Silvia Haba
Fundadora de Coimpacta, una plataforma virtual que promueve espacios y herramientas de bienestar para profesionales que trabajan en el ámbito social. Nacida en Madrid, luego de viajar por distintos países se radicó en Panamá.
Silvia desarrolló su carrera tanto en el sector público como privado, trabajando para mejorar la realidad de las personas y aportando también al bienestar de quienes llevan a cabo esas organizaciones.

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De qué hablamos con Silvia Haba
- Tomar conciencia del alrededor y lo que sucede
- Pros y contras de viajar constantemente desde su infancia
- Cómo se relaciona con la incertidumbre
- Cómo llegó a trabajar en el ámbito del fútbol
- Cultura de trabajo en roles sociales
- Tener clara la diferencia entre asistir y ayudar
- Trabajar horizontalmente en las organizaciones sociales
- Margen de error y autocrítica
- Burnout en su área de trabajo
- Autocuidado
Recomendaciones de Silvia Haba
- Think again – Adam Grant
- The coaching habit
Transcripción
Silvia Haba es la fundadora de Coimpacta, una plataforma de bienestar para profesionales que trabajan en el ámbito social. Nacida en Madrid y radicada en Panamá, repasa su infancia viajando con sus padres, su trabajo en fútbol para el desarrollo, la diferencia entre asistir y ayudar, y cómo prevenir el burnout en el sector social.
Introducción
Silvia: Mi llamado: prioricemos nuestro bienestar. Que a veces parece como una cosa así muy hippie o muy de lujo, me voy al spa.
O algo así, pero realmente, o sea, yo llevo ya cuatro años metiéndome en todo esto. Y cuanto más aprendo de ello, más me doy cuenta de que abarca tantas cosas más allá de sentirse bien, sino que tiene muchísimo que ver también con seguir aprendiendo sobre nosotros mismos, conectando con otras personas desde un nivel más sano y más humano. Y realmente, si queremos crear un mejor mundo, que es lo que yo siento que todos queremos, trabajemos en ello, ¿no? La primera persona en la que tenemos que trabajar es en nosotros mismos.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Alguna vez te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida? En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para estar alineados con sus valores. Contamos historias y analizamos cómo lo hicieron. Si querés conocer el detrás de escena, lo que voy aprendiendo y mis recomendaciones, podés anotarte en el correo semanal: buscalo en tienequehaberalgomas.com/correo.
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Hola, Silvia, bienvenida a Tiene que haber algo más, gracias por venir a conversar conmigo.
Silvia: Muchísimas gracias, Magali, es un placer y un honor estar hoy contigo aquí.
Magali: Bien, empecemos por una breve intro: quién sos, qué hacés y dónde estás grabando esta entrevista.
Silvia: Bueno, pues yo soy Silvia Haba, soy la fundadora de Coimpacta, que es una plataforma online que promueve espacios y herramientas de bienestar para profesionales de cambio social. Soy española, de Madrid, pero desde los 18 años vivo en diferentes países y… Desde hace 9 años estoy en Panamá, que es desde donde estoy hoy grabando este episodio contigo.
¿Qué es el éxito cuando trabajás en el sector social?
Magali: Bien, empecemos por qué es el éxito para vos.
Silvia: ¿Sabes? Me encanta esa pregunta porque es algo que no me pregunté a mí misma hasta hace relativamente poco, hasta hace un par de años, que en un curso que estábamos haciendo traían esta pregunta. Y cuando empecé a hacer el ejercicio de realmente indagar qué era el éxito para mí, me di cuenta de que estamos todos con una idea generalizada de lo que es el éxito, de una narrativa generalizada. Entonces, de lo importante que es tomarnos el tiempo para realmente contestarlo, ¿no? Y entonces, bueno, pues en este ejercicio yo aprendí que para mí el éxito es una combinación de sentirme satisfecha a nivel tanto personal como profesional, o sea, que va unido, no va una sin la otra, por supuesto. Pues a nivel de mi propósito, lo que me dedico, que es contribuir al desarrollo personal y bienestar de otras personas.
En particular aquellas que están limitadas de derechos y oportunidades o que trabajan directamente contribuyendo a crear un mundo mejor. Y eso, por supuesto, para mí es un éxito, poder estar trabajando en eso, pero también es el cómo trabajo. Por ejemplo, tener control sobre mi tiempo he descubierto en los últimos años que es muy importante para mí, y esto lo consigo trabajando por objetivos, y yo soy la que me organizo.
El cuándo y el dónde: la flexibilidad del dónde también es importante, ¿no? Pues yo, viviendo fuera de donde está mi familia y demás, también es muy importante eso. El con quién también es importante. Es parte de mi éxito con quién estoy trabajando, de quién me rodeo: de gente auténtica, transparente, que me inspira, que me impulsa a seguir creciendo y seguir aprendiendo. Y sentirme intelectualmente estimulada es parte también del éxito.
Y por supuesto, pues tener ese tiempo y esos espacios para poder disfrutar con mi familia y amigos, pasar tiempo en la naturaleza.
Y bueno, y por supuesto, pues tener los recursos suficientes para estar tranquila y poder hacer todo esto. Entonces, bueno, más que una pregunta ha sido una definición un poquito larga del éxito, pero al final también lo que me di cuenta es que no es un objetivo como tal, como que una vez que llegue ahí habré logrado lo que quiero, sino que es un proceso, y son cosas que voy trabajando día tras día. Y esa es mi definición de lo que es el éxito para mí.
¿Cómo es crecer viajando con padres piloto y azafata?
Magali: Bien. ¿Cuánto tuvo que ver todos estos viajes que hiciste desde los 18 años con que tus padres siempre hayan trabajado en la industria aeronáutica?
Silvia: Bueno, tú conoces mi historia, así que cuento un poco más porque tuvo todo que ver. O sea, yo desde los 18 es cuando empecé a vivir fuera, pero es verdad que desde mucho antes tuve la oportunidad de poder viajar por muchas partes del mundo gracias al trabajo de mis padres.
Mi padre era piloto y mi madre azafata, y muchas veces me iba con ellos de viaje de un día para otro. Ellos iban trabajando y yo me iba, y de repente iba a Buenos Aires 24 horas, o me iba a Nueva York, o me iba a Johannesburgo, acompañándoles. Y así empecé a ver realidades muy distintas a la mía, de culturas muy diferentes, y siento que ahí es donde se fue sembrando esa semilla de lo que es mi propósito, que tiene mucho que ver con crear mayores oportunidades para aquellos que no tienen acceso a ellas. Y recuerdo en particular un momento en el que llegué de un viaje, no me acuerdo ni de dónde venía, pero llegué a Madrid y había visto situaciones de muchísima pobreza, de vulneración de derechos, y llegué a Madrid y fue como que… Yo tenía 11 años en ese momento, más o menos.
Y miré alrededor y dije: pero ¿por qué el mundo no para? ¿Por qué la gente no hace nada al respecto? ¿Será que no lo saben? Y entonces ahí fue ese primer momento de tomar conciencia de qué está pasando y por qué nadie hace nada, y de repente: oye, ¿quién está haciendo algo al respecto y cómo lo hacen? ¿Y cómo podemos hacer algo? Y eso para mí ha sido algo que me ha marcado mucho, obviamente en mi vida profesional y en mi vida personal, porque me ha hecho también mudarme a muchos lugares. Y bueno, muy a pesar de mis padres, que obviamente preferirían que esté en España con ellos, pero yo les digo que ellos me han enseñado que el mundo es muy pequeño y que el mundo es uno, ¿no?
Magali: Ajá. Si bien suena ideal esto de «los acompaño el fin de semana a Sudáfrica», ¿cuál es el lado B de crecer en este contexto?
Silvia: Bueno, el lado B de crecer en este contexto.
Bueno, varios. Por un lado, para bien o para mal, mis padres no estaban todos los días en casa, pues tenían viajes, y cuando no me iba con ellos, mi hermano y yo no íbamos con ellos y no estaban durante 2 o 3 noches. Pero luego la parte buena era que se quedaban varios días seguidos y tenían libre y podían estar con nosotros y acompañarnos a las diferentes actividades que teníamos. Y además, no sé, creo que más allá de eso no le veo mucha más pega, porque me ha dado tanto el que mis padres tuvieran estas posibilidades para nosotros. Me abrió el mundo, me abrió a otras culturas. Yo a la vez también iba a un colegio internacional, que obviamente también me exponía a muchísimas culturas diferentes, pero es distinto verlo desde tu propio país que ir a otros lugares.
Y lo que también me inculcaban mis padres, porque ellos también son de una cierta manera para tener ese tipo de trabajo: una apertura mental y de hacer las cosas un poco diferentes. Así que, la verdad, la parte B que veo es de repente, pues eso, a lo mejor días que les echábamos de menos porque no estaban, pero era mínimo. No lo recuerdo como nada traumático y me ha dado mucho más de lo que me ha quitado.
Magali: ¿Te daban doble comida en el avión?
Hija, lo que tú quisieras.
¿Querés saber esto? Contame algún viaje, como los beneficios.
Silvia: O sea, mil, y además que yo hice algunos, y luego anécdotas e historias de mis padres, mil. Pero como beneficios, pues de una manera bizarra.
Bueno, primero, que el tipo de billetes que tenemos es sin reserva. Entonces nosotros vamos con una especie de billete en stand by, y hasta 1 hora antes de que saliera el vuelo, o sea, nosotros estamos ahí en la puerta de embarque esperando, y hasta 1 hora antes de que saliera el vuelo, que es cuando lo cierran, no sabes si vas a salir o no, si quedan asientos o no quedan asientos.
Y entonces, pues adrenalina hasta el último momento de decir: ¿voy a irme a, no sé, a Ecuador, o no me voy a ir? ¿Sabes? Y eso me ha marcado mucho. Yo soy una persona con eso muy tranquila. O sea, la incertidumbre no me altera mucho; al revés, ahora que tengo que comprarme un billete con 6 meses de antelación, me pongo súper nerviosa, como «no sé qué voy a estar haciendo en 6 meses». Pero bueno, entonces teníamos eso: primero, que los billetes eran súper baratos, luego el tema de que no teníamos reserva.
Y luego puedes tener la súper buena suerte de que sí haya espacio y que ese espacio sea en business o en turista, pues ahí vas viendo. Y puede que de repente no haya espacio y que vayas en transportín, lo que llaman transportín, que son los asientitos donde van sentadas las azafatas, y he hecho vuelos larguísimos ahí sentada en el asiento de las azafatas. Pero bueno, a mí me divertía muchísimo porque las veía.
O sea, si mi madre iba trabajando, pues la iba acompañando; si no, si iba mi padre, pues me iba a la cabina con él también; y si no iban trabajando ninguno de los dos, pues también iba viendo ahí el ambiente, ¿no? Y es un ambiente muy de familia: en cuanto dices que eres hija de piloto y azafata, te reciben como en familia, ¿no? Entonces sí, pues será eso.
Bueno, porque es un gremio, yo creo, muy específico, de un estilo de vida muy específico, muy diferente. Entonces yo creo que el tipo de persona que entra a hacer eso es de cierta manera, yo me puedo imaginar. Entonces se hace muchísima piña, es gente muy abierta, por lo general personas que han visto mundo y que están constantemente conociendo gente nueva de diferentes culturas. Entonces es un ambiente, no sé, súper bonito, y hay mucho apoyo entre unos y otros.
Magali: ¿No será lo mismo con los diplomáticos?
Silvia: Pues no tengo ni idea. También podría ser, también podría ser, sí, pero siento que no.
Magali: Que lo confirme alguien que lo esté escuchando, a ver si es o no es el mismo rubro. Sí, puede ser. O sea, la diferencia aquí yo creo que sería que los diplomáticos se quedan durante un tiempo en algún país y luego se van moviendo, y esto es cada día un lugar diferente. Pero sí, me imagino que harán piña.
¿Y al final qué es?
Silvia: Perdón, ¿hacer piña en España es como hacer grupo?
Hacer grupo, sí, hacer grupo, pero un grupo muy cercano.
Magali: Exacto.
Silvia: Sí. Entonces yo imagino que los diplomáticos es más tipo como los expats, ¿no?, que hacemos piña fuera para sentirnos un poco más en casa.
¿Cómo se convive con la incertidumbre y se planifica igual?
Magali: ¿Cómo manejás vos la incertidumbre ante los cambios?
Silvia: Como te digo, es una cosa que no sé si es por cómo crecí o es algo innato en mí. Por un lado no me altera, pero por otro lado, depende de qué sea, soy un poco impaciente. Entonces tengo esas dos partes, ¿no?
Magali: ¿Y de qué depende?
Silvia: Depende de qué sea, de qué temas estemos hablando o de qué parte de mi vida. Pero por lo general no es algo que me altere, o sea, no me molesta la incertidumbre, no me importa.
De hecho, hay veces que incluso me gusta, porque en la incertidumbre también hay muchas posibilidades. Hay posibilidades infinitas, realmente, y a veces eso es lo que más altera a la gente, el tener tantas posibilidades, pero a la vez hay muchas oportunidades para crear algo nuevo o para repensar algo que se estaba haciendo. Y bueno, siento que lo importante también cuando haces frente a la incertidumbre y vas tomando decisiones o vas viendo las diferentes posibilidades que hay, es no pensar que las decisiones que vas tomando son 100 por 100 definitivas.
¿Sabes? Que puedas decir: ah, mira, este camino y este otro, o esta posibilidad, voy a probar un poco; esto me gusta, pues sigo, y si no me gusta, en algún momento de repente puedo cambiar. O sea, hay pocas cosas que digas que son súper definitivas y que si vas por aquí ya no hay vuelta atrás, ¿no?
Magali: ¿Y cómo conviven para vos, cómo se relacionan la incertidumbre con la planificación?
Uy, súper buena pregunta, porque a la vez sí me gusta planificar, pero me gusta planificar para luego hacer lo que me da la gana, ¿sabes?
Silvia: O sea, realmente me da tranquilidad. Por ejemplo, sí me gusta al principio de cada semana… Sentarme y ver qué tengo planificado para esta semana. Me planeo un poco por bloques: qué cosas tengo que hacer y cuándo las voy a hacer. Y eso me da un poco de orden y me… Y descarga un poco de mi mente todas estas cosas de «tengo que hacer esto» y «cuándo lo voy a hacer». Entonces lo pongo en un lugar: esto es importante que lo haga esta semana o la próxima semana, y más o menos lo voy encajando. Y así, cuando me viene el agobio de «ay, tengo que estar haciendo esto y no lo estoy haciendo ahora mismo», pues en vez de ir y hacerlo, que es también mi impulso natural, digo: ah, no, lo voy a hacer el jueves por la tarde, por ejemplo. Pero a la vez también dejo el espacio de que puede que, y lo más seguro es que, no se cumpla al 100 por 100. Entonces la planificación para mí es una guía, pero que se puede ir… Ir moldeando, porque no podemos predecir exactamente lo que va a pasar en una semana, y mucho menos en 1 año o en muchísimo tiempo. Entonces sí, tener una estrella del norte, ¿no?, que nos guíe un poco, pero que de repente el llegar pueda ser por diferentes maneras.
Magali: OK.
¿Qué riesgos hay detrás de una carrera en impacto social?
Magali: ¿Cuál dirías que es el mayor riesgo que tomaste?
En tu vida, puede ser personal o profesional.
Silvia: No sé, o sea… Hay varios momentos de mi vida donde tomé decisiones que me decían que no me iban a salir bien, pero para mí, pues lo dudé un poco al principio, pero al final se sentía tan bien que era lo que tenía que hacer. El primero, por ejemplo: yo desde ese momento que te digo que tuve cuando era más pequeña, de decir «¿qué estamos haciendo por estas situaciones injustas que hay en el mundo?», siempre tuve en mente el poder hacer algo, pero no sabía muy bien el qué.
A mi alrededor tampoco tenía ejemplos de personas que se dedicaran profesionalmente a esto. Entonces yo empecé a ser voluntaria los fines de semana o en verano en diferentes ONG y fundaciones, tanto en España como fuera. Y luego fui a la universidad, estudié Económicas y Empresariales internacionales, porque era lo que había que hacer si no querías ser doctor o ingeniero, o derecho.
Y fue una carrera maravillosa en la que aprendí un montón, y estudié 2 años en Francia, fue una experiencia maravillosa también. O sea que para nada me arrepiento, pero era un momento en el que todavía yo no sabía cuál iba a ser mi destino profesional. Yo me gradué de la universidad en el 2010, que es justo poco después de la crisis del 2008, y entonces el tema de los trabajos no estaba nada bien. Y entonces la mentalidad, por lo menos en ese momento en España, era: agarra el trabajo que te den, ¿sabes? Con suerte vas a tener trabajo.
Eso es una suerte. Y entonces, bueno, en ese momento tengo la gran suerte de que encuentro un trabajo en un lugar también fantástico e idílico, en una editorial de revistas, donde estaba trabajando en las revistas online, viendo toda la parte de publicidad online. O sea, era todo fantástico: yendo a eventos, nos regalaban cosas; entre ellas había revistas de moda, entonces regalaban de todo, ¿no?
Y entonces yo llegaba a casa y decía: pero es que esto… O sea, me veía proyectada hacia el futuro y decía: es que no me veo aquí, o sea, tiene que haber algo más. Ese fue mi momento «tiene que haber algo más». Tengo varios en mi vida, pero ese fue de los primeros.
Y entonces empecé a buscar cómo poder hacer algo más. Y bueno, encontré una beca y me fui a trabajar a Bruselas con una beca de la Comunidad de Madrid.
En temas de la Unión Europea. Y bueno, era una beca de 1 año, y cuando volví, ya dije: me voy a zambullir totalmente en el mundo del desarrollo social. Y ahí es cuando hice un máster y demás. Pero en paralelo a que estaba pasando todo esto, obviamente, primero, dejar el primer trabajo por una beca de 1 año: todo el mundo, pues, que estás loca, qué estás haciendo, dejar un trabajo fijo por esto. Y a la vez también estaba pasando, pues… Unas entrevistas con una empresa muy grande, global, para trabajar con ellos en Canadá. Y justo estábamos definiendo todo, me habían aceptado, estábamos haciendo todos los trámites de la visa y no sé qué, y mientras yo estaba con el tema del máster y era como: ay, es que me encantaría hacer el máster, pero en realidad no, tengo que irme con esta empresa que es súper sólida, que es súper tal. Y en esa como trifulca mental mía, realmente siento que… O sea, no sé qué decisión hubiera tomado, pero al final no salió la visa para ir a Canadá, y entonces fue como: esto es mi momento. No sé si es una señal o qué, pero yo lo sentía tan fuerte que dije: mira, esto no ha salido, voy a ir a por lo que yo realmente quiero intentar. Y bueno, fue un riesgo, porque todo el mundo me decía: de esto no puedes vivir, no puedes vivir ayudando a los demás; mejor gana mucho dinero en otro sitio y luego donas. Pero bueno, pues me lancé.
Tuve la suerte de poder hacer un máster. Luego tuve la suerte de que fui encadenando un proyecto con otro, y obviamente la vida tiene mucho que ver con la suerte, pero también con atreverse a seguir lo que uno siente, ¿no?
Magali: ¿De qué era la beca en Bruselas?
Silvia: Era una beca para trabajar en las oficinas de la Comunidad de Madrid ante la Unión Europea. Y básicamente era trabajar como becaria 1 año, recopilando información sobre nuevas políticas que estuvieran lanzando en temas de empleabilidad juvenil, temas de medio ambiente, de todo, sobre todo políticas sociales que pudieran… Servirle de alguna manera a la Comunidad de Madrid para poder aplicar a alguna de las políticas o de los programas que estuviera desarrollando la Unión Europea. Todas las provincias, o sea, perdón, las comunidades, no solo de España sino de todos los países de la Unión Europea, tienen también sus sedes ahí en Bruselas.
¿Qué rol juega la suerte en las decisiones de carrera?
Magali: OK. Y algo mencionaste, pero para vos, ¿qué rol juega la suerte en general en las decisiones que tomamos?
Silvia: Yo creo que juega una parte muy… Muy alta, muy grande, no sé si siempre.
Mi padre siempre me lo decía, lo voy a decir mal, pero al final las oportunidades en la vida aparecen porque estás preparado, porque estás trabajando mucho. Y luego más de la mitad es la suerte, pero tienes que estar preparado y haberlo trabajado, y estar abierto a agarrar esa suerte cuando pasa, ¿no? Pero sí, creo que si lo trabajas y vas detrás de ello lo suficiente… La suerte acaba apareciendo.
Magali: Claro. ¿Y por qué para vos este modelo que alguien te propuso, de trabajar, ganar mucha plata y después donar, es un modelo que a vos no te hacía sentido?
Silvia: En ese momento no. O sea, era algo muy interno. Yo no sabía por qué no me hacía sentido, pero no.
O sea, no lo entendía. O sea, ¿por qué, si lo que quiero es dedicarme a un objetivo concreto, voy a estar haciendo otra cosa para luego aportar a eso?
Y no lo quiero hacer en mi tiempo libre, lo quiero hacer, si puedo… Por eso vuelvo a mi definición de éxito: el éxito mío es poder vivir a través de eso y hacer lo que quiero, porque no voy a dedicar mi vida, mi energía, mis capacidades, mis habilidades a otra cosa que no es lo que yo siento que es lo importante. Entonces era más una sensación que otra cosa. Con el tiempo también… Y aprendiendo muchísimo, obviamente, me he dado cuenta de que además no funciona así, porque hay que intencionalmente ir cambiando un sistema que está un poco roto, o, no puedo decir un poco, muy roto en sí.
Si te metes en el sistema es para cambiarlo desde dentro, y si estás trabajando desde las organizaciones que están un poco en los alrededores tratando de cambiarlo, pues es otra opción, pero con una intención muy, muy clara de «quiero hacer el cambio». No quiero ganar dinero para entonces… porque…
Magali: Es como una paradoja: estás ganando dinero con el propio sistema que está creando esas desigualdades y estas situaciones injustas, ¿no?
Silvia: No siempre, voy a decir, porque… Pero en lo más tradicional y generalizado, obviamente, pues esto pasa así, sí.
Magali: ¿Te imaginás… De acá a 20 años involucrándote en política?
Que creo que esto es algo que hablamos en algún momento.
Silvia: Que la respuesta corta es no, porque desde siempre… Cuando empecé todo este camino de decir «quiero cambiar esta situación», mucha gente lo que me decía era que si de verdad quería cambiar esto, lo que tenía que hacer era meterme en política. Yo decía: no, no, no, yo en política no me quiero meter.
Y a día de hoy creo que sigo con ese pensamiento: no me veo metiéndome a militar o a hacer campaña o lo que sea. Pero la vida me ha enseñado a nunca decir nunca, porque muchas veces he dicho nunca y ha acabado pasando. Y sobre todo en estos temas, y sobre todo después de lo que hemos estado viendo en el programa en el que hemos estado juntas en Georgetown, de lo fuerte y lo impactante que es… El tener políticos que realmente quieran hacer un cambio, poder hacer el cambio desde dentro. Entonces, a día de hoy, no. Pero no te voy a decir que no.
¿Cómo se usa el fútbol para el desarrollo social?
Magali: OK, me parece válido. Silvia, ¿cómo terminaste vos en la industria del fútbol?
Silvia: Bueno, eso también, como cosas de la vida que se juntan y que nunca me podría haber imaginado. Yo, antes de fundar Coimpacta, estaba dirigiendo una organización que se llama Fútbol con Corazón, que es una organización maravillosa que lo que hace es promover habilidades socioemocionales a través del fútbol, pero lo hace de una manera… Muy intencional: las reglas del juego las han cambiado para que cada partido, cada entrenamiento, tenga un objetivo pedagógico. Y bueno, yo ayudé a la organización y al fundador a crear la sede de Panamá y luego, más adelante, en Estados Unidos. Y fue también por casualidades de la vida; yo tampoco es que sea una gran forofa del fútbol, pero a través de este proyecto sí me convertí en una, porque el fútbol tiene… Un potencial. Igual que tiene potencial de que pasen cosas horribles, como violencia, y que la gente se pelee y que haya separatismo y cosas así, también tiene el potencial para hacer todo lo contrario, si se hace de una manera intencional, ¿no? Pero bueno, yo llegué sobre todo por la parte de la educación. Yo, desde que empecé a trabajar en temas de desarrollo social, entré por… El sector educativo. Ahí es donde he desarrollado la mayoría de mi carrera, trabajando con escuelas y colegios en áreas rurales y urbanas, por un lado ayudando a mejorar las herramientas pedagógicas que tenían los docentes y demás, pero también a introducir de diferentes maneras la educación socioemocional, que tan importante es en el desarrollo de la niñez y la adolescencia. Entonces yo venía haciendo proyectos por ese lado y por ahí fue donde entré en la industria del fútbol, con Fútbol con Corazón. Ahí entré y ahí me he quedado.
Eso es lo más importante para mí: el fútbol para el desarrollo social, se llama.
Magali: OK. ¿Y qué aprendiste de la industria, de estar involucrada con el deporte?
Silvia: Pues la verdad que muchas cosas.
Tuve la oportunidad de conocer a futbolistas profesionales a nivel global, como a Messi. Bueno, no, tampoco tanto. Pero sí, y esto le va a gustar a tu audiencia: a la Brujita Verón.
Magali: Ah, mira, sí, sí. A la Brujita. Y la verdad que…
Silvia: Bueno, yo, siendo no forofa del fútbol, y perdonadme los que lo seáis, yo no sabía quién era la Brujita Verón antes de conocerle en este entorno. Y la verdad que, bueno, lo trajimos a Panamá a un foro que hicimos de fútbol para el desarrollo, y me sorprendió para bien el mensaje tan poderoso que traía de cómo usar el fútbol como una herramienta de transformación social, cómo él, desde su academia de fútbol, está haciendo que los que están en las canteras no dejen la escuela. Y tenía un lema que era, ay, no me acuerdo, era como «si no estudiás, no jugás» o algo, creo que era así. Porque para él era muy importante: él contaba su historia personal de cómo desde muy pequeño había entrado en el fútbol profesional.
Había sido de los pocos que habían logrado entrar entre los top, y muy rápidamente se fue a Europa, a diferentes equipos y demás, y él decía cuánto había necesitado el tener una base pedagógica o una base educativa más fuerte, ¿no? Y entonces él lo vivió en sí mismo y quiere que no les pase a otros jóvenes, y sobre todo no solo a los que llegan a futbolistas profesionales, sino sobre todo al 99,9 que se quedan por el camino, que tengan una alternativa si no logran ser futbolistas profesionales: que puedan seguir estudiando y tener una carrera profesional en cualquier otro ámbito.
Magali: Está bueno, me hiciste acordar al capítulo cuando vino Marina Díaz Ibarra, que ella trabajaba en Nike, en la sección de fútbol, y tampoco conocía de fútbol; tuvo que reunirse con Pep Guardiola, que tampoco sabía quién era, y le terminó preguntando cosas de tenis a uno de los mejores entrenadores de fútbol de Europa. ¿Qué cosas viste vos en los empleados cuando participan de trabajar en una empresa con impacto social?
¿Por qué en el sector social cuesta tanto cuidarse?
Silvia: ¿Quieres decir en general o en esta organización en particular?
Magali: En general, en tu experiencia, en distintos procesos.
Silvia: O sea, el mundo de… Por llamarlo de alguna forma, el impacto social, el desarrollo social, el sector social; hay diferentes maneras en que podemos definirlo. Pero organizaciones o profesionales que están dedicados plenamente a tener un impacto social positivo. Pues es muy particular, porque la mayoría de nosotros estamos ahí porque creemos en ello. Es algo muy vocacional. Creemos que un mundo mejor es posible, creemos que las diferentes situaciones de vulneración de derechos o de sufrimiento pueden ser cambiadas, y pueden ser cambiadas de una manera sostenible. Entonces es un… Un sector en el que estamos muy alineados, cada uno obviamente desde su parcela, desde su forma de pensar, porque hay de todo, obviamente, pero en que algo mejor puede pasar o puede existir. Lo que sí es importante, o lo que me he ido dando cuenta con el paso de los años, es que muchas veces desde fuera, y yo también lo viví, se ve como algo súper idealizado, ¿no? Qué bonito que trabajas en una ONG, qué bonito que…
Magali: Estás ayudando a los niños a…
Silvia: Ser futbolistas y ser mejores personas, no sé, lo que la gente entiende desde fuera, ¿no? Al final, cuando estás en el día a día, es como un trabajo cualquiera también; tiene sus altos y sus bajos. El objetivo obviamente es muy motivacional y vocacional y demás, pero el día a día también tiene sus tareas que no nos apetece hacer, o sus fuegos que apagar, o sus dificultades, obviamente, como cualquier otro trabajo. Y además tenemos el añadido de que estamos un poco remando a contracorriente, ¿no?, porque estamos intentando cambiar algo, que es el statu quo. Entonces tenemos una presión sobre nuestros hombros también muy fuerte, una responsabilidad, muchas veces autoimpuesta, muchas veces impuesta por los entornos, o como quiera verse.
Pero una responsabilidad de que si no hacemos bien nuestro trabajo, la gente sufre. O sea, el resultado de que hagamos bien o no nuestro trabajo puede ser que alguien duerma en la calle, que alguien no tenga comida esa noche u otra serie de dificultades, ¿no? Entonces es una presión muy fuerte. Y luego también está muy basado en, estoy hablando obviamente de generalidades, pero al final sentimos que cuando servimos a otros, como es vocacional, tiene que ser casi sacrificándose uno mismo, ¿no?, como que la otra persona necesita… Mucho más que yo. Entonces yo no puedo darme un espacio para mí porque la otra persona está mucho peor que yo. Entonces yo no puedo parar, y entonces se crea una cultura de trabajo que por un lado es muy bonita, porque estamos haciendo algo muy positivo para la sociedad y cuando hay logros pues son unos logros increíbles, pero a la vez también es una cultura muy desgastante, porque no nos ponemos límites de horarios, de nada. Trabajamos además… Obviamente con recursos súper limitados, no solo financieros, pero también lo que eso conlleva: que somos pocos por lo general, poco personal. Trabajamos con diferentes sombreros y cubriendo lo que serían varios puestos en una organización que tuviera más recursos.
Y trabajamos como desde esa…
Magali: ¿Un poco como mentalidad de la escasez, no? Entonces muy frenante.
Silvia: Sí, claro.
¿Hay margen de error cuando trabajás con vidas?
Silvia: Ajá. ¿Sabés que me hiciste acordar? Bueno, este mes en la comunidad Tiene que haber algo más, dentro del club de lectura, se eligió un libro que a mí me encantó, que se llama La psicología del dinero, de Morgan Housel, y hay una parte donde dice que las personas tomemos buenas decisiones todo el tiempo es como altamente improbable, pero hay trabajos donde siempre tenés que performar bien. Por ejemplo, un piloto no tiene mucho margen de error; un bombero o un médico en una emergencia tienen que performar bien. Un chef siempre tiene que hacer las cosas bien. Pero por lo general, en nuestros tipos de trabajo le tenés que pegar 6 de cada 10 veces, viste, como que algunas veces muy bien, otras más o menos. Sentí que… Hay ese margen de error. Si trabajas en un ámbito de impacto social, siempre tienes que estar performando al máximo. Siento que la cultura es que no hay margen de error, pero siento que está errado, porque es imposible. Somos seres humanos y en el hacer nos vamos a equivocar. Y hay que recalibrar y ver por dónde vamos, y por aquí no ha funcionado. Entonces obviamente se trata de buscar la máxima eficiencia y que esos márgenes de error sean los mínimos posibles, pero sí es importante que quienes trabajamos en esto sepamos que los va a haber, que es imposible que estemos al 200% todo el tiempo y que lo hagamos todo perfecto.
Y de hecho eso hace que no seamos autocríticos. No digo que el sector sea así, digo la mentalidad, en general, de que no podemos tener un margen de error casi que no nos hace ser autocríticos. Porque es como que esto ha estado bien porque tiene que estar bien, ¿no? Pero creo que es muy sano decir: tenemos un margen de error y podemos corregir y no pasa nada, porque obviamente con todas las… Y los planes de contingencia… En mente. O sea, no hay que hacerlo a lo loco tampoco, porque estamos hablando de vidas humanas y demás, pero aun así, con planes de contingencia, puede haber errores que pasen. Entonces ser conscientes de ellos, o por lo menos pensar en ellos, nos ayuda a poder prepararnos para cuando pase.
Magali: Claro. Porque estaba pensando que… Hay veces donde el peor escenario ya está dado: si no hacés nada, las cosas no cambian y ya están mal. Pero a la vez, si hacés cosas mal, pueden llegar a tener consecuencias muy negativas. Y se me ocurre este ejemplo: ¿viste cuando TOMS, las alpargatas, dijo «vamos a hacer un 2 por 1, por cada persona que compre alpargatas donamos unas en algún país de África», y destruyeron la industria de los zapatos?
Silvia: Sí, en los países.
Magali: ¿Cómo te sentís ante esto?
Silvia: Las consecuencias negativas que pueden llegar a tener, sí, y es algo que… Que me frustra bastante, porque siento que desde fuera del sector, otra vez entre comillas «sector social», muchas veces se ve como «ay, qué bonito, ay, qué bien, ay, pues que vayan los voluntarios», como un poco las obras, ¿no? Casi que la caridad. Y que el que no le apetece hacer nada está ahí trabajando porque no ha sido mejor profesional para hacer otra cosa. Y lo que es importante también… Sacar y hacer ver y visibilizar es que desde el sector social estamos cambiando… La sociedad, de una forma u otra. Estamos trabajando con individuos en cambiar situaciones, pues desde pobreza hasta de comportamiento, o sea, mil cosas. Y lo importante que es ser un buen profesional para estar haciendo algo así: no es cualquiera el que puede hacer este tipo de trabajo, ¿no? Y dentro del sector hay profesionales increíbles que están ahí a pesar de que de repente no están cobrando lo que cobrarían en una empresa diferente, porque ven el impacto de su trabajo. Y cuando dices tú que hay veces que podemos llegar a hacer más daño que bien… Creo que es uno de los juramentos que tienen que hacer los doctores. La primera parte del juramento es, perdón, voy a decirlo en inglés, «do no harm»: no hagas daño. O sea, eso es lo primero, lo básico de tu trabajo, «do no harm». Entonces, nosotros, desde nuestro sector, desde el trabajo que hacemos, eso es lo primero que tenemos en mente y que tenemos que tener en mente. Realmente… ¿Mi intervención aquí va a ayudar… O va a ser peor? ¿Mi intervención va a ser peor que la ayuda?
Y como es ese dicho: va a ser peor la cura que la enfermedad, ¿no? Entonces…
¿Cuál es la diferencia entre asistir y ayudar?
Silvia: Como que hay que quitarnos también ese sombrero… De salvadores o de héroes, de que llegamos aquí a ayudar a alguien que nos necesita, porque eso precisamente lleva a muchísimos errores. Lleva, por un lado, al tipo de relación que estamos creando: si llegamos con una mentalidad de salvador, es totalmente vertical, hay uno que ayuda y hay otro que recibe ayuda. Y por un lado estás denigrando a otra persona, le estás quitando su independencia, pero es que además no estás haciendo lo más importante de proveer ayuda, que es escuchar. Lo más importante de poder ayudar a alguien en cualquier entorno, sea desde tu trabajo, sea a nivel personal, es escuchar.
Hay un texto buenísimo de un cooperante italiano que se llama Cállate y escucha. Y es increíble: ahí explica súper bien su propia experiencia de cómo él llegó, como un italiano, a un país africano y dijo «yo aquí tengo todas las soluciones para ayudaros, y os voy a quitar todo este sufrimiento que tenéis», y al final no hizo nada, porque lo que estaba haciendo era traer soluciones de su país, de su cultura, de su ambiente, de su entorno, que ahí no funcionaban. Y cuando de verdad empezó a escuchar, a preguntar a la comunidad: ¿qué necesitáis?
¿Cuál es el problema? ¿Cómo os puedo ayudar? Desde ahí, desde una relación horizontal, desde una relación de humano, donde no hay uno que da y otro que recibe, desde ahí es donde realmente se puede hacer un cambio trascendental a nivel individual y a nivel global.
Magali: Ajá. ¿Este es el colega que dijo «chicos, acá es muy fácil, la solución tiene que ser ponerse acá en toda esta tierra a plantar no sé qué hortaliza», y después le dijeron «sí, esto ya lo intentamos, pero los hipopótamos se comen todo lo que nosotros plantamos»? ¿Es eso?
Silvia: Es que es un ejemplo de tantos. O sea, se ha repetido tantas y tantas y tantas veces que… Bueno, nos podemos reír, pero en realidad es desastroso.
Magali: Ajá. Total, total. Y también es subestimar a las personas. La gente no es tonta, o sea, ya probablemente se les había ocurrido que tenían que plantar cosas en esa tierra para solucionar su hambre.
Silvia: O sea, muchas veces… Y esto lo decía un jefe mío que me encantaba: las personas no son pobres, las personas están en un estado de pobreza, que es muy diferente. Entonces muchas veces una persona, para seguir con este ejemplo, que está en un estado de pobreza, lo que necesita… Para salir de ahí, a lo mejor lo sabe, pero no tiene acceso a ello.
Entonces tú, como persona, como organización que quiere apoyarla, lo primero que tienes que hacer es escuchar, porque a lo mejor lo que necesita es que le pongas en contacto con no sé quién, o que le ayudes a crear una empresa, o que le des un capital semilla, o mil otras cosas, en vez de «vengo y te doy la cesta de comida y te hago la fiesta de Navidad», ¿no? Que muy bien, muy divertido para ese día, pero ¿qué estamos haciendo?
O hago el súper proyecto súper financiado, pero con una cosa que, según yo, creo que es lo importante. Entonces esta manera de pensar también a nosotros, a quien quiera que esté proveyendo ese tipo de ayuda, nos pone en una situación de no poder recibir. Porque si tú te dices a ti mismo, bueno, nunca te lo vas a decir de esta manera, obviamente, pero si estás en una posición de salvador, de héroe, de lo que sea, siempre estás en una situación en la que das. Entonces no estás… Abierto a recibir, porque casi que no eres merecedor de recibir nada, porque yo estoy suficientemente bien para dar y no necesito recibir. Y eso es un error.
Y una forma de acabar con nuestro bienestar propio, porque toda la humanidad necesita recibir, pues desde cariño hasta espacios de restauración, hasta que le ayuden en algún momento. Entonces poder romper, desmitificar eso de que hay uno que da y uno que recibe, también nos ayuda a nosotros como… El que da, ¿no?
Magali: Ajá.
¿ONG o empresa social: qué modelo conviene para cada causa?
Magali: ¿Cómo te sentís vos cuando una misión quizás parecida puede ser implementada en forma de ONG, o sea, una organización sin fines de lucro, versus una empresa, por decirle B, con impacto social?
Silvia: Yo he trabajado de todo: empecé, como os he dicho antes, en empresa, luego estuve en el gobierno, luego en la fundación de una empresa, luego en una fundación global y luego en un emprendimiento social pequeñito, que era como una fundación más pequeña. Y depende. No te va a gustar mi respuesta, porque es «depende».
Mis respuestas siempre son «depende», nunca blanco y negro. Pero sí depende, porque hay ciertas situaciones en que sí tiene que ser una ONG, porque no va a poder lograr ser autosostenible financieramente, como quien dice. Entonces las ONG, por ejemplo, que trabajan más en temas… De ayuda humanitaria, por ejemplo, cuando entran en acción, cuando hay un terremoto, hay una guerra y situaciones así, en las que tienen que entrar en acción, necesitan tener el personal, necesitan tener… Los recursos y demás para poder aliviar esa situación. Entonces ahí es muy difícil que encuentren el balance financiero de «ah, bueno, pero yo compro aquí, pago». Pueden hacer de repente un híbrido, y lo ves en algunas organizaciones que a lo mejor venden calendarios, venden tazas o cosas así, pero realmente, por la naturaleza de lo que están tratando de abordar, es difícil, dentro de nuestro sistema económico global actual… Que sea algo autosostenible. Y como este, muchos otros ejemplos, ¿no? Pero hay otras causas u otros modelos que sí se pueden incorporar… Como por ejemplo una empresa social. Una empresa social… Es una organización cuyo objetivo, el objetivo de la empresa, es un objetivo social. Entonces, por ejemplo, nosotros en Fútbol con Corazón somos una empresa social. Entonces el objetivo de lo que hace la organización es social, porque es educar en comunidades…
Magali: ¿De derechos vulnerados?
Silvia: Pero al final, lo que nosotros tenemos es una metodología… De fútbol para el desarrollo que está empaquetada y se puede vender. Se puede vender a la persona que puede pagarlo y que se quiere formar en ese tipo de metodología para usarlo en su academia, en lo que sea. O se puede vender a estas comunidades, pero como esas comunidades no lo pueden pagar, metes a un tercero, y ese tercero es un inversor social. Entonces aquí también ves, con el tema de empresas sociales, que vamos cambiando un poco la narrativa y en vez de ser un donante, que un donante es como que está dando algo desde la caridad, es un inversor social: está invirtiendo en la sociedad, o sea… Su retorno a la inversión va a ser el impacto social que genere. Y eso ahora mismo está creciendo muchísimo a nivel global, también en todos los temas de inversión de impacto, de capital paciente, con Acumen. Entonces es entender cómo usar las herramientas que ya existen en el sistema económico actual, pero usarlas para un fin social. Y luego también tienes lo que estabas mencionando ahora, que son las empresas B, empresas que de repente su objetivo final no es social, es cualquier cosa, hacer botellas, por ejemplo.
No es un objetivo social como tal, pero quieren tener un impacto. O sea, ya de por sí todas las empresas, todas las organizaciones tienen un impacto, entonces quieren que su impacto sea positivo y empiezan a implementar una serie de medidas. Empiezan a revisar su sistema, sus protocolos, su cultura interna… Revisan todo para que realmente la huella que dejen a nivel medioambiental, a nivel social y a nivel económico sea positiva y no sea negativa.
Magali: Ajá, ok.
¿Cómo nació Coimpacta durante la pandemia?
Magali: Silvia, ¿cómo pasaste vos la pandemia?
Silvia: Yo la pasé en Panamá, y además fue una pandemia… Bueno, una pandemia, un encierro muy largo. Estuvimos 7 meses encerrados en Panamá, fue muy estricto… El encierro que tuvimos: solo podíamos salir 1 hora cada 2 días, como que los lunes y los miércoles salíamos las mujeres, los martes y los jueves los hombres. O sea, era una cosa horrible, y 1 hora solo. Fue muy fuerte.
Y bueno, pues yo tengo la suerte de que tengo un apartamento que está súper bien, y estaba con mi marido y con mi perro, y estábamos bien. O sea, teníamos comida, dentro de lo que cabe estábamos muy bien, estábamos en el lado privilegiado. Y yo en ese entonces seguía con Fútbol con Corazón, y fue un momento muy, muy fuerte, obviamente, también a nivel laboral.
O sea, tanto a nivel personal, de estar lidiando con todo esto de cuándo nos van a dejar salir, cuándo voy a poder volver a ver a mis padres, por ejemplo, cuándo voy a poder volver a España, porque estaban los aeropuertos cerrados, todo. Bueno, pues como todo el mundo, ¿no? Y yo, dentro de mi capacidad de navegar la incertidumbre, pues obviamente había momentos de decir: bueno, ¿qué va a pasar? Pero a nivel profesional, además, teníamos ese añadido de que las personas… Para las que trabajábamos, los beneficiarios de nuestros proyectos, ahora no solo necesitaban lo que ya les estábamos dando, sino más, porque de repente se estaban quedando sin trabajo los que tenían trabajo, no tenían acceso a salud, no tenían acceso a comida. Y entonces era como un constante reinventarse para ver cómo les ayudábamos, les apoyábamos. O sea, las organizaciones que no somos de ayuda humanitaria nos convertimos un poco en ayuda humanitaria y, a la vez, había que ver cómo seguíamos dando… Esos programas que nosotros ya teníamos, pero de una manera virtual, remota, a distancia. Y empezamos a apoyarles mucho también en toda la parte de salud mental, que creo que de las cosas que nos ha dejado la pandemia es empezar a visibilizar la importancia de hablar y de tener herramientas de salud mental.
Magali: Ajá. ¿Y cómo te impactó toda esta triple presión?
Silvia: O sea, para mí fue un momento de mucha reflexión interna. Yo siento que de cuestionarme muchas cosas y de conocerme también más a mí misma. Fue un momento en que además tuve la suerte de tener una coach, como que cuadró perfecto, y por arte de magia justo tuve una coach en esa época. Nunca hubiera pensado que la iba a necesitar tanto como la necesité, porque yo nunca había hecho antes un proceso de coaching. Y fue a la vez… Como decía antes, de mucha incertidumbre, pero también de mucho descubrimiento. Y no sé, escribía mucho. Ahí aprendí lo importante que es, o lo que le ayuda a uno, poder escribir lo que estás pensando, lo que estás sintiendo, aunque no tenga sentido, simplemente echarlo en un papel, y te olvidas, y a lo mejor luego vuelves, a lo mejor no. Pero el poder plasmarlo por escrito ayuda a ordenar mucho las ideas.
Y eso, también tener este momento de decir: ¿y yo qué necesito? Porque estaba súper agobiada con mi equipo: cómo va mi equipo, cómo ayudo a los beneficiarios. Los últimos años de mi carrera habían sido así, pero esto era como exponencial, ¿no? Y llegó a un punto en que fue como: no puedo más. Estoy agotada, y en un agotamiento mental y emocional.
Y entonces, gracias a tener una coach, empecé a entender situaciones, cómo me estaba tratando, cómo yo no me estaba dando espacio para mí.
Y también empecé a cuestionarme. Digo: pero ¿seré la única rara que se siente así?, ¿sabes? Porque yo veía que todo el mundo seguía, y decía: pero ¿seré la única que se está sintiendo como que no puede más, que se quiere meter en un hueco y no salir? Y entonces empecé a llamar a colegas, a directores de otras ONG… A otros emprendedores sociales por todo el mundo, realmente, y a preguntarles: ¿tú cómo estás? No tu proyecto, no tus beneficiarios, sino tú: ¿tú cómo estás? ¿Cómo te sientes? ¿Cómo estás llevando esto? Y salieron conversaciones muy duras, pero muy, muy transparentes, muy honestas y muy sanadoras también, porque al hablarlo y al encontrar que hay otra persona que de repente está sintiéndose así, también te sientes un poco aliviado, y puedes empezar a entender a lo mejor qué te estaba pasando, ¿no? Entonces sí, para mí fue un momento decisorio, de decir: ¿qué estamos haciendo y cómo podemos hacerlo mejor?
Y ahí fue donde empezó la idea de Coimpacta, que realmente es, por un lado, sensibilizar sobre la importancia de darnos espacios para cultivar nuestro bienestar, para restaurarnos y para seguir creciendo y desarrollando nuestras habilidades personales, en particular los profesionales de cambio social.
Entonces, sensibilizar, pero también traer todo ese mundo que hay fuera de herramientas, de expertos, de metodologías que ya están comprobadísimas a nivel científico, que funcionan y que podemos usar, pero que muchas veces no llegan a nosotros porque estamos en otra cosa, o porque no tenemos los recursos para pagarlo, o porque ni siquiera sabemos que existen. Entonces, canalizar todos esos recursos a este sector en particular de profesionales que necesitan estar muy bien, para primero ser felices ellos, y segundo, seguir haciendo el maravilloso y tan necesario trabajo de transformación social que están haciendo. Porque necesitamos que sigan trabajando durante muchos años más, porque el tipo de objetivos y de proyectos en los que trabajan son a largo plazo. Entonces necesitamos realmente entender, como sector y como humanidad… Yo por ahora me estoy centrando en este sector, pero como humanidad también, que tenemos que darnos estos espacios de bienestar, de desarrollo personal, y que es la única manera de verdad de poder seguir aportando a los demás.
Magali: Ajá.
¿Cuáles son los síntomas del burnout y cómo evitarlo?
Magali: Esta situación que nos mencionaste, la de querer meterte en un hueco y no salir más… No sé si es este caso, pero podría llegar a ser el quemarse, en español, o el burnout, en inglés, que lamentablemente es muy conocido, sobre todo por la pandemia. ¿Qué señales viste en vos o en otros colegas, por si alguien está pasando por una situación parecida y puede decir «acá hay señales, o hay un patrón que se repite con lo que yo estoy sintiendo»?
Silvia: Pues sí. Yo en ese momento no lo sabía, pero después, cuando ya empecé a aprender sobre esto, entendí que lo que tenía eran síntomas de burnout, precisamente lo que estás diciendo, ¿no? Y en español lo traducen como agotamiento mental y emocional, pero también se conoce con su anglicismo.
Pero sí, es importante que se está hablando más sobre ello, que muchas personas están empezando a conocer que existe, y también que puedan darse cuenta ellos mismos de que de repente eso es lo que están sintiendo, para poder tomar acción, ¿no?
Algunos de los síntomas de burnout tienen que ver con, por ejemplo, lo que decía de estar agotado, pero es un agotamiento intrínseco que… Que no puedes dormir y que se te quite, o sea, es un agotamiento incesante. También tiene mucho que ver, por ejemplo, con la frustración y la insatisfacción con tu trabajo. De repente, lo que antes te encantaba y te motivaba, ahora te molesta o incluso te da igual. Hay mucha apatía también.
Magali: También puede ser como la impaciencia, ¿no?, como de pronto estar mucho más alterado y que te molesten muchas más cosas que, en un contexto más emocionalmente neutro, no te sacarían tanto de quicio.
Silvia: Exacto, sí. O sea, como que de repente, donde antes estabas en una situación en la que estabas contento, bien, satisfecho, de repente todo te saca de quicio. También hay mucha pérdida, por ejemplo, de la empatía, incluso de la conexión con otras personas, porque te sientes tan, tan mal que te da igual todo, ¿no? Y es especialmente… Dañino, obviamente, en aquellas personas que trabajamos con otras personas, porque al final esto no es algo que solo lo sufrimos nosotros, sino que lo pueden sufrir… Otras personas también. Hay un abanico de diferentes síntomas que puede haber, y hay diferentes niveles. Tú puedes estar en los niveles incipientes de burnout o puedes ya estar completamente metido en burnout, y dependiendo del nivel en el que estés puedes hacer una intervención para poder ayudarte, ¿no? Pero también, por ejemplo… Bueno, obviamente estrés. Hay muchísima dificultad para, perdón, dificultad para concentrarte. Incluso puedes tener síntomas físicos: te puede doler la cabeza, te puede doler el cuello, puedes sentir unas palpitaciones súper fuertes. Y también te puede afectar mucho a nivel de tu autoestima, de sentir que no vales nada. Pueden ser unos síntomas u otros, no hace falta que sean todos; a partir de ser varios de ellos ya se considera que tienes ese síndrome.
Pero sí hay una manera de salir de ahí, y hay una manera también de evitarlo. O sea, no hay que caer en el síndrome de burnout porque sí, no es inevitable, hay ciertas cosas que se pueden hacer para… Para no caer ahí.
Magali: Bien. Igual, si alguien se siente así, recomendación: ir a hablar con un médico o con un psicólogo para ver cómo salir de esta situación. Pero contame qué cosas se te vienen a la cabeza para, uno, evitar llegar ahí, o dos, para salir.
Silvia: Sí, por supuesto. Sobre todo, si esto ya está en los niveles más altos de burnout, lo más importante es ir a ver a un profesional y que desde ahí nos ayuden también a reorganizar un poco cómo queremos hacer frente a esta situación.
Pero si estamos en unos momentos incipientes, o si queremos incluso evitarlo, tiene mucho que ver con nuestros hábitos de vida. Pues, por ejemplo, con la sobrecarga de trabajo, lo que hablábamos antes de ponernos límites, a lo mejor ponernos horarios. Hacer pausas durante el día es tan importante: podemos trabajar en bloques de varias horas, pero poder hacer varias pausas y que podamos salir a dar un paseo… Llamar a un amigo, tomarnos un café. O sea, no hace falta que sea una cosa súper dramática, pero sí poder ir cortando y renivelando un poco nuestro sistema nervioso, y dejar que descanse un poco nuestro cerebro. También la actividad, el ejercicio físico es súper bueno, nos ayuda muchísimo a eliminar estrés, a soltar todo lo que tiene el sistema nervioso acumulado. También el pasar tiempo con seres queridos. Ahora en España hay una psiquiatra que se llama Marian Rojas Estapé, que tiene un libro muy conocido que se llama Encuentra tu persona vitamina, y entonces este término de persona vitamina se dice mucho: pasar tiempo con tu persona vitamina o tus personas vitamina, que son quienes te recargan de energía, te llenan, te rebalancean.
Es muy importante: el bienestar también es muy social, de poder estar con otras personas. Y bueno, también promover hábitos saludables de comer bien, de descansar bien, de poder desconectar el fin de semana, de poder de vez en cuando tomarnos vacaciones, y realmente tomarnos vacaciones, que el tema del teléfono a veces nos evita desconectar del todo. Y qué importante es poder desconectar, porque realmente eso luego nos va a ayudar no solo a no caer en burnout, sino además a ser más productivos, a estar muchísimo mejor concentrados y demás.
Entonces, bueno, eso es un poco, de manera muy general, cositas que se pueden ir haciendo. Sobre todo, ir sintiendo uno qué le pide el cuerpo, qué le sienta bien, e ir creando su semana, su vida, alrededor de esos hábitos que le sientan bien para recargarse. No llegar al límite, cuando ya no puedo más, estoy agotado, para hacer algo, sino que sea una cosa más constante, ¿no?
¿Por qué cuesta tanto priorizar la salud mental?
Magali: Está bueno, porque son todas cosas que… Que suenan como básicas, viste, como que todos sabemos que tenemos que desconectar, y el celular, y comer bien. Todos lo sabemos, nadie lo hace, y también es muy difícil implementarlo cuando estás en ese momento. ¿Por qué creés vos que sigue siendo un tabú hablar de salud mental?
Silvia: Por muchísimos motivos, y yo creo que en cada cultura o en cada entorno puede tener sus porqués más específicos. Pero creo que una de las causas es la cultura en la que vivimos ahora, del hacer, hacer, hacer, hacer. Entonces ya de por sí la cultura de trabajo en la que estamos, de trabajo sin parar, de que el descansar es una pérdida de tiempo… De que la mente es mucho más importante que, por ejemplo, las emociones o el cuerpo. Es como que toda esa cultura hace que dejemos de lado esto, y el tema del bienestar es algo como blando, y el tema de la salud mental es muy blando.
Las emociones siguen siendo vistas como «ah, no, es que hay que ser una persona racional; si tienes emociones es que eres débil, o eres un histérico». Y entonces no nos damos cuenta de que, y hay una frase muy buena que me encanta, que dice: «no somos seres racionales con emociones, sino que somos seres emocionales que razonan». Y entonces, hasta que no nos demos cuenta de eso, siento que no le vamos a dar el espacio a la salud mental.
Y también, al darle espacio a la salud mental, nos tenemos que cuestionar muchas cosas de nuestras vidas, del día a día, de cómo hacemos las cosas, de la cultura de trabajo que hemos creado, de las narrativas que nos contamos… En los diferentes ámbitos que tenemos.
Entonces en el corto plazo es más fácil ignorarlo, como que «ah, bueno, vamos a seguir, aquí seguimos, trabajo, trabajo, trabajo, y haciendo, haciendo, haciendo», ignorando las señales que nos está dando el cuerpo, las emociones, el cerebro. Pero llega un punto en el que no lo vamos a poder ignorar más. Y una de las cosas buenas que nos ha dejado la pandemia es que se está hablando mucho más de salud mental. Se está viendo que la salud mental no es un tema solo para personas que tienen una enfermedad mental, sino que es para todo el mundo. Y hay una definición, la más básica que hay de bienestar, que es estar bien. O sea, el bienestar es estar bien, y no es lo contrario de estar mal, porque entre estar bien y estar mal hay un espacio en el que no estamos ni bien ni mal. Entonces, el poder llegar a eso, al bienestar, no solo no tener una enfermedad mental, eso es salud mental y eso es bienestar.
Creo que hay muchos expertos que hablan de que estamos viviendo ahora mismo una etapa en la que poco a poco vamos a darle más espacio a temas de salud mental, a entendernos mejor a nosotros mismos y a entender la conexión mente cuerpo. Bueno, espero que eso pase.
Magali: Sí, coincido con vos en esto de la narrativa de «sos débil». Creo que esto importa poco hasta que te pasa a vos, o ves que esa persona que de pronto trabajaba 12 horas por día, 6 días por semana, le agarra un ACV… A los 35 años, y ahí decís: «ah, ¿tendrá algo que ver este estilo de vida pésimo que yo estoy llevando, este nivel de estrés ridículo?».
Silvia: Que sobre todo pasa mucho en los trabajos, sin que sea de impacto, en muchos tipos de empresa donde no tienen una cultura muy positiva con sus empleados.
Magali: ¿Qué es para vos lo más difícil de llevar con Coimpacta en el día a día?
Silvia: Practicar lo que predico, ja.
O sea, lo digo riéndome, pero es verdad. De verdad, el poder darme esos espacios para mí. Cuando empecé este proyecto, esta iniciativa, hablé con otro emprendedor social que lleva muchísimos años emprendiendo y que ha sufrido de burnout varias veces, y le conté mi historia y que también había sufrido burnout, y me dijo: «¿cuánto tiempo te has tomado entre que lo has tenido y ahora empezar?». Y digo: «bueno, pues solo un par de meses». Y me dijo: «cuidado, porque puedes volver a caer». Y entonces muchas veces me lo recuerdo, digo: cuidado, y practica lo que predicas, ¿no?
Y no sé si lo he comentado antes, pero el bienestar es un camino constante. No es un objetivo al que llego ya y tengo bienestar, es una cosa que estamos trabajando día tras día. Entonces yo en mi día a día también trato de ser muy consciente de tener mis espacios de pausa, de realmente ponerme objetivos realistas, no la lista gigante de millones de cosas que hacer, de tener mis pausas y salir a pasear con mi perro y mi marido… A la naturaleza, que es lo que más me recarga. De poder hacer cosas que me gustan, de también nivelarme un poco. Y hay días que sí, y hay días que de repente pues no paro y no me ha dado tiempo a hacer ejercicio, no me ha dado tiempo a salir a dar un paseo, y tampoco juzgarme por eso. Hay días y días: hay días en los que uno tiene más energía y puede darle con todo, y hay días en los que necesitamos llevar otro ritmo. Pero sí, lo más importante es ir sintiendo más o menos lo que necesito en cada momento.
Una de las cosas que he aprendido, y lo aprendí yo creo con la pandemia, es el tema de tener mañanas más lentas. Yo por la mañana soy muy lenta, y eso me ha ayudado mucho, porque no soy una persona de la mañana. Y yo al principio me fustigaba a mí misma diciendo: no, porque la gente más productiva se levanta a las 5:00 de la mañana. Y me dolían hasta los huesos.
Y entonces, pues no significa trabajar menos, simplemente es que muevo un poquito más mi horario. Por la mañana, pues salgo a dar un paseo, me hago mi café, me hago mis estiramientos, empiezo con tareas un poco más mecánicas, más tranquilas, y de ahí ya me meto en mi momento de flow, que puede llegar hasta las 8:00 de la noche. Entonces también siento que para mí ha sido muy importante conocerme a mí misma: mis niveles de energía, lo que me sienta bien, cómo me gusta trabajar. Y también, bueno, ahora mismo que me lo puedo permitir y hacer este tipo de horarios, ¿no?
Magali: Me acuerdo de uno de esos primeros días, cuando estábamos las dos en Washington.
Con esta rutina de levantarse temprano, de prepararse, de vestirse con la camisa, el maquillaje y la ropa formal, llegamos a la parada del bus, nos miramos las dos con los ojos medio cerrados y fue como: somos del mismo equipo, esto no nos funciona, viste. ¿Te reconocés?
Silvia: Sí, en el grupo había gente a la que le salía mejor, gente que estaba bien, como: vamos. Y estábamos tú y yo como: ay, no puedo.
Y si hacía frío, que era peor.
Y sí. Y luego por la tarde estábamos nosotras a tope, tú haciendo tus sesiones con la comunidad, en tu pleno apogeo. Y es así, y no hay que juzgarlo ni intentar ir en contra de eso, hay que aceptarlo. ¿Hay beneficios en los dos tipos de personas? Sí, sí, total.
Magali: Contanos un poco mejor cómo es el modelo de Coimpacta. ¿Cómo funciona?
Silvia: Bueno, pues en Coimpacta trabajamos de dos maneras, fundamentalmente. Una: tenemos una comunidad online.
Donde profesionales de cambio social pueden acceder mediante una membresía mensual o anual, y al ser miembros de la comunidad tienen acceso a diferentes actividades y eventos. Entonces, por ejemplo, cada mes recibimos a un experto internacional que nos trae una herramienta, una metodología o un aprendizaje nuevo alrededor de temas de bienestar, o nos hace una sesión de bienestar como tal, algo restaurativo, algo que nos ayude. Y luego también tenemos sesiones entre pares, de diferentes conversaciones, para poder hablar entre nosotros de lo que está en el día a día, poder compartir buenas prácticas, poder desahogarnos.
Ese sentido de comunidad. Y también tenemos acceso a una plataforma con todas estas herramientas y estos diferentes cursos que vamos dando cada mes. Y luego, cada mes también tenemos herramientas de diferente tipo, desde test de autoevaluación hasta actividades que pueden hacer con sus equipos o con ellos mismos, ideas, y pequeños recordatorios: acuérdate de ti, esta es una manera en la que puedes restaurar tu semana, esta es una manera en la que puedes conectar mejor con tu equipo. Entonces la comunidad online es una de las maneras en las que trabajamos. Y luego, por otro lado, también trabajamos directamente con organizaciones en proyectos más personalizados, donde nos dicen cuáles son sus necesidades y nosotros les ponemos en contacto con diferentes expertos.
Se organiza un proyecto alrededor de esos resultados que se quieren obtener, y entonces trabajamos directamente con el equipo en ese tipo de habilidades o de temáticas, ¿no?
¿Qué deja un programa de liderazgo como el de Georgetown?
Magali: ¿Cómo fue para vos haber pasado por este programa de Georgetown?
GCL, que es un programa de competitividad y liderazgo global. ¿Qué te brindó a vos esta experiencia?
Silvia: Mira, hoy creo que acaba de pasar un mes desde que volvimos, puede ser.
O casi, dentro de poco va a pasar un mes. Entonces siento que fue tan intenso… Fueron 3 meses tan intensos, de tanta información, de tanta experiencia, de tantas lecciones, que con el tiempo voy a seguir digiriendo y desgranando lecciones y cosas valiosas que me ha dejado.
A día de hoy, y no lo digo porque seas tú, pero…
A día de hoy, lo más importante que me ha dejado es la comunidad, o sea, quienes estaban en esa cohorte, mis compañeros. Ese ha sido el mayor y el mejor regalo que he podido tener de este programa, porque realmente es como encontrarte con tu comunidad, encontrarte con gente que te entiende, que estamos en un camino similar, poder apoyarnos en este difícil camino de ir creando algo. Entonces, bueno, yo hoy estoy aquí hablando contigo como si nos conociéramos de toda la vida, y eso es algo súper especial que me ha dejado. Pero bueno, algunas lecciones que puedo decir a bote pronto del programa: para mí, de forma general, ha sido súper positivo, creo que ha sido súper completo. Y hemos tenido acceso a unos…
Profesores, o unos ponentes súper…
Potentes, por decirlo de alguna manera, que están ahora mismo haciendo cosas en cuanto a temas de políticas públicas y de cambiar la situación de Latinoamérica. Entonces, por ese lado fue buenísimo.
Me ha dado en general más ganas de seguir. Ya llegué con ganas de querer hacer mis cosas, pero el tener esta comunidad de gente increíble que estaba haciendo cosas espectaculares, y luego todas las clases y las herramientas que nos daban, era como: hay tanto que hacer y hay tanto que podemos seguir haciendo, y nosotros lo podemos hacer, ¿por qué no? Entonces creo que eso es una lección bastante básica, pero cuando estás en este camino de emprender es muy importante que te den esas herramientas para poder saltar o…
Taladrar tu camino a través de esos obstáculos que van apareciendo. Un tema que me gustó mucho también que saliera es cómo tomar decisiones basadas en tu integridad y tus valores. Era algo muy recurrente dentro de las clases, sobre todo cuando hay que tomar decisiones muy difíciles. Y creo que eso nunca hay que dejar de aprenderlo. Nunca hay que dejar de recordárnoslo: lo importante que es conocer tus valores y actuar según tus valores, porque hay muchas veces que, en las decisiones más importantes de nuestras vidas…
No va a haber una manera correcta o incorrecta de hacerlo, y la manera correcta va a ser seguir tus valores y seguir esa integridad tuya.
Magali: Para mí eso se va aprendiendo cuando los cruzás.
¿Entendés? Te das cuenta: esto no estuvo bien, no iba por acá.
Silvia: Creo que sí, ir haciendo cosas y sumando experiencias, porque cuando empiezas no sabes cuáles son tus valores. Sí, sí. O sea, con una hoja vacía, ponerte ahí, puedes intentarlo, puedes poner las cosas que para ti son importantes. Hay un ejercicio muy bonito que te hace recordar momentos en los que te sentiste bien, satisfecho, reconocido, que te sentiste lleno, y entonces ir escribiendo esas diferentes memorias, situaciones que has tenido, y luego ir reconociendo qué valores tienen en común esas diferentes situaciones, ¿no?
¿Qué es lo que destaca? Y ahí ir pudiendo poco a poco sacarlo. Pero sí es una cosa que se va aprendiendo, y pueden ir cambiando con la vida, no es una cosa que esté escrita en piedra para nada. Pero sí saber eso y tener esa confianza en uno mismo de…
De poder dejarte guiar por ahí.
¿Qué es lo más difícil de emigrar?
Magali: Ok. Ahora, yendo en retrospectiva, después de tantos viajes, ¿qué dirías que fue lo más difícil de emigrar de España a Panamá? Además de, asumo, el pan con tomate.
Silvia: Esa es la tragedia. Guau, o sea, has dado en el clavo, porque lo que más echo de menos es el pan con tomate.
Ay, pues es que, fíjate, fue hace ya 9 años. Es muy fuerte. Y antes de estar en Panamá he vivido en otros lugares, pero obviamente en ningún otro tanto tiempo como aquí. Creo que lo de siempre, ¿no? El estar lejos de tu familia y tus amigos, perderte momentos importantes de la vida de tu familia y de tus amigos. Y sobre todo aquí, que estoy tan lejos, ¿no? Entonces no estás en el día a día, pierdes un poquito de ese lado.
Pero hay una frase muy bonita, a ver si la encuentro, que la tengo aquí. No sé quién lo dice, pero lo escuché una vez y me encantó. Es un poco melancólica, en realidad, pero dice: nunca volverás a estar completamente en casa, porque parte de tu corazón siempre estará en otra parte. Ese es el precio que pagarás por la riqueza de amar y conocer gente en más de un lugar. Y me siento súper identificada con eso, porque mi corazón ha crecido. No es que haya menos de mi corazón para España o para toda la gente que hay en España, sino que ha crecido y tiene espacio para mucha más gente, pero a la vez está dividido en diferentes lugares. Entonces, a la vez…
Es súper enriquecedor. Y a la vez, pues siempre voy a estar echando algo de menos, esté en un sitio o esté en otro.
Así que, pero bueno, tengo la suerte de que puedo ir de vez en cuando a España y de que…
Y de que tenemos esto, tenemos Zoom, tenemos todas las herramientas para poder seguir súper en contacto. Yo no sé cómo hacían antiguamente con las cartas y todo eso. Eso sí que eran valientes.
Magali: Claro.
¿Cómo fue para vos la experiencia de adoptar a tu perro Poncho en Panamá?
Silvia: Sí, pues fue súper especial. Poncho es un perro panameño, es de aquí, de la zona de Juan Díaz, de la Ciudad de Panamá.
Pues yo de toda la vida quería tener un perro, pero bueno, en casa imposible, no podíamos. Y entonces me casé en agosto de 2019, y ya llevaba un rato hablando con mi marido: oye, ¿por qué no adoptamos un perro? Vamos a adoptar un perro. Y me decía que no, que es súper difícil, porque además nosotros viajamos un montón. Y es verdad: vamos a España, tenemos otros viajes.
Pero yo seguía una página en Instagram que se llama Adopta, no compres, y de repente un día salió Poncho. Entonces se lo mandé a Ricardo, mi marido, que siempre me decía que no, y de repente vio a Poncho y dijo: vamos a verlo. Y yo me quedé en shock, le digo: ¿cómo que vamos a verlo? Si sabes que si vamos a verlo nos lo vamos a quedar.
Y dice: no, vamos a verlo, a ver cómo es el feeling. Vamos a charlar y a ver cómo nos cae. Porque además ni él ni yo habíamos adoptado un perro, y Poncho ya era un adulto: estiman que tenía como 2 años. Y también teníamos la duda de cómo será adoptar a un perro ya adulto, que viene con sus traumas y sus cosas. ¿Seremos capaces de hacer esto? Y nada.
Y lo fuimos a ver a una casa de acogida.
Y fue increíble. Desde el primer momento, cogí la correa, agarré la correa, y se me puso al lado. Y fue, no sé, súper…
Como un bonding directo. El pobrecito estaba aterrorizado en general, no miraba a los ojos, pero se me pegó.
Y nos fuimos a pasear y estaba tranquilo paseando con nosotros. Ese día no nos lo podíamos llevar, pero cuando llegamos a casa fue como: sí, no sé lo que vamos a hacer, pero tenemos que adoptarle. Y nada, cuando le adoptamos…
Nos recomendaron que contratáramos a un entrenador, simplemente porque era un perro callejero que llevaba años viviendo solo en la calle, y para que nos entendiera, que entendiera qué le estábamos pidiendo. Y entonces aprendió los típicos comandos súper básicos: sit, ven… Bueno, ven lo hace cuando le da la gana, pero lo básico. Y de ahí, ha sido paciencia y amor. Realmente lo que me ha enseñado mucho tener a Poncho es la capacidad de cambio.
Que tenemos los seres vivos, ¿no? Que el tiempo todo lo cura. Por mucho que él venía con sus cositas, el amor también. Y bueno, pues aquí está Poncho, aquí a mi lado.
Magali: Bien, ¿qué es algo que no nos podamos imaginar de vos, con todo lo que contaste hasta ahora?
Silvia: Ay, ¿qué es algo…? Bueno, no sé, que me encanta bailar.
Ja, que me encanta bailar. Hice la carrera de ballet, la de flamenco y he hecho contemporáneo, he hecho salsa, todo tipo de bailes. Y cuando empecé a entender más de estos temas de bienestar, me di cuenta: es que a mí bailar me da bienestar, me llena de energía. Aparte de ser un arte y de ser algo que de repente los demás disfrutaban cuando yo hacía alguna presentación o lo que sea, yo lo disfruto muchísimo.
Entonces hoy en día ya lo hago más a nivel personal que otra cosa, pero hay veces que estoy en mi casa, me pongo música y me pongo a bailar, feliz de la vida, como me salga. Y también es encontrar eso: algo que antes hacía de una manera más estructurada, con una coreografía, ahora lo hago de otra manera y me sigue aportando muchísimo. Así que no sé si esa es la sorpresa que buscabas.
Magali: ¿Qué más te ha aportado haber pasado por…
Estudiar profesionalmente danza, para la vida no artística?
Silvia: Pues me dio muchísima disciplina. Yo de pequeña salía del colegio y tenía que llegar rápido a casa, me cambiaba, merendaba si me daba tiempo, hacía un poco los deberes y salía corriendo a mis clases. Tenía 3 horas de clase cada tarde, más o menos, y esa limitación de horas también me hacía ser mucho más disciplinada en cuanto al uso de ese tiempo, ¿no?
Magali: Esa es la ley de Parkinson: vamos a usar todo el tiempo disponible para hacer las cosas. Entonces, si vos tenías la tarea…
Para esa misma tarea, ¿tenías toda la tarde o tenías 1 hora? La ibas a resolver igual, pero si no, ibas a usar todo el tiempo disponible para hacer lo mismo.
Silvia: Eso es así, totalmente, porque luego, cuando tenía más tiempo, me tardaba todo ese tiempo que tenía. Entonces sí, creo que obviamente hay disciplina. Creo que también mucha conexión con mi propio cuerpo.
Estar más consciente de mi propio cuerpo, de mi postura.
Que a veces no parece algo básico, pero no siempre le damos…
Tanta importancia, sobre todo cuando estamos…
Cuando vamos creciendo, cuando vamos siendo adolescentes y demás. Y siento que es súper importante.
Magali: ¿Y por qué no quisiste dedicarte a la danza como profesión?
Silvia: Ay, me hubiera encantado, era como un sueño frustrado. No me atreví en su momento, y también porque era demasiado riesgo en ese momento, ¿no? Y siento que…
Ahora, conociéndome más, y con mi definición de éxito a día de hoy, en realidad digo: hice bien, ¿no?, yéndome por ese camino. Pero sí, en un momento dado me encantaba, y no solo bailaba, sino que hacía teatro también. Entonces para mí un sueño era hacer presentaciones en Broadway, ¿sabes? Pero bueno, lo que te digo: al final no hace falta que sea o tu carrera profesional o nada. Ahora de mayor también he hecho teatro, por ejemplo, en un teatrito que hay aquí, en una zona de Panamá, y me lo pasé increíble, me quité también la espinita por ahí. He hecho otras presentaciones de baile de mayor que también me han revalidado que no querría haber sido bailarina profesional, pero que me quité la espinita y me lo pasé fenomenal.
Entonces es ir viendo lo que quieres en cada momento.
Magali: Claro. ¿Qué es algo que te gustaría hacer antes de morir que todavía no hayas hecho?
Silvia: Guau, ¿hay algo que me gustaría hacer antes de morir? Ay, pues muchos viajes más. He hecho muchísimos, pero quiero seguir, ¿no?
Magali: ¿Qué te falta?
Fíjate, no te creas que tengo algo así en mente que me venga rapidísimo.
Está bien, seguir viajando. Aburrida.
Silvia: No, pero porque ya me tiré en paracaídas, como los típicos que ya he hecho check. Ay, qué horror, lo voy a pensar, lo voy a pensar y te lo voy a decir, luego lo pones a pie de página.
Perfeccionismo, empatía y aprender a decir que no
Magali: Perfecto. Bien, ¿qué es algo que pensás distinto al común de la gente?
Silvia: Ay, creo que…
Varias cosas, pero sobre todo…
Ay, mira, que…
No tienes que estar de acuerdo con una persona.
Para aceptar lo que dice o aceptar su opinión. Entonces, no sé, yo soy una persona súper empática y me viene dado el entender una situación.
O el ver una situación desde varios puntos de vista. Lo hago sin querer, incluso, y a veces frustra a mucha gente, porque hay veces que, aunque yo esté más por una posición, de repente me pongo desde la otra y digo: ¿y si…? ¿Qué pasa si…? Aunque no lo acepte, aunque no esté de acuerdo con ello. Pero creo que sí, que poder simplemente aceptar que hay opiniones diferentes a las nuestras, y no tener que estar de acuerdo con ellas, pero tampoco querer…
Cambiar a la otra persona o juzgarla por ello, sino que cada uno tiene su historia, su contexto, sus posibles motivos y motivaciones y miedos. Y entender ese contexto no significa que estés de acuerdo con lo que diga o lo que haga o lo que cree, pero simplemente el entenderlo creo que nos humaniza a todos.
Magali: Lo que pasa es que vos también sos demasiado empática. ¿Qué te repetís a vos misma para no olvidarte…?
¿Para no olvidarme de que soy demasiado empática?
No, no, pregunta aparte.
Silvia: Ah, vale, perdón. Digo, de cualquier cosa, algo que me repita: lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Y me lo repito bastante.
Magali: ¿En la trampa del perfeccionismo?
Silvia: Sí.
Magali: ¿Sí? ¿En qué?
Silvia: En no saber acabar, en que siempre hay un poco más. Entonces ya me he entrenado a acabar, aunque diga: ay, hay que acabar ya, porque era este día, o esto se lanza, o esto se envía. Y es que esto tendría que haber sido de esta manera, y es como no, eso no existe. Entonces el volver a eso es lo que ha pasado, y lo perfecto…
Es enemigo de lo bueno. Cuando hay miles de opciones, se escoge una; de repente no es la perfecta, pero lo bueno es suficientemente bueno.
Magali: Claro.
¿Y en qué dirías que sos mala?
Silvia: Soy mala…
Soy mala delegando, cuando he tenido equipo.
Y obviamente tiene que ver con el perfeccionismo y con la empatía. En cuanto venía alguien: ay, no, que tú tienes demasiado trabajo, venga, que no, que lo hago yo. O: ah, que no lo sabes hacer, bueno, te enseño, pero no, tranquilo, que lo hago yo. Entonces eso también ha sido algo que he tenido que ir trabajando bastante, en ponerme límites. Creo que es algo que nos pasa a muchas personas, pero sobre todo a las personas empáticas.
El de repente no saber dónde acaba mi emoción y empieza la de la siguiente persona. O no saber hasta dónde dar, o hasta dónde decir: oye, esto ya no. Entonces eso también es algo que he tenido que ir aprendiendo: cómo crear mis límites, mis espacios, a decir no. Que esto es algo que nos…
Nos es tan difícil a tanta gente, y es algo fundamental que tenemos que aprender. Y eso es algo también que me estoy repitiendo últimamente: al decir sí a esto, ¿a qué le estoy diciendo que no? A todo lo que le decimos que sí, estamos diciendo que no a otra cosa, porque el tiempo es limitado. Entonces eso te lo hace ver de otra manera.
Magali: Total. Y también, cuando te aparece una muy buena oportunidad, un súper sí, no tenés tiempo ni energía para decirle que sí, porque lo llenaste con otras millones de cosas que en realidad no importaban.
Silvia: Exacto.
Magali: ¿Se te ocurre algún buen o mal consejo que te hayan dado?
Silvia: Ahora mismo estoy en blanco, soy terrible, porque tengo mil buenos y malos.
Ah, pues este me lo decía mucho mi padre de pequeña: el no ya lo tienes. O sea, pregunta, el no ya lo tienes.
Y ese es un buen consejo, porque es algo que a veces, cuando me da miedo, vergüenza o no quiero…
O no estoy segura de si algo va a salir y tengo que pedirlo, es como: bueno, el no ya lo tengo. O sea que solo queda pedirlo y ver si el no se mantiene o si se convierte en un sí.
Entonces ese me parece muy buen consejo, sí.
Referentes y libros que recomienda Silvia Haba
Magali: ¿Quiénes dirías que son algunos de tus referentes que moldearon tu forma de pensar? Pueden ser personas de internet, algún autor de un libro, alguien físico que esté en tu entorno, cualquier persona.
Silvia: Bueno, obviamente mis padres.
De mi madre he mamado la pasión por descubrir, por aprender, por conocer a la gente, por preguntar. Y la diversión: ella es como una quinceañera. Y de mi padre, pues la forma más sistémica de pensar, la practicidad. Y luego…
No te podría decir alguien en particular. Siento que constantemente vienen personas que entran y salen de mi vida, o que se mantienen, tanto físicamente como en forma de libros o de otros canales, que me dejan valiosísimas lecciones. Jacqueline Novogratz es una.
Emprendedora social muy reconocida, es la fundadora de Acumen y quien empezó con todo lo que es el capital paciente. Ella siempre ha sido un referente en temas de cómo se pueden hacer las cosas diferentes para poder crear cambio, impacto social.
Magali: Está bueno.
Silvia: Sí. Adam Grant, me encanta su último libro, que tiene mucho que ver con lo que estaba diciendo antes, de poder entender a las otras personas sin aceptar lo que a lo mejor están diciendo. Se llama Think Again, el libro. Y bueno, sus reflexiones siempre me dejan pensando mucho.
Obviamente Brené Brown, y todo el trabajo que ha hecho alrededor de…
De, es que lo voy a decir en inglés, de shame. ¿Cómo se dice shame?
Magali: Vergüenza.
Silvia: Ajá, de la vergüenza y de la vulnerabilidad humana, es espectacular. Y bueno, siempre estoy abierta y en busca de influencias. Y el de Adam Grant, este libro, la traducción es como volver a pensar o repensar, ni idea cómo lo tradujeron.
Magali: ¿Se te ocurre la última vez que cambiaste de opinión en algo?
Esta pregunta es considerada un crack.
Silvia: Qué presión, o sea…
Sí, sabes, o sea…
A ver, déjame pensar. Bueno, obviamente…
Yo antes pensaba que era imposible trabajar…
Por mi cuenta, de manera flexible, desde casa, poder pasar temporadas en España como paso ahora.
O sea, imposible. Si me lo llegas a decir hace 3 o 4 años, yo te digo: estás loca. Y bueno, pues ha sido todo un recorrido, con una pandemia de por medio, que ha ido moldeando un poco eso, ¿no?
Magali: Bien, está bien, una de las cosas buenas de la pandemia: la digitalización y usar tecnología. ¿Hay alguna idea que hayas estado pensando recientemente? Puede ser una idea nueva o una idea vieja, pero algo que está en tu cabeza, completamente desconectado de todo lo que hablamos hasta ahora.
Silvia: Bueno, yo últimamente… Me interesa muchísimo todo lo que es… La vinculación cuerpo-mente y la neurociencia. Entonces, cómo, por ejemplo, nuestro cerebro cambia cada día, o sea, eso está científicamente comprobado: cada día nuestro cerebro tiene conexiones neuronales nuevas y hay algunas que teníamos ayer que ya no tenemos hoy. Y entonces cómo nuestro entorno y las personas con las que estamos van también moldeando esas conexiones neuronales.
Y también, a nivel emocional y a nivel corporal, cómo todo eso se va viendo. Entonces, cuanto más aprendo, más me doy cuenta de qué importante es también definir dónde estamos y con quién estamos, de quién nos rodeamos, porque ya no solo es una cosa de influencia a nivel intelectual o de aprendizaje, sino que está teniendo un efecto físico en nosotros, ¿no?
E incluso el entorno en que estamos: si vivimos en una ciudad, en una montaña o lo que sea. Entonces, no sé, eso me… Cuanto más aprendo del tema de neurociencia y de cómo las emociones afectan nuestro cuerpo, más me llama la atención y veo qué importante es ser muy conscientes y tomar decisiones intencionales alrededor de eso.
Magali: Bien. ¿Se te ocurre algún otro libro que te haya gustado mucho?
Silvia: Sí, me lo estoy mirando ahí, a ver si hay alguno que… ¿Qué te puedo decir ahora? Bueno, el último que me acabo de leer, que me lo he leído este fin de semana porque no podía parar, se llama The Coaching Habit, el hábito de coaching. Y la palabra coaching y coach, y tal, siento que ha sido súper…
Magali: Sí, está mal usada, hicieron mucho daño.
Silvia: Da como tirria, da como rechazo esa palabra, pero realmente también le diría… Exacto, sí, sí. Es como: «Ah, coach, coaching, no, no». Pero realmente lo que lleva abajo es un proceso de acompañamiento en tu desarrollo personal, en todo, autoconocimiento y demás. Entonces este libro en particular acaba de salir hace muy poco, habla sobre cómo, como líderes en diferentes ámbitos, podemos ser un líder coach, acompañar y ayudar a las personas que tenemos a nuestro alrededor a crecer, a aprender más de ellos mismos, a desarrollarse a través de diferentes preguntas. Y entonces te pone 7 preguntas que son súper básicas, pero que, dice, a lo largo de sus no sé cuántos años de carrera está muy comprobado, y en diferentes estudios científicos y demás, que abren la puerta al aprendizaje, a la conversación y a la conexión. Y, no sé, me ha parecido muy interesante porque también… Eso es algo que tengo mucho en mente últimamente: que las cosas más sencillas son las que más… Impacto tienen muchas veces, sobre todo en la conexión humana. Entonces, una pregunta aparentemente sencilla, que no tiene nada más allá, puede desarrollar todo esto de aprendizaje y un camino un poco diferente, ¿no?
Magali: ¿Te acuerdas de alguna de las 7 preguntas?
Sí, la primera, en orden… Mira, una de las preguntas, la primera, que por eso es súper sencilla, es… Perdón, lo voy a decir en inglés y luego lo voy a traducir, pero es «What’s on your mind?», que es «¿Qué tienes en la cabeza ahora?», que tú me lo acabas de preguntar ahora.
Y entonces habla sobre cómo puede, dentro de equipos… De trabajo, por ejemplo, sacar… Problemas o temas que están pasando, que a lo mejor en otros ámbitos o en otras reuniones que tienen un objetivo muy preciso no van a salir. Y la segunda, si no estoy mal, es más o menos: «¿Y qué más?». Entonces esta es una pregunta como «cuéntame un poco más», ¿no? «¿Y qué más? ¿Qué más me cuentas?». Y también para seguir hurgando ahí, en qué hay más abajo, que me recuerda mucho a un concepto, que no sé de quién es, que habla de los 5 porqués, que dice que para llegar a algo realmente interesante o realmente fundamental e importante… Hay que preguntar 5 veces por qué. Y ahí es cuando llegamos. Y bueno, volvemos a lo que hablábamos antes de la importancia de escuchar: es preguntar y obviamente escuchar, y parar, y escuchar, y dejar ese espacio.
Y bueno, el libro con el que estoy ahora.
Perfecto, bueno. Silvia, hace 2 horas que te estoy exprimiendo el cerebro.
Silvia: Ay, estoy agotada.
Magali: Mi última pregunta va a ser… Como cerramos este episodio, voy a dejar un momento de micrófono libre para palabras finales, un último mensaje a la audiencia, una despedida, lo que sea, algo que ya hemos dicho o no, pero te dejo el micrófono a vos para terminar este momento.
Silvia: Qué presión, Maga, pero muchas gracias, ja.
Magali: Sí, porque si no… Siento que este momento es importante.
Porque si no, dejo una pregunta en blanco.
Puede que haya algo en tu mente en este momento que no… Te estoy dando el pie, entonces lo dejo en blanco.
Silvia: Ya. Pues, sobre todo, aprovecho para darte las gracias por este espacio.
Porque creo que eres una genia y me he sentido súper cómoda. Estaba súper nerviosa para hacer esto y tú haces que se cree un entorno súper de confianza y de conexión, y eso no mucha gente lo logra, así que gracias a ti.
Y por invitarme y por crear este espacio tan bonito.
Y bueno, simplemente… Seguir con mi llamado a que… Prioricemos nuestro bienestar, que a veces parece una cosa así muy hippie o muy de lujo, como «me voy al spa» o algo así. Pero realmente, o sea, yo llevo ya 4 años metiéndome en todo esto, y cuanto más aprendo de ello, más me doy cuenta de que abarca tantas cosas más allá de uno sentirse bien, sino que tiene muchísimo que ver también con seguir aprendiendo sobre nosotros mismos, conectando con otras personas desde un nivel más sano y más humano.
Y realmente, si queremos… Crear un mundo mejor, que es lo que yo siento que todos queremos, trabajemos en ello, ¿no?
La primera persona en la que tenemos que trabajar es en nosotros mismos. De hecho, el logo de Coimpacta es una espiral por eso mismo, porque lo que tenemos dentro es luego lo que sacamos hacia afuera, y viceversa también. Entonces… Invitar a que podamos darnos esos espacios, que aprendan más sobre temas de bienestar, sobre ellos mismos. Estoy feliz de recibir mensajes, correos, lo que necesiten, para conectar y poder seguir la conversación.
Para poder seguir promoviendo esta ola de bienestar para crear un mundo mejor.
Y bueno, poco más. Me queda decir que de nuevo gracias y que ha sido un placer, no sé lo que saldrá de esta conversación.
Magali: Excelente, bueno, gracias a vos por venir y compartir todo esto. Y te mando un abrazo hasta Panamá.
Silvia: Muchas gracias, te mando otro para ti también hasta Argentina, y espero verte pronto para darte otro abrazote, pero en piel.
Magali: Un beso muy fuerte. Gracias por escuchar este capítulo. Si tienes una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal: tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales. Nos vemos la semana que viene.
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