Eugenia Camuña.
Eugenia Camuña, es psicóloga clínica con más de 30 años de experiencia en acompañamiento de niños , adolescentes y adultos con foco en el despertar de las cualidades afectivas.
Hace algunos pocos años ella cambió toda la estabilidad de su rutina en Argentina para viajar por el mundo trabajando remoto. Creó su proyecto itinerante: @mama.backpacker donde muestra sus viajes alrededor del mundo y cómo aprende en el camino conectando con diferentes culturas, el desafío del house y pet sitting, y convertirse en nómada digital.

Escuchá el capítulo entero
De qué hablamos con Eugenia Camuña
- Su vida anterior y la actual: señales que la llevaron a cambiar su estilo de vida.
- El primer miedo frente a empezar a acompañar a sus pacientes de manera online.
- El paso a paso para lograr transformar su profesión y comenzar su viaje.
- Trabajo personal para conocerse teniendo en cuenta sus objetivos.
- Desarmar su casa para emprender su proyecto itinerante.
- Su rol como madre y cambiar la realidad.
- Qué dijo su entorno cuando comunicó su decisión de viajar.
- Reencontrarse con sus hijos viajando por Australia después de 3 años sin verse.
- Cambios físicos y en las costumbres viviendo en Australia.
- Aprender de los nómadas digitales.
- Balance entre trabajo, vida itinerante y viajes.
Transcripción
Eugenia Camuña es psicóloga clínica con más de 30 años de experiencia acompañando a niños, adolescentes y adultos, y creadora del proyecto itinerante @mama.backpacker. En el episodio cuenta cómo desarmó su casa y su consultorio en Argentina para viajar por el mundo atendiendo online, el reencuentro con sus hijos en Australia y lo que aprendió de los nómadas digitales.
Introducción
Eugenia: Que para mí peregrinar es celebrar el tiempo, y siento que estoy celebrando el tiempo, que tiene que ver con esto que decíamos antes: llegar a donde sopla el espíritu, un poquitito más filosóficamente. Eso es peregrinar. Creo que mi viaje se está armando así, y conectar con algo que está por encima de nosotros, que para algunos puede ser la naturaleza, para otros puede ser Dios, para otros puede ser el universo o lo que sea. Pero yo creo profundamente en esa vocación peregrina.
Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. Acá desarmo la historia de profesionales valientes que se transformaron en sus carreras. Como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron. Si vos sos un profesional avanzando en tu carrera, quizás quieras trabajar remoto. Todas las semanas mando un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próximo desafío más flexible. Son búsquedas no técnicas de 15 áreas distintas, tanto en español como en inglés.
Si querés recibir el próximo, anotate en la descripción de este capítulo. Estabas escuchando a Eugenia Camuña, psicóloga clínica con más de 30 años de experiencia acompañando niños, adolescentes y adultos, con foco en el despertar de las cualidades afectivas. Hace algunos años, ella cambió toda la estabilidad de su rutina en Argentina para viajar por el mundo trabajando remoto. Yo tengo la ventaja de conocer a Euge porque es de las primeras participantes históricas que se sumaron a la membresía, así que pude escuchar algunas de estas historias antes de que salieran en el podcast. En esta conversación hablamos de cómo hizo ella todo este cambio a los 60 años, las aventuras cuidando casas por el mundo, cómo fue a visitar a sus hijos en Australia después de no verlos por la pandemia.
¿Y qué aprendió ella de otros nómades digitales? Atención, que esta es solo la primera parte de la conversación con Euge. Hay una segunda que es para los participantes de la membresía Tiene que haber algo más. Vamos con la conversación, que espero que la disfrutes igual que como lo hice yo conversando con ella, y cuando termines, contame: ¿qué te pareció el capítulo? Hola, Euge, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.
¿Por qué cambiar una vida que funcionaba bien?
Eugenia: Hola, Maga, qué placer. Qué placer estar aquí compartiendo con vos, una alegría enorme. Gracias.
Magali: Lo mismo digo, Euge. Empecemos por desarmar tu historia. Para mí tenés como 2 vidas: la vida de antes, de hace 3 años atrás, y la vida de ahora. ¿Qué cosas veías en tu vida anterior que considerabas señales de que no estaba funcionando todo como vos te imaginabas?
Una superbuena pregunta. No sé si sentía que no estaba funcionando, porque en realidad lo más curioso es que estaba funcionando muy bien. O sea, tenía mi consultorio, tenía mi casa, estaba muy contenta con todo lo que hacía. Una vida muy llena de muchos afectos, muchos amigos, muchas actividades. Me gustaba mucho Buenos Aires. Y lo que no estaba quizás atento adentro mío era que yo siempre tuve una movilidad muy grande, un espíritu de movimiento y una sed viajera que estaba muy en una cajita, sin desplegarse. Era como un aspecto de mi vida que yo siempre había querido desarrollar más, que lo había desarrollado, pero lo quería desarrollar más y no había encontrado la manera de poder ponerlo en marcha.
Entonces eso sí me estaba haciendo un poquito de ruido. Era como que tenía muchas ganas de hacer esa experiencia, de viajar y al mismo tiempo trabajar. O sea, cómo era hacer las 2 cosas, y no viajar y volver a mi vida de todos los días, a esta vida que vos decís, que por otro lado me encantaba. O sea, no era una vida que no me gustaba, era una vida que me gustaba, pero tenía muchas ganas de algo más, tenía muchas ganas de poder explorar el mundo y tenía ganas de ir a caminar el mundo.
Desde hacía tiempo. Yo diría que desde el momento fuerte, desde el momento que crucé los Andes caminando. Esa vez que crucé los Andes caminando, yo dije: quiero ir a caminar el mundo y hacer algo que me permita poder viajar durante mucho tiempo y trabajar al mismo tiempo.
Cuando estabas en ese momento, ¿qué limitaciones o miedos se te aparecían por la cabeza? Porque estamos hablando de un momento donde vos ya tenías toda una carrera profesional desarrollada, te iba bien, 2 hijos grandes, no tipo tengo 18 años y tengo cero responsabilidades.
Sí, yo estaba, diría, con una vida armada muy cómoda y muy bien conquistada. Yo diría conquistada.
Con mucho trabajo, pero conquistada, y con 2 hijos viviendo en Australia, grandes, autónomos y muy instalados. Y yo ahí sentí que llegaba el momento de hacer un giro. Me daba miedo. A tu pregunta, me daba miedo, bueno, ver si iba a poder llevar adelante el proyecto ya totalmente en una versión online con toda la gente que yo acompaño en sus procesos de desarrollo. O sea, ese fue el primer miedo, porque yo ya venía trabajando online con la pandemia.
¿Se puede hacer terapia online con pacientes de todo el mundo?
Magali: Pero aparte, antes de la pandemia, 10 años antes, varias personas que yo acompaño en sus procesos se habían ido a estudiar afuera. Entonces yo ya los estaba acompañando hace 10 años con Skype, así que la modalidad ya la tenía un poquito en mí. Pero bueno, pensar en mudar todo el consultorio y todo mi trabajo de manera digital me daba mucho miedo. Me daba mucho miedo porque dije: bueno, vamos a ver cómo esto resulta. Y aparte tenía que conversar.
Con cada una de las personas que acompaño, y sabía que, por ejemplo, con los pacientes niños que yo acompañaba no iba a poder trabajar, porque no le iba a ofrecer una modalidad virtual a un niño cuando puede tener una modalidad presencial. Así que cuando yo decido este proyecto, muchos meses antes de que yo me embarque y me lance a la vida itinerante, trabajé un montón con todas las familias y todos los niños para ir cerrando los trabajos, por ahí derivándolos a otras personas. O sea, cuidé mucho, mucho, el proceso de ir migrando hacia mi nueva etapa.
¿Cuánto tiempo decís que te llevó entre que dijiste quiero esto hasta que lo pudiste hacer?
El quiero esto, así como intuición, fue el 6 de enero, Día de Reyes, que terminó el proyecto de cruzar los Andes. Hubo un 8 de enero y dije: me voy a caminar el mundo. Esa fue la intuición, el comienzo de decir empiezo a construir. El proyecto itinerante fue en 2021. En abril del 2021 compré un cuadernito que decía «You become what you believe», y tenía 27 puntos que tenía que tratar de resolver para poder empezar mi proyecto itinerante.
Entre esos 27 puntos estaba cómo iba a ir acompañando todo el proceso del consultorio, del cuidado, de acompañar a toda la gente, y de ver cómo iba presentando mi proyecto y mi decisión. Así que de abril del 2021 a abril del 2022, el 15 de abril, que yo parto, pasó 1 año.
Bien, esto es importante, ¿no? Porque si no parece que un día me levanto, tengo claridad y al día siguiente lo hago.
Eugenia: Exacto, no, no hubo un proceso. Primero de corazonada, la corazonada fue después de cruzar los Andes caminando, y hubo todo un trabajo previo. Quiero decir que no es menor, y yo le doy mucho valor, quizás por mi profesión, todo el trabajo personal profundísimo que yo hice durante muchísimos años de mi vida para aprender a conocerme y para aprender a decir esto sí, esto no, esto puedo, esto es un salto demasiado grande, esto lo tengo que evaluar, acá me tengo que animar aunque no tenga tanta red. Ese valor del trabajo personal de uno en el área en el que uno lo quiere hacer para mí es muy importante como parte de la preparación para la migración a la vida itinerante o digital, o como la queramos llamar, la vida remota.
¿Cómo prepararse durante un año para ser nómada digital?
Eugenia: ¿Qué fue para vos el detonante para llegar a la conclusión de que lo que querías era ser nómada digital? ¿Tuviste algún referente, investigaste? ¿Cómo hiciste para llegar a esa conclusión?
Sí, sí, empecé a mirar a la gente que viajaba y trabajaba, y durante la pandemia yo no veía Netflix. Yo, que soy cineasta, toda la gente hablaba de las series que veía y yo miraba los itinerantes del mundo. O sea, miraba a los viajeros, los distintos estilos de viajeros, porque yo decía: bueno, un viajero en bicicleta no es algo que yo voy a hacer. Miraba a la gente que hacía trabajos freelance, pero decía: bueno, esto no es lo mío, pero tomaba referencias. Después, bueno, cuando te descubrí, una referencia fuiste vos, en el sentido de que vos hacías todas entrevistas que tenían que ver con cambios de personas en sus carreras muy importantes o de migraciones a la vida remota.
Tu propia experiencia, tu propia historia, me sirvió de referencia también, y yo investigaba con los viajeros. Esos empezaron a ser mis primeros referentes. Miraba YouTube, miraba grupos de Facebook, miraba gente que estaba viajando por el mundo y que contaba sus experiencias. Ahí empecé, en mi cuadernito de los 27 puntos, a anotar las cosas que yo sentía que me podían servir. Por ejemplo, todos hablaban de la tecnología que se necesitaba para viajar.
Entonces yo tenía una computadora, pero necesitaba una tablet más chiquita para poder moverme más livianamente. Entonces tablet, computadora. Yo no soy una experta, no vengo del mundo digital. Dediqué buena parte de la pandemia a tomar un curso de computación con un joven maravilloso que me enseñaba todo desde la computadora. Él se metía en mi computadora, estábamos online, y con el AnyDesk me iba explicando todo y me daba tarea.
Claro, aprendía todo, en realidad. Como todo lo que hoy me pasa: acá maximizo, acá minimizo, acá entro por acá, cómo bajo los programas, cuáles son los programas que son confiables y cuáles no, cómo es tener una VPN, por ejemplo, para poder sacar vuelos baratos. ¿Qué es una VPN? O sea, yo estaba entrando en un mundo de siglas, y yo decía: ¿qué es esto? Pero yo tenía que aprender. Tenía que aprender porque veía que todos los viajeros hablaban no solo del programa de millas, que era lo que yo sabía hasta ese momento, sino de cómo se sacaban los pasajes, cuáles eran las mejores maneras, si Google Flights, si Skyscanner. Todos los tips viajeros estaban en mi listita, en mi cuadernito de los 27 puntos.
Y por ejemplo, también los voluntariados. Empecé a averiguar, dije: bueno, también puedo hacer un voluntariado. Entonces me anoté en Worldpackers, me anoté en voluntariados. Empecé a investigar. Todavía no llegué a esa instancia porque quiero seguir trabajando, y algunas veces, si estás en un voluntariado, no podés estar trabajando como yo estoy trabajando. Entonces todo esto fue como un continuo aprender. Esa fue, digamos, mi dedicación en la pandemia.
Yo veía cursos de computación, tenía un curso de Instagram, tenía un curso de edición de videos.
Profundizaba mi inglés porque sabía que iba a ir a visitar a mis hijos, y en Australia el inglés es otro inglés. Y yo no soy fuerte en el inglés. Entonces me metí a estudiar inglés australiano. Contraté a una persona que había vivido en Australia y me enseñaba el slang de los australianos.
Esa fue mi preparación en la pandemia, y no veía Netflix. Veía muy poquito.
¿Cómo se desarma una casa y un consultorio de 40 años?
Magali: ¿Qué otras cosas había en esos 27 puntos de preparación durante 1 año?
Eugenia: Bueno, había cosas muy importantes y que eran muy difíciles. Por ejemplo, levantar mi casa, porque yo levanté mi casa para irme. Y en mi casa yo vivía con mis hijos, me había separado hacía 10 años, alquilaba un departamento, y mis hijos habían dejado todas sus cosas valiosas, como las dejamos en la casa de mamá. O sea, en mi casa no solo estaban mis cosas valiosas, sino todas las cosas de mis hijos.
Entonces ahí tuve una hermosa conversación con ellos, explicándoles este proyecto y preguntándoles un poquitito cómo lo veían, porque era un poco romper el arquetipo madre con mi proyecto. Yo sabía que rompía el arquetipo madre. La madre es la que se queda en la casa y custodia la historia familiar, y yo venía a levantar la casa, a elegir con ellos las cosas valiosas, dónde iban a quedar, qué cosas iban a venderse, qué cosas iban a donarse y qué cosas iban a regalarse.
En esos 27 puntos estaban todos los lugares a donde yo podía donar todos mis libros. Fui a bibliotecas, fui a los hospitales para todos los peluches que había de mis hijos. Se quedaron poquitos y los otros los fui a donar a los hospitales. O sea, había muchas cosas que tenían que ver con cuestiones prácticas, como vender mi cama, vender la cafetera, vender las cosas de mi casa. O sea, yo vendí, regalé y doné. Eso fue muy potente, muy potente, y llevó mucho tiempo. Llevó mucho tiempo porque afectivamente era una movida muy grande.
Y aparte, mudar y levantar el consultorio con todos los juegos. Yo hace 40 años que trabajo y tengo juegos de todo tipo. Tengo una habitación llena de juegos, y decidir a quién se los regalaba, a quién se los daba, terapeutas infantiles a quienes les regalé todas mis cosas.
Todos los niñitos que se despedían del consultorio, que se llevaban sus cajas de juego y se llevaban cosas que habían sido significativas de nuestro trabajo. O sea, hice toda una tarea larguísima, afectiva, diría yo.
Magali: ¿Por qué decidiste vender tu casa en vez de hacer algo más flexible, como por ejemplo: dejo todo como está, voy, pruebo de viajar 1, 2, 3 meses, si no funciona vuelvo y lo cambio, y si funciona la vendo?
Eugenia: Primero, que no era mi casa, era un alquiler. Yo estaba alquilando, no era mi casa. Pero está muy bien la pregunta, porque igualmente yo podría haber seguido alquilando y podía volver a los 3 meses. Pero yo decidí, ya que se cerraba el contrato del consultorio y de la casa, que era buen momento para hacer el cierre de la etapa. Y aparte habían fallecido mis 2 padres. En el 2019 falleció mi padre, en el 2020 falleció mi madre, y yo ahí aprendí mucho de los duelos, mucho, y yo diría que fue un gran impulsor también de todo este movimiento. Dije.
La casa de mis padres queda como base Argentina, y todo lo que es mi vida en Buenos Aires… Porque mi madre vivía en Tandil, mi padre vivía en Buenos Aires, se habían separado hacía muchos años. Entonces mi base queda en Tandil, en la casa de mi madre.
Y dejo muy poquitas cosas allá, y todo lo demás lo regalo, lo vendo y lo dono. Las cosas importantes están en la casa de mi madre. Y me parecía, por otro lado, que este proyecto requería una fuerza y un salto de fe que con 3 meses no alcanzaba. Si yo realmente quería hacer que esto funcione, tenía que hacerlo más.
Yo diría, como un salto de fe más arriesgado.
¿Qué dijo su entorno cuando contó que se iba a viajar?
Magali: ¿Qué te decían a tu alrededor, tus amigos, tu familia, cuando dijiste: chicos, todo bien con 40 años de consultorio, ahora quiero levantar todo e irme a viajar para trabajar digital?
Eugenia: Bueno, muchos ojos abiertos, muchas caras de sorpresa, muchas.
Miradas atónitas y mucho reconocimiento, mucho acompañamiento, mucho sostén, empezando por mis hijos, a los cuales les quiero agradecer especialmente, porque me dijeron: sí, sí, sí, vos estás para eso. Y todos mis amigos cercanos, que me conocen mucho y que conocen mi espíritu móvil, que está presente desde que nací, dijeron que sí. O sea, este espíritu móvil me acompaña desde que soy muy chica, pero yo tuve una vida muy estable acompañando el colegio de mis hijos. Mis hijos nunca se cambiaron de colegio. ¿No era una persona que me mudaba de ciudad? No, no, yo tenía un nivel de estabilidad enorme, tan enorme, que era muy impensable que yo decidiera hacer un salto a la vida nómade.
O sea, era casi que no entraba en ningún casillero. Sin embargo, de la gente muy querida recibí mucho apoyo. De la gente, colegas y profesionales, un poquito más de sorpresa: cómo vas a hacer, qué vas a hacer y cómo lo vas a implementar. Y yo tampoco sabía cómo lo iba a implementar, pero sabía que ya lo había vivido cuando acompañaba a la gente que estaba fuera y yo estaba en Buenos Aires, y cuando lo hice en la pandemia.
Y bueno, y aparte hay una cosa que me parece que me ayudó siempre en mi trabajo y que creo que fue la primera ruptura en mi profesión. Y es que yo me iba a caminar con los pacientes. Yo no tenía muchas sesiones en el consultorio desde que empecé a trabajar con niños. Los niños necesitaban mucho espacio, y entonces yo me iba a las plazas.
Magali: ¿Con permiso de los papás?
Obviamente. Con un niño pequeñito de 3 años no, pero sí con niños de 8, 9. Nos íbamos a la plaza, nos llevábamos distintas cosas y trabajábamos caminando y jugando. Después eso lo trasladé a los adolescentes, y con los jóvenes me iba a caminar y hacíamos las walking sessions, como decían ellos, y les encantaba. Entonces yo creo que eso estuvo muy presente en el espíritu móvil de todos, porque después, cuando yo empecé ya a trabajar itinerante, nos poníamos los auriculares y nos íbamos a caminar, cada uno en un país diferente.
Esto es como Steve Jobs hacía las reuniones: se iba a caminar, porque pensás mejor al aire libre que sentado frente a una computadora.
Eugenia: Absolutamente. Para mí pensás muchísimo mejor, y se lo agradezco infinitamente a la frescura de los niños. Eso lo aprendí con los niños.
¿Qué dudas aparecen antes de dar el salto?
Eugenia: Todo este proceso fueron muchos meses hasta llegar a la conclusión e implementarlo. ¿Qué dudas aparecieron en el proceso? Que me digas: fuerte, un poco de callejón sin salida, como yo vengo empujando esto, pero no sé si se va a dar.
Sí. La primera duda que tenía era que recién se estaban abriendo las fronteras, y me preguntaba cómo iba a hacer, con un mundo que recién abría las fronteras, con mis traslados y mis pasos de fronteras. O sea, mi primer nudo era cómo iban a ser esos movimientos.
Mi segundo nudo era la cuestión de la salud, porque yo tenía que pensar cómo cuidar mi salud. Entonces, entre los 27 puntos estaban todos los chequeos médicos que yo hice antes de irme, todo el cuidado que yo venía teniendo con mi salud. Yo me entrenaba, caminaba, y bueno, en pandemia no podía caminar, pero saltaba la soga dentro del departamento, por ejemplo, como los astronautas. Y hacía mucho hincapié en el cuidado de la salud, y me fui con mi botiquín preparado y con un seguro de salud bien fuerte. O sea, ahí hice una inversión que me parece no menor, porque hace mucho a la tranquilidad cuando estás viajando. Invertir en la salud es algo que yo tendría como un eje central dentro de los 27 puntos, aparte de toda la investigación de todos los visados que necesitaba para cada país que fuera a visitar, que yo no sabía al principio cuáles iban a ser. Porque una característica que tuvo este proyecto para mí fue que yo llegué a Australia porque se abrieron las fronteras, visité a mis hijos, tuve 3 meses porque tenía.
Una visa de 1 año, y cada 3 meses tenía que entrar y salir. Tuve 3 meses y tenía que salir, y mi primera salida fue a Indonesia, y yo no sabía dónde quedaba Bali. O sea, no tenía ninguna referencia, y eso después se convirtió en mi eje para viajar. O sea, yo no decido nunca con mucha anticipación el lugar a donde voy a ir.
¿Cómo fue reencontrarse con sus hijos en Australia?
Magali: Contame ese primer viaje, cuando llegaste a Australia con tus hijos: ¿cómo te encontraste vos y cómo los encontraste a ellos? Porque además había pasado la pandemia y no se veían, ellos ya súper independientes, vos súper independiente, y se reencuentran viajando los 3.
Eugenia: Exacto. Nos encontramos, ellos ya instalados en Australia, y yo hacía 2 años y medio, casi 3, que no los veía. Así que cuando mi hijo me recibe en Sydney.
Fue una emoción incalculable, incalculable. Pero aparte era otra persona, era un joven de barba, bigote. Se había ido sin barba, sin bigote, blanquito y pelirrojo. Era mucho más pelirrojo, mucho más barba y bigote, color dorado en su piel y totalmente mimetizado con la vida australiana. Con lo cual me encontré con un hijo australiano, y después, cuando vi a mi hija con su pareja australiana, dije: Dios mío, tengo hijos australianos. Una hija con un novio australiano y un hijo con un montón de amigos de todas partes, totalmente cambiados. Yo diría que pude percibir con mucha fuerza cómo la cultura y cómo un país moldea a las personas. Y lo que yo descubrí después es cómo eso también me moldeó a mí, porque yo fui cambiando, no solo en mi manera de mirar la vida, sino también en el aspecto. O sea, yo llegué.
Con el pelo medio claro, oscuro diría, y a los 10 días que estaba en Australia estaba blanca, blanca, como si fuera rubia, rubia, rubia, y decía: ¿qué pasó aquí? Hay algo de la epigenética, de lo que hace el ambiente en los genes de las personas, que existe y que yo lo comprobé. Totalmente. Estanislao Bachrach lo decía, hablaba mucho del valor de la epigenética, y yo lo comprobé. O sea, yo era una persona que dormía hasta muy tarde, no me gustaba levantarme temprano, y en Australia me levantaba a las 6. Era un búho, me quedaba hasta las 3 de la mañana, era mi mejor momento, y en Australia a las 9 de la noche ya se había acabado el día.
Me cambió el ritmo circadiano. O sea, hay algo de todo eso que fue muy fuerte y que se vive a nivel físico también, no solo en cuanto a la manera de pensar, las costumbres, la alimentación, el tipo de vida. Bueno, fue un impacto muy grande. Australia es un lugar que realmente me enamoró. Me enamoró profundamente cómo viven, cómo piensan y cómo.
Establecen la relación entre la vida y el trabajo de una manera totalmente distinta que nosotros. Hacen un balance que a nosotros nos cuesta mucho más hacer.
Magali: ¿En qué sentido un balance?
Eugenia: Un balance entre el ocio y la vida saludable, y el estar levantándote a las 6 de la mañana para ir a surfear. Y el señor que se va a surfear va descalzo a la playa, surfea, se toma el café, se ducha y se va a trabajar al banco, y trabaja hasta las 3 de la tarde, y a las 4 sale, busca a sus hijos y se va a ver el sunset. Y todas las familias están viendo el sunset como un ritual de picnic diariamente, no los sábados y domingos, sino el lunes, martes, miércoles, jueves y viernes. Hay una relación entre a qué dedicás tu vida, cuáles son tus intereses, cómo cuidás tu salud, cómo cuidás tu tiempo libre.
Y el trabajo está muy puesto en primera línea, muy puesto en primera línea. Y eso me sorprendió en todas las profesiones, porque yo dije: bueno, quizás los jóvenes. No, también la gente grande, también la gente que tiene un trabajo en una compañía, o sea, gente de todas las edades.
Magali: ¿Cuál fue la primera vez donde dijiste: qué estoy haciendo, por qué me metí yo sola en esta situación?
¿Qué aprendió Eugenia Camuña de los nómadas digitales en Bali?
Magali: Guau. Qué buena pregunta. La primera vez creo que fue cuando llegué a Indonesia. Ahí viví la experiencia de llegar al aeropuerto de Bali y no poder identificar ninguna letra, nada que me hiciera sentir bienvenida. No podía identificar ningún signo.
Y me estaba esperando una persona que me venía a buscar, un driver, como los llaman ellos, que tenía mi nombre en mi contacto. Pero yo cuando llegué no tenía Internet, o sea que tenía que comprar el chip. Compro el chip y no funciona inmediatamente Internet, y yo de golpe me vi en ese aeropuerto inmenso sin poder identificar una letra.
Y miles y miles de personas de todas partes del mundo, muchas, muchas personas asiáticas, de todos lados.
Y yo diciendo: ¿cómo me voy a encontrar con este hombre? ¿Qué estoy haciendo aquí? Esa fue la primera nota de: ah, OK, estoy llevando adelante mi proyecto itinerante, y de esto se trata también, de dialogar con qué estoy haciendo aquí y qué me llevó a tomar esta decisión.
Finalmente me encontré con este señor, que fue un encanto, con el cual me sigo comunicando porque siempre me pregunta cómo estoy. Un hombre maravilloso que, aparte, hablaba un inglés que ellos llaman broken English, y me hablaba de su familia y decía «my pamily», y yo decía: ¿pamily, pamily? Hasta que descubrí que pamily era family. Estuve un rato largo. O sea, era todo un desafío, todo era un desafío. Y creo que esa fue la primera vez en donde dije: ¿qué estoy haciendo aquí?
Porque Australia, los primeros 3 meses, tuvo el encanto del amparo de los lugareños, de mis hijos, de los amigos de mis hijos y de toda la gente querida, pero luego el viaje ya se tornó en otra cosa.
Estamos en serio itinerando, estamos en serio con los nómades digitales.
Absolutamente. Indonesia es el paraíso de los nómades digitales. Yo no podía creer llegar a Uluwatu, una playa hermosísima. Llegás al chiringuito que está arriba de todo, el techito de paja, cae la lluvia por el agujerito del techito de paja, y 7, 8, 9 jóvenes con unas computadoras increíbles, con sus micrófonos impecables y su jugo o su cervecita, esperando el sunset y trabajando al mismo tiempo. Yo dije: acá estoy en lo que significa ser nómade digital. Ahí pude tocar por primera vez lo que es ser nómade digital. Dije: ah, esto es.
Otra cosa de la que yo me había imaginado. Porque aparte los veías trabajando con un nivel de concentración, compromiso, atención… Cualquiera ve la escena y diría que están desconcentrados o que están más atendiendo al atardecer que a lo que está sucediendo en la computadora, y después de haber estado conviviendo con ellos, puedo decir que el nivel de concentración, de trabajo y de foco que tienen es admirable, admirable. Así que ahí también empecé a tomar los consejos de ellos. En cuanto a la organización, en cuanto al foco, en cuanto al tiempo, en cuanto a decidir antes de mi trabajo dónde estaba la mejor Internet, buscando los enchufes. Yo me consideraba la mejor buscadora de enchufes. Llegaba a un lugar y no miraba la mesita, sino los enchufes: la mesita que tuviera un enchufe al lado. Bueno, ellos me enseñaron un montón en la organización, en la productividad, en el manejo y en la gestión del tiempo, algo que aquí también en la membresía hablamos mucho.
¿Cómo gestionar el tiempo? Estás a cargo tuyo todo el día, entonces sos tu propio jefe, de alguna manera sos la persona que está diciendo ahora sí, ahora no.
Para mí ese fue un momento bisagra de mi itinerancia, el primer momento de decir: ¿qué estoy haciendo aquí?
Dame algunos puntos, así como a modo de resumen, de qué cosas aprendiste sobre trabajo con nómades digitales expertos en Indonesia.
Eugenia: Bien, bueno, lo primero, yo te diría, es cómo se organizan. Dedican una parte del día, la primera parte del día. Por ejemplo, antes de que ellos se empezaran a conectar con sus empresas, tenían 1 hora de organización de cómo iban a organizar cada una de las reuniones y su dinámica del día, pero estaba pautada. Ellos me mostraban su agenda porque yo les decía: mostrame tu agenda.
Y en esa hora que estaban con el cafecito o que estaban charlando con otros nómades, estaba pautado cómo se iba a organizar el día. Y después, organizaciones semanales, mediciones de cómo iba su trabajo, métricas que para mí no existían. Y también las mejores cosas para después, en la vida itinerante, conseguir los lugares para comer más barato. Por ejemplo, me decían: bajate esta app, Too Good To Go. Yo me bajaba la app, me explicaban cómo usarla. Bueno, desde las cosas.
Prácticas a las cosas más organizativas. Obvio, para ellos era muy increíble que yo fuera, digamos, una terapeuta, podríamos decir, nómade digital. No era como pensaban, que yo formaba parte de alguna empresa, y yo no formaba parte de ninguna empresa. Entonces la pregunta era: ¿cómo te organizás, cómo combinás los distintos husos horarios, cómo organizás tu día? Todo eso me lo enseñaron ellos.
Magali: ¿Qué porcentaje de tus pacientes o clientes anteriores tuvo que rotar porque vos empezaras a trabajar itinerante?
¿Qué pasó con sus pacientes al irse a viajar?
Magali: Guau, es una buena pregunta. Bueno, yo te diría que lo que tuvo que tener un cierre fue toda la población de niños pequeños y familias. Eso fue un trabajo que me llevó más de 6 meses antes de irme. Así que toda esa parte atesorada del consultorio, porque yo la amo profundamente, la tuve que dejar. Y después, con cada una de las personas que acompaño, tuvimos largas conversaciones para ver si la vida que yo iba a proponer, digamos, el acuerdo de la virtualidad, estaba acorde al momento en el que ellos estaban o no.
Así que hubo cambios. Poquitos, te diría, muy poquitos, porque veníamos teniendo todo el entrenamiento de la pandemia y teníamos todo un vínculo construido. Entonces todos queríamos seguir estando juntos de alguna forma. Entonces no hubo tanta población que se perdió.
Hubo una rotación básicamente de niños y familias. Eso sí.
Bien. Porque también es esto: si hubiese sido el caso donde vos me decías que el 50% de mis pacientes, de las familias, no los podía seguir atendiendo porque no querían o porque no funcionaba, también es otra situación de cómo te preparás vos, porque tenés que salir a conseguir esos nuevos.
Eugenia: Absolutamente, absolutamente. Y también yo creo que hay una cosa no menor, no menor, que es que cuando yo llego a Australia y empiezo a convivir con hijos, amigos y gente que vive el espíritu australiano, lo primero que me enseñaron fue que mi balance entre trabajo y vida, digamos, dedicarme a escribir, que me encanta, dedicarme a caminar y dedicarme a cosas que me interesan mucho, a leer o a investigar sobre temas, estaba súper desbalanceado, súper desbalanceado. Entonces ahí tuve el primer impacto, porque yo diría que el novio de mi hija fue como mi primer eje, cuando me decía «it’s your time», y me miraba como diciendo: es tu tiempo, ¿estás registrando que es tu tiempo? Y yo no tenía ese registro. Así que fue todo un aprendizaje, porque dije: a ver cómo hago para instrumentar cuidar más mi tiempo, y al mismo tiempo trabajar, y al mismo tiempo hacer la vida itinerante, y al mismo tiempo poder acompasar toda la exigencia que implica la vida itinerante también, ¿no?
¿Cómo equilibrar trabajo y vida itinerante con husos horarios distintos?
Eugenia: Lo que pasa es que mi vida itinerante ha tenido un plus, que es que muchísimas veces yo he estado en casas. El 90% de las veces he estado en casas, ya sea de mis hijos, de familia, de amigos cuando estuve en Europa. Y cuando estuve en Indonesia, Vietnam, Tailandia, en hostels, haciendo vida backpacker de pura cepa, yo diría pura backpacker, durmiendo en hostels de habitaciones de 6 mixtas, y que yo llegue con mi carry-on y sean 5 varones y yo. Promedio de edad, 25, 30 como máximo, y 62. ¿Qué tal?
Magali: Ahí llegó la señora. Además, hay algo de esto del balance vida trabajo. Yo creo que a cualquiera que esté escuchando este podcast le va a pasar, que todos estamos desbalanceados hacia el trabajo también. Somos de Latinoamérica, eso no es menor. Australia es el primer mundo, funciona distinto, tienen otros sueldos, otras necesidades cubiertas, es diferente. Entonces tiene todo el sentido del mundo que además vos, siendo profesional independiente, estés desbalanceada y sea más trabajo que vida. Además, bueno, en Buenos Aires no tenemos mucha naturaleza. ¿Entonces para qué?
Eugenia: Totalmente, totalmente. Ya venía desbalanceada y ahí comenzó mi tarea de buscar un balance.
Y bueno, y sigo en esa tarea de buscar un balance, de crear una manera de estar organizada con el trabajo y con la vida itinerante y poder llevarla adelante al mismo tiempo, ¿no?
Magali: Viste que hay un preconcepto con los nómades digitales, que es que no se trabaja, que se trabaja desde la playa. Nunca nadie trabaja desde la playa. ¿Cómo es una rutina tuya de trabajo?
Del otro lado del mundo, porque con Australia y Argentina son prácticamente 13 horas, y llegué a estar a 16 horas de diferencia, 16.
O sea, era una locura. Pero con Europa tengo, si estaba en Australia, 9 horas, y si estoy en Argentina son 5; ahora estoy con 5 horas. Yo vivía de esta manera: si estaba en Australia, me levantaba a las 6 de la mañana y empezaba a trabajar hasta las 11, y después trabajaba de 7 a 12 o 1 de la mañana. Cuando estoy en Europa era todo entremezclado, porque tenía pacientes muy temprano a la mañana, muy tarde a la noche y en el medio del día. Entonces, en los 6 meses que estuve viajando por Europa, estaba ahí.
Bueno, haciendo rutinas que concentraran en días, y no todo el tiempo un picoteo en la semana. Me acordaba de lo que había aprendido con los nómades digitales, que es organizar la semana: cómo va a ser en función de toda la tarea, cómo van a ser los horarios. Y en función de eso, porque aparte por ahí había un viaje, había un traslado, había un montón de variables que hay que contemplar, porque el tren llega, pero por ahí se retrasa o por ahí pasa algo, y entonces todo el organigrama cambia. Entonces eso es algo a lo que yo le dedicaba mucho tiempo, le dedicaba tiempo a organizar semanalmente las horas, y empecé a usar el Google Calendar. Eso también.
Lo aprendí en la membresía, lo aprendí con los nómades. O sea, muchas herramientas que estaban lejos de mi mundo.
Y quiero decir, con respecto a este mito de que los nómades digitales no trabajan y que están en la playa, yo soy testigo de cómo trabajan. Trabajan un montón, y se reúnen y discuten y trabajan y hacen brainstorming y están en el cowork. Trabajan un montón, pero es otra manera de trabajar.
Bien, Euge, ¿cómo hacemos para cerrar este capítulo? ¿Qué palabras finales querés compartir con los oyentes?
¿Qué significa peregrinar para Eugenia Camuña?
Magali: Ay, qué lindo. Bueno, primero agradecer, agradecerte por el espacio, por poder compartir, agradecer por todo lo que hacés con la membresía y con Tiene que haber algo más, porque estás uniendo personas y uniendo historias para que la gente pueda cultivar lo que tenga ganas de cultivar. Entonces me parece que eso tiene un valor inmenso. Creo en la sinergia entre la gente, y en que si compartimos nuestros aprendizajes vamos ayudando a otros. Entonces eso, primero, agradecer. Y agradecer el hecho de poder estar acá y poder participar de Tiene que haber algo más, en la membresía también, y todo lo que aprendo con vos y con todos mis compañeros y con la gente que invitás. En segundo lugar, yo diría que no hay edad para seguir animándose. Que trabajemos para que se abran las fronteras y que nuestras edades cronológicas no nos limiten. Que podamos abrir nuestra frontera cronológica y nutrirnos de otros y de otras fuentes de vida, de aprendizaje, de maneras de vivir, de pensar y de todo eso. Y tercero, te diría que, bueno.
Que para mí peregrinar es celebrar el tiempo, y siento que estoy celebrando el tiempo, que tiene que ver con esto que decíamos antes: es llegar a donde sopla el espíritu, un poquitito más filosóficamente. Eso es peregrinar. Creo que mi viaje se está armando así, y conectar con algo que está por encima de nosotros, que para algunos puede ser la naturaleza, para otros puede ser Dios, para otros puede ser el universo o lo que sea. Pero yo creo profundamente en esa vocación peregrina. Y por último, diría algo con lo que terminé mi video cuando cumplí 60, que tenía una frase que decía: quiero mantener mi pluma afilada, mi corazón abierto y mi piel fina.
Hermosa. Me encanta. Gracias, Euge, por venir. Yo disfruto mucho hablar con vos. Cada vez que te cruzo virtualmente en algún contexto me voy como con el espíritu renovado. Tenés como algo muy contagioso, que probablemente le pase a quien esté escuchando este capítulo, ¿no? Escuchás las historias de ella y de pronto decís: ¿cómo puedo yo también cuidar casas? ¿Cómo ir en moto en Vietnam, si ella lo está haciendo?
Yo también quiero tener esas anécdotas. Hay algo ahí que te hace el espíritu más liviano. Eso. Así que un placer tenerte aquí.
Eugenia: Gracias, gracias por eso, porque si hay algo que tiene la itinerancia, más allá de la logística, es el contacto con lo liviano.
Magali: Me encanta, hermoso. Gracias, Euge, te mando un abrazo.
Eugenia: Gracias a vos. Un abrazo gigante. Gracias, gracias, gracias.
Magali: Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo el capítulo con alguien a quien le pueda servir.
Acordate que todas las semanas comparto ideas en el correo de Tiene que haber algo más. Escribo sobre mis recomendaciones y el detrás de escena de la comunidad y el podcast. Lo mando todos los jueves directo a tu bandeja de entrada. Anotate vos también en el correo de Tiene que haber algo más. Nos vemos la semana que viene.
Sobre Tiene que haber algo más
Unite a la comunidad exclusiva de Tiene que haber algo más
Abrimos el curso en vivo Transformá tu carrera para tener un trabajo remoto. Inicia 13 de mayo.
Recibí el correo con oportunidades de trabajo remoto. Todos los martes
ESTEMOS EN CONTACTO
💌 Recibí el newsletter semanal
OTRAS ENTREVISTAS
Magali Lefcovich, Fernando Raimondi, Marina Ponce, Lala Pasquinelli, Julián Bender, José de La Luz López, Eliana Bracciaforte, Martha Belden, Paulina Herrera, Jose Maria Barrero, Noelia Aguirre Fernandez, Mario Romero, Guillermo Pepe, Paula Cardenau, Paula Cristi, Miguel San Martín, Melina Masnatta, Estanislado Bachrach, Max Goldenberg, Galdys Mezrahi, Manu Malvezzi, Juani Chereminiano, Anabel Navarro, Mai Pistiner, Ingrid Briggiler, Geni Ramos, Ady Beitler, Pol Rodriguez, Connie Ansaldi, Catalina Rengifo Botero, Matias De Caro, Liliana Quartino, Andrea Burt, Andy Clar, Marlene Molero, Cal Newport, Tomás Volonté, Nacho Rodriguez, Rebecca Cox, Helle JeAlex Boccara, Carolina Samsing, Gustavo Rodriquez, Santiago Nandin, Natasha Spitzer, Daine Garza, Santiago Grassi, Gaby Natale, Miriam De Paoli, David Smolansky, Silvia Haba, Pepe Villatoro, Sebastian Javelier, Kike del Río, Enzo Cavalie, Isela Costantini, Alex Llull, Luis Moreno Ocampo, Tito Yoan, Juan I. Solera, Edith Eger, Martina Flor, Martin Wainstein, Adolfo Berraquero Nomadito, Aniko Villalba, Charo Vargas Charuca, Matias Peire GRIDX, Luciana Reznik Wolox, Laura Lichtmaier Simones, Luli Invierte, Gerry Garbulsky, Magali Bejar, Talin Terzakyan, Floxie, Matias Pierrad, Marina Diaz Ibarra, Valentin Muro, Carla con Wifi, Maria Sajim SinOficina, Pablo A Gonzalez El Gato y La Caja, Alejandro Melamed, Pepe Garcia El Estoico, Agostina Trovato, Bosco Soler Sinoficina.com, Sebastian Siseles Freelancer.com, Liz Ribot Outsite, Gabriel Marcolongo Incluyeme.com, Soma, Santiago Bilinkis, Sergio Sala, Dani Dini, Santiago Magnin Deinmobiliarios.com, Sofia Contreras, Ian Teperman Seeds, Matias Burstein Calm, Diego Pereyra Medivac, Sir Chandler, Adriana Tech, Ale Marcote, Fredi Vivas Rocking Data, Eliana Bracciaforte Workana, Manu Malvezzi Club Solidario, Meme Pigretti, Agustina Paz, Caro Composto, Agustin Di Luciano Nexton, Agustina Irure
Recursos gratis para tu próximo paso
Preguntas frecuentes sobre este episodio
¿Quién es Eugenia Camuña y de qué habla en este episodio?
Eugenia Camuña, es psicóloga clínica con más de 30 años de experiencia en acompañamiento de niños , adolescentes y adultos con foco en el despertar de las cualidades afectivas.
¿Dónde escuchar el episodio completo con Eugenia Camuña?
El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.
