Camino que se bifurca en dos hacia el horizonte

Diego Pereyra: cómo reinventar una carrera tradicional sin empezar de cero

Diego Pereyra trabajaba como médico de terapia intensiva, una de las especialidades más duras de la medicina, y hoy dirige una vertical médica global en una compañía de tecnología, comunica ciencia en video y da clases en una escuela de negocios. No abandonó la medicina: la ejerce desde otro lado. Su idea central es que nadie tiene que volver a cero para cambiar de rumbo, porque todo lo que ya hiciste se puede recapitalizar en lo que viene.

Esta conversación sirve para una situación concreta: elegiste a los diecisiete años una carrera larga y de prestigio, hoy sientes que hay algo más, y te frena la sospecha de que moverte significa tirar por la borda todos los años invertidos. Pereyra recorrió exactamente ese camino y lo cuenta con el detalle suficiente para copiarle el método.

Quién es Diego Pereyra

De qué trabaja. Es médico argentino, especialista en terapia intensiva, y trabaja en salud digital: dirige una vertical médica a nivel global dentro de una compañía de tecnología, implementando sistemas en distintos países. En paralelo comunica ciencia y salud en video y en redes.

Qué estudió y cuál es su trayectoria. Estudió medicina y se formó en terapia intensiva, donde llegó a coordinar el servicio. Desde ahí empezó a mezclar la medicina con la tecnología: fundó MEDIVAC, una empresa de salud, y llevó adelante un proyecto de dron ambulancia que le valió su primera aparición en prensa. Hoy también da clases en una escuela de negocios de Buenos Aires, algo que él mismo describe como raro para un médico.

El gancho de esta charla. Cuenta el momento exacto en que casi dice que no a la primera nota que le hicieron, por vergüenza a lo que dirían sus jefes y sus colegas, y qué le respondió la periodista para convencerlo. Y explica cómo funcionan los ciclos de reinvención dentro de una misma profesión.

Episodio publicado en abril de 2025. Puedes escucharlo completo en la página del episodio de Diego Pereyra, en Spotify o en YouTube.

¿Qué se lleva quien lee esta entrevista?

Cinco cosas concretas, todas verificables en el texto de abajo:

  1. El principio de recapitalizar en vez de empezar de cero. Es la frase que ordena toda la charla y la que desarma el miedo más común al cambio de rumbo.
  2. Cómo se rompe la barrera del qué dirán, con la escena concreta de la nota que casi rechaza y el argumento que se la dio vuelta.
  3. El método para encontrar dónde innovar en un sector clásico, tomado prestado del razonamiento clínico.
  4. Por qué a un profesional le conviene crear contenido aunque no quiera ser creador, y qué gana en el camino.
  5. Qué habilidad va a pesar en cinco años según alguien que enseña y ejerce al mismo tiempo.

¿Por qué un profesional de una carrera tradicional empieza a mirar afuera?

Pereyra empieza por el origen de la elección. Medicina, abogacía e ingeniería son carreras que muchas veces se eligen por herencia familiar y a una edad en la que nadie sabe demasiado de sí mismo.

«En las carreras más tradicionales, cuando eras chiquitito te decían tenés que ser médico, abogado, ingeniero. Y siempre, de chiquitos, soñamos con otras profesiones.»

Lo que en su caso abrió la puerta fue la curiosidad por otros oficios. Trabajando en salud se encontraba con problemas cuya solución estaba fuera de la medicina: en la electrónica, en la ingeniería, en lo legal. De ahí sale su primera recomendación práctica, que es sentarse a preguntarle a gente de otros rubros qué hacen y cómo lo hacen.

La conclusión que saca es corta: la carrera que elegiste no cierra la puerta.

«Uno siempre dice: bueno, soy médico y ya se terminó mi vida, voy a hacer esto. Y no, se puede volver atrás.»

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¿Cómo saber si tienes cabeza para buscar algo más allá de tu trabajo?

Su respuesta no pasa por un test de personalidad sino por una conducta observable: la capacidad de encontrar un problema y armar varios escenarios de solución. Lo ejemplifica con algo cotidiano de su trabajo, un paciente que necesita un estudio y no entra en el equipo, y lo que el equipo improvisa para resolverlo.

De ahí saca una idea que después reaparece cuando habla de emprender: en América Latina, la costumbre de resolver con poco es una habilidad profesional, no una carencia.

«Algo que nos pasa mucho en salud en Latinoamérica es que con muy poquito hacemos mucho.»

El punto no es glorificar la precariedad. Es que quien practicó durante años encontrar el problema real y evaluar soluciones posibles ya tiene la herramienta que hace falta para mirar más allá del horizonte de su profesión.

¿Cuál es la primera barrera cuando sales del molde de tu profesión?

No es técnica ni económica. Es social, y él la nombra sin vueltas: el qué dirán.

La escena que lo ilustra es concreta. Cuando su proyecto de dron ambulancia empezó a hacer ruido, una periodista lo llamó para una nota de tapa sobre emprendedores en salud. Su primera reacción fue el pánico.

«Lo primero que pensé es qué van a decir mis jefes. Yo en la tapa de la revista de emprendedores, qué sé yo, con salud.»

Cuenta que en su ambiente estaba mal visto salir en una revista o en televisión: el médico de referencia era el que publicaba un paper científico que no leía nadie. La periodista le contestó con una pregunta que le ordenó la cabeza y que sirve para cualquiera que esté frenado por lo mismo.

«Me dijo: ¿por qué te da vergüenza? ¿Estás matando a alguien? ¿Estás cometiendo algo ilegal? La verdad que no, de hecho todo positivo. Y dije: chau, me animo.»

Su lectura, años después, es que ese tabú se está cayendo solo, y que lo que sostiene la legitimidad de comunicar es hacerlo con responsabilidad: hablar de lo que uno realmente hace y sabe. Si te frena el mismo miedo, la lectura complementaria está en nuestra guía sobre el síndrome del impostor y en el cuadernillo descargable sobre síndrome del impostor.

¿Cómo se gestiona el miedo a perder la estabilidad?

Aquí hace un diagnóstico cultural que excede a la medicina. Describe una cultura laboral donde se entra a un lugar y se sale jubilado del mismo lugar, y la compara con la de su hermana, que trabaja en banca y pasó por siete bancos creciendo en cada salto.

El miedo concreto que identifica tiene dos partes: que hay muy pocas posiciones altas para muchísima gente, y que moverse significa arrancar de nuevo desde abajo.

«Hay mucho miedo a que, si me cambio de laburo, empiezo desde cero, o quizás desde menos diez.»

Su forma de desarmarlo aparece más adelante en la charla y es el corazón de esta entrevista: no se empieza de cero, se recapitaliza. Antes de eso reconoce con honestidad la parte económica, que en su caso pesó tanto como el sentido: muchas profesiones tienen un techo claro, y esa es una razón legítima para mirar hacia los costados.

¿Se deja de ser médico, abogado o ingeniero al cambiar de rol?

Esta es la pregunta de identidad, y la cuenta con una escena familiar. Cuando dejó la práctica tradicional, su mamá le dijo que había dejado de ser doctor.

«Mi psicólogo me decía: no estás dejando de hacer medicina, estás haciendo medicina desde otro lado, que es salud digital, informática y un montón de cosas.»

La distinción que hace sirve para cualquier carrera: cambiar de escenario no borra la formación. Sigue siendo médico, con matrícula y capacidad de recetar, pero con otro perfil. Para quien está atravesando esto, el tema de fondo es el mismo que trabajamos en reinventar tu carrera y en cambiar de carrera a los 30.

¿Qué haces con los años que ya invertiste en tu carrera?

Este es el núcleo de la charla y la razón por la que vale leerla completa. Pereyra rechaza el encuadre de la máquina del tiempo, esa fantasía de volver atrás para elegir distinto.

«Yo diría: no es volver atrás con el tiempo, es dónde estás parado. Con todas esas herramientas que ya tengo, cómo capitalizo todo esto para poder reinvertirlo e ir por otro lado.»

Lo aplica a sí mismo con un ejemplo verificable: si le hubieran dado el título ayer, dice, no podría sostener una conversación como esta. Lo que lo habilita a hablar de salud frente a una cámara son justamente los años de terapia intensiva que parecían quedar atrás.

«Todo lo que hiciste en tu carrera profesional lo tenés que recapitalizar en lo que quieras hacer a partir de ahora y utilizarlo a tu favor.»

Traducido a una decisión práctica: antes de mirar qué te falta para el rol nuevo, haz el inventario de lo que ya tienes y que en el rol nuevo es escaso. En su caso era la experiencia clínica real dentro de un mundo, el de la tecnología en salud, donde casi nadie la tiene. Si estás armando ese inventario, sirve construir tu carpeta de logros.

¿Qué habilidades de tu profesión sirven para emprender?

Su respuesta empieza por lo que falta. Dice que en ninguna facultad de medicina de la región le enseñaron nada relacionado con negocios, y que esa es una deuda pendiente de la carrera.

Lo que hizo fue armarlo por partes: cursos, formación afuera, y sobre todo rodearse de gente de otras disciplinas.

«Me fui rodeando de gente que me ayudó: contadores, abogados, ingenieros, gente de marketing y publicidad. Rodearme de esa gente y ver cómo se trabaja me parece que fue clave.»

La red de contactos aparece aquí como consecuencia del recorrido, no como una actividad separada. Sobre cómo construirla de forma deliberada escribimos en cómo expandir tu círculo social.

¿Cómo se detectan puntos de innovación en un sector clásico?

Aquí traslada su razonamiento clínico a la búsqueda de oportunidades, y queda un método de cuatro pasos bastante replicable.

  1. Buscar el punto de dolor. Igual que con un paciente con fiebre, no se pasa a la solución hasta encontrar el foco: qué proceso es lento, burocrático o pesado en tu trabajo.
  2. Preguntarse si hay una solución tecnológica. Muchas veces, dice, son dos botones.
  3. Medir a cuánta gente le sirve. Su criterio es explícitamente ambicioso: que le resuelva la vida a millones, no a dos personas.
  4. Contar la historia. El problema, la solución y el valor que genera, en ese orden.

Agrega un efecto secundario de haber estudiado fuera del país que vale para cualquiera: le mostró que los problemas de su especialidad eran los mismos en todas partes, y eso cambió la escala de lo que consideraba posible.

¿Qué está cambiando en los trabajos de salud con la tecnología y la inteligencia artificial?

Su diagnóstico es duro con su propio sector: la salud está muy atrás respecto de otras industrias. La comparación que usa es doméstica y se entiende sola.

«Mi mamá puede pedir una pizza apretando dos botones y ver la trazabilidad de cómo viene. ¿Cómo puede ser que en salud todavía no podamos pedir una ambulancia con dos botones y ver cómo viene?»

Al argumento de los datos sensibles le contesta con el ejemplo bancario: nadie quiere mostrar su banco en línea y sin embargo esa industria resolvió la seguridad y la interoperabilidad hace décadas. Su conclusión es que la información clínica es del paciente, no del médico ni del hospital.

De ahí saca dos tendencias con salida laboral concreta:

  • Agentes de inteligencia artificial. Automatización de tareas repetitivas. Aporta un dato de una medición propia: un profesional de la salud hace entre veinte mil y treinta mil clics en un turno de diez horas, y pedir un estudio le lleva entre quince y treinta clics. El objetivo es reducir eso a una sola ventana.
  • Ciberseguridad. Su predicción es directa: toda empresa de salud va a ser atacada, así que el trabajo está en hacer los sistemas más robustos. Para quien esté eligiendo hacia dónde formarse, lo señala como un terreno enorme.

El mismo movimiento se ve en los datos de mercado: los avisos que piden alfabetización en inteligencia artificial crecieron cerca de un 70% interanual según LinkedIn, y el último Economic Index de Anthropic muestra que el uso de la IA se inclina más a la aumentación de tareas (52%) que a la automatización completa (45%). Si quieres ver el mapa por rol, está en qué trabajos reemplaza la inteligencia artificial.

¿Por qué le conviene a un profesional generar contenido?

Su primera razón no tiene nada que ver con la audiencia, y es la más útil para alguien a quien no le interesa ser creador: preparar contenido te obliga a estudiar el tema.

«Me acuerdo que en la residencia decían: ¿quién quiere dar este tema? Y yo decía: démelo a mí, porque de paso me ayuda a estudiarlo.»

La segunda razón es que la barrera de entrada desapareció: ya no hace falta un canal de televisión, alcanza un teléfono. Y su recomendación sobre el estilo va en contra de la búsqueda del golpe viral.

«Hoy es preferible no tener dos millones de seguidores, sino tener tus poquitos seguidores pero que esa penetración sea bastante marcada y fiel.»

Es la misma lógica de los mil fans reales, y coincide con lo que contaron en este podcast otros invitados que construyeron audiencia propia: Santiago Magnin sobre marketing de contenidos y Marina Mammoliti sobre el negocio detrás de un podcast.

¿Qué habilidades van a importar dentro de cinco años?

Su respuesta es una sola y la repite dos veces: la capacidad de adaptarse a lo nuevo y, sobre todo, de desaprender.

«Hoy estoy medicando con medicamentos que nunca me enseñaron en la facultad. Es todo nuevo.»

Lo lleva también a su rol docente, con una idea que aplica a cualquiera que forme a alguien: no hay que enseñar como a uno le enseñaron, sino pensando en cómo va a trabajar esa persona dentro de cinco años. Su ejemplo es el sello de goma, que para él era una aspiración y para quienes se reciben hoy ya no existe.

La otra habilidad que nombra es escuchar posturas distintas de la propia, incluso las que no comparte, porque si un movimiento está creciendo hay algo ahí que entender. Sobre esa parte del oficio escribimos en cómo dar y recibir feedback.

¿Qué ayuda de verdad durante una transición de carrera?

Cuando se le pregunta qué le sirvió y todavía no había aparecido, contesta con dos palabras: un entorno que acompaña. Mentores que le dijeron que hiciera lo que le gustaba, incluso sabiendo que no era el camino más rentable.

Y ahí deja una advertencia sobre elegir por dinero, que suena distinta viniendo de alguien que después construyó una empresa:

«Hoy hay mucha tendencia a pensar en el dinero: se van todos a algo que dé una salida laboral rápida y con dinero. Y generalmente esos quedan estancados ahí.»

Su recomendación práctica es probar sin tratar la decisión como definitiva. Sale un poco el pie, se mira el otro lado, y si no funciona se vuelve. La versión ordenada de ese experimento está en la guía descargable de cambio de trabajo, y las señales de cuándo el momento llegó de verdad, en cuándo renunciar a tu trabajo.

¿Todas las profesiones van a tener ciclos de reinvención?

Su respuesta es que sí, incluso las carreras más duras y más largas.

«Yo iba a ver pacientes todos los días en una terapia intensiva y de repente ahora estoy dirigiendo una vertical médica a nivel global de una compañía de tecnología. Me reinventé la profesión. Todas las profesiones van a tener ciclos de reinvención.»

La consecuencia práctica de tomarse esto en serio es dejar de pensar la carrera como una cancha delimitada. Y hay un lado oportunista: los problemas estructurales de un sector solo los puede resolver alguien que conoce el sector por dentro y se mueve hacia el lugar donde se decide.

Si estás buscando ese movimiento en formato remoto, las vacantes abiertas están en la bolsa de trabajo remoto, y el panorama de la región en trabajo remoto en América Latina en 2026.

¿Con qué cierra Diego Pereyra?

Con una pregunta que usa como filosofía de trabajo y que devuelve al oyente:

«Qué huella vas a dejar en este planeta. Entonces, qué voy a generar yo para impactar positivamente a mucha gente.»

Viniendo de alguien que trabajó años en el límite entre la vida y la muerte, la pregunta tiene un peso distinto al del cartel motivacional. Es el criterio con el que ordena en qué gasta su tiempo profesional.

Las respuestas de esta entrevista están editadas para lectura: se limpiaron repeticiones y muletillas del audio, y se reordenaron algunos pasajes por tema. Es un registro de lo que dijo, no una transcripción literal palabra por palabra.

Diego Pereyra pasó dos veces por este podcast. La conversación anterior, sobre fundar MEDIVAC y emprender en salud, es un buen complemento de esta.

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Fuentes

  • Episodio de Tiene que haber algo más con Diego Pereyra, publicado en abril de 2025.
  • LinkedIn Economic Graph, Skills on the Rise 2026: los avisos que piden alfabetización en inteligencia artificial crecieron cerca de un 70% interanual, y siete de las diez habilidades que más crecen son blandas.
  • LinkedIn Economic Graph, Work Change Special Report (diciembre de 2025): los miembros que agregan «founder» a su perfil crecieron un 60% entre julio de 2024 y julio de 2025, y cerca del 40% de los profesionales dice que la inteligencia artificial los volvió más propensos a emprender.
  • Anthropic, Anthropic Economic Index (enero de 2026): la aumentación de tareas (52%) supera a la automatización (45%) en el uso medido de la herramienta.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Diego Pereyra?

Es un médico argentino especialista en terapia intensiva que se reconvirtió hacia la salud digital. Dirige una vertical médica a nivel global dentro de una compañía de tecnología, comunica ciencia y salud en video y en redes, y da clases en una escuela de negocios de Buenos Aires. Fundó MEDIVAC y llevó adelante un proyecto de dron ambulancia. Pasó dos veces por el podcast Tiene que haber algo más.

¿Diego Pereyra dejó de ser médico?

No. Según cuenta en la entrevista, sigue siendo médico con matrícula y capacidad de recetar, pero ejerce desde otro lugar: la salud digital y la gestión de tecnología aplicada a la atención. Él lo resume diciendo que no dejó la medicina, sino que la hace desde otro lado, y aclara que le costó explicárselo a su entorno familiar.

¿Cómo se cambia de carrera sin empezar de cero?

La idea que ordena toda la entrevista es recapitalizar en vez de reiniciar. En vez de imaginar una vuelta atrás para elegir distinto, el punto de partida es lo que ya se acumuló: formación, experiencia y criterio. En el caso de Diego Pereyra, los años de terapia intensiva son justamente lo que lo vuelve valioso en una empresa de tecnología aplicada a la salud, donde casi nadie tiene experiencia clínica real. El ejercicio práctico es hacer el inventario de lo que uno tiene y que en el destino es escaso.

¿Cómo se supera el miedo a lo que dirán al cambiar de profesión?

En la entrevista cuenta que estuvo a punto de rechazar su primera nota de prensa por vergüenza a la reacción de sus jefes y colegas, y que lo destrabó una pregunta de la periodista: si lo que estaba haciendo era ilegal o dañino para alguien. Como la respuesta era que no, y que además era positivo, el argumento se cayó solo. Su lectura es que el tabú se está debilitando y que la legitimidad se sostiene comunicando con responsabilidad, sobre lo que uno efectivamente hace y sabe.

¿Qué habilidades pide hoy el sector salud según Diego Pereyra?

Señala dos áreas con demanda concreta: los agentes de inteligencia artificial para automatizar tareas repetitivas, y la ciberseguridad. Sobre la primera aporta un dato de una medición propia: un profesional de la salud hace entre veinte mil y treinta mil clics en un turno de diez horas. Sobre la segunda, su posición es que toda organización de salud va a ser atacada, así que el trabajo está en volver los sistemas más robustos.

¿Qué habilidad va a importar más en los próximos años?

Para Diego Pereyra, la capacidad de adaptarse y de desaprender lo aprendido. Lo ejemplifica con su propia práctica: hoy indica medicamentos que no existían cuando estudió. Lo extiende a la docencia, donde su criterio es no enseñar como a él le enseñaron sino pensando en cómo va a trabajar esa persona dentro de cinco años. Suma también la capacidad de escuchar posturas distintas de la propia.

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