Santiago Grassi
Santiago Grassi es nadador olímpico argentino y emprendedor. A lo largo de su carrera compitió en Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Campeonato Mundial de pileta corta, entre otros, logrando el récord de 100 metros mariposa, y ocupando el primer lugar en su serie durante Tokio 2020. Actualmente vive en Estados Unidos, se graduó en marketing y emprende desde “Dentro del agua” un proyecto que se enfoca en la educación online.

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De qué hablamos con Santiago Grassi
- Su proceso y entrenamiento para el alto rendimiento
- Experiencias en Juegos Olímpicos y competencias internacionales
- Buscar su mejor versión y no resultados
- Mantener la motivación
- No dejar nada librado al azar
- La importancia de la mentalidad para competir
- Trabajar con coach
- Disciplina sin aburrimiento
- Momentos de crisis
- Formar su identidad después de dejar de competir
- Reformular su profesión y combinarlo con el deporte para emprender
Transcripción
Santiago Grassi es nadador olímpico argentino, compitió en dos Juegos Olímpicos y tiene los récords nacionales de 100 metros mariposa. Vive en Estados Unidos, se graduó en marketing y emprende con Dentro del agua. En el episodio cuenta por qué dejó de competir, cómo buscó su mejor versión en Tokio, la disciplina y la identidad después del deporte.
Introducción
Santiago: Al que le gusta competir, quiere ganar, y está bien la medalla. Pero si lo más importante para vos va a ser la medalla, te vas a dar cuenta de que el día después de esa medalla te vas a sentir vacío, porque esa medalla no trae felicidad. Esa medalla es simplemente una coronación a tu esfuerzo, una coronación a todo ese trabajo que hiciste por mucho tiempo. Y si vos aprendés a ver el proceso como tu éxito y no la medalla… La medalla va a ir al cajón de los recuerdos. La medalla va a ir a ese stand en la casa de tus papás y va a quedar ahí. Ahora, lo que vos realmente hiciste es que vos creciste. La persona que empezó el proceso y la persona que terminó, esa persona que ganó la medalla, no es la misma. Bueno, sos la misma persona, pero vos creciste, hiciste un montón de cosas en esos años, meses, que te llevaron a ganar una medalla. Y es eso lo que a vos te hace exitoso y no la medalla. Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. Acá analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para estar alineados con sus valores. Desarmamos la historia para entender cómo lo hicieron. Nos ayudás un montón si te suscribís en la plataforma en la que escuches este podcast.
Magali: Estás escuchando a Santiago Grassi. Él es nadador olímpico de Argentina, viviendo en Estados Unidos. Es licenciado en marketing y arrancó Dentro del Agua, que son cursos online para aprender a nadar como un nadador olímpico. En 2022 decidió dejar de competir y encontrarle otras vetas al deporte.
Santiago participó de 2 Juegos Olímpicos y tiene 2 récords nacionales de 100 metros mariposa, en pileta larga y en pileta corta.
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Ahora sí, vamos con Santiago. Hola, Santiago, bienvenido a Tiene que haber algo más, gracias por venir a conversar conmigo.
Santiago: Hola, Magali. No, gracias a vos y gracias a Luca, que fue quien nos puso en contacto para estar hoy charlando con vos.
Magali: Un abrazo a Luca, oyente del podcast, que me escribió y me dijo: «Traelo a Santiago para hablar de deportes». Así que, Santi, vamos a empezar con: ¿qué es el éxito para vos?
¿Qué es el éxito para un nadador olímpico?
Santiago: Uf, qué buena pregunta para arrancar, ya, de una. ¿Qué es el éxito para mí? Al principio pensé que el éxito para mí era hacer todo lo que yo quería dentro de lo que era mi deporte. Por ejemplo, en su momento, ir a Juegos Olímpicos, ganar medallas, podios. Como que el éxito iba de la mano, generalmente, de esos logros para mí. Después me empecé a dar cuenta de que esas cosas, si bien me ponían contento, no eran para mí lo que realmente el éxito es. Hoy el éxito lo defino como estar viviendo y haciendo algo que a mí me gusta, en el sentido de que es algo que disfruto hacer. Que me puedo levantar todos los días y digo: «Che, hoy tengo la oportunidad de hacer esto», y no el «hoy tengo que hacer esto». Hoy para mí el éxito va de la mano de vivir el día a día desde esa forma, de sentir que estoy haciendo cosas que van de acuerdo con lo que yo quiero, con lo que a mí me gusta, que no es una carga, que lo estoy disfrutando, y que es mucho más simple que lograr un resultado.
Aprendí que en el deporte, especialmente, el éxito cuando sos nadador no es ser el medallista olímpico, sino haber sido ese deportista que el día a día trabaja.
Y que después, al final, el resultado va a ser este o este, pero en el proceso para llegar a ese resultado esa persona se formó, se entrenó, trabajó en él, en ella, físicamente, mentalmente. Y creo que para mí hoy en día eso es éxito. Eso es todo: cuidarse a uno mismo, hacer cosas que vayan en coherencia con lo que uno quiere y no tanto un resultado.
¿Cómo se decide dejar de competir?
Magali: Bien. Vos entrenaste natación intensamente durante más de 20 años. Voy a empezar por el final: ¿cómo decidiste dejar de competir?
Santiago: Cuando me dejé de divertir. Cuando sentí que lo que ya estaba haciendo me estaba pesando y no me causaba ningún tipo de alegría levantarme, imaginate, a las 6:00 de la mañana, a las 6:30, para ir a entrenar, y que sea «hoy no quiero ir a entrenar», cuando es algo que hice toda mi vida sin esa carga de «hoy tengo que ir» o «hoy no quiero ir». Parecía cuando tenía 10 años y le decía a mi mamá: «Ma, no quiero ir a entrenar hoy». Y me pasó de nuevo a los 25, después de 19 años.
Y dije: «Guau, esto no está bueno». Si yo sigo así, probablemente voy a terminar dejando de nadar frustrado. Me voy a enojar con el deporte, y no quiero eso. Tengo hermosos recuerdos en este deporte. Lo último que quiero es dejar de nadar frustrado. Entonces dije: «No voy a dejar, pero sí voy a tomarme un descanso».
Y eso fue lo que pasó el año pasado. A comienzos del 2022 dije: «Necesito una pausa». Necesito una pausa porque no lo estoy disfrutando, y esta es una actividad muy demandante y dura para hacerla sin la parte del disfrute, sin realmente yo decir: «Che, esto es lo que yo quiero hacer». Bueno, también estaba lejos de casa. Yo fui a la universidad en Estados Unidos, y cuando estaba en la universidad éramos 60 nadadores nadando todos juntos. Y cuando son 60 haciendo lo mismo, hay otra energía.
Vos te levantás a las 4:30 de la mañana, pero tenés 20 personas que están haciendo lo mismo que vos, entonces se siente muy diferente. Y cuando terminé la universidad estaba por mi cuenta, entonces eso también sumó a la carga: ahora estoy yo solo haciendo esto, ya no tengo a mis amigos. Y bueno, había muchas cuestiones que tenía que resolver, y lo último que podía estar haciendo en ese momento era poner mi cuerpo y mi mente ahí en la pileta todos los días sin estar convencido de que eso era lo que yo quería y necesitaba.
Magali: Ajá. Para alguien que no conoce cómo es la vida de un nadador profesional, ¿por qué es tan demandante?
Santiago: Bien. Especialmente porque cuando entramos a la pileta no podemos hablar con nadie, entonces es una actividad de una conversación interna constante. Cuando uno está haciendo otro deporte, generalmente tiene la posibilidad de compartir momentos, de hablar, de «¿cómo te fue?». En la pileta eso no sucede mucho. Generalmente cuando estás en el borde descansando, estás tratando de recuperar el aire, y no es un momento para estar conversando.
Entonces, pongamos ya de principio que las 2 horas que uno va a entrenar son 2 horas que vos sabés que vas a estar física y mentalmente en una actividad. Y estar 2 horas con tu atención puesta en algo es un montón de desgaste mental. Y bueno, ¿y después?
El cuerpo. La natación es uno de los deportes que entrena muchos grupos musculares en la misma actividad. Estás entrenando espalda, hombros, brazos, piernas, exactamente, todo. Entonces en ese sentido también es una actividad demandante en la parte física. Y bueno, cuando estás en un nivel profesional, nosotros estamos haciendo 10 turnos semanales de 2 horas de agua, o sea, estamos haciendo 20 horas en el agua por semana, estamos yendo al gimnasio 3 veces por semana, estamos haciendo actividad física.
Fuera del agua, otras 3 veces por semana.
Y bueno, por todas esas cuestiones de lo físico y lo mental al momento de estar entrenando, es una actividad en la que, si no estás convencido, si no tenés el propósito de por qué lo estás haciendo, es muy fácil perder la motivación y decir: «No, esto es mucho para mí ahora en este momento». Entonces tener esa motivación, ese propósito, creo que es fundamental para poder hacer la actividad sin perderse en el medio.
En uno de esos escalones que te van a pasar, de decir: «Che, esto es difícil». Sí, es una actividad desafiante, por eso es importante tener la parte mental y el propósito. Claro, porque creo que si no se haría muy difícil, mucho más difícil.
¿Cómo se sostiene la motivación cuatro años hasta unos Juegos Olímpicos?
Magali: ¿Cómo es prepararse para unos Juegos Olímpicos?
¿Cómo hacés que esta motivación dure todo ese proceso hasta llegar a una competencia?
Santiago: Sí, 4 años es un montón. Creo que es el soñar. Yo soy una persona que desde chico me imaginaba en las competencias. O sea, yo estaba a 4 años de unos Juegos Olímpicos y me empezaba a imaginar: «Imaginate competir en unos Juegos Olímpicos. Imaginate caminar hacia la pileta y que esté toda la gente gritando tu nombre». Y me imaginaba y decía: «Wow, yo quiero estar ahí, yo quiero representar a mi país, quiero poder competir contra los mejores del mundo, quiero poder llegar a ese nivel y decir que competí con los mejores del planeta». Entonces mi motivación… Mi pasión siempre vino por la parte de la competencia. Yo soy una persona muy competitiva, muy competitiva. Y la natación es más entrenamiento que competencia: es 90, 95% entrenamiento y solamente un 5%, quizás, de competencia.
Mis carreras son de 50 segundos, 22 segundos.
Magali: En nada. Es un delirio.
Santiago: Sí, entrenamos horas y horas y horas para competir menos de 1 minuto.
Pero sí, mi motivación venía de eso, de mis logros personales, de decir: «Che, tengo el objetivo de querer ir acá y creo que lo puedo conseguir». Eso también está dentro mío. Siempre fui una persona que se proponía objetivos desafiantes, pero siempre tenía la sensación de que yo era capaz de hacerlo. Nunca me propuse algo y dije: «Bueno, esto no es para mí». Siento que siempre pensé que si tenía el plan y el objetivo, podía trabajar para llegar a ese objetivo. Pero sí, en 4 años es muy importante tener ese propósito en claro. Y bueno, después viene de la mano de tu grupo de trabajo: tu entrenador, tu preparador físico, tu equipo. También las personas con las que vos entrenás, que van a estar en la pileta.
El plan de entrenamiento que vos tenés. Confiar en el plan, si vos no confiás en el plan… Van a pasar un montón de oportunidades en el medio donde no vas a estar convencido de que lo que estás haciendo está funcionando, porque el resultado no lo vas a saber al principio. Son 4 años: vas a entrenar, entrenar, entrenar para recién al final poner todo en práctica. Y en el medio vas a tener que confiar en que lo que estás haciendo… Te está llevando en esa dirección. En el medio podés decir una noche: «Basta». Entonces hay un montón de factores. Tener objetivos a 4 años, como unos Juegos Olímpicos, te lleva a armar un montón de cosas, tener un montón de piezas en el rompecabezas, decir: «Che, bueno, tengo todas estas cosas, y por eso me mantengo motivado» en el proceso.
¿Por qué buscar tu mejor versión en lugar de un resultado?
Magali: ¿Vos lo sentís que es todo como compuesto, que ves los resultados al final, o vas viendo tu progreso en el medio?
Santiago: Mirá, yo tuve la oportunidad de ir a 2 Juegos Olímpicos con Argentina, y los 2 Juegos Olímpicos fueron procesos diferentes. El primero, cuando tenía 18 años, fue como lo decías al principio: yo veía un puesto. Yo quería ir a buscar una semifinal en unos Juegos Olímpicos. Pasa que cuando veía el puesto estaba creando expectativas.
Esto es lo que quiero lograr, pero no estaba pensando en cómo lo voy a lograr, qué tengo que hacer para lograrlo. Entonces la sensación que tuve, por ejemplo, después de mis primeros Juegos Olímpicos, al haber quedado 24, es que no logré la semifinal que estaba buscando. Entonces había una sensación de fracaso dentro mío. Mis segundos Juegos Olímpicos los trabajé con un mental coach. Los trabajé más en la parte psicológica, porque también en la parte física hubo un momento, en la pandemia, en que no se estuvo entrenando.
Entonces empecé a trabajar la parte mental, con la idea también de compensar la parte física, que no estuve entrenando por esos cuatro meses.
Y la idea, la propuesta mía, fue diferente: encarar el torneo no buscando un puesto, sino buscando una versión de mí, ser mi mejor versión. ¿Qué significaba eso? Que el día de la carrera yo me iba a tirar convencido de que iba a dar el 100% de lo que yo había trabajado, de que ese día yo me iba a tirar y no iba a dejar nada, nada, nada al azar, porque lo estaba trabajando. Me había preparado, iba a ser lo mejor que yo tenía, y eso iba a ser mi mejor versión.
Iba a ser mi mejor resultado. A trabajar con eso. Entonces dejé de esperar un resultado y fui a buscar ser mi mejor versión.
Lo gracioso es que el puesto en el que terminé en mis segundos Juegos Olímpicos fue exactamente el mismo que en los primeros: 24.
Pero mi sensación luego de la carrera fue de felicidad, porque dije: «Esta es mi mejor versión. Esto es lo que yo vine a buscar». Yo no vine a buscar un tiempo. Obviamente sí, yo quería ir a semifinal, y cuando estuviera en la semifinal iba a ir a buscar una final; esa es la persona competitiva dentro mío. Pero no era lo que yo tenía en mi cabeza como lo que iba a lograr, porque estaba cambiando básicamente esa parte: cambiar la expectativa por el objetivo. La expectativa era eso que quería lograr sin un plan, y el objetivo era muy parecido a la expectativa, pero con un plan de acción. Entonces yo sabía que para ser mi mejor versión tenía que controlar mis pensamientos, tenía que, en los primeros 15 metros de la carrera, ser muy bueno en mis subacuáticos, tenía que hacer una vuelta excelente, tenía que no respirar bajo el agua en cada brazada. Tenía que contar.
Tenía un plan, y yo decía: «Si sigo ese plan, voy a ser mi mejor versión». Y eso cambió entre unos Juegos Olímpicos y otros.
¿Cómo se manejan los nervios y lo que queda librado al azar?
Magali: ¿Qué otras cosas pueden jugar en contra, dejar en el azar, para que las cosas no salgan perfectas?
Santiago: ¿En el azar?
Magali: Cuando vos me preguntás, cuando simplemente te imaginás un resultado y no tenés ese plan de acción de cómo resolverlo. ¿O qué otras cosas pueden pasar, además de todo lo que acabás de enumerar? Que me digas: «Hay factores externos por los que mi carrera no sale como yo quería».
Ah, en sí, en la natación lo bueno es que vos tenés tu andarivel, nadie se va a meter adentro.
La distancia siempre va a ser la misma. Las piletas no se van a estirar ni se van a cortar, entonces esa parte de nuestro deporte, que es definida, está buena. Lo que cambia generalmente es el aspecto mental. Yo he tenido la posibilidad de entrenar con muchísima gente desde que empecé a nadar en el Club Atlético Unión, en Santa Fe. He tenido muchos compañeros, y yo nunca fui la persona que mejor entrenaba entre mis compañeros. He tenido compañeros que entrenaban muchísimo mejor que yo, pero en el momento de competir había algo que a ellos los bloqueaba, sean nervios, ansiedad, miedo, que no les dejaba desarrollarse al máximo en ese momento de la competencia. Y lo mío era diferente: la competencia a mí como que me potenciaba. No importaba cómo había entrenado; a mí competir era como: «Wow, esto es lo que yo quiero». Entonces, ¿qué otras cosas pueden pasar? Principalmente el aspecto mental. Todos, absolutamente todos. Yo, en todas mis carreras, tengo nervios cuando voy a competir. Tengo nervios, tengo ansiedades, tengo miedos.
Incluso Michael Phelps una vez dijo que el día que no sientas nervios antes de competir es el momento en que te tendrías que retirar. Lo que pasa es que tenemos herramientas para gestionar esas emociones. O sea, los nervios los sentimos, los miedos los sentimos, todas esas cosas nos pasan. Pero también aprendimos herramientas para gestionarlas: respiraciones, cómo nos hablamos a nosotros mismos, dónde poner la atención cuando las cosas empiezan a ponerse un poquito ansiosas. La diferencia entre decir: «Uy, mirá esa persona al lado mío, mirá qué grande, seguro que nada rápido», y decir: «Che, mi pileta está enfrente mío, tengo que ir y volver, vamos a ver qué tan rápido puedo hacer esta carrera».
Estás en la misma situación, pero cambiás la atención. Entonces también cambia tu forma de desarrollarte dentro del agua. Yo diría que esa es la gran diferencia en nuestro deporte, en el deporte en sí, pero en la natación es la parte mental del deportista. Yo creo que hay un momento donde el juego mental pasa a ser mucho más importante que la parte física, mucho más importante.
Bueno, ya que mencionaste a Michael Phelps, tengo una pregunta que siempre le quise hacer a un nadador: ¿me explicás cómo es posible que…?
Ese año en que él ganó los 8 oros en las Olimpíadas, se le llenaron las antiparras de agua e igual salió primero sin ver. ¿Cómo puede ser? No entiendo.
Santiago: La forma en la que los nadadores entrenamos es que nosotros no hacemos en competencias cosas que no hayamos hecho en entrenamientos. Sería un delirio esperar que una persona vaya a una competencia y pueda hacer 8 patadas subacuáticas, que es la patada de delfín que hacemos después de las paredes en cada vuelta, si no lo hace en el entrenamiento. Una de las cosas que nosotros hacemos todo el tiempo cuando ya llegás a un nivel de alto rendimiento es contar brazadas.
Yo cuento mis brazadas cuando nado en cada pileta, especialmente en mariposa. Lo que hizo Michael Phelps en el momento en que se tiró y se le llenaron las antiparras de agua… Él sabía lo que estaba a punto de hacer en esa carrera. Él sabía exactamente cuántas brazadas iba a hacer en cada pileta del 200 metros mariposa. Entonces lo único que hizo fue relajarse, que es lo más importante en una situación como esa. No estresarse, sino relajarse, mantenerse suelto, y empezó a contar brazadas. Él no necesitaba ver para saber dónde iba a estar la pared, porque la pared no se iba a mover, y él sabía que si hacía sus 6 patadas subacuáticas y sus 20 brazadas por pileta iba a llegar a esa pared. Y fue lo que hizo. Es una locura. O sea, obviamente en unos Juegos Olímpicos lo primero que pensarías probablemente es: «Tengo las antiparras llenas, no voy a ver, me va a ir mal», y boom. Y él dijo: «No, bueno, tranquilo», y con todo, brazadas, pum, pum. Se mantuvo calmo, se mantuvo calmo. Es un juego, es todo mental.
Lo que él hizo lo hizo porque ya lo venía entrenando en entrenamientos. Esa carrera la hizo 1000 veces en los entrenamientos, por eso tuvo la posibilidad también de contar. Si no, es como decir: «Ah, no sé cuántas brazadas voy a hacer en esta pileta», y ahí, al no tener esa información, esa experiencia hubiese sido diferente. Pero sí, es cuestión del hábito de su entrenamiento. La forma en la que él se entrenó los 4 años previos a los Juegos Olímpicos le permitió, en una situación así, mantenerse calmo y confiar en su entrenamiento y en las brazadas que él sabía que iba a hacer en cada pileta.
¿Cómo se vive una villa olímpica por dentro?
Magali: ¿Qué más pasa en unos Juegos Olímpicos, además de esos 22 o 50 segundos de competencia? ¿Cómo fue tu experiencia en Tokio?
Santiago: En Tokio fue empezar a disfrutar y a… Darme cuenta de cada momento que estaba viviendo dentro de la villa olímpica, dentro de esos mismos Juegos Olímpicos. Era mérito de lo que yo había trabajado tanto tiempo. Empezar a darme a mí la posibilidad de disfrutar, pero también el reconocimiento de decir: «Estás acá».
Estás acá porque… Viste, generalmente no caigo. Todavía hoy no caigo de que estuve en unos Juegos Olímpicos. Bueno, eso fue en los primeros Juegos Olímpicos.
Era como que estaba flotando en una nube. Mis segundos Juegos Olímpicos fueron: «Hey, estás acá».
Tenés que abrir los ojos y vivir este momento. Hay muchas cosas que están pasando, y es muy fácil desconcentrarte, es muy fácil meterte con el celular y empezar a ver un montón de cosas que te pueden sacar de foco. Es muy fácil ver a deportistas famosos, reconocidos, como un Federer, como un Djokovic o, en su momento, Usain Bolt, Michael Phelps. Te cruzás leyendas en la villa olímpica.
Pero darte cuenta de que cada una de esas personas está en el mismo escalón que vos en ese momento, en la misma competencia que vos. Entonces decir: «Guau, estoy acá, y yo soy parte de esta competencia, soy partícipe, soy uno de los protagonistas». Usar eso también para empoderarte, para decir: «Che, lo que estoy a punto de hacer es para lo que yo entrené».
Empezar a construir tu confianza dentro de la villa olímpica, sentirte parte y no ser el turista dentro de la villa olímpica, que por ahí, especialmente cuando sos joven, te pasa por falta de experiencia. Me acuerdo una anécdota que tengo de mis primeros Juegos Olímpicos. Nosotros tenemos salas de llamado, 2 salas. La primera sala de llamado es donde te miran las antiparras, te miran que la malla esté aprobada por FINA, te miran que esté todo en regla, y después te sentás en una silla y te van llamando a la segunda sala, donde te ponen en sillas según tus series.
O sea, hay filas de sillas y vos tenés la fila: serie 1, serie 2, serie 3, y cada silla es un andarivel. Entonces vos ya te vas acomodando, y después de ahí salís a competir.
En la primera sala, me acuerdo que muestro mi antiparra, muestro mi malla, mi gorra, me siento, y cuando levanto mi cabeza: Michael Phelps adelante mío.
Estábamos a punto de correr los 100 mariposa.
Y en mi falta de experiencia, en mi no saber en qué tendría que estar poniendo mi atención, en qué tendría que estar pensando momentos previos a la competencia, yo estaba pensando… ¿Qué está pensando Michael Phelps en este momento?
¿Qué está haciendo? Me preguntaba qué estaría pensando Michael momentos antes de competir, cuando lo que yo tenía que haber estado haciendo era pensar en mí antes de unos Juegos Olímpicos. Pero bueno, eso es falta de experiencia. Obviamente se vive, se aprende, y bueno, lo tenés que pasar. Pero sí, estar dentro de la villa olímpica, vivir los días previos, es nervios, es un poco de tensión, es un poco de alegría, es también un poco de realización, pero es como estar pendiente de ese momento que estabas esperando para… Ir a competir, que es realmente todo lo que vos querés hacer. Entonces vivir esos días previos tranquilo, relajado, confiado, es tan importante como los 4 años previos a la competencia en los que te entrenaste todos los días.
¿Hasta dónde se lleva el cuerpo en el alto rendimiento?
Magali: ¿Cómo es llevar tu cuerpo a tales límites?
Escuché que tenías un tacho para vomitar en la punta del andarivel.
Santiago: Es muy común. No sé en otros deportes cómo lo harán, pero en natación el nivel al que nosotros tratamos de llegar con nuestro cuerpo es siempre tratar de mantener la velocidad un poquito más, tratar de nadar rápido por un período de tiempo más prolongado. Y cuando hacemos eso, generalmente estamos trabajando con algo en nuestro cuerpo, que es el ácido láctico.
Cuando vos estás trabajando a gran intensidad, cuando no estás respirando, cuando mantenés la respiración, tus músculos empiezan a generar ácido láctico, que es este ácido que básicamente es lo que te pone duro cuando empezás a correr. Imaginate que corrés 100 metros: si arrancás re fuerte, en los últimos 20 metros se te acaban las piernas, te ponés duro y no llegás. Bueno, ese es el ácido láctico en tus músculos. Lo que hacemos nosotros cuando entrenamos es tratar de llegar a ese ácido láctico y tratar de mantenerlo, para tener mayor tolerancia a ese químico en nuestro cuerpo. Y bueno, una de las respuestas del cuerpo al ácido láctico es esa sensación de vómito. Cuando tenés ese ácido láctico, sentís que vas a vomitar.
Y en la natación hay entrenamientos en que es muy fácil, especialmente si sos una persona en particular como yo, que la cantidad de masa muscular que tenés en tu cuerpo es grande, vas a tener más ácido láctico. Y yo soy una persona que tiende a vomitar bastante en entrenamientos de intensidad. Hago piques al 100% y ya empiezo con una sensación dentro de la garganta, los músculos se me ponen duros. Y sí, hay videos míos donde estoy entrenando y tengo que salir al tacho a vomitar para después volver a la pileta a seguir entrenando.
Magali: Guau. Bueno, lo linkearemos, ese video del vómito, en las notas de tu episodio, si lo encontramos. Santi, ¿qué sentís que resignaste por entrenar a esta intensidad durante tantos años?
Santiago: No, no creo que haya resignado nada. Gané muchas cosas. He adquirido un montón de cosas que hoy estoy empezando a observar en mí: mi forma de ser, mi forma de relacionarme, mi forma de pensar. Y tienen que ver con la forma en la que yo me crié y la forma en la que viví durante tantos años dentro de lo que es la competencia, la natación, el alto rendimiento, el entrenarme de esa forma. Yo creo que he adquirido muchas cosas, mi personalidad se basa en eso. No te digo que sea una personalidad excelente, pero sí hay cosas que veo y digo: «Guau, eso es porque fui deportista».
Esa forma de, quizás, ver ciertas cosas es por haber sido deportista. Y yo tuve un gran… No problema, pero fue un gran momento de mi vida, no desde lo bueno, sino de lo desafiante que fue transitar cuando dejé de nadar. El año pasado me fue muy difícil. Tengo 2 títulos universitarios, me gradué en la universidad, y me fue muy difícil insertarme en la idea de que tengo que empezar a trabajar… En un horario fijo.
Y quizás incluso trabajando para otras personas. Lo que yo he empezado a ver es que, al haber sido deportista por tantos años, yo estoy acostumbrado a hacer cosas todos los días, a trabajar, a ir a la pileta, a trabajar en mí mismo, en objetivos personales, en crecer individualmente. Yo sentía, por ejemplo, que por ahí la… ¿Cómo se dice?
La similitud que yo hacía era que para mí trabajar era como que vos me digas: «Che, vos vas a venir a nadar todos los días, vas a dar tu mejor esfuerzo, pero no vas a bajar tu tiempo, vas a mantener siempre el tiempo que tenés». Pero el nivel de trabajo y el nivel de esfuerzo que vas a hacer va a ser siempre el 100%. A esa parte yo estaba acostumbrado. A lo que yo no estaba acostumbrado es a que no haya oportunidad de crecimiento, a que sea tan difícil crecer o que dependa quizás de muchos otros factores. Cuando en el deporte… Si bien depende de muchos factores, yo tenía la posibilidad de decir: «Che, entreno y hago las cosas bien», y eso hace más probable que el resultado suceda. Entonces, con esa mentalidad dentro mío, empecé a ver cosas que quizás son tradicionales, que todo el mundo hace, pero yo no me sentía cómodo haciéndolas. Porque yo sentía que no quería estar sentado en la silla haciendo cosas con la computadora, quería estar haciendo, moviéndome, con la oportunidad de crecimiento.
Bueno, y eso creo que me lo dio el deporte.
¿Qué pasa con la identidad cuando un deportista deja de competir?
Magali: Bien. ¿Cómo sentís que cambió tu identidad en estos meses, al dejar de nadar?
Santiago: Un montón. Yo siempre, siempre me identifiqué como nadador. Siempre fue «yo soy nadador», e incluso esa identidad me dio el pensamiento de que lo único que puedo hacer es nadar. Los primeros cuatro meses fueron de ansiedad, fueron de un poco de depresión. Fue un poco de tristeza, de soledad, de no saber realmente qué quiero hacer con mi vida, en el sentido de en qué quiero ocupar mi tiempo. Porque en mi vida yo nunca lo hice por dinero.
Nadar nunca fue por dinero. Fue porque me apasionaba, una actividad que me apasionaba y me permitía al mismo tiempo hacer otras cosas, como competir en Juegos Olímpicos, conocer gente de todas partes del mundo, viajar, crecer. Y nunca fue por el dinero, pero en un momento, con 26 años, tenía que empezar a trabajar, y la natación no me iba a cubrir esas cosas. Entonces necesitaba encontrar algo que me diera lo mismo que me hacía sentir la natación.
Y que no sea solo por el dinero, sino también por lo que a mí me hacía sentir y lo que podía llegar a ser dentro de ese trabajo. Entonces fue… Un tiempo de empezar a… Sería como empezar a pensar: ¿qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que quiero, quién soy? ¿Qué es lo que me gusta hacer fuera de la natación?
Y bueno, y ahí empecé a descubrir cosas como, por ejemplo… A mí me gusta enseñar a nadar. Está relacionado con la natación, es algo que me ayuda a seguir creciendo como nadador. Pero yo como nadador no soy solamente eso, nadador: también tengo cosas que aprendí a lo largo de todos los años, que puedo compartir con la gente que quiere aprender a nadar, con los chicos que están en esa situación como yo estaba hace 15 años, y que les puedo dar herramientas, conceptos o quizás algún tip que les ayude a tener una mejor experiencia en el agua.
Eso lo vi también de la mano del trabajo que yo estaba haciendo. Estoy trabajando como clínico, clínico de natación, ese sería el título, en una empresa de Estados Unidos en la que, por fin de semana, generalmente viajo a una ciudad del país y enseño técnicas y ejercicios, les enseño a nadar a chicos de entre 7 y 17 años. Y con ese trabajo dije: «Bueno, guau, me gusta enseñar». Hay algo que yo podría empezar a explotar un poquito más, porque es algo que me gusta, es algo a lo que me gustaría dedicarle… Mi tiempo, es algo en lo que puedo llegar a crecer, y está también la posibilidad de ayudar a alguien a lograr algo que quiere hacer en el agua. Y bueno, entonces puse mi experiencia y eso que me gustaba hacer. Y aprendí, por ejemplo, en ese tiempo que no estuve nadando, que me gustaría enseñar a nadar a la gente con lo que yo aprendí en 20 años de natación.
Me di cuenta también de que soy una persona bastante nómade. En estos últimos años estuve viajando muchísimo, muchísimo, muchísimo. La idea del trabajo remoto me encanta, me encanta haber… Diseñado un negocio que me permite hacerlo desde cualquier parte del mundo.
Me encanta, me apasiona, en mis propios horarios.
No soy una persona que crea mucho en las horas y horas y horas de trabajo, sino más en trabajar de forma inteligente y poder disfrutar y disponer de horas para lo que uno quiera. Creo que por ese lado hoy estoy empezando a ver que no estoy en esta vida solamente para trabajar. Hay un montón de otras cosas que quiero hacer, que quiero disfrutar, que quiero tener la oportunidad de hacer. Entonces también tenía esa idea detrás, que estaba germinando en estos últimos 15 meses, cuando no estaba nadando.
Magali: Bien. Para tener una vida nómade elegiste un deporte bastante fijo, porque para poder nadar es difícil.
Ya está, ya vamos a hacer esta parte, pero yo estaba… Viendo tu curso, soy la nadadora recreativa.
Iba con mi mentalidad ganadora a la pileta, era como: ¿qué estaría pensando Santiago si fuese entrenada como yo en este momento? Y es una de las cosas más difíciles, porque correr es muy fácil. Si sos nómade, nadar es muy difícil. Sí, esto.
¿O al menos que encuentres esa pileta en cualquier lugar que vayas, no?
Santiago: Sí, pero por alguna razón hay escasas piletas en el mundo.
Magali: Sí, sí, totalmente. Entiendo, no es como salir a correr.
¿Cómo es mudarse a Estados Unidos sin hablar inglés?
Magali: Así que aprendiste vos cuando te mudaste a Estados Unidos sin tener un inglés avanzado.
Santiago: Dejame que te corrija: sin poder hablar inglés. Esa es la pregunta. Bueno, sin poder hablar inglés. Cuando yo me mudé a Estados Unidos en el 2017, en enero, yo no hablaba inglés. Sí había estudiado para rendir lo que es el SAT, que es uno de los exámenes principales, y el TOEFL, que te lo piden para entrar a la universidad, y los aprobé. Pero los aprobé porque me senté 12 horas por día a estudiar ejercicios muy similares a los que después tuve en los exámenes y porque teníamos matemática, y a mí la matemática me resulta un poco más fácil.
¿Qué sentí al principio? Nunca sentí algo de «me tengo que volver», nunca fue un «ah, no, esto no es para mí». A mí me encantó desde el primer momento que llegué, por más de que no me entendían y por más que yo no entendía lo que me estaban diciendo. Yo me acuerdo de estar en clases, mi primer año de universidad, sentado en el banco, mirando al profesor, no entendiendo nada de lo que me decía, pero diciendo: «Guau, estoy en Estados Unidos».
«Estoy en una universidad, estoy entrenando en el equipo.
No puede ser mejor que esto, ya voy a entender inglés. Por el momento está todo bien». Ese era mi pensamiento, me acuerdo exactamente de estar pensando eso. Mi primer año de universidad tenía amigos en el equipo que hablaban un poco de español, tenía gente en el equipo que era internacional como yo, que me decían: «Hace un año, hace dos años que estoy acá; cuando yo llegué yo era como vos, no te preocupes, ya vas a aprender». Y fue un proceso: al principio tenía que repetir cinco veces todo lo que yo decía.
Porque no me entendían. Después fueron cuatro, después tres, después dos, hasta que dejé de repetir, hasta que empecé a entender. Y así fue pasando el tiempo, pero en ningún momento dije «esto no es para mí». Yo tenía esa mentalidad de que todos los días eran una oportunidad para aprender palabras nuevas en inglés. Y que todos los días yo estaba en este lugar hermoso donde estaba pudiendo desarrollarme deportivamente al máximo con las mejores oportunidades del mundo, que no había un sistema mejor en el mundo donde yo pudiera estar entrenando y encima estudiando. Yo me sentía realizado en su momento cuando estaba en la universidad, decía: «Esto es lo mejor que me está pasando».
¿Cómo se estudia una doble carrera con una beca deportiva?
Magali: A la vez, bueno, vos fuiste a Estados Unidos por una beca por la natación e hiciste una doble carrera.
¿Cuáles fueron los desafíos de mantener esa presión de estudiar dos cosas a la vez, más competir, más que te vaya bien para sostener esa beca que te permite todo eso? Porque si no, adiós, te volvés a Argentina.
Santiago: Sí, sí. Eran un montón de cosas que había que tener en cuenta, pero había muchos recursos. A nosotros nos ofrecieron muchos recursos, especialmente al ser internacionales.
Nuestro equipo, todo el equipo tenía un consultor, lo que sería un consultor académico, que es una persona encargada de ver todas tus notas. Ellos veían todas tus notas y si vos estabas bajo en alguna, no esperaban a que cierre el trimestre. Te llamaban al toque para ofrecerte tutores, para ofrecerte horas de estudio, para ofrecerte… Opciones. Yo tenía tutores en diferentes clases, por ejemplo, tutores de matemática, tutores de física, tutores de business analytics. O sea, un montón de cosas. Yo tenía tutores que me ayudaban en dos cosas: al principio más que nada en el inglés, en entender lo que yo tenía que hacer, y después a resolver esas cosas que yo no podía o que no sabía. Teníamos un edificio… Destinado exclusivamente para los student athletes, que eran los atletas que también iban a la universidad, en todos los deportes: el fútbol americano, gimnasia… Un edificio entero destinado para que nosotros vayamos a estudiar ahí y ahí podamos tener nuestras sesiones de tutoría y nuestros consultores académicos. Entonces el sistema está armado. Yo fui a una muy buena secundaria.
Obvio que me enseñaron muy buenos hábitos, me enseñaron a ser responsable. Quizás no era el estudiante más brillante, no porque no tuviera las condiciones, sino porque yo hacía quizás lo mínimo y necesario en la secundaria para pasar o para tener un buen nivel, pero yo sabía que lo mío era la natación. En la secundaria quizás fue un desafío más grande mantener esas dos cosas: al estar separadas, era más difícil.
En la universidad fue más fácil porque yo tenía un torneo y se lo decía a los profesores. Cada año, la primera clase, yo me acercaba al profesor: «Hola, soy Santiago Grassi, quería decirle que yo soy de Argentina, estoy en el equipo de natación. Solamente quería decirle que quizás durante el año voy a tener torneos donde no voy a estar presente, quería mantenerlo al tanto, le voy a avisar cualquier cosa que suceda». Y ellos siempre estaban dispuestos a ayudarte: «Sí, no te hagas problema.
Cuando tengas un torneo me avisás, lo movemos». La cantidad de exámenes que hice por mi cuenta, sentado en un banquito, solo, porque los hice después o antes, un montón. Tuve posibilidades de ir a sentarme enfrente de los profesores a preguntarles. Muchísimos recursos, tuve muchísimos recursos. Entonces, yo creo que depende de la persona, no de tu nivel de inglés, porque yo tenía compañeros americanos a los que les iba mal en la universidad y no era porque no entendían el idioma, era porque eran vagos, porque no les importaba.
Yo tenía esa responsabilidad dentro mío: es mi responsabilidad tener todas estas cosas en orden, ir a la universidad, ir a todas mis clases, pasar todos mis exámenes, ir a entrenar. Hoy miro hacia atrás y digo: «Guau, con 22 años yo estaba haciendo tantas cosas». Estaba entrenando 20 horas semanales, estaba yendo al gimnasio tres veces por semana y encima estaba cursando una carrera universitaria.
Pero se hizo tan natural que, cuando me di cuenta, en cuatro años yo tenía dos títulos universitarios. Yo empecé con lo que es pre-business, cuando todavía no sabés qué querés pero tenés una idea de que va a ser algo relacionado al business. En mi segundo año dije: «Voy a hacer marketing». En mi tercer año dije: «Voy a hacer un minor en Information Systems Management», que es gestión de sistemas de información. Y en mi último año mi consultora académica me dijo: «Mirá, si agregás un par de clases más… Te recibís con dos títulos». Y obvio, y terminé sacando programación, seguridad informática, cosas que en mi vida pensé que iba a hacer. Y recuerdo que cada semestre que yo empezaba era: «Uy, este no lo paso, este me va a matar», y los terminaba sacando con A. Yo llegué a tener un semestre un 4.0, que es cuando te sacás A en todas tus clases. Y yo no era una persona que estudiaba un montón. Yo era responsable y hacía uso de mis recursos; había mucha gente que me estaba ayudando.
¿Por qué el deporte universitario en Estados Unidos es un negocio?
Magali: Claro. Se nota mucho la estrategia mientras hablás, y en mucho de lo que contás, el rol de los deportes en la educación.
Todo esto que mostrás de Estados Unidos sería impensado en el 99% de los países de Latinoamérica: la importancia que le dan, ganar una beca para estudiar, un título universitario por nadar. Eso no pasa acá.
¿Vos sabés los precios de las universidades en Estados Unidos? Yo sé el de Georgetown, que acabo de volver.
Ah, o sea, son una locura para la gente.
Santiago: Depende. Por ejemplo, si van a la universidad que queda en el mismo estado donde ellos viven, más o menos son 12.000 dólares al año; si van a una universidad de los alrededores del estado, unos 20; si se van afuera, por ejemplo si sos de Alabama y te vas a California, ya estás hablando de 50 por año. La universidad donde yo fui eran 65.000 dólares por año.
Eso es lo que hace que el deporte en Estados Unidos sea tan bueno. ¿Por qué? Porque la educación, al ser tan cara, hace que el deporte sea una oportunidad para llegar a esa educación.
Porque vos querés educarte, pero no tenés los recursos. Pero si sos deportista podés llegar a conseguir una beca que te permite educarte. Entonces, el 90%, te diría, de los deportistas en el sistema universitario no son deportistas que quieran vivir su vida de deportistas, son simplemente personas que lo usaron como una oportunidad para llegar a esa educación y en el medio se dieron cuenta de que son pedazos de deportistas.
Por eso tienen tanta captación de talento: gente que no empezó porque eran buenos deportistas, sino porque querían tener una educación, y después, en la infraestructura donde se estaban desarrollando, con los entrenadores que tenían y con la oportunidad de estar cuatro años en el mejor sistema universitario, se desarrollaron como excelentes deportistas y empezaron a ser quizás campeones del mundo. Yo he conocido gente que entró a la universidad como lo que llaman walk-on, que es gente que ni siquiera tiene beca, que paga para entrar a la universidad. Pagás para entrar, es como los que caminan. Y en cuatro años se convirtieron en campeones olímpicos. Qué loco eso.
Es un activo para las universidades ubicar a atletas o futuros atletas. Es un negocio, es un negocio por prestigio. Las mejores posiciones que tienen en sus equipos les dan más dinero para disponer al año siguiente. Si vos saliste campeón nacional con tu deporte, con natación, el año que viene vas a tener un montón de presupuesto para hacer cosas en la pileta. Entonces el sistema es así. Cada universidad tiene la misma cantidad de becas para hombres que para mujeres.
La misma. Si sos de División 1 tenés cierta cantidad de becas; División 2, División 3, menos y menos. El nivel de División 1 es muy bueno en cuanto a la competitividad. Académicamente, cada universidad de División 2 y División 3 es igual, son excelentes. Lo que cambia es el nivel competitivo. Entonces, cuando vos estás en División 1, generalmente todas las universidades tienen fútbol americano.
En fútbol americano el 100% del equipo está con becas.
Son 100 deportistas, 100 deportistas tienen becas completas. Entonces, ¿qué pasa si necesitás la misma cantidad de becas en toda la universidad de hombres que de mujeres y tenés un equipo que te saca 100 becas de hombres? Necesitás tener deportes que sean solo de mujeres. Gimnasia deportiva.
¿Qué más tenemos? Ecuestre. Tenés fútbol soccer, lo que nosotros llamamos fútbol, que son solo deportes de mujeres. Y después tenés algunos como natación, que es mujeres y hombres, vóley, mujeres y hombres, básquet, mujeres y hombres, pero tenés que empezar a recortar becas y no podés dar tantas. Pero el tema de las becas es eso: captar, reclutar a los mejores deportistas para que te den prestigio como universidad. Las universidades hacen mucho dinero. Imaginate que tienen 35.000 estudiantes y que cada uno de esos estudiantes en promedio te pague 50.000 dólares al año.
¿Cómo se construye la disciplina con acciones simples?
Magali: Ajá, es un negocio. Bien, para alguien que dice.
«Todo bien con Santiago, el tacho de vomitar y Estados Unidos, pero yo no tengo esa disciplina».
De por sí, viste, hay gente que no tiene esa gimnasia de objetivos y repetir y repetir y trabajar para ello y gestionar sus hábitos. ¿Cómo dirías que se puede empezar a trabajar para tener mayor disciplina?
Santiago: Bueno, primero quiero decirte y decirles que… Por ejemplo, esa disciplina que yo tenía ya no la tengo más. Después de año y medio sin tener esa disciplina, esa disciplina se pierde; no es algo que yo tengo y lo mantengo sin problemas. Hoy en día yo estoy volviendo al entrenamiento. Y estoy empezando a darme cuenta de que la disciplina que solía tener hoy ya no la tengo, o por lo menos la tengo que empezar a construir de nuevo.
Entonces la respuesta que te voy a dar es algo que estoy haciendo yo para mí mismo, porque estoy volviendo a ganar esa disciplina. Estoy volviendo a ganar la confianza en mí de que lo que yo digo que voy a hacer, lo voy a hacer. Lo primero y principal es construir esa confianza. Yo destruí mi confianza durante un año y medio diciéndome, por ejemplo: «Hoy voy a ir al gimnasio», y no iba al gimnasio. Lo que hacés cuando te decís «che, voy a hacer algo» y no lo hacés es destruir tu confianza. Entonces yo, por ejemplo, muchos días decía: «Mañana me voy a levantar a las 8, me voy a levantar temprano y voy a hacer yoga».
Y cuando me levantaba era: «No, hoy estoy cansado. Me merezco quedarme en casa, me merezco quedarme en la cama». Y me quedaba. Bueno, lo hacés una semana, está bien; lo hacés un mes, bueno, no pasa nada; hacés dos meses, tres meses, y hay un momento donde ya empezás a crear esos hábitos de ser un poco, no te digo vago, pero sí perezoso. Procrastinador.
Hoy estoy volviendo a construir esa disciplina en acciones específicas y simples, empezando de lo más simple. Lo estoy trabajando con mi coach, y por ejemplo, lo primero que empecé a hacer es tender mi cama cuando me levanto todas las mañanas.
Tender mi cama todas las mañanas es algo muy simple, pero ya genera el hábito y empieza a construir la confianza: si yo me digo algo y lo hago, por más simple que sea, estoy construyendo mi confianza en mí. Después de tres semanas ya se va a hacer natural para mí levantarme y armar la cama, y cuando pase cerca de la cama me voy a sentir bien, me voy a sentir realizado y ya estoy listo para pasar al siguiente nivel. El problema mayor que encontré tratando de volver a esta disciplina es cuando intento hacer un montón de cosas de entrada, cuando me digo: «Mañana me voy a levantar, voy a meditar a la mañana, después voy a hacer yoga, después voy a salir a correr, después voy a ir a nadar, después voy a ir al gimnasio.
Cuando vuelva voy a trabajar en la computadora y después voy a leer cinco páginas antes de irme a dormir». Cuando trato de hacer todas esas cosas, por lo general termino haciendo ninguna, porque me levanto y me siento… Abrumado por todas las cosas que tengo que hacer, y digo: «No, bueno, hoy no». Entonces… Es algo que se construye, es algo que se construye y que todos podemos construir. El tema es… Acciones simples y concretas día a día. Yo aprendí, por ejemplo, a levantarme y anotar tres cosas al principio del día, tres cosas que yo quiero hacer en ese día, y ser responsable de hacerlas. Tratar de anotarlas al principio del día, si es fácil, si lo puedo hacer, y ya está. Y por más de que sean solo tres cosas, por más de que quizás te lleven una hora en total, tu día tiene un montón de empoderamiento detrás de hacer eso todos los días. Entonces, si la disciplina que querés construir es empezar a ir a entrenar todos los días… Bueno, no trates de ir a entrenar todos los días una hora; tratá de ir todos los días media hora. Empezá despacio. Cuando yo volví a entrenar, sabía una cosa: no estaba todavía dispuesto al compromiso de entrenar 10 sesiones de dos horas cada una. Bueno, empecé tres veces por semana, 30 minutos de nado. Después cinco veces por semana, 30 minutos de nado; después cinco veces por semana, 45; después cinco veces por semana, una hora. Hoy estoy yendo cinco veces por semana y ya no voy por tiempo sino por distancia: empecé con 2.000, 2.500, 3.000, y hoy estoy en casi 5.000 metros. Pero lo construí, lo construí. Construirlo lleva tiempo y solo lleva un día o un par de días tirar todo por la borda. Un par de días que no hagas esa rutina que te creaste y… O sea, esa persona que dice: «Bueno, hoy no pasa nada si no lo hago».
Un par de veces que hacés eso y ya son un par de pasos atrás, pero bueno, es volver de nuevo.
A acciones simples y concretas. Esa es mi estrategia, porque de otra forma no lo puedo hacer.
Magali: Solo para sentirme mal con mi entrenamiento: ¿cuánto tiempo te llevan los 5.000 metros?
Santiago: 5.000 metros en el agua, si lo hago sin parar, 1:15.
¿Qué pasa el día después de ganar una medalla?
Santiago: Si lo hago como entrenamiento, donde tengo diferentes sets, entre 1:30 y 2 horas, probablemente.
Magali: OK. Hay un estudio que me gusta mucho que les hicieron a atletas olímpicos en el podio para medir la felicidad según las medallas que ganaban. ¿Esto lo escuchaste alguna vez?
Santiago: No, no lo escuché.
Magali: Bueno, les iban preguntando cuán felices estaban justo después de ganar la medalla y al día después de ganar la medalla.
Y por supuesto que el que ganaba el oro era el que más feliz estaba. Pero… Uno creería que el segundo nivel de felicidad era la medalla de plata, y no: era la de bronce, porque el de bronce logró entrar en el podio y el de plata se sentía mal por no haber conseguido el oro. Ajá. Y esto era como dos veces más de felicidad del de bronce que del de plata.
Quiero saber: ¿qué pasa el día después de que ganaste una medalla?
Santiago: Te voy a dar dos respuestas. La primera, y creo que va a ser la más significativa, no es una anécdota personal: es lo que yo, al haber ido a Juegos Olímpicos y al haber estado en el sistema universitario, tuve la oportunidad de conocer, entrenadores increíbles que han entrenado a nadadores olímpicos, medallistas olímpicos. Una vez estaba hablando con un entrenador y me contaba de una chica de China que en Tokio ganó una medalla de oro. Y uno pensaría: «Esa persona debe ser feliz porque ganó una medalla de oro, lo que todo el mundo quiere». Esa misma persona, el día siguiente, tenía pensamientos suicidas.
Hay una serie en Amazon Prime que se llama El peso del oro, que es de Michael Phelps. Está Michael Phelps y hay otros deportistas.
¿Qué pasa el día después? A ver, uno pensaría que vos conseguís una medalla y ya está: «Soy la persona más feliz del mundo». Pero mi cerebro es: yo logro algo y el día siguiente ya estoy pensando: «Bueno, ¿y qué más? ¿Qué voy a hacer ahora?».
Por ejemplo, en Toronto 2015 yo quedé segundo en los 100 mariposa y me acuerdo de estar feliz, feliz. Pero el día siguiente ya estaba pensando: «Bueno, dentro de cuatro años, cuando sea el próximo Panamericano, tiene que ser mejor».
Magali: O sea, no me entra. ¿Por qué? Si uno quiere y busca este resultado, tanto una medalla, pensando en que te va a traer felicidad, ¿cómo puede ser que sea tan esporádica? ¿Cómo puede ser que al día siguiente ya sientas que estamos volviendo al ruedo? Ni siquiera nos damos la posibilidad de disfrutar; pareciera que necesitamos lograr otra cosa más porque sentimos que nos está faltando algo.
Santiago: Yo creo que la medalla, a ver, la medalla es parte de ser materialista en algún sentido. La medalla a vos no te hace mejor persona, la medalla no te da un estatus de ser un crack.
Sí, a ver. Es una excelente motivación entrenar para competir: el que quiere competir quiere ganar, ¿no? Si todos reciben medalla, no sería una competencia. El que le gusta competir quiere ganar y está bien la medalla como eso. Pero si lo más importante para vos va a ser la medalla, te vas a dar cuenta de que el día después de esa medalla te vas a sentir vacío, porque esa medalla no trae felicidad.
Esa medalla es simplemente una coronación a tu esfuerzo, una coronación a todo ese trabajo que hiciste por mucho tiempo. Y si vos aprendés a ver el proceso como tu éxito y no la medalla… La medalla va a ir al cajón de los recuerdos. La medalla va a ir a ese stand en la casa de tus papás y va a quedar ahí. Ahora, lo que vos realmente hiciste es crecer: la persona que empezó el proceso y la persona que terminó, esa persona que ganó la medalla, no es la misma. Bueno, sos la misma persona.
Vos creciste, hiciste un montón de cosas en esos años, meses, que te llevaron a ganar una medalla. Y es eso lo que a vos te hace exitoso, y no la medalla. Pero yo siento que quizás viene ya culturalmente, como que la medalla hace que la persona sea exitosa, y todos queremos la foto con el que tiene la medalla y no queremos la foto con el que salió segundo o con el que entró a la final o que simplemente participó. Pero bueno, eso es algo más cultural, creo, y viene de los deportes. Ese es mi pensamiento.
En cuanto a medallas, esa es mi sensación del día después. Si mi foco es solamente la medalla, el día después esa medalla se va a sentir vacía. No me trajo nada. Si soy capaz de ver la medalla como la coronación a mi esfuerzo, entonces está bien, pero si todo lo que yo esperaba de esa medalla es que me trajera felicidad, no la vas a encontrar.
El mensaje final de Santiago Grassi
Magali: Ahora, Santi, te estuve exprimiendo durante mucho tiempo. Y mi última pregunta va a ser: ¿cómo cerramos este episodio? Te voy a dejar un espacio para un último mensaje a la audiencia, lo que ya hemos dicho o no, pero micrófono libre antes de terminar.
Santiago: A ver, mi mensaje. Ah, tengo mucho para decir. Espero que todos podamos encontrar realmente eso que a nosotros nos dé un propósito. Creo que hoy no tener un propósito hace que hagamos todo simplemente sin sentido y que quizás tengamos una vida un poco vacía. Creo que es una hermosa oportunidad la que tenemos de estar vivos y encontrar algo que nos dé ese propósito, que nos dé la posibilidad… De disfrutar, la posibilidad de compartirlo con otra gente, de generar relaciones nuevas. Eso nos va a dar la posibilidad de sentirnos realizados en nuestra vida, o al menos de esa forma me siento yo. Entonces mi mensaje es que… Aliento a que todos encuentren algo dentro de sus vidas que les dé esto, que les dé el placer de realizarlo, el placer de planear para poder trabajar en eso y seguir creciendo, que encuentren esa actividad para que sientan que… Que puedan desarrollarse y crecer personalmente.
Magali: Bien. Gracias, Santi, por venir, por compartir todo esto.
Santiago: No, muchas gracias a vos, en serio, muy linda charla, lo disfruté un montón.
Magali: Genial, te mando un abrazo. Gracias.
Santiago: Un abrazo y un saludo muy grande a todos.
Gracias por escuchar este capítulo. Si tenés una amiga o amigo a quien le pueda gustar, reenviáselo, que nos ayuda a crecer. Todas mis reflexiones mientras construyo Tiene que haber algo más están en el correo semanal: tienequehaberalgomas.com/correo. Todos los links de lo que hablamos están en tienequehaberalgomas.com y mandame tus comentarios por redes sociales. Nos vemos la semana que viene.
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¿Quién es Santiago Grassi y de qué habla en este episodio?
Santiago Grassi es nadador olímpico argentino y emprendedor. A lo largo de su carrera compitió en Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, Campeonato Mundial de pileta corta, entre otros, logrando el récord de 100 metros mariposa, y ocupando el primer lugar en su serie durante Tokio 2020. Actualmente vive en Estados Unidos, se graduó en marketing y emprende desde “Dentro del agua” un proyecto que se enfoca en la educación online.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Santiago Grassi?
El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.
