Lala Pasquinelli
Lala Pasquinelli es activista feminista, poeta y abogada. Es fundadora de Mujeres que no fueron tapa y del Festival de Hackeo de estereotipos en escuelas, autora del libro La estafa de la feminidad, creadora de la campaña #HermanaSoltaLaPanza y oradora TEDx. Lala fué elegida como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por BBC en 2023 por el trabajo sobre mandatos y estereotipos de género. La misión de Mujeres que no fueron tapa, es cuestionar los estereotipos de género en la cultura masiva, poniendo el foco en los dispositivos y mandatos que construyen la ficción de feminidad.

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De qué hablamos con Lala Pasquinelli
- Qué le sumó como persona ser considerada por la BBC de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes del mundo en 2023.
- Cómo se arma una campaña que funcione tan bien como “Hermana soltá la panza”
- Las ideas y la necesidad de accionar, prueba y error.
- Cómo los hombres pueden cambiar su rol social.
- Reconocer la propia autoridad siendo mujer.
- Caminos para salir de los estereotipos con los que nos criaron.
- Temáticas que aborda su libro: La estafa de la feminidad y el proceso de escribirlo.
- Qué la ayudó a transitar el cáncer de mama.
Transcripción
Lala Pasquinelli es activista feminista, abogada y fundadora de Mujeres que no fueron tapa, elegida por la BBC entre las 100 mujeres más influyentes de 2023. En el episodio cuenta cómo armaron la campaña Hermana soltá la panza, qué pueden hacer los varones, por qué cuesta reconocer la propia autoridad, cómo escribió La estafa de la feminidad y qué la ayudó a atravesar el cáncer de mama.
Introducción
Lala: Quienes más o menos piensan parecido y se sienten raras, rotas o falladas se pueden encontrar con estas otras raras, rotas y falladas, y darse cuenta de que en realidad no hay nada de eso, sino que, bueno, somos personas y que esos ideales son los que nos rompen y son los que en realidad no existen.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. Acá desarmo la historia de profesionales valientes que transformaron sus carreras. Como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron. Si sos un profesional avanzando en tu carrera, quizás quieras trabajar remoto. Todas las semanas mando un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próximo desafío.
Son búsquedas no técnicas de 15 áreas distintas, tanto en español como en inglés. Si querés recibir el próximo, anotate en el enlace en la descripción de este capítulo. Estabas escuchando a Lala Pasquinelli. Lala es activista feminista, poeta y abogada. Es fundadora de Mujeres que no fueron tapa y del Festival de Hackeo de estereotipos en escuelas. Es autora y sacó un libro nuevo que se llama La estafa de la feminidad, creadora de la campaña Hermana soltá la panza y oradora TEDx. La misión de Mujeres que no fueron tapa es cuestionar los estereotipos de género en la cultura masiva, poniendo el foco en los dispositivos y mandatos que construyen la ficción de la feminidad. En esta conversación hablamos de cómo arman campañas de alto alcance, de pasar de una idea a un negocio sostenible, de cómo es mantener el activismo durante años, de lidiar con el odio en redes sociales y de cómo es ser considerada por la BBC una de las 100 mujeres más inspiradoras de todo el mundo. Atención, que esta es solo la primera parte de la entrevista con Lala.
Hay una segunda solo para los participantes de la membresía de Tiene que haber algo más. Vamos con la conversación y, cuando termines, escribime y contame qué te pareció.
Hola, Lala. Bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.
Lala: Gracias a vos por la invitación, Magali.
¿Qué le sumó a Lala Pasquinelli estar entre las 100 mujeres de la BBC?
Lala: Quiero que empecemos con la primera pregunta. ¿Qué te agregó a vos, qué te sumó a vos como persona ser considerada por la BBC una de las 100 mujeres más inspiradoras e influyentes de todo el mundo en 2023, compartiendo el premio con Michelle Obama?
Qué buena pregunta. ¿Qué me agregó a mí como persona? Yo creo que lo que me sumó es legitimación, más allá de que, bueno, con muchos años de trabajo ha habido a lo largo de estos años distintas instancias de legitimación y distintas instituciones y personas que me han ido legitimando, sobre todo mi comunidad, que creo que es la legitimación más importante. Pero bueno, tener un reconocimiento internacional, sobre todo en un contexto político también, digamos, particular de Argentina, donde los feminismos estaban siendo hostigados y perseguidos. Entonces, recibir como feminista un reconocimiento, porque es muy prestigioso.
Además, bueno, la verdad es que vino bien. A mí me sumó eso, de alguna manera, una legitimación hacia mi voz y hacia mi trabajo, que está buena. La verdad que estuvo bien, estuvo lindo, porque además trae eso, viste: contactarte con gente. Recibí muchos saludos, muchas felicitaciones de gente que quizás hacía mucho que no veía, cosas por el estilo. Así que eso también.
Eso también fue lindo en ese momento.
¿Cómo se armó la campaña Hermana soltá la panza?
Magali: Bueno, quiero leer algo que encontré en internet. Es un extracto que dice así: el plan fue desafiar la carrera para llegar al verano flacas, chatas y bronceadas. Más de 4000 mujeres enviaron fotos de sus panzas reales, con rollos, estrías, pelo, flacidez, cicatrices. Y reflexionaron sobre el sexo, los abrazos, las piletas, los vestidos, las vacaciones y las diversiones que se perdieron por la pedagogía de meter la panza. Te quiero preguntar a vos cómo se arma una campaña que haya funcionado tan bien como Hermana soltá la panza.
Lala: Sí, es una buena pregunta, porque es una pregunta que me hacen bastante.
A ver, nosotras tenemos un trabajo con estos temas, sobre todo con el tema de la belleza, que es un trabajo constante a lo largo de muchos años, y eso permite construir una audiencia también sobre estos temas. La campaña se hizo 2 años seguidos. Este verano no se hizo por las circunstancias en las que se encontraba el país, que realmente no daba para abrir esta conversación, consideramos.
Pero se hizo en 2021 y 2022, o así, y terminaron participando cerca de 24000 mujeres. Nosotras, cuando pensamos las campañas, lo que hacemos es plantearnos, y lo que hicimos desde el principio fue plantearnos primero… Bueno, de alguna manera, lo que siempre nos inspira a nosotras en nuestro marco teórico tiene que ver con esta idea del hackeo, ¿no? Nosotras tomamos muchas referencias ahí, una determinada cantidad de autoras y autores que inspiran nuestro trabajo, a los cuales volvemos todo el tiempo cuando necesitamos entender hacia dónde estamos yendo. Uno de estos es el Manifiesto hacker de McKenzie Wark.
Y por eso trabajamos todo el tiempo con la idea del hackeo. Y en esa idea lo que nosotras también queríamos era hackear la lógica de las redes sociales. O sea, nuestra campaña fue una campaña que en la primera edición duró casi 5 meses y en la segunda edición duró cuatro, que es algo completamente raro para redes sociales, donde vos tenés que estar todo el tiempo hablando de la coyuntura. Entonces el desafío era, por un lado… Establecer o generar una conversación profunda que salga de las redes sociales, rebote en los medios de comunicación y, al rebotar en los medios de comunicación masiva, drene hacia otros públicos, que es lo que pasó con la campaña. Y para hacer eso necesitamos tiempo. O sea, no es ni una publicación, ni 2 ni 8. Necesitás una conversación que se sostenga en el tiempo con acciones que nosotras hemos ido aprendiendo también a lo largo del tiempo. ¿Cuáles son esas acciones necesarias para que esto suceda? Y también es cierto que nosotras tenemos una comunidad muy grande que está integrada por periodistas, por personas que… Trabajan en los medios, por personas que, bueno, nada que ver, simplemente son usuarios de redes sociales. Entonces eso también facilita este rebote en los medios de comunicación, que es algo que siempre buscamos. No es algo que sucede casualmente, sino que es algo que lo buscamos.
A conciencia, que la conversación rebote ahí, porque es importante que eso suceda, porque nos permite llegar a otros públicos. Y la permanencia en el tiempo es lo que hace que la conversación pueda ir creciendo, y si la conversación es interesante, es necesaria y es una buena conversación, va a traer necesariamente eso. Por más que yo quiera que algo rebote en los medios, si no es algo interesante y si no es un contenido… Que le interese a la gente, igual no va a rebotar en los medios, o va a rebotar una nota y no pasa nada. Nosotras lo que nos proponíamos ahí, además pensando en esto de la contrahegemonía y el hackeo, fue… porque además Soltá la panza era un hashtag que nosotras veníamos usando en años anteriores, pero siempre lo usábamos en verano o cuando estaba por llegar el verano. Sobre todo, digamos, poniendo una mirada crítica sobre la publicidad, sobre las publicaciones de redes sociales de influencers, marcas de trajes de baño. Todo esto que te muestran chicas jóvenes de entre 14 y 18 años, que pesan 35 kg mojadas, que muestran estos trajes de baño imposibles de usar y estos cuerpos imposibles de tener. Y además todos los tratamientos y cosas para el verano. Entonces nosotras habitualmente mostrábamos eso. Y ese año lo que dijimos, que ya lo veníamos trabajando con otras campañas que habíamos tenido ese año, fue: bueno, necesitamos mostrar otra cosa. Y esa otra cosa eran los cuerpos reales.
¿Las campañas se hacen virales por suerte o por trabajo?
Lala: Y bueno, hubo mucho trabajo. O sea, a veces creo que hay la fantasía de que estas campañas se hacen virales porque, bueno, la pegaste o, no sé, a la gente le cayó bien y miles de personas vinieron a compartir tu campaña. La verdad es que no es así, o sea, por lo menos en nuestra experiencia no es así. Hay mucho trabajo atrás para que esto suceda, hay una insistencia, hay un convocar de diferentes maneras, hay un montón de ensayo y error para ver qué es lo que funciona para que las personas se sientan convocadas a participar. Entonces, creo que fundamentalmente lo que hay es mucho trabajo, muchas horas, mucha dedicación a escuchar a estas personas que participan de nuestra comunidad y ver cuáles son sus dolores, sus heridas, sus temas, sus intenciones, qué es lo que las oprime y qué es lo que las libera.
¿Qué es lo que nos oprime y nos libera?
Todo ese trabajo está puesto en función de una de estas campañas. Y es eso. O sea, no hay mucho margen para la casualidad. Me da la sensación de que no es para «ay, bueno, la pegaste con la campaña», sino que es un laburo muy, muy grande, de muchas horas por día, para que suceda. ¿Cómo hacen ustedes para probar esto que decías del ensayo y error?
¿Probamos? O sea, probamos cosas, no sé. Por ejemplo, con Hermana soltá la panza, nosotras empezamos a invitar a la gente a que mandara fotos de sus cuerpos como son a las compañeras de la comunidad. Y claro, lo que primero nos empieza a llegar son fotos de chicas muy jóvenes con cuerpos hegemónicos o cuerpos sin cabeza. Panzas, cuerpos sin cabeza, porque es muy difícil ponerle la cara, ponerle tu cara, mostrar tu identidad.
Un cuerpo que no encaja en el ideal de belleza, que son el 90% de los cuerpos. Entonces, claro, no funcionaba. O sea, está bien, el cuerpo sin cara también puede ser, pero no era la idea de la campaña. Entonces, bueno, ahí tuvimos que ir buscando diferentes formas de… Cambiar la conversación para construir orgullo sobre esos cuerpos. Primero, para abrir una conversación que fuera sobre esto, el orgullo, la gratitud de habitar estos cuerpos que nos trajeron hasta acá; un montón de cosas diferentes, diferentes conversaciones que hicieron que las personas que participaban sintieran que era importante para ellas ponerle cara a esos cuerpos. Por ejemplo, digo, así un montón de cosas que por ahí pensamos que van a funcionar y no funcionan, entonces vamos iterando todo el tiempo lo que vamos haciendo y no pasa nada. O sea, nos equivocamos todo el tiempo, qué sé yo: pensás que esto va a funcionar y no funciona y listo, bueno, lo das de baja y cambiás, hacés otra cosa, no pasa absolutamente nada. O sea, a mí no me hiere el ego que… Que no me funcione algo que pensé que iba a estar bueno, la verdad que para nada, para nada. Al contrario, fluyo bastante bien en esto de intentar cosas e ir probando, y eso que funciona se va construyendo en el ida y vuelta con las personas que participan de eso que estás proponiendo.
Ninguna de nosotras tiene la bola de cristal ni somos iluminadas, digo. Yo no creo en nada de eso. Creo fundamentalmente en el laburo y en esto, en testear tus ideas y en abrirlas y proponerlas con honestidad a las personas. Por lo menos en Mujeres que no fueron tapa, en estos casi 10 años, eso siempre fue lo que hice y lo que venimos haciendo ahora que somos más. Y lo que viene funcionando es que nadie… Sabe un montón.
Magali: Nadie sabe lo que va a funcionar, por eso tenemos que hacer las cosas rápido, tirarlas al mundo, ver qué pega y qué no, y trabajar. O sea, nadie tiene una idea brillante en su cabeza que después es brillante en la realidad. Por lo general es brillante en tu cabeza solamente.
Lala: Sí, sí. Y a veces cosas que ni siquiera en tu cabeza eran brillantes después terminan estando muy buenas. Y también eso está bien. Yo, la verdad es que… Bueno, yo soy grande, ya tengo 48 años, y la verdad es que siento que me caí hace un rato de esto, ¿no? De la idea de que hay personas que son brillantes y que hay ideas geniales. La verdad es que no creo para nada en eso. Creo que todos tenemos ideas, que lo difícil de las ideas es llevarlas a la práctica, materializarlas, porque ideas hay un montón. O sea, todo el tiempo te encontrás con gente que tiene ideas que están buenísimas. Dale, llevala a la práctica y contame. Digo, esa es la parte difícil, ¿no?
Y es lo que hace que las cosas después terminen sucediendo o estando buenísimas o no. Pero bueno, la materialización de las ideas es la parte difícil de todo este asunto, no tanto, a mi criterio, tener buenas ideas.
Magali: Hago una pausa del capítulo. Si necesitás ayuda con tu carrera profesional, en Tiene que haber algo más reabrimos el curso para transformar tu carrera hacia el trabajo remoto. ¿Se puede ganar estabilidad trabajando en una empresa a distancia sin ser tu propio jefe? De hecho, esto es lo que yo hice durante casi toda mi carrera.
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¿Por qué lo difícil es sostener una idea en el tiempo?
Magali: Información en la descripción y ahora sí, volvemos con la conversación. Y en eso estoy 100% de acuerdo con vos. Lo difícil es lanzar, pero cuando lanzás te das cuenta de que hacer que algo realmente funcione es 10000 veces más difícil. Entonces, oyente, ¿vos creés que no tenés que contar tu idea porque te la van a robar o porque no sé qué? La idea no vale nada. Yo tantos años construí un negocio que digo: robame la idea y hacelo vos. O sea, le tenés que echar los próximos 10 años de tu vida hasta que…
Lala: Claro, sí. A mí me pasa mucho que hay algo que me detona un montón, que es cuando la gente viene y te dice: no, bueno, pero tendrían que haber hecho no sé qué, o esto lo tendrían que haber hecho así. Y es como: hacelo vos y contame. O sea, estas son mis ideas, de esta manera las llevo a la práctica, para mí está bien esto. Si para vos había que hacerlo de otra manera, arrancá vos a hacerlo y metele para adelante, porque realmente esta es la parte para mí difícil, que es materializar. Materializar es muy difícil.
Y sostenerlo durante mucho tiempo. Esa es la parte más difícil.
Magali: Porque todo bien, lo hacemos una vez, pero andá a hacerlo todos los días o todos los meses o durante muchos años. Y con esto te voy con la siguiente pregunta. Algo de lo que más me gusta de este podcast es que la audiencia que escucha es casi mitad hombres, mitad mujeres. Entonces podemos hablar de muchos temas con una audiencia mitad y mitad. Mientras preparaba esta entrevista, hablé con ex invitados del podcast y les dije que venías. Entonces me empezaron a mandar preguntas y filtré mis preferidas.
¿Qué pueden hacer los varones para cambiar su rol social?
Magali: Vamos a ir con algunas mezcladas de acá. Primero vamos con Juli, que preguntó: ¿qué recomendarías vos a los varones sobre cómo cambiar su rol social? Alguien que está escuchando esto y dice: uy, está muy bueno lo que está diciendo, pero no sé ni por dónde empezar. ¿Cuál dirías que es el 101?
Lala: Me encanta esa pregunta. ¿Solo recomendaría que compre mi libro en este momento? Primero que nada, creo que en el libro hay algunos puntos. Ahora, tiene que haber una gran voluntad, primero que nada, de reconocer los propios privilegios, el lugar que la masculinidad les da a los varones en el mundo. Digo, más allá de que vos quieras o no tener esos privilegios, los tenés por haber nacido varón. O sea, el mundo está organizado en esa jerarquía. La identidad masculina está jerarquizada por sobre todas las identidades feminizadas.
Entonces no depende de vos realmente, ni tampoco dependió de vos la educación que recibiste, ni que a vos te hayan tratado mejor que a tus hermanas, ni las cosas que recibiste. Probablemente te escuchen mejor en un laburo cuando opinás, y a tu compañera no la escuchen diciendo lo mismo que decías vos, y que vos creas que tus opiniones están buenísimas y entonces se las tenés que dar a todo el mundo. Y una mujer se va a preguntar 1000 veces si lo que piensa realmente vale la pena ser dicho. Y todo esto es la educación que recibimos. Es una educación muy diferencial entre varones y mujeres. Por más que creemos que nos educan igual, nos educan completamente diferente, porque nos educan como varones y como mujeres. Y las mujeres aprendemos de ver a las mujeres haciendo en el mundo y los varones de ver a los varones haciendo en el mundo, ni hablar de todo lo que tiene que ver con el pacto de la masculinidad y todas esas cosas que forman parte de la educación de los varones, que son prácticas muy crueles, a las que los varones, desde muy tierna edad, se ven expuestos, involucrados y sometidos, y que muchas veces los llevan a tomar decisiones horrorosas en sus vidas, o con consecuencias que después pagan a lo largo del tiempo. Entonces yo creo que hay que tener una gran voluntad, como primera medida, de reconocer eso.
Así como hacemos nosotras, que revisamos nuestra propia historia a la luz del feminismo. Bueno, hay que leer. Hay mucho escrito sobre todo esto, y hay que escuchar. O sea, para mí los varones en este momento tienen que escuchar a las feministas. Ni siquiera diría a las mujeres: a las feministas. Escuchen a las feministas, lean feministas, lean teóricas del feminismo, lean a Silvia Federici.
A Rita Segato, a estas mujeres que realmente hacen un abordaje de cómo el paradigma patriarcal configura nuestro mundo. Me parece que es algo que yo recomendaría: sobre todo escuchar, escuchar sin opinar, escuchar en silencio, escuchar a tus compañeras y tratar de ponerte en el lugar de esta persona que no tuvo la educación que tuviste vos, que no la educaron para sentirse el rey de la selva. Digo, escuchar desde esos lugares.
Me parece que a veces pasa algo con los varones que tienen intenciones, los llamo yo, de acercarse, de empezar, de construirse, de sensibilizarse, que es pensar que hacer algo de esto es hablar con las feministas de feminismo. ¿Viste? Pasa mucho eso. Ir a las marchas, ese tipo de cosas, y es como no. O sea, hacé lo tuyo, hacé lo tuyo: tratá de sensibilizarte, entender cuál es el pacto patriarcal, intervenir cuando un amigo acosa a una piba, cuando hay una práctica que es violenta, ayudar a tu compañera, hacer tu parte de las tareas de cuidado, asumir la carga mental.
Creo que va por ahí. O sea, tiene mucho de entender y de hacer al mismo tiempo, que no es hablar sobre esto, ¿no?
¿Por qué se castiga a las mujeres que reconocen su propia autoridad?
Magali: Sí, también creo que hay un montón de cosas que estamos aprendiendo, que quizás siempre estuvieron ahí, y de a poco vamos ganando el vocabulario para reconocer situaciones que antes parecían normales. Pero las mujeres somos juzgadas con otra vara.
Lala: Sí, totalmente. Estamos aprendiendo a nombrar todo el tiempo, y al mismo tiempo que vamos aprendiendo a nombrar, aparecen nuevas prácticas opresivas también, que son más sutiles, que son más simbólicas y que es difícil también identificarlas. Todo esto lleva mucho tiempo, lleva mucho trabajo personal y no se hace en soledad. Son muy importantes los espacios colectivos para entender esto también.
Magali: Algo que a mí me sirve mucho, cuando estoy en estas situaciones en las que no tengo muy claro si yo estoy bien o el otro está mal, o quién está metiendo la pata acá, es hablarlo con una amiga que haya mirado la situación. Por ejemplo, me pasa mucho cuando tengo que dar charlas ante audiencias grandes.
Quizás son de cosas más técnicas, de emprendimientos, no sé, de lo que sea, y por ser asertiva… A veces parece que estoy enojada. Parece que soy egocéntrica, parece que soy agrandada, que trato mal a la gente, que no tengo paciencia, que no quiero estar ahí. Es como imposible, como que no se puede ganar este juego.
Lala: Claro, porque bueno, ahí creo que siempre lo que hay que pensar, yo lo que hago siempre en estas situaciones, es: si esto mismo lo estuviera diciendo un varón… Con estas mismas palabras y en estas mismas circunstancias, ¿cómo sería juzgada esa actitud? Seguramente sería un capo del mundo. Genio, fantástico, inspirador, todo. Y bueno, si es una mina, es imperdonable. Porque nosotras somos educadas en nuestra subalternidad, en la amabilidad, en esto, ¿no? En el libro hablo mucho de esto, de esta educación que recibimos para ser sumisas, básicamente, y para seguir ocupando ese lugar de subalternas. Y bueno, el mundo entero piensa de esa manera, ¿no?
Entonces lo que vamos a recibir, tanto de mujeres como de varones, porque no hay distinción acá, o sea, esa misoginia la internalizamos todos, es esta mirada que nos vuelve a ubicar en ese lugar de: bueno, para ser buenas mujeres tenemos que ser amables, calladas.
Digamos, el reconocimiento de la propia autoridad es algo imperdonable en las mujeres. Es algo que a los varones se les enseña y se les estimula muchísimo, y en las mujeres es algo imperdonable reconocer tu propia autoridad y actuar en consecuencia de esa autoridad que vos te reconocés a vos misma. Es algo que en general recibe disciplinamiento, que es esto que vos decís: tendrías que haber sido más amable, lo tendrías que haber dicho mejor. Viste que siempre, cuando viene una situación tensa o una situación donde cualquiera de nosotras está explicando algún tipo de opresión o algún tipo de violencia, aunque sea sutil… Lo que aparece es esto de: bueno, pero lo tenés que decir mejor. Como si el problema fuera cómo se dice y no la opresión o la violencia en sí misma. Bueno, esto forma parte de esa lógica que vos decís, nunca vamos a ganar porque siempre está esta mirada que te devuelve a ese lugar de: así no, mejor de otra manera, más suavecito, más despacio, más bonito, todo eso.
Magali: Total, y aunque hagas 99 bien, una va a estar mal. Entonces volvemos a lo mismo.
Lala: Sí, sí, y está bueno para mí, digamos, más allá de lo difícil, lo doloroso que es el reconocimiento de esto, también está bueno saber que esto funciona así y que no somos el problema, sino que es una mirada social, una construcción cultural, una mirada cultural sobre el hacer de las mujeres.
Y que no es que sos vos la que lo está haciendo mal y que entonces la próxima vez lo tenés que hacer mejor. Cuesta mucho sacarnos esta voz que nos culpabiliza, que nos responsabiliza, y ubicarnos en este otro lugar de entender que, bueno, que yo reconozca mi autoridad es algo que en general molesta, pero ahí decido yo. Si tengo conciencia de mi opresión, puedo entender cuáles son los costos y los beneficios de no funcionar de acuerdo a lo que la sociedad me está exigiendo. Ahora, si no entiendo que este es un sistema, me voy a quedar pensando que soy yo la que lo hace mal, y entonces me sigo esforzando, y esto y lo otro. Y bueno, creo que siempre es mejor saber, para tomar decisiones de acuerdo a lo que en cada momento querés y te conviene.
Magali: Creo que es algo que también las mujeres estamos muy impedidas de pensar: qué es lo que nos conviene.
Lala: Pensar en esto nos ubica en el lugar de las interesadas, las brujas, todo esto, cuando un varón que es sagaz, que va a la búsqueda de lo que le conviene, es un genio, es un tipo exitoso, básicamente.
Magali: Totalmente, la ambición en los hombres es aplaudida y la ambición en las mujeres es de arpía.
Lala: Exacto, tal cual, es así. Y bueno, a mí me gusta pensar esto, cómo se internaliza en la educación de las mujeres a través de la belleza, ¿no? Que es de lo que estoy hablando en el libro. Esta imagen de la belleza femenina como inocente. Esta idea de, bueno… La sensualidad tiene mucho que ver con la inocencia, con la mujer que es inocente, que no entiende, que no es capaz de leer entre líneas, de ver entre bambalinas. Es como: bueno, mirá, tonta, va por el mundo siendo estafada todo el tiempo, y necesita ser salvada por algún hombre sagaz que la rescate en su inocencia y en su ingenuidad. Y eso lo aprendemos muy pronto, muy pronto, haciéndonos mujeres: que hay que hacerse un poco la tonta, y que si sos tonta está todo bien. Y si no estás dispuesta a hacerte la tonta o a mantenerte en esa ingenuidad, bueno, te lo van a hacer saber enseguida, ¿no?
Magali: Claro. Hablemos, ya que mencionaste el libro, del nuevo libro, La estafa de la feminidad. ¿Cuáles serían para vos otros caminos posibles para salir de estos estereotipos en los que nacimos o nos criaron?
Lala: Bueno.
Eso está al final del libro, así que quienes quieran saber eso, está.
¿Cómo salir de los estereotipos de género con los que nos criaron?
Lala: Al final, en el último capítulo, hay una propuesta que tiene que ver con todo lo que nosotras fuimos aprendiendo, lo que yo fui aprendiendo también compartiendo espacios con mujeres en estos últimos 10 años, en los talleres, en todos los espacios, en las conversaciones que hemos ido generando. Y tiene que ver con esto de, bueno… Así como hemos aprendido esta gestualidad de subalternidad, de sumisión, a través de, esta es la hipótesis del libro, a través de la belleza, a través de esta educación que recibimos cuando somos muy pequeñas. Digo la belleza como un pasaporte hacia el amor y hacia la visibilidad. No la belleza por la belleza en sí misma, sino que la belleza en nuestra vida y en nuestra educación aparece como eso, como un pasaporte: si vos tenés eso, vas a ser querida; si vos tenés eso, vas a ser elegida en el mercado del amor y el deseo; si vos tenés eso, vas a ser elegida en los laburos, vas a ser querida por tus compañeros, vas a ser aceptada por tu familia. Entonces… Esa es la zanahoria, ¿no?, todo el tiempo, para que nos subordinemos, para que obedezcamos, para que modelemos nuestro cuerpo, para que nos sometamos en nuestra gestualidad. Entonces, la hipótesis es que si nosotras somos capaces de desobedecer esa gestualidad, bueno, hay algo nuevo que se abre y que puede suceder, y que tiene que ver con esto de reconocernos nuestra autoridad, de romper los silencios, de reeducarnos de alguna manera en la liberación de nuestros cuerpos, en la liberación de nuestros hábitos, de nuestros consumos, porque todo lo que tiene que ver con esta educación que recibimos después se convierte en hábitos y en consumos.
Están muy delimitados los consumos de las mujeres. Y cómo eso nos genera, bueno, una alienación, una despolitización, en un sentido muy amplio de la palabra, que se paga muy caro, porque, en definitiva, seguir viviendo en esta lógica de la sumisión, de la obediencia a estos mandatos, y todo esto, en general le hace mucho daño a la mayoría de las mujeres, o por lo menos a las que están dispuestas a pensarlo. Digo, les hace daño a todas, pero estas son las que lo pueden reconocer.
Bueno, ahí hay algo de poder salirnos de ahí, que necesita un trabajo, que no va a suceder con el clic. Yo no creo en la existencia de ningún clic. Creo en que hay un laburo, hay un proceso y hay un camino que se recorre, que no es solo hacia adelante, que probablemente sea bastante sinuoso, y que como consecuencia de recorrer ese camino, quizás en contra de todo eso que aprendimos, bueno, va a haber revelaciones y nuevas formas de habitarse. Porque el relato hegemónico sobre la vida de las mujeres es muy único. Es esto: la belleza, el amor romántico y heterosexual, la maternidad rosa y después para de contar. O sea, la vida de las mujeres en ese relato se termina a los 45 años, no hay nada más después.
Y la verdad es que, bueno, eso no es así, y hay muchísimas historias que dan cuenta de eso, solo que no son historias mainstream, no son las historias que nos cuentan y no son las historias que nos van a contar. Entonces, para mí hay todo un trabajo que hay que hacer ahí de, bueno, encontrarse con quienes viven como nos gustaría vivir, escuchar esas historias, reconocerlas, jerarquizarlas, jerarquizar nuestras propias formas de resistencia.
¿Por qué hace falta una manada para pensar distinto?
Lala: Entender que es un camino, que es un trabajo que hay que hacer individualmente, pero que muy difícilmente puedas hacer sola, porque si vos lo que estás intentando hacer es pensar por fuera de todo eso que te dijeron que era lo correcto, bueno, necesitás espacios donde ese pensamiento y esas nuevas formas de hacer sean validadas y legitimadas por otras. Como decíamos hoy, lo del reconocimiento: yo puedo pensar muy bien, puedo… Sobre todo al comienzo de estos recorridos. Cuando yo empecé Mujeres que no fueron tapa, por ejemplo, trabajaba sobre esto, la representación de las mujeres en la cultura masiva, trabajaba con las tapas de las revistas, cómo aparecían las mujeres desnudas, sexualizadas, hablando del cuerpo, tips de belleza, todo esto, y los tipos aparecían hablando de su trabajo, todos vestidos, cubiertos. Bueno, lo que ya sabemos, roles de género, pero eso hace 10 años era novedoso verlo.
Sobre todo el impacto visual que generaba.
Y la verdad es que si yo no hubiera tenido la legitimación de un montón de compañeras feministas que me invitaban a sus espacios a hablar, me invitaban a universidades, me invitaban a colegios, me invitaban a radios, me invitaban a programas, de una comunidad de personas que empezaban a llegar y decían: sí, yo también siempre pensé esto, pero pensé que lo pensaba sola. Si no hubiera tenido la legitimación de estas personas cercanas, bueno, yo no sé si hubiera podido decir eso o seguir diciéndolo.
O sea, yo no soy la misma persona hoy que esa de hace 10 años que empezaba a decir estas cosas tímidamente. Hoy tengo muchísima más confianza en mi voz, tengo confianza en mis ideas, tengo confianza en mis procesos de pensamiento, me reconozco autoridad en lo que pienso y en lo que digo. Y eso lo fui ganando con el tiempo, gracias a que mi voz fuera legitimada por un montón de otras personas. Entonces lo que quiero decir es que esos espacios son indispensables.
Cuando vos estás pensando por fuera de lo que te dijeron que tenías que pensar, digamos, hay muy pocas personas que pueden ir en contra del mundo, ir en contra del pensamiento de su época en solitario. Para las personas comunes, normales, digamos normales en el sentido de más o menos parecidas, bueno, necesitamos esa voz que nos legitime, que nos haga sentir que no estamos locas, que no estamos mal, que estamos bien, que no estamos falladas. Y para mí, en ese proceso de salirse de esas lógicas, encontrar esa tribu… Encontrar esa manada, como le queramos llamar, es indispensable. Que no quiere decir un grupo de amigas, no quiere decir que nos vamos a hacer todas amigas, no quiere decir nada de eso. Quiere decir compañeras con las que compartimos esos espacios donde, en lugar de decirte «estás loca, sos una exagerada, esto que estás diciendo está mal porque no tiene sentido, yo no pienso como pensás», y todo esto que en general recibimos cuando abrimos esta conversación en cualquier lado, en el grupo de WhatsApp de tu familia, no sé: «che, me parece que este chiste es machista», y «bueno, otra vez ya arrancaron, no ves que ustedes bla, bla, bla».
Bueno, o sea, necesitamos los otros espacios, donde nos digan: tenés razón, la verdad, sí, dale para adelante, me parece buenísimo. Eso es indispensable para construir una vida disidente, porque si no es todo muy costoso, muy difícil, y porque además, a partir de esas legitimaciones se abren otros espacios y se abren otras gestualidades. Yo no creo en nada épico, o sea, no creo en las hazañas que vos tenés que hacer.
¿Sirve patear el tablero para cambiar de vida?
Magali: No sé, la cosa esta de patear el tablero.
Lala: Qué sé yo, no sé. Quizás si tenés mucha banca, viste, podés. Pero digo banca en el sentido de que tenés que tener un montón de recursos económicos, tenés que tener un montón de cosas dadas que en general la media no tenemos. Y los procesos de transformación de nuestras vidas yo creo que son mucho más de a poquito, con gestos pequeños que nos van haciendo ganar confianza y nos van llevando hacia otros lugares.
No es muy de cuento, es muy en contra de la narrativa del cambio de vida, pero la verdad es que yo no lo viví así, y creo que en general las historias que conozco de gente que no viene de ser millonaria o con mucha banca de alguna naturaleza, con muchas seguridades dadas, en general sus transformaciones han sido más de este orden, de a poco.
Magali: Mostrar cómo evolucionaron y fueron madurando tus ideas en estos años, porque esto me lleva a que escuché que este libro te llevó 3 años escribirlo, y quiero saber cómo fue el proceso en todos esos años.
Lala: Bueno.
¿Cómo se escribió La estafa de la feminidad?
Lala: Claro, yo creo que es un libro que se fue escribiendo en estos 10 años, porque estas ideas se fueron… Pero bueno, llegó el momento de decir: bueno, me invitan a escribir un libro sobre esto, que era algo que yo siempre quería hacer. Pero bueno, cuando depende de vos, nada, o sea, te lo vas pateando para adelante. Cuando tenés una fecha límite lo hacés, o yo funciono así, por ejemplo. Entonces… Bueno, cuando me contratan de la editorial, que fue en 2021 o en 2020, no me acuerdo… Bueno, tenía una fecha para terminar el libro, y en el medio, cuando empiezo a escribir el libro, cuando empiezo a organizar cosas, porque la verdad que mucho ya lo tenía escrito, empiezo a organizar las ideas, y todo eso es un proceso re largo para mí. Fue re largo el proceso de escribir el libro. Cuando empiezo con todo eso, me enfermo, me diagnostican cáncer, cáncer de mama, y fue una cosa muy fuerte para mí, porque, bueno, como cualquier persona, imaginate, no te imaginás que te van a decir que tenés cáncer, que no es nada. Después, viste, cuando ya vas entrando en el tema, el tipo de cáncer, esto, lo otro, ya vas entendiendo, pero la primera vez que te dicen cáncer es «me voy a morir». Y la verdad es que, bueno, había que hacer un montón de cosas en ese momento que no tenían que ver con escribir el libro, tenían que ver con curarme.
Entonces me dediqué a eso. Una de las cosas que a mí más me importaba de ese momento, de ese proceso, porque yo soy muy miedosa de todas las cosas médicas, operaciones, inyecciones. O sea, me contás algo de inyecciones y se me baja la presión, la peor persona para este tipo de cosas, y… La verdad es que yo lo que quería, y me lo planteé como objetivo cuando me enfermé, fue atravesar ese proceso con la mayor aceptación posible, la aceptación de lo que estaba pasando y la aceptación de lo que podía pasar, que era básicamente que me podía morir.
Y bueno, trabajé mucho sobre eso en ese tiempo, en aceptar lo que me pasaba, aceptar que estaba enferma y cuál podía ser el desenlace de eso, y llegar a ese momento de las cirugías y de los tratamientos tranquila. Ese era mi objetivo. Y bueno, eso me llevó como unos 9 meses, digo, todo este proceso, 2 cirugías, tratamiento, todas esas cosas que, la verdad, el cuerpo te lo dejan medio pasado por arriba, ¿viste?
Y al mismo tiempo, en ese momento estábamos haciendo la primera campaña de Hermana soltá la panza, y a mí me ayudó un montón. Me ayudó un montón porque yo estaba muy ocupada y muy compenetrada con la campaña. Me ayudó un montón trabajar, en ese momento, digo, lo que podía. Y también porque esa campaña, si bien no expresamente, tenía mucho de lo que le estaba pasando a mi propio cuerpo, que era esto de pensar tanto maltrato para hacer encajar este pobre cuerpo en ese ideal de belleza. Y mi cuerpo está resistiendo todo esto, ¿no? Y un cuerpo se puede enfermar.
¿Y qué sentido tiene? Eran conversaciones que yo tenía, digo. No necesité tener cáncer para darme cuenta de eso, pero bueno, cuando te toca, digamos, las cosas se hacen mucho más carnales, ¿no?
¿Qué tiene que ver la belleza con la violencia hacia las mujeres?
Lala: Y poner mucho énfasis en tratar de transmitir todo esto también. O sea, no tiene sentido decirle a la gente «no hagas dieta porque te podés morir», no funciona de esa manera, porque cada uno lo vive como lo vive. Pero había una idea atrás de esto, de decir: estos cuerpos pasaron la pandemia, estos cuerpos resisten, estos cuerpos nos permiten hacer las cosas que queremos hacer, y los estamos castigando y estamos sintiendo vergüenza de nuestros cuerpos cuando tendríamos que sentir mucho orgullo.
Mucho orgullo, porque nos trajeron hasta acá, porque nuestros cuerpos resisten, porque vivimos en un mundo que es cada vez más difícil y son nuestros cuerpos los que nos permiten habitar, estar acá, dar las batallas que damos, sentir lo que sentimos. Entonces, si bien… Eso no está explícito dicho así, estaba dicho todo el tiempo. Y creo que todo esto que a mí me pasó durante esos años también enriqueció bastante lo que aparece en el libro. Yo quería que el libro hiciera algo que creo que termina haciendo, que es dar la posibilidad de entender cómo todo esto que nos pasa a todas, que tiene que ver con la belleza, digo todas y es una gran generalización, a algunas seguramente no les ha pasado, y lo celebro y me alegro por las que no lo sufrieron. Pero en general muchas de nosotras lo hemos sufrido de diferentes maneras.
Algunas, digamos, hemos llegado a tener bulimia, anorexia y otras patologías relacionadas con la belleza, y otras no. Pero como decía el otro día una compañera… Todas, en esto de cómo nos vinculamos con el alimento, cómo nos vinculamos con la comida y todas las cosas que pensamos cuando nos sentamos adelante de un plato de comida, estamos un poco tomadas por toda esa lógica y por todas estas patologías. Yo quería unir los hilos entre eso que nos pasa, que les pasa a nuestros cuerpos, la violencia que ejercemos sobre nuestros cuerpos y que es ejercida sobre nuestros cuerpos con la excusa de la belleza, y cómo… Eso nos permite internalizar la lógica de la violencia y acostumbrarnos a ser violentadas, con todo un sistema político, económico y social que necesita de esos dispositivos para que nosotras sigamos estando en los mismos lugares. Pero también quería que el libro tuviera una puerta que te permita salir de ahí, porque a mí me pasó y les pasó a muchas otras que han participado en nuestros espacios, que han participado de las campañas y de lo que nosotras hacemos.
Entonces también quería convidar algo de eso, y también para eso hacía falta tiempo, porque eso estaba muy alimentado del trabajo y de los grupos que yo compartí estos 10 años con miles de mujeres. O sea, deben de haber pasado 15000 mujeres por los talleres, por ejemplo, ni hablar las que participan de la comunidad y demás. Sin ese tiempo, sin ese aprendizaje encarnado en nuestras propias historias, bueno, yo tendría ideas para convidar, pero no tendría experiencia para convidar, que no es lo mismo. O sea, no es lo mismo lo que yo pensaba hace 10 años de cómo salir de esta lógica que lo que pienso hoy, después de haber compartido tantos años y tantos espacios, y de haber, en mi propia historia… Podido atravesar y sentirme hoy, bueno, lo más afuera que puedo de todo esto. Digo, no solo poder tener un vínculo con mi cuerpo que es completamente diferente al que tenía. Salí de la heterosexualidad, no soy madre, o sea, hay un montón de cosas de las que me pude salir, que tenían que ver con lo que yo quería. No es que todas tenemos que hacer eso. Pero para mí era muy difícil, porque yo quería esas cosas, pero fui educada para querer otras. Y mientras queremos lo que tenemos que querer, está todo bien; cuando empezás a querer lo que no tenés que querer, bueno, ahí empiezan los problemas. Entonces, bueno, yo quería que eso apareciera también en el libro como una posibilidad.
Todo esto pasa, pero también pasan otras cosas.
¿Qué ayudó a Lala a transitar el cáncer de mama?
Magali: Gracias por compartir estos meses de enfermedad. Quiero saber, además de la medicina, de los tratamientos, del cuerpo médico, ¿qué otras cosas te ayudaron a vos a transitar el cáncer de mama?
Lala: Bueno, a mí me ayudó mucho… O sea, todo lo que tiene que ver con exponerte al sistema médico es difícil, porque a mí se me presentaba esta disyuntiva: todo lo que te proponen para curarte son cosas que también dañan tu cuerpo. O sea, exponerte a una quimioterapia o a una radioterapia, tu cuerpo no vuelve a ser el que era. Todo bien, vos sabés que es para curarte, pero un poco también te va a dañar eso.
¿Viste? Eso fue algo difícil para mí. Bueno, OK, es una situación dilemática, digamos, básicamente, y hay que resolverla. Yo necesitaba resolverla para mí, en el pensamiento, decir: bueno, OK, esta es la situación y yo voy a elegir esto, no pensando que es lo único que se puede hacer. Porque para mí, y esto, bueno, seguramente a muchas personas no les suene del todo bien, pero yo creo que… Curarse no es la única opción. Cuando vos tenés una enfermedad, vos podés decidir no querer someterte a los tratamientos, o decir: bueno, la verdad es que yo quiero vivir mi vida y no exponerme a todo esto, o elijo morirme a causa de… no sé, digo, el arco de las posibilidades. Y bueno, yo reflexioné mucho todos esos meses sobre todas estas cosas y también sobre cómo llegar a atravesar el tratamiento. Para mí era muy importante hacerlo sin miedo. O sea, sin miedo es mentira, porque el miedo lo tenés igual; te estás por entrar a una cirugía.
O sea, no es que entraba como el Dalai Lama, ni siquiera el Dalai Lama iba a entrar así a una cirugía, pero era importante entrar ahí sintiendo que si no salía de ahí estaba todo bien y si salía estaba todo bien. Ese para mí era el objetivo mientras estuve enferma: atravesar esto de la mejor manera posible, sabiendo que estoy preparada para lo que suceda. Y eso me llevó mucho trabajo.
Trabajé un montón con una terapeuta, en un tipo de terapia que para mí es la que me sirvió, hace muchos años. Psicoanálisis y todo eso no me sirvió para nada, lamentablemente, para nada.
Y esta terapia me sirvió un montón. Es una terapia que se llama terapia narrativa, que toma en cuenta, digamos, el contexto, el sistema médico, el sistema político, todo, digo, el ser humano en su condición de sujeto circulando en el mundo. Me sirvió un montón esta persona, que me acompañó en ese proceso para llegar a ese… A ese momento. Me sumo con mi compañera, por supuesto, que me acompañó durante todo este recorrido apoyando las decisiones que yo iba tomando. A mí no se me dio por nada, digamos, místico, más que cosas básicas. Digo, no me fui a hacer bendecir por un cura de no sé dónde ni qué sé yo, esas cosas.
Confié en que, bueno, tantas personas que tienen este tipo de patología se curan, el protocolo es este. Bueno, vamos con esto y vemos qué pasa. Eso fue lo que a mí me ayudó, y trabajar me ayudó un montón. O sea, hacer lo que me gusta, que en ese momento era la campaña Hermana soltá la panza, y bueno, paciencia, y la aceptación, sobre todo. Yo hasta ese momento pensaba que era una persona sana. Me da risa, porque ahora no puedo creer cómo pensaba de mí que era una persona sana.
Y claro, y fue como: claro, o sea, si tanta gente se enferma, ¿yo por qué no? ¿Por qué no me iba a pasar a mí? Como que a mí me ubicó mucho enfermarme, en el sentido de decir: sí, soy una mortal como cualquier otra que vive en este mundo. Estoy expuesta a radiaciones, a alimentos contaminados, a microplásticos en el aire, a todo lo que tiene el medio ambiente.
Todo, bueno, claro, yo también me puedo enfermar como cualquier otra persona, y bueno, si tengo suerte me voy a curar. Tuve suerte y me curé, pero bueno, podría no haber sido así, y lo pude atravesar con tranquilidad, también pensando… Me acuerdo que una de las primeras cosas que pensé fueron los pendientes, qué cosas pensaba que tendría que haber hecho en mi vida.
Y no hice hasta ahora. Una era escribir un libro, y dije: uy, no, mirá si no lo escribo, o puede ser que no lo escriba. Y después fue tipo: ¿a quién le debo un libro yo? O sea, está todo bien si no escribo un libro, no le debo un libro a nadie, no voy a cambiar el mundo con un libro, está todo bien, no pasa nada. Y eso también fue una conversación que me dejó muchas cosas del proceso. No creo en nada de eso de que… El cáncer te enseña cosas. O sea, no, yo preferiría no haberlo tenido. Prefiero no aprender nada de ahí. No aprender del cáncer, que es una pedagogía muy cruel. O sea, ¿tener cáncer para aprender? No, no me gusta. No me gusta nada de lo que tenga que ver con la crueldad. Pero sí, es una experiencia muy diferente en la vida y, como todas las experiencias diferentes, si vos estás en un estado reflexivo, te traen cosas, te traen cosas que quizás antes no habías pensado.
Magali: Para que no llegues tarde a tu próximo compromiso, quiero ir con la última pregunta, que quedaron muchas afuera, pero es cómo cerramos este capítulo.
¿Cómo encontrar la voz propia y autorizarse a decir las cosas a tu manera?
Magali: Quiero palabras finales, un mensaje para la audiencia, algo que haya quedado en tu cabeza o no, que quizá ya hayamos tocado, pero que este sea un buen momento para compartir.
Lala: No me quedó nada en la cabeza así como para decir esto, pero sí quizás esta síntesis sobre las preguntas que vos me fuiste haciendo. Creo que hay algo de… y esto lo digo sobre todo para las oyentes del podcast, ojalá que les sirva a algunos varones también, pero sobre todo para las compañeras: es muy gratificante, aunque al principio parezca que no. Es muy gratificante el recorrido, el camino de empezar a reconocernos la validez de nuestras ideas, la validez de nuestra voz, nuestra autoridad sobre nuestra propia vida.
Esto de que siempre nos parece que hay alguien que sabe mejor que nosotras lo que nosotras tendríamos que hacer, decidir, decir, y empezar a reconocer que no hay nadie mejor que vos para saber lo que vos necesitás, lo que es importante para vos, cuáles son los silencios que tenés que romper, cuáles son los acuerdos que tenés que repactar. Ese recorrido, ese camino hacia esa autoridad en la vida de cada una, es el que después termina redundando en, bueno, tener un laburo… O sea, es un momento difícil para el trabajo en el mundo en general, pero ir encontrando las formas, ir encontrando los lugares donde poder trabajar, donde poder hacer… De una manera en la que nos sintamos lo más a gusto que se pueda y que nuestros proyectos florezcan, que eso también tiene que ver mucho, para mí, con ir encontrando la voz propia. A mí me pasó mucho en Mujeres que no fueron tapa, sobre todo al principio. Yo estaba muy… todavía, yo soy una encajadora serial. Esto lo quiero decir porque si no parece que no sé, que salí de otro lugar. No, yo hice todo lo que había que hacer, lo hice todo.
Y al principio de Mujeres que no fueron tapa todavía estaba muy tomada y seteada por todo este mandato de amabilidad y de encajar y ser buena y decir las cosas de la mejor manera. Esto de que hay una manera en la que vas a decir una cosa que a todo el mundo le molesta, pero si la decís bien a nadie le va a molestar. Es mentira eso. O sea, siempre enunciar la opresión, enunciar el problema, te convierte a vos en el problema.
Lo dijo Sara Ahmed. O sea, lo podemos ver en nuestras vidas. Pero al principio yo lo que trataba era esto de, bueno, decirlo, pero que le llegue a todo el mundo, pero de la mejor manera, pero amable, pero que no sé qué. Y eso no funcionaba bien. No funcionaba bien porque yo siempre me sentí incómoda, porque estaba diciendo algo que quería decir de una manera mucho más contundente, muy contenida, y no sé qué.
Entonces para uno será poco y para otro será mucho, ¿viste?
Y cuando pude autorizarme a decir a mi manera, fue una liberación total. Y el proyecto hizo así, o sea, creció muchísimo, muchísimo, muchísimo. Cuando yo me pude reconocer esa autoridad, cuando yo me pude autorizar, cuando me pude legitimar a mí misma, cuando fui a la búsqueda de esos espacios de legitimación. Y eso me parece que es de los aprendizajes que siempre me gusta compartir, lo que me pasó a mí, digo. O sea, no es que me lo contaron o que es algo teórico, sino que yo lo viví en carne propia.
Aparecer en el mundo con mis particularidades, con mis formas, que a algunos les pueden gustar y otros las pueden odiar, fue mi mayor riqueza, digamos, sobre todo por la tranquilidad que me da para vivir y para hacer, entendiendo que somos millones de personas en el mundo, miles de millones. Y bueno, no le voy a caer bien a todo el mundo, ni a todo el mundo le va a parecer interesante… Lo que digo. Pero de lo que se trata, en mi caso, es de que quienes más o menos piensan parecido y se sienten raras, rotas o falladas se pueden encontrar con estas otras raras, rotas y falladas, y darse cuenta de que en realidad no hay nada de eso, sino que, bueno, somos personas, y que esos ideales son los que nos rompen y son los que en realidad no existen. Así que eso me gusta contarlo, porque rinde un montón ser quien sos, y esto… Y crecer, ir permitiéndote la voz, da frutos que están buenísimos.
Magali: Me encanta, me encanta. Gracias por haber venido y por compartir tu historia y todo este detrás de escena.
Lala: Gracias a vos, un abrazo grande.
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Preguntas frecuentes sobre este episodio
¿Quién es Lala Pasquinelli y de qué habla en este episodio?
Lala Pasquinelli es activista feminista, poeta y abogada. Es fundadora de Mujeres que no fueron tapa y del Festival de Hackeo de estereotipos en escuelas, autora del libro La estafa de la feminidad, creadora de la campaña #HermanaSoltaLaPanza y oradora TEDx. Lala fué elegida como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por BBC en 2023 por el trabajo sobre mandatos y estereotipos de género. La misión de Mujeres que no fueron tapa, es cuestionar los estereotipos de género en la cultura masiva, poniendo el foco en los dispositivos y mandatos que construyen la ficción de feminidad.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Lala Pasquinelli?
El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.
