Bateria descargada con un rayo

Estanislao Bachrach: rechazar Harvard y cuatro veces el sueldo

Estanislao Bachrach es doctor en biología molecular, divulgador y autor de cinco libros. Después de 17 años de carrera científica en tres países, su jefe en Harvard le ofreció un cargo vitalicio con el sueldo cuadruplicado. La lista racional de pros y contras no tenía contras, y aun así su cuerpo empezó a enfermarse. En esta conversación explica cómo llegó a entender que ese camino nunca había sido su deseo, qué señales aparecen antes de una decisión así y qué aprendió del sistema científico por dentro.

La escena que ordena toda la conversación está en la página 17 de uno de sus libros: cada vez le costaba más ir a trabajar, no podía quejarse porque estaba en Harvard, y justo entonces le llegó la mejor oferta a la que puede aspirar un científico de carrera. Estabilidad de por vida y el sueldo multiplicado por cuatro.

Lo que sigue es la conversación editada del episodio, ordenada por las preguntas que responde. Es un caso concreto de algo que le pasa a mucha gente con carreras exitosas: conseguir exactamente lo que se había propuesto y descubrir que el objetivo era prestado. También fue el primer episodio del podcast preparado de forma colaborativa, con preguntas enviadas por participantes de la comunidad.

Ficha del invitado

Quién es: Doctor en biología molecular, divulgador científico y autor de cinco libros. Es conocido por llevar la biología y la neurociencia al terreno del cambio personal, la creatividad y las emociones.

De qué trabaja: Hoy se dedica a la divulgación, a escribir y a dar clases y conferencias, y cofundó una consultora internacional de innovación y cambio. Él lo dice sin vueltas: «yo no hago más ciencia, soy un divulgador». Da clases a unos 240 alumnos por año desde hace quince años.

Qué estudió: Es doctor en biología molecular por la Universidad de Buenos Aires e hizo su tesis doctoral en la Universidad de Montpellier, en Francia. Enseñó e investigó durante cinco años en Harvard, donde lo nominaron a mejor profesor de toda la universidad.

Datos públicos: Es argentino y vivió en Francia y en Estados Unidos antes de volver al país. Escribió cinco libros, entre ellos Ágilmente (creatividad), En cambio (el cambio personal), En el limbo (emociones), la novela Random y Sensorialmente (lo que el cuerpo le dice al cerebro). Publicó trece artículos científicos en su etapa de investigador.

El gancho del episodio: Le ofrecieron el cargo que corona una carrera científica y su cuerpo se enfermó antes de que él pudiera reconocer que no lo quería. Los análisis no daban nada. La respuesta apareció en terapia.

Escuchar el episodio

Estanislao Bachrach: la experiencia de investigar ciencia y pasar a ser comunicador

Episodio completo en el sitioEscuchar en SpotifyVer en YouTube

Tu Ruta de Carrera

Cada semana enviamos ideas y oportunidades para crecer profesionalmente. Es gratis.

¿Qué se hace cuando consigues lo que tanto querías y descubres que no lo querías?

Es la pregunta que abre el episodio, y su respuesta empieza aclarando que no tiene una fórmula: «yo te puedo decir lo que yo haría, porque hay múltiples alternativas. Yo levanto la mano y pido ayuda».

Lo que descubrió al empezar terapia en Boston fue el tamaño real del problema:

Ahí me empecé a dar cuenta de que estaba terminando un camino de 17 años ininterrumpidos en tres países distintos, en un proyecto absolutamente poco deseado por mí.

Estanislao Bachrach

Y nombra el origen de ese proyecto sin resentimiento: «lo digo con cariño, era el deseo más de mis padres tener un hijo científico que viaje por el mundo, que hable idiomas, que sea reconocido. No era mi deseo personal para nada».

El detalle del momento en que se rompe la ilusión es preciso: fue su jefe quien lo señaló sin querer. «Mirá, ya está listo, llegaste, te felicito. Y ahí es el click.» Conseguir la meta fue lo que le permitió ver que la meta no era suya.

Aun así, no lo cuenta como una pérdida: «no me arrepiento, aprendí un montón. Hoy soy la persona que soy gracias a ese viaje».

¿Cómo avisa el cuerpo que estás en el lugar equivocado?

Para quien esté en una situación parecida, este tramo del episodio describe un mecanismo concreto y no una intuición.

Su primer contacto con esa señal fue brusco. «Como yo era muy racional y muy científico, pensé que estaba enfermo, que tenía alguna enfermedad. Encima los médicos me lo decían, cuando viene la famosa batería de análisis y no tenés nada.»

El cuerpo habla, no hay duda. Y el cuerpo no te miente nunca, no puede mentirte. Vos te podés mentir todo el tiempo, te estás mintiendo, pero el cuerpo cuando te lo dice, te lo dice.

Estanislao Bachrach

El punto que más importa es el de anticiparse. Su recomendación es aprender a leer las señales sutiles antes de que aparezcan las fuertes: «prevenir la pared para tomar la decisión de acá me quiero ir, sin tener una migraña, una tortícolis, un colon irritable». Y describe el efecto acumulativo: a medida que uno se vuelve más sensible a registrar lo que le pasa al cuerpo sin necesidad de que sea dolor, empieza a distinguir dónde quiere estar y dónde no.

Ese cruce entre desgaste sostenido y decisión de carrera está desarrollado en nuestra guía de cuándo renunciar a tu trabajo, con las señales de otros invitados, y en la guía de burnout.

¿De dónde viene realmente la presión en un trabajo exigente?

El contraste entre Francia y Estados Unidos le sirve para responder esto. En Montpellier, una ciudad chica frente al Mediterráneo, el almuerzo cortaba de doce a dos y significaba ir a la playa; los fines de semana no trabajaba nadie. «La aceptación del ocio como parte de tu vida, por lo menos en esa ciudad, es muy grande.»

En Boston fue exactamente lo opuesto. Al principio se resistió, y al año estaba adentro del sistema. Ahí aparece la conclusión que se aplica a cualquier industria intensa:

«La presión no es de mi jefe, la presión no es de publicar, la presión no es de Harvard. La presión es de uno mismo y de las cosas que le pasan adentro.» Aclara que es fácil decirlo con el diario del lunes: «lo sufrí un montón, lo pasé mal, me enfermé».

¿Por qué en la ciencia el fracaso se vive distinto?

Le preguntan si los científicos manejan mejor el fracaso, y desarma el elogio antes de responder: «no porque los científicos seamos cracks o más inteligentes, pienso que somos extremadamente soberbios y muy inseguros».

La razón es estructural: la mayoría de los experimentos termina fracasando, y ese fracaso tiene un uso. Se publica para que el resto de la comunidad no repita el mismo camino. «Es un fracaso que sirve para no seguir gastando tiempo, energía y recursos en esa misma hipótesis.» De sus trece artículos científicos, dice, uno solo le pareció realmente valioso.

De ahí saca una lectura cultural que vale para toda la región:

Los latinos somos muy de llevar el fracaso en un proyecto o en un trabajo a ser fracasado, como una identidad. En los países sajones el failure es una palabra más amigable.

Estanislao Bachrach

Su propuesta concreta es quitarle drama: «está bien, no salió como querías. Observemos qué hiciste mal, observemos qué hiciste bien».

El episodio incluye además un desenlace anticlimático que ilustra el punto: creyó por unas horas haber hecho un descubrimiento de nivel Nobel, llamó a su madre para decirle que se comprara un vestido para Estocolmo, y al día siguiente revisó el control del experimento y no era nada. «Me duró una noche.»

¿Qué aprendió sobre el sistema científico desde adentro?

Esta parte del episodio es dura y él la cuenta asumiendo su propia responsabilidad. Cuando le preguntan de qué se arrepiente, responde: «haber mentido en mi vida científica, en una publicación, para poder publicar».

Lo explica sin justificarse pero con el contexto del sistema que lo empuja: «mucha presión, mucho estrés. Si no publicaste quedás sin trabajo, si no publicaste quedás sin visa, si no publicaste quedás sin beca». Y agrega: «me entiendo de por qué sucedió, pero me arrepiento».

Su descripción del ambiente es igual de directa: «viví 17 años en laboratorios científicos y no hubo ni un solo lugar donde no haya visto corrupción, mentira. Como en cualquier industria». Lo que le dolió fue el contraste con la expectativa: «yo tenía una fantasía de que estaba entrando en un mundo de nobleza, de lealtad».

El mecanismo perverso que señala es el de la revisión por pares: los artículos los corrigen los propios competidores. «Cuando yo recibo el artículo de mi competidor y tengo que leerlo de manera neutra, tiene que haber una ética. Mucha gente dice: está bueno, pero no se lo voy a aprobar porque está compitiendo, le voy a robar alguna idea, lo voy a hacer tardar un año más.»

Y una advertencia sobre el sesgo del propio investigador, con una anécdota que la vuelve concreta: le pedía a un colega que mirara por el microscopio en su lugar. «No necesito que lo vea alguien que sea yo, porque tengo tantas ganas de ver lo que busco que lo estoy viendo.»

¿Cuál es el trabajo real del que dirige un equipo de investigación?

La respuesta sorprende y explica de paso su cambio de carrera: «el líder de un laboratorio, lo único que hace todo el día es pedir plata».

Cuenta que su jefe, que había descubierto la causa genética de una enfermedad, se rodeaba de políticos, empresarios y actores que financiaban la investigación, y que a él le tocaba ir a explicarles el trabajo para conseguir fondos. Aclara adónde iba ese dinero: «la guita entra al pozo del laboratorio, para comprar insumos y pagar investigadores. Nunca vi que alguien se llevara la plata para su vida personal».

Y ahí descubrió su talento real, el que hoy es su profesión: «tengo una habilidad de trasladar el lenguaje científico al lenguaje común. A mí me salía bien eso, me encanta comunicar. Por algo me convertí en lo que soy hoy».

Su método para convencer a alguien que no entiende del tema es aplicable a cualquier presentación profesional: investigar quién es esa persona, qué le gusta, y buscar ejemplos, metáforas y comparaciones con ese mundo.

¿De qué depende sentirse motivado o frustrado en el trabajo?

Aquí entra la biología aplicada. Su punto de partida es que el estado emocional afecta el desempeño de cualquiera, en cualquier oficio, y que ese estado es más subjetivo de lo que se supone: una arquera puede rendir mejor enojada y un tenista necesita estar motivado, y hay quien va a hablar con su jefe y necesita algo de miedo para hacerlo bien.

La técnica que propone es una sola:

Las emociones dependen mucho más de lo que estás pensando que de lo que está sucediendo. Aprender a pensar cómo pensamos, e identificar cuáles son los pensamientos que me hacen sentir más tranquilo y más performante: esa es la técnica.

Estanislao Bachrach

El ejemplo que da es cotidiano: entrar a una reunión con el jefe pensando que el proyecto no le va a gustar, que el presupuesto es muy alto y que quizá termine echándote. Con esos pensamientos, la reunión ya empezó mal antes de empezar.

Sobre el autoconocimiento, que llama «una pobre palabra muy bastardeada», es realista: hay infinitas herramientas y ninguna funciona para todos. «No necesariamente la que le funciona a tu novio o a tu vieja es la que te va a hacer bien a vos.» Lo que sí hace falta es motivación propia, y advierte por qué mucha gente abandona: «empieza y encuentra cosas que no le gustan, entonces dice esto al pedo, si yo estaba bien».

El argumento final es práctico: «cuanta más información cuento de mí mismo, mejores decisiones tomo en la vida».

¿Sirve meditar para concentrarse mejor?

Es una de las preguntas que mandó la comunidad, y la responde con el dato y con la analogía.

«La meditación es la herramienta con más evidencia científica que existe», dice, y cuenta que buscando artículos de los últimos diez años para una presentación encontró unos cinco mil.

La explicación mecánica es la que hace que se entienda: meditar es llevar la atención a un solo lugar, distraerse, y volver. «Es como ir al gimnasio todos los días y hacer bíceps una hora. Lo que estás llevando al gimnasio es tu atención.» El resultado observable es que se fortalecen los circuitos neuronales responsables de estar atento.

También es su respuesta a la procrastinación, aunque la presenta como algo personal y no como receta: «en mi caso es meditar a la mañana apenas me levanto. Ya es automático, abro los ojos y estoy veinte o treinta minutos meditando en la cama, y eso me da mucha energía para salir». Sobre una fórmula general para dejar de postergar es honesto: «si la hay, yo no la conozco».

¿Cómo escribe alguien que investiga sobre sí mismo?

Define sus libros de una forma poco habitual: «son libros absolutamente egoístas, no los escribo para la gente ni con ningún objetivo de venta. Los escribo porque yo me siento cuestionado en ciertos momentos de mi vida sobre algunas temáticas».

El mapa que traza es autobiográfico: creatividad en el primero; el cambio cuando se preguntaba qué quería hacer de su vida; las emociones difíciles después de un divorcio y de la muerte de sus padres; y el cuerpo en el último, después de que el suyo le hablara tan fuerte.

El proceso que describe tiene una etapa larga de acumulación (dos o tres años juntando artículos sin saber adónde van) y después un momento de armado que le llega casi siempre de vacaciones. Cuando el libro ya está en su cabeza, lo escribe en un mes y nunca vuelve atrás mientras escribe.

La excepción fue la novela: para escribir ficción sí buscó ayuda y trabajó un año con un escritor de policiales, todos los martes. Ese libro pasó desapercibido y los libreros le pedían que volviera a la divulgación. No lo hizo hasta que sintió que tenía algo para decir: «en ese momento no sentía que tenía que escribir algo forzado».

¿Cómo fue volver a Argentina después de Harvard?

«Dificilísima», responde sobre la readaptación, y el motivo lo hace útil para cualquiera que vuelva a su país después de una experiencia afuera.

Su jefe en Estados Unidos se lo había advertido: «cuando bajes del avión, dejá la soberbia en el avión». No le hizo caso. «Me la traje, y el primer año fue muy soberbio y me pegué palos en todos lados.»

La expectativa tampoco se cumplió: esperaba que lo buscaran por lo que traía y no pasó. «Nadie me vino a buscar, me ponían palos en la rueda, no les interesaba nada lo que hacía. Y yo no contribuí, no contribuí por mi forma.»

Su recomendación es de perfil bajo y contraintuitiva: «cuando uno vuelve a su lugar, tranquilo. Sé que venís con la excitación de mostrar, de ayudar a tu país. Pero tranquilo, porque a la gente no le gusta mucho que te hayas ido».

Si el movimiento que estás evaluando es de vuelta o de reconversión, la guía de cambiar de carrera a los 30 y después ordena las etapas, y la guía de cambio de trabajo es el descargable del tema. Para quien busca posiciones remotas mientras decide, están las vacantes de la bolsa de trabajo remoto.

¿Cuál es el mensaje que deja al cierre?

El episodio termina con un micrófono abierto y él elige hablar de responsabilidad, con una distinción que vale la pena leer despacio.

Una de las cosas que más placer generan a las personas es tener razón, culpar al otro y quejarse todo el día. Tu vida es una, sos muy infeliz, pero sentís placer, que no es lo mismo que ser feliz.

Estanislao Bachrach

Su instrucción concreta para los momentos difíciles: hacer un alto y preguntarse qué se está pensando que genera tanta irritabilidad. «Dejar de culpar al otro, dejar de quejarme de lo que me está pasando, y ver si yo tengo algo de responsabilidad en esas emociones displacenteras.»

Con la evidencia de sus clases: «ocho de cada diez alumnos me dicen: era yo». Y una vara realista para medir el cambio: «la sigo pasando mal, pero menos. Y de pasarla muy mal a pasarla mal ya es un cambio enorme en tu bienestar».

Cierra además con un límite honesto sobre el alcance de todo esto: «todo esto sirve si tenés las mínimas necesidades cubiertas para vivir».

¿Qué se lleva un profesional de esta conversación?

  • Conseguir el objetivo puede ser lo que revele que el objetivo era prestado. Conviene revisar de quién es el deseo antes de invertir una década en cumplirlo.
  • El cuerpo avisa antes que la cabeza. Molestias sostenidas sin causa clínica son información, y esperar a la migraña o al colon irritable es esperar demasiado.
  • La presión suele ser propia. Cambiar de empresa sin cambiar la relación con la exigencia reproduce el problema en otro lado.
  • El talento que te define puede ser el que hoy usas como accesorio. Él descubrió que comunicaba mejor de lo que investigaba mientras pedía fondos para el laboratorio.

Otros episodios sobre ciencia, cambio y decisiones

Y si lo que aparece al leer esto es la sensación de no estar a la altura del lugar que ocupas, la guía del síndrome del impostor trata ese punto con los episodios que lo abordan.

Que las oportunidades remotas te encuentren

Deja tu perfil en Sourced y recibe propuestas de empresas que contratan en América Latina, muchas con compensación en dólares.

Dejar mi perfil

Fuentes

Nota sobre el texto: esta es la conversación del episodio editada para lectura, no una transcripción literal. Se limpiaron repeticiones y muletillas y se ordenaron los tramos por tema, respetando el sentido y el registro de quien habla. El audio completo está en el episodio enlazado arriba.

¿Quién es Estanislao Bachrach?

Estanislao Bachrach es doctor en biología molecular, divulgador y autor argentino. Hizo su doctorado en la Universidad de Buenos Aires y su tesis en la Universidad de Montpellier, en Francia, e investigó y enseñó cinco años en Harvard, donde lo nominaron a mejor profesor de la universidad. Escribió cinco libros y cofundó una consultora internacional de innovación y cambio. Pasó por el podcast Tiene que haber algo más.

¿De qué trabaja Estanislao Bachrach?

Hoy se dedica a la divulgación, a escribir libros y a dar clases y conferencias sobre creatividad, cambio, emociones y cuerpo desde la biología. Dice explícitamente que ya no hace ciencia. Da clases a unos 240 alumnos por año desde hace quince años y cofundó una consultora de innovación y cambio.

¿Qué estudió Estanislao Bachrach?

Es doctor en biología molecular por la Universidad de Buenos Aires. Hizo su tesis doctoral en la Universidad de Montpellier, Francia, y después investigó y enseñó durante cinco años en Harvard, en el área de biología molecular aplicada a enfermedades genéticas.

¿Por qué Estanislao Bachrach dejó la ciencia?

Le ofrecieron un cargo vitalicio en Harvard con el sueldo cuadruplicado y, aunque la lista racional de pros y contras no tenía contras, su cuerpo empezó a enfermarse. En terapia entendió que llevaba 17 años en tres países construyendo una carrera que respondía al deseo de sus padres. En paralelo, un episodio de política académica le cortó una publicación importante. Salió del mundo científico y se dedicó a comunicar.

¿Cuáles son los libros de Estanislao Bachrach?

Escribió cinco: Ágilmente, sobre creatividad; En cambio, sobre el cambio personal; En el limbo, sobre emociones difíciles; Random, una novela que mezcla ficción con hechos de su historia familiar; y Sensorialmente, sobre lo que el cuerpo le dice al cerebro.

¿Qué señales indican que estás en el trabajo equivocado, según Bachrach?

Las del cuerpo antes que las del pensamiento. Su caso incluyó malestares sostenidos sin causa clínica detectable en los análisis. Su recomendación es aprender a registrar las señales sutiles y cotidianas, sin esperar a las fuertes como migrañas, contracturas o colon irritable, y usar esa información para decidir antes de llegar a un límite.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *