: era yo, un chico mexicano, un chico de Hungría, una chica de Malasia y una chica de Egipto.

Éramos el grupo que íbamos a hacer ese proyecto.

Y yo dije: ¿cómo vamos a resolver un problema si ni siquiera entendemos qué es realmente lo que ellos necesitan? Era un proyecto de 5 meses, y el primer mes nos lo pasamos en la calle y en las noches, porque ahí es donde la comunidad de personas de la calle se reúne, porque durante el día es tan caluroso que están durmiendo en algún lugar.

Entonces ahí estaba Reisy y mi grupo en las calles de Kuala Lumpur, en la noche, lo que fue una experiencia increíble de verdad. Y hay un señor al que ahí todos le dicen tío, que por cierto fui a Malasia 2 años después y lo vi, y ya tenía una casa, ya estaba súper feliz. Pero en fin, él era el líder de la comunidad.

Entonces nos sentíamos seguros con él, e íbamos a hablar con las personas a entender qué necesitaban exactamente, esto, aquello. Y durante el día nos reuníamos con las personas del gobierno, con empresas privadas. Entonces fue una experiencia súper linda porque siento que vi toda la cara de Malasia: las personas de la base de la pirámide que estábamos ayudando, el gobierno y las empresas privadas. Fue una experiencia totalmente de mucha expansión.

Bien, ¿cómo hiciste para conseguir tu primer trabajo remoto full time, o sea, tiempo completo en una compañía? ¿Lo usaste mientras viajabas?

Reisy: Bueno, es que la historia está perfecta, porque justamente en Malasia, mi sueño era irme a Tailandia, entonces me voy a Tailandia un fin de semana.

¿Cuándo descubrís que ser nómada digital es posible?

Reisy: Y estaba en Krabi, y en Krabi voy a tomar un taxi con mi amigo mexicano que estaba haciendo el proyecto conmigo, con Luis, y ahí nos llega una pareja de rusos que también estaban tratando de tomar un taxi y nos dicen: ¿ustedes quieren compartir un taxi? Nosotros vamos para tal lado. Vamos para el mismo lado, y cuando entramos al taxi empezamos a charlar y ellos: sí, llevamos…

No sé, un año o un año y medio viajando por Asia. Y yo: ah, ¿pero qué hacen ustedes? O sea, ¿están en un año sabático? ¿Cuánto tuvieron que ahorrar? Porque en mi cabeza ellos estaban gastando sus ahorros. No, somos nómadas digitales. Y yo…

¿En serio? O sea, ¿son programadores, son blogueros de viajes? No, no, no. Yo soy copywriter, yo escribo para periódicos en Europa. La chica también era periodista, trabajaba con diferentes empresas como freelancer. Y a mí eso, wow, se me abrió la cabeza. Y me dijeron que es una comunidad muy grande de nómadas digitales. Yo había escuchado un poco, pero no entendía mucho qué hacían, pensé que eran no sé, cualquier cosa.

Y me dicen: si quieres, ven al coworking aquí en Krabi mañana. Me dieron la dirección, yo voy y ahí me empiezan a presentar a personas, y me doy cuenta de que hay personas de todas partes del mundo trabajando remoto en diferentes áreas. Un chico que era americano trabajaba en el área de ventas de Microsoft, otra persona trabajaba como soporte al cliente, asistentes virtuales, diseñadores gráficos.

Muchas de esas personas, la mayoría, eran de Estados Unidos y Europa. Sinceramente, en ese momento no conocí a ningún latino, lo que para mí también fue como: ah, seguramente esto es para la gente de los países de primer mundo, ¿no? Eso es lo que pensé. Pero en fin, me quedó la chispita, y yo quedé en contacto con ellos. O sea, yo cuando quiero algo, no hay quien me lo saque de la cabeza. Ellos me dieron consejos: métete a Upwork, empieza a agarrar trabajo freelance. Yo me creé un perfil en Upwork de traductora, y ellos también me empezaron a conectar en grupos de Facebook, grupos de la comunidad que yo no tenía ni idea de que existían, y me empezaron a salir algunos trabajos de traductora, que ya yo había hecho traducción.

Hacía lo poquito que regresé a Malasia, hacía esos proyectos, pero yo decía: ¿cómo hago para que esta sea mi realidad? Ahí fue cuando se me abrió la puerta y dije: esto es posible. O sea, lo que yo hice en Centroamérica no fue casualidad, esto existe, las personas hacen esto. Entonces, cuando regreso a Malasia, todavía haciendo algunos trabajos freelance, un día voy a hacer una presentación sobre el proyecto. Y Kuala Lumpur era una de las sedes de Remote Year, que es la empresa en la que yo trabajé por cuatro años y medio, una de sus bases para nómadas digitales. Entonces la persona de Remote Year fue al evento, porque era un evento bastante grande.

Me fui al escenario, conté sobre mi historia, sobre el proyecto, y cuando me bajo del escenario me dice: hola, Reisy, yo trabajo en Remote Year. Y yo creo que lo había escuchado, algo me resonaba. Tu perfil es perfecto para la empresa. Tenemos un puesto de community leader.

Te animo a que apliques, ponme como referente, como referido. Y yo: bueno, dale, voy a aplicar. Bueno, aplico. Cuando me doy cuenta, yo: oh, my God, o sea, este es el sueño de lo que quiero hacer. ¿Pero qué pasa? Yo estaba en Malasia.

De verdad, el proyecto me pagaba muy poco, y Malasia no era como Estados Unidos y Europa, que yo podía trabajar en un restaurante o hacer dinero. Yo no podía hacer dinero de ninguna parte, no podía trabajar tampoco.

Entonces yo ya me estaba quedando en quiebra también, o sea, yo no tenía dinero. Estaba súper estresada porque tampoco tenía muchos ahorros de Brasil, y me doy cuenta de que yo estaba tratando de salvar el mundo. O sea, a mí siempre me ha apasionado eso de los proyectos sociales.

Pero tal vez estaba tratando de salvar el mundo, y me tenía que salvar a mí primero, de realmente pensar qué quieres hacer, o sea, a qué le quieres dedicar tu vida y cómo puedes monetizarlo, ¿no? Yo llegué a un punto en Malasia en que uno se vuelve emocionalmente tan apegada a esos proyectos que yo empecé a dar dinero a la gente, a no tener límites con las personas, y eso me empezó a afectar mi salud mental y mi estrés.

¿Qué hacer cuando estás en el limbo, sin trabajo ni plata?

Reisy: Entonces, bueno, cuando me llega esta persona de Remote Year, yo estaba en un momento muy raro porque ya se iba a acabar el proyecto. Faltaba un mes. ¿A dónde me voy? No me puedo regresar a Venezuela, no me puedo quedar en Malasia, no me puedo regresar a Estados Unidos, no tengo dinero. Entonces yo pensé, ya con mi mente: ¿y si hago un curso para ser instructora de buceo y me mudo a Tailandia? O sea, yo colocando todas mis opciones en la cosa, y yo sabía que esos trabajos de freelance no me iban a alcanzar para vivir en Malasia.

¿No? Entonces, bueno, yo empecé a manifestar: Dios mío, universo, mándame algo, ábreme la puerta. Llega esta persona. ¿Pero qué pasa? Yo aplico, hago la cosa, yo súper emocionada, hicimos entrevistas. Me llegó un email 2 semanas después: Reisy, lo siento, no quedaste porque ya contratamos a otras personas, pero dejamos tu currículum aquí para futuras oportunidades. Ya sé que nadie lo va a mirar, pero lo dejamos acá para hacerte sentir mejor. Y yo: ay, sí, gracias. Bueno, ¿qué pasa? Ahí me regreso.

O sea, estoy en el limbo, no tengo dinero, me regreso a Venezuela, a casa de mis papás, de una forma de transición, con mi idea de hacer una transición y pensar. OK. Obviamente, cuando regreso a Venezuela fue muy difícil para mí, porque primero era ratificar y validar que mis papás tenían razón: ¿qué estás haciendo? O sea, la estás, perdón la palabra, cagando, como decimos en Venezuela.

Magali: Acá está permitida.

Reisy: Sí, la estás cagando, o sea, la cagaste.

Te fuiste a Estados Unidos… Mis amigos también me decían. O sea, yo literalmente tenía como una depresión. Yo no sabía qué hacer. Y yo seguía trabajando con algunos de mis proyectos freelance. Apliqué a un trabajo en Singapur, en una startup en Singapur, pero no me salió la visa. Yo me quería morir, no me salió la visa. Entonces esto de la visa, yo decía: ¿cómo voy a trabajar en otro país? Esto de la visa es súper difícil. Ay, sí, ¿qué vas a hacer?

En fin, en fin, bueno, yo tengo el pasaporte israelí, ¿por qué? Bueno, mi familia es judía y yo he vivido en Tel Aviv.

Y yo digo: ¿sabes qué? Yo me voy a Israel.

Me voy a ir a Tel Aviv. Yo ya había estado en Tel Aviv, de hecho hice una pasantía en Tel Aviv, y a mí me encanta la ciudad. Es una ciudad que tiene mucha tecnología, muchas startups. Yo dije: estoy cansada ya de salvar el mundo, en el sentido de que me apasiona, pero me tengo que salvar a mí, o sea, tengo que generar dinero, tengo que hacer algo, y después ya puedo salvar el mundo. Me voy a Israel a conseguir un trabajo en high tech. Bueno, me voy. Pasé cuatro meses en Venezuela, fueron de verdad cuatro meses súper difíciles.

Porque estaba como en el limbo y siendo muy juzgada por las personas, pero yo decía: no, vamos a seguir, no nadamos, nadamos, nadamos para morir en la orilla. Me voy a Israel. Llego a Israel, empiezo a mandar currículums a todos los grupos de Facebook, me activé con todo eso. Yo siempre he sido muy activa en ese sentido, a mí no me da pena, yo voy a hablar con la gente, iba a todos los eventos de networking, a los coworkings. En fin, me sale un trabajo un mes y medio después de que llego a Israel: Techstars, que es una aceleradora de startups de Estados Unidos que tenía un programa en Tel Aviv con Barclays Bank para acelerar startups de cyber security. Y fijate que es bastante grande esa industria en Israel.

Pero era un proyecto de cuatro meses. O sea, yo no sé por qué a mí solo me salían proyectos de cuatro meses, de 5 meses. Era solo un programa de aceleración de cuatro meses. Pero entonces nada, yo me mudo a Tel Aviv y todavía sigo con la idea de Remote Year en mi cabeza, porque yo sigo haciendo las traducciones, trabajaba un poquito como project manager, pero yo decía: esto no va a ser suficiente para tener el estilo de vida que quiero, ¿no? Bueno, yo feliz, la vida, a Remote Year lo veía por ahí, a veces comentaba en los posts.

Siempre estaba pendiente. Bueno, 9 meses después de que pasó esto, en Remote Year mi currículum cayó de alguna forma en la base de datos, apareció otra vez en la mano de la persona de recursos humanos, así de magia, ¿no? Y me escriben. Yo ya estaba ahí con mi vida, ya finalmente me había recuperado financieramente. Vivía, de hecho, con un argentino en Tel Aviv que amo, Darío. Y estábamos ahí, felices de la vida, y me escriben de Remote Year: Reisy…

¿Cómo conseguir el trabajo de tus sueños después de un rechazo?

Reisy: Estamos volviendo a contratar, necesitamos community leaders para los programas de este año, a partir de agosto. ¿Estás interesada? Y yo en ese momento dije: no puede ser, o sea, me están contactando otra vez. Bueno, dale, dale, vamos a hacerlo. Apliqué otra vez, pasé por el proceso. Me volaron a París, OK, y es que yo nunca he visto un proceso de selección como el de ellos. Me volaron a París a mí y a 15 candidatos más, porque ellos contratan muchas personas. Nos colocaron en una casa tal cual como un reality show, con el CEO, con la persona de recursos humanos, y vivíamos todos ahí.

Cuatro días en una casa en París, y sientes que te están observando cada movimiento que haces, cada cosa que dices, y te dan challenges, como: OK, mira, aquí están 100 euros, tienes 1 hora para montar un evento con eso, y tienes que salir corriendo y montarlo. O sea, te lo juro, nunca había pasado por un proceso así, súper chistoso. Pero bueno, me fui a París.

Y cuando regreso a Israel, yo pensé que no me iban a dar el trabajo, y quiero contar una historia aquí, porque yo siempre siento que a veces la cago.

Yo cuando estoy en París, ¿no?, que me fui a hacer esa entrevista.

Resulta que me doy cuenta de que un amigo francés que vivía en Brasil cuando yo estaba allá estaba en París, y yo tenía un súper crush con él, o sea, te lo juro que me encantaba, ¿no? Pero ya yo me había ido de Brasil, ya casi no nos hablábamos. Me dice: Reisy, ¿vamos a salir a tomarnos un trago? Y yo: oh, my God, este niño que me fascina me invitó a tomarme un trago en París, qué sueño.

Entonces terminamos todo el programa con la gente, ya la gente se iba a dormir a las 9:00 de la noche, y yo: miren, yo voy a salir un ratito, OK, me voy a tomar un trago con un amigo aquí, no sé dónde, como a 20 minutos en Uber, y luego regreso. Entonces: bueno, aquí está la llave. Acuérdate que a las 7:00 de la mañana vamos a empezar las presentaciones.

Hay que hacer una presentación. Bueno, yo me voy.

Vamos a tomarnos un trago. Nunca habíamos podido pasar la parte del friendzone porque éramos roommates en Brasil, entonces no queríamos mezclar eso, pero yo sentía que esa noche sí lo íbamos a poder pasar, ¿no? Y yo tenía mucho tiempo esperando ese momento. En fin, empezamos a tomar, me dice: hay un amigo que tiene una fiesta. Me voy de fiesta, son las 3:30 de la mañana, yo estoy con él en la fiesta, miro el reloj y yo…

Reisy, ¿qué estás haciendo? O sea, has esperado un año y medio por este trabajo y la estás cagando, brother. Vete a la casa, duerme. Bueno, llego a la casa borracha, obviamente, a las 3:30 de la mañana, y cuando voy a entrar me doy cuenta de que para entrar a la casa hay una puerta de acceso con un código, y yo no tengo ese código. Y yo: oh, my God, ¿mi celular? Batería muerta.

Y yo empiezo a tocar. O sea, haz de cuenta que la casa tiene una ventana, y yo empiezo a tocar la ventana que está más cerca del cuarto donde me estaba quedando con otra chica, ¿no? Para que ella abriera la puerta. Bueno, la que abre la puerta es la chica de recursos humanos. Fue la que escuchó que yo estaba tocando, abre la puerta y yo: oh, my God, sorry. Ella ahí me miraba, medio dormida, y yo: ay, Dios mío, ya la embarré. Me baño.

Me acuesto por 1 hora, me levanto, doy la presentación al día siguiente, esa noche ya me iba, y me voy en el vuelo y yo: Dios mío, Reisy, o sea, ¿por qué, por qué? Era tan fácil solamente hacerlo y ya. Deja de seguir tanto tu intuición y de ser tan impulsiva. Bueno, cuando llegué a Israel empecé a buscar otro trabajo, porque ya se iba a acabar Techstars, y yo pensé que no me lo iban a dar. Bueno, a la semana recibo un mensaje de Andrei, que era uno de los managers.

Y yo: ¿para qué esta gente va a hacer una llamada para decirme que no voy a quedar? Que me lo diga por un email y ya. Cuando me hace la llamada, me dice: «Hola, Reisy, sí, quedaste y te queremos ofrecer el puesto de program leader. El tour empieza en agosto en Croacia, pero te vamos a mandar a Serbia a entrenar con otro programa. Vas a ir cuatro meses a Europa, 2 meses a África y 6 meses a Latinoamérica». Y nada, y empezó todo. Y muy chistoso, porque después de un tiempo le pregunté: «¿Por qué ustedes me contrataron? Yo nunca pensé que ustedes me contrataran por lo que yo hice». Me dijo: «Reisy, es que necesitamos justamente personas con tu perfil. Personas que tengan energía, que salgan, se diviertan, pero que lleguen y se levanten al día siguiente y hagan la mejor presentación».

«O sea, tú eres el perfil perfecto para este trabajo». Y yo quedé en shock.

Magali: Era obvio, por tu tolerancia a no dormir y seguir rindiendo.

Reisy: Sí, total, total. No sé si pudiera hacer eso ahorita, eso fue hace años atrás.

Magali: Un pequeño corte de nuestros patrocinadores. ¿Estás aburrido del catálogo de Netflix en tu país? ¿Por qué no mirar las series disponibles en otros lugares? Usando Nord estás a un clic de distancia, sin necesidad de viajar. Puedes cambiar tu ubicación virtual y acceder al programa que quieras. Una VPN es una herramienta que te permite proteger tu conexión mientras navegas por Internet. VPN es una red privada virtual.

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¿Qué implica ser community leader viajando con 55 personas?

Reisy: Mirá, para mí fue muy claro en esa experiencia de Remote Year, de viajar un año. Fue la mejor experiencia de mi vida, pero fue la más desafiante. Yo no sabía que iba a tener tanta responsabilidad: 55 personas.

Tú básicamente eres la babysitter, o sea, de personas que tienen más… Había personas de 40 y tantos. Yo tengo ahorita 35; en ese momento tenía 29 años, cuando empecé con ellos. Y era mucha responsabilidad, muchísima responsabilidad. Estabas trabajando 24/7, me acuerdo. Y otra cosa: estás viajando con tus clientes. Es una línea muy fina entre tus amigos y tus clientes. Yo por los primeros 3 meses no salía de fiesta con ellos, porque obviamente es un programa de profesionales, personas que trabajan desde casa pero que quieren viajar por el mundo. Pero hay mucha parte social, hay muchas fiestas, y yo los primeros 3 meses no quería: quería posicionarme como una autoridad, como la program leader, y que ellos me respetaran. Entonces los primeros 3 meses me alejé bastante, estaba haciendo solamente mi trabajo. Y luego ya se vuelve un poco difícil, porque también te sientes sola. Sabes, estás viajando, te sientes sola, y ahí ya, bueno, somos amigos, pero son mis clientes. Esa línea era muy fina, porque de repente… Te voy a dar un ejemplo. Pasamos el 31 de diciembre de 2018 en Marruecos y organicé todo, ¿no? Las organizadoras de todo éramos 2, Sara y yo. Yo era la community manager de experiencia y ella la community manager de logística. Menos mal, porque yo no hubiera podido con la logística de los apartamentos, que no hay agua caliente, todas esas cosas. Yo hacía las cosas divertidas.

Pero mucha responsabilidad. Y al día siguiente ya teníamos que viajar a Sudáfrica. Bueno, resulta que el transporte no llegó, perdimos el vuelo, yo con un guayabo… No sé cómo le dicen ustedes en Argentina: ratón, resaca gigante. Y yo llego al aeropuerto y claro, todos conmigo rumbeando el día anterior, pero cuando hubo problemas todos me miraban: «Reisy, ¿y qué pasó? Tienes que resolver». Entonces te das cuenta de que son tus amigos y la puedes pasar bien, pero esta es tu responsabilidad. Para mí fue muy difícil.

Tener esa responsabilidad, sentía que yo estaba viviendo para los demás también. Estaba también yendo a lugares… Nos mandaron a Bulgaria en diciembre, o sea, a menos 40 grados. Y eso fue un mes muy difícil, porque no había mucho que hacer y las personas estaban como tristes, ¿no? Porque justamente en Remote decimos que los primeros 3 meses son el honeymoon: todo el mundo está feliz. Pero después de los 3 meses entramos… y eso lo vemos en todos los programas.

Yo llevo 5 años en Remote Year y lo vemos en todos los programas: entras como en un dip, ¿no? Y es la program leader la que tiene que ser la psicóloga y hablar con la gente y todo. Entonces es bastante responsabilidad. Y nos mandaban a veces a lugares que eran como…

También lidiar con las expectativas de las personas. La mayoría de las personas son americanos, con estándares muy altos, digamos. Por ejemplo, estábamos en un lugar que tenía un problema muy grave con el agua y solo podías tomarte una ducha de 2 minutos, y la gente se quejaba, y yo decía: «Brother, dale gracias a Dios que te puedes bañar; muchas personas aquí no se pueden bañar». O cuando llegamos a Argentina, porque estuvimos un mes en Córdoba y un mes en Buenos Aires, ¿no?

Ellos en shock porque el horno en Argentina es el horno de gas, sabes, el que prendes con un fósforo, y tienes que tirarle el fósforo así para que la cosa se prenda. Todas las quejas: que esto es súper inseguro. Y yo: estás en Latinoamérica, así se utilizan en Argentina las cosas, así es el horno. Y yo iba a la casa y les hacía un tutorial: «Mira, agarras el fósforo, lo prendes así y lo tiras». Entonces yo creo que eso: lidiar con las expectativas de las personas, que son muy altas, alrededor del mundo, tener tanta responsabilidad y sentir que estás viviendo para los demás.

Magali: ¿Por qué hacés Trabajando Remoto?

Perdón. ¿Por qué hacés…? O sea, pasás años trabajando en Remote Year, ¿por qué empezás tu proyecto Trabajando Remoto?

Reisy: Bueno, yo, después de un año de community leader, mi jefe me dice: «¿Quieres hacer otro año más?». Y yo: «No, thank you, no». Y claro, a mí me encantaría seguir en Remote Year, pero yo tenía la creencia limitante… Todas las personas que estaban en la parte de corporate, o sea, trabajando remoto, que no era on the ground… No había ni un latino. Yo fui la primera latina en ser contratada por Remote Year para viajar por el mundo. Teníamos el city manager de Buenos Aires, el city manager de Medellín, pero la que estaba viajando era yo. Y en el mundo corporativo, o sea, en marketing, sales, product, todo eso, no había ningún latino. Entonces yo: ay, yo no sé por qué me van a contratar.

Entonces, cuando faltaban 2 meses para terminar el tour, empecé a aplicar a trabajos en la industria de travel, de viajes, remotos. Y quedé en una empresa que se llama Pana, que hace viajes corporativos, para hacer customer support. Y dije: bueno, empiezo con eso, porque en ese momento yo lo que quería era irme a una playa donde no hubiera seres humanos, después de lidiar tanto tiempo. Me fui a Puerto Escondido. Pero mi jefe me dice: «Reisy, hay un puesto en el equipo de onboarding de Remote Year, ¿por qué no aplicas?». Y yo: bueno, voy a aplicar. Bueno, apliqué, con la mentalidad de seguro no quedo.

Hay muchas personas que son mejores que yo en la empresa. Era un puesto solamente interno. Y resulta que sí, quedé en onboarding, empecé como onboarding specialist. Y para mí eso fue mi gran paso, porque ya estaba trabajando 100% remoto, y eso era realmente lo que yo quería. Entonces me fui a México, luego me fui a Bali.

Y estuve ahí como 2 años en ese puesto, que me encantó.

¿Qué pasó con el trabajo remoto en viajes cuando llegó la pandemia?

Reisy: ¿Pero qué pasa? Llega la pandemia. Llega el 2020. Remote es una empresa de viajes y eso fue un caos. ¿Te imaginas tener grupos de personas en todas partes del mundo?

Que se quedaron presas en Marruecos, en Colombia, en Perú. ¿Te imaginas el nivel de estrés de lidiar con eso? Y me acuerdo, yo estaba en Bali en ese momento, y yo decía: «Oh, my God». Yo me quedaba hasta las 5:00 de la mañana por la diferencia de horario, trabajando todos los días, resolviendo el problema de todo el mundo.

Y empezaron a hacer recortes de personal, ¿no? «Mira, nuestros inversionistas dijeron que tenemos que hacer esto». Entonces ya mandaron a varias personas, y yo: ay, me salvé esta primera ronda, vamos a ver. Después nos empezaron a recortar el salario. Yo creo que muchas personas pasaron por eso.

Y luego nos venimos a Australia a visitar a la familia de mi pareja, que es australiano; nos conocimos en Bali.

Y cuando estoy en Australia, la empresa hace una llamada a todo el mundo y me dice: «Mira, vamos a tener que parar las operaciones». Así que todo el mundo se queda sin trabajo. Y yo en shock, porque yo decía: todo en mi vida ha cambiado tanto. O sea, yo vivo en México, en Bali, en Kuala Lumpur, en Australia, y lo único cierto y estable que tengo es mi trabajo remoto. Es lo que me permite tener ese estilo de vida. ¿Cómo voy a hacer yo para conseguir un trabajo en media pandemia?

¿Cómo nació Trabajando Remoto?

Reisy: Entonces, nada, estoy en Australia, estoy así como un poquito en shock. ¿Pero qué pasa? Mucha gente empezó a perder su trabajo y me empezaron a escribir: «Reisy, ¿pero cómo tú haces para viajar por el mundo?». Yo había publicado un poco en mis redes sobre mis viajes y la gente decía: «¿Pero cómo haces tú para viajar?». Pero yo nunca compartí mucha información, porque yo estaba en mi mundo de Remote Year, disfrutando mi cosa. Nunca pensé en compartir ni hacer blogs ni nada. Y yo empecé a compartir información en mis redes, en mi personal, sobre lo de freelancer. Y mi papel en el equipo de onboarding…

Era justamente ayudar a las personas a hacer la transición al estilo nómada digital, ¿no? Dónde buscar trabajo remoto si no tienes un trabajo remoto, qué empacar, cómo mantenerte productivo. Entonces empecé a compartir varios de los tips en inglés y en español. Y yo también me empecé a dar cuenta en Remote Year de que la mayoría de los nómadas digitales no son latinos: son de Estados Unidos, son australianos, son europeos. Y siempre tuve esas ganas y esa pregunta.

¿Por qué, si en Latinoamérica hay tanto talento? Había empresas contratando remoto antes de la pandemia. ¿Por qué nosotros, los latinos, no estamos más activos en este mundo? Entonces siempre me quedó eso. Entonces yo dije: ¿sabes qué? Voy a empezar a compartir en mis redes, para mis amigos, para la gente de Latinoamérica. Y se empezó a volver un poco viral: amigos de amigos lo empezaron a compartir. Entonces me llegaban personas: «Reisy, ¿me puedes hacer asesorías?». Y yo: ¿asesoría?

Bueno, mira, yo nunca he hecho asesoría, pero hágale, vamos a hacerlo. Yo tengo el conocimiento.

Y ahí fue como que se empezaron a abrir las puertas, ¿no? Y en ese momento, obviamente, preocupada por el dinero: ¿qué voy a hacer?, ¿a dónde me voy a ir ahora? Tengo mi pareja australiana que me dice: «Bueno, cualquier cosa nos quedamos en Australia, yo estoy trabajando, yo te puedo apoyar». Pero igual, cuando es así, que no tienes lugar fijo… O sea, perder un trabajo no es menos porque estás en cualquier parte del mundo. Es difícil, muy estresante.

Entonces, bueno, empezó eso de las asesorías, empecé a mover mis redes, y empezaron a llegar tantas personas que yo dije: ¿sabes qué? Voy a crear un curso online, voy a crear un programa online. Bueno, estuve 3 meses, durante la pandemia, el lockdown. Yo dije: tengo 2 opciones, o me pongo a llorar y a victimizarme de que perdí el trabajo de mis sueños, que era todo perfecto. Me habían ascendido, me estaban pagando más.

Yo vivía en Bali, o sea que el dinero me rendía un montón. Y ahorita estoy en Australia otra vez, sin trabajo, en el limbo, en medio de la pandemia. ¿Qué hago? Y yo dije: OK, ¿o lloro o me pongo las pilas? Y me puse las pilas: me puse a grabar el curso, me puse a hacer un curso de cómo hacer un curso, a aprender todas las cosas online. Agarré algunos clientes freelance también, pero también ya decía yo…

O sea, después de pasar por un puesto tan alto de directora de onboarding… No, en ese momento era onboarding manager.

No quería estar haciendo trabajo freelance aquí, allá; como que ya no era lo que me apasionaba. Entonces, bueno, empecé a crear Trabajando Remoto. Creé un programa online, empecé a crecer la comunidad.

Y nada, pero al inicio fue difícil, porque obviamente no era algo que estaba totalmente monetizado. Y en ese momento nos quedamos en Australia atrapados, y no era algo que me alcanzaba para vivir. Entonces fue un momento muy estresante.

Magali: Claro. Yendo más adelante, vamos al 2022.

Reisy, ¿cómo hacés la transición de…?

Volver a Remote Year y decir dejarlo.

Una vez que a Remote Year lo adquiere Selina, me imagino que un montón de cosas cambiaron. Vos volvés a trabajar ahí, ¿y cómo hacés la transición de Remote Year versión Selina a full Trabajando Remoto?

Reisy: Bueno, un año después de que Remote Year cerró, yo estaba con Trabajando Remoto todavía sin monetizarlo así. Mi pareja y yo creamos un e-commerce online que al inicio funcionó, después no nos funcionó, perdimos dinero, aparte que hasta terminamos la relación por un tiempo, de hecho, porque empezamos un negocio juntos.

No nos funcionó. Hay gente a la que sí le funciona trabajar junta; a nosotros no nos funcionó, y de hecho colocamos esos límites: ya no trabajamos juntos.

Cuando terminamos me fui a México, luego él vino, nos reconciliamos. Y yo, cuando estaba en México, ya entré como en un momento tipo: ¿qué estoy haciendo? O sea, estoy trabajando en Trabajando Remoto, pero no logro monetizarlo, estoy otra vez como contando los centavos para vivir. Y yo decía: ay, pero es que no quiero buscar otro trabajo remoto, yo sí quiero hacer esto, yo sí quiero que esto funcione. En fin. Ya empecé: ay, universo… Yo soy muy de manifestar. Me fui a la playa: universo, ayúdame a conseguir un trabajo remoto que sea tan bueno como Remote Year, que me dé la flexibilidad, que no me tome mucho tiempo, bla, bla.

Bueno, un mes después de eso ya había empezado a aplicar a trabajos remotos. Tuve algunas entrevistas, una empresa me acuerdo que me quería contratar, pero yo: ay, no me gusta, no sé, esto no es para mí. Como que nada me gustaba, no lo sentía. Un mes después me escribe Sam Pressler, que es uno de los fundadores de Remote Year, y me dice: «Reisy, nos compró Selina, vamos a empezar las operaciones otra vez.

¿Qué estás haciendo? ¿Quieres venir al equipo?». Y yo en ese momento no sé, había algo de mí, como que el orgullo me decía: no quiero volver a Remote Year, porque ya estoy como en otra etapa, ya quiero que mi negocio empiece. Pero me tuve que ser realista conmigo misma: Reisy, Remote Year te va a dar la paz mental, la estabilidad financiera que tú necesitas para seguir con tu negocio. Y tú sabes que puedes organizar tus tiempos; vas a tener tiempo para hacer esto si te organizas.

Bueno, acepté, me dieron directora de onboarding, la directora de mi departamento, donde estaba antes. Y yo entré cuando éramos otra vez 5 personas, porque en ese momento habían botado a todo el mundo. Entonces quedamos nosotros arreglando todo lo que había quedado de cuando cerraron. Fue muy estresante y mucho trabajo, pero, en fin, de repente empezaron a contratar muchas personas: 3 meses después ya éramos 80 personas en el equipo. O sea, empezó en realidad a acelerar un proceso bastante alto, ¿no? Y mi trabajo se volvió bastante grande. Era mucha responsabilidad. Entonces…

Bueno, nos regresamos a Bali, y en Bali me doy cuenta de que, para la posición de directora en la que yo estaba, estaba en muchas llamadas con los líderes de Selina. Y yo trabajaba hasta las 2 o 3 de la mañana, ¿no? Y al día siguiente ya estaba como: ay, no quiero hacer nada para Trabajando Remoto. Y este año yo sí me propongo y digo: el año pasado no, este año, este año. Yo digo: ¿sabes qué? Yo necesito que Trabajando Remoto empiece a funcionar. Empiezo a manifestar, a manifestar, a manifestar, a crear contenido, a crecer el equipo, y me llega la oportunidad de hacer como un partnership con una agencia de marketing, una agencia de lanzamientos.

Y al inicio: ay, no sé si lo quiero hacer. Y bueno, lo acepté. Empezamos a trabajar juntos, con la estrategia de ellos y ellos ayudándome. Y algo que aprendí es que yo antes quería hacer todo yo sola. Me costaba mucho delegar, me costaba mucho confiar, me costaba mucho soltar el control. Y cuando empecé a soltar el control, confiar, invertir, porque también Remote Year me permitió invertir en mi equipo, traer una asistente virtual, contratar a alguien para que me ayude con la parte de community manager…

Mi negocio empezó a florecer cuando yo empecé a invertir en las personas correctas para mi negocio.

Entonces llega junio de este año.

Y empezamos a hacer el lanzamiento de nuestro programa, a hacer todo el branding. Nos empieza a ir súper bien.

Y yo empiezo a considerar… Y no te voy a mentir: desde que yo llegué a Bali, desde enero, yo estaba considerando dejar Remote Year por diferentes razones. Uno, el time zone era muy difícil para mí, y yo sabía que yo quería estar en esta parte del mundo. Dos, siento que el nivel…

O sea, como que yo ya no iba a poder seguir escalando en la empresa; yo no iba a llegar a más que la directora de mi departamento, ¿no? Entonces se empezó a volver muy repetitivo, ya no era desafiante. Yo me di cuenta también de que me levantaba todos los días y me emocionaba hacer lo de Trabajando Remoto, y cuando tenía que hacer lo de Remote Year, ay, me daba una frustración.

Ya no estaba apasionada por lo que estaba haciendo. Yo siento que el trabajo que yo manifesté hace 5 años, que era el de Remote Year, ya yo había como crecido a esa oportunidad. Ya estaba lista para manifestar lo próximo, que era mi proyecto, ¿no? Porque nosotros vamos creciendo con nuestras experiencias. Gente que me decía: «Pero, Reisy, ¿cómo que quieres renunciar, si tú siempre habías querido eso?». Y yo: claro, pero esa es la Reisy de hace 5 años, no la Reisy de hoy.

La Reisy de hoy quiere tener su proyecto, quiere ayudar a personas en Latinoamérica, porque para mí esa misión me vino muy fuerte: ayudar a personas en Latinoamérica a tener acceso a este tipo de oportunidades, más que todo después de la pandemia, que el trabajo remoto se aceleró un montón, ¿no?

¿Cómo se suelta un buen puesto para emprender?

Reisy: Sí, y esa misión me vino muy, muy fuerte. Yo también en Bali hice miles de ceremonias, como te podrás imaginar, o sea, ceremonias de plantas medicinales, y todo eso también me ayudó mucho a conectar con mi poder y con mi misión. Y yo me di cuenta de que ya Remote Year no era mi misión. Fue un gran proceso y gran parte para llegar a donde estoy acá, pero ya no lo es.

Entonces llega agosto. Yo ahí como que ya tenía suficiente dinero en el banco para decir: yo puedo soltar eso. Y seguía con Trabajando Remoto, pero tenía mucho miedo.

Magali: ¿Cuánto podías durar? ¿Lo calculaste?

Reisy: Sí, podía durar como 6 meses en ese momento, de emergencia, claro. Y mi pareja es muy de tomar riesgos, me decía: «Ya, deja Remote Year». Yo estaba teniendo mucha ansiedad, no podía dormir, me estaba afectando mi salud mental. Pero me daba miedo soltar esa seguridad, me daba miedo soltar Remote Year, que también había sido parte de mi identidad por tantos años.

¿No? Yo soy la directora de Remote Year, también lo utilizo para mi marca. Entonces era como: ¿cómo hago?, ¿cómo hago? Entonces me fui a Lombok.

Magali: Cuesta. Cuesta soltar las cosas que suenan bien, porque en tu caso es lo que suena bien desde afuera. Otro dice: «Uy, qué cool ser la directora de onboarding», pero al mismo tiempo no se siente bien hacerlo.

Reisy: Total. Entonces ahí es difícil soltar, claro. Y la gente decía: «Pero, Reisy, si tienes un trabajo en Remote Year, para nómadas digitales». Más bien Remote te da un presupuesto anual para que tú te vayas a viajar. Es una empresa que te dice: no te quedes en un lugar, viaja, porque tú eres parte de nuestra brand. O sabes, como algo totalmente ideal, y las personas como que soñaban con trabajar ahí, pero ya no era para mí. O sea, ya yo había crecido a esa oportunidad, ya yo estaba lista para lo próximo.

Entonces, bueno, con todo ese miedo, yo trabajando, pero había algo en mí que decía: Reisy, lo tienes que soltar, y en el momento en que tú lo sueltes, Trabajando Remoto se va… Pero…

Magali: ¿Por el sueldo?

Reisy: No, porque ahí ya tenía estabilidad, pero tampoco. O sea, yo estaba ganando lo suficiente, o un poquito menos de mi salario de Remote Year.

¿Qué pasa en agosto? Me tomo una semana libre, una semana libre; me iba a Egipto. Entonces me fui a Lombok, a una isla de Indonesia, con unas amigas. Hicimos una ceremonia de hongos, plantas medicinales, no sé si se puede hablar de esto aquí en el podcast, pero bueno. A mí las plantas medicinales siempre me han ayudado muchísimo, ¿no? Yo lo hago siempre con personas que saben de la medicina.

Y en esa ceremonia para mí fue muy claro. Yo literal me vi a mí diciéndome: «Reisy, suelta».

Y yo en ese momento estaba haciendo un curso de meditación para ser profesora de meditación, y tenía tanto: Remote Year, Trabajando Remoto, el curso de meditación, que me quitaba tiempo. Y yo me acuerdo que antes de irme a Lombok, a esa isla, yo dije: voy a dejar el curso de meditación, porque no me da para hacer las 3 cosas. Y en ese journey que tuve…

De la planta, me dije a mí misma: tú no tienes que dejar el curso de meditación. El curso de meditación lo único que va a hacer es expandirte y ayudarte en tu proceso de Trabajando Remoto. Tú lo que tienes que dejar es tu trabajo.

Mirá, Magali, yo al día siguiente me desperté.

Y tomé la decisión: yo voy a soltar Remote Year.

Esperé un día más, llamé a mi jefe, renuncié. Y en el momento en que yo renuncié, obviamente mis jefes estaban en shock de que yo renunciara, no tenían ni idea. Me ofrecieron quedarme part-time, más dinero, «no te vayas», porque justamente estaban también en un momento de mucha transición, y yo obviamente llevo 5 años con la empresa, el conocimiento que tengo. Les di un mes y medio, ¿no? Yo me quedo un mes y medio y tal, pero yo sabía que ya… Y sabes que desde el día que yo…

Cerré mi computadora, borré mi Slack de Remote Year, al que le agradezco muchísimo todo lo que me ha dado, yo en ningún momento lo he cuestionado. O sea, yo ahora, desde que lo solté, soy feliz. Estoy trabajando en Trabajando Remoto, que yo no digo que trabajo: yo me siento a hacer algo que me encanta, mi misión. Y desde que solté Remote Year y estoy en Trabajando Remoto, he podido ganar 2 o 3 veces más que mi salario, en menos tiempo. Poder soltar eso que ya no me estaba funcionando.

¿Cómo se atraviesan las crisis de un emprendimiento?

Magali: Espectacular, me gusta. ¿Tuviste algún momento de estar cerca de tirar la toalla? De decir, en todo lo que contaste ahora: este es el momento donde tiro toda la mierda, esto no funciona.

Reisy: ¿Con Trabajando Remoto? Uff, muchas veces, muchas, muchas veces. Yo creo que por lo menos cada 2 meses me daba una crisis con Trabajando Remoto.

Ahorita ya es un poco diferente. Ahorita ya tengo un equipo de personas que están conmigo, estoy 100% dedicada a eso, veo también mucho impacto en las personas. O sea, todas las personas que yo he podido ayudar… Muchas de las personas de mi comunidad son mujeres. Otra cosa que yo quería traer con Trabajando Remoto: no es solamente promover el trabajo remoto como nómada digital que viaja, porque para mí en Latinoamérica es mucho más que eso. Para mí en Latinoamérica, el trabajo remoto… Yo siendo venezolana, o en Argentina, que las personas de esos países donde la moneda está muy devaluada, donde hay mucho desempleo, se puedan beneficiar de encontrar clientes o trabajos en otros lugares y así tener una mejor vida para ellos y para su familia. O las madres, ¿no?, que abandonan sus carreras profesionales porque no tienen flexibilidad.

En el trabajo, que puedan trabajar desde casa. Personas con discapacidades, o personas que… En Latinoamérica pasa mucho que nos mudamos a las ciudades. No sé, a São Paulo se viene todo Brasil, porque es donde están las oportunidades, ¿no? Que tú te puedas quedar en tu ciudad, con tu familia, con tus amigos, con las personas que amas, teniendo un trabajo, y sin tener que irte a otro lugar que no quieres por una oportunidad de trabajo, ¿no?

Entonces, para mí esa fue mi misión principal. Para mí Trabajando Remoto no es solamente promover el estilo de vida nómada digital, que es el que yo tengo, sino que va mucho más allá de eso. Para mí el trabajo remoto es inclusivo, para mí el trabajo remoto puede cerrar brechas. En Australia hay muchas empresas y no se encuentra talento, y las empresas australianas se están abriendo a contratar remoto de otros lugares, que necesitan personas que los contraten, ¿no? Entonces…

¿Qué es el éxito para Reisy Abramof?

Reisy: Es un poco la misión.

Magali: Reisy, ¿cuál dirías que es tu definición de éxito?

Reisy: Mi definición de éxito es siempre tomar decisiones que son auténticas para mí y honrar mi proceso. O sea, yo creo que somos seres humanos, estamos en constante evolución, no somos una cosa. Yo no soy mi título de Estados Unidos, yo no soy mi trabajo en Brasil, yo soy lo que soy hoy en día y lo que mi alma quiere experimentar. Yo creo que el éxito para mí es eso: siempre honrar mi proceso, soltar las cosas que ya no son para mí. Y realmente para mí, mi éxito ahora es poder hacer que Trabajando Remoto crezca de una forma en que todas las personas en Latinoamérica se puedan beneficiar de esta nueva modalidad de trabajo, que puedan tener más libertad en su vida, sea cual sea su objetivo: tener más libertad geográfica, acceso a salarios más competitivos. Y ser una gran advocate.

No sé cómo se dice en español. De esta nueva modalidad de trabajo y de más libertad, porque el mundo está cambiando, el trabajo se está resignificando a lo que se hace y no a un lugar adonde se va, y yo creo que no hay vuelta.

Magali: Sí, 100%. Ahora, ¿cómo vamos a cerrar este capítulo? Te voy a dar un espacio de palabras finales, desde Argentina hasta Australia, que estás en el futuro, 12 horas más adelante que yo.

Quiero que me vengas con palabras de cierre inspiradas del futuro.

Reisy: ¿Inspiradas en el futuro? O sea, como un mensaje para las personas que nos están escuchando. Sí, un último mensaje. Yo creo que lo más importante de todo, y en mi proceso es eso, es mirar realmente de dónde vienen tus creencias y cuestionarte. Cuestionarte siempre: si algo te da miedo, si juzgas a alguien o a algo, cuestionarte por qué lo estás juzgando. Será que de repente tú quieres ser parte de eso. A veces, muchas veces, juzgamos porque queremos ser parte de eso, ¿no?

Entonces creo que eso es lo más importante: cuestionar tus creencias. Mi proceso entero de vida ha sido un proceso de deconstruirme para construir realmente quien soy. Y yo creo que eso es lo más lindo de la vida. Tu situación actual no es tu realidad. Tú la puedes crear.

Entonces eso es un poquito. Y yo siempre digo que no estamos aquí para vivir la vida que merecemos, sino la vida que aprendemos a vivir.

Magali: Gracias, Reisy. Gracias por compartir todo esto.

Reisy: Gracias a ti. Yo estoy súper contenta. A mí siempre me encanta compartir, y bueno, yo te sigo desde hace tiempo a ti y a tu comunidad, y es un gusto estar aquí con ustedes.

Magali: Hermoso, te mando un abrazo.

Reisy: Gracias, un abrazo a ti también.

Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal, que lo podés recibir en tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos en la conversación están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales en @tienequehaberalgomas. Nos vemos la semana que viene.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Reisy Abramof y de qué habla en este episodio?

Reisy Abramof es nómada digital desde hace 7 años, fundadora de Trabajando en remoto, una plataforma que conecta a profesionales latinoamericanos con oportunidades laborales que traspasen los límites geográficos.