David Smolansky

Bio David Smolansky

Periodista y político venezolano, David Smolansky fue alcalde del municipio El Hatillo, en Caracas-Venezuela siendo el más joven del país en ocupar dicho cargo. En agosto de 2017 fue destituido y sentenciado a 15 meses de prisión. Fué ese el momento en que decidió exiliarse, y comenzar su vida en Brasil. Actualmente, vive en Washington DC donde trabaja en la Organización de Estados Americanos y es profesor en la Universidad de Georgetown.

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De qué hablamos con David Smolansky

  • Por qué decidió ingresar en la política
  • Cómo se relacionan eventos de su familia en las decisiones que tomó después
  • El día a día en la política dentro de Venezuela
  • Pensar o no en dejar la política
  • Cómo decidió dejar Venezuela
  • Cómo es la vida después de dejar Venezuela e ingresar a Brasil escapando
  • Ser expatriado
  • Salud mental y exilio
  • Humanidad y política
  • Trabajar en la OEA
  • Cómo podemos ayudar a quienes dejan su país

Transcripción

David Smolansky es periodista y político venezolano, fue el alcalde más joven del país al frente de El Hatillo y hoy trabaja en la OEA y enseña en Georgetown. En esta charla con Magali Bejar cuenta cómo lo destituyeron en 2017, los 35 días que pasó en la clandestinidad, su salida por tierra a Brasil y cómo el exilio afecta la salud mental.

Introducción

David: Ustedes no se imaginan cuán significativo es.

Cuando tenemos a personas de otras partes del mundo, y especialmente si están en América Latina, escuchándonos, apoyándonos, sensibilizándonos, pero, sobre todo, dándonos oportunidades. Porque si algo yo he dicho muchas veces, Magali, es que yo no quiero que nos tengan lástima.

Yo no quiero que nos tengan lástima, yo lo que quiero es que tengan solidaridad. Yo no quiero que nos den solo consuelo, yo quiero que haya acciones, que haya apoyo, que haya acompañamiento, porque los venezolanos no necesitamos lástima, nosotros necesitamos… Actos de solidaridad genuinos, sinceros, que vayan acompañados de acciones que ayuden a recuperar nuestra democracia, a recuperar nuestras libertades y a proteger a quienes hoy se han ido.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. En este podcast analizamos la historia de profesionales de todo el mundo que se transformaron para estar alineados con sus valores. Desarmamos la historia para entender cómo lo hicieron. Nos ayudás un montón si te suscribís en la plataforma donde estés escuchando este podcast. Estás escuchando a David Smolansky. Él es político de Venezuela, estudió periodismo y ciencias políticas, fue alcalde en Caracas a los 28 años, siendo la autoridad local más joven del país. En 2017 el régimen de Nicolás Maduro lo destituyó de su cargo y se tuvo que ir del país por la frontera con Brasil. Ahora vive en Washington DC, donde trabaja en la Organización de los Estados Americanos y es profesor en la Universidad de Georgetown.

David tiene una historia de supervivencia y servicio que es admirable, y la contó toda en esta conversación.

Todas las semanas comparto ideas en el correo, donde escribo el detrás de escena, lo que voy aprendiendo y mis recomendaciones. Buscalo en tienequehaberalgomas.com/correo. Antes de empezar, tengo un anuncio rápido: lanzamos la Comunidad Tiene que haber algo más. Después de recibir cientos de mensajes, esto existe porque ustedes lo pidieron. La Comunidad es una membresía donde conectamos con otros profesionales de 3 continentes y más de 25 ciudades. Esto es para vos.

Si también sentís que a veces tu alrededor no termina de entender a dónde querés llevar tu carrera profesional o tu vida, esto es para conectarnos entre todos, con personas que trabajan en cosas diferentes, pero que tienen una forma parecida de pensar. Unite en tienequehaberalgomas.com/comunidad. Ahora sí, vamos con David. Hola, David, bienvenido a Tiene que haber algo más, gracias por venir hoy a conversar conmigo.

David: Hola, Magali, muchas gracias a ti por la invitación, un gusto estar acá.

¿Qué es el éxito cuando la vida te cambia de golpe?

David: Genial, empecemos con esta pregunta, que es difícil de responder. ¿Qué es para vos el éxito?

El éxito, yo creo, ya después de unos años de experiencia… Va con la satisfacción que tengas desde el punto de vista no solo laboral, académico o político, sino personal. En que te sientas pleno.

Con la familia, con tu familia.

Que estés sano mentalmente. Que estés fuerte emocionalmente.

Que tengas tiempo para despejarte, para disfrutar con tus seres queridos, para hacer cosas que te gustan, sea cual sea el hobby. Hay gente que le gusta leer, hay gente que le gusta ir a la playa, hay gente que le gusta escribir, hay gente que le gusta hacer ejercicio. Entonces yo creo que si una persona no está sana… Acá. Lo otro es más difícil. ¿Sabes que a mí me gusta mucho el deporte, no? Y normalmente, a veces, quienes somos políticos o servidores públicos citamos a personajes de la historia, que me encanta hacerlo, a expresidentes de Venezuela o importantes líderes que haya tenido la humanidad. Pero recientemente veía una entrevista, y a lo mejor no sé si a ti te vaya a gustar, del país donde tú eres, de Cristiano Ronaldo, donde el entrevistador, que es un entrevistador español muy agudo, le dice: «Bueno, Cristiano, después de todos tus logros, ¿qué es lo más importante? Tú, como atleta de alto rendimiento, ¿qué es lo que más cuidas en tu cuerpo?». Y todo el mundo pensaba que iba a decir, qué sé yo, las piernas, las rodillas, y él dijo.

«Todo está acá, todo está acá», y estaba señalando su cabeza. Por cierto, debo decir que últimamente a mí me gusta mucho el fútbol, ¿no? Pero no precisamente ha estado muy bien puesta su cabeza, y por eso quizá lo hemos visto cometer varios errores. Pero en todo caso, lo que quiero decir con esto es que uno tiene que estar bien con uno mismo, y eso es parte… Eso forma parte del éxito. Lo demás llega solo y es fugaz también. Por cierto, hay éxitos que son para toda la vida, que uno se lleva hasta viejito, y hay éxitos que son fugaces. Claro.

¿Por qué entrar en la política desde tan joven?

Magali: David, ¿por qué decidiste involucrarte en política?

David: Mi pasión. Yo creo que nunca tuve duda al respecto. Desde que yo era adolescente, por no decir niño, siempre tuve una atracción hacia el servicio público. Siempre tuve una inmensa curiosidad por lo que estaba sucediendo en Venezuela. Me llamaban mucho la atención, de chiquito, también acontecimientos que ocurrían en el mundo. Era común leer el periódico y ver si ocurría algo en algún país de América Latina, en Europa, en Estados Unidos. No sé, tengo muchas anécdotas y podría yo quedarme aquí horas hablando, pero, por ejemplo, yo tenía solo 6 años cuando Hugo Chávez intentó un golpe de Estado en Venezuela, y me acuerdo perfectamente, aun teniendo 6 años me acuerdo, me marcó.

Me acuerdo, por ejemplo, de cómo una tanqueta… Partió las puertas del palacio de Gobierno para tratar de derrocar en ese momento al presidente democráticamente electo, Carlos Andrés Pérez. Yo tenía 6 años y la verdad es que algo me decía que eso evidentemente no estaba bien, y luego ver tantas personas inocentes que murieron. Me acuerdo de los noventa, por ejemplo, también: lo que sucedió en Perú con el Sendero Luminoso, de Abimael Guzmán cuando lo presentan estando preso, o toda la liberación que hubo de esos rehenes en la embajada de Japón.

Como te digo, acontecimientos como el 11 de septiembre. ¿Tú sabes que yo estuve en Nueva York el 11 de septiembre de 2001? Imagínate, adolescente. Estaba a unas 50 cuadras de las Torres Gemelas. Pero te podrás imaginar que a cualquier persona que tú le preguntes hoy dónde estaba el 11 de septiembre de 2001, te responde dónde estaba. ¿Dónde estabas tú, por ejemplo, te acuerdas?

Magali: Sí, yo me acuerdo. Estaba en Buenos Aires y me acuerdo de haberlo visto por televisión. ¿Y qué viviste en ese momento estando ahí?

David: Yo estaba comprando un libro con mi papá. Y recuerdo que, muy extrañamente, de la librería nos mandan a salir.

Que teníamos que salir, que teníamos que evacuar, que iban a hacer unas reparaciones, y a mi papá y a mí nos pareció muy extraño porque la librería acababa de abrir. ¿Por qué no permaneció cerrada todo el día? Cuando salimos vimos un caos en las calles, vimos gente corriendo, escuchamos muchas sirenas de ambulancias y de policía.

Veíamos a mucha gente caminando sin norte.

Nos agarra una persona y nos dice que está empezando una nueva guerra, que habían secuestrado algunos aviones que estaban bombardeando a los Estados Unidos.

Mi papá tenía mejor inglés que yo en ese momento. Bueno, no sé si ahora yo tengo mejor que él, pero en todo caso en su momento lo tenía mejor. Yo había entendido la palabra en inglés para secuestro, hijack, pero mi papá me decía que no, que no habían utilizado esa palabra. En fin, con mucha incertidumbre caminamos, caminamos y escuchamos un ruido, Magali, un ruido que no te puedo yo describir. Imagínate como si tuvieses 200 aviones sobrevolando la ciudad de Buenos Aires.

Al mismo momento. Un ruido ensordecedor que, a quienes yo se lo he comentado, me han dicho que a lo que más se puede parecer es al ruido de un terremoto. Yo, gracias a Dios, no he vivido un terremoto.

Esto te lo cuento porque finalmente llegamos a una plaza donde había una pantalla gigante y ahí me doy cuenta de lo que estaba sucediendo. Paradójicamente, estando en Nueva York, posiblemente yo me enteré mucho después que millones de personas en todo el mundo de lo que había sucedido.

Y veo, para no extenderme mucho, veo en vivo la segunda torre caerse. Cuando veo la segunda torre caerse, escucho el mismo ruido que te dije que escuché antes, y saqué la conclusión y dije: ese ruido que escuché antes fue cuando se desplomó la primera torre y yo no sabía. Y bueno, tuvimos que quedarnos una semana más en Nueva York. Mi vuelo de vuelta a Caracas era el 11 de septiembre… De 2001 a las 5 de la tarde, y evidentemente ese vuelo se canceló, como se cancelaron todos los vuelos de Estados Unidos ese día. Pero bueno, al final lo que te quiero decir con esa anécdota del 11 de septiembre, o con el golpe fallido de Hugo Chávez en el 92, es que fueron episodios que de una u otra manera fueron marcando mi vida, y más bien creo que profundizaron una inquietud que yo ya tenía por la política, por el servicio público, y creo que la historia de mi familia también.

Magali: ¿Realmente la historia de tu familia paterna en qué te marcó? Que tu abuelo se tuvo que ir de la Unión Soviética, que en ese momento tu papá se tuvo que ir de Cuba. ¿Cómo se relaciona eso con tu historia?

David: Todo. Para mí es una parte muy importante de mi carrera, porque al final mis abuelos, mi papá y ahora yo hemos sido…

¿Cómo marca la historia familiar las decisiones que tomás?

David: Víctimas de persecución. Hemos sido víctimas de dictaduras, hemos sido víctimas de regímenes que te arrebatan todo: te arrebatan tu hogar, te arrebatan tu empresa, te arrebatan tu familia, porque lo más cruel de estos regímenes es que te separan de tu familia, te quitan tus libertades.

Entonces, yo conocí a mis abuelos de muy chiquito, pero tengo algunos recuerdos con ellos, y a mi papá siempre lo vi con mucha admiración, además, a pesar de haber sido desterrados, en el caso de mi abuelo, 2 veces.

En cómo lograron sobreponerse. Pero yo también decía: hay que luchar, hay que luchar para que estas dictaduras no existan. Y evidentemente, cuando llegó Hugo Chávez a Venezuela yo era un adolescente, tenía 13 años.

De una u otra manera, esa historia familiar siempre me tuvo claro que sabía que era una gran amenaza para el país. Y mira en lo que se ha convertido hoy Venezuela en 25 años: quizás la peor dictadura que haya habido en América Latina y el Caribe.

Enquistada por un cuarto de siglo, expulsando a más de 7 millones de personas, teniendo en hambruna a más de 9 millones de personas. Y ya no es solamente algo que ha amenazado o afectado a los venezolanos, sino que se convirtió en una amenaza a la región. Y bueno, me desterró a mí también.

Magali: En el momento en que vos sos alcalde en Venezuela, ¿en qué momento te empiezas a dar cuenta… Que empiezas a correr riesgos?

David: Desde el día uno.

¿Cómo es ser alcalde opositor en Venezuela?

David: Desde el día uno. Yo gano las elecciones en diciembre de 2013 y asumo formalmente mi juramento como alcalde en enero de 2014. Se da un mes de transición para hacer el enlace entre la administración saliente y la administración entrante. Y no tenía yo ni un mes de alcalde y empiezan unas protestas muy importantes en Venezuela.

Que se conocen como La Salida, donde además yo fui parte de esas protestas, y lo digo con orgullo. Y en esas protestas, arbitrariamente, encarcelan a Leopoldo López.

Enviado a una cárcel militar. Un año después, otro… Importante líder de nuestro país, el alcalde metropolitano Antonio Ledezma, que además éramos alcaldes al mismo tiempo, lo encarcelan también.

Y empieza una persecución brutal. María Corina Machado, que también formó parte de ese movimiento de La Salida, era diputada aún y le prohíben la salida del país. Y muchos de los que formamos parte de ese movimiento fuimos perseguidos sistemáticamente: alcaldes que fueron destituidos, inhabilitados, removidos de su cargo, encarcelados. Jóvenes en el 2014, también estudiantes, detenidos arbitrariamente; el caso de Robert Redman y Bassil Da Costa, asesinados el 12 de febrero de 2014. Y ya desde ese momento yo tenía una investigación abierta y no tenía ni 100 días en el cargo. Entonces siempre hubo una amenaza. De hecho, yo recuerdo, ya con Leopoldo López estando preso y con Carlos Vecchio estando en el exilio… Cada entrevista que yo daba era: «¿Y no teme usted ser el próximo que caiga preso? ¿Y no teme usted ser el próximo que termine en una cárcel militar?». Porque, además, yo en ese momento estaba encargado del partido, ¿no? Entonces… Siempre hubo amenazas. Y luego, evidentemente, el régimen ha utilizado los medios de comunicación del Estado para difamar, para vilipendiar, para manipular, para amenazar. Y específicamente Diosdado Cabello, que es el número 2 del régimen en Venezuela, tiene un programa todos los miércoles en la noche dedicado a intimidar, dedicado a amenazar. Incluso muchas de las violaciones de derechos humanos se han ordenado desde ese programa: gente que ha sido amenazada termina detenida; por ejemplo, gente que ha sido amenazada, le terminan allanando su hogar. Y bueno, él prácticamente todos los miércoles, con mentiras, me amenazaba. Yo muchas veces le respondía, lo dejaba en ridículo. Y bueno, eso siempre estuvo latente, pero no le quitó nada a lo que hice durante esos años.

Magali: ¿Qué creías que era lo peor que podía pasar?

David: ¿A mí personalmente o en general?

Magali: A vos.

David: Que me mataran.

Que me mataran, sin duda alguna, podía pasar, sobre todo en el año 2017. Cuando yo fui alcalde hubo 3 momentos muy, muy fuertes desde el punto de vista de protestas: 2014; 2016, que quizá fue el más, entre comillas, tenue, ¿quizás donde hubo… Una represión más selectiva y menos masiva? Pero igual 2016 fue durísimo, porque en 2016 el régimen fue desmembrando selectivamente a muchos líderes. Yo recuerdo, voy a dar nombres que quizás para la audiencia no son familiares, pero alcaldes colegas cercanos a uno como Delson Guárate, Warner Jiménez, un gran colega y además amigo desde la universidad, Yon Goicoechea. Todos son encarcelados arbitrariamente o forzados al exilio. Lester Toledo, por ejemplo, también es forzado al exilio, le allanan su hogar.

Entonces fueron selectivamente… Desmembrando en el 2016. Pero en el 2017 hubo más de 100 días consecutivos de protestas, donde yo fui uno de los convocantes, donde yo participé en las protestas, en donde me tocó varias semanas consecutivas ir al cementerio a enterrar a jóvenes que fueron asesinados por la dictadura, a hablar con sus familiares, poner al servicio nuestro ambulatorio en El Hatillo, donde yo era alcalde, para atender a muchas personas que resultaron heridas en estas manifestaciones. Y obviamente, muchas veces pensé, cuando yo manifestaba, que me podían matar.

Y si no matar, pues evidentemente… Terminar preso. Eso a mí me perseguía. Magali, mira, uno a veces, cuando vive en una dictadura, lo extraordinario se convierte en ordinario. Y uno… Cotidianiza… Situaciones que no deberían cotidianizarse. ¿Te pongo un ejemplo? Prácticamente todos los días había una patrulla del Servicio Bolivariano de Inteligencia, el SEBIN, hoy retratado ante la Corte Penal Internacional como ejecutor de crímenes de lesa humanidad. Casi todos los días de la semana me perseguían desde que yo salía… De mi casa hasta que yo volvía.

Si iba al despacho de la alcaldía, si iba a alguna obra que supervisar, si tenía alguna actividad con los vecinos del municipio. Ni hablar cuando viajaba por el país.

Ni hablar cuando yo viajaba por el país. Muchas veces me invitaban a actos del partido, a la campaña que hubo en el 2015 para ganar la Asamblea Nacional.

Me invitaban, por ejemplo, teníamos encuentros de alcaldes cada 3 meses, los alcaldes nos reuníamos. Y siempre una persecución. De hecho, recuerdo una vez que me quedé en lo que llamamos en Venezuela una posada, que hoy internacionalmente se conocería más bien como un Airbnb. Y yo dormí y el SEBIN durmió afuera de donde yo me estaba quedando, o sea, en el estacionamiento, ¿no? Entonces, bueno, a todo eso uno se enfrenta, y uno también actúa.

Yo recuerdo, por ejemplo, y perdóname que me ponga anecdótico, pero yo estaba en una reunión con mi equipo de la alcaldía, una reunión que estábamos haciendo con el equipo de cultura en el anfiteatro que tenemos, un anfiteatro bellísimo para 3000 personas donde muchas veces organizamos obras de teatro, conciertos, etcétera, y 2 funcionarios del SEBIN irrumpieron en el teatro. Y mi seguridad, mis escoltas, los detuvieron.

Y prácticamente…

Magali: O sea, ¿y ahí entonces la amenaza fue mayor porque querían intimidarlos por esa situación?

David: No, porque ustedes no pueden… Ustedes no pueden ingresar así a un teatro y seguirnos, y tal. Hasta que buscamos una negociación y los entregamos. O sea, que uno también a veces actúa en ese tipo de cosas, ¿no? Entonces sí, te pueden matar, obviamente, y este régimen ha demostrado que es capaz de matar, y hay sobradas evidencias al respecto.

Magali: Ajá. ¿Qué pasa por tu cabeza durante estos años? ¿Nunca pensaste en dejar la política?

No. No, la verdad es que la vocación que uno tiene del servicio público es muy grande. A mí me arrastra.

Me arrastra, y el anhelo que yo tengo de ver un país donde haya oportunidades, donde haya libertades, donde haya justicia, me sobrepasa. Yo sí quiero darles a mis hijos un país que yo no tuve. Yo quiero que crezcan en una nación donde, primero, no tengan miedo: no tengan miedo a expresar sus opiniones, no tengan miedo a ser víctimas de la delincuencia, porque es un país muy violento. También tenemos índices altísimos de homicidio, de robo, de hurto.

Quiero que mis hijos puedan… Ir a escuelas de calidad que le puedan competir a cualquier otra escuela en América Latina, que puedan ir a la universidad en Venezuela y que se puedan formar para el mercado global. Quiero vivir en un país donde no dependamos del petróleo, donde seamos capaces de diversificar nuestra economía, que además tenemos un potencial enorme para diversificar. Entonces, no sé, eso siempre me ha sobrepasado.

Solo que yo creo que a medida que pasa el tiempo, y no es que uno sea viejo, no me considero una persona vieja, pero mira que pasa el tiempo, quizás ves algunos temas con otra óptica, con otra lupa. Y bueno, yo además… todo el mundo me echa broma porque yo me lancé a alcalde a los 27 años. Imagínate, ahorita estoy haciendo una maestría en la Universidad Johns Hopkins y muchos de mis compañeros tienen esa edad y me dicen: «Bueno, ¿y qué haces aquí, con esa experiencia y todo?». «Bueno, haciendo lo que no hice a tu edad, porque a tu edad era alcalde, y ahora quiero más bien…»

¿Qué pasa cuando te destituyen y te dan 42 horas para resolver tu vida?

Magali: Profundizar mis conocimientos.

Muy bien. Entonces, David, ¿cómo tomaste la decisión de que te tenías que ir de Venezuela?

Yo pasé 35 días en clandestinidad.

¿Por qué? Bajo mucha atención, bajo mucha presión. En ese año 2017 que te mencionaba, donde pasamos 100 días consecutivos protestando de manera pacífica, de manera no violenta, el régimen… Responsabilizó a muchos alcaldes de las manifestaciones… De ese año, ¿no?

Y en mi caso se ensañó tremendamente. Utilizó al Tribunal Supremo de Justicia, que en otros países se llama la Corte Suprema de Justicia, y de manera ilegal, arbitraria, fui removido de mi cargo, fui inhabilitado, hasta el día de hoy sigo estándolo, por cierto, para ejercer cualquier… Cargo público, y una orden de arresto que está vigente hasta el día de hoy. De hecho, yo tengo 2 órdenes de arresto, 3 inhabilitaciones, prohibición de salir del país. Mi caso ha sido reseñado en Naciones Unidas, ha sido reseñado en la Organización de Estados Americanos, ha sido reseñado en Human Rights Watch.

Entonces, cuando el 9 de agosto de 2017 me destituyen, me inhabilitan, orden de arresto, porque tenía que ir a una audiencia… Bueno, te doy un poquito de contexto. Entonces, el 7 de agosto de 2017 es un día raro por 2 razones. La primera es porque yo normalmente siempre trabajaba hasta muy tarde.

De verdad era muy difícil que yo me desocupara antes de las 9:00 de la noche.

Y en la noche a veces era temprano.

Y ese día, extrañamente, yo a las 5:00 de la tarde me desocupé.

Yo estuve en el despacho y me desocupé a las 5:00 de la tarde. Y tenía un break, un hueco de 2 horas, porque a las 7:00 de la noche tenía una reunión con vecinos de El Hatillo.

Y dije: bueno, en estas 2 horas, que son inusuales para mí, voy a aprovechar para cambiarme, comerme algo, refrescarme y salgo a este nuevo compromiso.

Y fui a mi casa. Pasadas las 5:00 de la tarde, en mi casa, me llama mi abogada y me dice: «Alcalde, el Tribunal Supremo de Justicia, increíblemente y cobardemente, en su página de Facebook, acaba de convocarlo a una audiencia para el miércoles 9 de agosto».

Bueno, ahí ya yo sabía. O sea, me estaban dando solo 42 horas. En 42 horas yo tenía que resolver mi vida. Cuando eso ocurrió yo sabía: me van a detener. Ellos estaban buscando que yo me presentara en el Tribunal Supremo de Justicia.

Y en ese momento, además, ese Tribunal Supremo de Justicia, hasta el día de hoy, carece de legitimidad, y estaban buscando que Smolansky fuera al Tribunal Supremo de Justicia, y de esa manera uno le da un reconocimiento, le da una legitimidad, y quizás compraba mi permanencia en Venezuela. Pero primero, mis principios no me daban para eso, mucho menos después de tantos jóvenes que fueron asesinados, tantos jóvenes que quedaron heridos, tantos jóvenes que fueron detenidos. Y en segundo lugar, aun yo presentándome al Tribunal Supremo de Justicia, no había ninguna garantía de que a mí, una vez que culminara la audiencia, no me colocaran unas esposas y me llevaran detenido.

Entonces, bueno, en 42 horas tuve que resolver mi vida y dar este giro. Lo primero que hice: al día siguiente convoqué a mi gabinete municipal. Les hablé de esta situación, les dije que no había ningún tipo de garantía de que yo pudiera seguir ejerciendo el cargo como alcalde a partir del 9 de agosto, pero que, como yo siempre les he dicho, las personas trascienden, las instituciones quedan, y la institución de El Hatillo y lo que hemos construido en tan poco tiempo tiene que prevalecer.

Luego tuve una reunión con todos los servidores públicos de la alcaldía, que eran más de 300, y con todos, de una u otra manera, ya era casi una despedida. Muchos llorando, me abrazaban, pero bueno, les daba ánimos, les decía: si yo mañana no puedo seguir, esto debe continuar.

Y bueno, ese mismo día en la noche, lo que todo el mundo me dijo que fue muy arriesgado, convoqué a una gran reunión de los vecinos de El Hatillo. Y todo el mundo me decía: «Bueno, el SEBIN está buscándote». Y fue impresionante, Magali. La convocatoria la empezamos a poner en las redes sociales a las 10 u 11 de la mañana o al mediodía, y más de 1000 personas se presentaron. Estábamos a máxima capacidad, y fue la última vez que yo tuve un acto… Político público en Venezuela. El 9 de agosto ya yo había decidido no presentarme al Tribunal Supremo de Justicia y arranca mi clandestinidad. Y ese 9 de agosto en la noche, el Tribunal Supremo de Justicia, ante todos los medios de comunicación, lee la sentencia donde ordena mi arresto, donde me inhabilita y donde me remueve del cargo. Entonces, en ese momento yo era ya formalmente, para la dictadura, alguien a quien debían buscar para poner preso.

¿Cómo se viven 35 días en la clandestinidad?

Magali: ¿Y cómo fueron esos días en la clandestinidad?

¿Qué hiciste?

David: Bueno, entonces arranca la clandestinidad. Yo estaba preparado. Yo siempre diré, nuevamente volvemos al inicio de la entrevista, que yo estaba preparado. Porque el año anterior la dictadura trató también de meterme preso. En el 2016 la dictadura me citó para un interrogatorio, imagínate, en la sede del SEBIN. O sea, me citaron para un interrogatorio y para una investigación en la propia sede del SEBIN. Y yo me guié por la Constitución, me asesoré con mi equipo legal, y el único ente en Venezuela que tiene potestad para abrir una investigación es la Fiscalía General de la República. Y bueno, todo esto en contexto para explicártelo de la clandestinidad.

Entonces yo hice una jugada decisiva para la dictadura. Porque te tratan de quebrar aquí, mentalmente, te tratan de quebrar mentalmente. Entonces dicen: este, o se presenta en el SEBIN y no hay garantía de que salga libre, ¿no?, o se va del país.

Y yo tengo una jugada para ellos completamente sorpresiva: me presento a la Fiscalía General de la República, grabo un video de 3 minutos, lo mando por todas las redes sociales, eso se visualizó. Yo pensé después de eso, te confieso, que me iban a meter preso en 2016, porque técnicamente, si tú no te presentas a una investigación, la primera vez te dan una segunda oportunidad. Si en la segunda oportunidad no te presentas, a la tercera ya hay una orden de arresto.

Y ahí la fiscal general de la República, que luego terminó rompiendo con Maduro, en una de las primeras declaraciones, sin yo hablar con ella, sin yo conocerla, dice: «No, aquí no hay ningún tipo de investigación». Entonces yo al final jugué con la Constitución, con la misma Constitución que promovieron. ¿Por qué te digo todo esto? Porque eso me preparó mentalmente para el 17. Entonces, bueno, sí, yo en la clandestinidad invertía mis horas para dormir. Yo pasaba la noche en vela. ¿Cierto?

Y trataba de dormir a partir de las 5:00 de la mañana, pero a las 9 o 10 ya estaba otra vez despierto.

Escribía, leía, rezaba mucho, reflexionaba.

Dejé muchos escritos. De hecho, una de las personas a quien le dejé un escrito, una vecina del municipio El Hatillo, me dijo que la otra vez estaba revisando su baúl de los recuerdos y lo consiguió, y me escribió muy emocionada. Imagínate, ya han pasado más de 5 años y la gente preserva eso. Y cuando yo estaba en clandestinidad, la oposición comete para mí uno de los principales errores de estos años.

Uno de los principales errores de estos años: deciden participar en unas elecciones para gobernadores y alcaldes convocadas para finales de ese año. Y yo decía: bueno, aquí hay un alcalde en clandestinidad con orden de arresto.

Otros diez alcaldes en este tiempo también han pasado lo mismo que yo. Unos incluso han estado presos, como te comentaba, el caso de Antonio Ledezma. Venimos de más de 100 días de protesta donde nos han reprimido brutalmente, donde han matado a jóvenes inocentes, ¿y qué es esto de ahí? Yo dije: mira, yo no voy a… Yo soy mucho más útil para mi país en el exilio que estando preso. Y bueno, empecé a planificar mi salida de Venezuela, ¿no? Maduro sabía que yo estaba clandestino porque además yo hice videos por las redes sociales, hice pronunciamientos por las redes sociales, mandaba tweets. Yo lo decía abiertamente, que estaba en la clandestinidad, hice una carta y todo. Pero bueno… Te puedo hablar más de eso. No sé si estoy hablando mucho.

Magali: Pero ¿cómo fue la planificación para decir…

¿Cómo se planifica una salida de Venezuela por Brasil?

Magali: Me voy de Venezuela? ¿Cómo salís en esas circunstancias?

David: Bueno, mi primera opción, esto lo he dicho públicamente, mi primera opción era irme por Colombia. Perdón, perdón. Mi primera opción era irme por agua, irme a tomar lo que llamamos en Venezuela un peñero, un pequeño bote de pesca de madera, y llegar a Aruba o Curazao. Pero Maduro, sabiendo que yo estaba en clandestinidad, y por cierto, Magali, para esa fecha que yo estoy en clandestinidad… Otros alcaldes que también fueron arbitrariamente removidos de su cargo y tenían orden de arresto lograron salir del país antes que yo. Y la Fiscal General, que te hablé, que en 2016 rompió con Maduro, en esos tiempos, cuando yo estaba en la clandestinidad, ella huyó del país. No, no huyó, pues, la palabra huir… Bueno, sí, salió del país, o sea, escapó de los cuerpos de seguridad. Entonces, cuando Maduro ve eso, y yo en clandestinidad, Maduro prohíbe el zarpe de embarcaciones.

Entonces yo hice un par de simulacros para ver si realmente eso se estaba ejecutando, y en efecto, imposible: uno ni siquiera pudo zarpar y otro zarpó, navegó unos minutos y lo mandaron a regresar. Descartada la opción de agua. Luego era Colombia. Nunca me sentí seguro por la frontera de Colombia, por distintas razones. Primero, una frontera muy concurrida; ya en ese momento se estaban gestando los flujos migratorios que hoy conocemos.

En segundo lugar, es una frontera altamente custodiada por la Guardia Nacional venezolana. En tercer lugar, es una frontera con altísima presencia de grupos irregulares armados, colombianos como el ELN, la disidencia de las FARC, pero también venezolanos, como los colectivos armados, entre otros. Entonces era muy arriesgado. Entonces dije: bueno, Brasil.

Y Brasil también era sorprender.

Brasil era el trayecto más largo. De donde yo empecé mi clandestinidad eran más de 1000 km. Más de 1100 km.

Era el más largo, pero al mismo tiempo quizás era, como te decía, el que más podía sorprender, el que menos esperaban.

Y así empecé a planificar.

Y bueno, llegó el día que tuve que salir, tuve que arrancar ese trayecto. Son más de 1000 km, lo hice entre tres y cuatro días. En algunos tramos estaba acompañado, en otros tramos estaba solo.

Pasé 35 puntos de control de la policía o de la Guardia Nacional. La Guardia Nacional es un componente de la Fuerza Armada; entonces los puntos de control en Venezuela, en las carreteras, a veces los custodia la Fuerza Armada a través de la Guardia Nacional o los custodian cuerpos policiales. Pasé 35 puntos de control.

De los cuales en ocho me mandaron a detener el vehículo, y en esos ocho, en cuatro me mandaron a bajar del vehículo.

Y la estrategia que yo utilicé es que cambié completamente el aspecto físico. Esta barba que tengo, extrañamente no la he tenido dos veces, y no recuerdo por qué me la quité en ese momento.

Y cuando salí de Venezuela en el 17 me afeité la barba, me coloqué una boina, me coloqué unos lentes, e iba vestido como un cura, como sacerdote, y así no me reconocieron, hasta que llegué a Brasil, pues. Y así fue que salí.

Magali: Y aquí sigo.

¿Cómo te preparás mentalmente y logísticamente para hacer un trayecto de 1100 km y cruzar una frontera?

David: Yo creo que a veces es la adrenalina con la que uno va. Si te lo pones a pensar en frío, muchas veces no lo haces, porque los riesgos son muy altos. Además, como una vez me dijo un periodista acá en Estados Unidos que me entrevistó: ¿fue tan bien armado tu plan? ¿Lo pensaste… Tan calculadoramente? Que el régimen, si te encontraba, posiblemente no era solo que te metía preso, sino que ahí sí te podían matar, porque además… Tema, se murió en un accidente. Claro, yo estuve en una carretera completamente sola.

Sin ningún tipo de testigos ni nada, porque pasaba muchos trayectos donde no era concurrido, no había un alto flujo vehicular, ¿no? No hay peatones, no hay comercio, hostelería, nada. O sea, solamente tu vehículo y… Los puntos de control, ¿no?

Pero yo, nada. Como te digo, yo creo que ese episodio del 16 me ayudó mucho para el 17. Siempre me mentalicé, Magali, de que eso me iba a ocurrir. Siempre, siempre lo pensé, pues, volviendo a tu pregunta más temprano… De a qué le podrías temer. Y si estuviste amenazado: sí, yo estuve amenazado. Como te digo, yo no tenía ni un mes como alcalde y ya tenía amenazas e investigaciones… Para poder terminar preso. Entonces creo que todo eso me fue preparando para esa salida del 2017.

Y bueno, tú sabes que muchos políticos en Venezuela se debatían, y hasta el día de hoy, por cierto, hay un debate muy tóxico, muy contaminante, muy dañino.

De “bueno, este huyó, este se escapó, este se fue, este es un miedoso”. Yo he tenido cero remordimiento con respecto a eso, porque yo más bien siento que me burlé de la dictadura.

La dictadura quería meterme preso, la dictadura quería torturarme, la dictadura quería perpetuarme por años en alguna de sus celdas, y no pudo hacerlo.

Y no pudo hacerlo, y tuvo la oportunidad, porque estuve 35 días en clandestinidad, porque tomé un trayecto de más de 1000 km, porque en ese trayecto pasé 35 puntos de control.

Y no pudo hacerlo. Y yo desde el exilio he sentido que sigo contribuyendo al país, sobre todo desde que estoy en la Organización de Estados Americanos, llevando una oficina para los migrantes y refugiados. Entonces, el exilio hay que reivindicarlo. Y algo que a mí me ayudó mucho, Magali, es que yo eché mi cuento, como lo decimos en Venezuela coloquialmente: yo relaté mi historia. Esto que estoy haciendo contigo cinco años después de que haya sucedido, yo lo empecé a hacer no teniendo ni una semana de haber salido de Venezuela. Quizás ahora cambian algunas cosas, quizás hay algunas anécdotas que antes no decía y ahora digo.

O quizás uno lo comenta de otra manera, pero en todo caso, yo creo que ayudó mucho para entender lo que estaba sucediendo en Venezuela, cuando pude contar esto en esferas internacionales.

Magali: ¿Qué es algo que antes no contabas y ahora sí?

David: Bueno, por ejemplo, que estaba vestido de sacerdote, ¿no?

Y así no me reconocieron.

Hubo un momento donde yo dije… Voy a cruzar, porque… El vehículo, paramos el vehículo y voy un momento al baño.

Y cuando estoy yendo al baño, estaba saliendo del baño de mujeres una señora con su hija, y la hija dice: “Mira, mamá, ahí va un sacerdote”. “Sí, pídele, pídele la bendición”. Y dije: bueno, no me están reconociendo, ¿no? O al menos… Entonces ese tipo de cosas pasaron. Hay muchas otras que quizás las dejaré para un libro, pero… Pero bueno, uno se preparó. Yo me preparé para eso, me preparé.

Espero prepararme también para el regreso, el momento de volver.

Magali: Yo vi tu video que publicaste ese primer día cuando llegaste a Brasil.

¿Qué hacés el primer día después de cruzar la frontera?

Magali: Pero quiero saber: una vez que pasás por todo eso y cruzás la frontera, ¿qué hacés? Tenés una nueva vida, estás en un nuevo país, ¿cómo son tus primeras semanas o meses?

David: Bueno, yo recuerdo que… Yo salí, o sea, entré de manera irregular a Brasil.

Y de hecho, luego tuve que pedir una autorización a la policía para que autorizara mi… Ingreso de manera regular.

Es una pregunta difícil, ¿sabes?

La ciudad más grande que tiene Brasil cerca de Venezuela se llama Boa Vista.

Pero está a dos horas de la frontera.

No es como Colombia, que tiene Cúcuta. Cuando tú llegas a Cúcuta, además, Cúcuta es la sexta ciudad de Colombia, es una ciudad con servicios, una ciudad con hospital, con escuelas. O sea, una ciudad que te ofrece oportunidades.

Entonces, yo recuerdo que en el taxi, una anécdota que he contado públicamente, cuando finalmente salgo y ya estoy en territorio brasileño, tuve que hacer como una especie de… Caminos irregulares, etcétera. Tomo un taxi.

Y voy en un taxi y me volteo.

Yo no sé si literalmente ya era Venezuela, porque quizás ya sería territorio brasileño, pero para mí voltearme era como ver a mi país, que lo estaba dejando.

Y luego volví de nuevo al frente.

Fue un momento duro. Me acuerdo que vi un atardecer en Brasil en ese momento, impresionante. Yo nunca olvidaré que vi la hora: estaba en territorio brasileño a las 4:40 de la tarde.

Y dije: bueno, es la última vez que quizás estoy viendo a Venezuela por un tiempo, ¿no?

No es para siempre, pero por un tiempo.

Y bueno, obviamente la vida te cambia, pero yo fui con mucha adrenalina, porque a los días me recibió el canciller en ese momento, Aloysio Nunes, a quien siempre estaré agradecido. Me recibe además… En Itamaraty, donde yo hago público mi exilio, y después me voy a Estados Unidos, que era la Asamblea General de Naciones Unidas, y me invitan a una serie de eventos y conferencias para yo poder no solo relatar mi historia, sino describir lo que vivimos en 2017.

Luego, un gran amigo de toda la vida, que no está en política ni nada, amigo de infancia, por esas coincidencias que te da la vida vive en Washington, y en esa situación me dice: ¿te vienes a mi casa? Lo que tengo es un sofá para ofrecerte, mi casa es pequeña, pero bueno, tienes donde dormir. Y yo, imagínate, un sofá para mí lo es todo. O sea, yo había salido solo, llegué allí y ese sofá se convirtió en mi hogar por tres meses. Y bueno, son las cosas que tú estás agradecido, porque empieza a ser la familia que uno elige, ¿no? De este amigo hoy soy compadre, padrino de uno de sus hijos. Ajá.

Magali: Entonces, ¿la familia que uno elige?

¿Cómo es reinventarse en el exilio?

David: Pero el exilio, Magali… Yo sé que hablo mucho hoy en las preguntas que me has hecho, me extiendo en la respuesta y te pido disculpas. Pero el exilio no siempre empieza cuando empieza. Ha sido mi moraleja después de cinco años y medio desterrado. Obviamente el primer día, la primera semana, los primeros meses son muy impactantes, muy impactantes. Te están arrancando tu tierra, te estás separando de tu familia.

Te tienes que adaptar a una nueva cultura, a una nueva idiosincrasia, en mi caso en Estados Unidos a un idioma distinto, reinventarte: ya no eres alcalde, ya no estás liderando protestas. Pero mi moraleja también ha sido que el exilio no empieza cuando empieza. Y yo creo que para mí fue sobre todo después del COVID.

Sobre todo con la pandemia, porque yo fui con un ritmo muy fuerte. En 2018 volví a la frontera un par de veces a trabajar el tema migratorio, estuve en la Universidad de Georgetown en investigación, y luego empecé en la OEA. Y cuando empecé en la OEA, imagínate tú, yo hice 19 o 20 visitas a 11 países.

Yo no paraba. Y creo que fue con el COVID que arrancó el exilio, parece mentira. ¿O es un nuevo inicio? Esto no lo hubiese dicho hace tres o cuatro años, evidentemente; esto es una cosa nueva que te comento en esta entrevista, porque es un proceso de reinvención permanente. Entonces ahorita, por ejemplo, no solo estoy en la OEA, sino que decidí hacer una maestría en la Universidad Johns Hopkins en relaciones internacionales.

Entonces, bueno, un proceso de reinvención constante, pero donde yo siempre tengo muy presente no perder mi vínculo con el país, no desprenderme de la vocación de servicio que tengo y no perder las ganas de seguir trabajando hasta que en Venezuela tengamos democracia.

Magali: Ajá.

David: Hablé muchísimo, disculpa.

Magali: David, ¿cuáles fueron para vos las consecuencias…

¿Cómo afecta el exilio a la salud mental?

Magali: En tu salud mental por haber pasado por todo esto?

David: Hasta el día de hoy creo que todavía no te puedo responder esa pregunta.

Magali: ¿Por qué no?

David: Porque es un proceso… De altos y bajos.

Tú sabes que yo quizás no soy el mejor ejemplo para eso, porque yo… Creo que me siento muy fuerte de ese episodio. Y no quiero sonar con esto arrogante o prepotente, ni como si la salud mental fuese algo que no es importante; todo lo contrario, todo lo contrario.

Pero yo me siento muy fuerte de ese episodio, me siento muy seguro de ese episodio, me siento muy firme de la decisión que tomé. Lo hablé mucho recién salí de Venezuela y eso me ayudó muchísimo: entrevistas como esta, donde quizás estoy diciendo cosas que antes no decía, pero hice muchísimas y eso me ayudó. Era una especie de drenarlo, de naturalizarlo.

Lo que afecta más en mi caso, y cada caso es particular, es la prolongación del exilio.

Eso es diferente. Una cosa es cuando sales.

Y otra cosa es cuando empieza a prolongarse indefinidamente, y ahí se afecta, ajá, ahí se hace… Porque tienes que estarte reinventando. Claro, tienes que estar… Yo no me veo como una persona… Y ojo, he tenido oportunidades donde me dicen: bueno, mira, David, vas a trabajar en un ente financiero, con tu horario de 9 a 5, y este va a ser tu paquete salarial anual. No me veo.

No me veo, no me veo. Entonces, para un político siempre es: ¿de qué te agarras?, ¿de qué te aferras para poder seguir vinculado a tu país? Porque, sin demeritar otras profesiones, el ingeniero civil que construía puentes en su país de origen, ¿los puede seguir construyendo en el país donde llega?

Y el médico que hacía, qué sé yo, alguna cirugía plástica en su país, ¿lo puede hacer en su país de migración? Ojo, no estoy menospreciando profesiones, y es difícil. En el caso de los médicos, por cierto, más difícil aún, porque tienes que homologar tu título de grado. O un periodista puede hacer un podcast o puede escribir. Pero el político, es difícil. O sea, yo no quiero ser alcalde de Washington, por ejemplo.

Pero la salud mental es un tema muy serio, sobre todo a partir de la pandemia, por los casos que yo he tenido que atender de migrantes… Por los episodios que han pasado al salir de su país, por lo que han caminado para llegar al país receptor, y además haberlo hecho muchos de ellos en un confinamiento durísimo.

Magali: Para alguien que está lejos de haber pasado por una situación así, ¿por qué es tan peligroso pasar por una ruta migratoria?

David: Bueno, el caso del Darién: te puede matar la selva, te puedes descompensar, puedes ser atacado por animales salvajes, por serpientes venenosas.

Entonces, los traumas son muy grandes. En el caso de las mujeres, como me ha tocado a mí atender a muchas, han sido agredidas, han sido abusadas sexualmente.

Entonces, claro que te queda trauma. Claro que la salud mental se ve seriamente afectada. De los temas que yo más he propuesto desde mi rol, especialmente con la visión de la sociedad civil, es que tiene que aumentar la asistencia psicosocial. A veces el enfoque está en la nutrición, o el enfoque está en la atención primaria, o el enfoque está en un albergue. Todo eso es importante, todo eso es importante, pero ¿cómo se está sintiendo esa persona?

Si esa persona es recibida en la Florida, supongamos, y llega a una casa espectacular, y además tiene una posibilidad de trabajo, y además tiene cómo alimentarse, y a lo mejor tiene hospital, pero no está bien aquí… En algún momento va a colapsar, ¿no? Ajá. Y eso yo sí lo he sentido muchísimo en los últimos dos años.

Por eso te digo que en mi caso en particular, yo me siento muy, muy fuerte de ese episodio en 2017, muy seguro, muy firme en lo personal y en lo político, pero cuando me preguntas por la salud mental, en mi caso es más la prolongación del exilio.

Magali: Claro. ¿Qué es lo más desafiante de estar expatriado en Washington?

Las preguntas que me estás haciendo hoy, algunas no me las habían hecho nunca. A mí, la familia lejos. Es fuerte, para mis padres envejecer y no poder estar cerca de ellos cuando van envejeciendo.

Perdona la palabra: es muy jodido.

Mi hermano también, lo quiero muchísimo.

Vivir lejos de ellos. Que tengan temas de salud, como los tuvo mi mamá, y no poder estar cerca, es duro.

Yo, a ver, a Washington tengo mucho que agradecer, es una ciudad que me ha dado oportunidades académicas maravillosas. Recién en el exilio, terminé en esta ciudad porque la Universidad de Georgetown me invita a hacer un business school. Y luego me salió la oportunidad de la Organización de Estados Americanos, que está en esta ciudad, y ahora estoy estudiando una maestría en la Universidad Johns Hopkins. O sea, yo no puedo… imagínate.

Washington, para mí ha sido…

Esencial en mi reinvención política, laboral, académica. Pero bueno, es duro, estás lejos de tu familia, es duro porque son ciudades frías también. O sea, ciudades frías, y me refiero al clima, que también, pero frías en cuanto a que vas a un hospital acá y sos una estadística más si te pasa algo.

Una estadística más, o sea, prácticamente el trato es como si fueses una silla más de una mesa, ¿no?

Como digo yo, una silla más de una mesa. A veces es muy impersonal. Entonces, bueno, uno tiene que buscar sus refugios con la comunidad venezolana, con la comida venezolana que uno consigue.

Buscar su espacio para la lectura, para escribir.

Pero bueno, no te voy a negar, a mí no me avergüenza decirlo, a veces es duro, me jode. Yo soy muy poco de decir palabras así en público, pero me jode, porque es culpa de la dictadura que mis padres envejezcan y yo no esté cerca de ellos. Y ahí yo no tengo ninguna contemplación con la dictadura, y yo soy uno de millones. Porque a muchos otros se les han muerto sus padres y no los han podido enterrar.

Se les han muerto sus abuelos y no los han podido enterrar.

Se les ha muerto un hijo y no han podido enterrar a un hijo.

Entonces eso es una cuenta pendiente que tenemos.

¿Qué rol juega la suerte y cómo es la vida en Washington?

Magali: ¿Qué rol sentís que juega la suerte en todo esto?

David: La suerte existe.

¿Cómo explicarla? No lo sé.

No lo sé. Pero la suerte existe, y bueno, hay gente que tiene suerte, pues.

Yo, en medio de todo, gracias a Dios, a pesar de estar cinco años y medio exiliado y de esta situación que te comentaba, que duele, hoy tengo trabajo, hoy puedo hablarles claramente a los venezolanos y a cualquier ciudadano del mundo de en qué trabajo, de qué vivo. Puedo poner mi cabeza en la almohada todos los días tranquilo de ser una persona que ejerce el servicio público con vocación, con convicción, con honestidad, con integridad.

He tenido oportunidad de formarme, he tenido oportunidad de llegar, como te comenté, a donde este amigo que me dio un sofá. Hay gente que no lo tiene.

Entonces, bueno, esas son cosas que…

El exilio también te enseña cómo uno tiene que ir tejiendo las relaciones en la vida, y que las relaciones en la vida no son solo por interés, también está la parte humana. Yo le doy mucha importancia a la parte humana, sobre todo en la política. Hay quienes a veces dicen: «No, yo en lo humano con Magali todo, tomo un mate con ella, puedo ver un juego de Messi, pero en lo político, nada».

Yo no entiendo mucho eso, sinceramente. Yo no entiendo mucho eso, y no quiere decir que no tenga diferencias o desacuerdos, pero yo no entiendo eso.

Magali: ¿No sentís que Washington va un poco a contramano con eso, que es una ciudad más transaccional?

David: Sí, total.

Magali: ¿Una ciudad donde te pueden poner ahí, al lado del monumento, y ahí estás?

Pues claro, sí, total. Una ciudad fría, como te digo. Tengo mucho que agradecerle, pero bueno, es parte de la adaptación. A mí me ha dado mucho; todo cambió con la pandemia, pero sobre todo mis primeros dos años tuve que viajar mucho por trabajo.

Y eso me mantenía siempre conectado con nuestra latinoamericanidad: ir a Colombia, a Argentina, ir a Perú y a Ecuador.

¿Cómo es para vos trabajar en la OEA, en la Organización de los Estados Americanos?

¿Qué aprendió David Smolansky trabajando en la OEA?

Magali: Bueno, ha sido un gran aprendizaje. Yo siempre estoy muy agradecido al secretario general Almagro por haber creado una oficina especial para la respuesta a la crisis migratoria venezolana. He aprendido, obviamente, del multilateralismo, de todo lo que hay que articular y coordinar entre distintos actores, de cómo hay muchos retos en estas organizaciones multilaterales para hacer trámites mucho más ágiles, para que sean mucho más rápidas en las respuestas, para que la burocracia no te trague.

Al final son faros para las sociedades. La OEA es un faro para quienes hoy vivimos en dictadura. Es un faro de esperanza, es un faro de democracia, es un faro de justicia, es un faro para poder visibilizar lo que en tu país no podés visibilizar, ¿no? Y el secretario general en eso ha sido…

Para mí, el actor internacional más consecuente con Venezuela. Ha tenido muy clara su agenda de derechos humanos, ha tenido muy, muy clara su agenda de democracia, de libertades. Y siempre estaré agradecido con él por esta oportunidad, no solo por lo que ha representado para mí profesionalmente trabajar en un organismo multilateral, sino también como venezolano: trabajar por mi gente, para mi gente, me encanta.

Y contame esto: atrás tuyo…

Hay una imagen de un faro. ¿Dónde es esa playa?

David: Bueno, esa es mi playa favorita de Venezuela, cuál es, yo digo…

Magali: Quiero ir apenas vuelvas.

David: Puerto Cruz.

Yo siempre digo que el día que yo muera, espero que falte mucho para eso, que falten décadas y décadas, y bueno, yo quiero que me entierren, no que me cremen. Pero si cambio de opinión, yo digo que me hagan misas en esa playa. Pero bueno, eso es un poco oscuro, ¿no? La verdad es que hay muchas cosas bonitas que hablar. O sea, esa playa fue la primera playa a la que yo fui en Margarita de niño con mis padres.

Y me cansé de ir por más de 20 años. Es una playa que no es muy conocida, no es la típica playa turística de Margarita; es una playa que incluso hoy por hoy está bastante sola, pero es bellísima. Y ese faro que ves allí… O sea, realmente la playa es donde está el mar, obviamente, pero ese faro que tú ves allí es porque esa playa tiene la particularidad de que podés subir una montaña hasta llegar a ese faro. Y es una de las vistas más impresionantes que te puedas imaginar.

Y bueno, yo me cansé de subir a esa montaña y conseguí esa foto. Y aquí la tengo y aquí me acompaña, ¿no?

Magali: Qué bueno. David, ¿cuál fue alguna de las últimas cosas sobre las cuales hayas cambiado de opinión?

David: Ah, bueno, eso es sano, y yo también, para lo bueno y para lo malo.

Estoy…

Estoy mucho más consciente, por ejemplo…

Del cambio climático. No es que yo era antes, como dicen en inglés, un denier, ¿no? Que yo no creía en eso, pero quizás…

Como servidor público no estaba en mis prioridades, en mi agenda. Me ha permitido la universidad entender mucho más las consecuencias del cambio climático. La necesidad, por ejemplo…

De que Venezuela el día de mañana, a pesar de tener las reservas de petróleo más grandes del mundo, tiene que pensar una transición energética, y que el día de mañana Venezuela tiene que pensar en no tener solo vehículos con combustible, sino tener vehículos eléctricos, en ser mucho más consciente en la preservación de nuestros parques nacionales, obviamente en la preservación del Amazonas. Pero como te digo, quiero ser muy claro: no es que yo antes eso no lo tenía en cuenta, sí lo tenía en cuenta, pero quizás no le daba la importancia. Porque, bueno, también cuando vivís en un país donde la mayoría no puede alimentarse tres veces al día, donde la mayoría no tiene cómo acceder a la salud pública o a la salud privada…

La salud pública, accedés y está colapsada. Cuando la mayoría no tiene cómo tener… o sea, esta lámpara que prendo, a la mayoría no le prende todos los días por 24 horas, o el agua. Entonces hay temas que a veces están en la agenda mundial, pero en tu país, que estás en la sobrevivencia, no.

Entonces, bueno, creo que eso. Creo que la parte humana, Magali, también le he dado más espacio a eso, ¿no? Esta entrevista hace seis, siete años no la daba, con estas preguntas que me estás haciendo: hablar tan abiertamente de cómo fue mi salida, hablarte abiertamente de los procesos de reinvención, del exilio, hablar abiertamente de estos altos y bajos a nivel emocional. No lo hubiese dado antes. Todo el mundo siempre me echa broma de que era muy serio, muy cerrado toda la vida, y creo que también el exilio me ha permitido conectar mucho más con un David humano, que le da más tiempo y más espacio a las relaciones humanas. Y eso no te hace menos persona, todo lo contrario. Entonces sí, pero bueno, me dejás pensando, porque seguramente hay muchas otras cosas que pensaba de una manera y hoy pienso de otra, ¿no? Y hay otras que las mantengo igual. Por ejemplo, mantengo igual cómo pienso de la dictadura.

Magali: Está bien.

¿Cuál fue el mejor consejo que le dieron?

Magali: ¿Se te ocurre algún muy buen o muy mal consejo que te hayan dado alguna vez?

David: Bueno, me hace pensar un poco, ya va, que hay muchos, pero…

Una vez, por ejemplo, cuando estuve muy cerca de caer preso…

Uno de mis asesores de seguridad me dijo: «Alcalde, evite caer preso, porque lo primero que busca un preso es salir…

De la cárcel». Evite caer preso, obviamente.

Bueno, es fácil decirlo, pero otra cosa es que no ocurra. Pero me dijo: «Evite caer preso, porque lo primero que busca un preso es salir de su cárcel», y eso siempre me ayudó. Cuando tú me preguntabas de las amenazas, eso me lo dijo empezando la gestión, cuando se hablaba mucho de que yo podía quedar preso. Siempre tuve muy presente: bueno, si me van a meter preso…

Que realmente les cueste, ¿no?

Magali: Claro.

Sí, eso fue un buen consejo que me dieron.

Mal consejo, mira, la gente habla tanta vaina que…

Y tener mucho cuidado. Hay gente que a veces se pasa por buena y te dice cosas, y lo que busca al final es destruirte; eso pasa en política. Pero no sé, yo tengo el olfato para eso. No se me viene ahorita un mal consejo así.

Pero bueno, también hablar es muy fácil, ¿no?

¿Cómo podemos ayudar a quienes dejan su país?

Magali: David, para los que estamos afuera… ¿Cómo se puede ayudar en toda esta situación?

Si estamos cerca de algún refugiado, o conocemos un caso, ¿qué se puede hacer? Para alguien que dice: «Yo no tengo nada que ver con la política», ¿cómo puedo aportar un grano de arena en este problema?

David: Mira, para mí lo más que se puede hacer, en primer lugar, sobre todo en Argentina, donde hay más de 200.000 venezolanos, es prestarles atención a quienes aún lo necesitan.

A quienes aún necesitan atención…

Psicológica. Fundamental, lo hemos hablado el día de hoy: que un migrante ya esté en una condición más estable, teniendo su documentación, teniendo un trabajo o pudiendo estudiar, no quiere decir que esté completamente estable en lo emocional o en lo mental. Entonces yo creo que eso, Magali, aprovechando que lo hemos hablado hoy, es fundamental: mayor atención psicosocial. Evidentemente, a personas que están en condiciones vulnerables, mayor atención en cuanto a su salud, a su educación y a su documentación también. Y visibilizar, Magali, visibilizar lo que nos está pasando.

Hay que visibilizar los crímenes de lesa humanidad que están sucediendo en Venezuela, la gente que sigue estando arbitrariamente presa, quienes están siendo torturados, las personas que siguen saliendo del país. Visibilizar esto, porque si nosotros no contamos nuestra historia, y cuando hablo de nosotros no solamente me refiero a los venezolanos, sino a los latinoamericanos, a los aliados que están con nosotros, sensibilizados en esta lucha… Si nosotros no contamos nuestra historia, nadie la va a contar por nosotros, nadie. O sea, el mundo se enteró de que en los años 40 hubo unos campos de concentración que exterminaron a 6.000.000 de judíos porque los sobrevivientes judíos y las generaciones…

Siguientes de esos sobrevivientes, y la comunidad en general, una y otra vez contaron lo que pasó en los campos de concentración, y hoy el mundo está sensibilizado, 80 años después de lo que sucedió en Europa, cuando se exterminó a 6.000.000 de judíos por los nazis. Entonces nosotros también tenemos que contar nuestra historia.

Magali: Ajá.

David: Contar los 7.000.000 de personas que están desterradas, los 9.000.000 de personas que siguen en situación de hambruna, las torturas a las que están sometidos…

Miles de venezolanos, etc.

Magali: 100%. Bueno, una sobreviviente del Holocausto vino al podcast a contar su historia, así que ese es un capítulo muy relacionado con lo que estamos hablando. Quiero saber, ¿qué te queda hacer antes de morir?

David: Tengo que hacer algo bueno. Quiero tener hijos.

Magali: Ajá.

David: Me he tardado en tenerlos, pero quiero, quiero tener hijos.

Quiero volver a mi país. Quiero formar parte de la reconstrucción de mi país, independientemente de lo que el destino o la suerte me tengan preparado, pero yo sí quiero ser parte de la reconstrucción de Venezuela, yo quiero ser uno de los líderes que contribuya significativamente a la recuperación de Venezuela. Lo tengo entre ceja y ceja y me apasiona. Eso fue un buen consejo que me dieron: que si Venezuela se recupera, la democracia, posiblemente es el proyecto más hermoso en el mundo en el siglo XXI.

Magali: Ajá.

David: Y yo lo creo firmemente. Me faltan muchas cosas. Me gustaría poder conocer otros países.

Seguir aprendiendo otras culturas, seguir estudiando, otra maestría. El proceso de formación, de aprendizaje, de estudio, nunca hay que pararlo, mucho menos para quienes tenemos responsabilidades públicas, porque lo que decidimos tiene un impacto para lo bueno y para lo malo.

Así que me faltan muchas cosas por hacer.

Son muchas cosas.

Magali: Nos falta también.

David, ¿cómo cerramos esta entrevista? Quiero dejar un minuto de micrófono libre, palabras finales para lo que quieras dar. ¿Un último mensaje a la audiencia, algo que hayamos hablado o no? Todo tuyo.

David: Bueno, debería empezar diciendo que hablé mucho, y que quizás…

Yo agradezco muchísimo que una persona como tú… De Argentina dedique unas horas no a entrevistarme para conocer mi historia únicamente, sino para, a través de esta entrevista, conocer mucho más de mi país.

Y agradezco profundamente que muchos de los que van a escuchar este podcast, que seguramente no sean venezolanos, van a dedicar una hora o más de una hora no solo a saber de mi historia, sino a saber de mi país. Ustedes no se imaginan cuán significativo es cuando tenemos a personas de otras partes del mundo, y especialmente si están en América Latina, escuchándonos, apoyándonos, sensibilizándose, pero, sobre todo, dándonos oportunidades.

Porque si algo yo he dicho muchas veces, Magali, es que yo no quiero que nos tengan lástima. Yo no quiero que nos tengan lástima, yo lo que quiero es que tengan solidaridad. Yo no quiero que nos den solo consuelo, yo quiero que haya acciones, que haya apoyo, que haya acompañamiento, porque los venezolanos no necesitamos lástima. Lo que nosotros necesitamos son actos de solidaridad genuinos, sinceros, que vayan acompañados de acciones que ayuden a recuperar nuestra democracia, a recuperar nuestras libertades y a proteger a quienes hoy se han ido. Estoy profundamente agradecido con la Argentina, y esto lo digo de corazón.

De los mejores países, y esto lo digo objetivamente, como alguien que trabaja este tema hace más de cuatro años: de los países donde mejor se sienten los migrantes y refugiados venezolanos es la Argentina. Es la Argentina. Se han sentido bien recibidos, se han sentido acogidos, han tenido oportunidades. Ya hay padres…

Venezolanos con un hijo nacido en Argentina. Así que ya empezaremos a ver venezolanos argentinos. Quién sabe si en 15 años veremos a un hijo de venezolanos portando la albiceleste, imagínate, o a un hijo de venezolanos portando la vinotinto. Entonces estoy muy agradecido, de verdad lo digo de corazón, con Argentina, y espero ir pronto a ese país. Y gracias por esta oportunidad, no me queda otra que decirte.

Gracias por esta oportunidad de poder hablar libremente de un poquito de mi historia y de compartir anécdotas que nunca había compartido, y felicitarte por esta extraordinaria idea que tienes a través de este podcast. Qué chévere conocer a gente como tú en esto, y confío muchísimo en las nuevas generaciones como tú. Las nuevas generaciones son las que van a recuperar la institucionalidad, la honestidad…

Y la estabilidad que merece América Latina.

Magali: Gracias, David, por venir, por compartir todo esto. Seguro que esto va a tocar a un montón de personas que lo escuchan y va a inspirar a un montón más.

Gracias. Te mando un abrazo.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es David Smolansky y de qué habla en este episodio?

Periodista y político venezolano, David Smolansky fue alcalde del municipio El Hatillo, en Caracas-Venezuela siendo el más joven del país en ocupar dicho cargo. En agosto de 2017 fue destituido y sentenciado a 15 meses de prisión. Fué ese el momento en que decidió exiliarse, y comenzar su vida en Brasil. Actualmente, vive en Washington DC donde trabaja en la Organización de Estados Americanos y es profesor en la Universidad de Georgetown.

¿Dónde escuchar el episodio completo con David Smolansky?

El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.