Gerry Garbulsky: cómo se construye una vocación cuando no la tienes clara
Gerry Garbulsky terminó su doctorado en física en el MIT a los 30 años, con papers publicados y una oferta de posdoctorado del referente de su campo. La rechazó. Su miedo, dicho por él, era estar tirando por la borda los primeros treinta años de su vida. Trece años en consultoría, una revista impresa, TEDxRíoDeLaPlata, la dirección de TED en Español y un podcast después, su conclusión sobre la vocación es que aparece al final del camino y no al principio.
Esta conversación es útil para cualquiera que esté evaluando un cambio de rumbo y sienta que va a desperdiciar lo que ya construyó. Garbulsky pasó por eso con miedo, con terapia y equivocándose bastante en el primer año nuevo, y lo cuenta sin épica.
Quién es Gerry Garbulsky
De qué trabaja. Dirige TED en Español, el segundo idioma oficial de la organización, un rol que él mismo propuso y que existe desde 2016. Organiza TEDxRíoDeLaPlata, el evento independiente de charlas que llegó a llenar un estadio con diez mil personas. Conduce el podcast Aprender de Grandes, que ya lleva más de 130 episodios, y escribe todos los lunes un correo con ideas para empezar la semana. También da cursos y produce un juego de cartas pensado para disparar conversaciones.
Qué estudió y por dónde pasó. Es licenciado en física por la Universidad de Buenos Aires y doctor por el MIT, donde estuvo cinco años trabajando en física aplicada a la ciencia de materiales. Después de dejar la investigación pasó trece años en una consultora global de estrategia de negocios. En paralelo cofundó con dos amigos una revista impresa gratuita que reproducía textos de blogs: llegó a imprimir treinta mil ejemplares por número, hizo setenta y tres números y duró tres años y medio. Durante cinco años hizo además una columna quincenal de radio junto a Santiago Bilinkis.
Datos públicos que la gente busca. Es argentino, está casado y tiene dos hijos, a quienes menciona en la conversación. En 2016 fue curador invitado del evento central de TED en Vancouver, un rol que antes habían ocupado figuras como Bill Gates, y condujo allí un bloque entero de charlas que preparó durante un año. Al año siguiente organizó el primer bloque de charlas en un idioma distinto del inglés en la historia de ese evento, y fue en español.
El gancho de este episodio. Por qué la vocación aparece después de la entrega y no antes, contado por alguien que cambió de rumbo tres veces y que sigue sintiendo síndrome del impostor.
Episodio publicado el 22 de noviembre de 2022. Puedes escucharlo completo en la página del episodio de Gerry Garbulsky, en Spotify o en YouTube.
¿Qué se lleva quien lee esta entrevista?
Seis ideas concretas, todas verificables en el texto de abajo:
- Una definición de vocación que se puede accionar. Para Garbulsky la pasión aparece después de haberle dedicado mucho tiempo, entrega y tolerancia al fracaso a algo. La consecuencia práctica cambia por completo el orden de la búsqueda.
- La señal que le indicó que la investigación científica no era su lugar, y que apareció en una conversación de sobremesa con su pareja, no en el laboratorio.
- Cómo se ve por dentro el primer año después de un cambio de rubro: un jefe gritándole delante de toda la oficina por un error de código social que él no sabía que existía.
- Para qué sirve realmente un año sabático, y por qué la lista de veinticinco mil cosas por hacer con la que empezó el suyo era exactamente lo contrario de lo que necesitaba.
- La idea de que muchas carreras se construyen sobre frustraciones y no sobre fortalezas, con él mismo como caso: se define torpe socialmente y hoy conduce eventos para diez mil personas.
- Qué es un dispositivo en su vocabulario, y por qué escribir un correo cada lunes le cambió la forma de mirar la semana entera.
¿La vocación existe o se construye?
Esta es la respuesta que ordena toda la conversación, y llegó a ella grabando un episodio de su podcast con uno de sus hijos, que le contó que sentía la ausencia de una vocación temprana como una mochila.
«Siento que la vocación o la pasión por lo que hacemos es algo que surge después de haber hecho algo con mucha intensidad, por mucho tiempo, con mucha entrega, con ganas de seguir aprendiendo, bancándose que algo no funciona y pudiendo sostenerlo a lo largo del tiempo.»
Y agrega el matiz que evita la lectura fácil. Si la vocación se construye con entrega sostenida, saltar de una cosa a otra cada vez que aparece una dificultad garantiza que nunca aparezca:
«Para ser bueno en algo hay que bancársela. Hay que dedicarle mucha garra, mucho tiempo. Montón de veces no te va a gustar, la vas a pasar mal. Tenés que bancarte, hay que diferir un poquito la gratificación.»
Su estimación es que en cualquier cosa que alguien haga bien hay algunas condiciones innatas, pero que alrededor del noventa por ciento es el trabajo que le puso en el camino. La misma lógica ordena la guía de cambiar de carrera a los 30, donde el punto de partida casi nunca es una vocación clara.
¿Qué señales indican que estás en la carrera equivocada?
La suya no fue un desastre ni un mal ambiente. El doctorado en el MIT le encantó. El problema era otro y lo describe con precisión: los problemas que resolvía eran difíciles pero no tenían factor humano ni en el planteo ni en la solución.
La señal concreta llegó en su casa:
«Yo volvía a casa y cenaba con Marce, y me contaba, cómo te fue en la investigación hoy. Yo le empezaba a contar y a los dos segundos era un embole. Yo me daba cuenta que era un embole, porque era algo hipertécnico, muy específico, muy especializado, que solamente quizás había cinco personas en el mundo que entendían lo que yo estaba haciendo.»
De ahí salió su criterio para lo que vino después: buscar trabajos donde el factor humano estuviera tanto en el problema como en la forma de resolverlo. Es un filtro reutilizable, y bastante más útil que preguntarse si algo gusta o no. Para ponerlo en práctica sobre lo que ya haces, sirve el ejercicio de cómo alinear tus valores personales con tu trabajo.
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¿Cómo se decide dejar una carrera en la que ya invertiste años?
El posdoctorado que le ofrecieron era con el referente de su especialidad, en un laboratorio nacional en las afueras de Denver. Fue un fin de semana largo a conocer el lugar con su pareja y volvieron con la respuesta clara: no querían vivir ahí. No por el trabajo, que era excelente, sino por todo lo demás.
Decir que no al referente de tu campo cierra las puertas de abajo, porque después ya no hay a quién aceptarle una oferta menor. Y ahí aparece el miedo que da nombre al episodio:
«Mi principal miedo era que iba a estar echando por la borda lo que había hecho durante mis primeros 30 años de vida, con dedicación, con mucho esfuerzo, con mucho placer, con logros. Y de repente, en cualquier otra cosa que hiciera, no iba a aprovechar todo eso que aprendí.»
Dos cosas de cómo lo resolvió merecen atención. La primera: buscó una psicóloga y empezó terapia para poder pensarlo. La segunda, y es la que más sirve para quien esté en esa situación:
«Finalmente decidí pegar el salto al costado sin haber resuelto los miedos, pero por ahí un poquito mejor parado para hacer frente a esos miedos.»
La decisión no esperó a que el miedo se fuera. Si estás en ese punto, la guía sobre cuándo renunciar a tu trabajo reúne cómo lo resolvieron ocho invitados distintos del podcast.
¿Cómo es el primer año después de cambiar de rubro?
Malo, en su caso. Y la razón es más interesante que el hecho: aterrizó en un lugar con códigos que no manejaba.
El ejemplo que cuenta es concreto. Su jefe le pidió un análisis para un proyecto con un cliente farmacéutico. Él lo intentó, vio que los datos no funcionaban y siguió con las otras dieciocho cosas de la lista, sin avisar que lo había abandonado. El día antes de presentar los resultados al cliente, el jefe le preguntó por ese análisis:
«Cuando le dije que no lo hice, literalmente me re puteó a los gritos en la oficina donde estábamos, delante de todo el mundo.»
Lo que aprendió de ahí es una regla que sigue valiendo en cualquier trabajo: cuando algo que te pidieron no se puede hacer, se avisa enseguida, para que quien lo pidió decida si se descarta, se intenta de otra forma o hay un camino que no viste. En el mundo científico las reglas eran otras y él simplemente no las conocía.
Estuvo trece años en esa consultora. Y dice que gran parte de lo que después usó para trabajar con oradores, comunicar ideas y persuadir lo aprendió ahí y no en la ciencia. Si estás entrando a un contexto nuevo, la guía de los primeros 90 días en un trabajo nuevo se ocupa exactamente de leer esos códigos antes de que te pasen por encima.
¿Para qué sirve un año sabático?
Después de trece años trabajando dieciséis horas por día de lunes a domingo, con dos hijos chicos y viajando permanentemente, llegó el momento que lo hizo parar. Su pareja le contó que la maestra del jardín le había dicho que su hijo comentó en clase que su papá vivía en Chile.
«Eso fue para mí como una daga en el corazón, que me dijo hay algo que estoy haciendo muy muy mal en la vida.»
La empresa le permitió trabajar al veinte por ciento durante diez meses. Y aquí aparece el aprendizaje que casi nadie cuenta: empezó el sabático con una lista de veinticinco mil cosas que tenía ganas de hacer, y se dio cuenta de que se estaba equivocando.
«La oportunidad del sabático no era para seguir haciendo un montón de cosas, sino ver cómo bajar 18 cambios y mirarme desde otro lado. Entonces tenía literalmente tiempo libre estructural.»
Su explicación de por qué hace falta ese vacío es la frase más portátil de toda la conversación:
«A veces es muy difícil pensar en hacer algo nuevo cuando estás tan metido en lo que estás haciendo. Entonces hay algo de generar un pequeño vacío para que surja el deseo.»
Dos años después dejó la consultora. Trece años más tarde dice que no la extraña, y que tampoco se arrepiente de haber estado ahí.
¿Se puede tener síndrome del impostor con una carrera hecha?
Su respuesta es directa: lo siente todo el tiempo. Y describe el mecanismo con una imagen que se entiende sin explicación adicional.
«Uno va sacando canas, pero por dentro soy el mismo pibe que estaba tirado en el parquet de mi habitación, habré tenido cinco o seis años, jugando con los camioncitos.»
Cuenta que le incomoda que lo elogien, que suele pedir explícitamente que no lo hagan, y que la primera vez que fue al evento central de TED el sentimiento fue fuerte: en el primer almuerzo se sentó al lado de una persona que dirigía un emprendimiento para mapear asteroides y evaluar riesgos para la humanidad. Convive con eso desde entonces, y se lleva bien con la parte de sentir que ayuda a alguien. Si estás lidiando con lo mismo, la guía de síndrome del impostor desarma el mecanismo y el cuadernillo descargable sobre síndrome del impostor lo baja a ejercicios.
¿Las carreras se construyen sobre fortalezas o sobre frustraciones?
Esta idea se la dio un amigo suyo que asesora a líderes de organizaciones, y contradice el consejo de manual de apoyarse en las fortalezas propias:
«La mayor parte de la gente que él asesora es gente que construyó su carrera, no alrededor de lo que eran sus fortalezas innatas, sino a través de frustraciones, miedos, complejos y falta de posibilidades que tuvieron temprano, y que de alguna manera trabajaron para compensar.»
Garbulsky se reconoce en el patrón. Se describe torpe socialmente desde chico, con dificultad para acercarse a la gente, y bastante más introvertido de lo que parece. Hoy conduce conversaciones frente a diez mil personas. Su lectura es que la frustración por no poder hacer algo bien es la que aporta la energía suficiente para llevarlo a un nivel alto.
¿Qué hace falta para que una charla se recuerde?
El equipo con el que trabaja tarda en promedio cinco meses en preparar una charla de diez minutos. El proceso tiene tres etapas y la primera es la que casi nadie hace:
- Buscar la idea. Hasta que la idea se pueda decir en una frase, un título o un párrafo, no se avanza. Esa búsqueda implica reflexionar sobre lo que la persona viene haciendo con su vida, y él dice que tiene algo de terapéutico. Muchos oradores resignifican a qué le vienen dedicando la vida en esta etapa.
- Definir cómo contarla. Qué narrativa se usa para que produzca lo que se busca producir, que en general son emociones. Su argumento: la gente recuerda a la larga lo que sintió, no los detalles.
- Ensayar mucho. Lo suficiente para que no parezca ensayado y para poder improvisar cuando pasa algo que nadie planeó.
Sobre los nervios tiene una observación contraintuitiva y práctica: confesar que estás nervioso juega a favor, porque la audiencia se pone de tu lado y porque estar nervioso es señal de que te importa lo que vas a decir. Y sobre encontrar la voz propia, su advertencia es que imitar a otro orador falla por dos motivos a la vez: no resulta creíble y además se pasa mal. Vale igual para el episodio con Hernán Casciari, a quien acompañó en 2011 en una charla que preparó con pánico escénico y que salió muy bien.
¿Cuándo conviene cerrar un proyecto que funciona?
Cerró dos y por razones distintas, lo cual sirve para distinguir casos.
La revista se cerró porque cumplió un ciclo y porque perdía dinero. La gente ya leía en dispositivos electrónicos en el subte, y después de probar varios modelos de negocio no encontraron uno sostenible. Fue un duelo, dice, pero uno que estuvo bien.
La columna de radio se cerró por otra cosa, y esta es la señal que conviene retener:
«Lo que a mí me cuesta es cuando un proyecto empieza a tener su curva de aprendizaje más chata y ya sentís que no aprendés tanto. Ahí pierdo un poco la motivación.»
Estaba lanzando su podcast, tenía demasiadas cosas encima y algo tenía que dejar. Su compañero de columna, Santiago Bilinkis, que también pasó por este podcast, la continuó solo y hoy lleva más de una década haciéndola.
¿Qué es un dispositivo y por qué cambia cómo vives?
Garbulsky llama dispositivo a las cosas que permiten hacer algo que sin ellas no se haría. Su ejemplo propio es el correo que manda todos los lunes por la mañana desde el comienzo de la pandemia.
«Lo que más me impacta en mí mismo es que me cambió la forma en que yo vivo toda la semana, porque estoy al acecho, estoy atento, estoy alerta de qué voy a decir el lunes que viene. Entonces eso me hace ver mi entorno con una lente distinta.»
El otro dispositivo que menciona es un juego de cartas con preguntas, que nació de una frustración concreta: juntarse con amigos de toda la vida y terminar hablando siempre de lo mismo. Es la misma lógica que hace funcionar los rituales de expandir tu círculo social: no depender de que la buena conversación aparezca sola.
¿Qué significa ensanchar la vida?
Durante un tiempo se dedicó a estudiar cómo alargar la vida humana, hasta que llegó a dos conclusiones: que estaba poniendo el foco en el lugar equivocado, y que los avances que harían falta tardarían dos o tres generaciones más de las que él va a ver.
«Dije, bueno, si ese no es el foco, por qué no dejar de dedicarle tanta energía a alargar la vida e invertir esa misma energía en ensanchar la vida: disfrutar más lo que estamos haciendo, aprender más, explorar nuevos mundos, conocer nueva gente, vivir lo que nos está pasando con otra intensidad.»
Su definición de éxito va en la misma dirección, y descarta explícitamente la de llegar a algún lado. Cita un consejo que le dieron hace veinticinco años y que sigue usando: no intentes llegar a ningún lado, yo llegué y no hay nada.
¿Qué otras conversaciones del podcast siguen este hilo?
Para el mismo movimiento desde el otro lado de la ciencia, el episodio de Estanislao Bachrach, que rechazó un cargo en Harvard y cuadruplicar su sueldo, es casi el espejo de este: otro doctor en ciencias que dejó la investigación por la comunicación. Para el lado de las ideas grandes y la lectura del futuro, la conversación con Santiago Bilinkis. Y para quien está en el punto de decidir, el mapa completo está en reinventar tu carrera, con la guía descargable de cambio de trabajo y las vacantes abiertas en la bolsa de trabajo remoto.
Las respuestas de esta entrevista están editadas para lectura: se limpiaron repeticiones y muletillas del audio, y se reordenaron algunos pasajes por tema. Es un registro de lo que dijo, no una transcripción literal palabra por palabra.
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Fuentes
- Episodio de Tiene que haber algo más con Gerry Garbulsky, publicado el 22 de noviembre de 2022.
- LinkedIn, Skills on the Rise 2026: siete de las diez habilidades que más crecen son habilidades blandas, con la comunicación en público y la gestión de interlocutores entre las primeras. Es el respaldo de mercado a lo que Garbulsky viene entrenando desde hace más de una década.
- LinkedIn Economic Graph, Global Talent Trends 2026: solo el 14% de las empresas se clasifica como líder en velocidad de adaptación, y la movilidad interna crece como respuesta.
- Informes propios de vacantes verificadas de Tiene que haber algo más: 1.417 posiciones remotas abiertas a América Latina en ocho verticales, entre enero y julio de 2026.
Preguntas frecuentes
Es un físico y comunicador argentino. Es licenciado en física por la Universidad de Buenos Aires y doctor por el MIT, donde trabajó cinco años en física aplicada a la ciencia de materiales. Dejó la investigación, pasó trece años en una consultora global de estrategia de negocios y hoy dirige TED en Español, organiza TEDxRíoDeLaPlata y conduce el podcast Aprender de Grandes. En 2016 fue curador invitado del evento central de TED en Vancouver. Pasó por el podcast Tiene que haber algo más en noviembre de 2022.
Porque los problemas que resolvía no tenían factor humano ni en el planteo ni en la solución. La señal la notó fuera del laboratorio: al contarle a su pareja en qué trabajaba, se daba cuenta de que era un tema hipertécnico que quizá entendían cinco personas en el mundo. Cuando le ofrecieron un posdoctorado con el referente de su campo, en un laboratorio de Colorado, fue a conocer el lugar y decidió que esa vida no era la que quería. Rechazó la oferta a los 30 años, con miedo a estar desperdiciando tres décadas de trabajo, y pasó a la consultoría de estrategia.
Para Garbulsky se construye. Dice que la pasión por algo aparece después de haberle dedicado mucho tiempo, mucha entrega y tolerancia a que las cosas no funcionen, y que quizá una o dos personas tienen una vocación innata. Calcula que en cualquier cosa que alguien haga bien hay algunas condiciones de base, pero que cerca del noventa por ciento es el trabajo puesto en el camino. Su matiz importante es que saltar de una actividad a otra cada vez que aparece una dificultad impide que la vocación llegue a formarse.
Su experiencia aporta tres cosas. Primero, nombrar el miedo real, que en su caso era desperdiciar los primeros treinta años de su vida. Segundo, buscar ayuda para pensarlo: empezó terapia para poder elaborar la decisión. Y tercero, y es lo más útil, aceptar que la decisión se toma sin haber resuelto los miedos, apenas un poco mejor parado para enfrentarlos. También conviene anticipar que el primer año en el rubro nuevo suele ser malo, porque los códigos son distintos y se aprenden a los golpes.
Para generar un vacío que permita que aparezca el deseo. Garbulsky trabajó al veinte por ciento durante diez meses y cuenta que arrancó con una lista larguísima de pendientes, hasta entender que eso repetía el problema que quería resolver. Lo que necesitaba era tiempo libre estructural: esperar a sus hijos en sus actividades con un libro, tomar café con amigos, bajar el ritmo. Dos años después dejó el trabajo, y dice que ese sabático fue la semilla de casi todo lo que hizo luego.
Según Garbulsky, el equipo tarda en promedio cinco meses de trabajo intenso para una charla de diez minutos. El proceso tiene tres etapas: buscar la idea hasta poder decirla en una sola frase, algo que suele tener un componente introspectivo fuerte; definir la narrativa con la que se cuenta, apuntando a lo que la audiencia va a sentir más que a los detalles que va a recordar; y ensayar mucho, lo suficiente para que no se note el ensayo y para poder improvisar cuando algo sale distinto de lo planeado.







