Andy Clar

Andy Clar es publicista, emprendedora y autora de best sellers como Chicas en New York, Bailar Acostada y Chicas de viaje por el mundo. A sus 25 años sufrió un accidente que la llevó a no poder caminar por un año y someterse a varias operaciones. Fiel a su estilo, trabajó por superarlo y sumó a eso la promesa de recorrer el mundo. Años después, creó la comunidad de mujeres “Chicas en New York” enfocada en viajes, experiencias y beneficios para quienes forman parte de ella.

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De qué hablamos con Andy Clar

  • Qué cosas la motivan y su fórmula: Paciencia, creatividad, trabajo y amor
  • Cómo maneja la ansiedad
  • La incertidumbre después de su accidente
  • Recibir la noticia de que no iba a volver a caminar y su respuesta
  • Cómo cambió su carácter el accidente
  • De qué forma elige los proyectos en los que trabaja
  • Cómo pasó de que el blog de recomendaciones se transformara en lo que es hoy su proyecto de Chicas en New York
  • Su nuevo proyecto relacionado con la inteligencia artificial
  • Convencer a las marcas para trabajar con Chicas en New York
  • Su visión sobre la edad

Transcripción

Andy Clar es publicista, emprendedora, socia fundadora de una agencia de publicidad con sede en 9 países y creadora de la comunidad de viajeras Chicas en New York. En el episodio cuenta cómo el accidente que la dejó un año sin caminar forjó su fórmula de paciencia, creatividad, trabajo y amor, cómo elige sus proyectos y por qué a los 50 siente que vive su mejor momento.

Introducción

Andy: Es como que siempre hay una edad, como que hay un vencimiento ahí que no está bueno. Y obviamente que la vida y los años tienen cosas que van cambiando, pero yo siento que definitivamente no es peor, sino que es distinto. Es peor si lo mirás desde un punto de vista, pero en realidad yo creo que la vejez es como la adolescencia. ¿Viste que te pasan por primera vez un montón de cosas que no tenés la más puta idea de cómo resolverlas? Y eso también es un ejercicio mental enorme que te genera mucha vitalidad.

Si lo tomás de esa manera, en vez de tomarlo como algo de «uy, ya no puedo hacer esto», ahora es «ahora puedo hacer».

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En el podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para alinearse con sus valores. Analizamos el camino para entender cómo lo hicieron. Si querés conocer el detrás de escena de esta conversación, todas las semanas escribo el correo semanal de Tiene que haber algo más, directo en tu bandeja de entrada. Te mando mis recomendaciones y lo último del podcast.

Recibilo el próximo jueves anotándote vos también en tienequehaberalgomas.com/correo.

Estabas escuchando a Andy Clar. Andy es socia fundadora de Súper, una agencia de publicidad con sede en 9 países, pero puede que la conozcas por otros proyectos. Ella creó la comunidad de viajeras Chicas en New York y Chicas de Viaje, transformando un blog de viaje en una empresa y en un medio de comunicación. Armó un podcast, escribió libros, creó una tienda online con un montón de productos, llevó a muchas mujeres de viaje con ella y hasta logró que Chicas en New York tenga una tarjeta de crédito internacional.

En esta conversación hablamos de su actitud para conseguir las cosas impensadas que le pasaron. Pensamos en retrospectiva el accidente que la dejó sin caminar durante 1 año, cómo llegó a su fórmula no mágica para que las cosas sucedan y el detrás de escena de construir Chicas en New York. Me entusiasma que escuches esta conversación porque, leyendo su libro preparando esta entrevista, me quedó claro que tiene una historia mucho más profunda de lo que se ve en redes sociales. Ojalá te contagies de su actitud y su optimismo escuchándola.

Antes de ir con el episodio, un anuncio rápido. Desde que empezamos el podcast recibimos muchísimos mensajes de ustedes desde 59 países, contando el valor que sacaron de escucharlo. Después de hablar con cientos de ustedes, lanzamos la comunidad Tiene que haber algo más. La idea central vino cuando me di cuenta de que tenía que conectarlos entre ustedes para que se conocieran. La comunidad es una membresía global y remota donde aprendemos con otros profesionales desde más de 25 ciudades, con actividades todas las semanas.

Vienen invitados del show para hacerles preguntas de todo tipo en un espacio de confianza, o damos clases los que estamos dentro. Tenemos el club de lectura, donde votamos un libro y nos juntamos a debatirlo. Hay un chat que nos conecta a todos para pedir ayuda, compartir recursos y oportunidades laborales. Hacemos un desafío mensual, como por ejemplo usar máximo 1 hora las redes sociales, y compartimos todos los días una prueba para sostener el compromiso. Y además les comparto a los miembros una grabación exclusiva del podcast que no publicamos ni en Spotify ni en YouTube.

Dentro hay personas talentosas y ambiciosas que están trabajando activamente en mejorar como profesionales, en sus carreras y en sus proyectos. Vas a encontrar personas en relación de dependencia con carreras súper interesantes, emprendedores y freelancers, y aunque cada uno está en una industria diferente, nos une la forma de pensar.

Dejo el enlace en la descripción. Unite vos también en tienequehaberalgomas.com/comunidad. Ahora sí, vamos con Andy. Hola, Andy, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.

Andy: Un placer total estar acá.

¿De dónde sale la fórmula de paciencia, creatividad, trabajo y amor?

Andy: Bueno, quiero empezar con algo que leí. Hay una frase que se repite mucho en tu libro, Bailar acostada, que leí en 12 horas. ¿Habrá alguien que lo haya leído más rápido que yo?

No, te juro que no sos la primera que me lo dice, y por eso me causa mucha gracia, porque la gente que lo empieza a leer me dice «no lo podía dejar y me lo leí en un día». En realidad, un día de 12 horas, no de 24, porque duermen. Pero sí, me causó mucha gracia que varias personas me dijeron lo mismo y me encanta igual. Un placer.

Buenísimo. Entonces, mirá, hay una fórmula que se repite en tu libro varias veces y quiero saber cómo llegaste vos a esta fórmula no mágica de paciencia, creatividad, trabajo y amor.

Guau. Bueno, creo que llegué por lo que me fue pasando en la vida. No es que tenía algo pensado, no es que dije «vamos a probar esta fórmula a ver si funciona». Creo que a través de los años me fui dando cuenta de que sin esas cosas, sin la paciencia necesaria para que las cosas sucedan, sin dedicación, sin perseverancia, sin trabajo… Porque podés tener una idea maravillosa, pero si no le metés horas de laburo, todo puede quedar en la mitad o no llegar a ningún lado. Y pasión, porque casi te diría que el 100% de las cosas que hago están movilizadas por lo que me apasiona.

Y me pasan muchas cosas también, eso es bastante poco habitual. Hay muchas cosas que me gustan, me motivan, me conectan con cosas que me gustan, entonces me apasiono fácilmente.

Pero después esa pasión también hace crecer.

Todo lo demás, toda la idea. Me parece que ayuda a la perseverancia.

Y bueno, yo obviamente que sin amor no me muevo. El amor es lo que me mueve, sin dudas, para todo.

Es lo primero que pienso. Es y será mi mayor deseo de vida para siempre, para mí, para las personas que me rodean y para todo el mundo. Lo que deseo siempre es amor, porque siento que una persona amada… Tiene la mitad del camino allanado.

¿Cómo se maneja la ansiedad cuando querés todo ya?

Magali: Además, ¿es casualidad que paciencia esté primero de los cuatro? Porque siento que es un mal del mundo moderno que todos lo queremos ya.

Andy: Sí, mirá, no sé si es del mundo. Hoy pasa más, pero evidentemente yo soy una adelantada porque siempre fui muy ansiosa. Y entonces la paciencia para mí era como algo de «bueno, pará, está buenísimo todo lo que querés hacer, pero paciencia». Era lo primero que me proponía, la paciencia, porque lo demás lo tengo más fácil. El amor por las cosas, la pasión, las ganas de laburar, todo eso lo tengo siempre, pero la paciencia es algo que tuve que laburar con los años.

Magali: No sé si es casual, es inconsciente, pero es real. ¿Qué te ayudó para mejorar la ansiedad y tener más paciencia?

Andy: Equivocarme 1000 veces, creo.

Equivocarme, que las cosas no salgan bien por ansiosa y decir «ay, hubiera esperado un poquito más», o al revés. Muchas veces lo que me pasa es lo contrario: pienso las cosas antes de tiempo. Y más allá de que muchas personas pueden pensar que está buenísimo porque podés pensar antes del tiempo lógico en el que pueden suceder… Las cosas son en su tiempo. Cuando lo pensás demasiado antes, a veces no funciona, y me ha pasado con varias cosas, ideas o situaciones en las que dije «bueno, ya sé, voy a hacer esto» y no era el tiempo. Y la paciencia inversa tampoco funciona. Entonces creo que lo mejor que me pudo pasar es haberme equivocado varias veces y entender que el error y la equivocación son naturales a nuestra vida, al ser humano. Lo hacemos.

Nos sucede ya cuando somos chiquitos y queremos aprender a caminar. En mi caso aprendí a caminar 2 veces en mi vida, ya te voy a contar. Pero cuando querés aprender a caminar, sos un nene de 1 año, te parás, te caés, hacés los pasos, te caés, y ninguna madre sale corriendo atrás: «¡Oh, por Dios, mi hijo se cayó!». Nada, lo vemos como algo natural. ¿Cuántas veces te caés antes de aprender a caminar?

¿Cuántas veces pisás mal, cuántas veces te agarraste de 1000 cosas? Bueno, esto es lo mismo. La vida es así, es natural a nosotros.

A veces pensamos que nos tiene que salir todo bien de una, y ahí aplica la paciencia, cuando no sale bien. Y aparte también eso de esperar los tiempos de los procesos, de tus propios tiempos, de tu vida. A veces no es tu momento. A veces es el momento del mundo y no el tuyo, o al revés.

La paciencia es fundamental, y la paciencia para esperar también los frutos, el resultado de tu trabajo, porque es muy fácil desmotivarte. Empezás un camino en el que todo empieza a salir bien, está buenísimo, y de repente… El resultado que vos buscás capaz lleva mucho más tiempo de lo que uno imagina. O en el camino te equivocás algunas veces, o te va mal varias veces, y querés tirar todo y decir «basta, no me importa». Y ahí está la paciencia: paciencia para encontrar las soluciones, para buscar otras alternativas. Como cintura, para entender que a veces vas por un camino y no tenés que ir así, porque en la mitad del camino aparecen otras oportunidades que muchas veces son mejores que el plan original. Entonces la capacidad de reacción frente a opciones y situaciones diferentes también está buenísima y también requiere paciencia. Porque cuando uno cambia el plan es como «ay, ¿cómo voy a dejar todo?». Con paciencia lo podés hacer. La paciencia aplica para muchas cosas.

Magali: ¿Se te ocurre algún ejemplo de alguna situación que haya salido a destiempo?

Andy: Uy, montón, pero ahora que me lo decís así no me acuerdo. Siempre digo «ay, no, pero esto fue antes de tiempo». Lo digo siempre, pero ahora no me acuerdo de ninguna. Seguramente en la charla, cuando vayamos charlando de otras situaciones, me voy a acordar.

Magali: Bien, Andy, ¿qué es algo que sepas hoy que te hubiese gustado saber 10 años atrás?

¿Qué le faltaba a una emprendedora antes de que existiera la palabra?

Andy: Por ejemplo, yo tengo 50 años, y cuando empecé a emprender, hace muchos años, yo tenía 14. Sacá la cuenta, hace mucho.

No existía, no estaba desarrollada la palabra emprendedora, emprendimiento. Había personas profesionales.

Algunos oficios. En Argentina había una palabra, creo, que era «buscavida»: alguien que buscaba lo que quería, pero no sabía muy bien o no tenía muy claro, o no podía lograr siempre el camino tradicional. Y entonces la verdad es que me hubiese encantado saber todo lo que hoy hay, tantas herramientas. Si bien en redes sociales hay un montón de cosas con las que también hay que tener mucho cuidado, porque todo el mundo tiene la bola de cristal y la herramienta exacta para decirte qué tenés que hacer, y si fuera tan así, estaríamos todos… Claro, no creo tanto en eso.

Sí creo que hay mucha gente que sabe mucho, y además también hay muchas posibilidades de aprender en escuelas de negocio y un montón de cosas que antes no existían.

Y a mí me hubiese gustado entender… La importancia de los procesos de administración, por ejemplo. Cuando yo empecé no tenía idea de eso. Yo tenía muchas ideas, siempre fui creativa, entonces siempre lo primero que me salía era «tengo una idea increíble». Todo el mundo me decía «guau, increíble». Siempre sacaba de la galera una idea medio loca y que era difícil… Y la implementaba genial, fantástico. De hecho, hay un ejemplo que lo cuento en el libro. Apenas me levanté del accidente, a los 25 más o menos, apenas empecé a caminar de vuelta, lo primero que dije fue «me voy a comer el mundo y voy a hacer todo lo que alguna vez dije que iba a hacer cuando tuviera ganas, tiempo o pudiera». Bueno, todo eso lo hice apenas me recuperé.

Entonces una de las cosas que dije fue «quiero tener un…».

Restaurant, boliche, bar, un poco todo. Entonces con unos amigos y con mi pareja de ese momento hicimos una sociedad y armamos un lugar increíble que se llamaba Cómodo, que fue el primer lugar de música electrónica en Argentina. La música electrónica era como una cosa nueva. Por ejemplo, para que tengas idea, los domingos tocaba Cerati, a ese nivel.

Y era a puertas cerradas, el primer lugar a puertas cerradas en Argentina. Tenías que tocar un timbre para entrar y cuando entrabas había 1500 personas, una pista, había cine, galería de arte, espacios de distintas cosas. Bueno, era una idea bastante fuera de época. Y claro, me fue increíble, siempre estaba lleno, todo funcionaba de maravilla, era todo perfecto, pero claro, de organización… Cero. No de realización, sino de la parte que tiene más que ver con las finanzas, con la parte impositiva, con todo lo que tiene que ver con la parte que a mí no me gustaba ni me gusta. Pero bueno, con el tiempo aprendí y entendí que uno no puede hacer todo. Que te tenés que rodear de gente que haga las cosas que vos no sabés, y no solamente las cosas que vos no sabés, sino gente que sepa hacer cosas que vos sabés mejor que vos, para armar un proyecto o un emprendimiento. Que el valor humano… Y el talento es irremplazable, y que gracias a eso podés llegar a lograr un proyecto que quizás no tenía futuro. A mí lo que me pasó es que me fue increíble, pero me duró 1 año y pico y de repente los números no me daban. «¿Pero cómo? ¿Se está yendo todo el tiempo?». Claro, los procesos internos, la organización y la administración no los había tomado nadie de los socios. Todos estaban en las otras áreas y, claro, eso no se maneja solo, y me fue mal.

Entonces siempre dije cómo me hubiera gustado que alguien me dijera «mirá que hay alguien que se tiene que dedicar exclusivamente a esto». Ahora parece una pavada decirte esto, pero yo era muy chica en ese momento, venía de otras cosas. Me hubiese gustado que alguien me dijera «mirá que esta parte tiene tanta importancia como todo lo demás, no es una pata más, es una parte muy importante». Porque una buena idea mal administrada puede ser un fracaso, y una idea más o menos bien administrada puede ser un éxito increíble. Me hubiese gustado que alguien me dijera eso.

¿Cómo se atraviesa la incertidumbre de no saber si vas a volver a caminar?

Magali: Está buena, es un buen aprendizaje. Ya que mencionaste el accidente, vamos a ir 25 años para atrás.

Durante meses, los médicos no sabían si vos ibas a volver a caminar.

Quiero saber cómo hiciste vos para manejar la incertidumbre esos meses.

Andy: ¿Te acordás cuando hablábamos de la paciencia? Eso fue lo primero. Mirá, la verdad es que cuando sentís que estás en una situación tan límite… Estar viva o no, porque primero pasé por no saber si iba a vivir. Cuando llegás a una situación tan límite, no hay muchas alternativas.

Tenés 2 grandes caminos. Después hay otras opciones, pero son 2 grandes caminos: o te tirás a llorar, a deprimirte… ¿O aceptás… Lo que está sucediendo, sacás lo mejor de eso y avanzás. En mi vida, al menos en ese momento, no había otra cara.

Y yo tomé esa y dije «bueno, a ver». Me pisó un colectivo. Estuve 1 año casi sin caminar.

Durante mucho tiempo me decían que no iba a volver a caminar. Yo preguntaba y me decían «no sé, no creo». Yo no sentía las piernas, solo podía mover las manos y la cabeza. El colectivo fue la situación trágica de todo, pero después el desenlace fue un aprendizaje enorme.

De esto aprendí para toda mi vida. No solamente entendí cómo recuperarme de un accidente, sino que saqué de ahí muchas herramientas que me sirvieron después en mi vida para muchas otras cosas.

Pero ¿de dónde saqué la…?

No sé qué decirte. Cuando estás ahí no hay muchas opciones: o agarrás un camino o agarrás el otro. Y yo agarré el camino de «bueno, listo, voy para adelante». Estoy acá, no me puedo mover. Listo. ¿Cuáles son las mejores alternativas? ¿Cuál es el mejor panorama de todo esto? Bueno, seré… La mejor paralítica. Mi mamá me decía «no te preocupes». Y en ese momento dije «no, yo voy a caminar». Yo estaba segura, sentía que era algo… Momentáneo. Yo creo que, en algún punto, algo de la negación te juega a favor. Muchos años después, con gente que ya tengo 1000 años de terapia, lo entiendo, pero algo de la negación te juega a favor: no estar tan conectada con esa realidad y decir «está bien, entiendo, pero ¿sabés qué? Yo voy para acá». Y eso creo que me ayudó.

Me salvó. Hubo una situación crítica, un momento clave, que yo siempre cuento esta anécdota porque para mí fue un antes y un después. Estaba en la cama de un hospital público, lo cual… La gente que vive en Argentina sabe lo que significa estar en un hospital muy humilde, con muy pocos recursos, en una sala gigante con 35 mujeres, todas ancianas con problemas de cadera, y yo era la única chica joven, de 23 años.

Todas en la misma sala, con muchos temas. Era la época del sida, había un pabellón cerquita, al lado mío, dividido por… Nada, un biombo. De ese lado estaba la gente con sida. Era todo miedo, ¿viste? Era una situación de incertidumbre muy grande.

¿Qué hacés cuando el médico te dice que no vas a caminar?

Andy: Y estaba ahí hacía 7 meses, había tenido 7 operaciones, mi mamá estaba sentada al lado mío y viene el médico. Yo tenía la esperanza de que después de 7 operaciones las cosas habían cambiado mucho y dije «ahora me va a decir que puedo caminar». Entonces estaba agarrada de la mano de mi madre y viene el médico a los pies de mi cama. Nunca olvidaré esa situación. Entonces le digo: «Bueno, ahora sí, ya voy a poder caminar, ¿no?».

Y me hace así con la cabeza que no, no termina ni de decirlo. La miro a mi mamá y le salta un lagrimón. Imaginate, para una madre esa situación. La miro a mi mamá y me sale del alma, no me preguntes cómo, le digo: «Mamá, no llores, no llores, porque yo voy a caminar, voy a caminar y lo voy a hacer por todas las ciudades del mundo». «Ay, Dios mío, esta chica está loca», porque no solamente no podía caminar ni siquiera para ir al baño, sino que además yo no tenía plata, no tenía dinero para ir ni a la esquina. No había ninguna posibilidad de que yo caminara por ninguna parte del mundo. Y eso fue un poco lo que marcó mi destino. Yo dije eso: «Sí, yo voy a caminar», y el médico me mira como diciendo «OK». Imaginate que también es muy difícil motivar a alguien en esa situación. Después también aprendí con el tiempo que los médicos obviamente siempre te cuentan la peor parte, porque no se pueden comprometer a decir que sí, que capaz caminás, y después no. Pero bueno, durante mucho tiempo la recuperación era casi imposible, porque yo tenía fractura de cadera en 6, pelvis en 6… Y una costilla, una vértebra, fémur, todos los dedos del pie, tibia, peroné. Era como un rompecabezas, un cuerpo que había que armar todo de vuelta.

Así que era medio improbable, pero ese momento me marcó para siempre y creo que hasta forjó mi personalidad. Fue la situación clave en la que dije… Voy por ahí, sin duda voy por ahí. Después, bueno… Si no funciona, no funciona. Pero eso fue lo que marcó mi destino, y no paré hasta muchos años después. Me llevó muchos años vivir de viajar. Llegué al punto de viajar, de caminar por las ciudades del mundo.

Magali: Para quien escucha por primera vez esta historia, quiero leer una parte del libro de Andy para que entiendan realmente lo que fue lo que está contando, porque esto que cuenta con mucha naturalidad, el optimismo, es una cosa muy compleja.

Entonces, mirá este párrafo. Está en la página 59, por si alguien tiene el libro y lo quiere volver a leer.

Andy: Pero esto no lo cuento porque yo no sé.

Magali: Esto lo cuenta… Tu primer novio.

Entonces dice: «Muchos años después, Diego, mi primer novio, me contó que fue terrible para él escuchar a los médicos hablar mientras yo estaba en terapia: ‘No creo que la podamos salvar’. Él escuchó eso, pero no se lo contó a nadie. 2 minutos después, ya dentro del quirófano, con el corazón rebotando dentro de mí por el miedo y la adrenalina, agarré el brazo del médico mientras buscaban la vena para dormirme y le dije: ‘Doctor, si creen que no voy a volver a caminar, no me despierten’. 6 fracturas de cadera, 6 de pelvis, una vértebra, una costilla, el fémur partido al medio, rodilla, tobillo y todos los dedos del pie rotos. Fue el parte que les dieron a mi familia y amigos esa noche, cuando terminó mi primera operación. Y eso no era todo: hacían falta 13 dadores de sangre. Había una posible hemorragia interna y seguramente más fracturas que iban a tener que ir viendo con una tomografía. Pero en el hospital no tenían tomógrafo».

Andy: Muy loco, porque ¿sabés que cuando yo cuento la historia es como si tuviese un… Chip, esto es algo que ya está, OK.

Y empiezo a contar y lo tengo muy incorporado.

Pero el libro fue mucho más. Fue como investigar en mi propia historia y escribirla de una manera que la gente la entienda. Entonces no podía contar aislado este pedacito, lo que yo cuento nada más, sino que tenía que contar más detalles.

Entonces cuando lo leo o lo escucho me emociono, y no me pasa cuando yo lo cuento habitualmente, que lo tengo como de memoria. Es muy loco.

¿Cómo cambió su carácter el accidente de Andy Clar?

Magali: ¿Cómo sentís que moldeó tu carácter haber pasado por esta experiencia del accidente?

Andy: Yo siempre me consideré fuerte. A ver, cuando era chica uno cree siempre que… No sé. Bueno, sí, creo que sí, siempre me consideré muy fuerte, pero esto… Me hizo sacar un poder, entender que tenemos todos… Un poder interior que no siempre sabemos que existe y a veces tenemos miedo de usar. Entender que hay muchas herramientas que son naturales, que surgen cuando pasan estas situaciones, y atreverse a usarlas. Decir «bueno, me pasa esto, voy a hacer esto, voy a hacer lo otro». Yo de repente empecé a sacar, como si hubiese abierto una caja de herramientas, y decía «ah, esto», y a probar, probar, probar y probar. Creo que también mi formación… Familiar, digamos, mi educación.

Mi abuela fue un pilar muy importante en mi vida. Fue una persona a la que le pasaron muchas cosas de chica y se había fortalecido muchísimo con esas experiencias, y de algún modo siempre me las trasladó a mí de chica. Siempre me trasladó una cosa muy esperanzadora, muy de perseverancia, muy de «vas a lograrlo». Me lo transmitió mucho desde muy chiquita. Y creo que eso también me ayudó un montón, el tener fe.

También pasé por todas las veces de no saber a qué agarrarme, de decir «¿en qué tengo que creer?». Pero creo que lo más importante fue que creí en mí. Creía que yo podía lograrlo.

Más allá de que había muchas cosas en juego, porque también estaban los médicos, había cosas que eran absolutamente externas, pero yo tenía que poder lograr una salud mental óptima para poder avanzar. Porque si yo me deprimía, o me dejaba estar, o me dejaba vencer por los pensamientos más feos, más tristes, no iba a salir adelante. Era como si de repente hubiera una fuerza en mí que… No sé de dónde salía. Y crecía y crecía cada vez más, porque aparte iba viendo resultados.

Obvio que también pasé por momentos, y lo escribí, en los que fueron muy tristes, muy difíciles, y no todo era fácil.

No sé de dónde saqué la fuerza. Creo que nadie sabe exactamente de dónde la saca. Creo que uno la saca porque le pone ese énfasis en creer en uno mismo, que a mucha gente quizás le cuesta, porque el amor propio es algo que se cultiva también con el tiempo, con los años, y que también está en nuestro inconsciente. Muchas veces la forma en la que nos criaron no nos ayuda o nos juega en contra.

Con eso creemos que no podemos, porque muchas veces nos lo dijeron. Yo tengo la suerte de que a mí siempre me dijeron que podía, y eso creo que ayudó un montón. Y esto capaz está bueno, sobre todo para las que somos madres.

O para las que van a ser madres en el momento en que quieran tener hijos. Entender la importancia de la palabra con respecto a la crianza, a la educación de nuestros hijos. Cuánto influye eso en el destino de ese niño o esa niña, en su futuro, y cuántas cosas los ayudamos a ganar si los ayudamos a que ganen confianza.

Y eso me parece fundamental. Yo creo que tuve esos fondos.

A mí me ayudó mucho saber que yo podía. Me pasaron mil cosas de chica, me hacían bullying. ¿O sea que la pasaba bomba?

Pero no tenía para comer. Fue una infancia bastante dura, pero igual mi mamá siempre creía que yo era la mejor, ¿de algún modo, no? Como que yo siempre iba a poder, y mi abuela siempre me decía eso, esta cosa de la dedicación, como que con la dedicación había muchas cosas que se podían.

Y creo que esa formación me ayudó muchísimo también en este tema del accidente, sin dudas, en mi proyecto de vida, en mis proyectos de trabajo, en mis empresas, en todo lo que hice.

Magali: Mirá, me gusta esto de destacar.

La robustez en la salud mental en ese momento, que es algo súper difícil, porque obviamente no es solo que tu cuerpo pueda caminar, sino que tu cabeza crea que vos vas a poder volver a caminar. Y ahí está la diferencia, ¿no?

Andy: Sí, hay un síndrome, creo que es. Que aunque vos puedas caminar… Físicamente, tu cabeza no te permite caminar.

Y estaban todos que tenían muchas dudas.

Yo me sentía las piernas. En un momento las tenía que empezar a sentir. Pero era todo muy incierto, porque yo dormía con una máquina día y noche que me movía la articulación de la rodilla para no perder la articulación, porque si vos perdés la articulación, como que se frisa, viste, no se mueve más y es muy difícil después recuperar la movilidad. Yo estaba en la cama sin moverme muchos meses y el cuerpo es como una especie de flan.

Como una especie de cosa que se amolda a lo que vos le hacés. Si vos estás sentada mucho tiempo en la computadora, la forma de tu cadera tiene que ver con eso si vos no hacés ejercicio. Y no es una forma de decir: tiene que ver con eso toda tu postura. Estás con el teléfono todo el tiempo; el cuerpo se adapta a las posiciones que vos le das. Y entonces, claro, tanto tiempo en la cama sin mover las piernas, me pusieron una máquina para que no pierda la articulación.

Y todo eso, viste, muy difícil dormir con eso.

Y poder seguir estando lúcida en ese momento, en esa situación, no sentir que se te viene todo abajo. Eso no quiere decir que no haya tenido situaciones críticas o tristes o que no haya llorado. Lloré un montón y estuve triste, pero no me dejé caer.

Magali: Tengo la pregunta del millón, que es: ¿por qué no estás casi nunca de mal humor?

¿Por qué no perder tiempo de vida con el mal humor?

Magali: No estoy de mal humor porque no hay motivos que alcancen para que use tiempo valioso de mi vida para ponerme de mal humor. No me puse de mal humor ni cuando estaba internada en un hospital, imaginate si me voy a poner de mal humor por una pavada. Me puedo enojar en algún momento, qué sé yo, pero nunca jamás me vas a ver que me despierte de mal humor, por ejemplo. No existe en mi vida, no sé cómo explicarte.

No existe el mal humor. Es algo que siento que no solamente perjudica a los demás y la energía general de la gente que te rodea, sino que te perjudica a vos más que nadie. Entonces no pierdo tiempo en eso. Si algo no me gusta o me sale mal, voy muy al frente: esto es así, esto me pasa.

Que de hecho es clave, incluso con mi pareja, alguna vez.

Si me sentí celosa al principio, digo: tengo que decir algo, esta situación me da celos, ¿sabés? Nunca jamás acumulo, nunca llego al momento de mal humor. Me voy a poner triste por algunas cosas, algunas cosas quizás me ponen mal, me ponen triste, me siento defraudada o me siento angustiada, pero mal humor, no. La vida es muy corta para dedicarle tiempo a estar de mal humor sin resolver nada, porque el mal humor es como un estado de standby, ¿viste?

Es como que de mal humor no pasa nada, ni para un lado ni para el otro, como los chicos, viste.

Así que lo relaciono con eso: alguien de mal humor es un niño haciendo un berrinche. Listo, no funciona.

Así que por eso no estoy de mal humor.

¿Cómo elegir en qué proyectos involucrarte?

Magali: Bien, Andy, ¿cómo elegís en qué proyectos involucrarte?

Dado que han pasado muchas cosas por tu carrera profesional.

Andy: Sí. Yo creo que fue cambiando siempre según las etapas de mi vida.

Muchísimo fue cambiando hasta el día de hoy.

Tengo la suerte de que ya, después de tantos años y de tantos proyectos y de tantas cosas, y de algunos proyectos que me fue muy bien y que son exitosos, puedo darme el lujo de elegir.

Los proyectos que me da placer hacer.

Que me divierten, que me gustan. Bueno, no sé por qué digo eso, porque la verdad que siempre pasó.

Mi marido siempre me dice: no podés hacer nada que no te guste. Y es verdad. He hecho cosas que capaz no me gustaban tanto, pero siempre fueron el trampolín para llegar a algo que me gusta mucho.

Pero siempre me gustó… Ay, te voy a decir algo que no tiene ningún aval científico: cuando alguien me cuenta una idea, o cuando yo misma pienso una idea… Y la cuento y la hablo y la pongo sobre la mesa, si esa idea me pone la piel de gallina, ya no me sacás más.

Ese es mi termómetro, la piel de gallina. A veces me pasa que digo: no, por favor, no puedo hacer más cosas.

Pero me pone la piel de gallina, es muy difícil. Es como mi termómetro emocional, ¿viste? Y después, obvio, pasa filtros de otras cosas.

No hago cosas en las que involucre mi tiempo… Para hacer… Partes que no me gustan, ¿se entiende? Si tengo que hacer algo en el que voy a tener que estar muy conectada con la administración, con la parte económica, si estoy demasiado volcada en esas cosas, ya no me divierte. Siento que lo mejor que sé hacer tiene que ver con otras cosas: con la creatividad, con la proactividad, con las ideas, con poner en marcha y hacer realidad las cosas. Pero desde un lugar que no tenga que ver con la plata. Es muy loco lo que te digo, porque la gente va atrás de la plata. Yo, al revés.

Una vez, me acuerdo de esto, cuando recién me levanté del accidente, me invita a salir un chico de una familia de mucho dinero. No me gustaba mucho, me parecía como que era… ¿entendés? No tiene mucho que ver conmigo. No me gustaba él; obviamente no tiene nada que ver, no estoy juzgando eso, de hecho a mí me va muy bien, no me puedo quejar. Pero es como que no me mueve; como dijimos antes, siempre me mueven otras cosas, cosas que tienen que ver con la parte humana, con el amor. Entonces, cuando está la plata o el dinero en el medio, me cuesta un montón.

Obvio que todas las cosas que hice después dieron sus frutos y gané dinero. No me puedo quejar: tengo mi casa, tengo mis cosas, me va muy bien, gracias a Dios y gracias a todo este trabajo, perseverancia, amor, pasión y todo lo que te dije antes; nada de todo eso es gratis. Pero nunca es el motor fundamental. Si alguien me dice: vení, hagamos esto que con esto nos llenamos de plata, es raro que yo diga: bueno, dale. Tiene que haber otra cosa más.

Me importa mucho que tenga un propósito, viste, que sea algo que me movilice. En este momento me movilizan mucho más las cosas que tienen que ver con eso, mucho más que antes. Antes quizás era como: bueno, sí, me gustaría todo eso, pero estoy pensando también en que… En que tengo que vivir de eso. Hoy como no estoy buscando un proyecto del cual vivir, mi ambición… en mi caso, si la billetera gana, no funciona.

¿Cómo pasó un blog de recomendaciones a ser Chicas en New York?

Andy: Es todo lo contrario.

Magali: Claro. Contame entonces cómo fue la transformación entre un blog de recomendaciones para hacer cosas en Nueva York hasta un proyecto rentable, Chicas en New York, con hasta su propia tarjeta de crédito y tu cara por todos lados en planchita de pelo, secador de pelo.

Andy: Bueno, ahí está un poco esto de que yo creo que todo es posible. Y también, cuando vos tenés un equipo que trabaja con vos, decís: bueno, tengo que pagarle el sueldo y me tiene que ir bien, porque si yo quiero seguir haciendo esto que me gusta, necesito también ayuda de otras personas. Tiene que poder ser rentable, no solamente para que me sirva a mí, sino para poder pagar un equipo que funcione.

Pero además eso, por un lado, y por otro lado… Siempre se me ocurrían cosas. Digo: bueno, ahora hice esto. ¿Sabés que salió el libro? Genial. El libro fue un best seller. El primer libro, que fue Los secretos mejor guardados de la Gran Manzana, fue un best seller en una semana. No sé cómo explicarte: yo era mala alumna en el colegio, y que salga un libro que escribí yo 100% y que a la semana sea un best seller… ¿cómo no te va a dar una inyección de adrenalina? Es decir: vamos, vamos por más. Listo, sale el libro, dije: bueno, ahora qué podemos hacer, ya sé, hagamos esto. Yo estoy todo el tiempo pensando también en mis lectoras y en mis seguidoras. Hay que pensar que cuando yo arranqué no existía Instagram; arranqué con Facebook y después me pasé a Instagram y crecí en Instagram. Al principio era muy nuevo todo, no existían plataformas que te enseñaran.

Entonces lo mío fue siempre muy intuitivo, y fue mezclar un poco el on con el off, y creo que eso fue lo que hizo que sea más rentable, que sea más exitoso, porque yo entendí siempre que del otro lado había personas y que esas personas, además, necesitaban otra cosa más. Y cuando vi que confiaban tanto en mí, en mis recomendaciones, en todo lo que yo contaba, en los lugares que recomendaba, dije: bueno, qué mejor que, si van a esos lugares y hacen todas estas cosas, tengan un beneficio por hacerlo.

Pero primero pensé en un plan de beneficios y dije: uy, esto es un moño, ¿viste? Ahí filtré, dije: no, acá hay una parte que a mí no me gusta hacer y que lleva mucho tiempo y un proceso muy largo, que es hacer un plan de afiliados. Bueno, ya sé: un banco, una tarjeta de crédito, una tarjeta que tenga todos los beneficios que las mujeres que viajan quieran tener.

En Argentina, eso te digo, es muy difícil, porque las cosas son muy inestables. Entonces era un gran desafío. Incluso tuve propuestas de un banco internacional y de un banco argentino, y elegí un banco argentino porque sentí que estaba apostando a algo que… Era como una ayuda más, porque tenía mucho que ver con el mundo emprendedor. Bueno, hicimos una tarjeta, una Visa internacional de Chicas en New York. Fue increíble cuando salió la Visa y estaba buenísima y funcionaba y estaba en todos lados y estaba primera en los rankings de ventas de tarjetas de crédito. Impensado. Todo el mundo quería tener esa tarjeta porque tenía beneficios increíbles que los diseñé yo con el banco, sentada trabajando en todo el proceso creativo durante un año.

Donde también aprendí un montón. Después de eso dije: bueno, ¿y ahora qué más? Y ya sé, tengo que hacer un programa de tele, porque todo esto también lo puedo mostrar en otro medio. Como que a mí se me iban ocurriendo las cosas en el camino, te diría, no con mucha anticipación: bueno, el año que viene el programa de tele, el año siguiente otro. Y así fue creciendo, y de a poquito fue siendo, de un blog chiquito que era un hobby, que si apenas me daba para viajar una vez al año a Nueva York para mí estaba perfecto. Yo tenía mi trabajo, mis cosas, mi agencia. Pero, claro, también está esta cosa creativa mía de todo el tiempo estar pensando cosas nuevas, de decir: bueno, ahora quiero otra cosa más.

Eso fue haciendo que el negocio crezca también. Después fue el segundo libro. Dije: bueno, si a todos les gusta que hable de New York y confían en mis recomendaciones, ¿por qué no hablar de otras ciudades del mundo? Listo. Empecé a intercalar los viajes a Nueva York con viajes a otros lugares del mundo y a entender cómo funcionaba en otras ciudades, y entonces salió el segundo libro, Chicas de viaje por el mundo, y con eso salió el segundo programa de tele, que encima fue un programa en televisión abierta. Era algo impensado en un momento de la televisión en que todavía funcionaba muy bien; ahora es un poco más tranqui. Pero en ese momento fui la primera persona, la primera influencer, alguien que venía de las redes sociales, en estar al frente de un programa de televisión. Y yo tenía 38, 39 años; no, mentira, 40. Cuando salió en Telefe tenía 40 años, cuando salió la primera temporada. Era impensable.

¿Me ves? ¿Que yo imaginaba que a los 40 años iba a tener un programa de televisión abierta al aire, en Telefe Internacional, que se veía en todo el mundo y se sigue viendo ahora en varios países, hablando de viajes, caminando por el mundo?

Siendo yo la conductora, siendo yo la que generaba los contenidos, las alianzas. Mirá, una locura. Y después de eso, la empresa ya estaba muy armada y súper constituida, y vino la pandemia. Pero antes de la pandemia dije: yo quiero hacer una… Tengo todo el tiempo mucha gente emprendedora alrededor; siempre me impresionaron mucho las emprendedoras, quizás porque de algún modo yo hice siempre el camino emprendedor, incluso con la agencia de publicidad que tengo hoy.

Empezó como un emprendimiento con mi marido y hoy es una agencia que tiene sede en 9 países, que trabajamos con las mejores marcas del mundo. Cambió todo mucho y todo eso fue acompañando el proceso. Nunca dejé, siempre fui haciendo en paralelo las 2 cosas, eso también es una locura. En algunos momentos me dediqué 80% a Chicas, a hacerlo crecer, y 20 a la agencia, y después volví a equilibrar y estar mitad y mitad. Y eso fue creciendo con el tiempo también por esta pasión que yo tengo por lo que hago, porque me gusta, nunca pensando en: ahora… ¿Cómo hago para facturar más? Y yo creo que eso se notaba, y se notaba mucho, porque de hecho me lo decía la gente, me lo decían las marcas que me acompañaban o que me acompañan; hay algunas que también me acompañan hoy. Hoy estoy un poco más tranquila en redes. Sigo teniendo presencia en un montón de cosas y sigo viajando, pero estoy un poco cansada de la forma en la que hoy se dan las redes sociales, y elijo ir un poquito más a paso, viste, mucho más tranquila.

Haciendo solamente las cosas que me gustan y no subiéndome al tren de muchas cosas que cambiaron y que capaz no me gustan. Y otras que cambiaron y me encantan, como la inteligencia artificial: me metí en un proyecto nuevo hace 2 meses, Viajeros del futuro, que es una nueva red en donde escribo historias, cuentos. No sé si viste algo de eso. Escribo cuentos escritos en el año 2045, y las imágenes las hago yo con inteligencia artificial. Los cuentos los escribo yo, pero las imágenes son todas creadas con inteligencia artificial, y me divierto un montón.

Me recontra adapto a la tecnología, a las nuevas tendencias, pero hay algunas cosas de las redes sociales que ya me cansan. Entonces me voy eligiendo; por suerte tengo la posibilidad de poder hacerlo. Y bueno, voy por ese camino. Pero nos fuimos por las ramas.

Magali: Bueno, vamos a volver un poco para atrás, porque me avanzaste 5000 años esta historia. Escuchame, primero preguntarte: ¿cómo hiciste al principio para convencer a marcas a que se sumen en esa transformación de Chicas en New York, cuando era un blog, para hacerlo crecer?

Andy: Mirá, teníamos marcas impensadas, no sé cómo explicarte.

¿Cómo convencer a las marcas de sumarse a una comunidad?

Andy: Teníamos Dior, teníamos Adidas. No te puedo explicar lo que era, una cosa de locos. Primero, porque no había canales diferenciales en donde se pudieran mostrar o vender cosas; las marcas no tenían lugares en donde se sintieran representadas para el mundo femenino. Esta era una plataforma en donde había 3 millones y medio de mujeres, en un momento donde no existían como ahora las redes en las que uno tiene un millón, 2 millones. Nosotros teníamos un blog que movía 3 millones y medio de mujeres, era muchísimo.

Entonces a las marcas eso les interesó mucho, porque era un nicho bien marcado: mujeres con poder adquisitivo medio alto, que tenían la posibilidad de viajar. Eso determinaba un nicho interesante para las marcas, y era bastante fácil. Simplemente era yo, desde la creatividad, cómo meter las marcas para que no sea algo que las marcas me paguen por mostrar, sino que tenga que ver con algo que genere un beneficio para mis lectoras o para mis viajeras. En un momento organicé viajes, llevé como a 300 mujeres en total, al principio de todo. Y armamos, por ejemplo, un gift pack, que era una bolsa gigante que hoy debería valer, no sé, 200.000 pesos, 300.000 pesos, una cosa de locos: tenía un perfume importado, un par de zapatillas de Adidas, ropa deportiva de Adidas, carteras de marcas muy importantes y conocidas, accesorios, una valija de equipaje de mano. Era todo un regalo que les dábamos a las chicas cuando viajaban. Y yo decía: las marcas entran, pero si esto es un beneficio para alguien, no que a mí me paga la marca porque lo muestre y nada más.

Y mantuve eso durante muchos años. Y era hermoso, porque, claro, la gente se ponía contenta, y las que no viajaban decían: guau, yo quiero comprar ese pack. Era una locura, tenía cuadernos, libros. No sabés lo que era. Llegábamos al aeropuerto con todas las bolsas para las chicas y eran cuatro carros de esos de las valijas llenos de bolsas, y le dábamos a cada una su bolsa para que la lleve, y la tenían que meter en la valija porque no la podían ni siquiera llevar en la mano. A veces eran bolsos de Adidas que estaban llenos de cosas adentro.

Era una locura, un delirio. En un momento fue como una carrera de ver cuántas cosas les íbamos a regalar a las chicas.

Maquillajes de MAC, no sé lo que era todo. Hoy hacer eso sería un presupuesto imposible. Y entonces las marcas confiaban mucho porque era algo genuino, ¿entendés? Las chicas lo mostraban todo el día: guau, mirá. Y yo mostraba en mis redes lo que les regalaba a las chicas, y esa era una forma de mostrárselo también a las que no viajaron conmigo. Y después empecé a organizar muchos eventos; hacíamos todos los años la fiesta de fin de año de Chicas, que era enorme y había muchas marcas involucradas. Hicimos también una planchita de pelo de viaje de Chicas en New York con GA.MA. Te juro que hicimos tantas cosas.

Y todas muy lindas y muy gratificantes también, y las marcas siempre me apoyaron, sabiendo que teníamos un público fiel, sabiendo que yo hacía las cosas también de esta manera, ¿no?

Magali: Y también la forma profesional en la que encarás todas estas cosas, de cumplirles a las marcas sin dejar de ser fiel a tus lectoras, a tus seguidoras.

Andy: Jamás mostré algo en lo que no creyera.

Magali: Andy, ¿cómo hacemos para cerrar este capítulo? Quiero dejar un momento de palabras finales, para algo que ya hayamos dicho o no, pero que haya quedado quizás resonando en tu cabeza, para quienes nos escucharon hasta acá.

¿Por qué los 50 pueden ser el mejor momento de la vida?

Andy: Yo creo que hay algo que me parece interesante.

Y que recién ahora se está empezando a tratar un poquito en algunos medios. Yo hace un tiempo largo lo había empezado a hacer; es otra de las cosas que hice fuera de tiempo: había pensado en hacerlo y era demasiado anticipado, y después me colgué y ahora lo voy a retomar. Tiene que ver, para mí, con el tema de la edad.

Yo creo que… Yo tengo 50 años, me siento súper vital, siento que todavía puedo hacer mil proyectos más, y los estoy haciendo. No te los conté, pero tengo 3 proyectos nuevos en los que estoy trabajando. Me siento vital.

Me siento en el mejor momento de mi vida, y no es lo que nos vendieron. Es como que siempre hay una edad, como que hay un vencimiento ahí, y eso no está bueno. Obviamente la vida y los años tienen cosas que van cambiando, pero siento que definitivamente no es peor, sino que es distinto. Es peor si lo mirás desde un punto de vista, pero en realidad yo creo que la vejez es como la adolescencia: viste que te pasan por primera vez un montón de cosas que no tenés la más puta idea de cómo resolver. Y eso también es un ejercicio mental enorme que te genera mucha vitalidad, si lo tomás de esa manera en vez de tomarlo como: uy, ya no puedo hacer esto. Ahora puedo hacer esto. Los hijos crecen, podés salir, viajar, hacer otras cosas.

Bueno, no sé, hay un montón de cosas que te cambian… El punto de vista, y que te hacen también vivir la vida de otra manera. Es como otra etapa de la vida; no hay que verla como… Bueno, yo me desperté tarde con mis éxitos, de alguna manera, entonces para mí es muy natural. Pero hay gente que capaz a los 20 y pico, 30, fue el furor de su vida, y llega a los 50, 60 y dice: ¿y ahora qué hago, qué voy a hacer?

Y creo que la esperanza… Es fundamental. Es entender que a partir de los 50 y pico te espera una vida totalmente distinta, y no por eso mala o fea. Y entender que el cuerpo se deteriora, pero que hay mucho para hacer para cuidarlo. Todos sabemos que nos vamos a morir, punto, entenderlo, pero vivámoslo de acá hasta que nos vayamos de la mejor forma posible. Y creo que eso tiene mucho que ver con todo, con mi libro Bailar acostada, que es: aunque no tengas demasiadas posibilidades de bailar, tu cabeza puede estar en movimiento siempre.

Y tiene que ver con mi personalidad, sin dudas, y con lo que aprendí a lo largo de mi vida, con mis proyectos, con mis trabajos, con mi accidente, que es… Dale para adelante, viví hoy 100%, porque mañana no sabés qué va a pasar. Viví hoy como si fuera el último día.

Magali: Ahí va, espectacular. Gracias, Andy, gracias por venir, por contar todo esto. Y vayan a leer el libro.

Andy: Muchísimas gracias, un placer. Me encantó charlar con vos.

Magali: Bueno, nos vemos. Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo el capítulo con alguien a quien le pueda servir. Acordate que todas las semanas comparto ideas en el correo de Tiene que haber algo más.

Escribo sobre mis recomendaciones y el detrás de escena de la comunidad y el podcast. Lo mando todos los jueves directo a tu bandeja de entrada. Anotate vos también en tienequehaberalgomas.com/correo. Nos vemos la semana que viene.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Andy Clar y de qué habla en este episodio?

Andy Clar es publicista, emprendedora y autora de best sellers como Chicas en New York, Bailar Acostada y Chicas de viaje por el mundo. A sus 25 años sufrió un accidente que la llevó a no poder caminar por un año y someterse a varias operaciones. Fiel a su estilo, trabajó por superarlo y sumó a eso la promesa de recorrer el mundo. Años después, creó la comunidad de mujeres “Chicas en New York” enfocada en viajes, experiencias y beneficios para quienes forman parte de ella.

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