Adolfo Berraquero

Bio Adolfo Berraquero

Adolfo Berraquero, @nomadito en Twitter, estudió periodismo, trabajo en marketing en diferentes start ups, emprendió en la industria de la moda y da clases de emprendimientos. Después de la pandemia empezó su vida de viajes y de creación de contenido en Twitter. 

adolfo berraquero

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De qué hablamos con Adolfo Berraquero:

  • Tener problemas de abogados
  • Hacer un emprendimiento de moda sin ser de la industria
  • Conectar personas de diferentes talentos
  • Aprendizajes de la industria de la moda
  • Viajar a Marruecos a un voluntariado a los 17 años
  • Querer independizarse 
  • Estudiar periodismo y no ejercer
  • Decisiones en pandemia
  • Empezar a viajar
  • Nivel de intensidad como nómade
  • Unir gente que quiere ser nómade
  • Que asumen de el en Twitter
  • Consejos que recibió
  • La relación con su familia
  • Una mala decision que tomó
  • El valor de hacer terapia
  • Ser el promedio de las 5 personas con quien te juntas
  • La persona detras del personaje

Transcripción

Adolfo Berraquero, sevillano conocido en Twitter como @nomadito, estudió periodismo, trabajó en marketing en startups, organizó un hackathon de moda en Madrid y Barcelona y da clases de emprendimiento. En el episodio cuenta su conflicto con los abogados de una marca, la crisis que vivió en pandemia, cómo empezó su vida de nómada digital y la comunidad que armó para quienes quieren viajar trabajando.

Introducción

Adolfo: La libertad que te aporta, al menos como yo lo vivo, ser nómada, para bien y para mal, es mucha. Gestionar esa libertad no nos han enseñado a hacerlo, todo lo contrario. Entonces el gestionar estos sentimientos, el despertarte y decir: yo tengo a veces una reunión aquí, una reunión aquí, pero a partir de ahí lo tengo muy abierto. Yo mismo me voy organizando eso todos los días. Como no tenga cierto sistema, te puede volar un poco la cabeza la experiencia.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. ¿Te pasó alguna vez que te quedaste pensando que tiene que haber algo más en la vida?

En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron y viven más alineados a sus valores. Contamos historias y desarmamos sin humo cómo lo hicieron. Enterate del detrás de escena, y mi recomendación es uniéndote al correo semanal en tienequehaberalgomas.com/correo. Esta semana charlé con Adolfo Berraquero, también conocido como Nomadito en Twitter. Estudió periodismo, trabajó en marketing en diferentes startups, emprendió en la industria de la moda y da clases de emprendimiento. Después de la pandemia empezó su vida de viajes y de Twitter. Hablamos de crecimiento de audiencias, su experiencia en startups, el sabático que se tomó en Bali y organizar hackathons. Podés ver esta conversación con video en YouTube y redes sociales.

Buscanos en @tienequehaberalgomas y contanos qué te parece el capítulo. Hola, Adolfo, bienvenido a Tiene que haber algo más. Gracias por venir hoy a conversar conmigo.

Adolfo: ¿Qué tal, Magali? Oye, es un placer estar aquí hoy contigo. Tenía muchas ganas desde la última vez que nos vimos, así que gracias por invitarme. Bien, muchas gracias.

Magali: Bueno, ¿dónde estás hoy? ¿Desde qué lado del planeta estás grabando esto?

Adolfo: Pues ahora mismo me pillas en mi última mañana en Corfú, que es una isla griega que está justo enfrente de Albania, en el sur de Albania, que es donde he pasado la última semana, y hoy por la tarde… Bueno, en un ratito vuelo a Atenas y voy a pasar también allí unos cuantos días. Y de ahí, bueno, esta semana me pilla justo en probablemente mi peor semana del año: tengo muchísimos vuelos. Me paso la semana entera volando. Entonces, pues hoy en Corfú, en una isla de Grecia, y el domingo, si todo va bien, estaré en una isla de Filipinas. Crucemos los dedos. Bueno, crucemos los dedos, que todos los vuelos se conecten bien y que llegue, porque es un poco lejos llegar.

Magali: Vamos a hacer la intro oficial. ¿Querés contarnos quién sos vos para empezar esta conversación?

Adolfo: Vamos a intentarlo. Yo siempre me trato de… De autodefinir de una forma muy similar, que es decirte: oye, yo soy un chico normal, ahora de 30 años. Nací en Sevilla, que es una ciudad del sur de España. He vivido gran parte de mi vida allí, hasta los 23. A los 22, 23 me independicé, me fui de casa con un par de mochilas. Bueno, ya llevaba tiempo trabajando. Entonces, bueno, no cobraba mucho, pero con poquito me fui.

Hace 5 años a Madrid, casi 5 años en Madrid como base, aunque luego también estuve viajando mucho y trabajando en remoto, y conocí diferentes partes del mundo, pero Madrid era mi casa, trabajando en temas relacionados con emprendimiento, creando proyectos. Luego, si quieres, entramos un poco más en esa parte. Y desde hace un par de años, pues en redes sociales digo que soy nómada digital y mi madre dice que estoy loco. Entonces soy un entremedio de esos 2 conceptos. Estoy tratando simplemente de vivir la vida, quiero vivir esta etapa. Y soy esa persona, alguien que es un poco inconformista.

Y que trata de hacer las cosas siempre a su manera, y ya está. Y un día, si me preguntas, pues me gusta el verde, otro día el rojo, otro día el azul, otro día el verde otra vez, y así voy, contento.

Magali: Quiero frenar la entrevista y traer a tu mamá, a ver qué opina. Vamos a entrevistar a tu mamá.

Adolfo: Se lo vamos a hacer, lo podemos hacer, ella feliz, pero te faltan podcasts. O sea, cuatro o 5 horas de conversación con ella. Definitivamente tienes que grabarla en diferentes episodios, tiene mucha conversación esa mujer.

Recordemos que es una mujer andaluza que tiene seguramente mucho resentimiento positivo con su hijo, porque lo ve 2 veces al año o 3.

Magali: ¿Entonces cómo lo ves?

Adolfo: Bueno, bueno, no salimos bien parados ninguno de los 2.

Magali: Bueno, vamos a empezar por acá. Como emprendedor, ¿tuviste algún momento donde te han perseguido o embaucado abogados?

Adolfo: Sí, sí, no mucho. Por suerte yo trato de tener a los abogados lo más lejos, porque también son muy útiles en tu camino como emprendedor, pero sí lo más en la línea posible. Vamos a tratar de que cada uno camine por su camino y ya está.

¿Cómo se arma un hackathon de moda sin venir de la industria?

Adolfo: Sí, me pasó una vez en uno de estos negocios que emprendí en Madrid cuando vivía por allí. Como te decía, yo soy una persona que se deja llevar o se mueve por lo que le va apeteciendo en cada momento. Hay veces… oye, cuidado, que no siempre puede ocurrir. Evidentemente, hay veces que hay que hacer lo que hay que hacer y punto, pero sí es cierto que soy una persona que se aburre fácilmente, y que cuando se supone que ya tengo todo lo que hay que tener o vivo ya todo lo que tengo que vivir en base a mi edad, en ese momento, pues siempre me suele dar por cambiar, ¿no?

Por no acomodarme en lo cotidiano. Entonces, en este momento de mi vida tenía 23, 24 años, tenía un trabajo fijo en Madrid, cobraba bien para el momento, para la edad que tenía. Me encantaba lo que hacía, una empresa muy chula. Y a mí, bueno, pues llegaba por la tarde y decía: pues yo quiero algo más. Así que empecé a crear una idea que luego se convirtió en mi emprendimiento, en una empresa que fundé, con la que estuve 3 años, y que básicamente lo que hacíamos, o empezamos haciendo, era… El primer… que cada vez que lo digo me río, porque digo: ¿yo quién era para montar esto? El primer hackathon de moda. Un hackathon, para quien no lo sepa, es un evento de fin de semana en el que normalmente la idea es crear o desarrollar ideas de negocio y convertirlas en lo que puedas. Normalmente llegas al MVP y poco más, ¿no? Con diferentes personas, con mentores, etcétera. Y yo monté el primer hackathon en el sector de la moda de toda Europa. Lo monté en Madrid y en Barcelona, y me río porque yo no tenía ni tengo idea ninguna sobre moda.

La verdad que no, no es mi sector. Vi una oportunidad de negocio, vi que no se estaba haciendo, me parecía interesante, me parecía divertido, me puse a organizarlo y, suerte la mía, salió bien. Salió muy bien. Una primera edición con sold out, salíamos en muchos medios de comunicación, conseguimos el apoyo de grandes empresas, hacíamos el evento en las oficinas de Google. Como todo el sueño emprendedor. Y yo, un chico de 23, 24 años en Madrid, estaba flipando. ¿Y qué ocurrió?

Que con todo ese crecimiento…

Magali: Pará, contame. O sea, dame un ejemplo de qué pasaba dentro de un hackathon de fashion. O sea, qué surgió ahí, porque me estoy imaginando tipo ese programa Project Runway, viste, cuando hacían vestidos en un día. Así que explicame qué es un hackathon de moda.

Adolfo: Para nosotros era muy sencillo el formato. Al final, la necesidad que atacábamos era sobre todo para el sector moda, refiriéndonos a diseñadores. O sea, todo esto surge porque un día, paseando por la Fashion Week… Que es este gran evento que luego voy a volver a conectar con la Fashion Week. ¿Por qué? Porque el tema va de abogados con la Fashion Week. Así que quédate si estás escuchando, porque aquí hay salseo. Un día, paseando por la edición de Madrid de la Fashion Week, que me invitó un amigo y nunca había ido a un evento de estos, acababa de llegar a Madrid, me pareció divertido, pasé por allí. Yo soy muy curioso. Entonces a mí la gran pasarela me daba un poco lo mismo, porque tampoco entendía. Yo no entiendo una pasarela, veo estos diseños y veo estas cosas y no me gustan casi ninguno. Entonces no llamaba mi atención. Pero me fui a hablar con una pasarela de diseñadores emergentes que estaba por allí, y eran gente jovencita, como yo, a la que le habían dado… Les habían dado la oportunidad de estar por allí mostrando sus prendas, sus artes, sus obras. Y cuando empecé a hablar con ellos veía que era gente creativa, diseñadora, artista, con mucho talento, pero con muy poca idea de negocio, con muy poca idea de marketing, con muy poca idea de cómo escalar sus proyectos. Eran artistas, en el sentido más literal de la palabra, y ya está. Entonces a mí se me encendió la bombillita y dije: un momento, porque yo venía del otro mundo, ¿no?

Yo venía del mundo del marketing, del negocio, de los emprendedores, de la gente que está pensando en montar cosas y en cómo hacerlas nacer, cómo hacerlas crecer. Y dije: oye, ¿y si a esta gente la junto con amigos míos? ¿Qué puede pasar? Puede ser muy divertido, puede ser muy interesante. Entonces, con ese germen nace la idea del Fashion Weekend Lab, que es como se llamaba el evento. Y yo lo que hago es hablar con las principales escuelas de diseño y moda de Madrid en ese momento, que eran el IED y otra más. E irme a sus alumnos y decirles: oye, chicos, voy a montar un evento de fin de semana para la gente que quiera emprender. Voy a traer a gente que sabe sobre marketing, gente que sabe sobre negocio, gente que sabe sobre finanzas, informática, bla, y vamos a jugar durante un fin de semana a emprender. Punto. Entonces, ¿qué ocurre?

Que aquí venía gente con ideas y gente sin ideas.

La gente con ideas exponía: oye, yo quiero montar una app, un marketplace que conecta vendedores con diseñadores emergentes, o yo quiero montar un bolso ecológico con Arduino. O venían con sus películas. Venían un viernes por la tarde, contaban sus ideas, se creaban equipos con personas que no conocían de nada y durante viernes por la noche, sábado y domingo, con una metodología que nosotros proponíamos, con ciertas herramientas de dirección y de trabajo colaborativo, iban trabajando en esas ideas.

Luego yo atraía mentores con diferentes perfiles para que les ayudasen, y la verdad, o sea… En menos de 72 horas no conseguíamos levantar ninguna ronda de financiación, como a veces veo que está pasando ahora mismo, que en cuatro horas se cumplen objetivos, pero sí se llegaba a desarrollos conceptuales muy interesantes. Incluso había veces que algunos equipos, los más motivados, que siempre los hay, se quedaban por la noche trabajando, cosiendo, haciendo experimentos para luego poder presentar algo el domingo ante un jurado. Entonces se desarrollaban ideas de diferentes índoles relacionadas con el sector de la moda, y era muy bonito y muy interesante. Y creo que por eso funcionó, porque era casi el único espacio donde se conectaba a personas de la moda con personas interesadas en moda pero con otros perfiles diferentes, ¿no?

Entonces, por eso llamó mucho la atención de medios de comunicación de la industria. Y, si quieres, con esto conecto con la idea de los abogados. Llamó tanto la atención que… A raíz de esto, ya estaba organizando la tercera edición. Ya habíamos hecho una en Madrid y otra en Barcelona: segunda en Madrid y tercera en total.

¿Qué pasa cuando una marca grande te manda a sus abogados?

Adolfo: Me invitaron, o yo fui, no me acuerdo, a un evento de estos típicos de networking de emprendedores, donde, cuando estás en ciudades grandes, pues te gusta ir para ver amigos, tomarte algo, comer gratis y todo esto. Y conocí a 2 chicas que me dijeron que eran abogadas. Y claro, un abogado que te dice: como tú eres emprendedor novel, oye, tenemos sesiones pro bono para emprendedores como tú. Es lo que me decían estas chicas: vente, si quieres, un día a la oficina, te podemos ayudar, hacer consultoría gratuita para ponerte un poco en orden ciertas cosas. Y yo: oye, buenísimo, ¿no? Entonces me presenté en sus oficinas una o 2 semanas después de ese encuentro, con la enorme sorpresa de que yo no estaba yendo a una reunión pro bono casual con cualquier equipo de abogados, sino que estaba siendo parte de una reunión encubierta con las abogadas de la Mercedes-Benz Fashion Week, que es esta gran semana de la moda en Madrid. Entonces, básicamente, en resumen, ellos sabían quién era yo por el nombre del evento, el Fashion Weekend Lab. Yo traté de registrar mi marca y, cuando tú quieres registrar una marca, al menos en España, le llega una notificación a las marcas relacionadas con esas palabras: Fashion, Weekend, Lab, lo que sea. La Mercedes-Benz había recibido esa notificación y habían rechazado que yo pudiese registrar esa marca.

Entonces, con estas abogadas coincidió que me conocieron en ese evento, y dijeron: este es el chico, vamos a traerlo. Y me sentaron en la típica mesa enorme para decirme: oye, Adolfo, sentimos haberte hecho esto de esta forma, pero es que sabemos que eres tú. Nuestro cliente quiere hablar contigo, no quiere que sigas utilizando esta marca, entonces tenemos que llegar a algún tipo de acuerdo. ¿Y algún tipo de acuerdo? Tienes que dejar de hacerlo porque, si no, te vamos a demandar. Punto. Ese es el tipo de acuerdo. O sea, yo no gané nada. Fue bastante histriónico y bastante loco, porque me enseñaron papeles con otras marcas de otros eventos que ocurrían en España en ese momento, con el nombre Fashion Weekend.

Que su cliente estaba al tanto de que existían, pero no tenía ningún problema con esto, aunque no fuesen parte del circuito. Pero conmigo sí tenía algún problema. Yo siempre pensé luego, aunque luego no ocurrió, que tal vez alguien del equipo quería organizar un evento similar o quería utilizar un nombre similar para alguna otra cosa, y yo me adelanté sin tener nada que ver. Una cosa es una pasarela con diseñadores y otra cosa era un evento de emprendimiento. Pero bueno, este fue el camino, y no me quedó otra que decirles: oye, yo no puedo cambiar la marca de aquí a ahora, porque tenía una edición en una semana y lo tenía todo… Vendido, patrocinadores, todo organizado. Pero sí puedo tratar de cambiarla para la siguiente o hacer un rebranding. Eso fue lo que dije. Entonces esa ha sido mi principal contacto con abogados. Así que uno, y ya está, ¿no? No quiero muchos más, la verdad.

Magali: Un poco traumático. Qué malas estas chicas, que se aprovecharon de tu inocencia emprendedora.

Total, contado ahora me río, y creo que lo normalicé muy rápido, pero luego, cuando lo iba contando, digo: pero bueno, ¿a mí qué me han hecho? O sea, esto es de película.

Sí, sí, sí. Es un poco de película. ¿Qué aprendizaje te llevaste de emprender varios años en esta industria?

Adolfo: Pues bastantes. Tengo que recapitular, porque para mí hace ya tiempo, aunque no hace tanto. Pero los principales son 2, no uno. Cuando emprendes en un sector que no es el tuyo…

¿Qué aprendés al emprender en un sector que no conocés?

Adolfo: O vas más rápido y te pegas más hostias… Más rápidas, porque las hostias te las vas a pegar 100 por 100, pero cuando encima no tienes el conocimiento, no tienes los contactos, no tienes la experiencia, te las vas a pegar más fuerte. Por tanto, pégatelas más rápido. Eso fue para mí un aprendizaje importante: el no conocer un sector.

Tienes que ir a más velocidad e ir más de cara para recibir los golpes antes, y a partir de ahí decidir si quieres persistir o no. Y luego el otro gran aprendizaje, en mi caso con este sector en sí, fue… como sería un ejemplo: en mi caso no hubo una reunión en la que yo participé con una marca, con una gran empresa del sector, con un profesional de la moda, que no empezase con un aparte.

Yo era jovencito y todo esto. Entonces yo estaba siempre en duda antes de hablar, por 2 motivos: uno, porque era jovencito, y 2, porque yo no era del sector. Entonces siempre me preguntaban: bueno, pero tú no eres de… ¿no has estudiado moda? ¿No has hecho moda? ¿No tienes una marca? ¿Qué haces aquí? Entonces era un constante tener que justificarte para hacer una propuesta. Ahí hubiese sido interesante (yo lo traté de hacer al principio, pero no le puse el foco principal) tratar de generar un equipo de colaboradores previos, tratar de generar un equipo de mentores dentro del sector. O sea, generar algún tipo de fuerza para poder justificar… Tu no experiencia, porque sí es cierto que había cosas que no sabía: no sabía cómo funcionaba la colección, ni sabía cómo funcionaban los proveedores, ni sabía cómo funcionaban muchas cosas técnicas que para ellos eran muy importantes. Yo solamente veía una oportunidad de negocio y veía un hueco. Eso sí lo veía. Y aquí lo vinculo con el segundo punto. Hay un tema de aprendizaje en cuanto al timing: cuando emprendes, da igual el sector que sea, y ofreces una propuesta que está un poco por delante de lo que el sector necesita, o mucho por delante de lo que el sector necesita… Puede ser también problemático, porque a mí me ocurría. O sea, yo ahora, bueno, hace un par de años, veo algunas marcas haciendo en moda (me refiero a temas de innovación, muy pocas igualmente) temas de innovación abierta, eventos de emprendimiento e intraemprendimiento. Muy pocas, porque es un sector muy, muy, muy tradicional. Pero claro, esto te lo estoy diciendo hace 6 años: un chico que no es del sector diciendo: hola, vamos a hacer innovación abierta entre emprendedores y empleados, vamos a hacer intraemprendimiento, vamos a hacer… Y todos me decían: pero, ¿qué te has fumado? Entonces, para mí, aunque en ese momento, cuando tú estás emprendiendo y crees en tu idea, estás cegado, vas 100 por 100 a lo que sea, me quedo con mis 2 grandes aprendizajes: el timing, y, al no ser parte de un sector y no tener la experiencia, cómo puedes fortalecer temas antes de meterte en el camino.

Magali: Claro. ¿Qué otras cosas probaste?

¿Por qué es tan difícil sostener varios proyectos a la vez?

Magali: ¿Qué otros proyectos surgieron en estos años? Podés contar cosas buenas, o sea, cosas que pasaron por un tiempo, y cosas que quizás abandonaste rápido, como que probaste y no continuaste.

Adolfo: Mira, en esta etapa, así, cosas que me acuerdo, y seguramente me voy a dejar bastantes. Yo venía de trabajar en una startup que fue la que me llevó de Sevilla a Madrid. Entonces para mí fue un año y medio de aprendizaje muy bueno, muy interesante, que acabó con una compra de la startup, y por eso salí yo de ahí.

Decido quedarme en Madrid, empiezo a trabajar en un espacio de coworking, conozco a un montón de gente del ecosistema: inversores, emprendedores, empresas de todo tipo. Y ahí es donde yo decido también lanzar mi propio proyecto, y es cuando entro con todo este tema del evento, ¿no? Y del evento que luego se convierte… Y aquí es donde empiezo a probar cosas, porque claro, yo hago una experiencia que se basa primero en un evento que tiene más difusión y más alcance del que yo esperaba en un primer momento, y de repente veo la oportunidad de que tengo una pequeñita comunidad de gente… Que me sigue o que está esperando a que haga más cosas, ¿no? Y marcas que me dicen: oye, yo quiero meter pasta, dinero, patrocinar, no sé, colaborar de alguna forma con lo que estás haciendo. Entonces yo aquí empiezo a probar cosas. Empiezo a tratar de hacer ejercicios o acciones en los que ponía en contacto a empleados de diferentes marcas con emprendedores, para que generen espacios de acción para mejorar trabajos de estas marcas.

Empiezo a tratar de… este es mi gran reto, que no conseguí y que me hubiese encantado. Yo quería montar un espacio de formación dentro del proyecto, que no me acuerdo cómo se llamaba, algún nombre tipo Fashion Academy, no sé qué. Entonces el formato creo que era bueno, porque yo traía a gente tipo el director de omnicanal de Adolfo Domínguez, el responsable de crecimiento de otra marca. Gente potente que no estaba en ninguna formación, que no estaba en ninguna escuela de negocio, que era gente muy buena profesional.

Estaba en su universo de la moda y yo los sacaba de ahí. Les pagaba, creo que era nada, o sea, les pagaba, creo que eran 150 euros el taller o algo así, y los traía a un espacio de coworking con un grupo reducido a hablar y hacer sesiones prácticas sobre omnicanal, sobre marketing digital, sobre proveedores o sobre marca. Entonces a mí ese formato me gustaba mucho. Creo que la propuesta era muy buena.

Hicimos algunas píldoras formativas, quedaron todos muy contentos, pero no tuve la capacidad, porque traté de irme a muchas cosas a la vez: de generar una audiencia, de generar un posicionamiento de marca, de generar, al final, un modelo de negocio rentable para que yo pudiese sacarle un margen a esas formaciones y, entre comillas, fuese sencillo que fuesen viniendo. Luego también empecé a colaborar como proveedor organizando eventos para generar una mayor cultura organizacional dentro de marcas de moda. Entonces empecé a trabajar con algunas marcas que tenían espacios en sus oficinas o en sus tiendas que querían convertir, que no fuesen solamente tiendas. Entonces también montábamos talleres, sesiones, traíamos a gente del sector o de fuera del sector, organizábamos… Cervezas con Estrella Damm, con Mahou, con lo que sea, y montábamos allí eventos de networking. No sé, probamos un montón de cosas y algunas salieron bien, otras no. Lo que más funcionaba definitivamente, por lo que yo creo que más se nos recuerda en ese momento, fue por los hackathons, porque éramos los únicos que lo estábamos haciendo, y de verdad salían muy bien y la experiencia era muy buena. Y luego el resto, pues fuimos probando.

¿Qué te deja un voluntariado en Marruecos a los 17 años?

Adolfo: O yo fui probando, para ver si daba con la tecla en algún sitio.

Magali: ¿Y cuál fue el primer proyecto que hiciste, a los 18?

Adolfo: Creo que tenía 17 todavía, y fue una ONG. Yo básicamente, como decía, soy de Sevilla. En mi colegio, en mi instituto, nos daban la oportunidad a esa edad, a algunos, los que nos quisiéramos apuntar, de hacer lo que llamaban la semana solidaria, que era como irse un par de semanas a algún lugar de España o de África, Marruecos principalmente.

A hacer un voluntariado, con el pretexto de ve allí y ayuda a la gente necesitada, cuando luego es todo lo contrario: te ayuda mucho más a ti que lo que tú ayudas, ni un porcentaje. Y yo me apunté. Me llamaba la atención, no sé si era el hecho de viajar o el hecho de vivir una experiencia diferente o el hecho de sentir que ayudaba a alguien. No lo sé, pero me apunté y me tocó Tánger. Entonces me fui a Tánger, estuve allí un tiempito con otros compañeros, trabajando día y noche en lo que me decían, colaborando con diferentes tipos de organizaciones. Y a mí en ese momento… lo digo siempre así, en modo broma: siempre cuento que nací a los 17 años, porque antes de eso era un chavalito… Normal y corriente, bien, sin más. Pero en ese momento como que me desperté. Me di cuenta de muchas cosas que tenía tan cerca de mí. Y no hace falta que me vaya a Tánger: en mi barrio de al lado había gente viviendo en situación de pobreza o desigualdad. Pero en ese momento a mí Tánger fue lo que me abrió la cabeza, más que nada porque era lo más diferente que había visto hasta ese momento.

Y volví a Sevilla con muchas ganas de montar cosas, de crear cosas, de tratar de canalizar eso hacia algún sitio. Y esa energía la canalicé en montar, durante casi 3 años, 2 años y medio, una ONG que se llamaba Propongo Movimiento, porque ese era el nombre que se me ocurrió, porque era lo que yo quería hacer: hacer que la gente se moviese para hacer cosas. Punto.

Y fue una etapa también muy interesante, en la que conseguimos hacer algunos proyectitos. Tratábamos de hacerle la vida un pelín más fácil a inmigrantes africanos, que hay muchos, que llegan a Sevilla o pasan por Sevilla y que viven en la calle o en viviendas sociales con muy malas condiciones. Y fue una experiencia humana maravillosa en todos los sentidos: de aprendizaje, de aprender a trabajar en equipo, sin ni siquiera darme cuenta, de empezar a liderar gente.

Yo, de repente… nos juntábamos los sábados por la tarde un grupo de 80 personas que me decían: Adolfo, ¿y qué hacemos? Y yo decía: pero yo qué sé. Y de repente te das cuenta de que empiezas a crear proyectos. Y esto me doy cuenta ahora, cuando lo pienso con perspectiva. En ese momento supongo que simplemente actuaba en base a cosas que quería hacer, y ya está. No había nada que perder, no sé si había algo que ganar, y empezamos a trabajar. Entonces ese es mi primer proyecto propio, que yo siento como mío. Y fue, la verdad, una experiencia muy, muy interesante en todos los sentidos.

Magali: Y vos, o sea, todos estos años, igual… ¿Además de estos proyectos trabajabas full time? ¿Tenías como el sueldo que pagaba las cuentas?

Adolfo: Sí. Bueno, yo con 17 no, con 17 seguía siendo dependiente de mis padres. Con 18 ya… he tenido siempre una obsesión (y esto, si lo escuchara mi madre, me diría: pero hijo…), siempre he tenido una obsesión, que es independizarme de mi casa. Independizarme en general. Siempre me ha gustado ir a lo mío. Para mí la prioridad era cómo puedo hacer dinero para poder costearme lo mío, pagarme lo mío e ir a lo mío. Y no es porque en mi casa estuviese mal, ni muchísimo menos, porque en mi casa he tenido una educación, una comida, un techo. Hemos tenido suerte de estar en una familia estable, con unos ingresos; mis padres, los 2, trabajan. Mi hermano, que es menor que yo, también ha hecho su vida, todo bien. Pero no sé por qué, me ha gustado siempre mucho, pues, el ir a lo mío, y ya está.

¿Sirve estudiar periodismo si nunca lo vas a ejercer?

Adolfo: Entonces, desde los 18 ya entré a estudiar la carrera de periodismo, la cual nunca he ejercido. Y no me siento periodista, ni siquiera leo las noticias. O sea, soy el peor ejemplo, seguramente, que pueda aparecer en una orla académica. Pero estudié esa carrera porque me parecía la mejor salida. Yo tenía y tengo mucha vocación de comunicar cosas, de contar cosas, de explorar otras vidas, ¿no? Y me parecía una carrera… Luego me di cuenta de que no. Entonces, mientras la iba estudiando, o mejor dicho, iba aprobando exámenes, pues sí me dedicaba a trabajar en todo lo que te puedas imaginar. Nunca en esos años era tanto un trabajo fijo de jornada completa, porque tenía que compaginarlo con exámenes, pero sí me daba mi sueldito para al menos no depender de mi familia, y seguir con eso.

Magali: Vamos al momento de la pandemia. ¿Qué decisiones tomaste que cambiaron tu rumbo y tu estilo de vida?

Uf, pues todas. Y aquí entramos en un tema que para mí es más o menos sensible, porque para mí… a ver cómo te lo explico. Yo creo que mucha gente que nos pueda escuchar se puede sentir identificada, porque definitivamente no conozco a nadie que no diga que la pandemia le cambió de alguna forma, más o menos. Pero de alguna forma, como poco, te ha hecho plantearte cosas. Para mí fue el darme cuenta otra vez (porque no ha sido la primera vez que me ha pasado) de que todo lo que estaba viviendo era lo que había querido vivir durante mucho tiempo, pero ya no lo quería más, ¿no? Entonces, cuando tienes un cambio o un momento de cambio con 17 años, bueno, pues no tienes nada que perder y no has hecho casi ningún recorrido.

Es más fácil cambiar. Cuando lo haces con 23 y dejo mi trabajo para emprender, pues lo mismo, estoy empezando; cuando lo hago con 26, pues… Pero cuando ya lo empiezo a hacer cerca de los 30, al menos en mi concepción de la vida, surgen más preguntas, ¿no? Cuando llevo 5 años invirtiendo, sembrando, generando oportunidades profesionales, personales, vivo en un piso en Madrid pagando un alquiler, vivo solo, vivo bien, en el centro, pareja, trabajo, bla, bla. Y digo: hostia, ya está.

Y entonces se genera también esa imagen de que todo te va bien, o la gente te aplaude porque todo te va bien. Bueno, pues ya está, ya esto es lo que tengo que vivir y para esto estoy aquí. Y de repente, no sé si a raíz de la pandemia o no, a mí me coincidió también con que no estaba bien emocionalmente, no estaba bien personalmente, no me sentía bien, aunque tuviese muchas cosas interesantes en mi vida, tanto personal como profesionalmente.

¿En qué lo veías, que no te sentías bien, o cómo se manifestaba?

Adolfo: En el espejo me veía, me miraba, y veía que las cosas no estaban bien. Al final no se conoce…

¿Cómo se vive una crisis personal en plena pandemia?

Adolfo: No se trata de conocer. Entonces yo no me despertaba con… no es nada raro, o sea, yo no me despertaba con ganas, no iba al trabajo con ganas, no estaba concentrado. En ese momento tenía una relación con otra persona y no me sentía bien con ella, no tenía ganas de hacer cosas con mis amigos, no sé, no tenía ganas de crear. Para mí, cuando estoy bien, es como: tengo ganas de montar cosas, de crear cosas.

Cuando no tengo esas ganas durante mucho tiempo, algo me pasa, pierdo un poco mi esencia, ¿no? Y eso coincidió con la pandemia. No fue a raíz de la pandemia, ya estaba como empezando el declive, y de repente llega la pandemia y es como: vale, declive del declive. Y lo que sí ocurre es que me coge en un piso en Madrid en el que vivía, en el que pasaba las noches, mejor dicho, porque yo no vivía en mi casa: la usaba simplemente casi para dormir y poco más. Me doy cuenta de que mi piso no está acondicionado para vivir, que no estoy bien en ningún sentido, que de repente me paso todas las horas posibles trabajando. Yo en ese momento trabajaba en 2 empleos diferentes. Yo vivía solo, entonces me quedaba muchas horas solo, lo cual te hace pensar mucho.

La ansiedad sube, el caos se eleva y ahí es cuando digo: no sé qué estoy haciendo, me siento muy perdido. Tengo un poco esa crisis emocional. Rozó, o no sé si incluso tocó por completo, no lo sé, ese proceso que muchos pasamos de burnout, de decir… Me quemo al 100 por 100 y quiero dejarlo todo. Tengo un poco ese proceso en la pandemia. Ah, y algo importante: tengo encima una lesión física, que yo creo que todo se conectó. Una lesión que llevaba arrastrando 3 años porque soy así de mongolo, como decimos en mi tierra. Una lesión que tengo durante 3 años en la pierna, no me la cuido, no me la curo, y cuando llega la pandemia explota. Pero explota a nivel de que yo me despertaba llorando, me acostaba llorando, no me podía levantar de la cama, estaba solo. O sea, lo pasé muy mal. Durante los primeros meses me pilló en Madrid, y en España fue muy, muy rígido todo el tema de la pandemia. Y bueno, no fue la mejor de las experiencias, la verdad. Hay un momento, en una de las etapas en las que la pandemia parecía que empezaba a bajar, entonces las ciudades se abrían, podíamos viajar un poquito, aunque fuese dentro de España… Que me permite irme en mi máximo momento de duda. Sobre todo, yo quería dejar mi trabajo, quería dejar a mi pareja, quería dejar la ciudad, lo quería dejar todo. O sea, no me hallaba en ningún sentido. Me fui a Mallorca con un amigo emprendedor durante una semana y media, 2 semanas, creo que fueron al final, a un espacio de coliving que una amiga había abierto allí en Mallorca. Y me fui para allá, en la sierra de Tramuntana, un lugar increíble, maravilloso, idílico, de sueño. Ya no existe, así que puedo hacer publicidad porque ya desapareció ese lugar, pero duró un año. Y ese momento de parar es un gran aprendizaje.

Y sigue siéndolo. El momento de parar. En pleno, ya hablé con mi trabajo diciendo: oye, chicos, me quiero ir, quiero dejarlo. Y me dijeron: ni se te ocurra, espérate, te esperamos. Vete a Mallorca, haz lo que necesites hacer, una semana, 2 semanas, un mes, pero no dejes esto, es una etapa. Me ayudaron mucho en ese sentido, pero sí es cierto que me quisieron empujar simplemente a que lo dejara pasar, lo dejara pasar. Y me fui a Mallorca, estuve un par de semanas casi desconectado de todo, centrado en cocinar, en ir a la piscina, en tomar el sol, en pasear por Mallorca, estar con amigos emprendedores, gente que acababa de conocer. Y ahí, en ese freno, me di cuenta de que efectivamente no estaba bien, no iba a estarlo volviendo a la vida que estaba teniendo, y tenía que volver a empezar, volver a generar un cambio.

Me daba miedo, evidentemente, pero tenía más ganas que miedo. Entonces volví a Madrid y el mismo día que volví… Hablé con mi equipo: chicos, gracias por esperarme, pero yo me quedo aquí. No voy a irme hoy ni mañana, pero sí necesito que preparemos la salida. Yo llevaba trabajando en esta empresa 3 años, lideraba un departamento, tenía un equipo, entonces era un proceso. Los quiero mucho, son amigos, y no me iba a ir de la noche a la mañana, evidentemente. Pero sí quería irme. Entonces estuve en esa empresa 3 meses más desde el momento en que volví de Mallorca, para hacer toda la transición, para contratar a nuevas personas y que todo esto fuese de la mejor forma posible.

Lo que sí hice a la semana después fue irme de Madrid. Me fui por completo y me volví a Sevilla. Estuve durante unos meses en Sevilla y estuve unos meses más por el sur. Luego te cuento cuál fue el siguiente paso de este declive, y ya está. Eso fue un poco mi momento con la pandemia, cómo me afectó y cómo lo fui procesando. Y después aparece otra etapa en la que empieza a haber más viajes.

¿Cómo decidís dejar tu trabajo, tu ciudad y tu pareja?

Magali: ¿Cómo hiciste este cambio?

Adolfo: Hay un momento en el que, como te digo, doy el paso. Y aquí, o sea, no quiero remarcar nada como si fuese esto lo más increíble de la historia, pero para mí lo fue. O sea, quiero poner en contexto, por si alguien se siente identificado y está en ese momento de crisis, dudando sobre si hacer una cosa u otra. Yo estaba con la máxima estabilidad (no con la máxima, pero con una grandísima estabilidad) en una ciudad complicada profesionalmente, con un círculo de amigos y de personas maravillosas alrededor, con un trabajo en el que me sentía bien, con un nivel salarial bueno, viviendo en un lugar bien. O sea, yo estaba muy bien, y aun así puedes no estar bien. Esto lo remarco un poco porque me cansa el discurso de: bueno, si todo lo que está alrededor tuyo funciona, por dentro también. No: por dentro puede ser un caos por los motivos que sean y por fuera pueden ir las cosas muy bien, o al revés.

Entonces, yo en ese momento tengo ese viajecito de ir a Mallorca. Me sirve como escapada, me vuelvo a Madrid, dejo Madrid. Nunca me ha pasado esto en ningún lugar: yo me iba andando por las calles de Madrid y decía: yo no tengo que estar aquí. Ya no pertenezco a este sitio. Ya está, se acabó. Doy el paso, me mudo a Sevilla, voy a casa de mi familia. Llevaba sin vivir en casa de mis padres muchos años. No duré una semana en casa de mis padres. Dije: no, no va a pasar, no puede ocurrir. Los amo y los quiero, pero ya son cambios demasiado fuertes en convivencia, en formas de entender la vida, en horarios, en todo.

Y entonces cogí un apartamento durante unos meses en Sevilla. Me mudé para allá, meses muy, muy buenos. Y ahí yo empiezo a activarme más. Como te decía antes, yo estoy bien cuando tengo ganas de crear, ¿no? Pues ahí, en esa transición de dejar el trabajo, empiezo a crear un ecommerce con un amigo, empiezo a crear un proyecto propio de podcast, empiezo a meterme en otras iniciativas. Yo ya empiezo como a ver que me estoy recuperando, que este cambio me está dando aire. Empiezo a recuperar un poco lo que yo era. Igual no estaba bien todavía, pero empiezo a recuperar las ganas, ¿no? Paso hasta la última parte del año, hasta diciembre, principios de enero, en Sevilla.

Y hay un momento en el que, a nivel pandemia, estábamos otra vez bastante cerrados, sin poder movernos mucho.

Yo me la juego un poquito, dentro de la responsabilidad, porque sé que no estoy afectando directamente a nadie. Cojo el coche de mi familia, uno de los coches que tiene mi madre, que no lo utiliza, y a principios de año me voy, con billete de ida, por decirlo así, o con coche de ida, a pasar una temporadita en un apartamento que tiene mi familia en la playa.

En un pueblito donde viven 5 personas, y ahora la sexta, y donde no había absolutamente nada que hacer ni absolutamente nadie. Entonces me fui para allá porque lo necesitaba. Mi cuerpo me pedía desconexión absoluta, estar fuera de todo, parar con todo.

Y me fui para allá, y lo que iba a ser una semana o 2 semanas acabó convirtiéndose en 3 meses de desconexión total y absoluta con todo. O sea, veía a una persona una vez en 3 meses. Y fue realmente sanador.

Magali: ¿Qué hacías? ¿Leías? ¿Qué hiciste 3 meses ahí?

Adolfo: Paseaba. De verdad, paseaba mucho. Yo ahí tenía la playa enfrente o cerca, entonces me ha ayudado un montón. Siempre me reía: tenía vida de jubilado sin serlo. Yo ya dejé mi trabajo principal, pero seguía dando clases. Yo llevo dando clases muchos años, ¿no?

De emprendimiento, de marketing digital, en diferentes universidades, escuelas de negocio. Y aquí llevaba ya un par de años liderando el grado de emprendimiento de una universidad a nivel online, y eso sí lo seguía haciendo, pero me quitaba, si no recuerdo mal, 2 horas a la semana. Entonces era como: OK, oye, Adolfo, esto lo puedes gestionar en 2 horas a la semana, haz algo con tu vida. Entonces tenía ese trabajito.

Y luego estaba como jugando a montar un ecommerce, como te digo, con un amigo, pero era un juego literal. O sea, no era nuestro proyecto de vida, ni queríamos que funcionase al 100 por 100, ni queríamos dedicarnos a eso. Estábamos jugando a montar un ecommerce, aprendimos mucho y luego lo cerramos. Ya está. Entonces yo, de verdad, me despertaba con el sol, casi al amanecer, me iba a la playa, paseaba, cuando me aburría de pasear me iba a casa, desayunaba, leía, veía la tele, veía series, leía, paseaba, comía, hacía la siesta, y los días eran un poco el día de la marmota en ese sentido. Llamaba a amigos; a veces había veces que me desconectaba del todo y no hablaba con nadie.

Un poco lo que iba sintiendo. Lo que quería era volver a reducir la tensión, volver a reducir el movimiento por movimiento. Y para mí se pasaron, digo 3 meses y parecen mucho, se pasaron volando. Fue, de verdad, muy, muy bueno.

Magali: Bueno, después viene la etapa de empezar a viajar más internacionalmente. Te fuiste a Bali cuando todavía era difícil de entrar, y después empezaron todos estos viajes: nos vimos en Barcelona, ahora Grecia, Albania, etcétera. Quiero saber para vos cuál es…

¿Qué tiene de duro la vida de nómada digital?

Magali: Algún efecto secundario de ser nómade digital, o sea, de viajar mientras trabajás, que no te hubieses imaginado hasta que lo viviste.

Adolfo: Creo que ninguno, porque tengo mucha imaginación, pero que es más de lo que hubiese imaginado, sí. Es decir, yo llevo un par de años como nómada digital full time, por decirlo así. Antes de eso viajaba mucho, trabajaba en remoto, me iba por temporadas, pero luego siempre volvía a Madrid.

Y llevo 2 años en los que, digamos, no vuelvo a ningún sitio, estoy en movimiento, a veces etapas más largas, a veces etapas más cortas. Yo nunca he romantizado la idea de ser nómada. Yo sabía, porque consumía mucho contenido de gente que lo era o porque conocía a gente que lo había sido. Entonces no me quedaba con la foto: entendía o asumía lo que había detrás de la foto, o detrás del vídeo, detrás del podcast.

Entonces sí entendía que iba a ser duro, que en algún momento iba a ser estresante y que había que tener una capacidad de adaptación bastante importante. Siento que la tengo, pero esto me ha hecho darme cuenta de que todavía es limitada, hace falta mucho más. Entonces, algo que no hubiese imaginado… creo que más o menos todos los escenarios los tenía presentes. Ahora, el nivel de intensidad sí que me sorprende en muchas ocasiones. También digo: esto es buscado por uno. Yo también soy muy intenso, y muchas veces, como esta semana, que voy a coger… No lo sé, creo que son 7 vuelos esta semana. Tampoco tiene sentido, Adolfo. Hay veces que digo: organízate mejor. Pero claro, cuando ya entra el ansia, quieres llegar, quieres estar en un sitio, ya vienes con la locura que llevo estos últimos cuatro o 5 meses de no parar de viajar. Bueno, pues lo ves como un vuelo y ya está. Para mí la cuestión que me tengo que seguir todavía aprendiendo es esto: el medir la intensidad y el gestionar mejor ciertos tiempos, porque llega un momento en el que no estás… Disfrutando lo que estás viviendo, ya sea por cansancio, ya sea porque lo normalizas. O sea, yo ahora mismo tengo normalizado que estoy teniendo esta conversación contigo desde una cafetería en la montaña de Corfú, que es un lugar al que a lo mejor no vuelvo nunca más en mi vida. Y para mí esto es algo normal, como si lo estuviese haciendo en mi casa de Sevilla, en mi cuarto de toda la vida, ¿no? Entonces ahí creo que hay un punto negativo. Yo trato de hacer un ejercicio consciente. Además, viajo con mi pareja y hablamos mucho de esto: oye, mira dónde estamos, ¿no?

Y trato de escribir todos los días en una aplicación, pongo fotos, trato de hacer siempre ese ejercicio de: oye, mira dónde estamos; oye, mira qué bonito, está lloviendo, está nublado, hace sol; oye, qué suerte tenemos de estar en esto; oye, qué guay es lo que estamos viviendo; oye, qué valientes, lo que estamos haciendo. Trato de hacer este ejercicio consciente. Pero igualmente, a veces digo: Dios, otro vuelo. Hoy estoy cansado porque tengo que coger un vuelo a Atenas en unas horas y digo: Atenas, qué pereza. ¿Cómo que qué pereza? Atenas, Atenas es increíble.

Tengo que tener ganas de ir a Atenas y de ver todo lo que hay allí, ¿no? Y mañana tengo la excursión por la mañana para ver todas las cosas, y estoy como: otra excursión, Dios mío. Me paso, y contesto rápido.

Estuve hace unos meses… me fui con mi hermano. Le regalamos por sorpresa a mi madre uno de los viajes de sus sueños y nos fuimos a Turquía. Nos fuimos los 3; mi padre se quedó en casa cuidando a las perritas. Yo venía de estar 2 meses sin parar de viajar de un lado para otro, y en Turquía, diciendo: no quiero ir a Turquía. No quería hacer ningún viaje, me daba igual todo en Turquía. No quería coger un avión más, no quería coger un coche más. Y claro, para mi madre era el viaje de su año, para mi hermano lo mismo, era el viaje internacional que iban a hacer en el año, y tenían una ilusión increíble. Y ahí me di cuenta de: hostia, lo mucho que cansa también. Y hay que medir mejor los tiempos, porque si no te dejas un montón de cosas por el camino. Y eso te diría que puede ser la parte negativa de esto.

Además de las pequeñas cosas logísticas, que al menos para mí son más pequeñas: todos los días te tienes que reinventar de alguna forma, encontrar internet que conecte bien, las horas. Al final, la libertad que te aporta, al menos como yo lo vivo, ser nómada, para bien y para mal, es mucha. Gestionar esa libertad no nos han enseñado a hacerlo, todo lo contrario. Entonces el gestionar estos sentimientos, el despertarte y decir: bueno, yo tengo a veces una reunión aquí, una reunión aquí, pero a partir de ahí lo tengo muy abierto.

Yo mismo me voy organizando eso todos los días.

Como no tenga cierto sistema, te puede volar un poco la cabeza.

Magali: La experiencia que me pasó, lo mismo, de tomarme vacaciones en Turquía con mi familia después de muchos viajes, y era como un poco la misma sensación. Pero es un país increíble para el que pueda visitarlo. Quiero saber cómo nace A lo Tuyo.

Adolfo: Pues mira, A lo Tuyo, para quien no lo conozca, que será todo el mundo porque es un proyecto muy nuevecito, todo el mundo menos los que están, vamos. Exacto.

¿Cómo funciona una comunidad para quienes quieren ser nómadas?

Adolfo: Es un proyecto, básicamente, en resumen… y es un proyecto que está ahora mismo vivo porque está evolucionando, ¿no? Pero el origen del proyecto de A lo Tuyo es generar un espacio, una comunidad, un lugar, como lo queramos llamar, online, en el que poder conectar y conocer a gente que se lo monta a su manera, que vive como quiere. Normalmente, es cierto que el perfil de gente que está en la comunidad, que está dentro, que está viniendo, suelen ser personas que ya son nómadas como nosotros, o personas que quieren serlo y que están en el camino: oye, dentro de cuatro meses tengo ya un viaje organizado, lo empecé a organizar y quiero estar cerca de gente que me entiende. Entonces son personas que trabajan por cuenta ajena o por cuenta propia y que tienen muchas ganas de conocer mundo y de romper un poco sus esquemas mentales, ¿no?

Entonces, lanzo este proyecto hace 3 meses. Es un modelo de suscripción: te apuntas con un pago anual, y hasta ahora lo que has ido recibiendo es, una vez a la semana, conectarte a una sesión en directo para conocer a alguien que se lo está montando a su manera, con diferentes modelos, ya sea emprendedor de startup que está levantando rondas mientras viaja por el mundo, ya sea emprendedor pequeñito, que tiene un side project y que gana lo justo para vivir, 300 euros al mes. Entonces la idea es, o empezó siendo, generar un espacio para conocer, para hacer preguntas, para conectar y para sentirte seguro.

Dando por hecho que tu entorno probablemente no te acabe de entender del todo, porque: oye, mamá, papá, novio, novia, primo, prima, me quiero ir a vivir por ahí emprendiendo por mi cuenta, quiero hacer dinero con el ordenador. Aunque estemos acostumbrados los que estamos dentro, y si nos metemos en Twitter todo el mundo hace estas cosas, es un porcentaje muy pequeño de la humanidad. Entonces crear estos espacios de seguridad creo que es interesante y es importante. Lancé este proyecto hace 3 meses… Justo ayer. Y el crecimiento ha sido para mí muy interesante, estoy aprendiendo mucho ya. El formato se está ampliando: ya no es solamente una sesión semanal. Empezó siendo un grupo de Telegram y ya nos hemos pasado a Discord para estar más ordenados, y ya estamos haciendo más sesiones, también internas, y también trayendo otro tipo de profesionales a nivel externo. Han entrado 107 personas en total en estos primeros 3 meses, de diferentes partes del mundo.

El lenguaje es el castellano, el español. O sea, es una comunidad hispanohablante, y hay gente de Latinoamérica y gente de España principalmente, aunque viven o están en diferentes partes del mundo. Y la verdad, estoy muy feliz, porque a mí me ha gustado siempre crecer en comunidad y ser parte de comunidades. Entonces el poder organizar, o el poder de alguna forma llevar una, es algo que me hace mucha ilusión. Y sí estoy poniendo mucho foco y mucho hincapié en que esta comunidad, este proyecto, se codiseñe o se coorganice junto con la gente que forma parte. Entonces estamos haciendo sesiones cada x días para: oye, tú, ¿qué quieres aquí dentro?, ¿y cómo te gustaría hacer esto?

¿No? Entonces también es un proceso de descubrimiento, no solamente de liderar un proyecto. Bueno, muy contento en ese sentido. Y por eso surgió un poco, por las ganas de tener a gente cerca, entre comillas, que vea la vida como yo, que se lo quiera montar a su manera, y ya está, y tener un poco ese espacio de ayuda, de colaboración y de aprendizaje.

Magali: ¿Estás listo para entrar en esta parte donde vamos a desarmar tu cerebro?

¿Qué prejuicios genera Adolfo Berraquero en Twitter?

Magali: Te voy a ametrallar a preguntas.

Adolfo: Encantado, listo, listísimo.

Magali: Bien, a ver. Contexto: Adolfo tiene doble personalidad en Twitter, es Nomadito, con muchos seguidores. Sí que creció la audiencia muy rápido. Después lo pueden buscar y ver todo el contenido que hace. Quiero saber qué asumen de vos en Twitter.

Adolfo: Un montón de cosas, seguro. Yo creo que las más típicas serán, nos pasa a muchos, yo creo, que soy un niño de papá o de mamá, o sea, que todo me lo regalaron; que soy un vendehumo, es decir, que lo que ofrezco no tiene ningún tipo de valor; o que quiero estafar a las personas. Que soy un altanero también, supongo, ¿no? O sea, que vivo la vida como si fuese superior a alguien. Y supongo que eso es una imagen que un porcentaje puede ver de mí o de cualquier persona que tenga un modo de vida similar al mío.

Yo creo que esas son las principales.

Y que tengo mucho dinero, mucho dinero. Sí, top 3: que tengo muchísimo dinero y que vivo de la renta o de algún tipo de herencia. Yo me atrevo a decir que eso ha pasado por la cabeza de alguien.

Magali: O del aire, que es mucho mejor.

Adolfo: Ojalá.

Magali: Bien, perfecto. Decime algo en lo que seas malo.

Adolfo: Soy poco organizado e improviso demasiado. Todo, casi todo. Y soy mucho menos constante de lo que debería ser para muchas cosas.

Trato de mejorar estos 3 puntos que te digo.

Unos más que otros, pero te diría que así, de primeras, son las 3 cosas que más problemas me causan, o que más me reclaman, así que supongo que será lo más malo que tengo.

Magali: Bien, perfecto. ¿Te acordás el mejor o el peor consejo que te hayan dado?

¿Cuál es el mejor y el peor consejo que recibió?

Magali: Hostia, el mejor… Son antónimos. El mejor consejo que me han dado es… Rodéate de la gente que te sume y que te aporte, y deja fuera a los que no. Y yo en eso soy muy estricto desde siempre.

He cambiado mucho de entornos y voy siempre en constante búsqueda de quién me nutre, a quién puedo nutrir y quién no. Me tiembla poco la mano para decirte chao, porque aprendí hace mucho tiempo que poco se puede rascar.

Y el peor consejo que me han dado, y esto tal vez sea un poco impopular, es «la familia es lo primero», en el sentido de entender que la familia, por ser familia, por ser tu tío o tu tía, tu primo o tu prima o lo que sea, tiene que ser lo más importante en tu vida, te traten como te traten, se porten como se porten contigo. Para mí el apellido y la sangre ocupan un lugar bastante relativo en mi vida.

Yo quiero a la gente que me quiere, y yo quiero querer a la gente que quiero, no por cómo te llames ni por lo que se supone que signifique. Entonces, bueno, son mis formas de ver las cosas y eso es un poco lo que implica.

¿Para vos hay alguna otra cosa que pienses distinto al común de la gente?

Adolfo: No lo sé. Supongo que para mí es muy normal, porque de nuevo me he rodeado casi siempre de gente similar a mí en cuanto a motivaciones, necesidades, intenciones. Entonces para mí es muy normal, pero cuando salgo un poquito de mi burbuja me doy cuenta de que no tanto. Para mí el hecho de vivir la vida que vivo, para mí el hecho de entender… Al final me gusta mucho el concepto, no de pensar, que es un poco agobiante, ¿no?, pero de pensar que, oye, hoy es un día menos. Y tener eso relativamente presente me hace sentir que soy más yo, y creo que sí es diferente. Una cosa que me ha dicho siempre mi madre, y que le agradezco mucho, es: trata de no vivir en automático. Y lo he hecho, y lo hago y lo haré.

¿Por qué no perdonar a tiempo es una mala decisión?

Adolfo: Pero trato de no hacerlo. Creo que vivir en automático es la peor de las muertes.

Magali: ¿Te acordás alguna mala decisión que hayas tomado? En cualquier ámbito, puede ser cualquier cosa. Se ríe, para los que solo nos escuchan, mirando el cielo, riéndose.

Adolfo: Estuve leyendo…

Estoy eligiendo y se me conectan muchos temas, no profesionales, personales. Para mí una mala decisión es no haber perdonado cosas a tiempo, cosas que me han hecho daño, personas que me han hecho daño de alguna forma intencionada. Creo que he aprendido tarde a perdonar antes, y me vale para todo. Entonces sí tengo en la cabeza cosas donde he guardado rencor o donde he pensado que yo lo podría haber hecho mejor, y que luego me han llenado de mucha rabia interna.

De muchos prejuicios, de muchos conceptos que no me han ayudado en otras cosas. Y otra, en relación a esto: una mala decisión que he tomado, y que por fin ya he llegado a la conclusión y estoy dando el paso a cambiarlo, es haberme apuntado, no creo que se diga así, pero haberme apuntado a un psicólogo tan tarde. O sea, empecé recién a trabajar con una psicóloga hace nada, un mes. Ponte, de qué estamos hablando ahora.

Y es de otras cosas que dices: ¿por qué dejé tanto tiempo?

¿Por qué no tomé esta decisión antes? Para mí fue una mala decisión no haberlo hecho antes. Creo que hubiese aprovechado la vida mucho más.

Magali: ¿De qué creencia limitante te deshiciste los últimos años?

Adolfo: De pensar que no se puede cualquier cosa. Y puede sonar muy naif, y no quiero caer en discursos vacíos ni mucho menos, pero yo lo siento de verdad dentro, y esto lo tengo muy presente. Definitivamente creo que hay personas, en las cuales me incluyo, que nacemos con un cierto nivel de privilegio que te ayuda a conseguir más o menos cosas dependiendo de tu entorno, tus circunstancias, tu momento.

Y hay personas que definitivamente no nacen con ese privilegio, y luego hay niveles y niveles de privilegio, y así como niveles y niveles de subprivilegio, por llamarlo de alguna forma. Pero dentro de mi realidad, de mi entorno, de las personas que pertenecen a esa burbuja… Sí, pienso que puedo hacer muchas más cosas de las que se supone que puedo hacer. Entonces trato de vivir de esa forma. Y trato de recordármelo, porque también se me olvida, y por eso también trato de rodearme de personas que piensan de esa forma, y si no las encuentro, creo A lo Tuyo para traerlas y que me ayuden a seguir creyéndolo.

Magali: Lo de las personas es muy importante, ¿no? A veces no nos damos cuenta en el día a día, pero esto de ser el promedio de los 5 que te rodean es 100% verdad. O sea, el que no te impulsa un poco te ancla, y no te das cuenta, y es muy peligroso cómo se te pega. ¿Qué idea o concepto… ¿Estuviste pensando recientemente? Puede ser nuevo o puede ser repetido, puede ser lo que sea.

Adolfo: Son 2. Tengo muchas ganas de establecerme, entre comillas, en algún lugar, y me sorprenden las ganas y me alegra tenerlas, porque llevo mucho tiempo sin querer establecerme en ningún sitio. Y para mí, spoiler, establecerme significa estar 3 meses en un sitio. No nos asustemos, tampoco nos vengamos arriba. La antidefinición de establecerse, pero para mí es la definición ahora mismo brutal y perfecta para mi vida.

Para mí estar 3, 4 meses en un mismo lugar me parece guau, increíble, sobre todo tener la libertad para decidir si me quiero quedar más tiempo o menos.

O sea, de verdad te lo digo, para mí es oro, ¿no? No hay nada más importante que esa capacidad de elección. Entonces, en lo que más pienso actualmente es en: oye, me apetece estar 3, 4 meses en sitios sin pensar en que tengo que coger otro avión pronto, y me apetece seguir empujando y seguir trabajando para poder seguir viviendo de esta manera. Es lo que más me motiva en mi día a día.

Magali: ¿Por qué hiciste la cuenta de Twitter de forma anónima?

Adolfo: Porque me parecía más divertido así. Estaba…

¿Quién está detrás de @nomadito y qué es el éxito para él?

Adolfo: Esa es la respuesta más sincera que te puedo dar. Cuando entré en Twitter otra vez, estaba primero así como observador, y empezaba a ver todos los perfiles, todas las personas, y me abrumó y me aburrió el ego. Es algo en lo que yo también caigo, y me abrumo de mí mismo. Pero me pareció demasiado. Entonces era como: no, no quiero, mira, me aburre volver a entrar, queriendo o sin querer, en el juego de yo vivo más, yo vivo mejor, yo emprendo más, yo emprendo mejor. Ya he sido parte de ese juego. Me aburre mucho el ecosistema de emprendimiento internacional, me da igual el país, me aburre porque he sido parte de él durante muchos años, y me aburre muchísimo lo que significa para mucha gente o cómo lo viven. Me aburre el premio, me aburre el reconocimiento, me aburre la portada, me aburre la foto. O sea, le tengo hastío real.

Entiendo las consecuencias, los puntos positivos, pero no lo que hay que pasar normalmente para llegar a eso. Entonces, cuando me metí, estaba viviendo en Bali, estaba viviendo una vida descalzo, tranquilo, sin jaleos, sin tener que medirme con nadie. Estaba en pandemia, en un lugar maravilloso. Estaba viviendo la vida que quería, no tenía que demostrarle nada a nadie, no tenía que poner fotos con mi cara, o sea, no subía cosas ni en Instagram. Estaba al 100 por 100 desconectado de todo, y estaba muy bien así.

Entonces, eso por una parte. Pero sí me apetecía meterme en la red social, porque veía una oportunidad de nuevo de crecimiento, de negocio potencial, de network, de aprendizaje. Entonces dije: oye, creo que es de las pocas redes sociales donde puedes tener un perfil anónimo y donde puedes igualmente aportar valor y que la gente te siga, aunque no sepa quién eres. Había perfiles que lo hacían así, y dije: oye, ¿por qué no voy a intentarlo? Entonces lo intenté así. El impacto y el feedback fueron positivos desde el principio.

Pues bueno, me divertí haciéndolo de esa forma. Llega un momento en el que me pasa que digo: ya está. O sea, ya he podido demostrarme a mí mismo que puedo aportar valor sin que yo sea lo importante. Entonces ya me apetece más conectar con gente y que no me digan «hola, Nomadito». O sea, me da vergüenza cuando me dicen «hola, Nomadito». Es como: claro, es que no me ha visto.

Magali: Existe hace 6 meses, digo. O sea, me parece recontra importante decir: che, Adolfo es el que viene haciendo las cosas, y Nomadito acaba de aparecer.

Adolfo: Correcto, correcto, correcto, sí. Y además porque me mandaban a veces mensajes privados o me escribían «Nomadito, no sé bien cómo te llamas», o a lo mejor teníamos una conversación de podcast con alguien: «hola, Nomadito». O sea, oye, soy Nomadito en Twitter, pero me llamo Adolfo, y vengo de Sevilla, y tengo esta experiencia, y tengo estos miedos, y tengo estos aprendizajes. Y entonces, bueno, me hace gracia la dualidad igualmente a mí mismo.

Me río y me divierte, pero por eso también, hace como un mes, 2 meses, me sigo llamando Nomadito en Twitter, pero ya puse mi cara, me presenté y dije: oye, soy esta persona, por si a alguien le interesa, y si no, simplemente lo decía. No para que me sigas. Si alguien me tira hate, al menos que sepa quién lo hace. También me parece un tema de educación: si me vas a tirar hate, al menos ponme cara y así nos podemos mirar a los ojos virtuales, ¿no?

Pero sí, esa fue la razón.

Magali: ¿Cuál dirías que es tu definición de éxito?

Adolfo: Soy muy pesado con el mismo concepto, pero para que lo tengamos presente: vivir como te dé la gana vivir, sea lo que eso implique.

Magali: Nada más, como cerramos este capítulo, antes de que te vayas a tomar un vuelo, decime, para quienes nos escuchan, un último mensaje de lo que sea, algo que ya hemos hablado o no, así cerramos esta entrevista.

Adolfo: Yo tengo que decirte que a mí me encanta el nombre de tu podcast, porque creo que es la pregunta que nos hemos hecho todos en algún momento. Definitivamente sí. Definitivamente hay algo más, hay mucho más. Hay un montón de cosas ahí fuera, y no tan fuera, muy cerquita.

Yo me tuve que ir a 200 km de mi casa, a un pueblito con 5 personas, para darme cuenta de que sí había algo más para mí. Me acuerdo de que en esa casa un día tuve una conversación por teléfono con un amigo, un enorme amigo que tengo, dominicano, al que quiero un montón, Miguel, que me decía: oye, no tienes que irte a ninguna parte del mundo lejos para encontrarte, te puedes encontrar en el cuarto de baño. Y te prometo que… Dije: guau. Total, entonces, por eso me tardé tanto tiempo en irme a ningún sitio, porque yo quería irme con la seguridad de que no me estaba yendo por huir de algo, sino porque me quería ir de forma proactiva a buscar y a encontrar nuevas experiencias, ¿no? Entonces sí que hay algo más, ¿no? Ese algo más no tiene una forma predeterminada; para cada persona puede ser una forma diferente. Pero yo sí quiero, desde mi huequito, animar, si a alguien le sirve de algo, a que se busque, ¿no?

A que te hagas preguntas, ¿no? A que, si no encuentras respuestas o ni siquiera sabes qué preguntas hacerte, busques ayuda. A que escuches: hay procesos en los que tienes que escuchar más que hablar. A que mires a gente que hace cosas diferentes a ti, sin ojos críticos, simplemente que los mires como cuando mirábamos de niños pequeños a la gente. Tú ves a un niño pequeño con los ojos muy abiertos, así, porque está simplemente observando. No está juzgando ni criticando, no está tomando ninguna opinión, está simplemente observando. A mí me gusta la gente que viene a la comunidad de A lo Tuyo y que no son el perfil predeterminado que yo había pensado de gente que iba a venir, y cuando se presentan dicen: estoy aquí porque simplemente quiero observar. Y digo: wow.

Bienvenido sea, porque es el primer paso para hacer cualquier cosa: observa. Haz lo que te dé la gana, y luego ya, cuando tú quieras, aporta y activa. Entonces, para mí ese es el mensaje más fuerte que, de nuevo, no soy maestro de nada, trato de aprenderlo todos los días y de recordármelo, pero es el mensaje más fuerte que tengo en mi presente actualmente, y que trato de seguir reforzando, ¿no?

Magali: Y cierra este mensaje con los pájaros de fondo. Cerramos entonces. Gracias.

Gracias, Adolfo, por todo esto.

Adolfo: Nada, gracias a ti. Me vale, aquí con mi pajarito de fondo, que ha empezado y se ha motivado de escucharnos. Gracias a ti por el espacio, por hacer este trabajo, por conectarnos a tantos y por darnos voz a quienes nos quieran escuchar. Ojalá nos veamos prontito, donde sea, y sigamos compartiendo camino en otro lado del mundo.

Magali: Súper bueno, te mando un abrazo, chao. Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal, que lo podés recibir en tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos en la conversación están en tienequehaberalgomas.com, y mandame tus comentarios por redes sociales en @tienequehaberalgomas. Nos vemos la semana que viene.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Adolfo Berraquero y de qué habla en este episodio?

Adolfo Berraquero, @nomadito en Twitter, estudió periodismo, trabajo en marketing en diferentes start ups, emprendió en la industria de la moda y da clases de emprendimientos. Después de la pandemia empezó su vida de viajes y de creación de contenido en Twitter. 

¿Dónde escuchar el episodio completo con Adolfo Berraquero?

El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.