Planta creciendo en una maceta hacia el sol

Marina Mammoliti: el negocio que hay detrás de Psicología al Desnudo

Marina Mammoliti es psicóloga clínica y creadora de Psicología al Desnudo, uno de los podcasts de salud mental más escuchados en español. Lo que casi nadie ve es la empresa que hay detrás: una clínica virtual con decenas de terapeutas, un área de contenido y una línea de cursos, donde el podcast ocupa una parte del negocio. En esta conversación cuenta cómo se armó eso, qué le costó sostenerlo y qué decisión temprana sigue considerando la más importante.

Su caso interesa más allá de la psicología, porque describe con precisión un camino que hoy recorren muchos profesionales: empezar explicando lo que uno sabe, construir audiencia, y en algún momento tener que decidir si eso se convierte en un negocio y con qué forma.

Quién es Marina Mammoliti

Licenciada en psicología por la Universidad Nacional de Córdoba y divulgadora de salud mental. Nació en Chubut y pasó los últimos años como migrante entre ciudades de América Latina y Europa. Es creadora y conductora de Psicología al Desnudo, y desde 2020 coordina el equipo de psicólogas y psicólogos de una clínica psicológica virtual que ofrece terapia individual, de pareja y familiar a distancia.

Episodio 132 de Tiene que haber algo más. Puedes escucharlo completo en la página del episodio de Marina Mammoliti, en Spotify o en YouTube.

¿Qué hace hoy una psicóloga que dirige una empresa?

Marina: Si pienso en las primeras psicólogas que se sumaron al equipo, o en la Marina de hace tres años, lo raro sería la cantidad de decisiones de negocio. Estar metida en qué datos almacenamos y cuáles no, cómo armamos el equipo de datos, a qué perfil salimos a buscar. Y del lado de comunicación, qué métricas miramos y cómo adapto el contenido para que sea profundo y preciso, y que a la vez funcione en redes.

Lo que me ayudó a hacer ese cambio de perfil fue la curiosidad. Tuve negocios desde los cuatro años: agarraba semillitas de flores, las ponía en bolsitas y salía a venderlas. Después estudié psicología clínica y atendí pacientes uno a uno, pero nunca se me fue esa curiosidad por meterme en otros lugares, sobre todo en la comunicación.

¿Por qué empezó a crear contenido?

Marina: Arranqué para explicarles a mis consultantes por qué se sentían de determinada manera. El objetivo era que las personas entiendan lo que les pasa.

Yo soy de las que preguntan todo: voy a un médico y quiero saber qué es esto que me estás dando, qué hace, por qué me proponés este tratamiento. Tener ese conocimiento me empodera, porque puedo decidir con información. En la psicoterapia, y también en la medicina, muchas veces quedamos relegados a lo que el otro dice que hay que hacer.

Entonces quise transformarme en eso para mis consultantes. Explicar los mecanismos internos, que es lo que se llama psicoeducación, es algo que hice desde que empecé a atender, con dibujitos en papel. El Instagram fue una derivación de eso, en plena pandemia. Cuando alguien entiende algo que le venía pasando hace años, es como poner una lamparita sobre algo que estaba completamente oscuro.

Y hay un efecto adicional. Llegaban personas a consulta diciendo que yo era la primera a la que le contaban eso, porque sentían que era secreto, y en realidad era algo que le pasa a la enorme mayoría. Ponerle nombre, sacarlo hacia afuera y entender que no sos el único da un alivio impresionante.

«Cuando alguien entiende algo que le venía pasando hace tanto tiempo, es como poner una lamparita sobre algo que estaba completamente oscuro.»

¿Cuál fue el costo real de sostener el contenido?

Marina: El tiempo y la energía. Cuando arranqué atendía siete u ocho horas por día. La psicoterapia, como muchos trabajos intelectuales, no permite atender ocho pacientes por día todos los días sin comprometer la profundidad o la calidad, porque el cerebro no está preparado para una atención sostenida así. Y hay algo más: uno se transforma en el terapeuta que ese paciente necesita, y eso consume una cantidad de energía enorme.

Yo trabajaba muchas horas y cuando llegaba a casa me ponía a editar el contenido que iba a subir. A veces, entre sesión y sesión, tenía diez minutos y ahí bajaba ideas. Me costaba muchísimo equilibrar esa energía psíquica: dársela a mis pacientes y a la vez tener algo para el contenido.

Y aparece la tensión entre tiempo y profundidad. Con poco tiempo no te podés meter a fondo, no podés investigar lo suficiente, y yo quería contenido profundo y además innovador. En todo eso, encima, hay que vivir: ver amigos, ver a la familia, ir al supermercado.

Ese punto de quiebre entre pasión y desgaste tiene nombre y tiene salida, y es uno de los temas que más aparece en el podcast. Está trabajado en nuestra guía para frenar el burnout.

¿Cómo evita que todo se vuelva productivo?

Magali: Tu tema atraviesa tu propia vida, y el podcast se alimenta de libros y de otras fuentes. ¿Cómo hacés para que cuando no estás trabajando no se vuelva todo productivo?

Marina: Me sigue costando. Me fuerzo a no escuchar podcasts ni leer libros de psicología o salud mental, porque son los que me apasionan y naturalmente tiendo hacia ahí. Lo que veo es que el límite entre lo que me apasiona y la posibilidad de quemarme está todo el tiempo ahí: estoy leyendo un libro, lo pauso y me voy a grabar un audio con la idea que se me ocurrió. Lo hago con películas también.

Así que la manera en la que evito que todo sea productivo es forzarme, de manera muy consciente. Antes de elegir un libro me pongo un freno y voy para otro lado.

¿De dónde salen las ideas nuevas?

Marina: Acá me pasó algo que no esperaba. Vengo generando contenido hace tres años y medio, y es facilísimo meterte en la carrera de consumir contenido todo el tiempo para inspirarte. Yo lo hacía con miedo a quedarme sin ideas nuevas.

Hace unos meses frené. Empecé a hacer desconexiones reales de las redes, y fue mágico, porque yo pensaba que iba a pasar exactamente lo contrario. En ese aburrimiento, con mi anotador, escribiendo, en la naturaleza, con mi perra, las ideas nuevas brotaban de una manera que en el consumo masivo de redes no aparecían.

Mirar redes para inspirarte es mentira, porque no están armadas para eso. Terminamos usando mucho más tiempo en consumir que en crear, y eso es muy peligroso para quienes tenemos que crear contenido para sostener un negocio.

«Terminamos usando mucho más tiempo en consumir que en crear, y eso es muy peligroso para quienes tenemos que crear contenido para sostener un negocio.»

¿Por qué eligió el formato podcast?

Marina: Por la profundidad. Instagram y TikTok son de consumo muy rápido y no llegás al nivel que permite un formato de radio. Además tiene que ver con un rasgo mío: me expreso mucho mejor hablando que escribiendo.

Y había otra cosa: yo no quería mostrarme. Nunca me había gustado el mundo de las redes, puse mi cara ahí por primera vez con este proyecto. La voz tiene algo intimista, no necesito mostrar la cara, estaba yo sola con el micrófono, y esa posibilidad de estar dentro de los oídos de alguien me parecía una conexión hermosa.

La lectura práctica es la del círculo de competencia: elegir el formato que ya se te da bien. Si se te da mejor escribir, en lugar de un podcast conviene un boletín.

¿Cuánto pesó el momento y cuánto el trabajo?

Magali: Empezaste en junio de 2020, en plena pandemia. ¿Cuánto atribuís al timing y cuánto a lo controlable?

Marina: El timing fue perfecto, y le atribuyo mucho. Nos metimos todos hacia adentro, desaparecieron las distracciones que venían tapando cualquier malestar, y la gente empezó a buscar respuestas para lo que sentía.

El segundo factor es el idioma: en ese momento no había podcasts de salud mental en español hechos por psicólogos que hubieran llegado a mucha gente, y la mayoría de lo bueno estaba en inglés.

El tercero es el tipo de contenido: buscamos que sea muy validado y muy respetuoso, y a la vez que baje conceptos complejos de manera clara. Alguien encerrado en su casa, que no entiende lo que le pasa, escucha una explicación del mecanismo que hay detrás de su malestar. Obviamente lo va a escuchar.

Cuando arrancó el podcast, la comunidad de Instagram tenía unos cinco mil o siete mil seguidores, y con el primer episodio prácticamente no había nadie detrás.

¿De qué se arrepiente?

Marina: De no haber buscado mentores antes en este camino. Personas que yo admirara y que pudieran acompañarme a transitar el emprender y el mundo digital, que me era completamente ajeno, porque yo vengo del palo de la salud. Estoy a tiempo de hacerlo igual.

Buscar a alguien que ya recorrió el camino es una de las palancas más subestimadas de cualquier carrera, y aparece una y otra vez en las entrevistas del podcast. Sobre cómo se arma esa red cuando no viene dada, escribimos la guía para expandir tu círculo social.

¿Cuándo un proyecto de contenido se convierte en empresa?

Marina: Escuchando a la comunidad. Aparecía todo el tiempo el mismo pedido: quiero más episodios, quiero más contenido, quiero hacer terapia con vos, quiero que me recomiendes a alguien para hacer terapia. Ese pedido sostenido fue lo que terminó diciéndonos que ahí podía haber algo más grande que Marina haciendo un podcast y Marina dando terapia.

Y se juntó con un deseo mío. El trabajo del psicólogo clínico es muy solitario: estás en tu consultorio o en tu videollamada, sin mucha posibilidad de hacer red. Yo quería construir una clínica virtual, remota desde el principio, donde me apasionara trabajar, donde pudiera crear red con otros terapeutas y donde le pudiéramos dar a la comunidad lo que estaba pidiendo.

Mucha gente conoce Psicología al Desnudo y cree que eso es todo. El podcast está dentro del área de contenido, y esa área es una parte de un negocio bastante más grande.

Después llegó el formato curso, por la misma misión de universalizar los conceptos de salud mental: hay personas que quieren acceder a herramientas concretas y no quieren hacer terapia, o no es su momento. Es el mismo problema resuelto de otra manera.

«El podcast está dentro del área de contenido, y esa área es apenas una parte de un negocio bastante más grande.»

¿Qué decisión temprana volvería a tomar?

Marina: Elegir muy bien qué valores queremos mantener como empresa. Para nosotros los valores no son tres palabras escritas en un documento: los usamos para contratar, para dar feedback, para evaluar entregables, para resolver cómo nos relacionamos entre compañeros. Trabajamos muchísimo en desmenuzar qué personalidades y qué valores queríamos en el equipo, y eso después impregna todo.

Y algo personal que reconoce en la misma conversación: le cuesta tomarse el tiempo de celebrar los logros. Es una dificultad muy común entre quienes construyen algo propio, y tiene parentesco directo con el síndrome del impostor.

El cruce entre un trabajo que sostiene y un proyecto que crece aparece con muchas variantes en el podcast. Lo reunimos en el artículo sobre emprender sin dejar tu trabajo. Y del lado del mercado, hay una señal medida: según el Work Change Report de LinkedIn de diciembre de 2025, la cantidad de miembros que sumó la palabra fundador a su perfil creció alrededor de 60% en doce meses.

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Nota sobre esta transcripción: el texto está editado a partir del audio del episodio para que se pueda leer. Se quitaron muletillas, repeticiones y los cortes publicitarios, y se ordenaron las respuestas por tema. Se respetó el sentido y el registro de lo que dijo cada una. No es una transcripción literal palabra por palabra.

Fuentes

  • Episodio 132 de Tiene que haber algo más con Marina Mammoliti, publicado el 11 de junio de 2024.
  • LinkedIn Economic Graph, Work Change Report (diciembre de 2025).

Preguntas frecuentes

¿Quién es Marina Mammoliti?

Es psicóloga clínica argentina, licenciada por la Universidad Nacional de Córdoba, divulgadora de salud mental y creadora de Psicología al Desnudo, uno de los podcasts de salud mental más escuchados en español. Desde 2020 coordina el equipo de una clínica psicológica virtual que ofrece terapia individual, de pareja y familiar a distancia. Pasó por el podcast Tiene que haber algo más en el episodio 132, publicado en junio de 2024.

¿Cómo se convierte un podcast en un negocio?

En su caso, escuchando pedidos repetidos de la comunidad: más contenido, terapia con ella, recomendaciones de terapeutas. Ese pedido sostenido derivó en una clínica psicológica virtual, remota desde el inicio, y más tarde en una línea de cursos para quienes quieren herramientas sin iniciar un proceso terapéutico. El podcast quedó como una parte del área de contenido dentro de un negocio más grande.

¿Cómo se sostiene la creación de contenido sin quemarse?

Mammoliti describe dos límites concretos. El primero es la carga: atendía siete u ocho horas de sesiones y editaba contenido en su casa por la noche, y sostiene que ese ritmo compromete la calidad. El segundo es el consumo permanente de contenido para inspirarse, que reemplaza al tiempo de creación. Su respuesta fue forzarse a leer y escuchar cosas ajenas a su especialidad y programar desconexiones reales de las redes, que es cuando aparecieron sus mejores ideas.

¿Por qué eligió el podcast en lugar de las redes sociales?

Por profundidad y por afinidad personal. Sostiene que los formatos de consumo rápido no permiten desarrollar conceptos complejos, y que ella se expresa mejor hablando que escribiendo. Además, el audio le permitía llegar a la audiencia sin exponer su imagen, algo que le importaba al empezar.

¿Qué haría distinto si volviera a empezar?

Buscar mentores antes. Dice que le habría gustado tener cerca a personas que admirara y que ya hubieran recorrido el camino de emprender y del mundo digital, que le resultaba ajeno viniendo del área de la salud.

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