Greta Marcucci.

Greta Marcucci es una arquitecta que emigró de Argentina a España. Acompaña a empresarios gastronómicos a abrir o reformar su restaurante con un diseño rentable haciendo el servicio 100% de forma digital y remota. 

Supo cómo usar las herramientas y experiencia que le dió trabajar como camarera durante el primer tiempo en España a su favor, entendiendo las necesidades del rubro y generando soluciones para sus clientes.

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De qué hablamos con Greta Marcucci

  • La necesidad de tener algo que contar sobre su vida.
  • Su primera experiencia de emigrar a España.
  • Pensar distinto y preguntarse ¿Por qué?
  • Transformar su vida y relaciones viviendo en Ibiza.
  • Cómo mutó su profesión después de llegar a España. Trabajar como camarera.
  • Trabajar nuevamente como Arquitecta en relación de dependencia.
  • Diferencias siendo Arquitecta en Argentina y en España.
  • Cómo combinó sus habilidades y experiencia para ofrecer asesorías para reformar restaurantes.
  • Construir su profesión para que funcione en base a sus expectativas y estilo de vida.
  • Incluir Design Thinking en su trabajo.
  • Errores que cometió en su profesión.
  • La importancia de hacer foco y detectar un nicho.
  • Usar marketing de contenidos para conseguir clientes.
  • Objetivos para mejorar su estructura de negocio.

Recomendaciones del invitado:
  • Antifrágil (Libro) 

Transcripción

Greta Marcucci es una arquitecta mendocina que emigró a España, trabajó cinco años como camarera en Ibiza y hoy acompaña a dueños de restaurantes a reformar su local con un diseño rentable, de forma remota. En el episodio cuenta cómo combinó esas experiencias, usó design thinking para armar su servicio, eligió un nicho y sale a conseguir clientes.

Introducción

Greta: Creo que para cualquier persona que esté escuchando y que esté pensando o esté en alguno de estos momentos, digamos que todavía no haya avanzado lo suficiente como para darse cuenta de que el camino que ha recorrido ha valido, está bueno que trate de perderles un poquito el respeto a los momentos malos, que no se los tome tan en serio. Hay data valiosa.

Y no es tan malo al final de cuentas, pero en ese momento, en el momento en el que lo estás viviendo, para aliviarte la carga.

Magali: Hola, soy Magali Bejar y esto es Tiene que haber algo más. Acá desarmo la historia de profesionales valientes que transformaron sus carreras. Como buena ingeniera, analizo el camino para entender cómo lo hicieron. Si vos sos un profesional avanzando en tu carrera, quizás querés trabajar remoto toda la semana. Mando un email con búsquedas de trabajo remoto abiertas para que encuentres tu próximo desafío laboral más flexible. Son búsquedas no técnicas de 15 áreas diferentes, tanto en español como en inglés.

Si querés recibir el próximo, anotate en el enlace en la descripción de este capítulo. Estamos escuchando a Greta Marcucci. Ella es arquitecta, emigró a España y acompaña a empresarios gastronómicos para abrir o reformar un restaurante con un diseño rentable, haciendo el servicio 100% de forma digital y remota. Tengo la ventaja de conocer a Greta porque fue de las primeras participantes históricas que se sumaron a la membresía, así que pude escuchar algunas de estas historias antes de que salga el podcast e ir viendo su recorrido todas las semanas.

En esta conversación hablamos de cómo es la realidad de migrar siendo un profesional, qué trabajos tuvo cuando empezó a viajar y cómo armó el servicio para empresarios de forma virtual. Atención, que esta es solo la primera parte de la conversación. La segunda es solo para los participantes de la membresía Tiene que haber algo más. Vamos con la conversación con Greta y, cuando termines, contame: ¿qué te pareció este capítulo?

Hola, Greta, bienvenida a Tiene que haber algo más. Gracias por venir a conversar conmigo.

Greta: Hola, Maga, gracias a vos por invitarme. Un placer.

¿Qué hacer cuando sentís que tu vida no tiene una historia para contar?

Magali: Quiero que empecemos con qué es lo que vos veías de, vamos a decirle, tu vida anterior en Mendoza, Argentina. ¿Qué era lo que no te cerraba de eso que te llevó a cambiar?

Greta: Vivía un poquito atrapada en una vida así como matrimonial, que armé con una propuesta de hijos, a los que siempre me preguntaba qué historia les iba a contar si yo había pasado toda mi vida súper plano. Viví toda mi vida en el mismo barrio, fui al mismo colegio, fui a la misma universidad, tuve el mismo novio, el único toda mi vida, desde mis 16 a mis 30 años. Entonces es como: ok, ahora tengo hijos, ¿y de qué les voy a hablar? No hice nunca una aventura, no tuve nunca una cosa loca, nada.

Magali: ¿Y qué hiciste con eso? Porque es mucho más fácil entender cuando falta algo que decir cómo lo solucionás.

Greta: Total. Eso arranca en un estado medio nebuloso. Aparece, viste, en el horizonte como pregunta, teñido por la historia que yo tenía en esa vida, que era la única que conocía, aparte. Así que no hice nada, lo escuchaba, y no me conocía tanto en ese momento como para entender que era potente lo que me estaba pasando. Normalmente, si te está pasando eso, hoy se me revelan: al principio las ves de lejos y se van acercando lentamente esas preguntas o esas sensaciones en el cuerpo, que yo no sabía que existían, que se escuchaban y que daban información. Así que no hice nada, lo dejé estar un poco. Pero viste, como intentar hundir un flotador: trata de salir por cualquier parte.

Así que trataba de salir de mil maneras. Y fue a partir de una invitación que me hace uno de mis hermanos. Yo soy la menor de cuatro, y mi hermano Juan, que es el que nació antes que yo, vivía en Londres y manejaba restaurantes. Él es chef, estudiaba la licenciatura en administración gastronómica y hacía eso en Londres. Tenía que abrir, del grupo para el que trabajaba, un restaurante en España, y él ya sabía de mis ganas de hacer alguna experiencia antes de encarar estos hijos que vendrían. Me llamó y me dijo: «Mirá, tengo que contratar el personal, no necesitás inglés, sos mi primera empleada si estás de acuerdo». Y él también, mi ex. Así que fue como: «Vale, sí, a morir, vamos».

Total, eran cuatro meses y terminó siendo un año y un mes esa experiencia.

Magali: Bien. ¿Tenías en ese momento referentes, que puedan ser personas reales cerca tuyo o quizás personas de Internet, que decías: «Esta es la vida que me gustaría tener» o «Hacen cosas que me gustaría poder hacer»?

Sí, un gran amigo de la facultad que se llama Mauricio, que siempre fue un tipo arrollador, viste. Todo lo que se le ocurría lo emprendía, mutaba de piel con una facilidad brutal. O sea, un día era un empresario voraz y al otro día empezaba a hacer un curso de fotografía y el tío entraba en personaje total, ¿me entendés? Y se comprometía mucho con la labor de lo que aprendía y lo que eso implicaba.

Y lo llevaba al extremo. Tipo, empezó a estudiar fotografía, se fue a Brasilia, fotografió todo Brasilia y sacó un libro con eso con Idea.me. En ese momento lo empezó a promocionar por Facebook y sacó un libro con eso. Después, no sé…

¿Por qué preguntarse siempre por qué cambia la forma de vivir?

Magali: ¿Qué decía la gente a tu alrededor? No sé si planteabas esto como: «Che, no estoy lista para tener hijos, quiero tener una aventura». ¿Lo podías charlar y qué te decía la gente a tu alrededor?

Greta: No muy piola, porque en mi familia, por ejemplo, a ver, mis viejos tienen las estructuras que tiene cualquier padre y esas cosas, pero a la vez es mi papá el que más sorprendido estaba cuando yo me lancé a esta vida poco convencional, digamos. Pero es, al mismo tiempo, el tipo que toda la vida me hizo repreguntarme 25 veces.

El porqué de las cosas. Siempre su frase era como: «No te comas la comida masticada». Entonces digo: pucha, al final él, que fue el que más me impulsó a pensar de esta manera, ahora está tan sorprendido. Yo creo que mis mayores señalamientos, viste, han venido por ahí, porque aprendí a pensar de esa manera.

Como: «Bueno, ¿pero por qué? ¿Pero por qué?». En plan bien, no de rebelde sin causa. Como: «Bueno, pero a ver si me gusta así o hay alguito que se pueda mover». Y eso agota a la gente normalmente, porque es más fácil, y a mí no me resulta más fácil, adquirir las cosas como vienen. En algunas ocasiones se me pasa de mambo y sería… Muchísimo más práctico para mí dejarlo como está. De hecho, es un ejercicio que hace mucho tiempo estoy tratando de hacer: «Bueno, esto dejarlo así, está bien esto también». En mi adolescencia o en mi juventud universitaria, que uno está así efervescente con aprender ideas y con desarrollar sus propias ideas, ahí fue brutal. Y ahora, más adulta, navego entre los grises con muchísima más… Más facilidad y más honestidad, la verdad, porque para ser muy radical hay que ser uno muy recto, y no tengo esa rectitud.

Magali: ¿Cómo decidiste mudarte a España?

¿Cómo es mudarse a Ibiza y empezar de cero?

Magali: Mirá, yo me mudé a España de una forma medio paulatina. O sea, yo hace 5 años que vengo a Ibiza o a España, pero no hace 5 años que vivo fija acá: hace uno. Digo fija porque a partir de este primer viaje que hice se cerraron un montón de etapas en mi vida y se abrieron otro montón de las que no tenía absoluto conocimiento de qué se trataban. O sea, esto que te puse en contexto: que viví siempre en el mismo barrio, amigos de toda la vida desde los 3 años, el colegio desde que empecé hasta que terminé, la misma pareja, todo tan, tan permanente, tan estable.

Y de repente me mudé a una isla. O sea, yo vivo en la montaña, me mudé a una isla con mar. Nada que ver con el mar, no sé ni nadar en el mar, y me mudé a una isla con mar, donde se trabaja, donde se vive por temporada. Esto explota en el verano y se transforma en un pueblo en el invierno. Yo vivía en una ciudad turística. Ciudad turística, o sea, pueblo cero.

Ciudad turística que funciona todo el año, estable su turismo, porque para cada estación tiene una cosa que ofrecer. Esto es otra cosa. O sea, todo cambió tan radicalmente en mi vida. Empecé a trabajar de camarera cuando trabajaba de arquitecta. Empecé a tener amigos y amores efímeros de temporada que desaparecían del mapa, cuando yo estaba acostumbrada a tener vínculos súper, súper profundos y de años. Cultivar muy desde la raíz las cosas, ¿viste? No estaba acostumbrada a arrancar la flor y dármela. Yo soy la que hacía el agujerito, plantaba la semilla y le echaba agua durante toda su vida, viste, a todo lo que he hecho.

Entonces el trabajo de mirar más en superficie es muchísimo más complejo en realidad de lo que parece. Ahora que te pongo así más en contexto: mudarme acá pasó más o menos igual, se fue gestando sin querer. Estaba bastante perdida porque no entendía qué me pasaba ni qué sentía. Tenía que reformularme entera. Entonces, por primera vez, me permití estar perdida, no hacerme cargo de nada, todo lo que era permanente empezar a dejarlo en su lugar y yo vivir solo con una mochila, literal.

No así como la épica real. O sea, no cargaba más peso que el que mi mochila pudiera cargar.

Y empecé a ir y venir y a improvisar.

Era muy nuevo eso para mí, hasta que me cansé un poco.

¿Qué aprende una arquitecta trabajando de camarera en España?

Magali: Contame cómo fue. O sea, arquitecta, trabajabas de arquitecta antes, ¿cómo es esto de mudarte saliendo de tu país y de pronto pasar a trabajar de camarera? Porque debe haber mucha gente escuchando esto que no sé qué se imagina de emigrar, ¿no? Y hay veces que la carrera también muta, puede ser temporalmente o para siempre, por el país en el que estás.

Greta: Bueno, para mí fue un ejercicio de humildad, una cachetada de humildad, ¿viste? Y un ejercicio de colocación del ser muy grande, porque… Porque tenía un ego puesto en ser arquitecta. Y no te voy a negar que muchas veces, yendo a atender una mesa que me trataba mal o que me miraba medio feo o lo que fuera, me quería morir. Viste, como que yo decía: «¿Cómo yo, si soy arquitecta, le tengo que estar sirviendo a este que probablemente no sé…?». Y con qué lo comparaba tampoco lo quiero decir, porque me avergüenza, porque no son cosas que hoy piense así. Y hoy lo que me pasa es que estoy súper agradecida, porque aparte, para mí, eso tiene un componente muy potente, que es que me acercó mucho a mi hermano, porque él me enseñó a trabajar de esto, y él es una persona híper, un líder nato, y es muy inspirador.

Es esa gente que todo el mundo quiere, viste, en los trabajos se va siempre súper, es un amor. Entonces me enseñó a verlo con una pasión… Y yo soy una entusiasta también. O sea, yo me subo a todas y me las re siento. Entonces esa combinación de cosas hizo que me superapasionara. Lo disfruté un montón cuando empecé a poder disfrutarlo, y después lo que me pasa es que hoy lo vivo con un montón de orgullo, porque al final pienso que las cosas que vamos aprendiendo entran a una caja de herramientas y que… Cuando tengas que clavar un clavo vas a sacar un martillo, ojalá lo tengas. Porque no es muy fácil clavar un clavo con una pinza, y a lo mejor vos tenés pinza y tenaza y acá te hace falta martillo. Bueno, yo tengo pinza, tenaza, martillo, tengo qué sé yo, un montón de cosas. Aparte, por ejemplo, otro aprendizaje indirecto que no esperaba fue forjar un poquito el carácter, o aprender medio brutalmente de inteligencia emocional, porque hay etapas del servicio que se ponen muy picantes, que hay mucha tensión y que todo tiene que salir como sea en un período de tiempo muy corto, y bien.

Y si no, alguien te lo hace saber. Mucha gente te lo hace saber: la mesa, tu superior, tus compañeros, porque es una cadena de calidad que se va rompiendo a medida que cada uno se retrasa. Entonces, bueno, eso es espectacular, verlo suceder desde adentro.

Magali: Hago una pausa en este capítulo para contarte una novedad. A mí lo que me pasaba en mis primeros años de carrera era que sentía que la persona que yo podía ser en una entrevista y todo el valor que le podía agregar a una empresa no se transmitía ni en mi currículum ni en mi perfil de LinkedIn. He mandado cada currículum que tenía errores, formatos desactualizados que no jugaban a mi favor. Entonces tuve que pasar años iterando y aprendiendo todo eso hasta poder destacar quién era yo fuera de Internet, para que se pudiese mostrar quién era y el potencial que yo podía agregar. Si aún te pasa algo parecido, es muy normal, porque de pronto toda nuestra información está en Internet y antes nunca lo tuvimos que hacer.

Sobre todo si vos trabajás tanto en relación de dependencia como freelance, todo el tiempo tenés que mostrar cuál es el valor que agregás para conseguir oportunidades. Ahora abrimos una masterclass para que en 2 horas podamos recorrer todos estos conceptos de presencia online: cómo hacer tu LinkedIn, tu CV, si tener o no una web personal o tu portfolio, y cómo destacarte entre la cantidad de personas que están compitiendo por las mismas oportunidades que vos.

Si esto resuena con vos, es una clase en vivo de 2 horas conmigo que vamos a hacer el 17 de junio de 6 a 8 PM, horario de Argentina y Uruguay. Como es en vivo, tenemos la posibilidad de tener un espacio de preguntas donde podés venir con tu caso, y analizamos casos muy, muy concretos para que te lleves toda la información que necesites y la puedas usar. Si te querés sumar, te podés anotar en tienequehaberalgomas.com/linkedin y ahí está toda esta misma información que yo te estoy contando. Espero verte ahí. Y ahora sí, volvemos con el capítulo. ¿Cómo hiciste para volver a trabajar de arquitecta?

Greta: En este país y en esta isla en la que yo vivo falta mucha gente para trabajar y hay muchas industrias que trabajan. Entonces tengo la fortuna de que simplemente desearlo e ir a hacerlo es muy fácil. Pero hay un logro que fue muy importante para mí acá: no fui a pedir trabajo.

¿Cómo conseguir trabajo de arquitecta en una empresa en España?

Greta: Cuando decidí quedarme, salí del mundo de la hostelería porque dije: «Bueno, ya para un trabajo a largo plazo sí me comprometo a trabajar en una empresa que me vaya a formar». Antes no lo había hecho por ese motivo, porque no me parecía honesto, si yo me iba a quedar solo un período de tiempo y ya lo sabía, entrar a una empresa, que gasten tiempo en formarme y yo a los 6 meses irme, ¿viste?

No me parecía que estuviera bien. Así que preferí siempre quedarme al margen. Cuando decidí quedarme dije: «Bueno, ahora sí voy a trabajar en una empresa». Y yo tenía fichadísimo dónde quería trabajar.

Entonces lo googleé. Investigué toda la empresa, a ver cómo era, qué hacían. No entendí del todo bien, pero yo sabía que hacían cocinas industriales, que era lo que a mí me gustaba. El resto no lo entendía mucho.

Ahora que ya hice eso, sé que hay que investigar al dueño, por ejemplo, y saber quién es y qué lugar ocupa acá, y eso no lo hice. Fui re verde con ese tema, pero no me perjudicó nada. En su momento era la primera vez que hacía esto y me daba mucha vergüenza llevar los currículums en persona. Siempre soy de las que los tira por cualquier otro medio que no sea en persona. Y hablé con gente.

Con todo el mundo que conocía nativo de Ibiza le dije: «Che, ¿qué onda con este lugar? Porque yo quiero entrar a trabajar ahí». Y acá todo el mundo se conoce con todo el mundo, es la ventaja del pueblo, ¿viste? Pero no fue por ahí. Fue que, como no encontraba el mail en ningún lado, me fui hasta la puerta de la empresa en el auto, con el currículum en la mano, diciendo: «Entro, no entro, entro, no entro». Y dije: «No, no entro». Y en una camioneta en la puerta, de las camionetitas que tienen ellos, veo el correo y dije: «Bueno, lo mando desde acá». Y tuve así como un gran momento de iluminación.

Fui muy buena en el mail. En el mensaje que envié dije: «Hola, buenas tardes, soy Greta Marcucci, soy arquitecta. Creo que podría ser útil para trabajar en una empresa como esta, así que no te quito más tiempo. Aquí tienes mi currículum, mi portfolio», y todo eso en PDF. Le puse: «Y además tengo un joven proyecto de reforma de restaurantes que lo puedes ver en este Instagram y en esta web. Si algo de esto te hace sentido y crees que sería bueno que nos reuniéramos, puedes escribirme por este medio o a mi teléfono personal».

Muchas gracias.

Magali: ¿Y respondieron?

Greta: Sí, respondieron. Lo vi como 3 días después y empecé un proceso de entrevistas. Hice una, hice otra y ya a la tercera revelé que yo estaba en otro proceso en IKEA para entrar al departamento de Com&In, que le llaman ellos, que es comunicación y diseño, para encargarme del montaje de las exposiciones.

Magali: Qué lindo eso.

Re, re. Pero bueno, es mundo corporativo, eso ya, ¿viste? Es otro mundo. Y yo tengo una amiga arquitecta que trabaja en Starbucks, entonces con ella me iba más o menos orientando sobre qué era este mundo, que me explicara un poco este universo. Y la verdad es que no me interesaba tanto, porque no es mi búsqueda crecer en el mundo corporativo ni como dependiente.

No estoy en ese plan. Entonces, bueno, le dije: «Mirá, estoy en otro proceso de selección y es o ustedes o ellos, porque no me quiero quedar sin nada. Tengo tiempo para responderle a la otra empresa hasta tal fecha. Te pido por favor que aceleremos un poquito esto. Si ya tienes una respuesta, dámela, y si no, consigamos el sí o el no para que yo pueda dar el sí o el no en el otro lugar». Y me contrataron.

Bien, perfecto.

Está bueno este ejercicio que hiciste de hablar con otras personas que ya trabajan en lugares distintos para entender si esa carrera va con vos o no. Porque ahí te ahorraste de 2 a 5 años de vivirlo vos misma hasta decir: «Yo no quiero estar en un lugar muy corporativo».

Greta: Total, total. Y fue… Fue medio intuitivo, ¿viste? No sé, la verdad, de dónde. Yo creo, ¿sabés qué me pasa? Que soy muy buena recolectora de data. Entonces a mí me pasa que voy escuchando cositas por ahí, me van quedando en un segundo plano y después me disparan ideas. Pero sí me alcanza como para que me hagan el ruido suficiente para saber que ahí hay algo más, que tiene que haber algo más, y que lo puedo ir a preguntar a alguien.

Entonces conecto y digo: «Si esto es corporación, yo he escuchado esto. ¿Qué onda con cómo son estos? ¿Tienen este formato de trabajo que yo he escuchado? A ver, Valeria, ¿qué onda con esto? Mirá, ¿conocés la empresa?». «Sí, mirá esto, ta, ta, ta». Y me empezó a llenar de información y dije: «Ok, no es para mí».

¿Qué diferencias hay entre ser arquitecta en Argentina y en España?

Magali: ¿Qué diferencias viste entre ser arquitecta en Argentina y en España?

Greta: Que acá en España, no sé si es porque gozan de recursos económicos o de una economía estable, vamos a decir mejor, y eso permite otra formación en las empresas, o si es porque la magnitud de la empresa en la que trabajo es mayor a la que trabajaba antes.

O por qué, pero está todo muy segmentado.

Y me gusta, me parece bueno en un punto.

Por ejemplo, nosotros tenemos el departamento comercial, que levanta clientes o hace el primer contacto con alguno que se acerca a nosotros. De ahí se distribuye a la oficina técnica, que soy yo y mis compañeros. Los trabajos se reparten para encarar la parte técnica. En el caso mío, que me dedico, perdón, a diseño de cocinas industriales, según los requerimientos que me pasa el comercial, rearmo esa cocina, hago lo que tengo que hacer, lo presupuesto y lo vuelvo a enviar al comercial para que él siga con la negociación de la venta.

Y claro, eso me resulta raro porque me deja incompleta la patita del contacto con el cliente, por ejemplo. A veces se me llena de preguntas la cabeza cuando estoy enfrentando un problema, porque la data que me llega me llega filtrada. Pero, por otro lado, me libero de un montón de problemas para encargarme de la parte técnica exclusivamente, sobre todo cuando llega el período de montaje de las cocinas, que requiere armado de documentación, seguimiento de los equipos de trabajo.

¿Cómo nació la consultoría para reformar restaurantes?

Greta: Un montón de tareas de las que el comercial no tiene por qué ocuparse, son mías.

Magali: ¿Cómo decidiste empezar vos a dar consultorías para reformar restaurantes?

Porque combiné lo que sé como arquitecta, los 5 años que estuve trabajando de camarera y un… Un curso de negocios para arquitectos que compré en el 2022. Una de las cosas que decían para elegir la industria que quisiéramos encarar, la persona que imparte el curso decía: «Tiren de donde ya conocen. No se larguen a meterse en un mundo…». No sé, a mí me mandás ahora a… Yo te digo: «Mirá, yo me voy a encargar de refuncionalizar los boxes de Fórmula 1». No tengo ni idea, solo sé que es un auto chatito, bajito, que va muy rápido y corre una carrera, no sé nada más. En cambio, me hablás de restaurantes y yo sé todo y más de eso, porque aparte invertí muchísimo tiempo en observar, y lo puedo vivir. Lo he vivido y lo puedo vivir desde muchos lugares.

Soy arquitecta, tengo esa mirada. Soy camarera, bueno, soy camarera solo que no lo estoy haciendo, pero… Si mañana me tengo que ir a trabajar de eso, no me falta ninguna habilidad, digamos, estoy todavía bien de camarera. Soy comensal, o sea, yo voy a restaurantes a comer. Y ahora encima la parte que me faltaba, que era la cocina, que ahí se mete más la parte del chef y tal, que no soy, la estoy pudiendo abordar desde este otro lugar. Le conozco todas las aristas.

Y dije: «Bueno, ¿para qué me voy a meter en problemas que no tengo, si tengo este, que encima es un mundo que me parece alucinante?».

Está buenísimo. Lo que me encanta es que es todo virtual. Explicame esto, porque quizás hasta acá alguien pensaba: «Bueno, vas vos presencialmente y hacés no sé qué». Que sea un servicio de consultoría de reforma 100% virtual y digital me parece espectacular.

Greta: Mirá, eso tiene que ver con que, así como te hablé antes de las herramientas, yo creo que la profesión es eso justamente, y que ella me tiene que servir a mí, no yo a ella.

Lo que a mí me pasó durante toda mi vida trabajando como arquitecta es que es al revés. Vos vas detrás de los problemas todo el tiempo. La manera en la que está diseñado el ejercicio profesional, así por defecto, es brutal. Vos vas detrás del problema todo el tiempo y no te sirve a vos la profesión: vos servís a la profesión todo el tiempo. Y la gente se quema y la odia mucho, y vas a un cumpleaños, contás que sos arquitecto y siempre alguien tiene una anécdota para contarte de alguien que se hizo una casa y la pasó pésimo.

Cuando debería ser la experiencia más bonita de tu vida, porque es algo que, si tenés la suerte de hacerlo una vez, probablemente no lo repitas.

Magali: Me gusta, es un buen ejemplo, porque hay muchos arquitectos que es verdad que la pasan muy mal. De hecho, hay muchas historias acá en el podcast de gente que deja la arquitectura de lo mal que la pasa. Entonces tu ejemplo es un buen caso de cómo diseñar… La profesión para que te funcione a vos.

¿Cómo usar design thinking para diseñar tu carrera?

Magali: De hecho, una de las cosas que tenía anotadas es design thinking, porque yo, cuando empecé a hacer mi proyecto final, empecé a hablar con Juanma Garrido, de El Gato y La Caja, porque les mandé un mail. Con Juanma me empecé a escribir, lo fui a conocer, me voló la cabeza, hablamos unas bochas, seguimos hablando hasta el día de hoy, somos amigos. Él me empezó a hablar de diseño centrado en el usuario en el 2015, la primera vez que escuché estas cosas.

Greta: Y el design thinking ha sido para mí mi marco de laburo. O sea, yo pienso así.

Magali: Para quien esté escuchando y no sabe lo que es design thinking y cómo se relaciona todo esto, explicame cómo usaste esa metodología para tu carrera o para la arquitectura.

Greta: El design thinking lo que hace es… Nunca me acuerdo ahora las fases, porque yo lo divido en 3 al final. La primera es empatizar con el problema.

Después, definirlo, idear una solución, prototipar y evaluar. Esas son las 5 fases del design thinking, pero en realidad todo el tiempo estamos haciendo eso cuando una persona está inconforme en su trabajo, por ejemplo. Y acá viene tu frase, que un día me dijiste y me quedó grabada a fuego en la cabeza, cuando me dijiste «no sé lo que no sé». Y yo dije: «Ay, boludo, tal cual». Qué grave. Ni siquiera es grave no saber: es no saber lo que no sabés, no tener ni una punta por donde tirar. Pero, por ejemplo, una manera de empatizar y definir problemas, que son las 2 primeras fases, es cuando estás en tu trabajo y empezás a plantearte: «¿Cómo me podría ir yo de acá? Cómo me gustaría estar en la playa vendiendo cocos y dejándolo todo».

Y después empieza la siguiente fase, en la que empezás a fantasear con las cosas que podrías hacer. Ya no te estás quejando y enojado, empezás: «Che, pero si yo junto la herencia de mi viejo y me pongo a hacer alfajorcitos de maicena, y me hago un fondito para 6 meses, ponele, me libero de estas deudas y tal». Estás diseñando una manera de salir de esa situación.

Lo que pasa es que ahí nadie entiende que eso es diseño de vida, es diseño de trabajo, es design thinking, es pensamiento de diseño aplicado. Lo que pasa es que después de eso viene hacer una prueba: hacer 30 alfajorcitos de maicena en una tarde, ponerles un lindo packaging, buscarte unas etiquetitas, llevarlos al kiosco del barrio y fijarte qué pasa en una semana. Estás evaluando.

Entonces a la semana vas a ir y te van a decir: «Mirá, se vendieron 20, pero se quejaban porque los que compran son los niños de la escuela primaria de aquí al lado, y son muy grandes los alfajores para los niños». Listo, y te das cuenta: «Voy a hacer bolsitas de 3 alfajorcitos para seguir cobrándolos lo mismo, pero que sean más chiquititos y los niños los puedan comer mejor». Hacés la prueba, y los 10 que te sobraron los llevás a un kiosco que esté más lejos, cerca de una oficina. No sé, vas moviendo. Es loco porque todas estas cosas, no sé si a alguien más le pasa como a mí, yo pensaba que eran medio para otros, o ridículas, o que no se hacía así.

Mi mamá es profesora de matemáticas y trabajaba en una escuela en la que el celador tenía en su casa un galpón donde fabricaban sándwiches y los vendían en los kioscos. De estos que vienen en su packaging y todo, que uno se cree que vienen de una megafábrica. Y era así, era una fábrica, pero familiar, ubicada en el patio de la casa de un celador de un colegio. ¿Me entendés? Que ganaba más que mi mamá, profesora de matemáticas, ese hombre, ¿me entendés?

Magali: Está bueno, porque nos cuesta mucho probar. Nos atamos tanto a la identidad de lo que hacemos y lo que creemos que somos… Que probar cosas así, aunque sea por poco tiempo, es difícil, porque también nos cuesta el accionar. No tenemos esa cotidianidad. ¿Qué prueba sentís que hiciste vos dentro del mundo de la arquitectura?

Greta: La verdad es que las pruebas que yo he hecho, lo que considero verdaderamente una prueba, las he hecho ya grande, con mucho conocimiento y con un marco potente.

Entonces eso que vos decías de que nos cuesta prototipar o intentar, para mí es por desconocimiento, porque no sabemos que existe prototipar y que prototipar es hacer 30 alfajorcitos y nada más. No es montarse una empresa. Es re loco que la gente piense que para empezar algo tiene que ir al diseñador, que le arme la marca y el logo. O sea, empezás gastando, y es al revés.

El producto mínimo viable, o el servicio mínimo viable, es el ABC. Pero si nunca en la escuela nos hablaron de esto y nunca en la universidad nos hablaron de esto, es normal que lleguemos a la vida adulta intentando ejercer la profesión de una manera que nos satisfaga y que nos termine trastornando un montón la vida, trastocando todo. Si yo comparo la manera en la que pienso…

¿Qué errores cometió Greta como arquitecta independiente?

Greta: Mi negocio de arquitectura frente a las obras que me salían de forma espontánea antes, yo era una vergüenza de profesional. Tenía un montón de problemas, cometí un montón de errores y me fui creyendo tener la razón de lugares en los que ahora, en cuanto vuelva a Mendoza, tengo que ir a pedir disculpas porque estuve mal. Y esa persona ni sabe por qué, porque le tengo que contar toda mi vida, pero yo brindé un servicio de pésima calidad.

Son cosas que fueron errores y ahora lo veo en retrospectiva.

No tener un servicio claro y concreto, con principio y con final. No tener un precio exacto para eso, que me permita como profesional dar fechas con flexibilidad y hacerme cargo de gastos con fondos de emergencia por si hay contingencias. No era un servicio muy profesional, era un «vamos viendo» y sobre la marcha vamos emparchando. Lo que pasa es que en Argentina, por la inflación y por esto, estamos muy acostumbrados a hacer esos ajustes. Pero el contraste, por ejemplo, de estar en España trabajando así… Eso no es así.

Eso no, porque no hay nada externo que te dé la posibilidad de ir tan a la marchanta. Tenés que llevar un planning, y yo no tenía idea de lo que era un planning, ni de lo que era empaquetar un producto que uno sienta que puede abarcar. Y cuando digo empaquetar es darle inicio y fin, estructura: «A esto me dedico». Tampoco sabía que acotar el segmento de mercado al que uno se va a dedicar no te deja afuera de cosas, sino que te mete adentro, con los 2 pies en un lugar, para hacerlo bien. A eso me refiero con los 2 pies: en un segmento pequeño, pero con los 2 pies bien plantados, hacer algo con todo lo que tenés. Y eso es algo muy antiintuitivo, porque…

¿Por qué elegir un nicho hace que te vaya mejor?

Greta: Creemos que si abarcamos más nos va mejor, pero cuanto más específico, mejor te va a ir, porque le hablás a alguien muy particular que tiene ese problema. Si le hablás a todos, queda en la nada.

Y aparte me parece muy difícil. Esto es lo que pasa con los arquitectos que trabajan como yo trabajaba antes de aprender: hacés todo. Y en el que hacés todo, no lo podés abarcar, no te dan las horas del día. Si con este servicio súper específico que tengo, imaginate, no me cubren 1000 horas, no entiendo cómo intentaba hacer iluminación, interiorismo, no sé, de todo, de todo, de todo.

¿Cómo conseguir clientes con marketing de contenidos?

Greta: No se puede.

Magali: ¿Cómo conseguís clientes ahora para tu negocio?

Greta: Mirá, justo estoy empezando esa etapa. El día de ayer era la fecha que me había puesto para empezar esa etapa específicamente. Y lo hago siguiendo una estrategia de marketing que parece ser muy famosa, y para mí era una novedad, que se llama embudo o funnel. Se basa en mostrarse como si fuese una vidriera a través de la red social en donde más presente esté tu nicho, o las personas con las que vos podrías llegar a hacer relación. Te vas mostrando, ellos interactúan con vos, y por cada interacción vos tenés una puerta abierta para ir a buscar información de ellos y entender por qué te han contactado.

Y la venta medio que sucede sola cuando la intención de la conversación va por ese lado, en la búsqueda de la recolección de información de por qué establecieron contacto con vos. La conversación misma genera, si ellos están interesados en tu trabajo, el intercambio en el que los podés acompañar a una reunión en la que tengas la posibilidad de explayarte un poco más, y que eso dé la posibilidad de cerrar.

El cliente. Es un trabajo muy de hormiga y tiene una tasa de conversión del 2%. O sea, hay que contactar a mucha gente y hay que trabajar bastante duro. Pero en realidad, a la semana, si sos buena manejándote con la programación de las redes y elaborando las cositas que tenés, no importa si son muy buenas. Mi Instagram no es muy genial porque yo estoy aprendiendo esa parte todavía, pero si sos buena, con 3 horas, 2 horas al día que le dediques, hacés los contactos que tenés que hacer y los toques que tenés que hacer para ir generando eso.

Yo comparo todo esto con mover una bola de cemento gigante. Viste que al principio es imposible, imposible, imposible. Estoy en ese momento, súper dándolo todo, y en algún momento, en cuanto empieza a agarrar vuelo, por la misma inercia se te va imantando la gente medio sola.

Magali: En ese intercambio, ¿qué cosas les preguntás para poder cerrar, sea una venta o sea una… Reunión?

Greta: Dos cosas. O les pregunto algo de ellos que genuinamente me haya interesado cuando voy a ver quiénes son, como: «Ay, no me digas que sos la persona que tiene este restaurante, fui el otro día», o he ido, o me han hablado. Pero tiene que ser verdad, porque no me gusta jugar al no sé qué, no me sale bien.

Y si no, les pregunto acerca de lo mío. O sea, siempre la pregunta es para ellos, para que ellos hablen de ellos, que es estratégicamente mucho mejor: sacarle algo a alguien preguntándole sobre ellos que sobre mí. Por supuesto, no quiero hablar de mí. De hecho, yo quiero hablar de él en relación a mí, en todo caso. Entonces le pregunto, trato, uso el sentido del humor también.

No sé, soy bastante natural. Es como: «De todas las publicaciones que tengo, viniste a darle me gusta a esa. Decime qué es lo que te llamó la atención, si es para mi gusto la que peor me ha salido», qué sé yo. Y eso va generando. A veces ni siquiera me contestan, esto pasa, digamos, está contemplado.

Magali: ¿Cómo es el paso entre la conversación y agendar una reunión?

Greta: No, mirá. Según lo que he aprendido, tengo un guion. Lo que pasa es que improviso un montón. O sea, un guion como para que uno entienda cómo es el quiebre, cómo hacer el traspaso.

Me parece que es eso lo que estás preguntando. En cuanto veo que están interesados, cuando en vez de ser yo la que está empujando la conversación y ellos solo respondiéndome, empiezan ellos a hacerlo, que me la llevan a mí, y cuando veo que yo estoy perdiendo el control en esa conversación, intento llevarlos a otro lugar. Entonces yo vuelvo a tener el control. Más concreto, ejemplos.

Empezamos a hablar de la publicación, ¿no es cierto? La publicación puede ser de cómo hacer una barra adecuada para que trabajen. Entonces, qué cosas tener en cuenta. Y de repente, en el intento de empatizar con su situación o con lo que me estaba contando, me empiezan a desarrollar: «No, pasa que lo que yo tengo es este problema, porque a mí la gente ta, ta, ta». Entonces yo empiezo a buscar recursos de todos lados. No es la arquitecta la que habla siempre, a veces es la camarera, a veces es la que aprendió muchas cosas de su hermano, que yo no toco, pero mi hermano como manager me ha enseñado. Entonces toco desde ahí, saco de donde pueda lo que tenga para conversar, y la persona empieza a entusiasmarse en querer contarme su historia, y ahí leo: «¿Por qué no llevamos esto… A una conversación donde no tengamos que estar acá escribiendo? Agendemos una reunión de media hora, porque tal vez tenga la forma de ayudarte, pero necesito saber más cosas». Soy yo la que necesita saber más cosas, y ahí vuelvo a retomar el control. Entonces, cuando inicia la reunión, es como: «Bueno, me contaste esto, me interesó mucho, pero tengo preguntas concretas para hacerte, a ver si puedo ayudarte». Y ahí a donde voy es a hablarle… Un poquito de su dolor, que es como cuando recurrís a la memoria emotiva, viste, generar movilización un poquito, y rápidamente salir de ahí para ir a lo que le llamamos la situación deseada, que es ese lugar en donde la persona tiene resuelto el problema. Entonces, ¿cómo es ese lugar resuelto, emocionalmente, físicamente y demás? Y para mí eso es información valiosísima, porque todo eso tiene una traducción material tridimensional.

O sea, para cada emoción hay, para mí, un elemento que la resuelve: un color, una forma, una temperatura, lo que sea. Entonces yo empiezo a tomar forma con sus palabras, toma forma en mi cabeza y son espacios. Y bueno, nada, de ahí convierto o no, y ya está.

¿Cuándo pasar un presupuesto y cuántos clientes necesitás por mes?

Magali: ¿Y usás lo de que la otra persona te pida mandarle un presupuesto, como que el cliente quiere avanzar, en vez de vos, entre comillas, enchufarle tu servicio?

Greta: A ver, no te entendí la pregunta, repetime.

Magali: Vos tenés la reunión.

Greta: Sí.

Magali: ¿En qué momento se pasa un presupuesto?

Greta: Automáticamente, en el momento que lo pida. No hay ningún tipo de tapujo en hablar de plata, para nada. En cuanto él quiera saber qué es lo que yo le estoy vendiendo, vamos a hablar sin ningún tipo de rollo de qué le estoy vendiendo, porque a esta altura esta persona ya sabe que yo soy la persona. Por eso yo tengo que intentar siempre tener el control, para que él no quiera pedirme precios… Antes de saber qué soy capaz de solucionar, ¿me entendés? Porque nadie compraría ni pagaría por algo que no cree necesitar. Y yo, además, y esta es la parte más noble de la forma de encarar el servicio que yo he diseñado, estoy tratando de resolver una necesidad que existe para muchos trabajadores. La industria hostelera es muy hostil, aunque sea hospitality, es hostilísima para los que trabajan en ella, y yo sé que hay una forma de mejorar esas circunstancias, y también de que la gente viva experiencias superadoras respecto de lo que ese lugar ya tiene de por sí.

Y también tengo cierto compromiso ambiental, tratando de generar el menor impacto posible en las reformas que planteo, porque yo creo que con luces, textiles y pintura se puede, que no es lo mismo que dar vuelta todo y volver a hacerlo, como pasa acá en Ibiza cada año, que se dan vuelta restaurantes enteros y se vuelven a armar porque cambió de dueño, porque al anterior no le fue bien, y todo lo que había tenía 6 meses de uso del año anterior.

Entonces gastan menos plata, ahorran un poco. Entonces, para que yo sepa si verdaderamente la puedo ayudar a esa persona, y él o ella sepa que mi servicio le sirve para algo, necesito que lo hayamos hablado antes de decirle «vale tanto».

Hablemos de otras cosas primero. Pero en cuanto lo quieras saber, no hay ningún problema: «Mirá, el servicio tiene este formato, dura este tiempo, esto es lo que vas a obtener de mí, vale esto y se paga de esta forma».

Magali: ¿Qué es algo que todavía te cueste de todo este proceso?

Greta: Llevar el orden prolijo y el control de mis métricas, y de anotar que este me contactó. Tengo una tabla de Excel en la que tengo que ir plasmando los contactos que hice, porque si te estoy diciendo que esto tiene una tasa de conversión del 2%, ¿no?

Y yo ya sé que para vivir de esto necesito cerrar 2 clientes por mes. Tengo que contactar la cantidad suficiente de personas que me permita esa conversión. Entonces eso lo tengo que distribuir en las semanas del mes, en los días del mes, para hacer diariamente el trabajo de hormiguita este que te estoy diciendo. Y después, la otra cosa es no engancharme demasiado en los no, porque en un 2%, todo el resto te dice que no. Y que todo ese resto te diga que no… Bueno, sobre todo la falta de amabilidad. A veces las personas son muy poco, qué sé yo, se creen que hay un robot detrás hablándoles, viste, y no saben que hay una piba queriendo cumplir un sueño, prácticamente, porque trabajás un montón.

Entonces, bueno, por ahí pega, y hay que… Hay que sacar ahí recursitos extra para aislar esas ideas medio de boicot, ese bullying que es re fácil que uno se lo crea, ¿viste?

Magali: ¿Qué te ayuda en esos momentos para salir de ahí?

Greta: Hablar con mi amiga Vanina. Tenemos una sección en nuestro WhatsApp que es «Hola, me quiero quejar». O sea, la cosa es que tenés que arrancar el audio diciendo eso, para que la otra no lo escuche en realidad con atención, porque lo único que querés hacer es escupir cosas horribles.

Entonces es como: «Hola, gorda, me voy a quejar», y la otra ya sabe que se bloquea un poco, porque ahora viene una bocanada de maldad, ¿viste? Y no nos juzgamos, podemos decir lo que sea. Incluso muchos audios no llegan a destino porque es tanto que no los mandamos, y al final llega uno que dice: «Che, te grabé cuatro audios y los eliminé, eran de quejarme, pero nada, ya hice catarsis, así que ¿cómo andás?». Ya está. O si no, salir a caminar, o leer, o qué sé yo, hacer cualquier cosa que me despeje.

¿Qué enseñan los momentos difíciles?

Magali: ¿Cómo hacemos entonces para cerrar este episodio? Palabras finales de algo que haya quedado en tu cabeza resonando, o que sea un buen momento para repetir.

Greta: Creo que para cualquier persona que esté escuchando y que esté pensando o esté en alguno de estos momentos que he contado, digamos que todavía no haya avanzado lo suficiente como para darse cuenta de que el camino que ha recorrido ha valido, está bueno… Insisto, sin romantizar los momentos malos, pero pudiendo entender que nos permiten hacer transformaciones a pasos un poquito más agigantados que las cosas buenas, que trate de perderles un poquito el respeto a los momentos malos, que no se los tome tan en serio. Hay data ahí valiosa, y no es tan malo al final de cuentas, pero en ese momento, en el momento en el que lo estás viviendo, para aliviarte la carga.

Magali: Me encanta, justo. Es lo que charlamos con Marina Díaz Ibarra esta semana, que ella contó esta historia, la del granjero, de que si pasan buenas noticias o malas noticias, todo es relativo a lo que sigue después.

Greta: Claro, lo que pasa es que para mí, entre lo que se siente y lo que se piensa, no hay… Claro, como que hay… Es un trabajo muy difícil cambiar el sentir, porque hay que cambiar el pensar. Lo que nos esté pasando en ese momento nos va a pasar. Pero si nosotros podemos con la cabeza entender desde afuera un poquito, separarnos un instante y decir: «Esto verdaderamente no es para siempre, no vale la pena que me deje tirada, no voy a tirarme, mi producto no es una basura». A eso me refiero, a que no sean esos períodos malos… Los que logren derribar todas tus estructuras y tus creencias, porque a veces tienen ese poder. Entendé que hay otra mirada de los momentos malos, que tiene que ver con registrar que no es tan así como lo estás sintiendo en este momento. Sentilo, atravesarlo está bien, pero que tu cabeza no les arme todo un pedestal.

«¿Me vas a hacer daño con esto, vida? Está todo bien, pero va a pasar, y yo voy a seguir adelante porque mi propósito es mayor».

Magali: Me encantó. Gracias, Greta, por venir y compartir todo esto.

Greta: De nada, un placer. Me encanta aportar lo que sea, así que siempre a disposición.

Magali: Abrazo, te mando un abrazo.

Greta: Otro.

Magali: Gracias por escuchar este episodio. Nos ayudás un montón compartiendo el capítulo con alguien a quien le pueda servir. Acordate de que todas las semanas comparto ideas en el correo de Tiene que haber algo más. Escribo sobre mis recomendaciones y el detrás de escena de la comunidad y el podcast. Lo mando todos los jueves directo a tu bandeja de entrada. Anotate vos también en tienequehaberalgomas.com/correo. Nos vemos la semana que viene.

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Preguntas frecuentes sobre este episodio

¿Quién es Greta Marcucci y de qué habla en este episodio?

Greta Marcucci es una arquitecta que emigró de Argentina a España. Acompaña a empresarios gastronómicos a abrir o reformar su restaurante con un diseño rentable haciendo el servicio 100% de forma digital y remota. 

¿Dónde escuchar el episodio completo con Greta Marcucci?

El episodio completo se puede escuchar gratis en esta misma página, y también en Spotify, Apple Podcasts, YouTube e iVoox, donde está el podcast Tiene que haber algo más.